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sábado, 8 de agosto de 2026

ORACION DE LA MAÑANA TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XV, XVI, XVII

DOMINGO XVIII

"Dadles vosotros de comer" 
 Vivimos en un mundo donde abundan los medios, pero a menudo escasean el tiempo, la escucha y la cercanía. El milagro de los panes y los peces nos recuerda que Jesús no parte de lo que falta, sino de lo poco que estamos dispuestos a ofrecer. 
Cuando ponemos nuestras capacidades, nuestro tiempo o nuestro corazón en sus manos, Él los multiplica. Hoy el hambre no es solo de pan: muchos tienen hambre de esperanza, de sentido, de una palabra amable y de alguien que no pase de largo. 
El Evangelio nos invita a dejar de preguntarnos si tenemos suficiente y empezar a compartir lo que somos. En las manos de Dios, lo pequeño nunca es insignificante: siempre puede convertirse en alimento para muchos. 
El EGOISMO divide y la GENEROSIDAD multiplica.

Jesús percibe nuestros problemas, nuestras debilidades, nuestras necesidades: invita a convertirnos a la fe en la Providencia, a saber compartir lo poco que somos y tenemos, y no cerrarnos nunca en nosotros mismos.
 Necesitamos de Cristo como Pedro cuando siente que se hunde. Ese grito de “Señor, sálvame” es el mismo que pronunciamos cualquiera de nosotros cuando nos damos cuenta de que, sin Dios, nada podemos y que necesitamos de su misericordia para sobreponernos a las limitaciones.

A Dios se puede ir de dos maneras: por las malas, (como el fariseo) en plan de exigencia o por las buenas, (como el publicano) en plan de indigencia. No es cuestión de “puños cerrados” sino de “manos abiertas”.

Y la mujer cananea nos brinda el mejor ejemplo: perseverar en la fe. Y Jesús, que es el mismo ayer, hoy y siempre, nos dirá: “qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. Señor yo creo, pero aumenta mi fe; dame la fe de la mujer cananea.

¿Qué hacía de Jesús un hombre transfigurado? Y ¿en qué se notaba? Según los datos que nos aportan las narraciones evangélicas, lo que mostraba a Jesús como un hombre transfigurado era su bondad, su compasión, su autenticidad, su integridad y coherencia, su libertad, su vivencia de Dios”

Sabemos mucho de ganar el mundo, de conquistar las cumbres de la fama, el reconocimiento o el bien vivir, pero no sabemos nada de ganar el alma. Y hacemos muy poco por saberlo. Quizá porque se nos ha olvidado y no encontramos quién nos lo recuerde, convencidos de que la fe es una muleta para nuestro crecimiento personal o nuestra realización individual en vez de una escalera hacia la vida eterna.

Dios quiere que nos fiemos plenamente de Él, que sintamos en carne viva los problemas de la gente, que cambiemos de vida y nos convirtamos al Evangelio. 

No se trata de mover montañas de tierra sino creer en la fuerza del evangelio para mover montañas de prejuicios y dificultades a la hora de implantar en el corazón de las personas los criterios del Evangelio.

 Con el evangelio en las manos o en los labios, no podemos hacer mucho. Con el evangelio en el corazón, hecho vida y experiencia, tenemos la mejor levadura para transformar este mundo.


 DOMINGO VII DEL T. ORDINARIO



El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido. 
No siempre brilla a primera vista ni se impone con estruendo. Hay que detenerse, mirar con otros ojos y estar dispuesto a cambiar las prioridades para descubrirlo.
 Vivimos rodeados de ofertas que prometen felicidad inmediata: el éxito, la imagen, el reconocimiento, las prisas. Sin embargo, muchas veces terminan dejando un vacío. 
El Evangelio nos recuerda que el verdadero tesoro no se compra ni se fabrica: se encuentra cuando dejamos espacio a Dios en la vida. 
Quien descubre ese tesoro comprende que merece la pena "venderlo todo": desprenderse del orgullo, del miedo, de la superficialidad o del resentimiento. No porque Dios quite algo, sino porque nos regala mucho más de lo que podríamos imaginar. 
Hoy, en medio de un mundo acelerado y distraído, Jesús nos pregunta: ¿Qué consideras tu mayor tesoro? La respuesta a esa pregunta marcará el rumbo de nuestra vida. Porque cuando Cristo ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su verdadero sentido. Y cuando optamos por la hojalata...nuestra vida es lo que es. 

Este domingo a que reafirmemos nuestra fe en Jesús. A que le digamos: ¡Eres lo más valioso! ¡Lo demás al lado tuyo es bisutería. Que el Señor, en este domingo, nos haga limpiar más aún ese gran tesoro de nuestra fe.

Señor, te pido que me enseñes a ser humilde. Cuanto más alto se quiere hacer un edificio, más profundos han de ser los cimientos. Y el gran edificio de la vida cristiana y de la santidad sólo se puede edificar sobre los hondos cimientos de la humildad.  Señor yo quiero ser pequeño y humilde.

La fe nos invita a saber convivir con el pecado y así vencer al mal con el bien, ha hacer frente en la vida de cada día a las dificultades y pruebas de todo tipo. Mientras, tenemos que practicar la paciencia como hace Dios con nosotros hasta que al final de los tiempos brille la luz del bien y reine el amor.

Se dirige a Jesús con un lamento, como tantas veces hacemos nosotros mismos en la oración, penosos de que la omnipotencia divina no se haya manifestado a nuestro favor. Sólo que en Marta prima la fe en Jesús.
Así estamos llamados a vivir nosotros, como Juan el Bautista, seguros en el Señor, confiados en Él, pendientes más de su juicio que el de los hombres.


DOMINGO XVI



¿LEVADURA YO, SEÑOR? Y, cuantas más veces me lo pregunto, Señor, otras tantas Tú me contestas: ¡Te necesito como sal, y no como salero! ¡Como rayo de luz, no como gran astro! ¡Como gota de agua que calme la sed, y no como torrente que inunde todo a su paso!
 ¿LEVADURA YO, SEÑOR? Y, cuando veo lo que siembro y no recojo, siento, una y otra vez, que Tú me respondes: no te toca a ti exigir, sino sembrar no te corresponde a ti recoger, sino abonar no mires hacia atrás, pues quien lo hace, corre el riesgo de no construir hacia delante. 
¿LEVADURA YO, SEÑOR? Y, la impaciencia, me invade, Jesús, y Tú lo sabes; cuando me esfuerzo, y no fructifica mi trabajo cuando hablo, y siento que pocos me escuchan cuando cuido tu campo, y apenas siento un agradecimiento humano
 ¿LEVADURA YO, SEÑOR? Lo intentaré por Ti, mi Señor; porque, bien sé, que Tú eres el dueño del tiempo porque, bien sé, que Tú eres el Señor de la historia porque, bien sé, que Tú vences sobre el mal y la mentira porque, en lo invisible, sé que Tú sigues vivo y operante
 ¿LEVADURA YO, SEÑOR? ¡Lo intentaré contigo, mi Señor! Incluso en medio del combate y de la desesperanza A pesar de las contradicciones y las resistencias Frente al maligno que lo invade y lo confunde todo, te prometo, Señor, que intentaré ser levadura de tu Reino Levadura que no se ve, pero hace crecer el pan de la fraternidad Levadura que no se percibe, pero sazona la dureza de los corazones Levadura que, en justa medida, haga que, mi mundo, tu mundo Señor, sea un oasis de paz, de amor, de alegría y de fe. 
¿LEVADURA YO, SEÑOR? Dame un poco de tiempo Dame un poco de tu fuerza Dame un poco de tu Espíritu Dame un poco de tu Evangelio… y sé que llegaré, contigo, donde haga falta. 
Amén
El Reino de los Cielos no crece a golpe de prisas sino con la convincción de la fe.

Tú has entrado a formar parte de la familia de Jesús desde el momento en que te bautizaron. En las aguas bautismales, el sacerdote infundió el Espíritu Santo para que inhabite en ti. Y, desde ese
 momento, somos familia de Jesús. Familia espiritual. 

Ver y escuchar, porque se trata de eso. Ver al Señor resucitado y al mismo tiempo, escuchar lo que nos dice para llevarlo a los demás. Para ello hay que dejarse adentrar en una experiencia de amor,

Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo poda, para que dé más fruto. El sarmiento podado llora savia; parece que se le va la vida. Pero todo viñador sabe que esa es la manera de que dé más fruto. El instrumento mejor de una buena poda es la Palabra de Dios. Palabra de Dios, savia de nuestra oración primero, para luego ser savia de vida.

Esta parábola tiene que hacernos reflexionar sobre mi vida y mis actitudes respecto a Dios, el Decálogo, el Mandamiento nuevo del Amor y cómo puedo hacerlo Vida en mi vida y en la de mis hermanos los hombres, tanto los que están en el camino como los que están entre las zarzas... y esperar confiados en que mi palabra y mis actos lleven en verdad al Señor a este mundo difícil al que nos toca amar y servir.

“No sabéis pedir”. ¿Es posible que haciendo oración todos los días, me digas que no sé pedir? Con humildad, debo confesar que es así. 
Dime Tú cómo tengo que pedir. Haz que yo esté dispuesto a beber la copa que Tú ya has bebido


DOMINGO XV

QUIERO, SEÑOR 
 Ser campo, donde tu mano siembre, y trabajo donde yo me afane. Ser camino por donde tú te acerques, y sendero por el que otros, al avanzar con ellos, puedan llegar a conocerte y amarte. 
 QUIERO, SEÑOR Que las piedras que entorpecen tu gran obra las deje a un lado, con la ayuda de tu Palabra Que la superficialidad en la que navego dé lugar a la profundidad de tu Misterio
 QUIERO, SEÑOR Que nunca se seque en mí lo que, en mi Bautismo, Tú iniciaste Que las zarzas del materialismo no ahoguen la vida del Espíritu que en mi alma habita Que el sol abrasador, de la comodidad o del materialismo, nunca sean más grandes que mi deseo de amarte, seguirte y ofrecer mi vida por Ti. 
 QUIERO, SEÑOR Dar el diez, o el veinte o el treinta por ciento por Ti y por tu Reino, más, bien Tú lo sabes, que eres el Dueño de mi hacienda el responsable de mis campos la mano certera de mis sembrados 
 QUIERO, SEÑOR Que lo que me des, yo esté dispuesto a entregarlo a todos aquellos que todavía no te conocen
 QUIERO, SEÑOR Que, siendo campo con tantas posibilidades, metas Tú, la mano del Buen Sembrador, y recojas lo que más necesites para el mundo y para mis hermanos 
Amén.
No quieres falsas paces, sino la “verdadera paz”. No quieres falsos amores, sino el “verdadero amor”. No quieres falsas felicidades, sino la “verdadera felicidad”. No quieres que haga muchas cosas y yo descuide mi persona. Tú deseas que “me haga a mí mismo”, es decir, me cambie, me transforme, me realice. Dame tu gracia porque “sin Ti no puedo hacer nada”.

Yo he recibido de Ti inmensos dones, gracias abundantes, y no obstante, no soy nada fino ni delicado contigo. Hay dentro de mí mucha pereza, mucha indiferencia, mucha tibieza. Haz, que de hoy en adelante, cambie el rumbo de mi vida y sepa responder con amor de gratitud al derroche de amor que Tú has tenido conmigo.

Cuántas muestras recibimos de su amor! Qué diferente sería nuestra vida si gastáramos cada momento valorando lo que tenemos y diéramos gracias a Dios por todo lo que permite en nuestra vida, fácil o difícil, gozoso o arduo. Dios es bondadoso. Dios es rico en ternura. Dios es Padre. Dios es misericordioso.

Señor, dame la sensatez necesaria para saber distinguir lo esencial de lo accidental.

Ante tantas preocupaciones sociales y eclesiales, que inquietan nuestro corazón, tenemos que mirar siempre a Jesucristo, aprender su estilo, confiar en Él, que vocea ni pisotea, que no impone ni obliga, que pasa con suavidad, discretamente, humildemente, sanando y haciendo presente el Reino.

ORACION DE LA MAÑANA TIEMPO ORDINARIO XVIIII, XIX


DOMINGO XIX




4.- TENGO MIEDO, SEÑOR
 A que tu barca, la barca de tu Iglesia, me lleva a horizontes desconocidos A que, tu Palabra, veraz y nítida deje al descubierto el “pedro” que habita en mis entrañas. 
 TENGO MIEDO, SEÑOR De caminar sobre las aguas de la fe De nadar contracorriente De mirarte y estremecerme De hundirme en mis miserias y en mis tribulaciones en mi falta de confianza y…de mis exigencias contigo. 
 TENGO MIEDO, SEÑOR De que me vean avanzando en medio de las olas del mundo con las velas desplegadas de la fe Que me divisen, de cerca o de lejos, navegando en dirección hacia Ti 
 TENGO MIEDO, SEÑOR De que, en las dificultades, no respondas como yo quisiera Que, en las tormentas, no me rescates a tiempo Que, en la lluvia torrencial, no acudas en mi socorro. Por eso, porque tengo miedo, Señor, mírame de frente, de costado y de lado para que, en mis temores, Tú seas el Señor El Señor que venga en mi rescate. Amén.

Todos tenemos nuestros miedos: a estar solos, a perder a alguien, a enfermar, a equivocarnos, a no llegar a todo…
Pero Jesús no nos dice: «No habrá tormentas». Nos dice: «Estoy contigo».

«El que se ama a sí mismo pierde su vida, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará.». El temor a perder la vida nos hace caer en el egoísmo, nos encierra en la búsqueda de nuestros intereses, nos genera muchos miedos, es el gran obstáculo al compromiso por los demás . Sin embargo, el que ofrece su vida por los demás, ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad, intenta hacer del día a día una entrega por amor.


Para entrar en el Reino de los cielos, hace falta un pasaporte: ser pequeño. Ésta es la identidad que nos distingue delante de Dios; la virtud que más nos acerca a Él.

Señor, te doy gracias por tu gran generosidad frente a nuestra flaqueza. Tú sabías lo difícil que es para nosotros la “convivencia”. Por eso nos dejaste tu presencia a la hora de rezar juntos. “Yo estoy en medio”. Si Tú estás en medio de nosotros, nuestra oración será auténtica.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros  perdonamos a nuestros deudores.

Hoy, Señor, quiero pedirte por tantas parejas que fracasan; por tantos hombres y mujeres que se quisieron mucho y, con el paso del tiempo, llegan a odiarse, incluso a matarse. Los sueños de Dios sobre el matrimonio eran bellísimos, las intenciones no podían ser mejores: ponerles en un Jardín de delicias. ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Te pido que ayudes a tantas parejas malogradas, a tantos niños que, sin ninguna culpa, tienen que pagar muy caro los errores de sus padres.

 DOMINGO XVIII


"Dadles vosotros de comer" 
 Vivimos en un mundo donde abundan los medios, pero a menudo escasean el tiempo, la escucha y la cercanía. El milagro de los panes y los peces nos recuerda que Jesús no parte de lo que falta, sino de lo poco que estamos dispuestos a ofrecer. 
Cuando ponemos nuestras capacidades, nuestro tiempo o nuestro corazón en sus manos, Él los multiplica. Hoy el hambre no es solo de pan: muchos tienen hambre de esperanza, de sentido, de una palabra amable y de alguien que no pase de largo. 
El Evangelio nos invita a dejar de preguntarnos si tenemos suficiente y empezar a compartir lo que somos. En las manos de Dios, lo pequeño nunca es insignificante: siempre puede convertirse en alimento para muchos. 
El EGOISMO divide y la GENEROSIDAD multiplica.

Jesús percibe nuestros problemas, nuestras debilidades, nuestras necesidades: invita a convertirnos a la fe en la Providencia, a saber compartir lo poco que somos y tenemos, y no cerrarnos nunca en nosotros mismos.
 Necesitamos de Cristo como Pedro cuando siente que se hunde. Ese grito de “Señor, sálvame” es el mismo que pronunciamos cualquiera de nosotros cuando nos damos cuenta de que, sin Dios, nada podemos y que necesitamos de su misericordia para sobreponernos a las limitaciones.

A Dios se puede ir de dos maneras: por las malas, (como el fariseo) en plan de exigencia o por las buenas, (como el publicano) en plan de indigencia. No es cuestión de “puños cerrados” sino de “manos abiertas”.

Y la mujer cananea nos brinda el mejor ejemplo: perseverar en la fe. Y Jesús, que es el mismo ayer, hoy y siempre, nos dirá: “qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. Señor yo creo, pero aumenta mi fe; dame la fe de la mujer cananea.

¿Qué hacía de Jesús un hombre transfigurado? Y ¿en qué se notaba? Según los datos que nos aportan las narraciones evangélicas, lo que mostraba a Jesús como un hombre transfigurado era su bondad, su compasión, su autenticidad, su integridad y coherencia, su libertad, su vivencia de Dios”

Sabemos mucho de ganar el mundo, de conquistar las cumbres de la fama, el reconocimiento o el bien vivir, pero no sabemos nada de ganar el alma. Y hacemos muy poco por saberlo. Quizá porque se nos ha olvidado y no encontramos quién nos lo recuerde, convencidos de que la fe es una muleta para nuestro crecimiento personal o nuestra realización individual en vez de una escalera hacia la vida eterna.

Dios quiere que nos fiemos plenamente de Él, que sintamos en carne viva los problemas de la gente, que cambiemos de vida y nos convirtamos al Evangelio. 

No se trata de mover montañas de tierra sino creer en la fuerza del evangelio para mover montañas de prejuicios y dificultades a la hora de implantar en el corazón de las personas los criterios del Evangelio.

 Con el evangelio en las manos o en los labios, no podemos hacer mucho. Con el evangelio en el corazón, hecho vida y experiencia, tenemos la mejor levadura para transformar este mundo.


miércoles, 1 de julio de 2026

ORACION DE LA MAÑANA T ORDINARIO XI, XII,XIII Y XIV

DOMINGO XIV



QUÍTAME PESO, SEÑOR 

 Del yugo de mis preocupaciones, para que así, pueda también pensar en Ti. Del madero de mis ambiciones, para que mirándote a Ti, me sienta afortunado y lleno de tu presencia QUÍTAME PESO, SEÑOR 

Del yugo de mis prisas, para que caminando contigo, me detenga ante lo importante y esencial de la vida y pase de largo de aquello que no me deja vivir en paz Del yugo de mis cansancios, para que apoyándome en Ti, avance seguro y firme por los senderos de tu verdad 

QUÍTAME PESO, SEÑOR De las ansiedades que producen el tener y el aparentar y, disfrutando de lo que poseo, te dé gracias por ser mi compañero, amigo y confidente 

QUÍTAME PESO, SEÑOR Del yugo de mis decepciones y de mis expectativas, de mis egoísmos y vanidades para que, fijándome en Ti crea firmemente que, entre todo lo bueno, eres lo mejor: pecho en el que poder arrimarme para escucharte hombro en el que apoyarme para progresar corazón en el que poder asomarme para amar oasis en el que poder sentarme para descansar 

¡QUÍTAME, DEL YUGO DE MI VIDA, ALGO DE PESO… SEÑOR

Que la Virgen María, en este tiempo ordinario que retomamos, nos haga disfrutar del oasis de paz y de energía espiritual y humana que es Jesucristo. Para el cristiano no existen los momentos críticos sino la mano de Dios que sale a su encuentro cuando le confía sus angustias, temores y luchas.

Hoy Cristo está presente, podemos descubrir su presencia en medio de nosotros y acercarnos con confianza. Él quiere que le toquemos a través de la acogida de su Palabra, en la amistad de la oración, con la celebración de los sacramentos, con nuestro abandono en Él. ¡Dejemos que Jesús nos toque y nos transforme totalmente!

Nosotros mismos podemos experimentar esa desorientación en nuestros círculos más próximos, con personas que caminan mudas aunque hablen mucho, alejadas de Dios por el pecado.

Hoy sigues llamando con la misma fuerza, con la misma ilusión, con los mismos detalles: les llamaste a cada uno por sus nombres. Cada uno de los apóstoles, todos tan distintos, todos tan singulares y, sin embargo, todos tan queridos por Ti.

 Yo hoy te doy gracias por haberme llamado. Es lo más hermoso que ha ocurrido en mi vida.

Cuando llegue el momento se nos invitará a confiar, «no os preocupéis», no estamos solos. » yo estaré con vosotros siempre». El Espíritu hablará por vosotros. Confía, abandónate y descansa en el Señor. Es la perseverancia y la fidelidad la que consigue el triunfo. 

Hoy la Iglesia venera a S. Benito. Ese hombre feliz y contento con su Dios. Lleva en sus labios la alabanza, en sus manos su actitud de servicio y en su corazón su encendido amor a Jesucristo.

DOMINGO XIII



A veces da miedo comprobar cómo algunos se empeñan en mirar constantemente hacia atrás, no para aprender, reconciliarse o curar las heridas, sino para reabrirlas. El pasado debe iluminar el presente, no envenenarlo. La memoria es un regalo cuando nos ayuda a crecer; se convierte en un peligro cuando alimenta el rencor y la división. Jesús nos invita a mirar hacia delante, a construir puentes y no trincheras, a sembrar esperanza y no resentimiento. Quien vive anclado en las heridas del ayer difícilmente podrá descubrir las oportunidades que Dios le ofrece hoy. El discípulo de Cristo no vive prisionero del pasado, sino impulsado por la esperanza.

jugar en bolsa”. No precisamente en aquella que el mundo económico propone para enriquecerse abusivamente. El cristiano convencido, ha de estar dispuesto a perder de lo suyo (tiempo, bienes materiales, esfuerzo) para que un día Jesús pueda reconocernos como aquellos que se arriesgaron y arriesgaron abundantemente en su nombre y en favor de los demás.

Señor, en la fiesta de San Pedro me siento limitado como él; pecador como él; pero también muy querido de Ti como él. Haz que, como Pedro, yo también sepa superar mis pecados, mis deficiencias, mis negaciones, por la fuerza de mi sincero amor. Haz que, como Pedro, sienta de cerca tu perdón, tu fiel amistad, tu amor desbordado hacia mí. Y que, con la abundancia de tu amor, sepa yo también amarte con todo mi corazón

Cuando te encuentres con la tempestad que te cambia la vida....no pierdas la paz, recuerda que Jesús dirige tu barca y con El eres más fuerte.


Gracias por tu poder sobre los elementos de la naturaleza y, sobre todo, tu poder para liberar al hombre de todo lo que le oprime, le envilece, no le deja ser persona.

Hoy, Señor, vengo a la oración para que me cures. Es un grave error el pensar que los milagros que tú realizaste en otro tiempo sólo se referían a aquellas personas que vivían en el siglo primero y entraron en relación contigo. Lo importante es el significado de aquellos acontecimientos que tendrían un valor perenne y permanente para todos los tiempos. Hoy soy yo el que quiero aprovecharme de aquel milagro. Hoy necesito que me cures mi parálisis espiritual.

«Tenemos que tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús, tenemos que curar las llagas de Jesús con ternura, tenemos que besar las llagas de Jesús, y esto literalmente. Pensemos, ¿qué pasó con San Francisco, cuando abrazó al leproso? Lo mismo que a Tomás, que su vida cambió».


Señor, te agradezco la frescura del evangelio. No habla ni de miedos ni de tristezas. Hablas de bodas, de comidas, de encuentros, de amistad, de fraternidad. Contigo, Señor, se acabó la religión de la distancia, la religión de la tristeza, del sentimiento de culpabilidad, de vivir como esclavos. Contigo está la juventud, la alegría y la fiesta. Contigo, da gusto vivir.


 DOMINGO XII


"No tengáis miedo", repite Jesús en el Evangelio. No porque los problemas desaparezcan, sino porque la fe nos permite mirarlos de otra manera.

 La fe no borra las dificultades, pero nos blinda ante ellas. Nos hace fuertes cuando llegan las pruebas. Nos ayuda a descubrir que toda moneda tiene otra cara, que detrás de cada noche puede amanecer un nuevo día y que ninguna herida tiene la última palabra cuando Dios camina a nuestro lado. 

El miedo, en cambio, paraliza. Nos hace más pequeños de lo que somos. Nos impide ser nosotros mismos. Nos vuelve esclavos de la opinión ajena, de las dudas y de la inseguridad. 

Por miedo dejamos de intentarlo, de amar, de perdonar, de confiar. 

La fe no elimina el miedo, pero le quita el mando de nuestra vida. Porque quien sabe que está en las manos de Dios puede caminar con serenidad incluso en medio de la tormenta. El miedo encierra. La fe libera. 

El miedo oscurece. La fe ilumina. El miedo nos hace retroceder. La fe nos ayuda a seguir adelante.

 la exhortación que hoy nos hace Jesús es a mirarnos a nosotros mismos, en un ejercicio de introspección que alumbre la verdad de lo que somos y cómo lo somos, antes de desparramar la mirada sobre los demás.

Dios mío, ¿qué he hecho de tanto derroche de amor? Muchas veces lo he tirado, lo he malgastado, lo he malogrado. ¡Me pesa, Señor! Y quiero emplear ya toda mi vida en tu servicio.

Nosotros continuamos la labor de Juan: hacer presente a Jesús en nuestro mundo, su persona, vida y evangelio. Huir de predicarnos a nosotros mismos, sino a él. Algo de lo que advertía ya san Pablo. Necesitamos para ello tiempo de oración, reflexión; vivir en nuestra sociedad sin dejarnos envolver por la aceleración de procesos,

Señor, qué bonita la expresión de aquel centurión: “No soy digno de que entres en mi casa”. Es una fórmula que repito todos los días antes de comulgar; pero puede convertirse en una fórmula vieja, fría, carente de sentido.

DO,IMGO XI




Jesús llama a personas de toda condición. Con la vocación de Mateo se completa la lista de los “Doce”. En ella hay hombres de toda condición: pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes… Jesús no hace distinción. Todos somos invitados a seguirle, no hace falta ser superhombres, basta con poner nuestra confianza en El y con estar dispuestos a entrar en su vida y asumir su proyecto evangélico 

En El, en expresión de San Agustín, «pueden anidar todos los pájaros los grandes y los pequeños». Su llamada se extiende a todos. ¿Has escuchado tú la llamada de Jesús? Te llama Jesús, el verdadero “Apóstol”, el “Enviado” del Padre. Pronuncia tu nombre y te dice: ¡Ven y Sígueme!

Hay una urgencia en la misión que Jesús les encomienda a los Apóstoles: proclamar que el Reino de los Cielos está aquí. Para que el Reino sea ya una (, limpiar leprosos y arrojar demonios. Es precisamente la instauración del reino lo que dará origen al hombre nuevo, transformado, convertido. 

Debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis. Somos elegidos para un programa liberador: para anunciar y dar vida. Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas normas morales y unas leyes eclesiásticas.

 Nuestra primera tarea, también hoy, es proclamar que Dios está cerca de los hombres y mujeres, empeñado en darnos vida y felicidad. 


 Y tú, ¿has tenido un encuentro personal con Jesús? Él te ha llamado por tu nombre y tan solo está esperando tu respuesta. Anda, ábrele la puerta. Y cuando te diga: “Sígueme”, no lo pienses; ¡síguelo! Créeme, no te arrepentirás.

Se trata, como escribirá Pablo, de no dejarse vencer por el mal, sino vencer al mal con el bien.
Señor, que propone amar sin reciprocidad, sin esperar nada a cambio, sin tener ningún motivo por el que amar a quien -en los cálculos humanos- no se lo merece, simplemente a imagen de la gratuidad con que Dios manda la lluvia y hace salir el sol cada día sin excluir a ninguno de sus hijos de sus beneficios ni exigir nada a cambio.

Hoy, Señor, te pido que me enseñes a orar. Los judíos rezaban mucho, pero estaban muy lejos de la oración de Jesús. 

Yo te pido que me enseñes a orar como Tú orabas: con aquella sencillez, humildad, confianza y ternura con que un niño habla con su Papá. De esta manera mi oración me llevará hasta el mismo corazón del Padre.

Señor, en el evangelio de este día nos hablas de un tesoro. Y para mí, el único tesoro de mi vida eres Tú.

 Me pregunto: ¿Y qué pasaría de mí si Tú no estuvieras? Mi vida sería una vida malograda, una vida sin sentido. ¿Dónde dirigir mi mirada si no pudiera verte? ¿Dónde inclinar mis oídos si no pudiera oírte? ¿Hacia dónde elevar mis brazos si no fueras mi norte? ¿En quién inclinaría mi cabeza cansada si tu corazón estuviera ausente? Sólo en Ti descansa mi alma.


Pensemos en alabarle, bendecirle, agradarle. Caigamos en la cuenta de lo maravilloso que debe ser una vida entregada a Dios y a los hermanos, sin pensar en otra recompensa que el agradar a DIOS en todo.

domingo, 14 de junio de 2026

ASCENSION, DOMINGO VII, VIII, IX Y X

 DOMINGO X CORPUS CRHISTI





 En esta festividad del Corpus Christi, no solamente celebramos la Eucaristía; al salir Jesús, en custodia, por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, estamos expresando algo tan importante como que, su sacrificio, es para la salvación del mundo entero. ¿Lo sentimos así? ¿Somos custodias vivas en medio de un mundo que, desgraciadamente, silencia a Dios? 

 La procesión del Corpus no sólo es aquella que se inicia una vez al año desde la más histórica catedral o desde la más sencilla iglesia. La procesión del Corpus, la auténtica, la verdadera, es la que día a día se manifiesta públicamente y a todas las horas con fe y testimonio de Jesucristo. ¿Cómo? ¿Dónde? Con la vida corriente de un cristiano y allá donde el cristiano se desenvuelve. 

Hoy, al contemplar la custodia, por supuesto que experimentamos una fuerza interior. Algo que nos llena y que nos hace vivir, muy de cerca y con verdad, la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pero ¿y luego? A continuación, esa emoción, se ha de convertir en hechos. Si Jesús va por delante y nos espera en los “galileas de hoy”, no podemos conformarnos con alfombrar calles y balcones. O mejor dicho; si que hemos de alfombrar pero, sobre todo, las almas, los corazones, las instituciones, la familia, la educación, los valores y tantas otras cosas que están necesitadas de un “toque de Dios”. 

El Corpus, en ese sentido, nos puede venir muy bien para impregnar, no sólo con aroma de incienso, y sí con una intensa vida cristiana nuestro existir y, por lo tanto, la realidad que nos rodea. ¿Lo haremos? ¿Nos comprometemos en más propuestas de fraternidad, a la caridad, en el amor sin farsa y sin tregua? -Que el pan de la vida, en medio de tantas mesas vacías y necesitadas, sea hoy también una llamada a dar algo de nosotros. 
 -Que el pan de la vida, que es el Cuerpo de Jesucristo, sea para nosotros aquel Memorial del que mucho nos amó y mucho nos dio. 
 -Que el pan de la vida nos haga decir aquello que nuestros mártires proclamaban “sin el domingo no podemos vivir”.
 -Que el pan de la vida, ante tanto pan sucedáneo, sea una llamada a buscar la autenticidad, los bienes que merecen la pena.

 El Señor nos precede en los caminos de la vida. Si le comulgamos, en este día del Corpus, hemos de implicarnos en aquello que fue su deseo: “Id al mundo entero y predicad el evangelio”

Nos toca ser luz en el camino. No somos la luz, pero en nuestras manos, la llevamos . No somos la sal, pero con nuestras  obras, posemos salvar muchas situaciones de la vida.

Señor, ayúdame a ser agente de reconciliación fraterna, comenzando con mis propias relaciones, para que pueda ofrecerme yo mismo como hostia viva agradable a Ti.

La fiesta del corazón de Jesús tiene pleno sentido dejándonos llenar del infinito amor que Dios nos tiene y dándolo a los demás con un servicio desinteresado a los más pobres.

Hoy es sábado, día de especial consagración a la Santísima Virgen, aprendamos en la escuela de María y digámosle: ¡Llévanos a Jesús, llévanos hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!


DOMINGO DE LA  SANTISIMA TRINIDAD




En un mundo donde todos opinan, pero pocos escuchan; donde abundan los seguidores, pero faltan los hermanos; donde se presume de libertad, pero se vive preso del propio ego, ven a sacudirnos. 
Padre, líbranos de creer que somos el centro del universo. Recuérdanos que la vida es un regalo y que nadie se salva solo. 
Hijo, rompe nuestros prejuicios, derriba las trincheras en las que nos escondemos y enséñanos a mirar al que piensa distinto como Tú mirabas a cada persona: con verdad y con misericordia. 

Espíritu Santo, incendia nuestra comodidad. No permitas que nos acostumbremos a las divisiones, a los odios ni a las indiferencias. 
Haznos constructores de puentes en una sociedad experta en levantar muros. Trinidad Santa, Tú no eres un Dios solitario, eres una eterna corriente de amor. 
Y nosotros, creados a tu imagen, no hemos nacido para competir, ni para encerrarnos en nosotros mismos, ni para vivir pegados a una pantalla. Hemos nacido para amar. Que nuestras familias sean menos hotel y más hogar. 

Que nuestras parroquias sean menos despacho y más familia. Que nuestros corazones sean menos fortaleza y más puerta abierta.
 Y si alguna vez pensamos que la fe consiste sólo en rezar, recuérdanos que creer en la Trinidad es atreverse a vivir unidos en un mundo empeñado en separarnos. 
Padre, Hijo y Espíritu Santo, haz de nosotros una pequeña imagen de vuestro amor, para que quien nos vea pueda creer que todavía es posible la fraternidad. Amén

GLORIA, A LA TRINIDAD!
 Porque el Padre nos creó  Porque, el Hijo, nos redimió  Porque, el Espíritu Santo, se nos derramó
 Porque, con la Trinidad, estamos llamados a la unidad ¡Gloria, a la Trinidad!

En el caso de la parábola, no se limita a matar a los empleados sino que va más lejos y llega a matar al hijo del dueño de la viña. Y esa parábola se cumplió en Jesús.

Y yo ¿de quién soy imagen? Teóricamente yo sé que fui hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero, en la práctica, ¿caigo en la cuenta de lo que esto significa? ¿Me doy cuenta de que el ser imagen de Dios es mi mejor carnet de identidad, mi A.D.N.

“Señor, tú eres el Dios vivo y el Dios de la alianza de la vida y del amor leal. Guárdanos en tu amor y guarda la promesa de vida que nos has dado por medio de tu Hijo Jesucristo” (Oración colecta).


El Señor vino para hacerse pobre y esclavo de todos, y así mostrar su grandeza; para con su gesto comprar para nosotros la libertad que no puede restringirse con cadenas: la libertad de sabernos amados por un Dios que se ofrece a sí mismo por nosotros y por nuestra salvación.



PENTECOSTES



Pentecostés es la fiesta del viento de Dios que vuelve a levantar lo que estaba caído.
 Es la llamada a despertar cuando la vida se nos ha llenado de cansancio y rutina. Porque hay personas que siguen adelante… pero hace tiempo que dejaron de vivir por dentro. 

El Espíritu Santo no viene a adormecernos, sino a encendernos de nuevo. A recordarnos que hemos nacido para mucho más que sobrevivir. 
Que no estamos hechos para caminar apagados, tristes o resignados. El mundo ofrece muchos vientos que parecen fuertes y atractivos.
 El éxito rápido, la comodidad fácil, el placer inmediato, la apariencia perfecta. Pero tantas veces ese cierzo termina dejando el alma helada y el corazón vacío. 
Son dioses de hojalata: brillan un instante, pero no sostienen la vida. Prometen felicidad y dejan soledad. Prometen libertad y acaban esclavizando por dentro. 

La brisa de Dios es distinta. No hace tanto ruido, pero sostiene. No deslumbra, pero da paz. No arrastra, pero levanta. El Espíritu Santo nos devuelve el entusiasmo, la valentía y la esperanza. Nos enseña a empezar de nuevo cuando todo parece perdido. Nos recuerda que Dios no abandona nunca al hombre cansado.


Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Estos tiempos y todo tiempo nos permiten —por medio de la oración y de los sacramentos— averiguar si entre los discípulos que Él busca estamos nosotros, y veremos también cuál ha de ser nuestra respuesta a esta llamada.

«el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir «, el seguidor del Señor tiene que hacer de su vida la máxima que decía S. Ignacio: «en todo amar y servir». El cristiano tiene que vivir para servir y no servir para vivir. Tiene por amor y como respuesta al amado, hacer de su vida una entrega. Lo verdaderamente importante es ser del Señor.

Señor, en este día de la fiesta de Cristo Sacerdote, quiero pedirte que des al mundo sacerdotes que se parezcan a ti, Buen Pastor. Sacerdotes que pisen en las huellas que Tú dejaste; sacerdotes que no busquen su gloria sino la tuya; sacerdotes que “vayan delante de las ovejas” 

No hay en mí ningún avance ni progreso. Para la gente soy buena persona, incluso me piden oraciones porque creen que estoy más cerca de Ti. Pero yo no estoy conforme conmigo mismo. Ni me gusta la vida que llevo. Quiero cambiar, necesito cambiar. Dame tu gracia para que te siga a Ti solo y a nadie más.

Tú no entiendes la autoridad como un camino de ascenso sino de descenso: bajas en el bautismo a las aguas del Jordán para meterte en el rio de nuestra historia, y así purificarnos de nuestros egoísmos y vanidades y elevarnos a la categoría de hijos de Dios.


ASCENSION 


La Ascensión de Cristo no es un espectáculo para mirar desde abajo, ni un recuerdo bonito para admirar desde lejos. 
La Ascensión es una llamada a seguir caminando. Cristo no asciende para desentenderse del mundo, sino para empujarnos a levantar la mirada y vivir de otra manera. El mundo fabrica admiradores, seguidores dóciles, personas clonadas que piensan igual, sienten igual y viven dormidas. 
Cristo, en cambio, no busca admiradores pasivos. Busca hombres y mujeres de vuelos altos, pero con los pies bien clavados en la tierra.
 Personas despiertas. Espabiladas. Con el corazón encendido y las manos trabajando. Porque la Ascensión nos recuerda que ahora nosotros somos sus manos para acariciar, ayudar y levantar al que cae. 
Somos sus pies para acercarnos al que está solo, para caminar hacia el necesitado y no pasar de largo. Somos su corazón para amar sin medida, perdonar sin cansancio y sembrar esperanza donde otros sólo ponen indiferencia.
 
Cristo asciende… pero no nos deja mirando al cielo con los brazos cruzados. Nos deja una misión. Vivir con el alma mirando arriba, pero con la vida entregada aquí abajo. 

Su Palabra debe de ser donde radique nuestra fuerza. En los momentos de duda, de dolor, de adversidad, cuando tengamos que atravesar las mayores tribulaciones, que indudablemente sobrevendrán, tengamos en cuenta estas palabras del Señor para renovarnos en la esperanza y seguir adelante. Todo es posible con Él.

Dando gracias a Dios por el amor tan grande que nos tiene. Enviando a Jesús al mundo, el Padre nos ha revelado su cercanía y su amor. “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n.17).

¿Cómo podría yo soñar que me ibas a introducir en tu propia vida trinitaria? ¿Cómo me podría imaginar que me ibas a comunicar tu misma verdad, tu misma alegría, tu propia e íntima unidad? Hoy no necesito palabras sino silencio. Un silencio ancho, profundo y prolongado, agradecido.

Por eso Jesús ha rezado al Padre para que esto se pueda cumplir. Cuando el mismo amor de Dios “manifestado a través de su Espíritu” venga a nosotros e inunde nuestros corazones, podremos convertir “el desierto en vergel”, “la tierra en cielo”, y “el infierno en paraíso”. Es el milagro del amor.

Señor, el tema de mi oración en este día, basado en tu evangelio, me llena de satisfacción porque es tu tema, tu gran tema, el tema del amor. Y yo quiero darte gracias porque has puesto el amor como fundamento del cristianismo

sábado, 16 de mayo de 2026

ORACIONES DE LA MAÑANA DEL 4ª,5ªy 6ª DOMINGO DE PASCUA

 VI DOMINGO


ENSEÑAME, SEÑOR, A GUARDAR

 Tus mandamientos, para que otros no me impongan sus ideas Tus preceptos, para que nadie me cambie el sentido de las cosas

 Tus Palabras, para que no me confundan otras totalmente vacías Tus obras, para que no me seduzcan los que hablan y no hacen nada 

Tus consejos, para que sepa distinguir el camino cierto del equivocado Tu mirada, para que cuente hasta diez, antes de abandonar el sendero de la fe 

Tu Eucaristía, para que sienta cómo desciende la fuerza del Espíritu Santo Tu Ley, para que sepa diferenciarla de aquellas otras leyes caprichosas y falsas 

Tu esperanza, para que no puedan más en mí, las dificultades que mi afán de dar a conocerte Tu iglesia, para que cuando vuelvas, la encuentres guardando con respeto, vida y veneración la gran joya de tus mandamientos. 

 Amén.


Eres amor, amo a mis hermanos tus hijos, cumpliendo tus mandamientos como elegida por Ti procuro evangelizar. 

Dios mismo viene en nuestra ayuda, contamos con la presencia viva del Espíritu que conforta, alienta, anima a no desanimarnos ante las contrariedades, a hacernos fuertes ante las adversidades e incluso a alegrarnos por poder dar la cara por el Señor y el Evangelio.

Este es el amor que llena de gozo nuestras vidas; este es el amor que llena de presencia nuestras ausencias sentidas; este es el amor con el cual construimos fraternidad y edificamos la Iglesia. ¡Ven, oh Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!

Necesitamos pedir con frecuencia al Espíritu Santo: para confesar a Cristo, para ser miembros activos de una iglesia evangelizadora, para poder orar, para luchar contra el pecado, para vivir como hijos de Dios, para poder transparentar a Cristo en nuestras vidas, para capacitarnos para amar y poder dar testimonio de Él. ¡Ven, Espíritu Santo!

Es imposible encontrar a un cristiano sin amor como no es posible encontrar a un ser humano sin pulso. Lo dice muy bien San Juan; “El que no ama está muerto” (1Jn. 3,14). Y la religión de Jesús no es religión de muertos sino de vivos.

Dios  no es masoquista que disfrute con el sufrimiento, pero sin embargo, si sabe iluminar nuestros sufrimientos, y nos da la fuerza para que se puedan convertir en medicina de nuestras heridas, no nos deja solos en ningún momento por el que podamos estar pasando, se nos hace compañero de camino y nos ayuda a que se puedan convertir en gracia y bendición. Nunca se alía con el mal, aunque del mal pueda sacar bien.
Y esto no es un sueño, una ingenuidad, un vano deseo. Todo esto es verdad. Me lo acaba de decir Jesús: EL MISMO PADRE OS AMA.



V DOMINGO  DE PASCUA





¡TE QUIERO, PORQUE ME HACES FALTA!
 Sí, Jesús; Hace mucho tiempo que me abandoné y hasta me perdí por caminos aparentemente llanos, y, al recorrerlos, me di cuenta que eran inciertos, inseguros y con final oscuro. Miré, y comprobé que caminabas a mi lado. 
 ¡Gracias, Señor! Un buen día, comencé a creerme lo que, a mí mismo, me decía, olvidé tus Palabras, dejé de escucharlas. Me interesaban aquellas otras rojas y blancas verdes y amarillas que se sostenían en el altavoz del escaparate del engaño. 
Afiné mi oído, Señor, y quedé desnudo ante la VERDAD de tu persona. Eres amor que no engaña Eres amigo que no falla. Miré, y comprobé, que mi vida era una gran mentira
 No sé cómo ni cuando, pero una tarde pensé en la vida y en la muerte, reflexioné sobre la muerte y la vida, y, al mirarme a mí mismo, comencé a sentir llagas de preocupación heridas de sufrimiento cicatrices de dolores y de debilidad. 
Levanté mis ojos a tu cruz, Señor, y me quedé asombrado de la VIDA de tu VIDA de la fuerza de tu VIDA del amor de tu VIDA.
 Por eso, Señor, no puedo menos en este día que decirte y pregonar a los cuatro vientos: TÚ, SI QUE ERES CAMINO, VERDAD Y VIDA. 

Y, ¿sabes, Señor? En mi camino, mi verdad y mi vida, siempre me haces falta. Amén

En realidad, te la está dirigiendo a ti: hace tanto que está contigo, ¿y todavía no lo conoces? Conocerlo de amarlo, de sentirse en intimidad con el Jesús sacramentado en el sagrario que se da a nosotros en la eucaristía.

Todos vosotros, en efecto, oís las palabras del que os habla, pero no todos percibís de igual modo lo que significan… El Espíritu Santo es el gran artífice de las transformaciones en nosotros”.

En el Evangelio de hoy el Señor nos ofrece la PAZ. La paz a la que se refiere es el resultado de una unión íntima con Él. Es un fruto de la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, y que hay que pedir en la oración humilde.

Estamos invitados a vivir nuestra vocación de amor, para el amor y en el seguimiento a quien tanto nos ama.

Te invito a que abras tu corazón al amor incondicional de Dios, que es el Espíritu Santo, y sentirás ese torrente de amor que invadirá todo tu ser. Entonces sabrás lo que es la alegría del cristiano, y la podrás repartir a raudales con todos. De eso se trata el mandato de Jesús. Créeme, el amor es contagioso.



sábado, 11 de abril de 2026

ORACIONES DE LA MAÑANA DEL 1ª-,2ª y 3ª DOMINGO DE PASCUA

3ª DOMINGO DE PASCUA





QUEDATE SÑOR

Que, si ahora todo es luz, sin ti y cuando te vayas, volverá a ser oscuridad Que, si ahora veo tu grandeza, sin Ti y cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza 
 QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO Porque, mis dudas con tu Palabra, se convierten en seguras respuestas Porque, mi camino huidizo y pesaroso se transforma en un sendero de esperanza en un grito a tu presencia real y resucitada 

 QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO Que, contigo y por Tï, merece la pena aguardar y esperar Que, contigo y por Ti, no hay gran cruz sino fuerza para hacerle frente Que, contigo y por Ti, la sonrisa vuelve a mi rostro y el corazón recuperar su vivo palpitar 

 QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO Porque, contigo, mi camino es esperanza Porque, contigo, amanece la ilusión Porque, contigo, siento al cielo más cerca Porque, contigo, veo a más hermanos y siento que tengo menos enemigos Porque, contigo, desaparece el desencanto y brota la firme fe de quien sabe que Tú, Señor, eres principio y final de todo.


Como los dos de Emaús, debemos alimentarnos de la Palabra y la Eucaristía para estar siempre unidos al Señor, pero sobre todo, debemos permitir que nos acompañen en el camino, con sus luces y sombras, con sus alegrías y complicaciones, porque definitivamente no estamos solos, el Resucitado quiere acompañarnos en el camino de la vida.

Es la fe en Jesucristo la que nos lleva a la salvación, al banquete celestial donde comeremos el alimento de la vida eterna. Sin fe, nada de lo que hagamos, aunque vayamos de puerto en puerto como estas barcas recalando aquí y allá en el mar de Galilea es infructuoso. Más aun: es inútil.
Y tu fe......................¿como anda?

San Agustín, en su Comentario al Evangelio de san Juan, explica así: «Estaban lejos de aquel pan celestial, y eran incapaces de sentir su hambre. Tenían la boca del corazón enferma… En efecto, este pan requiere el hambre del hombre interior». Y debemos preguntarnos si nosotros sentimos realmente esta hambre, el hambre de la Palabra de Dios, el hambre de conocer el verdadero sentido de la vida.

A Dios sólo se le puede encontrar por el camino del amor. Si nos salimos de ese camino, siempre, siempre nos equivocamos y podemos convertir a Dios en un ídolo. DIOS ES AMOR


Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros


2º DOMINGO 



SEÑOR MIO Y DIOS MIO 

 Como Tomás, con resistencias, pero creo en Ti Como Tomás, con interrogantes, pero espero en Ti Como Tomás, exijo pruebas y certezas Como Tomás, no me fío de lo que me dicen de Ti. 

SEÑOR MÍO Y DIOS MIO Como Tomás, también tengo temor a seguirte Como Tomás, asegurarme de que estás vivo Como Tomás, quisiera meter mis dedos en los agujeros de tus clavos 

Como Tomás, quisiera que, apartases el sayal, y me dejases contemplar aquellos otros agujeros que otros clavos en tus pies dejaron. ¿Me dejas, Señor? Quiero creer, pero soy incrédulo Quiero seguirte, y me desvío de tus caminos 

Eres Resurrección, y sigo empeñado en las horas de muerte Eres vida, y busco noches oscuras que conducen al desazón 

SEÑOR MÍO Y DIOS MIO Pero, al final, también quiero ser como Tomás: Creyente, entusiasta de tu Palabra enamorado y difusor de tu Reino Y que, por encima de todo, en lo bueno y en lo malo nunca deje de exclamar: 

¡SEÑOR MÍO Y DIOS MIO! Amén

Y, como Santo Tomás, nos gustaría meter nuestras manos en su costado. Hurgar en los orificios que dejaron los clavos para, a continuación, salir corriendo y llevar la buena noticia de que Jesús no sólo murió sino que, además, sigue tan vivo como el primer día: ¡Ha resucitado el Señor!

Nicodemo calla y otorga. Reaparecerá al final del Evangelio cargando los pies de Cristo camino del sepulcro. Es probable que, para entonces, ya habría entendido lo de nacer de agua y de Espíritu, ¿no crees?.

 «Si no creéis…» que desdichados somos. Sin embargo, termina recordándonos que todo el que cree en Él -Jesucristo, el Señor- tiene vida eterna. 

Podemos detenernos un poquitín en todos los beneficios y ventajas que nos reporta vivir descansando en el Señor y confiando en Él. 

 Si alguien le pregunta a JUAN qué debemos hacer los cristianos, contesta: “Amaos unos a otros como Jesús nos ha amado”. El evangelio de Juan sólo puede leerse de rodillas, en silencio y con ojos de enamorado.

Somos testigos de lo que Dios ofrece graciosamente a los hombres en su Hijo, por eso nuestra fe no consiste solo en afirmar que Jesús es el Cristo, sino en aceptar ser hijo de Dios en Él y vivir como tales.

Hoy, Señor, quiero aprender de Ti tu piedad con los que pasan hambre. No puedes pasar por las miserias y sufrimientos de los hombres sin compadecerte. Tienes un corazón bondadoso y deseas que todos tengan lo necesario para comer, para vestir, para cubrir las necesidades elementales. Dame a mí esas mismas actitudes para que sufra en carne viva los sufrimientos de mis hermanos y haga lo que esté de mi parte para remediarlos.

Señor, me doy cuenta de que muchas veces estoy, como los discípulos, en el “atardecer”.  “Soy Yo, no tengáis miedo”. Si Tú eres la Verdad, no tengo miedo a la mentira; si Tú eres la Luz, no tengo miedo a la oscuridad; si Tú eres la Vida, no tengo miedo a la muerte. Gracias, Jesús, “el quita-miedos”


 VIGILIA PASCUA



La noche parecía definitiva. El silencio del sepulcro pesaba como una losa sobre el mundo… y, sin embargo, en lo más hondo, Dios ya estaba obrando. 

Al amanecer, la piedra había sido removida. La muerte, vencida en silencio. 

La oscuridad, atravesada por una luz nueva, suave y poderosa. Cristo vive. Y con Él, todo comienza de nuevo. Hoy la vida se abre paso donde parecía imposible, la esperanza florece donde solo había lágrimas, y el corazón aprende, poco a poco, a mirar hacia arriba.

 Porque la Resurrección no es solo un hecho… es un camino que se nos regala: levantarse, creer, volver a amar, volver a empezar. 

Que esta Pascua te encuentre en ese amanecer, dejando atrás tus noches, abriendo el alma a la luz, y caminando, con serenidad y alegría, hacia el cielo. Ha resucitado. Y contigo, la vida entera.

Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.

No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.

Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.

Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. 

También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. 

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora.

Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

sábado, 21 de marzo de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA DEL TIEMPOO DE CUARESMA

V DOMINGO DE CUARESMA

TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
 Cuando me digas “sal de ahí” quiero dejar la fría losa que me inmoviliza que me detiene en la oscuridad y me recuerda que Tú ya no existes que pregona que, la nada o el absurdo, serán mis acompañantes para siempre. 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR Y, 
al verte conmovido porque ya no estaré muerto sino vivo darte las gracias porque, ante todo, me darás la vida Señor Porque, tus promesas, son más fuertes que la misma muerte porque tu fama, Señor, desde siempre me ha impresionado. 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
Abandonando las vendas de la tiniebla y del llanto para, después de resucitar, cantar eternamente tu gloria y con el resto de los que creen y esperan como yo enterrar las dudas y las desesperanzas sabiendo que Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
Pero, mientras no llegue ese momento, guárdame en tu corazón, amigo y Señor, no olvides que, mientras estuve y caminé en la tierra, pensé en Ti, di gracias por haberte conocido cerré los ojos al mundo con el sueño de poder escuchar un día: 
¡AMIGO, SAL DE AHÍ! 
Haz, Señor, que mientras asoma ese instante de partir cuando algunos lloren y otros recen por mí te siga amando con todo mi corazón, fuerza y afecto Amén.


Jesús, entregando su vida por amor nos ha descubierto que lo importante de la vida es el amor. Una vida vivida sin amor es una vida malograda, perdida. Pero Jesús muriendo en la Cruz por amor, nos ha dado la clave para entender el verdadero amor. Hace falta amar mucho a una persona para dar la vida por ella.

Gracias, Señor, porque hoy me has enseñado a situarme en la vida como soy: con mis limitaciones y mis pecados. Pero sobre todo quiero darte gracias por habernos hecho el inmenso regalo de la Encarnación. EN TU HIJO, EL HOMBRE PERFECTO, podemos soñar con llegar a ser lo que no somos capaces de ser por nosotros mismos. Podemos ser hijos en tu Hijo. Y disfrutar de la felicidad que Él posee.

Nosotros conocemos a Dios a través de las obras de Jesús. Haciendo nosotros las mismas obras que hacía Jesús, también nosotros podremos revelar hoy el rostro del Padre a tantas personas que lo desconocen totalmente.

A este mundo no lo salvará la técnica, los aparatos sofisticados, los coches eléctricos o los viajes espaciales. A este mundo lo salvará el amor. Personas que, como Jesús, estén dispuestas a amar a los demás más que a sí mismos. Jesús pasará por todo, incluso por el sufrimiento y la muerte en Cruz. Pero jamás pasará de estar cerca de los que sufren, de los que lo están pasando mal. Y nunca dejará de acudir a la gran fiesta del amor, a la verdadera fiesta de la vida”.


 4º DOMINGO DE CUARESMA


IV DE CUARESMA
 Tenemos hoy de todo entre las manos, riquezas, voces, ciencia y abundancia; creemos dominar la circunstancia y ver con claridad los horizontes humanos. 
Pero seguimos pobres y lejanos del Todo que da vida en su fragancia; nos sobra lo que pasa en la distancia y falta lo que sana nuestros llanos. 
Señor, toca también nuestros caminos, como tocaste al ciego en su ceguera; derrama en nuestros ojos nueva luz. 
Que en medio de este mundo de destinos aprendamos a ver de otra manera: ver con tus ojos, mirar desde la cruz. 
Toca, claro que sí, toca mis retinas mi entraña y hasta mi alma par que no vea lo que el mundo me presenta y contemple con claridad lo que tu me ofreces


Señor cura mi mirada y enseñame a ver. 

Señor, en este día quiero rezar para que me des fe, mucha fe, una fe personal, como aquel funcionario del rey que, a pesar de no ser judío, creyó en tu palabra. 

Todos los días tu palabra pasa por mis manos, por mis labios, por mis oídos. Pero ¿Pasa también por mi corazón? Y, al entrar en mi corazón, ¿cambia mi vida? Haz, Señor, que yo ponga hoy una buena tierra donde germine tu Palabra y dé el ciento por uno.

Cuantos nos cuesta ver entre los pliegues de la vida  la mano de Dios.

Los judíos fueron incapaces y nosotros también muchos somos incapaces de ver a Dios en el amor ,en los detalles, en la entrega generosa.
¿ donde ves a Dios tu?

Señor, yo te agradezco, de corazón, tus bellas enseñanzas. Me encanta descubrir tus propios sentimientos. Te había observado muchas veces caminando, hablando, incluso llorando, pero nunca te había observado “gritando”. Y, sin embargo, yo necesito que me grites de vez en cuando, que sacudas mi alma, que me despiertes a la vida.

III DOMINGO DE CUARESMA


Señor, Jesús que te sentaste junto al pozo para hablar con la samaritana, cansado del camino pero lleno de misericordia, mira también nuestro tiempo, tan lleno de prisas, de ruido y de sed interior. 

Tú que no miraste su pasado ni sus errores, sino su corazón que buscaba verdad, enséñanos hoy a mirarnos unos a otros con esa misma compasión, en un mundo que tantas veces juzga, divide y olvida amar. 
Danos de esa agua viva que prometiste, la que calma la sed del alma cuando el corazón está inquieto, la que devuelve esperanza cuando la vida parece vacía y cuando tantos buscan sentido entre tantas voces.

 Haz que, como la samaritana, también nosotros dejemos nuestros cántaros: el orgullo, el miedo, las heridas y las preocupaciones que cargamos cada día en estos tiempos difíciles. 

Y que después de encontrarte corramos a anunciar con alegría que Tú sigues vivo, hablando al corazón de cada persona en medio de este mundo moderno que también tiene sed de Ti.

 Jesús, fuente de agua viva, quédate con nosotros, y haz de nuestra vida un pequeño pozo donde otros puedan encontrar consuelo, esperanza y amor.


Señor, cómo te tiene que doler el verte rechazado por los tuyos y en tu misma patria. Tu que eres tan respetuoso con nuestras libertades, cuando llamas a nuestras puertas solo entras si te abrimos voluntariamente.

 Dame un corazón abierto para aceptar las opiniones de los demás y, sobre todo, un respeto a los que opinan de un modo distinto que el mío.

De esta manera Jesús muestra que la misericordia de Dios no tiene límites, pero que así como Él nos perdona nosotros también debemos perdonar.

¿cuántas veces disculpaste a tu hermano, ese al que todos han decidido dar de lado porque lo catalogan de persona tóxica? Recuerda el número: setenta veces siete es siempre.

No nos quedamos en lo externo, que nos puede esclavizar, sino que más bien, deseamos el encuentro con quien nos ama y queremos hacer lo que a Él le agrada, la clave ya no es porque está mandado, no es una imposición, es más bien una respuesta de amor. Y como cambia, ya no es por estar mandado, sino como respuesta de amor. “El que me ama permanece en mí y yo en el”, -dice el Señor-.

Y tú, ¿recoges o desparramas?

Señor, cada día me encuentro más feliz de poder conversar contigo. Y el tema de hoy es apasionante: el tema del amor. Acertar en este tema es acertar en la vida y no acertar es “no dar en la diana”. Por eso, ya desde el principio, vengo a pedirte que me aclares bien las cosas, que no me deje llevar por amores teóricos o amores falsos.

Si el fariseo se presentaba ante Dios “con los puños cerrados” exigiéndole todo lo que le debía, el publicano se situaba ante Dios “con las manos abiertas” dispuesto a recibir de Dios su perdón.¿Y  nosotros que somos?


Con este texto y en este caminar cuaresmal hoy estamos llamados a convertirnos profundamente, a reconciliarnos, a mirar al otro en su dignidad y a reconocer humildes que todo es Gracia.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA





Cuando uno sube a la Mesa de los Tres Reyes, San Cristobal, Higa de Monreal, Trinidad de Iturgoyen o de Lumbier o tantos montes de Navarra entiende algo: desde lo alto se ve más lejos, se ensanchan horizontes.
 Lo que abajo parece caos (y mira que existe) desde arriba todo se ordena. La cuaresma es subir por encima del ruido, del dolor, de la prueba o del miedo. 
El problema no es que haya oscuridad fuera el problema lo tenemos dentro. Cuando no hay luz interior y las tinieblas que algunos imponen se presentan como lo último pero con corto recorrido y peligro a la vista.
 Hoy necesitamos una vida cristiana no agresiva pero sí luminosa y con ideas claras. Sin imponer pero proponiendo, sin complejos y con la seguridad de que con Él: QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ....EN NUESTRO MUNDO.
 Aunque nos den algún rejonazo que otro. Feliz segundo domingo de cuaresma


Nos da miedo amar así, a fondo perdido. No es más que volcar la misericordia que yo recibo, en los demás. Es reconocer que ese amor de Dios para mí, también es para todos. 

 
Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos. 

Hoy Jesús te vuelve a recordar que está llamados al servicio, tu vida debe ser un constante servir. 


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar.
 Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.

Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida.


En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en la situación más fea de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.


PRIMER DOMINGO DE CUARESMA




LAS TENTACIONES
 En el silencio del desierto donde el viento desnuda el corazóny la arena guarda los pasos de Dios,el hombre escucha su propia sed. 
Allí, donde no hay aplausos ni distracciones que adormezcan el alma, aparecen las voces antiguas: la promesa fácil, el poder sin cruz, el pan sin confianza. 
La tentación susurra: “Llena el vacío con lo inmediato, adórame y te daré caminos cortos, olvida quién eres.” 
Pero en lo hondo resuena otra voz, suave como brisa de madrugada:
“No sólo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que nace del Amor.” 

Cuaresma es desierto fecundo, es aprender a elegir la luz cuando el mundo brilla con espejismos.
Es dejar caer las máscaras y descubrir que la verdadera fuerza nace de confiar. 
Hoy también somos tentados: por la prisa que roba el alma, por el ruido que apaga la oración,
por el brillo que promete felicidad y deja vacío. 
Y sin embargo, Cristo camina a nuestro lado, ayunando con nosotros, mostrándonos que la libertad no se compra ni se impone: se recibe. 
Que este primer domingo abra en nosotros un camino interior, donde cada renuncia sea semilla,
cada lucha, encuentro, y cada desierto, promesa de Pascua. 
Porque en medio de la tentación late una certeza: Dios no abandona al que busca, y el corazón que persevera encuentra agua viva en la arena.

ORACIÓN

Al atardecer de la vida te examinarán del amor.

El Señor quiere que si le amamos a El amemos también a nuestros hermanos. Hoy su Evangelio nos enseña que si nuestra fe es verdadera entonces se transforma en caridad y El reinará en nuestros corazones si de verdad amamos a nuestros hermanos. 

Hoy, me invitas a rezar tu oración y haciéndolo sin prisa, sin rutina, sabiendo y saboreando cada una de las palabras y que, de vez en cuando, me pase como a Santa Teresa que no podía pasar de la primera palabra.

Hoy también Cristo es una señal para nosotros: tenemos su palabra en la Escritura, una palabra que tiene tanto poder ahora como hace dos mil años. “Porque la Palabra de Dios tiene vida y poder. 

Señor, aquí me tienes de nuevo a tus pies para estar un rato contigo. Me gustaría profundizar en este día en el gran signo de Jonás que, después de estar tres días y tres noches en el vientre de un cetáceo, en lo profundo del mar, saltó a la playa de la vida.

Jesús, confiado en tus palabras. Sé que si te pido, me darás; que si te busco, te encontraré; que si toco a la puerta de tu corazón, me la abrirás, porque Tú sólo me das cosas buenas.

Jesús nos dice que seamos santos, que lleguemos hasta el final y no nos quedemos a mitad del camino, como los fariseos.

Señor, hoy te necesito más que nunca. Lo que me dices en el evangelio de hoy es para mí “un duro hueso de roer”. Me pides no sólo que perdone a mis enemigos, sino que los ame y rece por ellos. 


Yo sé que, por mis propias fuerzas, no puedo cumplirlo. Te pido que me ayudes, que me des tu gracia, que me eches no una mano sino las dos. Sé que sin Ti no puedo hacer nada.