YA ES SEMANA SANTA

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sábado, 26 de abril de 2025

ANUNCIAR QUE CRISTO VIVE

santo evangelio según san Marcos 16, 9-15 

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 


Jesús resucitado reprocha a los suyos su incredulidad y su actitud refractaria ante el testimonio de algunos discípulos pues creer en la resurrección nunca será un simple hecho del pasado, o un hecho verificable por la ciencia. 


No, nuestra fe es ésta: damos testimonio de que hoy, para nosotros y para todos los hombres, Jesús vive resucitado en el corazón de todos los hombres como fuente inexpresable de vida.

Hoy muchas personas me tratan como si estuviera muerto. Dicen con los labios que creen en mi resurrección, muchos de ellos se dicen cristianos, seguidores míos, pero para ellos no soy más que un personaje del pasado, una persona que quizá fue buena y ayudó a otros hace mucho tiempo, pero que ahora no pude hacer nada. Eso me lastima. Me tratan como si estuviera muerto. No se dan cuenta que siempre estoy a su lado. Son como mis discípulos que, aunque se los dije muchas de veces, no terminaban de creer que yo estuviera vivo y me trataban igual que muchas personas hoy en día.

 


Nosotros, hoy, no podemos dejar de contar lo "que hemos visto y oído" a pesar de estar insertos en una vida atacada a diario por la muerte y siendo consciente de la dificultad que tenemos para amar. Nos sentimos enviados por el Señor resucitado y, seguiremos viviendo y amando esta sobrenatural obstinación: "Cristo vive"

ESTOY VIVO. Date cuenta de que te amo y puedo – y quiero hacer – mucho bien por y en ti. Déjame entrar en tu vida, mira que estoy vivo.

viernes, 28 de marzo de 2025

AMOR AL PROJIMO


según san Marcos 12, 28b-34 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

 “ Amarás a tu prójimo como a ti mismo ”




Toda ley y todo culto se resume en una palabra: "amarás". 

Pero no se trata de cualquier amor. En primer lugar se trata de amar a Dios como el único, y amarle de todo corazón. Todo lo demás será solo una explicación de este primer amor. 

En el Evangelio de hoy nos coloca en la centralidad de nuestra fe, con la pregunta de un escriba sobre lo mas fundamental, valioso y esencial, el Señor nos dice qué es lo más importante de toda la Sagrada Escritura: es el amor. 

Recuerda el himno a la caridad, si me falta el amor, nada, no me sirve, no agrado a Dios. Quien experimenta el amor de Dios no desea otra cosa que corresponderle.


Y, en paralelo con este primer mandamiento, viene el segundo, que es similar: "¡amarás a tu prójimo!" Y es que nuestro Dios es uno con el hombre. Amar al hombre solo es posible si es reconocido en su inmensa dignidad. ¡Todo hombre es hijo de Dios! 

Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de hacerse cargo de las personas más débiles, como el extranjero, el huérfano, la viuda. Jesús conduce hacia su realización esta ley de alianza, Él que une en sí mismo, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un único misterio de amor.

 Ahora, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. Ya no podemos separar la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos.


No podemos ya dividir la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la proximidad a su vida, especialmente a sus heridas. Recordad esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto amas tú? Y cada uno se da la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor.


AMA COMO A TI MISMO

del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34 En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

“COMO A TI MISMO” 




 A primera vista resulta algo extraño, e incluso sorprendente, que Jesús use como término de comparación el amor “a sí mismo” para caracterizar la vida de profundidad divina y de incondicional entrega y servicio a los demás cuyo exponente es, en definitiva, la suya propia, la inconfundible peculiaridad de su evangelio. Y ello, además, en línea de continuidad con la tradición de la Ley y con el auténtico sentido de la Revelación de Dios a su pueblo elegido. ¿Acaso es una invitación o defensa de una especie de narcicismo o de culto a la propia persona? ¿Una reivindicación para el egoísmo, o al menos una justificación para el egocentrismo? Es evidente que no. Pero también es evidente que la lectura de este texto suena como si nos dijera que “quien no se ama a sí mismo no puede amar a los demás”, e indudablemente algo de eso hay…


Lo que podemos deducir de cierto en ese mandato de “ama al prójimo como a ti mismo”, reverso del “ama a Dios sobre todas las cosas”; es, en primer lugar, que se trata del prójimo, de aquella persona a quien nos hemos acercado, a la que hemos hecho cercana y compañera, a quien acogemos y para quien estamos disponibles. Y cuando hemos hecho del otro prójimo, dar curso al amor de Dios significa instalar a ese prójimo en la hondura de nuestra fe en Él del mismo modo que nosotros nos sentimos atrapados por Él, inundados, sumergidos en la divinidad… No se trata tanto de un “término de comparación” que puede conducir a absurdas paradojas de supuesto egoísmo caritativo y de una pretendida codicia compasiva, sino de que mi “yo” está de tal modo hundido en ese amor, que procede de Dios y es el referente más profundo de mi identidad, que mi vida es un foco desbordante de misericordia y de bondad enraizado en la experiencia íntima de Dios. De ese modo, incorporo al prójimo a mi misma vida, la que Dios me ofrece, alienta y acompaña; de modo que puedo sin ningún reparo decir “amo al prójimo como a mí mismo”, porque “amarme a mí mismo” no es ponerme en el centro de mi vida, sino al contrario supone, impulsado por Dios, una especie de “expatriarme de ella”, significa dejarme amar por Dios y expandir esa experiencia vital y misteriosa que trasciende intereses y egoísmos y prolonga la experiencia fundamental y fundante de mi vida (ese abismo del amor a Dios) en un rebosante derramarse que alcanza a cualquiera que pueda encontrar en mi camino, al que incorporo sin restricciones ni complejos a esa aventura apasionante…





En resumen: al prójimo trátalo y considéralo como a Dios: imprescindible para ti mismo, para poder llegar a ser tú mismo, para acceder a tu identidad, para poder vivir… y de ese modo, desde Dios y con tu prójimo, sé tú mismo… porque sin ellos ni puedes ser tú mismo, ni amándote amarles (o amándoles amarte) en modo alguno…

jueves, 20 de febrero de 2025

¿QUIÉN DECIS QUE SOY?

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN MARCOS (8, 27-33) 

Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: 




 

En Cesárea, el grupo de los discípulos se coloca ante Jesús. La curación del ciego, ha dado su fruto: Pedro, ante la pregunta de Jesús ¿quien decís que soy yo? reconoce en Jesús al Cristo. 

La multitud sólo había llegado alcanzar una parte de la verdad: veía en Jesús a un profeta. Pero Elías y Juan Bautista pertenecen al pasado, mientras que Jesús viene del futuro. Jesús instruye a sus discípulos y levanta sin miramiento el velo: "el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho..." Esta es la misión por la que se reconoce a Jesús: sólo a través del sufrimiento entrará en la gloria del Reino.

Pedro, a quien se le ha concedido ir más allá que al resto de apóstoles y entrar decididamente en el secreto mesiánico pero al que Jesús reprende con ímpetu cuando el primero de sus discípulos reniega de la cruz. Sabe quién es pero no entiende todavía que la pasión es el único camino que conduce a la muerte del hombre viejo y a la gloria de la resurrección. 
Diríamos que no ha entendido nada: quiere preservar, con toda la buena intención que se le presupone, a Jesús de ese padecimiento que se revelará atroz en la cruz en cumplimiento de la voluntad del Padre, no de la propia. 
"Quítate de mi vista, Satanás". 
Pedro necesita profundizar aún más su fe; tiene que aprender que, para hablar debidamente de Jesús, no basta con decir de Él algo que sea verdadero, ha de esperar a la resurrección. Entonces comprenderá a la persona de Jesús y su mensaje: entonces podrá dar testimonio.

A NOSOTROS

Quién es Jesús para ti. Te lo está preguntando a través de la Palabra de hoy. No se trata de acertar con la respuesta como en un concurso; tampoco de aprenderla de memoria para ningún examen. Lo que encierra esa pregunta que se te formula en presente y voz activa hoy, jueves de la sexta semana del tiempo ordinario del año 2022, es el grado de intimidad que tienes con el Señor.




 Gracias a Cristo, la cruz ha venido a ser la fuente de la cual emana todo tipo de gracias y bendiciones para todo el que quiera creer: ¡El instrumento de muerte ha pasado a ser el vehículo que nos da la libertad y la vida!

Pero no te desanimes, se turbe tu corazón si te ves apocado o lejano. Piensa en Pedro.

«Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

También a nosotros  nos  dice que nos pongamos detrás de El y así además de conocerle intentaremos  vivir como El.


martes, 18 de febrero de 2025

EÑ PAN DE LA VIDA ETERNA

santo evangelio según san Marcos (8,14-21): 

 En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían mas que un pan en la barca. Jesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.» Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.» 


Es así, no todos se dan cuenta de la nueva vida que trae Jesús, ni siquiera sus discípulos que han presenciado en primera persona los milagros de la multiplicación de los panes. 

Ellos siguen con el "pan de sus seguridades", el pan de lo que realmente les preocupa. No entienden. ¡Es tan fácil hacer un Dios a nuestra medida, a la carta! Somos capaces de reducir a poco la grandeza de la fe. 

¿Para qué os sirven los ojos si no veis? La levadura está más presente de lo que suponemos en el Evangelio. Para el pueblo judío, simbolizaba la corrupción, y en los días sagrados se tiraba y se barría hasta no dejar ni rastro por toda la casa para que no contaminara los alimentos permitidos.

 Nuestro concepto de la levadura es mucho más positivo porque tenemos en cuenta el pasaje evangélico de Lc 13 en que se compara al Reino de Dios con el hongo que fermenta la masa. 

Pero en el Evangelio de hoy, Jesús previene a sus discípulos de la levadura de los fariseos y de Herodes. Es decir, el fermento del mundo que hace crecer de modo artificial su Reino, inflado por la vanidad, la hipocresía o la falsa sensación de poder. Y se encorajina con ellos porque no lo ven, porque la mundanidad les ciega y les embota los oídos: “¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís?”.

 Su Pan de Vida no precisa de levadura que lo haga subir de modo acelerado. La pregunta se clava como un dardo: “A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?”




En la barca no hay más que solo un pan, y ellos miran al pan que traen entre sus manos. En la barca no hay más que solo un pan, el único necesario y suficiente. Ese pan es Jesús, es su cuerpo entregado, su sangre derramada, su corazón partido. Todavía no han comprendido que el pan multiplicado es Él mismo, Pan de Vida Eterna. 

¡A despertad los sentidos del corazón para no perdernos la hermosura insondable de mirar la vida con los ojos de la de, de vivir a fondo, desde dentro, con el corazón. ¿Cuándo reconoceremos la grandeza de la misión a la que Jesús nos quiere asociar? ¡Sembradores de vida eterna!

sábado, 15 de febrero de 2025

LA GENTE COMIÓ HASTA ARTARSE

 Evangelio San Marcos (8,1-10) 

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».


Terminamos la semana como la empezamos, contemplando a Jesús ocupándose de los que más lo necesitan: "Llevan ya tres días conmigo y no tienen que comer” Jesús no se conforma solo con hablar de lo que significa el Reino de Dios, sino que procura que a sus oyentes no les falte de nada. Alimento espiritual y alimento corporal. Porque la salvación de la persona es íntegra, no se puede separar el alma del cuerpo.

Jesucristo ve las necesidades de aquella multitud, siente lástima y se compadece. No se queda indiferente sino que actúa, comprometiendo a los demás, y de ahí la pregunta ¿cuántos panes tenéis?

 Sean siete o cuatro, no importa la cantidad sino la disponibilidad para ofrecerlos y compartirlos. Lo poco que tenían lo pusieron a disposición del Señor, tanto de panes como de peces y la multitud, hambrienta, se sació y aún se recogieron sobras hasta llenar siete canastas, tantas como peces ofrecieron. 

Lo que se comparte se multiplica y así el Señor nos viene a preguntar, en esta víspera de la Campaña de Manos Unidas ¿cuántos panes tenéis? 


Como Jesucristo tenemos que sentir el dolor, el pesar, el hambre y la extrema vulnerabilidad de los más pobres entre los pobres, para movilizarnos y «sacar de la despensa nuestros siete panes» antes de que se pongan duros; y «ofrecer nuestros peces antes de que huelan mal» Lo que no se da con amor huele mal, lo que se guarda sin compartir endurece, porque «endurece el corazón». Que nuestra compasión nos anime a actuar como Jesús y sea el antídoto a la indiferencia del mundo, que condena a muchos al olvido.


Cuando el hombre se compadece de sus hermanos, entonces empieza la salvación, se restablece la comunidad entre los hombres y nos responsabilizamos de su porvenir. La compasión es connivencia, es comunión, es pasión.¡Seamos compasivos!

Señor, tú que te compadecías de los hambrientos, de los pobres, de los enfermos, eres el mismo que entonces: sientes compasión por todos los que sufren. Tu corazón no puede cambiar. Vengo a que me cambies el mío. Que todo el bien que hoy pueda hacer a mis hermanos salga de mi corazón enternecido.

jueves, 13 de febrero de 2025

SE POSTRO A SUS PIES

  santo Evangelio según san Marcos ( 7, 24-30) 

 Desde allí fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».



Jesús en la región pagana de Tiro, Jesús fue allí para aliviarse de la presión que tenía en otros lugares, donde los creyentes le seguían y no le permitían estar con sus discípulos.


La mujer, a pesar de ser de origen alejado a la fe del pueblo judío, se acerca a Jesús y le pide que eche al demonio que tiene su hija. Reconoce que Jesús tiene poder para sanarla y salvarla de aquella situación. Lo demuestra con la petición, pero también, como dice el evangelio, porque se el echó a los pies del Señor.

Pero Él, que acaba de multiplicar el pan de vida para cinco mil judíos, “provoca” a la mujer negándole de entrada el milagro. 

Al principio Jesús parece no atender a su petición y le da una respuesta muy extraña: no está bien echar a los perros el pan de los hijos. Le quiere decir que él ha venido a anunciar la salvación, empezando por el pueblo judío. Después irá también a otros 

 La frase parece un insulto, pero la mujer, lejos de sentirse insiultada o provocada, le responde al Señor con el mismo ejemplo y le pide que le dé unas «migajas». 

Jesús valora la fe de aquell mujer, no se enfada ni se le encara, le pide con fe y le vuelve a pedir, no quiere glorias ni honores, no quiere milagros sorprendentes, tan solo quiere lo mejor para su hija. Jesús le pide que vuelva a su casa porque su hija está curada. Aquella mujer, llena de fe, confió en la Palabra del Señor y así sucedió. Una invitación a qeu también pidamos con fe, pero sobre todo a que nosotros confiemos cada día en la Palabra del Señor.


La actitud de la griega es una actitud completamente suplicante, llena de fe porque creía que Jesús salvaría a su hija; llena de esperanza porque confiaba que Dios la escucharía y llena de amor porque estaba tirada sobre los pies de Jesús solamente porque amaba a su hija. 

Parece que la fe, la esperanza y la caridad son los elementos que necesitamos para que Dios nos dé lo que pedimos; pero Jesús nos ayuda constantemente, como ayudó a la mujer griega, para que nuestra súplica estéllena de una sincera humildad.


 



miércoles, 12 de febrero de 2025

LO QUE SALE DEL DENTRO ES LO QUE HACE IMPURO AL HOMBRE

 Evangelio según San Marcos (7,14-23) 

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.



Siguiendo con la diatriba del lavatorio de manos antes de comer, se nos presenta hoy esta otra disquisición sobre la pureza o impureza de determinados alimentos que, para la mentalidad judía, contamina a quien los ingiere. 
No es algo del pasado: hoy hay millones de hombres y mujeres de todo el mundo que se abstienen de comer determinados productos por motivos religiosos. Nosotros mismos tenemos el viernes el día del ayuno voluntario.
 Pero Jesús está indicando que ningún alimento puede contaminar al hombre, sino que es lo que éste guarda en su corazón lo que contamina los alimentos y todo cuanto toca. Es una visión que le da la vuelta a las circunstancias tradicionales y provee de otro punto de vista que hasta entonces ni se había planteado.

 La purificación interior -en la que el ayuno o la abstinencia de la Cuaresma, por ejemplo, siempre ayudan- es el camino que Jesús está indicando.




Jesus, de nuevo, nos coloca en la posición justa: bajo la mirada de Dios. Frente al Señor no podemos escondernos, aunque podemos, eso si, no conocernos a fondo. Por eso Jesús nos invita a “comprender”, a conocernos a nosotros mismo.

Podemos hacer grandes cosas si nos damos cuenta de que cada uno de nuestros actos humanos es corredentor cuando está unido a los actos de Cristo.

¡Ayúdame, Jesús! Sólo Tú eres capazde sanar mi corazón herido por el pecado. Nadie más que Tú puede purificar mi interior, mis intenciones y deseos más profundos.

lunes, 10 de febrero de 2025

LE TOCABAN Y SE CURABAN

   santo Evangelio según san Marcos (6, 53-56) 

 Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.




La fama de Jesús le precede. Lo esperan los enfermos para que los cure. 

Los enfermos, de cualquier dolencia, tienen un punto en común cualesquiera que sea el mal que los tiene postrados: experimentan su debilidad humana, los límites de su propia salud, necesitados de curación, de liberación de esos achaques que sufren. 

Ello explica esa visión que nos describe el evangelista de todos los enfermos en camillas colocados en fila en la plaza pública para que pudieran tocar siquiera la orla del manto. Pero no es sólo la salud material del cuerpo, sino la espiritual del alma la que está necesitada de liberación, de curación por parte de Jesús. 

Pero mirad como cura Jesús en esta ocasión: no dice nada, ni una palabra, ni un gesto, como si curase su sola presencia, como si la paz que irradia sanara los tormentos de los hombres. Jesús no hace otra cosa que "dejarse tocar", dejarse alcanzar, son los hombres los que se las ingenian para tocarle "siquiera la orla de su manto".



Muchos de los retiros espirituales de todo tipo que tienen lugar en nuestras parroquias o los centros de espiritualidad se parecen mucho a esa escena del Evangelio de hoy: enfermos del espíritu tumbados en mitad de la plaza rodeados de hermanos también necesitados de que Jesús pase por sus vidas y los cure. Y quedan curados.

Este pasaje puede ayudarnos a meditar cómo estamos recibiendo a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión. ¿Comulgamos con la fe de que este contacto con Cristo puede obrar milagros en nuestras vidas?

 Más que un simple tocar «la orla de su manto», nosotros recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión sana nuestras almas y les garantiza la participación en la propia vida de Dios. 

San Ignacio de Antioquía, así, consideraba a la Eucaristía como «la medicina de la inmortalidad y el antídoto para prevenirnos de la muerte, de modo que produce lo que eternamente nosotros debemos vivir en Jesucristo».


sábado, 8 de febrero de 2025

DESCANSAR EN EL SEÑOR

evangelio según san Marcos (6,30-34) 

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» 



Enamora este Jesús que envuelve y arropa con su ternura a sus discípulos que acaban de regresar de su misión. Bien sabe Él que el corazón del hombre necesita descansar, tomar fuerza en la intimidad, alimentarse y fortalecerse con el amor, la ternura y la compasión del que te quiere. 

Jesús invita a sus discípulos a descansar un poco. El descanso lo hacen con Él. “Yo seré vuestro descanso”.

 No hay misión verdadera, ni anuncio auténtico sin esta experiencia de reposar nuestro espíritu en su Presencia. 

Sin vida interior, sin encuentro con el Señor en la intimidad de la oración, la vida del discípulo se disipa y se pierde en mil quehaceres que terminan despistándolo de lo esencial. 

 Jesús no solo a los suyos les muestra su ternura y compasión, sino también a "tantos que andan como ovejas sin pastor" les enseña todo lo necesario para saciarle su hambre más profunda con la verdad de Dios y mostrarle el camino que conduce a la Vida, meta y fin de toda existencia humana.


En realidad, descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre-varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín).

En el evangelio de hoy vemos que Jesús, al ver a la gente como ovejas sin pastor, “se le removían las entrañas”. No basta que se muevan nuestras manos, nuestros pies, si no se nos mueve antes el corazón.

jueves, 6 de febrero de 2025

LLAMADOS Y ENVIADOS

  evangelio según san Marcos (6,7-13) 

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.


"Jesús eligió a los que quiso para que estuvieran con él y para enviarlos". Es la primera vez que Jesús manda explícitamente algo: "les ordenó" y está relacionado con la pobreza. Dios nos quiere pobre de solemnidad; no quiere que tomemos nada consigo para que quede claro que solo nos apoyamos en la confianza de Aquel que nos envía. 

Así la pobreza, tan mal vista y de la que huimos, es propuesta por Jesús como lugar de encuentro, pues cuando uno no tiene nada que custodiar y proteger cae en la cuenta que lo único valioso son las personas, la vida que se nos ha dado. 
Poco importa eso. Como tampoco importa el acopio que hay que hacer para desarrollar la misión; las instrucciones de Jesús pueden sonar radicales, porque lo son. Invita a centrarse en lo importante olvidando lo accesorio. Lo importante es el mensaje, la buena nueva

El atuendo del discípulo no es otro que el de peregrino que todo lo espera de Dios; además son peregrinos que ya no suben al templo, fin último de toda peregrinación, sino que van al encuentro de los hombres, "nuevo templo de Dios" 
La única seguridad del discípulo serán unas palabras que intercambiar con un compañero de camino (Dios existe) un rostro que amar y descubrir (Dios es amor), una historia que compartir en una comunidad de vida (Dios me ha salvado).

 Lo único que Jesús puede confiar a sus discípulos, al verles en misión, es esto: no contarán con más amparo, en su marcha, que su fe común, sin más seguridad que su gracia y nada más.



El envío misionero sucede a la llamada vocacional al discipulado. Son inseparables el uno de la otra. No se es discípulo por un lado y misionero por otro, sino discípulo misionero que lleva la Palabra de Dios y trabaja por su Reino allí donde se encuentre, lejos o cerca de casa, en tierra propia o extraña, con conocidos o entre forasteros.
Que estos consejos que me das hoy me ayuden a ser un mejor discípulo de tu Reino y me capaciten para llevar tu amor allí donde más se necesite.

Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros. Con palabras de san Josemaría, «el apostolado es amor de Dios, que se desborda, con entrega de uno mismo a los otros

martes, 4 de febrero de 2025

NIÑA A TI TE DIGO, LEVANTATE

del santo Evangelio según san Marcos ( 5, 21-43) 

 Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.


Nuestro Dios es un Dios de vida, que ama la vida y lucha contra la muerte. Y la manera de conectarnos con esta corriente de vida es la fe. Cristo es una corriente de vida que pasa junto a nosotros. Lleva dentro toda la vida de Dios y quiere comunicarla.

El Evangelio de hoy es el relato de la fe que crece en la prueba. Son paralelos ambos milagros que tienen que ver con la capacidad de Jesús para sanar, para curar enfermedades con pleno dominio sobre la muerte. Pero no sólo eso, sino que son relatos de salvación: la hemorroísa y Jairo experimentan su fe en la prueba y la dificultad, cuando todo parece perdido, por eso abrazan a Jesús no sólo como una especie de demiurgo capaz de alterar el curso de la enfermedad sino como quien trae salvación a sus vidas. 

Jairo cayó a los pies de Jesús, rogándole con insistencia que curase a su hija. Luego, cuando le dijeron que la niña estaba muerta, prestó atención a las palabras alentadoras de Jesús: 'Basta que tengas fe'. Y la tuvo. Fue así como una preciosa carilla de doce años resplandeció de nuevo con todos los colores de la vida.

En el caso de Jairo, sus amigos enviados tratan de que desista de implorar ese milagro de devolverle la vida a su hija, pero Jesús irrumpe en medio del fatalismo que podemos suponer de esa conversación e insiste en que la niña no está muerta sino dormida. Sólo a Jairo no le ha flaqueado la fe en ningún momento, a diferencia de sus compañeros. Y esa perseverancia es la que el Señor premia por todo lo alto.

Mujer enferma de hemorragias: se atrevió a 'tocar' a Jesús -la fe tuvo en ella más fuerza que el miedo a la ley- y, enseguida, 'notó que su cuerpo estaba curado'. Creer en Jesús es, pues, mirarse primero y verse enfermo, y triste, y pobre. Y dejar luego que brote y tome cuerpo en uno la sed de otra agua, el hambre de otra vida.

La hemorroísa no podía tocar ni hablar a nadie porque su enfermedad la hacía impura a los ojos de los sacerdotes y los fariseos: estaba excluida de la sociedad, dominada por la religión de su época. Su osadía para tocar la orla del manto en medio de la multitud queda al descubierto cuando Jesús siente que ha salido fuerza de él, como dice el evangelista. Es entonces cuando se produce la rehabilitación integral de la persona, que sucede en la conversación con ella: ha pasado de esconderse temblorosa y asustada, a confesar la verdad echada a sus pies, que es la actitud de adoración por excelencia. 



Mirarlo después a Él, escucharlo, sentir que lleva la respuesta a todas mis preguntas, la llave de todos mis anhelos. Poner, finalmente, mi corazón de rodillas y tender hacia Él mis manos suplicantes. En esa medida exacta, en tanto en cuanto sea capaz de vaciarme de mí y abrirme a Él, su agua viva calmará mi sed, su medicina cerrará mis heridas, su Espíritu me llenará con su fuerza. Y entonces, me levantará de la tierra de los muerto, como a la hija de Jairo, para vivir para siempre en la tierra de la Vida. Hoy el Señor te dice como a esta niña:"Talitha kum", contigo hablo, ¡Levántate!



miércoles, 29 de enero de 2025

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Evangelio según san Marcos (4, 1-20) 

 Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar. Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos: «Escuchad: Salió el sembrador a sembrar 


Hay tierras buenas y tierras malas, corazones buenos y malos. 

 Como la raíz de la semilla profundiza en la tierra a la que fue arrojada, así la Palabra de Dios ahonda en los corazones, pero sólo afecta al hombre que quiere escucharla.

 Al hombre superficial, al hombre con poca interioridad o preocupado y estresado por las cosas materiales, la semilla de la Palabra no llega a germinar. 

 Solo los corazones que han sido trabajado, quitando las piedras que empobrecen su vida y las zarzas que ahogan su existencia; solo los corazones deseosos de Dios, acogen la Palabra de tal modo que los frutos no se dejan esperar. 

 Así es la Palabra de Dios, no regresa sin haber obtenido resultado. Dios quiere echar raíces en tu corazón. 

El Dios de los cristianos es interioridad. Sin vida interior, sin un corazón puro, la Palabra seguirá sin dar fruto, como ocurre en el corazón de tantos cristianos, en mi corazón. 

¡Cuida tu corazón y deja que Dios entre en él, y ... tu vida florecerá! Seguimos orando con insistencia por la unidad de los cristianos.


la “Parábola del sembrador”. La escena es totalmente actual. El Señor no deja de “sembrar”. También en nuestros días es una multitud la que escucha a Jesús por boca de su Vicario —el Papa—, de sus ministros y... de sus fieles laicos: a todos los bautizados Cristo nos ha otorgado una participación en su misión sacerdotal. Hay “hambre” de Jesús. Nunca como ahora la Iglesia había sido tan católica, ya que bajo sus “alas” cobija hombres y mujeres de los cinco continentes y de todas las razas. Él nos envió al mundo entero (cf. Mc 16,15) y, a pesar de las sombras del panorama, se ha hecho realidad el mandato apostólico de Jesucristo.

viernes, 24 de enero de 2025

LLAMÓ A LOS QUE QUISO

según san Marcos (3,13-19) 

En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó. 


Desde el inicio Jesús se rodeó de un grupo de amigos con el fin de poder responder a las necesidades creciente de las gentes e ir creando una comunidad más interesada en la interioridad de la vida que en la brillantez externa del aparentar y querer ser mejores de los demás. 

No eran los mejores. Ni los más instruidos. Tampoco eran los más poderosos ni los más ricos. Entre ellos, no todos pensaban igual. Incluso podía preverse que discutirían… Pero ahí están: “los Doce”. En el comienzo de su vida pública, tras hacerse bautizar el en Jordán, retirarse un tiempo al desierto y hacer sus primeros signos y predicaciones, Jesús forma un grupo. 

Con la libertad que le caracteriza, Jesús eligió a los que quiso para que estuvieran con él y para enviarles. 

Aquí nace la comunidad, en la iniciativa de Jesús de rodearse de los suyos, para que sientan el amor de Dios, el único que hace renovar nuestro interior y cambiar nuestras relaciones. 

 La vida de la Iglesia, la vida del cristiano, transcurre entre estos dos verbos: "estar" y "enviar". Ahí se fragua un buen cristiano, estando a los pies de Jesús, sintiendo su amor, celebrando los sacramentos, saboreando en el silencio de su oración la certeza de su presencia. Y, todo, para darse a los demás, para vivir a merced de los hermanos y anunciarles con la vida que Dios nos ama, que está de nuestra parte. Que nos quiere, libres, felices y dichosos. 

 Sigamos rezando por la unidad de los cristianos para que todos seamos uno en el amor al Dios uno y trino.




los llamó «para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar». No se trata de acomodarse en el regazo y sentirse a gusto estando con Jesús, en su compañía. Se trata de que la elección de los discípulos los convierte de inmediato en misioneros a los que se les envía a predicar, a anunciar la buena nueva a sus coetáneos. Y eso vale tanto para entonces como ahora. Jesús te ha llamado para ser cristiano, esto es, discípulo suyo. Y ahora te envía a predicar a todo el mundo que ha sido su amor imperecedero el que te ha rescatado.

jueves, 23 de enero de 2025

TU ERES EL HIJO DE DIOS

evangelio según san Marcos (3,7-12)

 En aquel tiempo, Jesús se retirá con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. 



El evangelista Marcos cambia el escenario de la predicación de Jesús. Si hasta ahora han sido las sinagogas y los recintos cerrados donde se ha hecho presente su gracia salvífica, ahora nos presentará signos y prodigios que suceden en campo abierto. 

La multitud,literalmente se le echa encima a Jesús casi para arrancarle, tocándole, esa energía benéfica y salvadora que trasmite.

 La imagen es conmovedora: Jesús rodeado de tanta gente que se tiene que "proteger" subiéndose a una barca. Parece que el éxito de Jesús está asegurado, su misión garantizada: la multitud que acude a Jesús. Y hasta el mal, proclama quien es Jesús. Todo, todo, parece marchar bien. 


Tal es la fama desbordante que acompaña a ese que todo Israel identifica como profeta: tiene que alejarse en barca para que no lo estrujen. Ese detalle da idea de hasta dónde había crecido su fama y el reconocimiento del pueblo de sus curaciones. 

Pero entre el seguimiento interesado (legítimo, en cualquier caso) de quienes van en busca de una solución a sus problemas o dolencias, son los endemoniados los que primero lo reconocen como Mesías. 

Sienten que su poder no es humano sino que viene de lo alto y como tal lo interpelan. Jesús esconde su condición de Ungido porque todavía no ha llegado el momento de desvelar el secreto mesiánico. Ya llegará y todos podrán ver (los que miren con los ojos de la fe que es don de la gracia divina) que Jesús es Cristo.


Los espíritus inmundos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él les prohibía que lo diesen a conocer.

martes, 21 de enero de 2025

EL TIEMPOO DE DIOS

  evangelio según san Marcos (2,23-28):

 Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».


Los fariseos, en tiempos de Jesús, eran tan escrupulosos con la observancia de los preceptos, que no les cabe en la cabeza que pueda hacerse el bien con independencia del día de la semana. Es cierto que el sábado era un día sagrado, pero Jesús viene a anteponer al sábado a la persona y su dignidad, aquí expresada en una dolencia en la mano.

Quienes van por los "sembrados de la vida recogiendo espigas" detrás de las huellas de Jesús, viven sin las ataduras de las leyes gozando de la libertad que contagia el Señor de la vida: "el sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado". 

Jesús se alza contra la dicotomía rancia que marca la religión caduca y decrépita de los fariseos, llena de multitud de normas y leyes, con la intención de separar lo sagrado de lo profano, lo religioso de lo humano. 

Desde que el Hijo de Dios se hizo hombre, el tiempo sagrado y el tiempo humano se han diluido para dar paso al único tiempo, el de Dios. Dios se une con lo cotidiano de los hombres, ya no hay que buscar a Dios fuera del futuro del hombre.

El único culto agradable a Dios nace en el corazón del hombre y no hay más normas o leyes que la del amor:"Ama y haz lo que quieras" Hoy permítete saborear y disfrutar la libertad que da el sentirnos hijos de Dios y vivir como tales.





Cuántas veces nosotros mismos mostramos esta actitud con Dios o con el prójimo, acechantes para echarnos encima y recriminar lo que no es más que un acto de misericordia.

lunes, 20 de enero de 2025

VINO UEVO EN ODRES NUEVOS

evangelio según san Marcos (2,18-22) 


En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. 




¡Cuando Dios se enamora de su pueblo, es tiempo de alegría y de danza y no de duelo y de ayuno! 

Flaco servicio hacemos a la fe cuando la vivimos envuelta en nuestras tristezas, amarguras y resignaciones. 

Cuando el amor de Dios ha irrumpido en tu vida ya no hay motivos para la tristeza. Es la hora de la fiesta, porque Dios ha venido a quedarse para siempre. 

La venida de Jesús, su vida, su predicación y sus acciones dividen la historia en dos. 

Nuestra fe y nuestra religión no está reñida con la alegría, al contrario, señal inequívoca de que vivimos de verdad nuestra fe es la alegría de vivir, a pesar de los problemas y dificultades, a pesar de las enfermedades y nuestras miserias, y aún a sabiendas de que llegará la hora del Calvario y de las lágrimas, a pesar de todo, la alegría es el distintivo más genuino de la vida del creyente. ¿Tu alegría de qué depende? ¿Vives las contrariedades de la vida desde la alegría de la fe?


La vida nueva que Dios nos ofrece, la novedad del mensaje que nos entrega, requiere unos odres nuevos en nuestro corazón. Es decir, necesitamos la voluntad generosa para responder al amor que Dios nos tiene. Urge purificar constantemente nuestro corazón de todo aquello que nos impide estar a la altura del amor de Dios. El Señor nos llama a más. A vivir con el espíritu de lo “nuevo”, es decir, con un amor y un fervor siempre renovado, con la capacidad de dejarnos sorprender por Dios, Dios hace nuevas todas las cosas. No es un menosprecio al ayuno, en multitud de ocasiones el propio Señor lo aconseja, y Él mismo antes de comenzar su vida publica se retiró al desierto y ayunó, también lo aconsejo a sus discípulos para el combate con el mal, para muchas situaciones es necesario oración y ayuno.

viernes, 17 de enero de 2025

LEVANTATE

  Evangelio según san Marcos (2,1-12) 

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.



Ahí tenemos a un paralítico llevado ante Jesús por cuatro hombres. ¡Cuánto tenemos que agradecer a todos aquellos que con su vida y ejemplo nos llevan a Jesús! A tantos que al contemplar nuestra debilidad no la critican ni murmuran sino que la ponen delante de Jesús.

 ¡Bendita solidaridad humana! 

La camilla de este paralítico me hace pensar en todos los lisiados de amor, en los que han perdido la esperanza, a los recluidos en su soledad, a los que tienen el corazón completamente seco, a todos los postrados en su enfermedad en tantas camas de hospitales, en fin, pienso a este mundo nuestro envejecido, marchito y sin salida.

 Jesús se inclina hacia el paralítico y le dice: "¡levántate!" Y esta palabra estalla como una bomba en los oídos de los presentes.

 Dios ha venido para esto, para levantar, para recuperar, para devolverle al hombre todo lo que el pecado y la enfermedad le quita. 

 Cuántas veces, más que parecernos a estos cuatro hombres, somos idénticos a los murmuradores letrados, escribas y fariseos, que en vez de aliviar, echan sobre la espalda de los demás cargas imposibles de soportar. Hemos preferido la casuística de las normas al amor del pecador, la seguridad de una buena organización al calor del fervor misionero.

 ¡Levántate y anda! Ese es el dinamismo de la fe. Dios nos quiere en pie, ¿a quién vas a levantar hoy?




Jesús-Salvador quiere dejarnos una esperanza cierta de salvación: Él es capaz, incluso, de perdonar los pecados y de compadecerse de nuestra debilidad moral.

Este milagro lo podemos revivir frecuentemente nosotros con la Confesión. En las palabras de la absolución que pronuncia el ministro de Dios («Yo te absuelvo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo») Jesús nos ofrece nuevamente —de manera discreta— la garantía externa del perdón de nuestros pecados, garantía equivalente a la curación espectacular que hizo con el paralítico de Cafarnaum.

Ahora comenzamos un nuevo tiempo ordinario. Y se nos recuerda a los creyentes la urgente necesidad que tenemos del encuentro sincero y personal con Jesucristo misericordioso. Él nos invita en este tiempo a no hacer rebajas ni descuidar el necesario perdón que Él nos ofrece en su alcoba, en la Iglesia.

jueves, 16 de enero de 2025

QUIERO, QUEDQ LIMPIO

según san Marcos (1,40-45) 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. 



Un leproso, en tiempos de Jesús, estaba condenado a vivir alejado de todo. Era un apestado, un excluido. Le obligaban a taparse el rostro con un velo, prácticamente dejaba de ser persona. 

Pero a este leproso le duele su lepra, no se resiste ni se conforma a vivir pegado a ella. Y se atreve a desafiar las normas y leyes, y se acerca a Jesús. ¡Está loco! Oid lo que le dice a Jesús: "si quieres, puedes limpiarme". Y entonces se produce lo increíble: Jesús le toca y pronuncia unas palabras que están reservadas a Dios: "quiero, ¡queda limpio! A Dios no le importa mancharse con nuestras miserias y pecados. 

Este es el camino a seguir con nuestras "lepras", con todo lo que no nos gusta de nosotros, con todo lo que "huele mal" en nuestra vida: primero tener el valor de reconocerlo, segundo que te duela tu miseria porque sino correrás el riesgo de vivir atado de por vida a ella, y tercero salir de si e ir al único que puede curarte: Jesús. 

Y en adelante ya no será la lepra la que contagia, sino el amor y la misericordia de Dios. Ya no son el mal y la desolación los que tienen la última palabra en nuestra vida. Ahora es Cristo el que contagia y dejarse tocar por Él, permitirle que ponga su mano en nuestra herida es el único camino que nos devolverá la dignidad que el mal y el pecado nos ha robado. El amor es contagioso, ¡por favor ponte hoy a tiro de Él! DIOS ES AMOR.




Quizá, con demasiada frecuencia nos preocupamos de llenar ese tiempo con palabras que nosotros queremos decirle, y no dejamos tiempo para escuchar lo que el Buen Dios nos quiere comunicar. Velemos, por tanto, para tener cuidado del silencio interior que —evitando las distracciones y centrando nuestra atención— nos abre un espacio para acoger los afectos, inspiraciones... que el Señor, ciertamente, quiere suscitar en nuestros corazones.

A veces, los golpes de la vida nos pueden ir convirtiendo, incluso sin darnos cuenta de ello, en una persona más desconfiada, insensible, pesimista, desesperanzada... Hay que pedir al Señor que nos haga conscientes de este posible deterioro interior. 

La oración es ocasión para echar una mirada serena a nuestra vida y a todas las circunstancias que la rodean. Hemos de leer los diversos acontecimientos a la luz del Evangelio, para descubrir en cuáles aspectos necesitamos una auténtica conversión.

miércoles, 15 de enero de 2025

CURO A LA SUEGRA DE PEDRO

 evangelio según san Marcos 1, 29-39 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.


Desde el principio del evangelio de Marcos Jesús realiza curaciones milagrosas, hoy la suegra de Pedro

Jesús se acerca a la suegra de Pedro a quien la "fiebre" le impedía desempeñar los buenos oficios de la hospitalidad. Jesús se enfrenta al mal una vez más. No se limita solo a curarla sino que la toma de la mano y la levanta, dicho de otro modo, la incorpora a la verdadera vida, la "resucita" y, así, libre ya de su mal, puede "servir".


 Un sinfín de enfermos que agolpados en la puerta esperan su turno, así como la expulsión de los demonios.

 Estos milagros de Jesús son signos de victoria sobre el poder del mal, ya que la sociedad de entonces consideraba las enfermedades signos del poderío del mal y el pecado. 

Contemplar a Jesús curando y derrotando a los demonios tiene un mensaje claro: ha venido el que salvará a la humanidad. Viene con una misión encomendada y la cumple sin descanso. 

Llama la atención en el evangelio que después de la larga jornada, aún Jesús tiene fuerzas para levantarse antes que nadie para confrontarse con Dios, para no perder el rumbo y comportarse siempre como Hijo. La oración le ayuda a rechazar tentadoras ofertas y centrarse en lo importante: buscar a todos para ofrecerles la fuerza que viene de Dios, salir al encuentro de los que sufren y acoger a los pecadores.

Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

 El ejemplo de Pablo en la segunda lectura nos apremia a la urgencia de salir a predicar y hablar con nuestro testimonio de que Dios se ocupa de los débiles.


así como nosotros le buscamos porque necesitamos que nos libere del mal y del Maligno, Él se nos acerca para hacer posible aquello que nunca podríamos conseguir nosotros solos. Él se ha hecho débil para ganarnos a nosotros débiles, «se ha hecho todo para todos para ganar al menos algunos» (1Cor 9,22).
Cuando busco a Jesús, ¿qué es los que busco?