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domingo, 30 de agosto de 2026

DOMINGO XXII DEL T. ORDINARIO

 LUNES

“ Hoy se cumple esta escritura ”



según san Lucas 4, 16-30

 En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. 

Jesús anuncia a sus paisanos de Nazaret su misión. Lo hace en la sinagoga, en la asamblea donde se lee la Escritura y los varones adultos comentan las enseñanzas contenidas en ella. Jesús las domina y hace un anuncio mesiánico para el que sus vecinos no están preparados.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. 

Le pasó a los nazarenos y nos pasa a nosotros, a menudo ensoñados con una vida eterna como una prórroga, un tiempo añadido a la vida terrena, sin darnos cuenta de que Jesús está leyendo la profecía de Isaías cada dia de nuestra existencia para recordarnos la misión: evangelizar a los pobres, libertar a los cautivos, devolverle la vista a los ciegos… 

Esa es nuestra misión. Ahora. El tiempo de Dios no admite demoras.

Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. 

Y decían: «¿No es el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». 

Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. 

Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán y el sirio».

 Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. 

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.


“tus caminos no son nuestros caminos”. Tus caminos son anchos, tus miras son grandiosas, tus proyectos de salvación son inabarcables. Los caminos de los hombres son estrechos y mezquinos. Tú quieres la salvación para todos y no para unos pocos; Tú quieres que el amor y la gracia se apoderen de la ira y la venganza. Gracias, Señor.

DOMINGO

“ Que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga ”




«El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida. El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra, a la perdición.

evangelio según san Mateo 16, 21-27 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 

Jesús, que acaba de confesarles el padecimiento que le aguarda en Jerusalén, introduce a los suyos en una didáctica del sufrimiento.

 Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! 

Eso no puede pasarte».

 Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». 

 Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 

 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

 ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? 

Puesto que no podemos eliminarlo (qué mayor sufrimiento aguarda a todos y cada uno de nosotros que perder la vida), lo que propone aquí Jesús es entregar la vida voluntariamente,

 Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.» 



Sabemos mucho de ganar el mundo, de conquistar las cumbres de la fama, el reconocimiento o el bien vivir, pero no sabemos nada de ganar el alma. Y hacemos muy poco por saberlo. Quizá porque se nos ha olvidado y no encontramos quién nos lo recuerde, convencidos de que la fe es una muleta para nuestro crecimiento personal o nuestra realización individual en vez de una escalera hacia la vida eterna.

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