YA ES SEMANA SANTA

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martes, 29 de abril de 2025

SANTA DE CATALINA DE SIENA

 29 DE ABRIL

Hoy hacemos memoria de Catalina de Siena y la liturgia nos invita a hacer un alto en la lectura continuada de hechos de los apóstoles y del evangelio de Juan, propios de este tiempo de pascua.




Como Catalina de Siena, virgen, doctora de la Iglesia, y patrona de Europa, cuya fiesta celebramos hoy. Ella encarna los rasgos que aparecen en la oración de Jesús.

 Ella fue una mujer sencilla. No sabía leer ni escribir. No tuvo, por tanto, ninguna formación académica. Ella fue una escogida por Dios.

 En los 33 años de su existencia, se dejó seducir por Jesucristo, hasta el punto de que, renunciando a cualquier otra relación, se desposó con él y recibió el don místico del desposorios espiritual. Trabajó enérgicamente por la paz, por el retorno del Papa a Roma y por la unidad de la Iglesia. Nos dejó como legado espiritual numerosos documentos que recoge su celo y amor por Dios y por la Iglesia.

Hoy Jesús ora en voz alta al Padre con esta preciosa bendición: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se la has dado a conocer a los sencillos".


lunes, 28 de abril de 2025

REGLAS DEL CONCLAVE

CONCLAVE DEL 2005


EL Decano, tiene un papel importante.




Angelo Sodano
Se acerca hasta él para preguntarle ¿Aceptas tu elección canónica como sucesor de San Pedro?,

En el 2005 el Decano, Joseph Ratzinger,
 del Colegio de Cardenales había sido elegido Papa, por lo que en ese caso tuve que acercarse el Vicedecano.

El Vicedecano era entonces Angelo Solano, hoy Decano











Cuando el Papa ha conseguido una mayoría de dos tercios, el decano del Colegio Cardenalicio se acerca a su banco.

 Se acerca hasta él para preguntarle ¿Aceptas tu elección canónica como sucesor de San Pedro?, y en cuanto él dice, 'accetto', o acepto en italiano, se convierte en Papa”.

El cardenal decano pregunta también al recién elegido qué nombre le gustaría adoptar.

Y este lo comunica y explica su decisión. Inmediatamente después, el nuevo Papa se pone la sotana blanca que mejor le esté, de las tres preparadas de antemano, y uno a uno saluda a los cardenales.


  Luego, sale al balcón de la basílica de San Pedro para su primera Bendición Urbi et Orbi. El cónclave ha terminado.



 


domingo, 27 de abril de 2025

SEÑOR MIO Y DIOS MIO

santo Evangelio según San Juan 20, 19-31 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 

El Señor Resucitado sigue apareciéndose a sus discípulos agazapados por el miedo y el temor y siempre les trae paz. 

En esta ocasión no estaba Tomás y cuando le comunican llenos de alegría que han visto al Señor, él no les cree, necesita ver para crecer, tocar para asegurarse. 

Es la fe de tantos que necesitan evidencias para creer. Jesús subrayó su incredulidad para facilitarnos el camino a tantos pobres mortales que nos veríamos después en parecidas circunstancias. 

 Con la resurrección la fe aprende a vivir de pura confianza en Jesús resucitado, la misma que arrancará de Tomás expresada en una de las mas hermosas y sencilla profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!

 Sin duda que hoy las palabras de Jesús nos suenan a gloria: "Dichosos los que crean sin haber visto". Ahí estamos todos los que hemos creído que Jesús está vivo sin que nuestros ojos lo hayan podido comprobar. 

Estas palabras de Jesús nos saben a palmada de amigo sobre el hombro. 



 Tu, ¿de qué lado estás: del primer Tomás "si no veo... no creo", o del segundo "¡Señor mío y Dios mío!? Hay una manera fácil de descubrirlo: comprobar si por nuestra banda, el Reino de Dios crece o va perdiendo terreno. ¡Feliz Domingo de la misericordia!




FUNERAL DEL PAPA FRANCISCO II

SABADO DÍA 26 DE ABRIL 2925

DELEGACION ESPAÑOLA




Bajo un meticuloso protocolo funerario que buscaba honrar la figura del Pontífice y asegurar así una transición ordenada en la cúpula eclesiástica, además de los fieles, hasta ese punto del Vaticano viajaron diez Reyes y medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno.

Aunque los reyes Felipe y Letizia llegaron la noche del viernes 25 de abril a Roma, no fue hasta la mañana del funeral cuando posaron junto a la comitiva española que les acompañó en este viaje. Las vicepresidentas María Jesús Montero y Yolanda Díaz, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, entre otros, rodearon a los Reyes en la embajada española ubicada en el Vaticano y de ahí, todos juntos pusieron rumbo a la Basílica de San Pedro para encontrarse con el féretro del papa Francisco.


Ya en el interior de la mencionada basílica, el rey Felipe y la reina Letizia, y la delegación española, caminaron por la arteria principal del templo hasta el punto donde se ubicaba el ataúd con los restos mortales de Jorge Mario Bergoglio.






Más de 250.000 personas abarrotaron ayer la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, para dar el último adiós al papa Francisco en un funeral histórico. Fijada para las 10.00 de la mañana, aunque multitudinaria, la despedida Jorge Mario Bergoglio fue, como él quería, más austera y sobria que la de sus antecesores en el cargo. 





Representantes institucionales y políticos de casi todos los países del mundo coincidieron con los miembros más destacados de la realeza europea. Una reunió en torno a la figura del último Papa que nos deja un catálogo de imágenes para el recuerdo. Foto a foto repasamos los momentos más destacados acontecidos en el último adiós a Jorge Mario Bergoglio en la Ciudad del Vaticano.






El momento en el que trasladaron el féretro del papa Francisco a la Plaza de San Pedro





 Tras una espera en silencio solemne, la multitud reunida aplaudió mientras el ataúd del pontífice era llevado al centro de la explanada del Vaticano













Al inicio de la celebración fúnebre, los guardias del Vaticano trasladaron el féretro del pontífice desde el interior de la Basílica de San Pedro hacia el exterior, donde miles de fieles aguardaban en la Plaza de San Pedro. 



 El féretro, de madera clara y sobria, fue cargado en andas por miembros de la Guardia Suiza Pontificia y de la Gendarmería Vaticana, mientras avanzaba en procesión solemne.

El cardenal italiano Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio,junto al féretro del papa......Es el ceñebrante

El cortejo avanzó a paso lento y acompasado, flanqueado por altos funcionarios eclesiásticos vestidos con ornamentos litúrgicos. La multitud en la plaza permaneció en silencio, algunos asistentes portaban banderas, otros rezaban o registraban el momento con teléfonos móviles.

Las campanas de la basílica sonaron de fondo, marcando el ritmo del traslado.

ttps://www.elperiodico.com/es/fotos/internacional/funeral-papa-francisco-imagenes-despedida-116756951/116756714


https://www.infobae.com/america/mundo/2025/04/26/como-fueron-los-funerales-de-juan-pablo-ii-y-benedicto-xvi/

RESPONSO

Posteriormente, se realizó el rito de último elogio y la despedida (ultima commendatio et valedictio), con una última encomienda por el alma del Papa Francisco.

Así dio inicio al Responsorium, donde mientras se pronunciaba el Responso, el cardenal esparció agua bendita e inciensa el féretro del Papa Francisco, llevando a su fin la ceremonia fúnebre.


Tras el funeral, tuvo lugar el entierro. El papa Francisco decidió que sus restos mortales descasasen fuera de los muros del Vaticano. En concreto, en Santa María la Mayor. Este templo evidencia su devoción por la Virgen Salud Populi Romani y se encuentra a unos seis kilómetros de distancia. Señalar que desde 1903, con el Papa León XIII, ningún pontífice había dejado por escrito que quería descansar eternamente fuera de la sede central de la Iglesia Católica.

SAN IGNACIO DE LOYOLA E.E.

QUE SON LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

El camino de Ignacio y los Ejercicios 
 Su camino espiritual inició en Loyola, donde tuvo que pasar una larga temporada postrado en cama a causa de una herida de guerra. Él, de una familia noble, pasaba sus días fantaseando con la idea de ser un Caballero en pleno siglo XVI español. En su primea batalla cayó herido por una bala de cañón que lo tuvo postrado meses en su habitación. Allí notó como la lectura de la vida de Jesús y de los Santos dejaba en él un “gusto” que permanecía en el tiempo; mientras que, con las novelas de héroes y caballeros que le encantaba leer, apenas terminaba, se desvanecía toda la alegría. 

 Decidió peregrinar a Jerusalén, pero su viaje se vio interrumpido por una estancia que habría de cambiarlo todo en él. Por su cercanía al monasterio de Montserrat, se instaló en Manresa, un poblado de Cataluña, cerca a Barcelona. 

Allí se retiró a una cueva donde pasaba muchas horas haciendo oración; esto lo combinaba el servicio en el hospital del pueblo. En estos meses referirá que Dios los trataba como un maestro a un estudiante, enseñándole acerca de los movimientos interiores y el discernimiento espiritual. En esta cueva escribió la columna vertebral de los Ejercicios; texto que completó con el paso de los años a partir de lo que notaba era provechoso para él y para quienes acompañó. 

 Como todos los manuales, no fue escrito para ser leído de comienzo a fin. Es más, Ignacio llegó a recomendar que el ejercitante no tuviera acceso al texto, sino que fuera el acompañante quien entregara, uno a uno, los ejercicios o puntos para la oración. Los Ejercicios son un itinerario para ser experimentado y gustado y no una obra para ser “estudiada”.


Los Ejercicios Espirituales, escritos por Ignacio de Loyola, son un tesoro de la mística cristiana y, por qué no decirlo, del patrimonio espiritual de la humanidad. Llevan siendo practicados por casi 5 siglos por millones de personas alrededor del mundo. Te ofrecemos una introducción básica para entender: ¿Qué son los Ejercicios Ignacianos?, ¿En qué consisten?, ¿Cómo se hacen?, y algunas cosas más.




¿Qué son los Ejercicios Espirituales? 
 Son la obra más importante de san Ignacio de Loyola. 


Los ejercicios espirituales nacen de la experiencia personal de San Ignacio de Loyola, peregrino en búsqueda de la voluntad de Dios.

 Puso por escrito algunas de las cosas que le habían ayudado personalmente, para poder así ayudar a otros. Por eso los ejercicios son también un libro escrito en un estilo conciso, dirigido sobre todo a quien los da. Tienen mucho de método y de pedagogía. 

Desde hace cinco siglos han sido un modo de ayudar al encuentro con Dios en la propia vida, en el camino único e irrepetible de cada persona. Por eso los ejercicios acaban siendo una experiencia que marca un antes y un después en quien los hace.
Para que

Los ejercicios espirituales se hacen para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio. 
Para romper las ataduras interiores que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. 
Para descubrir el verdadero rostro de Dios, el que nos enseña Jesús. 
Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a amar y servir. 
 Para no contentarnos con una vida mediocre, a medio gas, y llenarla de todo el sentido.
 Para ir más allá de las ideologías, de las buenas intenciones, de las emociones pasajeras y saborear una verdad gozosa que permanece…


para quién 
Los Ejercicios Espirituales no son para gente buena, que además se lo sabe, y no siente el aguijón de un “más”. No son para espíritus conformistas, ni para aquellos que lo quieren todo sin renunciar a nada.

 Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran calado. 

Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, o está atravesada por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete. 

Los Ejercicios requieren de la persona cierta estabilidad emocional, compromiso para mantener los tiempos de oración personal y capacidad para interiorización.

Cómo 

Los Ejercicios son moldeables como la arcilla, se acomodan a quien los hace, a lo que busca y necesita. Por eso existen varias modalidades: en retiro y en la vida diaria, con acompañamiento personal o grupal, online o presencial. Los procesos pueden durar desde unos días hasta un mes en silencio, o varios años en la vida cotidiana. 

Siempre hace falta reservar un tiempo para la oración personal, para la intimidad con Dios, con la ayuda de las orientaciones que proporciona la persona que los da. Reposar las experiencias vividas, examinarlas para descubrir su significado más profundo. 

El acompañamiento personal ayuda a orientar el proceso, descubrir la voluntad de Dios en la propia vida, animar y fortalecer al compromiso.

 Hay diferentes modalidades para participar de los Ejercicios de forma presencial. 
 Ejercicios de mes: Fue la manera como Ignacio los concibió. El ejercitante, por tiempo aproximado de 30 días en silencio, se aleja de su trabajo, familia y amistades. Allí se vive el itinerario completo tal como fue escrito.

 Tandas de Ejercicios de 3 a 10 días: Por un tiempo que suele variar entre 3 y 10 días, el ejercitante se acerca al proceso desde una síntesis de todo el camino; o bien, de forma personalizada. En este caso el acompañante ayuda a discernir los ritmos y necesidades de cada proceso. 

Desde los primeros días, Ignacio recomendaba que se le dieran los ejercicios en la vida corriente a quien no pudiera disponer de los medios para alejarse un mes de todas sus actividades. Es un camino que transforma la cotidianidad en un retiro espiritual. Sin duda que los avances de las telecomunicaciones nos permiten descubrir cada vez más novedosas maneras para que los interesados puedan, desde cualquier lugar del mundo, disponer de material y ayudas necesarias. 

 En nuestra propuesta de “Ejercicios Virtuales”, necesitas disponer entre 40 minutos a una hora diaria para la oración. En la sección “Guías de Oración” encontrarás, completamente gratis, el material para que puedas hacerlo a tu propio ritmo, con o sin acompañamiento.

Estructura 

Los Ejercicios espirituales están divididos en cuatro semanas en las que se guarda silencio para impulsar un ambiente de oración. 
Cada semana se centra en un aspecto diferente.
 
 La primera semana está centrada en el Principio y fundamento, que versa sobre el motivo de la existencia de la propia persona y aquello en lo que reside su mayor plenitud. 
En esta semana se contempla la Creación como una obra de Dios realizada por amor. 

La segunda semana se centra en el llamado del Rey Eternal, que convoca a sus siervos a combatir a las fuerzas del mal junto a él. La oración de esta semana consiste en repasar la historia de la Salvación y contemplar en oración el Nacimiento de Cristo, viendo cómo la Santísima Trinidad desea y decide redimir al género humano.

 La tercera semana se centra en los pasajes del Evangelio correspondientes a la Pasión de Jesús. Durante toda la semana se meditan los diferentes pasajes de esta parte de la Biblia en que se va contemplando . En las reglas de esta semana, san Ignacio recomienda encarecidamente el ayuno como forma de asociarse el ejercitante a la Pasión de Cristo y para contemplar cómo se va completando el plan de Salvación de Dios. 

Por último, la cuarta semana expone, en primer lugar, la escena de Jesús resucitado apareciéndose a la Virgen María, su madre. Posteriormente ofrece varios pasajes de la vida de Jesús recogidas en el Evangelio para meditar a voluntad del ejercitante.

¿Cómo son los Ejercicios Ignacianos? 

 El autor los define de la siguiente manera: “se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones” (EE1). 

 Es decir, se trata de unas actividades concretas que, en su mayoría, implican diferentes manera de orar, pero que no se limitan solo a eso; hay otras prácticas que serán de mucha importancia y que involucran aspectos tan diversos como la comida, el sueño, los tiempos libres, etc. Dicho esto, para Ignacio el ejercitante debe disponer de todo su ser y todas sus dimensiones pues el camino espiritual lo involucra todo. 

 También dirá san Ignacio: “Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales; por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma, se llaman ejercicios spirituales.” (EE1).


Se llaman Ejercicios porque demandan, como la actividad física, un esfuerzo. Nadie puede ejercitarse por mí. Yo soy el protagonista de mi camino; no puedo asumir un rol pasivo y escuchar algunas charlas, debo ponerme en movimiento y dar mis propios pasos. 

 Este esfuerzo consiste en tres partes. Primero, “preparar y disponer el alma”. Dios está sediento de entregarse a nosotros si se lo permitimos. Nuestra tarea no es alcanzar, fruto exclusivo de nuestro talante, la recompensa de Dios; lo que Él tiene para darnos, nadie podría “ganarlo”. Es una gracia. A los sumo, podemos preparar y disponer el terreno. Segundo, “quitar de sí todas las afecciones desordenadas”. Antes de plantar debemos retirar del terreno la maleza, todo aquello que nos resta vida y comunión. Tercero “después de quitados, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida”. Libres de nuestros desórdenes podemos escuchar y discernir las invitaciones y llamadas que nos hace Dios; llamadas que nos conducen a la plenitud. 

 En el texto encontramos explícita la finalidad de los ejercicios de la siguiente manera: 
 “Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desordenada sea.”

 El orden es un componente central de los ejercicios. Desde la estructura de cada oración y de la jornada, hasta los afectos que nos permiten poner cada cosa de nuestra vida en su lugar. La oración germina en el orden; y el orden, en la oración. Imagina el ejercicio de ordenar un armario; primero debes sacar todo, deshacerte de lo que ya no necesitas y luego cada cosa va encajando en su lugar con armonía. Asimismo, cuando permito que Dios ocupe su lugar en mi vida se recupera el equilibrio, el balance y la armonía con todas las cosas: en la relación conmigo, con los otros y con el planeta. 

 Los Ejercicios se dividen en cuatro etapas; aunque se llaman semanas, no se corresponden a 7 días. Se trata de cuatro fases a través de las cuáles se va profundizando en la relación con Dios. En la primera, el ejercitante experimenta la misericordia de Dios y su presencia en su vida; en la segunda, pone su mirada en los misterios de la vida de Cristo y se deja instruir por él, como los discípulos en el evangelio; en la tercera, contempla el misterio de la pasión y muerte, y en la última, se sumerge en la vivencia propia de la resurrección. 

 El recorrido ignaciano se vive bajo la guía de un acompañante de ejercicios. Cuando hablamos de acompañante no nos referimos a un predicador o formador; tampoco es un terapeuta o coach; su papel es otro. Ignacio dirá que es quien “da a otro modo y orden”. Es decir, ayuda a quien toma los Ejercicios a navegar por el método: qué orar y cómo hacerlo. Por otra parte, sirve como un eco, un interlocutor con quien tomo consciencia de las mociones que surgen en mi interior, e ir afinando el discernimiento. Es una relación que está fundada en la confianza y el más genuino deseo de salvación para el otro.





El Centro de Espiritualidad San Ignacio se fundó en 1990, en una antigua casa de formación para jesuitas. Su actividad se centra en el campo de la formación a religiosos y religiosas, seminaristas, sacerdotes y laicos, mediante ejercicios espirituales y encuentros orientados a las primeras etapas de la vida consagrada y las Escuelas de Ejercicios Espirituales y de Formadores, con títulos de la Universidad Pontificia Comillas.
Paseo de S. Antonio, 14 – 37003 Salamanca Tel: +34 923 125 000


Bonifacia Rodríguez de Castro

 Bonifacia Rodríguez de Castro nació en Salamanca, España, el 6 de junio de 1837. Sus padres Juan Rodríguez y María de Castro fueron artesanos. En su taller familiar Bonifacia aprendió el amor al trabajo, la solidaridad con los pobres y la oración. Factores que tendrían gran importancia en su vida de adulta. En su infancia frecuentó la escuela donde aprendió a “leer y escribir” y en su adolescencia aprendió el oficio de cordonera, lo que supuso una excepción en la vida de las jóvenes trabajadoras de Salamanca. Huérfana de padre a los 15 años tuvo que trabajar duro para ayudar a su familia. Comprendió lo que suponía «ganar el pan con el sudor de la frente”. 


 Su maduración en la fe estuvo vinculada a la iglesia de la Clerecía de su ciudad, regida por los padres de la Compañía de Jesús, empapándose de la espiritualidad ignaciana. Su director espiritual siempre fue un jesuita. 

 En su juventud monta su propio taller de “cordonería y pasamanería”, sin grandes pretensiones, solo para tener lo suficiente para vivir. Constituyó un espacio de trabajo y oración, con una mirada a las jóvenes pobres de la cuidad. Con sus amigas funda da Asociación de la Inmaculada y San José, con fines lúdicos, piadosos y de promoción femenina. 

 En 1870 llega a Salamanca el jesuita Francisco Butiñá, director espiritual de Bonifacia. En 1874 fundan una Congregación de trabajadoras, las Siervas de San José, para la santificación por medio de la oración, comprometida con la promoción femenina trabajadora. Las casas se llaman Talleres de Nazaret y tienen como modelo la Sagrada Familia. La novedad que supuso la fundación provocó el rechazo del clero y la sociedad. 

 Bonifacia asumió la continuación de este proyecto con fidelidad en medio de grandes dificultades: fue destituida como superiora y posteriormente excluida de la Congregación en 1901. En soledad y perdonando, continuó viviendo su vocación hasta su muerte en Zamora, el 8 de Agosto de 1905. 

 El seguimiento de Jesús Trabajador en Nazaret fue el eje de su vida y la promoción de las jóvenes pobres trabajadoras. Adela de Cáceres SSJ








 ¿Cómo hacer Ejercicios Espirituales en casa/online?
 Desde los primeros días, Ignacio recomendaba que se le dieran los ejercicios en la vida corriente a quien no pudiera disponer de los medios para alejarse un mes de todas sus actividades. Es un camino que transforma la cotidianidad en un retiro espiritual. Sin duda que los avances de las telecomunicaciones nos permiten descubrir cada vez más novedosas maneras para que los interesados puedan, desde cualquier lugar del mundo, disponer de material y ayudas necesarias. 

 En nuestra propuesta de “Ejercicios Virtuales”, necesitas disponer entre 40 minutos a una hora diaria para la oración. En la sección “Guías de Oración” encontrarás, completamente gratis, el material para que puedas hacerlo a tu propio ritmo, con o sin acompañamiento.

 

https://espiritualidadignaciana.org/


https://www.youtube.com/watch?v=tZ0KYS0h94Q&t=1s



sábado, 26 de abril de 2025

FUNERAL DEL PAPA FRANCISCO

La presencia de un libro abierto colocado sobre el ataúd del Papa Francisco puede haber sorprendido a más de una persona. Éste es el Evangelio y su presencia no es para nada insignificante

a celebración de los funerales del Papa Francisco, esta mañana de sábado 26 de abril, en la plaza frente a la Basílica de San Pedro, reunió a unas 250 mil personas, sin contar los millones de fieles presentes en oración. 
Al colocar el féretro delante del altar al inicio de la celebración, sobre la tapa de madera se colocó un libro abierto, el Libro del Evangelio. Un gesto que quizá haya sorprendido a más de uno, pero cuyo significado es profundo.

Cristo en medio de la Iglesia 

El libro que contiene los Evangelios, relatos de la vida de Jesús. En el funeral de un Papa, el Vaticano prevé que el libro del Evangelio se coloque sobre el ataúd de esta manera. De todos los libros litúrgicos, éste es el más venerado. Representa a Cristo, el Verbo hecho carne, presente y enseñando en medio de la Iglesia reunida. El libro del Evangelio recibe los mismos honores que la Eucaristía, desde el incienso hasta las antorchas, pasando por los besos y las reverencias.
¿Quién preside la liturgia? El celebrante principal del funeral del Papa Francisco será el Cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, según un comunicado de la Santa Sede. El Cardenal Re, originario de Italia, fue creado cardenal por el Papa Juan Pablo II en 2001. Tiene 91 años. Presidió el cónclave papal de 2013 que eligió como Papa al entonces Cardenal Jorge Bergoglio. Se desconoce la lista completa de concelebrantes, pero incluirá patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes de todo el mundo. La mayor parte de la Misa se celebrará en latín, pero también incluirá otros idiomas, como italiano, inglés, polaco y árabe.



Durante la ordenación diaconal, el ordenando es invitado a tocar el libro del Evangelio como signo de su misión de proclamar la Palabra de Dios. 

 En la ordenación episcopal, el Libro del Evangelio es impuesto sobre la cabeza del ordenando por dos diáconos durante toda la oración consacratoria; este gesto significa que el Espíritu Santo toma plena posesión de la persona del ordenando. 

 El libro del Evangelio abierto sobre el féretro del Papa Francisco ilustra esta presencia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios que continúa más allá de la muerte.





Cristo en medio de la Iglesia

 El libro que contiene los Evangelios, relatos de la vida de Jesús. En el funeral de un Papa, el Vaticano prevé que el libro del Evangelio se coloque sobre el ataúd de esta manera. De todos los libros litúrgicos, éste es el más venerado. Representa a Cristo, el Verbo hecho carne, presente y enseñando en medio de la Iglesia reunida. El libro del Evangelio recibe los mismos honores que la Eucaristía, desde el incienso hasta las antorchas, pasando por los besos y las reverencias.


Bajo las lentes de cámaras de todo el mundo, las páginas del Evangelio abierto fueron pasadas por la brisa que soplaba en la Plaza de San Pedro el 26 de abril, al final de la misa funeral por el 266° Papa. 

La imagen impactó, como un recuerdo revivido, veinte años después del entierro de Juan Pablo II, el 8 de abril de 2005. Todos los observadores de la época habían descrito entonces las mismas páginas con las que había jugado el viento, divirtiéndose algunos al ver en ellas el soplo del Espíritu Santo.


¿Quién preside la liturgia? 

El fallecimiento del Papa Francisco ha desencadenado una serie de eventos significativos en la Iglesia Católica, entre ellos, la organización de su funeral y el cónclave para elegir a su sucesor. 





En el centro de estos eventos se encuentra Giovanni Battista Re, el decano del Colegio Cardenalicio, quien ha sido designado para liderar ambos procesos. Con 91 años, Re es una figura clave en la Iglesia, conocida por su vasta experiencia y su estrecha relación con el pontífice fallecido.

El celebrante principal del funeral del Papa Francisco será el Cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, según un comunicado de la Santa Sede. 

El Cardenal Re, originario de Italia, fue creado cardenal por el Papa Juan Pablo II en 2001. Tiene 91 años. Presidió el cónclave papal de 2013 que eligió como Papa al entonces Cardenal Jorge Bergoglio. 



“Te pedimos que reces por nosotros”: el emotivo cierre del discurso de despedida al Papa Francisco en el Vaticano

Se desconoce la lista completa de concelebrantes, pero incluirá patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes de todo el mundo. 

La mayor parte de la Misa se celebrará en latín, pero también incluirá otros idiomas, como italiano, inglés, polaco y árabe.


MUERTE DEL PAPA.CIERRE DE LA BASILICA

 



Este viernes a las 20:00 horas, se celebrará en la Basílica de San Pedro el rito del cierre del féretro del Papa Francisco. La ceremonia estará presidida por el cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell, siguiendo la normativa eclesial y bajo la dirección del maestro de celebraciones litúrgicas pontificias. Con esta ceremonia, el Vaticano se prepara para la misa funeral, que se celebrará mañana sábado a las 10:00 horas en el Vaticano.



El cardenal Farrell no estará solo en el cierre del féretro del Papa Francisco 


Junto a Farrell estarán presentes el decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista, y seis cardenales, entre ellos Roger Michael Mahony, Dominique Mamberti y Mauro Gambetti. También participarán el secretario de Estado Pietro Parolin, el vicario general de Roma Baldassare Reina, el limosnero papal Konrad Krajewski, varios arzobispos, canónigos de la basílica y familiares del Pontífice, según ha informado la oficina de prensa de la Santa Sede. 


 Un ritual cargado de símbolos


 El rito incluye la lectura del 'rogitum', que resume los momentos clave del pontificado y es firmado por algunos asistentes. 




Después, se coloca un velo de seda blanco sobre el rostro del papa y se bendice el cuerpo con agua bendita. 




En el féretro se introducen una bolsa con las monedas acuñadas durante su pontificado y el tubo con el 'rogitum', después de haber colocado el sello de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. 






 Además, se coloca la tapa de zinc, que lleva la cruz, el escudo del papa difunto y una placa con su nombre, duración de vida y ministerio petrino. 




Luego, se sella con con los distintivos de los sigilos del camarlengo, la Prefectura de la Casa Pontificia, la Oficina de Celebraciones Litúrgicas y el Capítulo Vaticano. 




Finalmente, se cierra el ataúd de madera, que también lleva la cruz y el escudo del Pontífice mientras se entonan salmos y la Salve Regina. 

https://youtu.be/udF17WFxQU0?si=ZQimEKXo7Kcv1g8G

https://youtu.be/udF17WFxQU0?si=2l7sF8IGoMBoAbkZ


 El deseo personal del Papa 

Francisco había pedido expresamente en su testamento espiritual que su entierro fuera sencillo: sin los tradicionales tres ataúdes (de ciprés, plomo y roble), sino uno solo de madera con interior de zinc. También quiso ser enterrado fuera del Vaticano, en la Basílica de Santa María la Mayor, como muestra de su amor por la patrona de Roma.




POSIBLE PAPA

 ROBERT SARAH


https://youtu.be/YjMmDM9Zn4s?si=Uew0ab0e-DesJZYR

https://youtu.be/PrnAlPtI6Pc?si=D46BJH9ic1UepAW9

ANUNCIAR QUE CRISTO VIVE

santo evangelio según san Marcos 16, 9-15 

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 


Jesús resucitado reprocha a los suyos su incredulidad y su actitud refractaria ante el testimonio de algunos discípulos pues creer en la resurrección nunca será un simple hecho del pasado, o un hecho verificable por la ciencia. 


No, nuestra fe es ésta: damos testimonio de que hoy, para nosotros y para todos los hombres, Jesús vive resucitado en el corazón de todos los hombres como fuente inexpresable de vida.

Hoy muchas personas me tratan como si estuviera muerto. Dicen con los labios que creen en mi resurrección, muchos de ellos se dicen cristianos, seguidores míos, pero para ellos no soy más que un personaje del pasado, una persona que quizá fue buena y ayudó a otros hace mucho tiempo, pero que ahora no pude hacer nada. Eso me lastima. Me tratan como si estuviera muerto. No se dan cuenta que siempre estoy a su lado. Son como mis discípulos que, aunque se los dije muchas de veces, no terminaban de creer que yo estuviera vivo y me trataban igual que muchas personas hoy en día.

 


Nosotros, hoy, no podemos dejar de contar lo "que hemos visto y oído" a pesar de estar insertos en una vida atacada a diario por la muerte y siendo consciente de la dificultad que tenemos para amar. Nos sentimos enviados por el Señor resucitado y, seguiremos viviendo y amando esta sobrenatural obstinación: "Cristo vive"

ESTOY VIVO. Date cuenta de que te amo y puedo – y quiero hacer – mucho bien por y en ti. Déjame entrar en tu vida, mira que estoy vivo.

viernes, 25 de abril de 2025

SEMANA DE PASCUA

 SÁBADO

“ También ellos fueron a anunciarlo ”


Nosotros, hoy, no podemos dejar de contar lo "que hemos visto y oído" a pesar de estar insertos en una vida atacada a diario por la muerte y siendo consciente de la dificultad que tenemos para amar. Nos sentimos enviados por el Señor resucitado y, seguiremos viviendo y amando esta sobrenatural obstinación: "Cristo vive"

 según san Marcos 16, 9-15 

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. 

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. 

Las tres apariciones: la de la Magdalena, la de los discípulos de Emaús, y la de los Once. Lo que llama la atención es aquello en que las tres apariciones coinciden: NO CREYERON

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 

No se trataba de creer que un muerto había vuelto a la vida, como en el caso de Lázaro a quien podían ver, ni de la inmortalidad, ni de la prolongación de esta vida nuestra en la otra. Se trataba de la Resurrección, de la entrada de Jesús definitivamente en el mundo de Dios para no volver ya ni a sufrir, ni a morir.

Se trataba de la entrada de Jesús en la plenitud: la plenitud de la vida, la plenitud de la verdad, la plenitud del amor, la plenitud de la felicidad. A esa vida plena en Dios nos llama Jesús a todos en la Resurrección.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Es verdad que no la merecemos, pero no es cuestión de méritos sino de “gracia”, de don, de regalo. Y esta plenitud ya tiene que comenzar en este mundo. Cristo Resucitado quiere que ya en esta vida “pregustemos” las alegrías de la futura felicidad. Cuando estos discípulos pasaron del no-creer al creer, se quedan “asombrados”.

Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».


Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!


VIERNES

“ Es el Señor ”




según san Juan 21, 1-14 

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades.

Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos.

 Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». 

Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina.

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso!

 Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

 La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». 

Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien.

No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. 

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. 

Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. 

No olvidemos que Juan, tan pronto como ve a Jesús, exclama: ¡Es el Señor! Y Pedro se lanza al agua para ir a su encuentro. Es el gozo que les inunda. Los que han estado acostumbrados a vivir con Jesús ya no saben vivir sin Él.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

En el almuerzo de trabajo, en el lago de Tiberiades, estábamos todos contigo. Tu  Resucitado, poniendo ilusión, alegría, y ganas de hacer bien las cosas. Y así, de un modo tan sencillo, podemos construir entre todos un mundo más humano, más fraternal. No te vemos, pero estás. No te vemos, pero te sentimos cerca. ¡Gracias, Señor!


JUEVES


“ Vosotros sois testigos de esto ”



según san Lucas 24, 35-48 

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

En el Evangelio tenemos el testimonio de los discípulos como lo reconocieron al partir el pan. La importancia de la Eucaristía para el discípulo, necesaria para el seguimiento del Señor, “sin Mí no podéis hacer nada” –nos dice el Señor- se nos entrega como alimento para que tengamos vida y vida en plenitud.

 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. 

También nos aparece el Señor resucitado comunicando la paz, la paz que sana de verdad los corazones, sana todas las heridas, curando y reparando. Al encontrarse con los discípulos vuelve a interrogarlos: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?

Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? 

Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona.

 Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». 

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. 

Cuanta paciencia tuvo que tener con sus discípulos. Los pobres hombres, a pesar de estar con el Maestro, parece que no se enteraban demasiado. Y el Señor intentando hacerles comprender: ¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿Por qué estáis tan asustados y tenéis esas dudas en vuestro corazón?

Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». 

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. 

Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

El Evangelio refiere también que los dos discípulos, tras reconocer a Jesús al partir el pan, «levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén» . Sienten la necesidad de regresar a Jerusalén y contar la extraordinaria experiencia vivida: el encuentro con el Señor resucitado.”




También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir.


MIERCOLES

“ Quédate con nosotros porque atardece ”



según san Lucas 24, 13-35 

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 

El relato nos presenta a dos discípulos que salían de Jerusalén rumbo a una aldea llamada Emaús. Iban decepcionados, alicaídos. El Mesías en quien habían puesto todas sus esperanzas había muerto. Habían oído decir que estaba vivo, pero no parecían estar muy convencidos. En otras palabras, les faltaba fe o, al menos, esta se había debilitado con la experiencia traumática de la Pasión y muerte de Jesús.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 
Jesús sabe lo que van hablando; Él conoce nuestros corazones. Aun así, se acerca a ellos y les pregunta. Ellos no le reconocen, sus ojos están cegados por los acontecimientos.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Le relatan sus experiencias y comparten con Él su tristeza y desilusión. Jesús los confronta con las Escrituras: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Pero no se limitó a eso. Con toda su paciencia se sentó a explicarles lo que de Él decían las Escrituras, “comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas”.

 Él les dijo: «¿Qué». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 

Ellos se interesan por lo que está diciéndoles aquél “forastero” que encontraron en el camino. No quieren que se marche. Se sienten atraídos hacia Él, pero todavía no le reconocen. Más adelante, luego de reconocerle, dirán cómo les “ardía el corazón” cuando les hablaba y les explicaba las Escrituras.

Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.

 Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria». 

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». 

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 

Le invitan a compartir la cena con ellos. Allí, “sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron”. Ese gesto de Jesús, el mismo que compartió con sus discípulos en la última cena, hizo que se les abrieran los ojos de la fe

Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Desapareció de su vista física, pero habían tenido la oportunidad de ver el cuerpo glorificado del Resucitado, y esa “presencia” permaneció con ellos, al punto que regresaron a Jerusalén a informar lo ocurrido a los “once” y sus compañeros, quienes ya estaban diciendo “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.

 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Aparentemente somos nosotros quienes buscamos estar con el Señor, somos nosotros quienes le pedimos que se quede junto a nosotros porque comienza el atardecer de nuestra vida. ¡Pero no!, en realidad es Él quien sale al encuentro, es Él quien se cruza en la rivera de nuestras vidas.

 Con esta consciencia descubrimos que el Señor siempre está a la puerta y llama; pero el abrirle la puerta es una decisión que sólo nosotros podemos tomar. Él conoce las necesidades de nuestro corazón, Él sabe lo que realmente necesitamos y quiere llenar nuestras carencias de cariño y amor.

 Ayúdame, Madre Santísima, a descubrir la felicidad plena que sólo se puede encontrar en Dios y en el cumplimiento de su voluntad, aunque aparentemente parezca algo doloroso.

MARTES

“ Mujer, ¿por qué lloras? ”




según san Juan 20, 11-18 

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».


 Los ángeles le han participado la buena noticia, pero aun así, está entristecida y no es capaz de descubrir en quien tiene delante a su amado Maestro.

 Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

 Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Sólo cuando la llama por su nombre, lo reconoce al instante. 

Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Como que de repente, el reencuentro con una persona amiga puede rehacer la vida y hacernos descubrir que el amor es más fuerte que la muerte y la derrota.

Jesús se revela a María Magdalena y le entrega una misión, la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: “Esta vivo, resucitó yo lo he visto”.

Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

Nadie puede retener al Señor, nadie puede guardárselo como un secreto, un valioso joyel que se pone a salvo de miradas indiscretas. Al contrario, Jesús anima a la Magdalena a cumplir su misión: “Anda, ve a mis hermanos y diles”.

 María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».


Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.


LUNES

LUNES

“ No temáis ”


según san Mateo 28, 8-15 

El testimonio de una mujer, entre los judíos en tiempos de Jesús, no tenía la misma validez que el de un hombre. Pero las primeras que dan noticia de la resurrección del Galileo son mujeres.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. 

De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 

A ellas se les aparece el Maestro, y así lo hacen saber al resto de seguidores.

Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 

En frente, los soldados apalabran una versión falsa de lo ocurrido con los sumos sacerdotes previo pago. Probablemente, estemos en presencia de la primera fake new (noticia falsaria) de la historia destinada a confundir y a ocultar la Verdad.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. 

Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

 Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pero las mujeres, precisamente mujeres, no sienten temor alguno de contar lo que han visto. Al contrario, lo que sienten es alegría. Las dos primeras frases de Jesús glorificado son la clave: «Alegraos» y «No temáis». 




No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.