YA ES SEMANA SANTA

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miércoles, 15 de abril de 2026

II DOMINGO DE PASCUA

JUEVES 

“ El que Dios envió habla las Palabras de Dios ”

Sigue el discurso dicotómico entre la tierra y el cielo, entre la carne y el espíritu, entre lo que es de los hombres y lo que es de Dios.

según san Juan 3, 31-36 

El que viene de lo alto está por encima de todos

En este evangelio “arriba y abajo” son algo más que simples adverbios de lugar. Arriba significa “trascendente” el mundo del Espíritu, el mundo de Dios. Abajo hace relación a nuestro pequeño mundo “inmanente” cerrado en sí mismo. Desde el momento en que Dios ha determinado “encarnarse” en este mundo, el cielo ha bajado a la tierra y la tierra ha subido al cielo.

El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. 

El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. 

Por eso dice Jesús que “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”. Por eso es peligroso oponer lo humano y lo divino; lo espiritual y lo material.

El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. 

El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

Persona espiritual no es aquella que sólo se dedica a las cosas espirituales y se desentiende de este mundo, sino la persona que posee el Espíritu de Jesús y se va liberando de todo aquello que le “despersonaliza”.

 El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.



Somos testigos de lo que Dios ofrece graciosamente a los hombres en su Hijo, por eso nuestra fe no consiste solo en afirmar que Jesús es el Cristo, sino en aceptar ser hijo de Dios en Él y vivir como tales.

MIÉRCOLES

“ Tanto amó Dios al mundo ”





según san Juan 3, 16-21

 Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Me quiero detener en ese “tanto”. Lo podríamos traducir diciendo. Hasta tal extremo, hasta tal inmensidad, hasta tal locura nos amó Dios Padre que nos entregó lo mejor que tenía: su propio Hijo. No olvidemos una cosa: el que escribe el Evangelio es el “discípulo amado”.

 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

El discípulo que ha descansado su cabeza sobre el pecho de Jesús. No es un maestro sino un testigo que ha vivido con Jesús algo tan grande, tan maravilloso, que ha quedado seducido por esa persona y ya no puede vivir sin pensar en Él, sin soñar con Él, sin trabajar por su causa.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. 

Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 

Cuando escribe su evangelio ya ancianito todavía sus ojos se le llenan de lágrimas y su corazón de ternura.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Si alguien le pregunta a JUAN qué debemos hacer los cristianos, contesta: “Amaos unos a otros como Jesús nos ha amado”. El evangelio de Juan sólo puede leerse de rodillas, en silencio y con ojos de enamorado.

MARTES

“ Así es todo el que ha nacido del Espíritu ”


según san Juan 3, 7b-15

El evangelio de hoy es la continuación del encuentro con Nicodemo. La invitación a NACER DE NUEVO.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. 

 Nos puede suceder lo mismo que a Nicodemo, que nos extrañamos de lo que Jesús nos pide. El mundo nos presenta las cosas de una manera y nos sorprendemos de las exigencias del evangelio. Pero Jesús no rebaja su mensaje: tenemos que nacer de nuevo.

Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? 

Es decir, cuando el egoísmo nos empuja a pensar en nosotros mismos, cuando sentimos que no tenemos tiempo para los demás… tenemos que nacer de nuevo, dejar los criterios del ambiente, la moda, los deseos propios e ir contracorriente y escuchar las luces del Espíritu Santo que nos llaman a más generosidad, servicio y entrega.

En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. 

Posiblemente, surja también en nosotros la pregunta de Nicodemo: ¿Cómo puede ser esto? Basta escuchar la voz de Cristo, ser fiel a la conciencia rectamente formada, vivir con coherencia la fe, etc., de tal manera que se produzca en nosotros un nuevo nacimiento, que lo que antes parecía esencial, ahora sea como basura , -como la experiencia de S. Pablo-, con tal de complacer al Señor.

Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 

No olvidemos que para nacer de nuevo, se requiere primero morir a uno mismo. El que quiera seguirme, -dice el Señor-, que se niegue a sí mismo. El primer obstáculo para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros, muchas veces, es nuestro yo, egoísmo, criterios, orgullo, criterios…

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».



Y en la segunda parte, nos lanza el interrogante cómo es nuestra fe. «Si no creéis…» que desdichados somos. Sin embargo, termina recordándonos que todo el que cree en Él -Jesucristo, el Señor- tiene vida eterna. 

Podemos detenernos un poquitín en todos los beneficios y ventajas que nos reporta vivir descansando en el Señor y confiando en Él. 

 Gran tesoro, gran regalo, Dios colma nuestras aspiraciones y nos capacita para vivir en plenitud.

 LUNES

“ Tenéis que nacer de nuevo ”



según san Juan 3, 1-8

Nicodemo visita a Jesús de noche. A escondidas. Teme por su posición. Pero le puede la intriga, el misterio que envuelve la predicación del galileo al que llaman Maestro.

 Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». 

Y abre la conversación confesando su conexión directa con Dios, a tenor de los signos que ha presenciado. Dice mucho de su talante, de su mente abierta, de su disposición a acoger el mensaje salvador, pero de inmediato tropieza con la limitación humana.

Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

 Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». 

Jesús habla de un nacimiento nuevo. Y Nicodemo no lo entiende. Jesús no está hablando de una metáfora, no es una parábola en la que alguien puede hacer como que nace de nuevo; el estupor de Nicodemo está ahí para amartillar nuestra propia incapacidad de comprender el misterio.

Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 

Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 

Más allá de esa frontera está la gracia del Espíritu que renueva la faz de la tierra, también la historia personal de quien se bautiza. No se trata de tomar impulso para cruzar de una orilla a otra, como si dependiera del esfuerzo en el salto o el entrenamiento para salvar la corriente que separa la carne y el espíritu a los que se refiere Jesús. No.

No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

 Se trata de fe. De confiar en que Dios enviará su Espíritu para que transforme el hombre viejo en hombre nuevo. Es Cristo el camino, es Jesús el único puente. 



Nicodemo calla y otorga. Reaparecerá al final del Evangelio cargando los pies de Cristo camino del sepulcro. Es probable que, para entonces, ya habría entendido lo de nacer de agua y de Espíritu, ¿no crees?.

DOMINGO

“ Hemos visto al Señor



según San Juan 20, 19-31 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. 

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 

Cristo se aparece a sus discípulos. No es otro el que resucita sino el Crucificado, por eso les muestra las manos y el costado. Él les dice «paz a vosotros», saludo común de los judíos que se transforma aquí en bendición y anuncio pascual.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. 

Las llagas pueden ser curadas y el miedo puede tornarse en alegría. El Resucitado les regala los dones de la Pascua: paz, misión, Espíritu y perdón.

Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 

Ellos testigo del Resucitado, impulsado por el Espíritu Santo, emprende con entusiasmo la misión de anunciar la paz, que se realiza por el perdón de los pecados.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

 Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 

La causa del escepticismo de Tomás estriba en que no estaba junto a los demás creyentes cuando por primera vez se les apareció el Resucitado.

 Creer en Jesucristo requiere ineludiblemente participar en la vida de la comunidad. Esta es otra de las grandes enseñanzas pascuales.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

 Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 

En la figura de Tomas nos podemos ver reflejados alguno de nosotros, porque con alguna frecuencia hemos podido actuar así, exigiendo signos, se nos podría acusar también a nosotros que tenemos el corazón endurecido para creer, para confiar, para dejarnos transformar por la Palabra del Señor,

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

 Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? 

Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.


Papa San Juan Pablo II: 2002

La liturgia de hoy nos invita a encontrar en la Misericordia divina el manantial de la auténtica paz que nos ofrece Cristo resucitado. Las llagas del Señor resucitado y glorioso constituyen el signo permanente del amor misericordioso de Dios a la humanidad. De ellas se irradia una luz espiritual, que ilumina las conciencias e infunde en los corazones consuelo y esperanza. Jesús, ¡en ti confío!, repetimos en esta hora complicada y difícil, sabiendo que necesitamos esa Misericordia divina que hace medio siglo el Señor manifestó con tanta generosidad a santa Faustina Kowalska. Allí donde son más arduas las pruebas y las dificultades, más insistente ha de ser la invocación al Señor resucitado y más ferviente la imploración del don de su Espíritu Santo, manantial de amor y de paz.”

3º VIAJE APOSTOLICO ARGELIA II

 Programa del día 

Tras la ceremonia de bienvenida, el Papa León XIV rendirá homenaje al Monumento a los Mártires de aqam Echahid inaugurado en 1982 para conmemorar el vigésimo aniversario de la independencia. 


El programa de hoy, 13 de abril, incluye también una visita de cortesía al Presidente de la República y una reunión con autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. 

https://youtu.be/-qDPSH2fe_w?si=RyXNHUh8orhWxn-7





El Papa en la Gran Mezquita de Argel: Con el respeto mutuo construyamos la paz León XIV inicia la tarde de su viaje apostólico a África con una visita al majestuoso templo islámico, donde guarda un breve silencio. Allí dialoga con el rector, reiterando el llamado a promover la paz y el perdón, y destacando el valor del estudio, la búsqueda de la verdad y el respeto por cada ser humano.

Una tormenta de viento y lluvia azotó Argel, mientras que León XIV, tras sentarse y quitarse los zapatos, entró en la Gran Mezquita de la capital argelina alrededor de las 15:55. Permaneció allí poco menos de diez minutos, algunos de los cuales los dedicó a la reflexión silenciosa ante el mihrab , acompañado por el rector, Mohamed Mamoun Al Qasimi, con quien compartió un momento privado marcado por el intercambio de regalos y un diálogo en el que el Papa reiteró el llamamiento al respeto mutuo y al respeto a la dignidad de cada persona, así como la exhortación a ser promotores de la paz y el perdón.


Entre el arte tradicional y el contemporáneo 

Los dos, vestidos de blanco, habían caminado previamente uno al lado del otro, entre las brillantes columnas blancas que resaltaban la alfombra floral azul y la enorme lámpara de araña de cristal. El arte islámico tradicional y el diseño contemporáneo se fusionan en este majestuoso lugar de culto, que abarca aproximadamente 27 hectáreas con vistas a la bahía de Argel. Es la tercera mezquita más grande del mundo, después de La Meca y Medina, y la mayor de África, con capacidad para albergar a unas 120.000 personas. Su minarete de 267 metros es el más alto del mundo. Mientras tanto, la gran cúpula, revestida con una estructura decorada y superpuesta con placas de aluminio dorado con ornamentos árabes típicos, se puede ver desde kilómetros de distancia, rompiendo la monotonía del paisaje gris.



 Mirando hacia arriba 

En el interior nadie hablaba; todos miraban fijamente las bóvedas blancas. Una joven envuelta en su chador hacía de guía del Papa, susurrando algunas notas históricas y artísticas sobre el lugar. Dos cardenales estaban presentes: George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, y Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel. 

León XIV, en su segunda visita a un lugar de culto islámico después de la Mezquita Azul de Estambul, alzó la cabeza varias veces. Miró a su alrededor y luego se dirigió hacia el mihrab , el nicho que indica la dirección de La Meca, donde se encuentra la Kaaba. Tras unos segundos de silencio, se tomó una foto con el rector, con quien pasó a la sala privada.

Diálogo con el rector 

Aquí, un momento de diálogo con el rector, marcado por la gratitud por estar en un «lugar que representa el espacio que pertenece a Dios», como parte de un viaje a Argelia, «también la tierra de mi padre espiritual, San Agustín, quien tanto quiso enseñar al mundo, especialmente a través de la búsqueda de la verdad, la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de todo ser humano y la importancia de construir la paz». «Buscar a Dios», afirma el Pontífice, «es también reconocer la imagen de Dios en cada criatura, un hijo de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios». Por lo tanto, es importante «aprender a convivir con respeto a la dignidad de cada persona».

La importancia de "buscar la verdad" 



El Papa León XIII también elogia la creación de un centro de estudios en la Mezquita, pues subraya que «es importante que los seres humanos desarrollen la capacidad intelectual que Dios nos ha dado, para que podamos descubrir la grandeza de la creación». Por ello, anima a la gente a «buscar la verdad», «a través del estudio» y «a través de la capacidad de reconocer la dignidad de cada ser humano» a «aprender a respetarnos, vivir en armonía y construir un mundo de paz». El Papa asegura sus oraciones «por el pueblo de Argelia» y «por todos los pueblos de la tierra», para que «la paz y la justicia del Reino de Dios estén también entre nosotros, y para que todos estemos cada vez más convencidos de la necesidad de promover la paz, la reconciliación, el perdón y lo que verdaderamente es la voluntad de Dios para toda su creación».


La firma del libro de honor 

Finalmente, antes de despedirse y dirigirse a Bab El Oued para una visita privada al Centro de Acogida y Amistad de las Hermanas Misioneras Agustinas y, posteriormente, a la Basílica de Notre Dame d'Afrique, León XIV firmó el Libro de Honor. El mensaje, escrito en francés, decía: «Que la misericordia del Altísimo preserve al noble pueblo argelino y a toda la humanidad en paz y libertad».



https://youtu.be/yKQ1ESgbcSc?si=B5fkNXD6JzCaH8JX



El Papa recuerda a las mártires agustinas: Es posible vivir en paz Esta tarde, en Bab El Oued, provincia de Argel, León XIV visitó el Centro de Acogida y Amistad de las Hermanas Misioneras Agustinas para rendir homenaje a sus compañeras asesinadas el 23 de octubre de 1994 durante la guerra civil. «Su presencia aquí significa mucho», expresó, subrayando que de San Agustín aprendemos a «promover el respeto por la dignidad de cada persona» y a valorar las diferencias.


El Pontífice acudió a rendir homenaje a la memoria de Sor Esther Paniagua y Sor Caridad Álvarez Martín Alonso, las dos agustinas que vivían aquí y fueron asesinadas durante la guerra civil argelina el 23 de octubre de 1994, cuando se dirigían a misa. Las monjas figuran entre los 19 mártires de Argelia, beatificados en Orán, en el santuario de Notre-Dame de Santa Cruz, el 8 de mayo de 2018.


Una valiosa presencia en Argelia 

En el Centro Bab El Oued, donde se realizan numerosas actividades para niños, jóvenes y adultos, y donde las mujeres pueden participar en clases de costura, ganchillo y pintura, así como en talleres de joyería, se reunieron seis monjas de las dos comunidades agustinas de Argel, Notre Dame d'Afrique y Dar El Beïda. Tras un momento de oración con las monjas y un saludo de la hermana Lourdes Miguélez, compañera de las dos agustinas asesinadas, «el Papa se dirigió a ellas, recordando la historia de las dos mártires y de las demás», informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede en su canal de Telegram.



El Papa destacó que los 19 mártires de Argelia son "una presencia preciosa en esta tierra" que le ha permitido "descubrir una dimensión inscrita en el corazón de lo que debería ser la vida agustiniana en el mundo: dar testimonio, martirio". "Su presencia aquí significa mucho", dijo León XIV, recordando una visita anterior a Bab El Oued. Al hablar con las hermanas agustinas, el Papa enfatizó el "don" de San Agustín "en esta parte del mundo" y "la promoción del respeto a la dignidad de cada persona". El obispo de Hipona sigue diciendo hoy "que es posible vivir en paz, valorando las diferencias". El Papa también agradeció a las monjas y las exhortó a seguir adelante, recordando que la fiesta de los 19 mártires de Argelia se celebra el 8 de mayo, día de su elección.


Regalos para el Papa 

Diez mujeres que frecuentan el centro también se reunieron con León XIV en el Centro de las Hermanas. Junto con las monjas, le obsequiaron al Papa un pequeño rosario con un medallón que representa a la Hermana Ester y a la Hermana Caridad, y una estola con el emblema agustino —un libro y un corazón atravesado por una flecha, que simboliza la experiencia de la conversión de San Agustín— en un lado y la inscripción árabe "Dios es amor" en el otro, enfatizando el mensaje de fraternidad que León XIV quería relanzar desde Argelia.


https://youtu.be/-gd2e0IvZFA?si=SWGomUvqX0_UNkIu

3º VIAJE APOSTOLICO ARGELIA


13 DE ABRIL 

Esta mañana, a las 9.06 hora de Roma, partió el vuelo papal, con el Papa León XIV y el séquito a bordo, desde el aeropuerto internacional de Roma-Fiumicino con destino a Argelia, la primera etapa de su 3º Viaje Apostólico Internacional, en el cual visitará 4 países de África, del 13 al 23 de abril de 2026. 

 El avión papal, de la línea aérea ITA A330-900neo, recorrerá un total de 1.029 km a lo largo de dos horas de vuelo y sobrevolará Italia, Francia y Argelia. Durante el vuelo está previsto el saludo del Santo Padre a los periodistas, la foto con la tripulación, y el desayuno a bordo. 

SALUDOS






Telegramas a los presidentes de los países sobrevolados 

En el telegrama enviado al presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, el Papa extiende sus saludos y asegura sus oraciones «por el bien y la prosperidad de todo el pueblo italiano». A continuación, recuerda su viaje a los cuatro países que visitará, emprendido con un «profundo deseo de encontrarme con sus hermanos en la fe y los habitantes de esas amadas naciones».


Ceremonia de bienvenida 



A su llegada al Aeropuerto Internacional de Argel «Houari Boumédiène», el Papa fue recibido por el presidente de la República. 

Y una niña le obsequió unas flores al Santo Padre. 



 Tras los himnos, el homenaje a las banderas, la guardia de honor y la presentación de las respectivas delegaciones, el Papa fue acompañado al Salón de Honor para una breve reunión privada con el presidente de la República. 



Al término, el Santo Padre se trasladó en coche al Monumento a los Mártires Maqam Echahid.


En su primer discurso en Argelia, primera etapa de su viaje apostólico a África, ante el Memorial de los Mártires "Maqam Echahid", que rinde homenaje a aquellos que perdieron la vida en la lucha por la independencia de la Francia colonial, el Santo Padre lanzó un fuerte llamado a la paz, al perdón y la fraternidad entre los pueblos.


Con el saludo de la paz en lengua árabe, el Papa León XIV inició el primer discurso de su extenso viaje apostólico a África, dirigido al pueblo de Argelia, precedido por las palabras de bienvenida del cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel. 

Unas 5 mil personas se reunieron en el Memorial construido por el arquitecto canadiense Bruce Charles Abud, donde, en la cripta bajo las tres hojas de palma, arde una llama eterna. Tres soldados de bronce montan guardia en la base de la estructura representando una etapa de la lucha de Argelia.
 León XIV llegó allí alrededor de las 10:45, bajo un cielo plomizo y un fuerte viento. Un ministro lo recibió al pie de la escalinata del Monumento, que el Papa recorrió acompañado por dos oficiales superiores de la Guardia argelina. Llevaban en la mano una corona de flores con la que el Pontífice rindió homenaje a este pueblo que ha luchado por la independencia y la dignidad. Después de la ejecución del Himno, siguió un momento de silencio en honor a los mártires. 

El Papa y el ministro se dirigieron luego hacia el lado izquierdo de la terraza para admirar la vista del puerto de Argel. Luego se trasladaron al lado opuesto, donde una multitud de unas 5 mil personas esperaban el saludo del Pontífice.

https://www.facebook.com/reel/1496369212108356

https://youtu.be/DJMNKZ1TDb8?si=ecfgg7Maq1b84rU2

sábado, 11 de abril de 2026

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA DE LA DIVINA MISERICORDIA

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA DE LA DIVINA MISERICORDIA






 San Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina en el año 2000 y estableció el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina”.




En 1967, el entonces Cardenal Karol Wojtyla presidió la sesión solemne que puso punto final al proceso informativo diocesano para recopilar todos los datos y testimonios sobre la vida y obra de Santa María Faustina Kowalska.
Las actas del proceso fueron enviadas a Roma para que se abra el proceso de beatificación de la vidente del Señor de la Divina Misericordia.
Más adelante el Papa Juan Pablo II beatificó (1993) y canonizó (2000) a Santa Faustina, justamente en el segundo domingo de Pascua de ambos años. El 30 de abril de 2000, el Papa proclamó el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” para todo el mundo.



En 1980, San Juan Pablo II, había publicado su carta encíclica titulada “Dives in Misericordia”, sobre la misericordia divina, en la que anima a los fieles a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios. "Es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo están sugiriendo múltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación", escribió.




San Juan Pablo II: El gran devoto de la Divina Misericordia.


En el 2002, Juan Pablo II estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con indulgencias, con las que se pueden beneficiar también los enfermos, navegantes de altamar o aquellos que por causa justa no puedan abandonar su casa o desempeñen una actividad impostergable. Ese mismo año, el Santo Padre viajó a Cracovia (Polonia) y en el Santuario de la Misericordia Divina consagró el mundo a Jesús de la Divina Misericordia.




“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”, fueron algunas de las palabras de su oración.



La providencia unió los caminos de San Juan Pablo II y Santa Faustina

En 1938, cuando el joven de 18 años, Karol Wojtyla, llegó a Cracovia para estudiar en la Universidad Jagiellonica, Sor Faustina ya tenía 33 años y vivía en un convento de la ciudad.

La Santa falleció el 5 de octubre de aquel año, justo cuando el que sería Papa 40 años después empezaba el primer curso de filología polaca. Sobre Santa Faustina el Cardenal emérito Stanislao Dziwisz dijo:

Te comparto una frase de Sor Faustina... - Padre Evaristo Sada LC ...

“Santa Faustina era una monja extraordinaria, no tuvo educación, sin embargo, Cristo la llamó y le confió la misión de llevar el mensaje de la Divina Misericordia a todo el mundo. Es útil recordar sus palabras: ‘La humanidad no encontrará ni paz ni tranquilidad hasta que no se vuelva con confianza a Mi Divina Misericordia’ (…) Tal vez algún día la devoción a la misericordia divina se vuelva realidad, para que así podamos vivir en paz, tanto en Europa como en el mundo”, dijo el purpurado.




San Juan Pablo II, Santa Faustina: testimonios de la Divina Misericordia San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia de aquel año.


El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, en el segundo domingo de Pascua, y el Papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también Fiesta de la Misericordia.


La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje:



Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia"(Diario, 723).

ORACIONES DE LA MAÑANA DEL 1ª DOMINGO DE PASCUA

 VIGILIA PASCUA



La noche parecía definitiva. El silencio del sepulcro pesaba como una losa sobre el mundo… y, sin embargo, en lo más hondo, Dios ya estaba obrando. 

Al amanecer, la piedra había sido removida. La muerte, vencida en silencio. 

La oscuridad, atravesada por una luz nueva, suave y poderosa. Cristo vive. Y con Él, todo comienza de nuevo. Hoy la vida se abre paso donde parecía imposible, la esperanza florece donde solo había lágrimas, y el corazón aprende, poco a poco, a mirar hacia arriba.

 Porque la Resurrección no es solo un hecho… es un camino que se nos regala: levantarse, creer, volver a amar, volver a empezar. 

Que esta Pascua te encuentre en ese amanecer, dejando atrás tus noches, abriendo el alma a la luz, y caminando, con serenidad y alegría, hacia el cielo. Ha resucitado. Y contigo, la vida entera.

Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.

No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.

Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.

Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. 

También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. 

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora.

Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

viernes, 10 de abril de 2026

OCTAVA DE PASCUA

SÁBADO

“ Les echó en cara su dureza de corazón ”


 según san Marcos 16, 9-15 

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 

Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. 

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. 

Las tres apariciones: la de la Magdalena, la de los discípulos de Emaús, y la de los Once. Lo que llama la atención es aquello en que las tres apariciones coinciden: NO CREYERON

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. 

No se trataba de creer que un muerto había vuelto a la vida, como en el caso de Lázaro a quien podían ver, ni de la inmortalidad, ni de la prolongación de esta vida nuestra en la otra. Se trataba de la Resurrección, de la entrada de Jesús definitivamente en el mundo de Dios para no volver ya ni a sufrir, ni a morir.

Se trataba de la entrada de Jesús en la plenitud: la plenitud de la vida, la plenitud de la verdad, la plenitud del amor, la plenitud de la felicidad. A esa vida plena en Dios nos llama Jesús a todos en la Resurrección.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Es verdad que no la merecemos, pero no es cuestión de méritos sino de “gracia”, de don, de regalo. Y esta plenitud ya tiene que comenzar en este mundo. Cristo Resucitado quiere que ya en esta vida “pregustemos” las alegrías de la futura felicidad. Cuando estos discípulos pasaron del no-creer al creer, se quedan “asombrados”.

Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».


Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

VIERNES

“ Es el Señor ”




según san Juan 21, 1-14 

En este bello relato, escrito tan al vivo que, al leerlo, da la impresión de que la tinta está todavía sin secarse, el Evangelista Juan, testigo de los hechos, nos presenta una aparición distinta.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades.

Aquí no se trata de encontrarse con Jesús en situaciones límite o extraordinarias como puede ser la de la Magdalena llorando la muerte, o Emaús con discípulos de vuelta de todo, o en el Cenáculo con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos.

 Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». 

Aquí todo es fácil, sencillo, normal. Dice Pedro: “Voy a pescar”. Es lo normal en un pescador de oficio. Lo mismo que cada mañana el labrador dice: voy a sembrar, y la ama de casa: voy a comprar; y el hombre de negocios: voy a la oficina.

Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Lo importante en esta aparición es que el Resucitado se hace presente en la vida ordinaria, en la sencillez de lo cotidiano. ¿Y qué sucedió? Pues que aquel almuerzo después de pescar que hubiera sido normal, ordinario, rutinario, se convirtió con Jesús en una auténtica fiesta. ¡Qué almuerzo tan sabroso!

 Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

 La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». 

Y este es el mensaje: con Jesús Resucitado la vida tiene otro color y otro sabor. No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien.

No hay que esperar al viernes por la tarde para pasarlo bien. Con Jesús todos los días son bonitos, aunque sean lunes. Jesús es la alegría de la vida.

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. 

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. 

Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. 

No olvidemos que Juan, tan pronto como ve a Jesús, exclama: ¡Es el Señor! Y Pedro se lanza al agua para ir a su encuentro. Es el gozo que les inunda. Los que han estado acostumbrados a vivir con Jesús ya no saben vivir sin Él.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora.

 JUEVES

“ Vosotros sois testigos de esto ”



según san Lucas 24, 35-48 

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

En el Evangelio tenemos el testimonio de los discípulos como lo reconocieron al partir el pan. La importancia de la Eucaristía para el discípulo, necesaria para el seguimiento del Señor, “sin Mí no podéis hacer nada” –nos dice el Señor- se nos entrega como alimento para que tengamos vida y vida en plenitud.

 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. 

También nos aparece el Señor resucitado comunicando la paz, la paz que sana de verdad los corazones, sana todas las heridas, curando y reparando. Al encontrarse con los discípulos vuelve a interrogarlos: ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?

Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? 

Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona.

 Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». 

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. 

Cuanta paciencia tuvo que tener con sus discípulos. Los pobres hombres, a pesar de estar con el Maestro, parece que no se enteraban demasiado. Y el Señor intentando hacerles comprender: ¿Tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿Por qué estáis tan asustados y tenéis esas dudas en vuestro corazón?

Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». 

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. 

Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

El Evangelio refiere también que los dos discípulos, tras reconocer a Jesús al partir el pan, «levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén» . Sienten la necesidad de regresar a Jerusalén y contar la extraordinaria experiencia vivida: el encuentro con el Señor resucitado.”




También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. Y eso parece que pide el vivir siempre abierto al Espíritu, en actitud de dejarse sorprender cada día, dispuesto a aprender, a dejarse seducir cada día por Jesús. Termina el Evangelio de hoy invitándonos a ser testigos. A mostrarle a Él con nuestra forma de vivir.

MIÉRCOLES

“ Se les abrieron los ojos y lo reconocieron ”


según san Lucas 24, 13-35 

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 

El relato nos presenta a dos discípulos que salían de Jerusalén rumbo a una aldea llamada Emaús. Iban decepcionados, alicaídos. El Mesías en quien habían puesto todas sus esperanzas había muerto. Habían oído decir que estaba vivo, pero no parecían estar muy convencidos. En otras palabras, les faltaba fe o, al menos, esta se había debilitado con la experiencia traumática de la Pasión y muerte de Jesús.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 
Jesús sabe lo que van hablando; Él conoce nuestros corazones. Aun así, se acerca a ellos y les pregunta. Ellos no le reconocen, sus ojos están cegados por los acontecimientos.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Le relatan sus experiencias y comparten con Él su tristeza y desilusión. Jesús los confronta con las Escrituras: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Pero no se limitó a eso. Con toda su paciencia se sentó a explicarles lo que de Él decían las Escrituras, “comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas”.

 Él les dijo: «¿Qué». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 

Ellos se interesan por lo que está diciéndoles aquél “forastero” que encontraron en el camino. No quieren que se marche. Se sienten atraídos hacia Él, pero todavía no le reconocen. Más adelante, luego de reconocerle, dirán cómo les “ardía el corazón” cuando les hablaba y les explicaba las Escrituras.

Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.

 Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria». 

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». 

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 

Le invitan a compartir la cena con ellos. Allí, “sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron”. Ese gesto de Jesús, el mismo que compartió con sus discípulos en la última cena, hizo que se les abrieran los ojos de la fe

Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Desapareció de su vista física, pero habían tenido la oportunidad de ver el cuerpo glorificado del Resucitado, y esa “presencia” permaneció con ellos, al punto que regresaron a Jerusalén a informar lo ocurrido a los “once” y sus compañeros, quienes ya estaban diciendo “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”.

 Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. 

Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. 

MARTES

“ ¡Cristo, el Señor, ha resucitado! ”



según san Juan 20, 11-18 

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».


 Los ángeles le han participado la buena noticia, pero aun así, está entristecida y no es capaz de descubrir en quien tiene delante a su amado Maestro.

 Ella contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

 Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Sólo cuando la llama por su nombre, lo reconoce al instante. 

Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice. «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Como que de repente, el reencuentro con una persona amiga puede rehacer la vida y hacernos descubrir que el amor es más fuerte que la muerte y la derrota.

Jesús se revela a María Magdalena y le entrega una misión, la envía como evangelizadora, como anunciadora de la gran noticia: “Esta vivo, resucitó yo lo he visto”.

Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

Nadie puede retener al Señor, nadie puede guardárselo como un secreto, un valioso joyel que se pone a salvo de miradas indiscretas. Al contrario, Jesús anima a la Magdalena a cumplir su misión: “Anda, ve a mis hermanos y diles”.

 María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».


Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.

LUNES

“ No temáis ”


según san Mateo 28, 8-15 

El testimonio de una mujer, entre los judíos en tiempos de Jesús, no tenía la misma validez que el de un hombre. Pero las primeras que dan noticia de la resurrección del Galileo son mujeres.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. 

De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 

A ellas se les aparece el Maestro, y así lo hacen saber al resto de seguidores.

Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. 

En frente, los soldados apalabran una versión falsa de lo ocurrido con los sumos sacerdotes previo pago. Probablemente, estemos en presencia de la primera fake new (noticia falsaria) de la historia destinada a confundir y a ocultar la Verdad.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. 

Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

 Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pero las mujeres, precisamente mujeres, no sienten temor alguno de contar lo que han visto. Al contrario, lo que sienten es alegría. Las dos primeras frases de Jesús glorificado son la clave: «Alegraos» y «No temáis». 




No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.

DOMINGO

“ No sabemos dónde lo han puesto ”



Evangelio según san Juan 20, 1-9 

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 

El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 

Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. 

Los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida.

 Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.


“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. 

 Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.

Dios nos sorprende siempre. Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.


martes, 7 de abril de 2026

CIRIO PASCUAL

CIRIO  PASCUAL

El cirio más importante es el que se enciende en la Vigilia Pascual como símbolo de Cristo–Luz, y que sitúa sobre una elegante columna o candelabro adornado.
Es elaborado con cera de abeja. 




El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia.
En medio de la oscuridad -toda la celebración se hace de noche y empieza con las luces apagadas-, de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio.

1  Cristo ayer y hoy ; se traza la raya vertical

2  Principio y fin; se traza la línea horizontal
3 Alfa; se traza la letra alfa sobre la línea vertical
4 Y Omega; se traza la letra omega abajo de la línea vertical
5 Suyo es el tiempo; se traza el primer número del año en curso, el el ángulo superior izquierdo de la cruz.
6 Y la eternidad; se traza el segundo número del año en el ángulo superior derecho
7 A él la gloria y el poder; se traza el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo
8 Por los siglos de los siglos. Amen; se traza el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho.






Después se incrustan cinco granos de incienso en forna de cruz, mientras se dice:
1  Por sus llagas                 2  santas y gloriosas                     3  nos protege

4  y nos guarde                  5   Jesucristo Nuestro Señor. Amén
y de una hoguera preparada se enciende el cirio diciendo:
Que la Luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.


 Luego se coloca el cirio en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual





.El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés.

Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio se conserve dignamente en el bautisterio.
 El Cirio Pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.

HISTORIA

 El cirio se encendía con el fuego nuevo y también servía para la bendición de las fuentes bautismales.
 Otros atribuyen el origen del cirio pascual a las columnas de cera que Constantino mandaba encender la noche de Pascua y algunos, a la costumbre que había de escribir en un cirio bendito todas las fiestas movibles que dependían de la Pascua.

Más adelante, estas fiestas se escribían en una tira de papel o pergamino que se fija en el cirio como se practica todavía en algunas catedrales.

 La sagrada Congregación de Ritos decretó en 19 de mayo de 1607 que se encendiese el cirio pascual los tres días solemnes de Pascua, sábado in albis y todos los otros domingos hasta la Ascensión. La liturgia actual señala que el cirio pascual se enciende durante todas las ceremonias del tiempo de Pascua, es decir, desde la Vigilia Pascual hasta el domingo de Pentecostés, pasados cincuenta días (ocho semanas).