YA ES SEMANA SANTA

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domingo, 8 de marzo de 2026

3º DOMINGO DE CUARESMA

LUNES


“ Ningún profeta es bien recibido en su tierra ”



Hoy San Lucas nos trae un breve texto que hace referencia a la visita de Jesús a Nazaret, visita que termina en un “fracaso” debido a la testarudez y dureza de corazón de sus compatriotas.

según san Lucas 4, 24-30 

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. 


Elías y Eliseo dos profetas del Antiguo Testamento (Maestro y discípulo) que también sufrieron rechazo; debido a esa situación de rechazo ellos se dirigieron a anunciar y mostrar la misericordia de Dios a los paganos,

Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. 

La viuda de Sarepta (Sidón) y el general Naamán (Siria), estas dos personas son la prueba de que el amor de Dios no tiene barreras de ningún tipo.

Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio». 

El Maestro nazareno les advierte a los judíos que si ellos persisten en rechazarlo su misión se va a extender a todos los rincones del mundo y ellos quedarán fuera. Los asistentes de la sinagoga al comprender el mensaje se enfurecen y atacan a Jesús.

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. 
Pero Lucas nos dice que, simplemente Jesús pasó entre ellos y siguió su camino, de esta manera el evangelista indica que nada se puede interponer en el camino y en la misión del Señor, anunciando así, incluso su triunfo sobre la muerte en su Pascua.


Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.


Señor, cómo te tiene que doler el verte rechazado por los tuyos y en tu misma patria. Tu que eres tan respetuoso con nuestras libertades, cuando llamas a nuestras puertas solo entras si te abrimos voluntariamente.

 Dame un corazón abierto para aceptar las opiniones de los demás y, sobre todo, un respeto a los que opinan de un modo distinto que el mío.


 DOMINGO

“ Señor, dame esa agua: así no tendré más sed 

según san Juan 4, 5-42 

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. 

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. 

Es la sed, la que reúne junto al pozo, a Jesús y la mujer Samaritana, es el cansancio y la sed, con la que el Señor Jesús se hace el encontradizo: “dame de beber”, rompiendo así con la norma social, de no hablar con una mujer a solas en la calle. La mujer sorprendida le responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». 

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». 

No importa que seas mujer. No importa que seas samaritana y no te hables con los judíos. No importa que tengas otra religión. Tú le importas a Dios. Dios te ama y tú eres hija suya. Hoy puede ser para ti un gran día. Créetelo. Deja el agua de este pozo que no calma tu sed. Tengo para ti un manantial que nunca se agota. Bebe siempre de esta agua.

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». 

Lo que caracteriza a todo hombre y a toda mujer es la sed. Todos tenemos sed: sed de bienestar, de salud, de cariño. En definitiva, sed de felicidad. Lo peor es que, a veces, erramos el camino.

La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. 

En eso has dicho la verdad». La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 

Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 

Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo». En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». 

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis». 

Ella es feliz, pero no quiere guardar su felicidad en su corazón, sino llevarla a su pueblo. Ella ha experimentado quien es Jesús y lleva este mensaje a sus paisanos. Ellos mismos se van a convencer de que la mujer les ha dicho la verdad. El apóstol nace de un encuentro al vivo con Jesús. La Samaritana no les dice: Venid a escuchar sino venid a ver, a experimentar.

Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? 

Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos». 

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».


el Señor, nos hace caminar en la verdad de la vida y en descubrir que el verdadero culto a Dios se entabla en el corazón del hombre.

 Eso es lo que ha hecho con la samaritana, enseñarle a vivir su vida desde el interior, a caminar en la verdad y desde lo más profundo de su ser a alabar a Dios, a reconocerlo presente en su vida y a anunciarlo a los demás. Esta dicha, este encuentro con la vida hay que anunciarlo, hay que compartirlo con todos los que nos rodean.

E. ESPIRITUALES DE LAS FUENTES P 2ª LA ORACION........

  https://youtu.be/wNOB_agjk9U?si=8MQ62pYqQOy6mb1R

LA ORACION

La oración es el alma de los Ejercicios, es la conversación que debo entablar con el Señor para conocer su voluntad. 

 Los Ejercicios Espirituales son una escuela de oración: durante estos días nos vamos a ejercitar realizando momentos de oración, meditación, contemplación, orar vocal y mentalmente, en definitiva, momentos de conversación y trato íntimo con el Señor. En este día aprenderemos cuál es el método ignaciano de hacer la oración mental, que iremos poniendo en práctica a partir del 4º día. Todavía estamos en pre-calentamientos, pero son necesarios porque estos Ejercicios realmente movilizan todo nuestro interior…


https://youtu.be/WqJBl0g7pGo?si=S1tA7g781E8S00JS


La Oración Ignaciana es un modo sencillo y profundo de encontrarse con Dios en la vida diaria. San Ignacio de Loyola nos dejó este camino espiritual que ayuda a rezar con la Palabra y a reconocer la acción de Dios en lo más cotidiano. 

 A continuación, compartimos los seis pasos básicos para guiar tu momento de oración:




 Antes de comenzar, determino la gracia que quiero pedir: ¿qué busco en este encuentro con Dios?, ¿hacia dónde voy? 

 Elijo un texto bíblico o espiritual. Pienso en lo práctico: lugar tranquilo, postura, tiempo y metodología.



En el lugar elegido, adopto una postura cómoda y reverente. 

 Hago silencio interior y exterior. 

 Relajo el cuerpo y concentro la mente. 

 Abro el corazón al Dios que habita en mí.



3. Pido la gracia Le expreso al Señor, con confianza y sencillez, lo que deseo y busco en este momento de oración.



Me detengo en palabras o frases que me llaman la atención.

 Las repito, las saboreo, las hago propias. 

Presto atención a lo que surge en mi interior: sentimientos, imágenes, recuerdos, deseos.

 Relaciono el texto con mi vida concreta. 




Converso con Jesús, con el Padre o con María, como un amigo habla con otro amigo. 

Comparto lo que experimenté en la oración. 

Para cerrar, puedo rezar un Padrenuestro u otra oración significativa.



Al finalizar, hago una breve revisión de lo vivido: 
 Registro por escrito lo que pasó durante la oración. 
 Me pregunto: 
 ¿Qué gracias recibí de Dios? 
 ¿Qué me ayudó en la oración? 
 ¿Qué dificultades encontré?

https://orarconelcorazonabierto.wordpress.com/tag/san-ignacio-de-loyola/


E. ESPIRITUALES .....LAS FUENTES
P 1
Pedir a Dios luz para la vida de oración
  - un don de Dios
  - don que recibimos por gracias.
 
PONERNOS ANTE DIOS

Significa iniciar un diálogo de corazón a corazón, reconociendo su presencia amorosa, creyendo firmemente que nos ve y nos escucha.

Toma conciencia de que Dios te escucha y está presente en tu oración: 
 a)Acto de fe: creo Señor en ti. Ayúdame a seguir creyendo. 
 b)Acto de esperanza: confío en tu ayuda, en que me darás “el agua” de tu gracia para seguir creciendo interiormente. 
 c)Acto de caridad: te amo porque eres infinitamente bueno y porque a Ti solo debo amarte con todo mi ser.

NO CAER EN LA COMPARACIÓN
Presta atención a tu propio trabajo, porque así tendrás la satisfacción de un trabajo bien hecho, y no necesitarás compararte con nadie más. Si te comparas con otros, puedes volverte vanidoso o amargado, porque siempre habrá personas mejores y peores que tú.

DISPOOSICIÓN

A Perseverancia
1Sm 13, 4-15

B  Paciencia

Pedir ayuda porque  todos  caemos


C Confianza

Distracción 
El primer problema que se presenta a quien reza es la distracción (cfr. CIC, 2729). Tú empiezas a rezar y después la mente da vueltas, da vueltas por todo el mundo; tu corazón está ahí, la mente está ahí… la distracción de la oración. 
La oración convive a menudo con la distracción. De hecho, a la mente humana le cuesta detenerse durante mucho tiempo en un solo pensamiento. Todos experimentamos este continuo remolino de imágenes y de ilusiones en perenne movimiento, que nos acompaña incluso durante el sueño. Y todos sabemos que no es bueno dar seguimiento a esta inclinación desordenada.

https://opusdei.org/es/article/papa-francisco-distracciones-oracion/

https://opusdei.org/es-es/article/tema-39-la-oracion/

DIOS SE REVELA
Le gusta hacerse de rogar
 


Santa Mónica, madre, maestra y modelo de Perseverancia en la Oración

Una vida marcada por la fe y la oración 
Santa Mónica (331-387), nacida en Tagaste, en el norte de África, es conocida en la Iglesia como el ejemplo de madre cristiana que, con paciencia y fe inquebrantable, conquistó con lágrimas y oración el corazón de su hijo, el gran San Agustín. Desde joven se distinguió por su piedad, prudencia y profunda caridad. Casada con Patricio, un hombre de carácter fuerte y temperamento difícil, supo ganarlo poco a poco para Cristo con su dulzura y perseverancia. 
Con su ejemplo silencioso y constante logró la conversión no sólo de su esposo, sino también de su suegra. Cuando Patricio murió, Mónica se dedicó plenamente a la oración y al cuidado espiritual de sus hijos, en especial de Agustín, que, en su juventud, había tomado caminos alejados de la fe, atraído por la filosofía maniquea y los placeres del mundo. Pero Mónica nunca se desalentó. Sus lágrimas, súplicas y sacrificios se convirtieron en una escuela de amor y perseverancia que, con el tiempo, dieron frutos abundantes.

El corazón de una madre que ora 
San Agustín mismo, en sus “Confesiones”, describe con emoción el amor y la fe de su madre: 
 “No cesaba de llorar por mí, orando por mí a Ti en todos los momentos de sus oraciones. Y escuchaste sus súplicas” (Confesiones, III, 11). 

 La conversión de Agustín no fue inmediata, sino el fruto de largos años de oración paciente. Cuando el joven decidió marcharse a Italia, buscando nuevas oportunidades, Mónica lo siguió, impulsada por la esperanza de que aquel viaje también marcaría el inicio de su retorno a Dios. Y así fue: en Milán, gracias a la predicación de San Ambrosio y al constante testimonio de su madre, Agustín abrazó finalmente la fe y recibió el bautismo en la Pascua del año 387.
 La figura de Santa Mónica nos recuerda que ninguna oración hecha con amor queda sin respuesta. Ella nos enseña que la paciencia, la fe y la confianza en Dios son el camino seguro para ver obrar al Espíritu Santo en nuestros seres queridos, incluso cuando los caminos parecen cerrados.







SAN AMBROSIO MAESTRO EN  LA ORACIÓN
La figura de San Ambrosio de Milán, cuya memoria litúrgica se celebra el 7 de diciembre. No cabe duda de que es uno de los grandes Padres de la Iglesia y un excelente guía espiritual que conduce hacia un encuentro vivo con Cristo.



Siendo todavía joven, tras la muerte de su padre, su madre lo llevó a Roma para asegurarle una educación retórica y jurídica. Por su alto nivel cultural, fue nombrado prefecto de las provincias de Liguria y Emilia, con sede en Milán, donde las luchas entre cristianos ortodoxos y arrianos eran contundentes. Su determinación para restablecer la paz y la comunión fue tan grande que, a pesar de encontrarse aún en el catecumenado cristiano, mereció ser aclamado por el pueblo como obispo de Milán. 
¿Qué le faltaba a ese hombre culto y formado para llevar adelante su nueva misión? Él mismo comprendió enseguida que le faltaba la escucha íntima y profunda de las Sagradas Escrituras: dejarse moldear y formar por ellas. Y se entregó a ello en cuerpo y alma.

En sus homilías e himnos —todavía presentes hoy en la liturgia— percibimos a un hombre que no solo medita la Palabra, sino que la deja resonar en el corazón hasta convertirla en un diálogo con Dios. Ese método llegó a guiar toda su predicación y sus escritos, que surgen precisamente de la escucha orante de la Palabra de Dios

Lc 11. 5-13    1-8h


5También les dijo: Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: «Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle»; 7y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: «No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte nada». 8Os digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11 O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? 12O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? 13Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?


Toda oración es escuchada por Dios, y los que perseveran en buscarle le encontrarán. Dios quiere ser encontrado por nosotros, así que esto no debería ser demasiado difícil para quienes tienen fe. Dios sabe que necesitamos este don, y nunca se lo negará a quienes se lo pidan. Así que, como escribió la Hna. Wendy Becket: “Simplemente pídelo y luego ve y vívelo”. Rezamos por la gracia de la perseverancia y por una mayor confianza.


Gn  14 y suguientes

13Aquella noche Jacob durmió allí, y de lo que tenía a la mano escogió regalos para su hermano Esaú: 14doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros, 
15treinta camellas recién paridas, con sus crías, cuarenta vacas, diez novillos, veinte asnas y diez asnos. 16Luego les entregó a sus siervos cada manada por separado, y les dijo: —Adelántense, y guarden alguna distancia entre manada y manada. 
17Al primero que envió, le ordenó: —Cuando te encuentre mi hermano Esaú, y te pregunte quién es tu amo, a dónde vas y de quién son los animales que llevas,
 18contéstale: "Es un regalo para usted, mi señor Esaú, de parte de Jacob, su servidor. Por cierto que él mismo viene detrás de nosotros." 
19También al segundo que envió, y al tercero, y a todos los que llevaban las manadas, les dijo: —Cuando encuentren a Esaú, díganle lo mismo, 
20y díganle también: "Jacob, su servidor, viene detrás de nosotros." Y es que Jacob pensaba: «Voy a calmar su enojo con los regalos que le envío por delante, y luego lo veré personalmente. Tal vez así me recibirá bien.» 
21Así, pues, los regalos se fueron antes, y él se quedó a pasar la noche en su campamento.

gn 22 al final

Jacob lucha con el ángel en Peniel
 22Aquella misma noche Jacob se levantó, tomó a sus dos esposas, sus dos esclavas y sus once hijos, y los hizo cruzar el vado del río Jaboc,
 23junto con todo lo que tenía. 
24Cuando Jacob se quedó solo, un hombre luchó con él hasta que amaneció;
 25pero como el hombre vio que no podía vencer a Jacob, lo golpeó en la coyuntura de la cadera, y esa parte se le zafó a Jacob mientras luchaba con él. 
26Entonces el hombre le dijo: —Suéltame, porque ya está amaneciendo. —Si no me bendices, no te soltaré —contestó Jacob. 
27—¿Cómo te llamas? —preguntó aquel hombre. —Me llamo Jacob —respondió él. 
28Entonces el hombre le dijo: —Ya no te llamarás Jacob. Tu nombre será Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 
29—Ahora dime cómo te llamas tú —preguntó Jacob. Pero el hombre contestó: —¿Para qué me preguntas mi nombre? Luego el hombre lo bendijo allí mismo.
 30Y Jacob llamó a aquel lugar Penuel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sin embargo todavía estoy vivo.» 
31Ya Jacob estaba pasando de Penuel cuando el sol salió; pero debido a su cadera, iba cojeando.
 32Por eso hasta el día de hoy los descendientes de Israel no comen el tendón que está en la coyuntura de la cadera, porque Jacob fue golpeado en esa parte.

sábado, 7 de marzo de 2026

BENDICIÓN SUPER POPULUM


En las misas feriales de Cuaresma nos encontramos después de la comunión con otra fórmula semejante que se llama “oratio super populum”. Le precede el aviso: “Humiliate capita vestra” (Inclinad vuestras cabezas), aviso que juntamente con el nombre de la oración y su contenido, indican que efectivamente se trata de una bendición. 

Entre los elementos que enriquecen la celebración de la Santa Misa están la bendición solemne o la oración “super populum”, con que se solemniza la bendición final de la Misa. 

 En la nueva edición del Misal aparece al final del formulario de la Misa diaria esta última oración “super populum”, que se realiza ad libitum, es decir, no es obligatoria, pero sí es aconsejable, porque forma parte de la más antigua tradición romana. 



 Sin embargo, y en general –salvadas las excepciones que sean- se realiza mal. 

Si nos vamos al Ordinario de la Misa encontramos cómo se realiza el rito. Terminada la oración de postcomunión, el sacerdote saluda a fieles diciendo: 

 V/ El Señor esté con vosotros. 

 R/ Y con tu espíritu.

 El diácono (y si no lo hay, el sacerdote) indica a los fieles la postura:

 V/ Inclinaos para recibir la bendición. Aquí todos se inclinan y permanecen inclinados hasta terminar la bendición, porque la bendición es gracia del Señor y la recibimos humildemente, como un don.

 Entonces el sacerdote extiende las manos sobre el pueblo; no como se extienden para las oraciones de la Misa o el prefacio (en forma de cruz, con las palmas de la manos hacia delante), sino imponiéndolas sobre el pueblo, como una epíclesis, una petición de descenso del Espíritu Santo y su gracia. 

 Con las manos así, sobre el pueblo, recita la oración, que concluye 

“por Jesucristo, nuestro Señor. 

–R/ Amén”. 

 E imparte la bendición: “La bendición de Dios todopoderoso, Padre…

” Son pequeños signos, pequeños ritos, pero elocuentes si se hacen bien. 

Esta bendición general,  que desde San Gregorio Magno sólo se reza en las misas feriales de Cuaresma y se limita a ella.

No  se puede olvidar la monición: “Inclinaos para recibir la bendición”, y en muchos casos la postura de las manos no es de epíclesis, invocación al Espíritu Santo, sobre el pueblo…

 ¿Qué suplican estas “oraciones super populum”? Por ejemplo: Señor, protege con tu mano poderosa a este pueblo suplicante; dígnate purificarlo y orientarlo para que, consolado en el presente, tienda sin cesar hacia los bienes futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 O también: Señor, que tu pueblo reciba los frutos de tu generosa bendición para que, libre de todo pecado, logre alcanzar los bienes que desea. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

 Y un último modelo: Ilumina, Señor, a tu pueblo para que cumpliendo tu santa voluntad pueda practicar siempre el bien. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Por eso, al contrario de las otras oraciones sacerdotales en cuyas peticiones el celebrante se incluye a sí mismo, redactándola en primera persona del plural, y hablando de nosotros, en la super populum, al menos en la mayor parte de ellas, el celebrante designa a los destinatarios de las gracias como “tu pueblo, tu familia, tu Iglesia”, es decir no se incluye a sí mismo.



 Con este tipo de oraciones se suplica la dirección interior de los fieles cristianos: desear a Dios, vivir santamente como fruto de la celebración eucarística, ser sostenidos por su gracia. Y es que, más en este tiempo de Cuaresma, necesitamos la bendición de Dios que nos sostenga en nuestra debilidad: son muchos (¡deberían ser muchos!) los ayunos, penitencias, mortificaciones, oraciones, ejercicios de misericordia y de caridad, y para no desfallecer, la bendición de Dios sostendrá nuestra debilidad.  

viernes, 6 de marzo de 2026

2º DOMINGO DE LA CUARESMA

“ Su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas ”





según san Lucas 15, 1-3. 11-32

 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

 Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. 
El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada. 

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 

La acogida del hijo que regresa se describe de un modo conmovedor: «Estaba él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó». Cuánta ternura; lo vio cuando él estaba todavía lejos: ¿qué significa esto? 
Que el padre subía a la terraza continuamente para mirar el camino y ver si el hijo regresaba; ese hijo que había hecho de todo, pero el padre lo esperaba. ¡Cuán bonita es la ternura del padre! La misericordia del padre es desbordante, incondicional, y se manifiesta incluso antes de que el hijo hable.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 

Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero estas palabras se disuelven ante el perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen comprender que siempre ha sido considerado hijo, a pesar de todo. Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y, por lo tanto, nadie nos la puede quitar, ni siquiera el diablo. Nadie puede quitarnos esta dignidad.

 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

Y empezaron a celebrar el banquete. 

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 

En la parábola hay otro hijo, el mayor; también él necesita descubrir la misericordia del padre. Él ha estado siempre en casa, ¡pero es tan distinto del padre! A sus palabras le falta ternura: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya… y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo…».
 Vemos el desprecio: no dice nunca «padre», no dice nunca «hermano», piensa sólo en sí mismo, hace alarde de haber permanecido siempre junto al padre y de haberlo servido; sin embargo, nunca ha vivido con alegría esta cercanía.

Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 
Y ahora acusa al padre de no haberle dado nunca un cabrito para tener una fiesta. ¡Pobre padre! Un hijo se había marchado, y el otro nunca había sido verdaderamente cercano. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque nos marchamos lejos o porque estamos cerca sin ser cercanos.

Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 
El hijo mayor, también él necesita misericordia. Los justos, los que se creen justos, también ellos necesitan misericordia

El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».


En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en la situación más fea de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.
Este hijo,mayor nos representa a nosotros cuando nos preguntamos si vale la pena hacer tanto si luego no recibimos nada a cambio. […] Este Evangelio nos enseña que todos necesitamos entrar en la casa del Padre y participar en su alegría, en su fiesta de la misericordia y de la fraternidad. Hermanos y hermanas, ¡abramos nuestro corazón, para ser «misericordiosos como el Padre»!”

VIERNES

“ La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular ”



san Mateo 21, 33-43, 45-46

 En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
 Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 
Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. 

Dios nunca ha estado de acuerdo con los sacrificios humanos. En esta parábola, el Padre consiente mandar a la viña al propio hijo. Nos peguntamos: ¿Qué padre de este mundo, después de ver que han asesinado a sus criados, es capaz de entregar a su propio hijo?

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. 
Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Sólo el amor loco y escandaloso de Dios es capaz de hacer eso. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito” (Jn. 3,16). El Padre, al entregar al hijo de sus entrañas, se entregó él mismo por nosotros.  

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Con esta pincelada, el evangelista Mateo nos está diciendo que hay ahora un nuevo pueblo de Dios. La Iglesia debe dar los frutos que Dios esperó del pueblo de Israel y no lo consiguió. Para eso debe contar con la fuerza del Espíritu. Nuestros frutos deben estar en proporción con el amor derrochador de Dios.




Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida.

 ¿Somos una viña que da sus frutos a Dios? ¿o le estamos defraudando año tras año? ¿somos infieles? ¿o tal vez perezosos, descuidados? Vamos hacia la Pascua, que es el paso de la muerte a la vida.

JUEVES

JUEVES

“ Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen ”



según san Lucas 16, 19-31 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del pobre Lázaro. Al escuchar esta parábola podemos echar “balones fuera”, -permitidme la expresión-, es decir, que no va conmigo, un peligro es pensar que como yo no soy rico, conmigo no va, este es para otros, pensar que va solamente dirigido a los que disfrutan de grandes posesiones. Sin embargo, la enseñanza de la parábola, en mayor o menor medida, tiene aplicación para todos. Primeramente es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”


 Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. 

Según los comentaristas, en aquella época las comidas se servían en un solo plato y éste se limpiaba con la miga del pan, de modo que pudiera servir para el resto de la comida. 
Pues bien, esas migas sucias, que habían servido para limpiar el plato, se tiraban al suelo para que las comieran los perros. Y aquel ricachón ni siquiera eso le daba al pobre Lázaro.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 

Otro punto para la reflexión es que todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra ayuda: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga, una llamada siempre a compartir. Si les cerramos nuestro corazón,

Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 

Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 
Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 
Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar.
 Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.

MIÉRCOLES
“ Estamos subiendo a Jerusalén ”
según san Mateo 20, 17-28 

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». 

Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda»

Desde el principio, en el mismo Paraíso, el hombre quiere ser como Dios; después quiere levantar una torre que llegue al cielo. Si lo propio de Dios es “bajar” el hombre se empeña en “subir”. Y esto está tan metido en nuestro corazón humano que hasta los mismos apóstoles que siguen a Jesús por el camino de la Cruz, van pensando en los primeros puestos. San Mateo, al escribir su evangelio, debió de sentir rubor al poner por escrito este hecho y trató de disimularlo metiendo a la madre por medio..

 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. 

Lo peor es que, a más de veinte siglos de distancia, todavía en la Iglesia se piensa en cargos honoríficos, ascensos, lujosos ornamentos, dignidades etc. Hoy más que nunca la Iglesia necesita sacerdotes, religiosos y laicos que, ante la pregunta del Señor: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? puedan responder con humildad: Señor, nosotros con nuestras fuerzas, no; pero con tu gracia, ¡podemos!

Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 

No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. 

Hoy Jesús te pregunta a vos, qué necesitas. Qué es lo que andas buscando de Dios, qué es lo que necesitas en tu vida para realizarte, el problema es que muchas veces creemos que sólo necesitamos poder para realizarnos como personas. 


Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
 Podés estar cerca de Jesús, pero no interesarte por Jesús sino más bien usar de Jesús para tener prestigios personales, ese no es el verdadero seguimiento.



Subir a Jerusalén: Es ir al encuentro de aquel lugar donde estamos llamados a redimirnos, es asumir ese lugar y ese espacio donde me realizo como persona. Tu Jerusalén puede ser ese lugar que sabes que te cuesta pero es tu lugar, Jerusalén puede ser tu casa, tu trabajo, tu parroquia. En fin, ese lugar de lucha cotidiana.

Hoy Jesús te vuelve a recordar que está llamados al servicio, tu vida debe ser un constante servir. No podés estar atrás de puestos siempre, hay personas que se esclavizan al poder creyendo que logran realizarse, pero en el fondo van perdiendo dignidad. 
Esto lleva a la ausencia de un objetivo en su vida y se casan con el medio y no con el fin de la vida que es la felicidad. Cuidado, la plata y el poder son tentadores. Es fácil meterse pero complicado salir, la clave

MARTES

“ Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos ”






según san Mateo 23, 1-12 

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Son palabras de Jesucristo acerca de los fariseos y los escribas, tan compuestos y preparados pero tan vacíos en su práctica. Muchos conocimientos para señalar y acusar a unos y otros pero sin la mínima auto-critica para empeñarse en vivir con coherencia.

 Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 
Aquellos eran expertos en reprochar a los demás sus errores pero todo lo que decían, para Jesús eran palabras vacías porque “no hacen lo que dicen”. Así, Jesús advierte “haced lo que dicen pero no hagáis lo que ellos hacen”. La doctrina era correcta pero la práctica nula, su vida era pura incoherencia.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. 


Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 

Reflexionamos sobre unas palabras sorprendentes de Jesús: “A nadie llaméis padre en la tierra. Sólo es Padre el que está en el cielo”. El verdadero Padre es Dios porque lo propio del Padre-Dios es “dar y darse” del todo en el hijo. En esta vida nadie puede llamarse propiamente padre porque las personas en este mundo estamos para dar y recibir”.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 

En este sentido sólo Jesús es el “Maestro de la vida”. Los demás pasamos por la vida “enseñando y aprendiendo” los unos de los otros. Nadie es tan ignorante que no tenga algo que enseñar; ni tan sabio que no tenga algo que aprender.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». 
Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos, no vaya a ser que Jesucristo, por boca de cualquiera, nos repita aquellas palabras “ellos no hacen lo que dicen”


 LUNES


“ Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso ”




según san Lucas 6, 36-38 
El pasaje del Evangelio de Lucas de la liturgia de este lunes de cuaresma es una invitación expresa a amar a los demás como Dios nos ama.
Este es el reto que nos plantea Jesús en este discurso que sigue a las Bienaventuranzas. Nuestro amor puede ser pequeño, egoísta y mezquino. Hemos de amar con el amor con que Dios nos ama, el generoso y compasivo, el que no tiene medida, no juzga y perdona siempre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».



Nos da miedo amar así, a fondo perdido. No es más que volcar la misericordia que yo recibo, en los demás. Es reconocer que ese amor de Dios para mí, también es para todos. Así es el amor del Padre, y el que nos pide a sus hijos.
 Es el amor que libera, perdona, hace bien. Es el amor que arriesga y se entrega. Merece la pena, en esta cuaresma, revisar cómo es mi amor, qué calibre de generosidad y capacidad de perdón tiene.


DOMINGO

“ Este es mi Hijo, el amado… escuchadle ”



Para entender este texto hay que tener en cuenta los símbolos que emplea: La montaña es lugar de las manifestaciones de Dios. Moisés y Elías significan la Ley y los Profetas. La blancura, es signo de divinidad. La voz del Padre es para decirnos quien es su Hijo Amado a quien únicamente ya debemos escuchar.

evangelio según san Mateo 17, 1-9 

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 

Notemos que Jesús se lleva a Pedro, Santiago y Juan. No porque sean sus predilectos sino porque tienen que cambiar de postura. Santiago y Juan, ante los samaritanos que no han querido recibir a Jesús, han pedido que cayera sobre ellos “fuego del cielo”. Son violentos.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 

Los dos máximos representantes del Antiguo Testamento, testigos de las palabras de Dios desde la nube, nos invitan a buscar y encontrar y escuchar a Jesús, Palabra del Padre, en las Escrituras:

Y cuando están en el Monte quiere permanecer allí. Ya no quiere bajar. Han de subir a la montaña de Dios para cambiar de actitudes.

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». 

la Transfiguración del Señor nos recuerda que estamos llamados a vivir el encuentro con Cristo, para que iluminados por su luz, podamos llevarla y hacerla brillar en todas partes, como pequeñas lámparas del Evangelio que llevan un poco de amor y de esperanza.

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».

 Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».



Tabor, en este segundo domingo de la Santa Cuaresma, es el compromiso de acompañar a un Jesús que se ofrece como camino, recorrido con cruz, para que el hombre no olvide ni su dignidad ni su ser hijo de Dios. No nos podemos quedar cómodamente sentados en la felicidad de nuestros sueños; en una fe personal y privada

VISITAS AL CRISTO DE MADINACELI 2026

Ayuso y Almeida participan en el tradicional besapiés al Cristo de Medinaceli junto a miles de fieles en Madrid



 Almeida participa en el besapiés al Cristo de Medinaceli y pide “paz, salud y empleo para Madrid”



 El alcalde acude a la basílica madrileña en el tradicional acto del primer viernes de marzo, que reúne cada año a miles de fieles





El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha participado este viernes en el tradicional besapiés al Cristo de Medinaceli, una de las celebraciones religiosas más multitudinarias de la capital que se celebra cada primer viernes del mes de marzo. 



 Durante su visita a la Basílica de Jesús de Medinaceli, el alcalde ha trasladado a la imagen sus “deseos de paz, salud y empleo en estos tiempos difíciles”, así como su esperanza de que la sociedad alcance “un mejor entendimiento del que estamos teniendo


La presidenta regional  de Madrid



y el alcalde de Madrid 




han acudido a la Basílica de Jesús de Medinaceli en el primer viernes de marzo para venerar al Nazareno.


Frente al Cristo de Medinaceli, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha recordado la importancia de saber de dónde venimos y de mantener vivas las tradiciones que nos conectan con la historia y la fe de Madrid.



 Además, ha lanzado un mensaje contra las injusticias, los abusos y la explotación de mujeres y niñas obligadas a casarse contra su voluntad.



Una tradición profundamente arraigada en Madrid 

El besapiés al Cristo de Medinaceli es una de las tradiciones religiosas más arraigadas entre los madrileños, congregando cada año a miles de fieles que acuden al templo para rendir homenaje a la imagen del Nazareno. 



 Durante toda la jornada, devotos y visitantes forman largas colas para participar en el acto de veneración, considerado por muchos como uno de los momentos más simbólicos de la religiosidad popular madrileña. 

 Acompañado por el concejal del distrito Centro, Carlos Segura, el alcalde se ha sumado a esta tradición que se repite año tras año en la capital.



El Cristo de Medinaceli, símbolo de devoción popular

 La Basílica de Jesús de Medinaceli alberga la popular imagen del Cristo de Medinaceli, un Nazareno del siglo XVII que se ha convertido en una de las figuras religiosas más veneradas en Madrid.

 El templo se levanta sobre el antiguo convento de los trinitarios descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación, y a lo largo de los años ha consolidado su papel como uno de los principales centros de devoción de la ciudad. 

 Cada primer viernes de marzo, miles de personas acuden al besapiés con la tradición de formular tres peticiones al Cristo de Medinaceli, una costumbre profundamente arraigada entre los fieles madrileños.

PRIMER VIERNES DE MARZO EN MADRID

Miles de devotos se citan este viernes en el tradicional besapiés de Jesús de Medinaceli: "Pedimos lo de siempre, salud"

La Basílica del 'Señor de Madrid' ha abierto sus puertas desde las 00.00 horas para agilizar el paso de los fieles



 Miles de personas se citan este primer viernes de marzo, festividad popular de Jesús de Medinaceli, en torno al templo que alberga la imagen de este Nazareno para participar en el tradicional besapiés de la imagen del considerado 'el Señor de Madrid'. 


 El templo ha abierto sus puertas a las 00:00 horas de este 6 de marzo para facilitar que los fieles puedan acceder a su interior y se cerrará tras el pase del último devoto. Además, se celebrarán misas a las horas en punto, según el programa de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli. 

 La Reina Sofía acudirá al templo en representación de la Casa Real, como suele ser habitual cada año. También lo harán el alcalde, Martínez-Almeida, y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. 

 "Pedimos lo de siempre, salud", confiesan algunas devotas a las puertas de la iglesia, en el programa Buenos Días Madrid. Algunos fieles llevan dos semanas haciendo cola para ser los primeros en acceder al recinto, aguantando -como ocurre este día- la lluvia y el frío en la calle. 


 


Según datos de la Policía Municipal de ediciones anteriores, la afluencia de fieles en el templo coincidiendo con el primer viernes de marzo suele rondar las 300.000 personas, cifra que se eleva hasta el millón que acompañan a esta imagen de Cristo en la procesión que protagoniza en Semana Santa. En los primeros viernes de marzo pasados, los devotos han llegado a protagonizar una fila de hasta un kilómetro de longitud a la espera de poder entrar en la basílica para ver la imagen en esta fecha.

 La Basílica de Jesús de Medinaceli es una de las cinco basílicas que existen en Madrid, famosa por albergar la imagen del Cristo de Medinaceli, un cristo nazareno del siglo XVII de gran devoción entre los madrileños. El templo, declarado basílica menor por el papa Pablo VI en 1973, se levanta sobre el antiguo Convento de trinitarios descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación. Es la sede canónica de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli.

La reina Sofía cumple con el rito de venerar el primer viernes de marzo al Cristo de Medinaceli.


La madre del Rey ha llegado a las inmediaciones de la iglesia sobre las 12 del medio día y, al salir del coche, ha saludado con la mano a algunas de las miles de personas que, a pesar de la lluvia y el frio, hacían cola para cumplir con la tradición que consiste en besar el pie de la talla de madera que representa al Cristo y, al tiempo, rogarle su intercesión . Ya dentro de la iglesia y mientras el órgano interpretaba los acordes del himno nacional, la reina Sofía ha avanzado por la nave central entre los aplausos y de los fieles, muchos captando la escena con su móvil, que habían conseguido entrar los primeros.



Cumpliendo con la tradición centenaria de la familia real, pero como acto de carácter privado dado el contenido religioso, la reina Sofía ha sido la encargada de acudir, este viernes, el primero de marzo en tiempos de Cuaresma, al tradicional besapié a la imagen del Cristo de Medinaceli que se venera en la iglesia del mismo nombre ubicada en Madrid, a escasos metros del Congreso de los Diputados. La madre del Rey, que vestía de alivio luto, traje pantalón negro, camisa blanca y foulard blanco y negro, ha llegado en coche hasta las puertas del templo.



El año pasado fue el Rey quien cumplió con el rito religioso como hizo en 2024 y 2018, mientras que en otros primeros viernes de marzo, la encargada de mantener la tradición, como en esta ocasión, ha sido su madre, la reina Sofía y también, la infanta Elena. En 2004, a dos meses de su boda, el entonces príncipe acudió con su prometida Letizia Ortiz; la actual reina, que no oculta su laicismo, no ha vuelto al templo.

JESÚS DE MEDINACELI II

SIGUE SU HISTORIA


Durante la Guerra Civil, el día 13 de marzo de 1936 los devotos y vecinos del convento lograron impedir que la imagen fuera destruida por un piquete de revolucionarios.

El 17 de julio los frailes ocultaron la imagen en una caja de madera, y envuelta en sábanas, en los sótanos del convento.

 Alojándose en el mismo el batallón republicano conocido con el sobrenombre de "Margarita Nelken", y para mitigar el frío del invierno madrileño que allí padecían sus tropas, al buscar unas tablas para calentarse se encontraron con la sorpresa de la caja que contenía la sagrada imagen... Al comprobar Juan Manuel Oliva, jefe del batallón, "a las cuatro de la tarde" que se trataba del Cristo de Medinaceli, no sólo por motivos artísticos, sino también religiosos, entregó la imagen a la "Junta del Tesoro", que la trasladó bien pronto a la ciudad de Valencia, concretamente al Colegio del Patriarca.

 En marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y desde allí , el día 3 de febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra, a la que llegó el día 12 de febrero

.Jesús de Medinaceli a su regreso de Ginebra

Cuando terminó la guerra y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor, representante del nuevo Gobierno español, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de mayo de 1939, siendo esperada con toda devoción en Pozuelo de Alarcón, pueblo cercano a Madrid.
 Allí fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, momentáneamente al monasterio de la Encarnación.
La víspera de la festividad de San Isidro, el día 14 de mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la veneración de multitud de devotos.



Siempre, pero sobre todo los viernes del año, y de forma multitudinaria el primer viernes de marzo, son incontables las personas que acuden a venerar al Cristo de Medinaceli, para lo que han de aguantar largas horas de espera y de incomodidades aún climatológicas, hasta conseguir besarle el pie y formularle las tres peticiones rituales.

La procesión  que a las siete de la tarde comienza a recorrer las calles de Madrid con la imagen del Cristo el Viernes Santo y que organiza la "Archicofradía Primaria nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno" es espectacular y en ella son muchos los que le expresan sus muestras de devoción, agradecimiento y sacrificio de múltiples maneras, rozando algunas de ellas hasta los límites de lo esperpéntico a veces, y otras, de los sacrificios cruentos.

Los viernes son días especiales para venerarla.
Recibe culto en la Iglesia de los RR.PP. Cacpuchinos de la Calle Jesús de la capital. Preside el templo desde su camarín.



El Papa Pablo VI el día 1 de septiembre de 1973 elevaría a Basílica Menor la iglesia de Nuestro Padre Jesús.

LA IMAGEN

Representa el momento en que Pilatos, dirigiéndose al pueblo judío, le dice: "Ecce Homo, he aquí al Hombre".


La imagen de Jesús tiene una altura 173 cm y fue elaborado en talleres sevillanos hacia el siglo XVII.
 Es de talla completa pudiendo ser presentado sin vestir, constando entonces de un paño de pureza.
 Tiene una mirada que refleja un gran sufrimiento así como una gran paciencia.
 La talla está encorvada por el dolor de espalda producido por la flagelación .



. La imagen tiene una cabellera tallada a pesar de que no se muestre al estar tapada por la "artificial" que se le pone.
 La imagen consta de un gran ajuar compuesto por más de treinta túnicas entre las que destacan una de 1846, regalada por el rey Francisco de Asís y otra de 1883, regalo de la Duquesa de Medinaceli.



 Para las grandes ocasiones como el primer viernes de Marzo o la procesión, Jesús luce una corona de oro macizo de medio kilo de peso con piedras preciosas incrustadas, regalo de los joyeros madrileños en la década de los cincuenta.