VIERNES
“ Quiero misericordia y no sacrificio ”
Según san Mateo 12,1-8
El sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien. Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, sábado, Templo) al decir que “Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado” Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones.
En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.
Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado».
Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los inocentes.
Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».
Señor, dame la sensatez necesaria para saber distinguir lo esencial de lo accidental.
JUEVES
“ Venid a mí todos los que estáis cansados ”
La tradición ha puesto a Jesús muchos títulos: el Mesías, el Señor, el Hijo del Hombre…pero la gente sencilla que acudía a Jesús cuando caminaba por las calles de Palestina le llamaría así “Jesús, el quita pesos”; “Jesús el quita cargas”
según san Mateo 11,28-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Porque todo el que se acercaba a Jesús notaba que su vida se aliviaba, se aligeraba. Jesús se dedicaba a eso: a curar, sanar, aliviar, levantar, animar.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
No cabe duda de que Jesús disfrutaba haciendo el bien. Jesús quiere que evitemos el mal, porque nos hace sufrir: y nos dediquemos a aliviar la vida de los que llevan cargas demasiado pesadas que no pueden soportar. Porque hay ocasiones en las que a todos “nos pesa la vida”.
Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Acudir a Jesús. En realidad, sólo descansamos cuando estamos con las personas que nos quieren. Y Jesús, el hombre del amor, el que vive henchido de la ternura del Padre, quiere que nos acerquemos a Él porque sabe que sólo en Él está nuestro verdadero descanso.
MIERCOLES
“ Se las has revelado a la gente sencilla ”
según san Mateo 11,25-27
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños.
En el Evangelio de hoy, el Señor nos da ejemplo de agradecimiento para que nosotros vivamos con la misma actitud. ¡Cuántos motivos tenemos para dar gracias a Dios! (detente un poco en la oración personal de hoy y aprovecha para ser agradecido con Él, piensa cuantos dones, acontecimientos, situaciones, personas… son una bendición y lo ves como normal porque gozas de ellos, aprovecha para darle gracias)¡
Cuántas muestras recibimos de su amor! Qué diferente sería nuestra vida si gastáramos cada momento valorando lo que tenemos y diéramos gracias a Dios por todo lo que permite en nuestra vida, fácil o difícil, gozoso o arduo. Dios es bondadoso. Dios es rico en ternura. Dios es Padre. Dios es misericordioso.
Si, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Cuántas muestras recibimos de su amor! Qué diferente sería nuestra vida si gastáramos cada momento valorando lo que tenemos y diéramos gracias a Dios por todo lo que permite en nuestra vida, fácil o difícil, gozoso o arduo. Dios es bondadoso. Dios es rico en ternura. Dios es Padre. Dios es misericordioso.
MARTES
“ ¡Ay de ti Corozain, ay de ti Betsaida! ”
según san Mateo 11,20-24
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida!
De hecho, nunca dicen los evangelistas que Jesús hiciera milagros en Corozaín y Betsaida. Y en cuanto a Cafarnaúm sabemos que allí Jesús tuvo tan buena acogida que el mismo Mateo llama a Cafarnaúm “la ciudad de Jesús” (Mt. 9,1). Con todo, el texto refleja la poca acogida que, en alguna ocasión, tuvieron sus palabras, cuando invitaba a una boda o una fiesta.
Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
No captaron el gozo profundo de las parábolas de Jesús ni la alegría que comportaba el entrar en su Reino. Este comportamiento sí que debió dolerle fuertemente a Jesús. Llevaba un programa maravilloso de amor, paz, alegría, libertad. Pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
Según el Pontífice, la ingratitud no es un hecho aislado ni una simple falta de reconocimiento, sino una “ceguera del alma” que impide valorar los gestos de amor, apoyo y solidaridad.
Yo he recibido de Ti inmensos dones, gracias abundantes, y no obstante, no soy nada fino ni delicado contigo. Hay dentro de mí mucha pereza, mucha indiferencia, mucha tibieza. Haz, que de hoy en adelante, cambie el rumbo de mi vida y sepa responder con amor de gratitud al derroche de amor que Tú has tenido conmigo.
LUNES
“ No es digno de mí ”

según san Mateo 10, 34-11,1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espada.
He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
jesús quiere asegurarse que los apóstoles tienen plena consciencia del compromiso que implica el aceptar la misión, y lo difícil, conflictiva y peligrosa que va a ser la misma. Ha utilizado toda clase de ejemplos y alegorías, pero antes de concluir, por si no han entendido el alcance de sus palabras, les habla en lenguaje más duro: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa”.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mi.
Jesús quiere asegurarse que los apóstoles tienen plena consciencia del compromiso que implica el aceptar la misión, y lo difícil, conflictiva y peligrosa que va a ser la misma.
. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
Él no admite términos medios; nos quiere “calientes” o “fríos”, porque los “tibios” no tienen cabida en el Reino (Cfr. Ap 3, 15-16). Ya lo había dicho el anciano Simeón cuando llevaron al Niño a presentar al Templo: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción”
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Para enfatizar la radicalidad en el seguimiento que espera de los apóstoles, Jesús lo contrapone a uno de los deberes más sagrados del pueblo judío y del nuestro el amor paterno y el amor filial: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”.
DOMINGO
evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron.
El sembrador es Jesús como Maestro. De hecho, por dos veces, se dice que Jesús se sentó. Y cuando Jesús se sienta es que quiere enseñar. Jesús es un Maestro, pero no un Maestro de matemáticas o geografía. Jesús es un Maestro de vida. Con Jesús se aprende a vivir.
Se trata de salir “con el zurrón cargado de buena semilla”. Se trata de ir al mundo con la alegría de Jesús, con el entusiasmo de Jesús, con la seguridad de Jesús de llevar una buena semilla capaz de cambiar el mundo.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga». Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.
Es importante descubrir que el sembrador “lo sembró todo”. También los caminos, también las zarzas, también las rocas. A veces, en medio de una roca, aparece un arbusto. Por alguna hendidura misteriosa se ha abierto camino una semilla y ha dado como fruto una hermosa planta, más bella por la rareza del lugar.
Jesús nos invita a no cansarnos nunca de sembrar y no dar nada por perdido. Ese alumno que nunca escucha y que parece que no le interesa nada de la clase, puede reaccionar. Ese hijo que se ha ido de casa, no lo des por perdido. Un día puede volver.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Dios, por tanto, siembra la «semilla de su Palabra» en cualquier terreno y, por tanto, en cualquier vida. «Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca». Sobre cómo la semilla da fruto -muriendo-, Jesús habla también de su vida. «Esta parábola nos dice que Dios está dispuesto a ‘derrochar’ por nosotros y que Jesús está dispuesto a morir para transformar nuestras vidas» (Vaticano.21-o5-2025).












