YA ES SEMANA SANTA

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miércoles, 29 de abril de 2026

IV DOMINGO DE PASCUA

JUEVES

“ El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí ”



san Juan 13, 16-20 

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. 

Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. 

el que recibe a quien Jesús envía, lo recibe a él; y el que recibe a Jesús, recibe al que lo ha enviado, Dios Padre.

Esto es tanto como decir que una chispa de amor brota del Padre y se transmite al Unigénito enviado a salvar el mundo y del Cristo redentor a cada uno de sus discípulos que la portan como una llamita vacilante, débil, arriesgándose a que un mal viento la apague y los deje otra vez en tinieblas:

No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. 


Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».


Jesús quiere, en el discurso de despedida de sus apóstoles, recordarles que ellos llevan la luz que Cristo ha venido a traer a la tierra. Nosotros, como seguidores suyos, también somos portadores de esa luz al mundo, pero no somos más importantes que los que viven en tinieblas, porque nos envía Jesús. Y al Verbo hecho carne lo envía el Padre, principio y fundamento de todo cuanto existe.

MIERCOLES

“ Mi yugo es llevadero y mi carga ligera ”


según san Mateo 11, 25-30 

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.

La alabanza de Jesús va dirigida a su Padre, Señor del cielo y de la tierra. Es muy importante esa vinculación que hace Jesús entre el Padre y el Creador. Jesús ha disfrutado como nadie de la Naturaleza porque para Él no existe “naturaleza muerta” sino que toda la creación es un regalo del Padre para nosotros.

 Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 

Por otra parte, Jesús aparece como el verdadero descanso para los apóstoles. Y ¿dónde descansamos las personas? El verdadero descanso está en el amor.

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. 

El niño descansa en los brazos de su madre; y el esposo con su esposa, y los amigos con sus amigos. Y toda persona está llamada a descansar en el corazón de Dios. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón va de tumbo en tumbo mientras no descanse en Ti”.

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».


Señor, te pido que me des un corazón humilde y sencillo, como el corazón de tu madre. Vengo hoy a ti con humildad  No vengo a ti desde mi “exigencia” sino desde mi “indigencia”. No merezco que me des nada, pero sí pongo delante de ti mis manos vacías para que me las llenes

MARTES

 Lectura del santo evangelio según San Juan (10, 22-30)




Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? 

Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús es aquel que es capaz de mantenernos en vilo. Jesús no pasa nunca indiferente ante nosotros. Él mantiene un interés, una búsqueda, una inquietud. Su misma vida nos invita a preguntarnos: ¿Quién es éste El mismo evangelio de hoy nos da la respuesta: Es aquel que es capaz de ofrecer a los mortales una “vida eterna”

 Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. 

 La vida, la vida auténtica, la vida en plenitud, la vida eterna, sólo la tenemos a través de Jesús. Él nos pone en relación con el Padre y con nuestros hermanos. 

 Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

 Jesús nos invita a ser sus discípulos, pero para serlo debemos dejarnos atraer por el Padre hacia Él. Y la oración humilde del hijo, que nosotros podemos hacer, es: Padre, atráeme a Jesús; Padre, llévame a conocer a Jesús, y el Padre enviará al Espíritu para abrirnos los corazones y nos llevará a Jesús.

 Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno». 

 Señor, hoy quiero acercarme al evangelio con un corazón “ensanchado” porque eres Tú mismo el que me invitas a pedir no sólo vida, sino “vida eterna”. Yo pequeño, yo frágil, yo caduco, yo mortal, puedo atreverme a pedirte “vida eterna”. Si lo hago es porque Tú, Señor, me invitas a hacerlo. Gracias, Señor, por esta gran oferta que me haces: vivir para siempre, amar para siempre, gozar para siempre, ser feliz para siempre. 

 LUNES

“ Yo soy la puerta ”


En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su pastor.

san Juan 10, 1-10 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 

Es importante, además, sentirnos llamados por Jesús «por nuestro nombre». Dejarnos atraer por él. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

Es decisivo «seguir» a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona; inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

 Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». 

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 

Es vital caminar teniendo a Jesús «delante de nosotros». No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».



Cristo es nuestro Pastor y nosotros somos su rebaño, llamados a participar en su admirable victoria sobre el pecado y la muerte (

A través del bautismo nos integramos en la Iglesia, su rebaño (1 lect.), y hemos vuelto al pastor y guardián de nuestras vidas (2 lect.). Por eso, podemos siempre cantar llenos de confianza en Cristo: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Él nos da su gracia en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, cuya mesa abundante nos prepara cada domingo  Y, entrando por Él, la Puerta de las ovejas, nos salvaremos. 


DOMINGO

“ El Pastor auténtico da la vida por sus ovejas ”





En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su pastor.

san Juan 10, 1-10 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 

Es importante, además, sentirnos llamados por Jesús «por nuestro nombre». Dejarnos atraer por él. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

Es decisivo «seguir» a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona; inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

 Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». 

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. 

Es vital caminar teniendo a Jesús «delante de nosotros». No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».



Cristo es nuestro Pastor y nosotros somos su rebaño, llamados a participar en su admirable victoria sobre el pecado y la muerte (

A través del bautismo nos integramos en la Iglesia, su rebaño (1 lect.), y hemos vuelto al pastor y guardián de nuestras vidas (2 lect.). Por eso, podemos siempre cantar llenos de confianza en Cristo: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Él nos da su gracia en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, cuya mesa abundante nos prepara cada domingo  Y, entrando por Él, la Puerta de las ovejas, nos salvaremos. 

lunes, 27 de abril de 2026

3ª VIAJE APOSTOLICO GUIMEA ECUATORIAL III




Estadio de Malabo Santa Misa, a las 12:00 horas locales, por el Santo Padre



https://youtu.be/__TyYURSeW8?si=UobE_HuVzMZgWrlE


El Papa: Que el anuncio de la Palabra se convierta en pan bueno para todos En la misa celebrada en el estadio de Malabo, León XIV animó a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial a "continuar con alegría la misión de los primeros discípulos" y a dar "testimonio con sus vidas de la fe que salva". Cuando impera la "tristeza individualista", fruto de un corazón avaro, observó, "es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, sobre todo al servicio de la justicia y la solidaridad". 



“El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón, en una palabra, se hace Iglesia”. Fueron palabras del Papa León en la Santa Misa que presidió en el Estadio de Malabo, en el último día de viaje apostólico a Guinea Ecuatorial. Dirigiéndose a unos 30 mil fieles presentes en la instalación deportiva, el Santo Padre inspiró su reflexión en la lectura de la liturgia del día de los Hechos de los Apóstoles que relata el encuentro de Felipe con un viajero que, desde Jerusalén, regresa a África. 

 “Las Escrituras que acabamos de escuchar nos interpelan, preguntándonos a cada uno de nosotros “si sabemos” y “cómo” leemos las páginas bíblicas que hoy compartimos”, expresa el Pontífice abriendo su reflexión. Se trata – puntualiza – de una invitación tan seria como providencial, porque nos prepara para leer juntos el libro de la historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con su sabiduría.



HOMILIA

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260423-guinea-equatoriale-messa-malabo.html



Felipe, relata el Papa, viendo que aquel peregrino, un eunuco de la reina de Etiopía, leía las Escrituras, le pregunta si comprendía lo que estaba leyendo. Y el viajero le responde: “¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?” Su pregunta - observa el Santo Padre - se convierte así no sólo en una apelación a la verdad, sino en una expresión de curiosidad. 

 León nota que este hombre tiene inteligencia y cultura y lo demuestra tanto en el trabajo como en la oración, “pero no es plenamente libre”. Y esta condición está grabada dolorosamente en su cuerpo ya que “no puede generar vida, todas sus energías están al servicio de un poder que lo controla y lo domina”.



Un acto personal y eclesial, no solitario

 Mientras este peregrino regresa a su patria, “el anuncio del Evangelio lo libera” y cuando encuentra a Felipe, se convierte no sólo en lector o espectador sino en “protagonista de un relato que lo involucra porque se refiere precisamente a él” y el texto sagrado suscita “su pregunta sobre la verdad”, afirma el Papa. “Entra en la historia de la salvación, que es ‘hospitalaria’ para con todo hombre y mujer, especialmente para con los oprimidos, los marginados y los últimos” renaciendo así a una vida nueva. 

 Como él, también nosotros hemos sido hechos cristianos por el Bautismo, heredando la misma luz, es decir, la misma fe, para leer la Palabra de Dios. Para reflexionar sobre las profecías, para orar los salmos, para estudiar la Ley y proclamar el Evangelio con nuestra vida. Todos los textos bíblicos, en efecto, revelan en la fe su verdadero sentido, porque en la fe fueron escritos y transmitidos hasta nosotros; por eso su lectura es siempre un acto personal y también eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico.

 El siervo sufriente es Jesús que nos salva 

Leemos juntos la Escritura "como un bien común de la Iglesia, teniendo como guía al Espíritu Santo", añade el Obispo de Roma, y como el eunuco, "también nosotros podemos comprender la Palabra de Dios gracias a una guía que nos acompaña en el camino de la fe".

 El viajero africano estaba leyendo una profecía que se cumplió para él en aquel entonces, como se cumple hoy para nosotros: el siervo sufriente del que habla el profeta Isaías es Jesús, aquel que, mediante su pasión, muerte y resurrección, nos redime del pecado y de la muerte. Él es el Verbo hecho carne, en quien encuentra cumplimiento toda palabra de Dios: revela su intención originaria, su sentido pleno y su fin último.



Cristo plenitud de vida y de sentido 

Como afirma Cristo, 'sólo el que viene de Dios ha visto al Padre'. En el Hijo, el Padre mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los gestos de Jesús - explica el Papa - el Redentor, el Padre da plenitud a lo que hace desde siempre, esto es, dar vida. Crea el mundo, lo salva y lo ama para siempre. Mientras celebramos este acontecimiento de salvación - evidencia - el Señor nos llama a una elección decisiva: 'El que cree, tiene Vida eterna'. El Papa plantea entonces una interrogación: “¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte? Al decidir creerle, cada uno de nosotros elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible”. Y dirigiéndose a los fieles ecuatoguineanos exclama: 

 “¡Cristo lo es todo para nosotros! En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: «Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz. Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido.


Continuar la misión de los primeros discípulos 

Al finalizar su homilía el Santo Padre anima a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a continuar "con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús”. 

 Leyendo juntos el Evangelio, sean anunciadores apasionados, como lo fue el diácono Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, den testimonio con sus vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos.

 


 El recuerdo del vicario general de Malabo 

Antes de su homilía, el Papa León recuerda a monseñor Fortunato Nsue Esono, vicario general de la archidiócesis de Malabo, fallecido repentinamente. 

 Invito a vivir con espíritu de fe este momento de dolor y confío que, sin dejarse Ilevar por comentarios o conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las circunstancias de su muerte.



"Llevo conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad" 

Al término de la celebración eucarística, el Papa se despide de Guinea Ecuatorial y también de África, “al finalizar el viaje apostólico que Dios me ha concedido realizar durante estos diez días”. 

 “Agradezco al Sr. Arzobispo, Monseñor Juan, y a los demás obispos, a los sacerdotes y a todos vosotros, pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, Cristo la luz de Guinea Ecuatorial y vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”, expresa el Santo Padre. 

 Su gratitud se extiende también “a las autoridades civiles del país y a cuantos, de distintas maneras, han contribuido al éxito de mi visita”.

 Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad; es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro. 

 “Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano”, afirma a continuación, destacando el papel del país en los primeros siglos de la Iglesia. 

 El Pontífice concluye encomendando de corazón al pueblo de Guinea Ecuatorial y a toda África a la Virgen María, “a vuestras familias, a vuestras comunidades, a vuestra nación y a todos los pueblos africanos”.



El Papa León XIV se trasladó directamente desde el estadio al Aeropuerto Internacional de Malabo, tras presidir la misa que puso fin a su visita al país, donde fue despedido por la Pareja Presidencial y el Vicepresidente de la República, en un cierre cargado de simbolismo para su viaje apostólico por África.

https://www.youtube.com/live/72-Latqa-YU?si=PnwwDaQ1wwh4EIp

Concluida la celebración eucarística -último gran acto público en territorio ecuatoguineano-, el Pontífice emprendió el recorrido hacia el aeropuerto, donde le esperaba la ceremonia oficial de despedida. El trayecto, breve pero significativo, marcó el paso de la celebración litúrgica al adiós institucional.


https://www.youtube.com/live/6CqDJ8GJhOc?si=akNxnArWR81J-cAQ

 El Pontífice fue recibido por el presidente de Guinea Ecuatorial, S. E. el señor Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, y por su esposa, Constancia Mangue de Obiang.

 



 Ya en el Aeropuerto Internacional de Malabo, el Santo Padre fue recibido por autoridades civiles y eclesiásticas, quienes le rindieron los honores correspondientes antes de su partida.


 En la pista, León XIV saludó a los representantes del Gobierno y de la Iglesia local, agradeciendo la acogida recibida durante su estancia. La ceremonia se desarrolló conforme al protocolo habitual: presencia de guardia de honor, saludos finales y despedida formal antes de subir al avión. 




 El hecho de trasladarse directamente desde la misa al aeropuerto reforzó el carácter de la eucaristía como acto culminante de la visita. La homilía pronunciada en el estadio -centrada en la fe, la libertad y la esperanza- quedó así como el último mensaje del Papa en suelo africano. 

 Tras la despedida, el Pontífice subió al avión que lo trasladó de regreso a Roma, cerrando una gira que lo llevó por varios países africanos, y que ha estado marcada por llamados constantes a la justicia, la solidaridad y el compromiso con el bien común. 

 Con su partida desde Malabo, León XIV concluye su primer viaje al continente africano, dejando una huella profunda tanto en el ámbito espiritual como en el social, y reafirmando el papel de África en el presente y futuro de la Iglesia.



https://www.youtube.com/live/72-Latqa-YU?si=QBdlrLBUz7VSvWqN

Tras la interpretación de los himnos, el homenaje a las banderas, el paso de la Guardia de Honor y el saludo de las respectivas delegaciones, el Papa León XIV subió a bordo de un ITA A330-900neo y partió a las 12:54 hora local con destino a Roma. 

 El aterrizaje en el Aeropuerto Internacional de Fiumicino está previsto aproximadamente a las 19:55. Telegrama al Presidente de la República de Guinea Ecuatorial Inmediatamente después de su partida, el Papa León XIV envió al Presidente de la República de Guinea Ecuatorial el siguiente telegrama: 

 Telegrama del Santo Padre Su Excelencia Teodoro Obiang Nguema Mbasogo Presidente de la República de Guinea Ecuatorial Ciudad de la Paz Al partir de Guinea Ecuatorial tras mi viaje apostólico, quiero expresar mi profunda gratitud a Su Excelencia, a las autoridades locales y a sus conciudadanos por la generosa acogida y la calidez que me han brindado a lo largo de mi visita.

 Ruego a Dios Todopoderoso que conceda al país las bendiciones de la unidad y la prosperidad.

viernes, 24 de abril de 2026

III DOMINGO DE PASCUA

SÁBADO

 “ El que crea y bautice se salvará ”




según san Marcos 16, 15-20 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 

En el Evangelio de hoy nos encontramos con el mandato de Nuestro Señor de predicad el Evangelio a toda criatura, y resalta que quien crea le acompañaran unos signos, liberaran de multitud de demonios, esclavitudes, se alejaran del mal y de sus artimañas, su lenguaje será comprendido porque será el lenguaje del mandato nuevo, impregnado por el amor, tocara el corazón, consolará, dará una palabra de animo al abatido, estará cargado de esperanza, sanaran, curaran, liberaran, y no permitirán que el mal les haga daño, no dejaran que les hiera, aprenderán a que las heridas les hagan más fuertes.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Así es, el Misionero del Padre, Jesús, tiene necesidad de otros misioneros; Aquel que es la Palabra tiene necesidad de otros portavoces que divulguen su conocimiento; Aquel que es el Evangelio hecho persona confía ahora el Evangelio a sus apóstoles: "Id... Proclamad.Aclamad el Evangelio a toda la creación”

 Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


¡Que bella paradoja poder afirmar que en nuestra vida todo es gracia recibida de la mano de Dios y, que a la vez, Él no tiene otra forma de cambiar el mundo, sino confirmando con su fuerza nuestras palabras y acciones! ... ¡Somos un equipo! Y sólo así llegamos, en ciertos momentos, a experimentar que es verdad: que cuando vivimos en su nombre y a su estilo, echamos demonios, tratamos con serpientes, tragamos venenos poderosos... y no nos hacen daño.

LUNES

VIERNES

“ El que coma de este pan, vivirá para siempre ”



según san Juan 6, 52-59

 En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

San Agustín les diría: “Dame un corazón que ame y entenderán lo que digo”.

Lo lógico, lo razonable, es objeto de la razón, pero el amor no tiene lógica.

 Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 

Si Dios se hubiera guiado por la lógica de la razón no tendríamos ni Encarnación, ni Redención, ni Eucaristía. Afortunadamente para nosotros Dios se ha guiado siempre por la lógica del amor.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 

Y una de las características del amor es que “el amor no se va, el amor se queda”. Se fue al cielo y se quedó con nosotros a través de la Eucaristía.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Al recibir a Cristo en la Eucaristía, ese alimento no lo hacemos sustancia nuestra, pero sí nosotros nos unimos sustancialmente con Dios. Cada uno de nosotros puede decir con San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”

 Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Tenemos a Jesús vivo, sacramentado tras su resurrección gloriosa, presente en el sacramento del altar pero si dudamos es falta de fe.


Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros


JUEVES

“ Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo ”


según san Juan 6, 44-51 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, 

Jesús, que habla de atracción, de deleite, de fascinación. Es bueno oír de los labios de Jesús que Dios atrae, que Dios seduce, que Dios encanta.

Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. 

Yo prefiero ser atraído por el amor del Padre, ser seducido por Él, sentirme encantado de vivir en su casa, sentarme a su mesa, comer de su pan, beber de su vino, y cobijarme a la sombra del “árbol de la vida”

En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. 

Sólo una persona “dichosa” puede hacer dichosos a los demás; sólo una persona encantada puede encantar a los demás; sólo una persona “satisfecha” puede llenar de sentido y de ilusión la vida de los demás.

Sólo una persona que está contenta y feliz con su Dios, puede bendecir, es decir, hablar bien de Dios.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».



A Dios sólo se le puede encontrar por el camino del amor. Si nos salimos de ese camino, siempre, siempre nos equivocamos y podemos convertir a Dios en un ídolo. DIOS ES AMOR

MIÉRCOLES

“ Yo soy el pan de la vida ”


según san Juan 6, 35-40 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «Yo soy el pan de la vida.


Jesús no es un pan que se compra en la panadería. Es un símbolo de sí mismo. El pan es símbolo del alimento que comen los hombres cada día. No es “un lujo sino una necesidad”. La comunidad primitiva ha descubierto que sin Jesús no pueden vivir. 

 El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. 

Encontrado en Jesús “seguridad”. Pero no sólo seguridad para unos años o el tiempo de nuestra corta vida, sino que Jesús habla de “vida eterna”. Es decir, de una vida “más allá de nuestra vida”.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». Reflexión del Evangelio de hoy

También el pan tiene una connotación con “la bondad”. Solemos decir: este hombre o esta mujer son más buenos que el pan. Y me pregunto: Yo que me alimento todos los días de este pan de la bondad ¿Cómo no soy bueno? Salgo de Misa y murmuro, soy violento, calumnio…, ¡Es algo inconcebible!


San Agustín, en su Comentario al Evangelio de san Juan, explica así: «Estaban lejos de aquel pan celestial, y eran incapaces de sentir su hambre. Tenían la boca del corazón enferma… En efecto, este pan requiere el hambre del hombre interior». Y debemos preguntarnos si nosotros sentimos realmente esta hambre, el hambre de la Palabra de Dios, el hambre de conocer el verdadero sentido de la vida.

MARTES

“ Yo soy el pan de vida ”




según san Juan 6, 30-35 

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 

Jesús se manifiesta en este evangelio como el “pan de la vida”. No se trata de un pan material, ni siquiera del pan de maná que había dado el Padre a los judíos hambrientos en el desierto. Nos promete un pan que da vida, pero no una simple vida humana para prolongar nuestros años.


Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 

Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón. En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices.

Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 

Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón. En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices.

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».


Dado el ambiente tan poco religioso que estamos viviendo en esta sociedad secularizada, cada vez se hace más difícil el creer.
 En realidad nadie puede creer en el más allá si ese “más allá” no se ha hace presente, de alguna manera, en el “más acá”.

 LUNES

“ Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura ”

según san Juan 6, 22-29 

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

La multiplicación de los panes y los peces desató una ola de entusiasmo que el evangelista describe a la perfección con ese enjambre de lanchas surcando el Tiberíades de orilla a orilla en busca de algún rastro del Maestro.

Lo siguen por las dos orillas del mar de Tiberíades. Y la primera pregunta que le formulan, cuando dan con él, nos da la clave de ese seguimiento: cuándo has venido.


 Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. 

Era tan espectacular el prodigio de dar de comer a esa multitud que, a la fuerza, tenía que despertar admiración y mover a seguirlo.

Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

A esa muchedumbre le atraen los signos, la extraordinaria intervención que ha saciado su hambre material. Tanto que lo primero que le preguntan es «¿cuándo has venido aquí?» por si se ha producido otro prodigio en su ausencia, como el espectador de un truco de ilusionismo contrariado por haberse perdido parte de la función.

 Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. 

Jesús los alecciona: «Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna». El pan del espíritu que comemos en la Eucaristía.

Lo de menos es el signo de la multiplicación y lo de más es la vida eterna que nos promete entrar en el corazón del Padre

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Pero para ello se hace imprescindible obrar como Dios quiere: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Creer en Jesucristo más allá de milagros, prodigios y signos. Creer porque es el único mediador entre nosotros y Dios, no hay más camino que el suyo. 




Es la fe en Jesucristo la que nos lleva a la salvación, al banquete celestial donde comeremos el alimento de la vida eterna. Sin fe, nada de lo que hagamos, aunque vayamos de puerto en puerto como estas barcas recalando aquí y allá en el mar de Galilea es infructuoso. Más aun: es inútil.
Y tu fe......................¿como anda?

DOMINGO

“ Jesús se acercó y siguió caminando con ellos ”



según san Lucas 24, 13-35 

El evangelio de hoy nos trae el conocido episodio de Jesús con los discípulos de Emaús. Es un encuentro rápido, pero en este encentro está todo el destino de la Iglesia. Lucas quiere enseñar a las comunidades cómo interpretar la Escritura para poder redescubrir la presencia de Jesús en la vida.

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 

Antes o después, a todos nos toca hacer el camino de Emaús. Es un camino de dos etapas.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 

Aquellos discípulos huían de Jerusalén, porque Jerusalén sólo ofrecía muerte. La muerte de Jesús les hundió y caminaban desesperanzados.

Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». 

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 

En la primera dominan la decepción, la desilusión, el desaliento: caminaban con semblante afligido… ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel! También nosotros esperábamos…: esperábamos que el ser cristiano fuese cosa más sencilla, la convivencia menos complicada; y que Dios no nos diese tan serios disgustos.

Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 

Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 

Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». 

Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

La segunda etapa del camino de Emaús es la de la rehabilitación. Jesús comienza atizándoles por su ignorancia de las Escrituras: ¡Qué necios y torpes para creer cuanto dijeron los profetas! Luego les explica lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Es entonces cuando la llama apagada se enciende de nuevo en su corazón.

 Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 

Tendríamos que tener todos claro que un auténtico cristiano, antes de poner los ojos en la Eucaristía debe poner los ojos en las Escrituras; en los Evangelios especialmente. No lo tenemos claro porque no nos lo enseñaron de pequeños. Pero el cristiano que no tiene las Escrituras como punto principal de referencia, vive un cristianismo deformado y desfigurado.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. ´

Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Lucas nos habla de la “fracción del pan”. Si acudimos a la Eucaristía, no es a recitar de rutina credos ya sabidos, sino a hacer presente el gesto de Jesús de “partir el pan”. El pan que parte Jesús el día de Jueves Santo nos habla del Cuerpo destrozado de Jesús en la Cruz el día de Viernes Santo. 

El Jueves y el Viernes van unidos y no se pueden separar. Este gesto no sólo nos lleva a recordar lo que hizo Jesús sino a “actualizar” y hacer presente en nosotros el compromiso de dar nuestra vida en favor de los demás. Si esto lo hacemos, ciertamente Jesús se hace presente en nuestro caminar.

A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Aquellos apóstoles habían salido de la Comunidad de Jerusalén. Ya no les decía nada. Con la muerte de Cristo viene la dispersión del grupo y los discípulos de Emaús van huyendo del grupo porque allí sólo se habla de muerte y de fracasos. ¡Qué distinto el camino de ida y el de vuelta! El camino de ida de Jerusalén a Emaús se hace largo, pesado. El camino de vuelta, cuando ya se han encontrado con Jesús resucitado, teniendo los mismos kilómetros, se hace corto, van corriendo, deseando de llevar la buena noticia a sus hermanos de Comunidad.

 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.



Como los dos de Emaús, debemos alimentarnos de la Palabra y la Eucaristía para estar siempre unidos al Señor, pero sobre todo, debemos permitir que nos acompañen en el camino, con sus luces y sombras, con sus alegrías y complicaciones, porque definitivamente no estamos solos, el Resucitado quiere acompañarnos en el camino de la vida.

SEGUNDA PARTE 3ª VIAJE APOSTOLICO GUIMEA ECUATORIAL II

 




https://youtu.be/0gnQVd-VKxk?si=ofCMWmcmvFV68Mx7


Discurso del Papa León XIV a los jóvenes y las familias en el estadio de Bata, Guinea Ecuatorial



Queridos jóvenes, queridas familias, ¡la paz esté con ustedes! 
 ¿Quién tiene miedo de la lluvia? ¿Quién quiere la bendición de Dios? ¡Gracias por estar aquí! ¡Sigamos haciendo fiesta! ¡La Iglesia necesita el entusiasmo de todos ustedes! 


 Queridos hermanos y hermanas, con gran alegría los saludo y agradezco al Obispo por las palabras que me ha dirigido. Agradezco también a todos ustedes por la cálida acogida y por su entusiasmo que manifiesta la alegría de su fe. 

 Su Excelencia ha descrito Guinea Ecuatorial como un país “joven, lleno de energía, de preguntas, de ganas de vivir”, y al mismo tiempo deseoso de hacer de Cristo su luz. Es un llamado al lema de este viaje —Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza—. Pero encuentra confirmación en la presencia de todos ustedes aquí. La luz más brillante, aquí, es la de sus ojos, de sus rostros, de su sonrisa, de los cantos, de los bailes, en los que todo es testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestra vida. 




Su país, Guinea Ecuatorial, es un país rico en historia y tradiciones. Lo hemos visto hace poco, en las danzas, en los trajes y en los símbolos con los que cada grupo ha expresado su identidad, haciendo aún más evidente y conmovedor nuestro estar juntos. Han traído objetos simples y cotidianos —un bastón, una red, la representación de una isla, una barca, un instrumento musical— que hablan de su vida y de los valores antiguos y nobles que la animan, como el servicio, la unidad, la acogida, la confianza, la fiesta. Es la herencia luminosa y exigente de la que ustedes, queridos jóvenes, están llamados a ser, en la fe, el fundamento del futuro suyo y de esta tierra. ¡El futuro es suyo.



Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, a su llegada a este país, al encontrarse con una Iglesia tan viva y dinámica, decía a los fieles presentes para acogerlo: «Den siempre ejemplo de concordia entre ustedes, de amor mutuo, de capacidad de reconciliación, de respeto efectivo de los derechos de cada ciudadano, de cada familia, de cada grupo social. Respeten y promuevan la dignidad de todas las personas en su país, como seres humanos y como hijos de Dios» (Discurso a la llegada a Guinea Ecuatorial, Malabo, 18 de febrero de 1982). Son palabras que aún hoy guían nuestros corazones y deben iluminar su camino, mientras se preparan para las responsabilidades que los esperan en el futuro. 

 Alicia, al respecto, nos ha hablado de la importancia de ser fieles a los propios deberes y de contribuir, con el trabajo cotidiano, al bien de la familia y de la sociedad. Ha compartido con nosotros su sueño de una tierra “en la que los jóvenes, hombres y mujeres, no busquen el éxito fácil, sino que elijan la cultura del esfuerzo, de la disciplina, del trabajo bien hecho y que esto sea valorado”. Ha dicho que ser cristiana significa, además de participar en la celebración eucarística, también trabajar con dignidad y tratar a todos con respeto, recordando también el desafío de su condición de mujer en el mundo del trabajo. Esto nos invita a reflexionar sobre la importancia del compromiso fecundo y la necesidad de promover siempre la dignidad de todo ser humano.




Lo mismo ha testimoniado Francisco Martin, refiriéndose al llamado al sacerdocio. Ha abierto ante nosotros una ventana sobre la hermosa realidad de tantos jóvenes que se entregan totalmente a Dios para la salvación de los hermanos. No ha ocultado haber tenido dificultad para encontrar el valor de decir su “sí”, su fiat, “sí” Señor, pero en sus palabras todos hemos comprendido que confiar en la voluntad de Dios da alegría y profunda serenidad. Una vida entregada a Dios es una vida feliz, que se renueva cada día en la oración, en los sacramentos y en el encuentro con los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino. En la comunión de los corazones y en el actuar solícito hacia quien lo necesita, se renuevan los milagros de la caridad. Por eso, si sienten que Cristo los llama a seguirlo en un camino de especial consagración —como sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas— no teman ponerse en sus huellas: como Él mismo ha asegurado —y yo también quiero decirles hoy con fuerza— recibirán «cien veces más y […] la vida eterna» (Mt 19,29). 




 Queridísimos, han venido a este encuentro con sus familias. Ellas son el terreno fértil en el que el árbol fresco y frágil de su crecimiento humano y cristiano hunde sus raíces. Por eso, quiero invitar a todos a dar gracias juntos al Señor por el don de sus seres queridos y, como nos han dicho Purificación y Jaime Antonio, a confiarse a Él para que sus familias puedan crecer en la unión, acoger la vida como un don que hay que custodiar y educar para el encuentro con el Señor, el Señor que es Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14,6). Muchos de ustedes se están preparando para el sacramento del Matrimonio. Ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que se vive día a día, en la que siempre se redescubren el uno al otro, colaboradores con Dios en el milagro de la vida y constructores de felicidad, para ustedes y para sus hijos. Prepárense a vivir esta llamada como un camino de verdadero amor, que crece en la libertad; un camino de esperanza que nace de la conciencia de que Dios no los abandona; un camino de santidad que busca siempre el bien y la felicidad del otro.




Agradezco mucho a Víctor Antonio por la sinceridad y el valor con los que ha compartido con nosotros su historia. Sus palabras nos ayudan a comprender aún más profundamente el valor de lo que hemos dicho. Caen como una piedra en medio de nosotros, pero no para destruir. Son más bien palabras que deben animarnos a construir un mundo mejor, fundado en el respeto por la vida que nace y crece, y en el sentido de responsabilidad hacia los niños y los pequeños. Víctor Antonio nos ha recordado que acoger la vida exige amor, compromiso y cuidado, y estas palabras en labios de un adolescente deben hacernos pensar seriamente en lo importante que es proteger y custodiar la familia y los valores que en ella se aprenden. Cultivémoslos, vivámoslos y démosles testimonio también cuando hacerlo cueste sacrificio o cuando, como decían Jaime Antonio y Purificación, juicios, prejuicios y estereotipos intenten disminuir su valor. Una familia que sabe acoger y amar es luz, es calor. El Papa Francisco nos dejó palabras bellísimas sobre esto: «La pareja del padre y de la madre con toda su historia de amor […], la pareja que ama y genera la vida es la verdadera “escultura” viviente […], capaz de manifestar al Dios creador y salvador» (Exhort. ap. Amoris laetitia, 9.11).




 Queridos jóvenes, padres, y todos ustedes aquí presentes, dejémonos entusiasmar por la belleza del amor, ¡seamos testigos del amor que Jesús nos ha dejado y enseñado! Testimoniemos cada día que amar es hermoso, que las mayores alegrías, en todos los ambientes, vienen de saber dar y de darse, especialmente cuando uno se inclina hacia quien más lo necesita. La luz de la caridad, cultivada en los hogares y vivida en la fe, puede verdaderamente transformar el mundo, también en sus estructuras e instituciones, para que toda persona encuentre respeto y nadie sea olvidado (cf. Francisco, Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación, 14 de octubre de 2022). Hermanas y hermanos, hagamos juntos de esto un propósito firme, un compromiso gozoso, para que Cristo, Crucificado y Resucitado, luz de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo entero, pueda guiarnos a todos hacia un futuro de esperanza.
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El miércoles 22 de abril, la agenda del Santo Padre se detendrá en Bata para abrazar la memoria de una ciudad que, tras la mayor tragedia de su historia, demostró al mundo el verdadero significado de la solidaridad y la resiliencia. 
 Hay heridas en la historia de las ciudades que el paso del tiempo logra atenuar, pero que solo el amor, el consuelo y la fe logran sanar por completo. Aquel fatídico 7 de marzo de 2021 (conocido nacionalmente como el 7M), la ciudad de Bata sufrió uno de los episodios más dolorosos y sobrecogedores de la historia reciente de Guinea Ecuatorial. Hoy, cinco años después, el Papa León XIV llega a la capital continental con el firme propósito de que su visita sea un bálsamo de paz para los corazones que aún lloran. 



 A las 17:25 horas, el itinerario oficial marca una parada que trasciende cualquier protocolo: un «Momento de oración en el Monumento conmemorativo de las víctimas de la explosión del 7 de marzo». 

 La herida de Nkoantoma y la grandeza de un pueblo 

Las explosiones en el cuartel militar de Nkoantoma dejaron cicatrices profundas en la geografía de Bata: hogares destruidos, familias desplazadas y, lo más doloroso, una pérdida irreparable de vidas humanas que sumió al país en un luto profundo. 




 Sin embargo, de entre los escombros y la confusión de aquel domingo oscuro, emergió también la inmensa grandeza del pueblo guineoecuatoriano. El mundo fue testigo de una ola de solidaridad sin precedentes: vecinos rescatando a vecinos, jóvenes donando sangre masivamente, personal sanitario trabajando sin descanso como verdaderos héroes anónimos, y una nación entera unida para sostener a Bata en su hora más difícil. El Papa conoce esta historia de dolor, pero también esta historia de amor fraterno. 

 Un silencio que habla de consuelo 

En los viajes pontificios, los momentos de mayor intensidad espiritual no suelen ser los que tienen discursos largos o multitudes ruidosas, sino aquellos marcados por el recogimiento. Al detenerse en el monumento que honra a las víctimas, el Papa León XIV realizará un acto de presencia profundamente pastoral. 




 Allí, en nombre de la Iglesia universal, el Santo Padre no solo rezará por el descanso eterno de los fallecidos, sino que extenderá un abrazo espiritual y silencioso a todas las madres, padres, hijos y amigos que aún sienten su ausencia. Su presencia en esta «zona cero» del dolor es un mensaje directo a los bateños: no estáis solos y vuestro sufrimiento no ha sido olvidado. 
 La luz que vence a las sombras 




El lema elegido para este Viaje Apostólico a Guinea Ecuatorial es «Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza». Es precisamente en lugares marcados por la tragedia donde este lema cobra su significado más absoluto y sanador. 

 Con su oración en el monumento del 7M, el Papa León XIV encenderá una luz de esperanza en medio de la memoria de la oscuridad, recordando a toda la ciudad de Bata que, unidos en la fe y en la fraternidad ciudadana que ya demostraron en 2021, siempre es posible volver a levantarse y reconstruir el futuro.