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domingo, 7 de marzo de 2021

LECTURAS DEL 3º DOMINGO DE CUARESMA

SEGUIMOS EN CUARESMA

¿que he hecho por Cristo?

¿que hago por Cristo?

¿que debo hacer por Cristo?

Aceptar la Cruz y llevarla allá por donde nos movamos.




1ª LECTURA

Escuchamos en la primera lectura la alianza que Yahvé hizo con su pueblo, por la mediación de Moisés, en el monte Sinaí, que se materializa en las tablas de la Ley. Dios se compromete a ofrecer la libertad al ser humano tal como lo hizo con Israel cuando lo liberó de la esclavitud en Egipto; y el ser humano, como Israel, tendrá que responder cumpliendo los mandamientos de esa Ley. 

 Sin embargo, esta alianza no consiguió que Israel fuera fiel a Dios.

Cunplir los Diez Mandamientos y hacer el bien. El bien lo hacen también cualquiera sin ser cristiano, nosotros hacemos el bien y cunplinos los Mandamientos.

Existe una diferencia entre el bien cristiano y el bien humano. El bien cristiano tiene una raíz una consecuencia que es Jesús, el hombre del bien. el hombre de la Cruz o rl amigo de la Cruz

En este mundo sin Dios todo vale: se defiende un nido de cigueña antes de la vida de un feto. Nosotros los cristianos tenemos que alzar la voz.

AMARAS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS


 Hará falta otra alianza, la definitiva, que conseguirá definitivamente que Dios y su pueblo formen una unidad, ya inseparable.
Dios establece este pacto nuevo y definitivo por mediación de Cristo en la cruz. San Pablo en la segunda lectura nos prepara para entender por qué Dios quiere salvarnos a través de la crucifixión de Jesucristo.


 El evangelio de Juan

 Nos muestra a Jesús expulsando a todos los mercaderes y animales del Templo. 

El Templo tenía dos partes, el atrio y el santuario, siendo este último un espacio reservado sólo para sacerdotes y donde se encontraba el Sancta Sanctorum con las Tablas de la Ley, morada del Dios vivo.

Recordemos que para los judíos (a veces olvidamos que Jesús nació y murió siendo judío) el Templo era sinónimo de la presencia de Dios; era el lugar donde Dios habitaba, Su “casa”, a diferencia de la sinagoga, que era tan solo un lugar donde se congregaban para orar, y escuchar la Palabra y las enseñanzas de los maestros (“rabinos”).

Este es el pasaje en que Jesús expulsa por la fuerza a los mercaderes del templo, increpándolos por haber convertido “en un mercado la casa de [su] Padre”.

Los mercaderes están llenos de codicia y de amor a Dios pero, esto es imposible, Jesús hecha de sus corazones todo aquello que sobra.

Pero al mismo tiempo reconoce que su cuerpo  es también un templo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.

 Esa afirmación de Jesús, que la lectura nos aclara se refería al “templo de su cuerpo”, nos va preparando para el drama de la Pasión y subsiguiente Resurrección de Jesús que culmina este tiempo especial de la Cuaresma,



 Por medio de la muerte de Jesús, será levantado el nuevo SANTUARIO: el resucitado será el “lugar” definitivo de la presencia de Dios en su pueblo. Con la ayuda de la Escritura los discípulos comprenderán la razón de la muerte de Jesús y creerán en su palabra y en Él mismo.


Nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo” (1Cor. 6,19). Dentro de nosotros mismos, sin necesidad de salir fuera, nosotros tenemos un templo vivo donde habita Dios. 

Ahí debemos entrar para prolongar ese encuentro inefable y maravilloso de Jesús con el Padre. No ofrezcamos ahí ofrendas ni sacrificios materiales para comprar a Dios.

 Nosotros en este templo no buscamos los dones de Dios sino el Dios de los dones. Este Templo tiene dos puertas: una de entrada y otra de salida. La puerta de entrada es el amor gratuito y maravilloso de Dios, mi Padre, a quien intento agradar y complacer. 

La puerta de salida es ese mismo amor convertido en servicio y amor desinteresado a mis hermanos. Son las dos caras de la moneda. 

NOSOTROS

 1.- Jesús trae la novedad: nuevo vino, nuevo templo, nuevo pan, nueva vida. ¿Busco la novedad de Dios? ¿Por qué me aferro a lo viejo? 

 2.- ¿Soy consciente de que soy Templo vivo del Espíritu Santo? Y esto ¿a qué me compromete? 

 3.– ¿Sé hacer síntesis de mi vida cristiana viviendo sólo para amar y servir a Dios y a mis hermanos? ¿Sé que esto me va a hacer feliz?


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