domingo, 20 de mayo de 2018

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Pentecostés significa el día quincuagésimo.
Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la Pascua. Luego, el sentido de la celebración cambió para dar gracias por la Ley entregada a Moisés en el Monte Sinaí.
Los judíos venían de todos los pueblos al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta.
En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.


   Después de la Ascensión del Señor al cielo, se encontraban reunidos los Apóstoles con María, tenían miedo y no se atrevían a salir y hablar de Jesús. De repente, se escucho un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.

   
   Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron hablar en lenguas desconocidas y en Jerusalén comenzó la empresa de evangelización que Jesús les encomendó. Pedro, se convirtió en ese momento en "pescador de hombres" y tomando la palabra habló de Jesús.


   Todos ellos, desde ese día, ya no tenían miedo,salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerza para la gran misión que tenían que cumplir:
                                                                             
Llevar las enseñanzas de Jesús por todo el mundo, y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El día de Pentecostés comenzó a existir la Iglesia y el Espíritu Santo santifica y da vida y unidad a la Iglesia, y asiste especialmente al representante de Cristo en la tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo.

                                              
   Pentecostés es la fiesta más grande del Año Litúrgico después de la Resurrección. De ahí que tenga Vigilia y Octava privilegiada y en ellas se leen los Hechos de los Apóstoles.



 El sacerdote se reviste de rojo, que nos recuerdan las lenguas de fuego y simbolizan el testimonio de la sangre que se habrá de dar al Evangelio, por la virtud del Espíritu Santo

viernes, 18 de mayo de 2018

miércoles, 16 de mayo de 2018

PAlACIO DE LOS LEONES ALHAMBRA

PALACIO DE LOS LEONES


Zona verde
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UNA AUTENTICA MARAVILLA

Palacio  Sahan-al Osud o Jardín Feliz

 El palacio de los Leones fue mandado construir por Muhammad V, en su segundo mandato cuando recupero el trono en 1362.
 Como residencia del sultán, supone un ejemplo de integración de arquitectura y agua, en la que esta se reparte desde la fuente de los leones situado en el patio hacia todo el palacio.

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 En un extremo del lado izquierdo del patio de los arrayanes, un pequeño arco sirve de ingreso a un pasadizo por el que se llega a la zona privada del monarca, el Harén (Haram significa lugar privado), el denominado palacio de los Leones.


En este palacio el arte nazarí alcanza su máximo esplendor, en el que se alcanza una belleza de una sensibilidad y armonía incomparables, donde la luz, el agua, el colorido, la decoración exquisita, convierte a este palacio en una maravilloso placer para los sentidos, en el que se deja atrás el periodo anterior de decoraciones más abstractas y geométricas para dar paso a un estilo más naturalista, sin duda influjo de lo cristiano, acrecentado por la amistad que mantuvieron Mohamed V y Pedro I, el Cruel, por aquel entonces monarca cristiano.

Se trata de un palacio articulado en torno a un patio rectangular de crucero con fuente central y rodeado de un hermoso portico, a modo de claustro cristiano, con esbeltas columnas y tapices nazalies y techunbre de madera.


Algunos ven influencia de los patios claustrales de los monasterios de la propia Península Ibérica, o de los palatinos como el normando de la Siza en Palermo, mientras que otros consideran que proviene de una tradición norteafricana cuyo antecedente sería el palacio Zirí de Asir en Argelia.

El Palacio de los Leones no es una casa con jardín sino un jardín con casa que debería ser contemplado desde las esquinas y a ras del suelo para responder mejor a la "forma de mirar de sus constructores musulmanes


 De cada una de las cuatro salas fluye un arroyo que va al centro: Los cuatro ríos del Paraíso descritos en el Corán.


Cuando Mohamed V sucedió a su padre Yusuf I, no se limitó a terminar las reformas que éste había comenzado, sino que comenzó a construir lo que sería su gran obra, el magnífico legado que nos dejó en la Alhambra: el Palacio de los Leones. Este palacio constituía las estancias privadas de la familia real, y se construyó en el ángulo que forman los Baños y el Patio de los Arrayanes.



PATIO DE LOS LEONES
El palacio está compuesto por un patio central rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano
 El palacio se estructura a partir del patio, alrededor del cual se distribuyen las distintas estancias, alcobas, y salas privadas del sultán y sus esposas con piso alto abierto; sin ventanas que miren al exterior, pero con jardín interior, como corresponde a la idea musulmana del paraíso.



Rodeando todo el perímetro del patio, una galería porticada formada por arcos sostenidos por 124 columnas de mármol de Macael -cuyos capiteles cúbicos, policromados en su día, tienen una gran variedad en la riqueza decorativa que no es apreciable a simple vista- que siguen el sistema proporcional trazado a partir de la diagonal de un cuadrado. Observando detenidamente las columnas, pueden verse pequeños trozos de plomo en las juntas, confiriéndoles mayor flexibilidad, para soportar los tan frecuentes terremotos de la zona.

 No hay ventanas que miren al exterior, pero sí hay un jardín interior como corresponde a la idea musulmana del paraíso. Lo que hoy es tierra en el patio, fue jardín.


Este patio de crucero, simboliza el Paraíso, con una descripción común en la religión cristiana y musulmana, cuya ramificación de los cuatro ríos vendría representada por los cuatro andenes o brazos que parten de los ejes cardinales y que portan unos canalillos con agua que, procedentes de varias fuentes circulares rehundidas en el pavimento, llamadas pilas esquemáticas, confluyen en la fuente central: la Fuente de los Leones.


De cada sala fluyen 4 arroyos que van al centro: los 4 ríos del paraíso.Oxus, Indo, Tigris y Eufrates. Estos, corren desde los cuatro puntos cardinales hasta unirse en el lugar donde se levanta la fuente, símbolo de la montaña que centra el universo.
Su disposición circular y radiocéntrica es la imagen de la omnipresencia del poder universal.



 Las columnas se unen con paños calados que dejan pasar la luz. Fustes cilíndricos muy delgados, anillos en la parte superior, capiteles cúbicos sobre los que corren inscripciones. Las planchas grises de plomo son amortiguadores para los terremotos.

En los lados más estrechos del patio sobresalen sendos pabellones sostenidos por doce arcos de estalactitas apoyados en veinte columnas.


 Estos templetes carecen de antecedentes claros en la tradición arquitectónica islámica, sustituyendo en todo caso a las características albercas enfrentadas que hubo en otros palacios hispanomusulmanes anteriores, reducidas aquí a sutidores o fuentes esquemáticas que refrescan el ambiente, por las que fluye el agua desde los cuatro lados hasta la Fuente de los Leones.
 Estos quioscos de planta cuadrada estan cubiertos con techos cupulares semiesféricos de madera con labor de lazo que aún conservan restos de policromía y que se apoyan en un friso y pechina de mocárabes.


 Los dos templetes que avanzan a los dos lados opuestos del patio son como un recuerdo de la tienda de campaña de los beduinos. Son de planta cuadrada, decorados con cúpulas de madera que se apoyan en pechinas de mocárabes. El alero es obra del siglo XIX. Toda la galería está techada con artesonado de lacería.

Los leones

Los últimos estudios hechos dicen que los leones proceden de la casa del visir judío Yusuf Ibn Nagrela (1066). No se sabe si se construyó antes de su muerte, se le acusó ya en la época de querer realizar un palacio más grandioso que el del mismo rey.

Se conserva por el poeta Ibn Gabirol (S.XI) una descripción casi exacta de dicha fuente. Representan las 12 tribus de Israel. Dos de ellos tienen un triángulo en la frente indicando las dos tribus elegidas: Judá y Leví. Son del siglo XI.



 La taza lleva escrita en su perímetro versos del ministro y poeta Ibn Zamrak en los que bellamente se describe la propia fuente: "(...)A tan diáfano tazón, tallada perla,/ por orlas el aljófar remansado,/ y va entre margaritas el argento, /fluido y también hecho blanco y puro./Tan afín es lo duro y lo fluyente /que es difícil saber cuál de ellos fluye(...)" Actualmente, la fuente se encuentra en proceso de restauración lo que ha hecho inevitable el traslado de los leones.


El palacio está compuesto por un patio central rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano, que permite el acceso a distintas salas: al oeste la de los Mocárabes, al este la de los Reyes, al norte la de Dos Hermanas, Ajimeces y Mirador de Daraxa y al sur la de los Abencerrajes y el Harén.

Acceso primitivo nazarí al Palacio de los Leones, situado en uno de los angulos del patio para conseguir una mayor visión de ángulo y disponiendo el espacio a modo de dos diagonales convergentes que dan sensación de movimiento mientras que las líneas verticales de las columnas dan equilibrio y detiene nuestra mirada en un movimiento ascendente o descendente





PALACIO DE COMARES II


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En el lado norte encontramos la mayor sala de toda la Alhambra, el Salón de Embajadores, antiguo saló del trono.

 Esta sala se encuentra cobijada dentro la Torre de Comares, que con sus 45 m. de altura es la mayor de toda la fortaleza.
 Para llegar a ella, y tras atravesar el pórtico encontramos, en primer lugar, la sala de la Barca,
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SALA DE LA BARCA NUM 6

Desde la galería norte del Patio de los Arrayanes y a través de un arco apuntado de mocárabes, accedemos a la sala de la Barca, cuyo nombre parece provenir de una degeneración del término árabe baraka, que significa bendición.
Sala de la Barca o Dorada

Esta sala, de forma rectangular de 24 metros por 4,35, parece ser que era más pequeña en un principio, y su ampliación fue realizada por Mohamed V.

 En esta sala existió una bóveda semicilíndrica que fue destruida por el fuego del incendio de 1890, sustituida por una reproducción de aquella que fue totalmente terminada en 1964.
Los muros presentan ricas yeserías con el escudo nazarí y dentro de él, la palabra «Bendición» y el lema de la dinastía «Sólo Dios es vencedor».

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La sala se encuentra rodeada por un zócalo en cuyos extremos encontramos alcobas con zócalos de azulejos, que revisten las columnas que sujetan arcos peraltados y festoneados de mocárabes y pechinas.



Antesala del espacio más importante del Palacio de Comares, su denominación puede derivar de la forma de su bóveda semicilíndrica, semejante al casco de un barco invertido, o tal vez de la palabra árabe al-baraka (la bendición), repetida insistentemente en las yeserías de sus muros.



A finales del siglo XVI fue necesario repintar el techo, por lo que también se la conocía hasta épocas recientes como Sala Dorada. La forma y dimensiones del techo lo convierten en un ejemplar extraño y único.
El original quedó casi totalmente destruido a consecuencia de un incendio el 15 de septiembre de 1890, finalizando su restauración en junio de 1965, a partir de dibujos, fotografías y piezas salvadas.



La armadura, de lazo ataujerado, es de madera de pino. Sus extremos son de cuarto de esfera con decoración de lazo de 12. El eje central conjuga ruedas de 12 y sinos o estrellas de 8, combinándolas sucesivamente.



Un zócalo de diferentes alicatados reviste toda la sala, incluidas las alcobas que se abren a los extremos mediante grandes arcos semicirculares. Las alacenas fueron ampliadas en el siglo XVII para abrir sendas ventanas con rejas al patio, como puede verse en los grabados del siglo XIX y en fotografías antiguas.


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 Saliendo de la sala de la Barca, en el espacio entre ésta y el Salón de Embajadores, podemos ver, a la derecha, un pequeño oratorio, probablemente reservado para el Sultán.




TORRE DE COMARES


 Es la mayor de las torres existentes en la Alhambra, con una altura de 45 metros.

En sus muros se abren nueve pequeñas alcobas, iguales dos a dos, excepto la central frente a la entrada, reservada al Sultán y más ricamente decorada.


  Su nombre se debe a las vidrieras de colores de los balcones que iluminan la gran sala que ocupa el interior de la torre, denominadas “comarías”.


"vidrieras" (qamriyya) que cerraban los desaparecidos "ajimeces" (balcones de madera en voladizo) que en tiempos nazaríes cerraron los nueve camarines de la sala (hecho constatado por un relieve de la torre conservado en la Casa del Castril, a las orillas del Darro).

 Estas elegantes balconeras de madera fueron desmontadas en el S.XVII, tras sufrir graves daños por la explosión de 1590 de un polvorín cercano, y aunque en principio se sustituyeron por un balcón de hierro y un nuevo guardapolvos, su inestabilidad aconsejaron retirarlos para siempre.



 Hoy, desde el Paseo de los Tristes ya no pueden contemplarse los balcones nazaríes, se ven balcones selladps de celosía de madera.



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 En el interior se encuentra el Salón de los Embajadores.
Cuentan que desde uno de sus balcones, la madre de Boabdil, al saber que su hijo estaba negociando con los cristianos la rendición, le dijo: «Mira lo que entregas y acuérdate de que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y el reino muere en ti».



 En esta torre sitúa la leyenda el pacto de los Reyes Católicos con Colón para el descubrimiento de América y el legendario ofrecimiento de la gran Isabel de empeñar sus alhajas para ayudar a la expedición.


SALA DE EMBAJADORES

 Este salón de la Alhambra era el centro simbólico del poder nazarí que se pone de manifiesto en el refinamiento y esplendor de la decoración.

 Presenta planta cuadrangular y se abre en el interior de la torre de Comares.

 Es la sala más espaciosa y aquí se celebraba el gran consejo presidido por el rey en presencia de todos los grandes del reino: visires, ulemas, alcalde, capitanes.

Salón de embajadores en la Alhambra
 También era usado para recepciones de enviados u otras personas de alto rango.

 Esta es la sala más majestuosa de palacio, donde se encontraba el trono y se realizaban las recepciones oficiales.

 La sala comunica con la Sala de la Barca por un doble arco. Es una sala cuadrada, de 11,30 de lado por 18,20 de altura, que tuvo suelo de mármol, aunque hoy día es de losetas de barro, en el que se observa en el centro el escudo de los Alamares, realizado en azulejos en el siglo XVI.
Camarines

Hay tres camarines en cada muro (W, N, E), que poseen 2,5 metros de profundidad y un remate con un par de ventanitas cerradas con fina celosía de yeso.



Los camarines poseen todos el mismo ancho (aunque los centrales son más anchos), arcos simples cerrados por modernas celosías (los centrales poseen arcos gemelos), un par de ventanitas de celosía, rica decoración, zócalos alicatados y un techo de lacería (los centrales en forma de artesa).



Merece mención especial el camarín central del muro norte, donde se ubicaba el trono.


 Pocos sitios existen en la Alhambra cuya función es tan conocida, pues los poemas que complementan este lugar no dejan lugar a la duda.

Otro comentario. El camarín más meridional del muro oriental (primero a la derecha) se convirtió en puerta en 1536, con la intención de dar fácil acceso a las nuevas habitaciones del emperador y, a través de una escalera, a los subterráneos de la torre. Hoy el camarín se encuentra cerrado, recuperando así su aspecto original.


Por cierto, en la pared sur existen dos alacenas (una a cada lado del arco central de acceso) con sus correspondiente puertas (entre el S.XVII y 1930 estuvieron selladas).


Podemos observar que el salón se haya repleto de inscripciones decorativas: tacas, nichos, arcos, paredes, camarines, etc. se hayan repletos de poemas, alabanzas a Dios, al emir, el lema de los nazaríes o textos del Corán, como el que encontramos en la cámara central, la del trono, situado en el alfiz de su arco, que según la traducción de Echevarría reza así:



«Ayúdeme Dios apedreador del demonio. En el nombre de Dios que es misericordioso y tiene misericordia. Ser, Dios, con nuestro Señor Mahoma y su generación, compañía y salvación. Y di: Mi ayuda de la ira de Dios y de todo el demonio que permite rompimiento del infierno; y me libre del mal del envidioso cuando se dispone a envidiar. Y no es viva otra divinidad que la de Dios a quien alabar eternamente. La loa al Dios de los siglos.»





La cámara central, es la de mayor riqueza en cuanto a su decoración. Junto a la inscripción anterior del alfiz, encontramos un artesonado de lazo que cubre el interior de la cámara, que está rodeada por un zócalo de alicatados, adornados con yeserías.

El suelo
El suelo es de losetas vidriadas de diferentes colores alternadas con delicadas cenefas (cuyo nombre correcto sería "holambrillas"). Nunca hubo aquí mármol.



 El actual pavimento data de 1589, aunque muy probablemente se trate de una excelente réplica de su trazado original ya que el centro lo ocupa un tapete de azulejos con el escudo real nazarí.

La sala está rodeada por un zócalo de piezas vidriadas formando figuras geométricas, sobre el que podemos admirar una bellísima decoración de atauriques recubriendo la pared, combinando elementos geométricos y vegetales con gran armonía, rematada por una cornisa de mocárabes pintados.


Cúpula de los Siete Cielos

 El techo se presenta como la representación de los Siete Cielos del Paraíso Islámico, con el trono de Dios situado en el octavo cielo, representado por el cubo central de mocárabes, y los cuatro árboles de la vida situados en las diagonales.

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 La cúpula es una obra maestra de carpintería. Está compuesta por paños de madera de cedro cubiertos de lacería, con un gran cubo de mocárabes en el centro, salpicado de multitud de estrellas, pintado de tal manera que parecen nácar, plata y marfil.



Esta distribución no sólo proporcionaba una atmósfera fresca al estar la mayor parte del espacio en penumbra, sino que además la luz llegaba que del exterior producían efectos de intensa iluminación que se concentraban en el trono.



De nuevo en el patio, seguiremos la visita por una habitación del lado este, que nos comunica con el Palacio de los Leones. Esta comunicación es moderna, ya que antiguamente estos dos palacios no estaban comunicados directamente

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Baños de Comares
Al este del palacio se encuentran los Baños de Comares, construidos al estilo musulmán siguiendo el modelo de las termas romanas.

 Toda la decoración existente es de época cristiana, ya que el mal estado que han presentado los baños a lo largo de los siglos ha hecho que se restauren y reconstruyan varias veces.


martes, 15 de mayo de 2018

VIDA DE SAN ISIDRO

SAN ISIDRO LABRADOR




San Isidro es por excelencia el patrón de los campesinos, es el santo a quienes muchos acuden para que llueva y los madrileños le tienen un especial aprecio porque es su patrón.

 La mayoría de personas que han escrito sobre la vida del santo sitúan su nacimiento a finales del siglo XI, y la fecha en que muchos se han puesto de acuerdo es en la de 1080.


 Ten en cuenta, que Madrid, por aquellos tiempos no dejaba de ser un pueblo agrícola, y que la capital hispánica, por decirlo así, era Toledo.

Aunque no se tienen demasiados datos biográficos sobre el santo, parece ser que vino al mundo en el seno de una familia humildísima, poco antes de la reconquista de Madrid, en una casa situada donde en la actualidad se halla la calle de las Aguas.


Casa de San Isidro.
 Quedó huérfano muy pronto, así que el joven Isidro se buscó el sustento con trabajos como el de pocero hasta que finalmente se empleó como labrador.
 Las tradiciones sitúan su bautizo en la iglesia de San Andrés de la capital madrileña.


Cuando Alí, rey de Marruecos, atacó Madrid en 1110, Isidro hizo como muchos otros y se trasladó a Torrelaguna, donde continuó con el mismo género de vida, dedicada al trabajo y a la oración, que había llevado hasta el momento.

Vista general de Torrelaguna.
 Fue precisamente en la parroquia de esta localidad donde contrajo matrimonio con una joven llamada María Toribia, natural de Uceda, cuya dote matrimonial fue una heredad en su pueblo natal, lo que fue causa de que los esposos se establecieran allí para trabajar las tierras por cuenta propia. Su esposa conocida más tarde con el nombre de Santa María de la Cabeza, también declarada santa.


 Aunque Isidro era piadoso y devoto, su esposa no le iba a la zaga a este respecto, ni tampoco en cuanto a laboriosidad, todo lo cual hizo -según la leyenda- que se granjearan la predilección de Dios, que los benefició con su ayuda innumerables veces, como cuando salvó milagrosamente a su hijo único, Illán, que había caído en un profundo pozo o cuando permitió a María pasar a pie enjuto sobre el río Jarama y así librarse de los infundios de infidelidad que contra ella lanzaban las gentes.

El milagro del pozo. Alonso Cano (1638-1640).jpg
En 1119, Isidro volvió de nuevo a Madrid, y entró a trabajar como jornalero agricultor al servicio de un tal Juan de Vargas.

 Estableció su morada junto a la Iglesia de San Andrés, donde oía la misa del alba todas las mañanas y, luego, atravesaba el puente de Segovia -las tierras de su patrón estaban del otro lado del Manzanares- para aprestarse al duro trabajo de roturar la tierra con el arado. Se dice de él que daba cuanto tenía a los menesterosos, y aún a las palomas hambrientas cedía las migas de pan de las que se alimentaba.

 Con el correr del tiempo decidieron los esposos separarse para llevar una vida de mayor santidad; marchó así Isidro a Madrid, mientras María quedaba en Caraquiz consagrada al cuidado de la ermita, la cual barría y aseaba diariamente, al tiempo que pedía limosna para costear el aceite que alumbraba la imagen. La separación duró hasta la última enfermedad del santo, cuando María tuvo noticia por un ángel de la muerte de su marido.


 Corrió presta a la Villa y no se separó del lado de su esposo hasta que éste exhaló su último aliento. Luego volvió a Caraquiz y, después de unos años, también murió.

 Falleció en el año 1130.

A Isidro, como pobre de solemnidad que era, se le enterró en el cementerio de la parroquia de San Andrés, en una tosca caja de madera sin cepillar.
Transcurridos cuarenta años, como los prodigios de Isidro seguían corriendo de boca en boca, ante la insistencia del pueblo, se exhumó el cuerpo y se le dio sepultura en el interior del templo.

 Se vio entonces que, a pesar del tiempo transcurrido y de haber estado expuesto a las inclemencias meteorológicas, todavía se conservaba entero y de color tan natural como si estuviera vivo, prodigio que se ha podido comprobar en las múltiples traslaciones que de su cuerpo se han hecho.

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 Cuando Alfonso VIII vino a Madrid tras haber derrotado al moro en las Navas de Tolosa, ordenó que el cuerpo fuera colocado en un arca bellamente policromada con escenas de la vida de Isidro.

 La beatificación, pronunciada por Paulo V el 14 de junio de 1619, a instancias de Felipe III, fue acontecimiento largo tiempo esperado por el pueblo madrileño; para conmemorar el evento se celebraron grandes festejos, en el transcurso de los cuales se inauguró la plaza Mayor.

 El 19 de junio de 1622, Isidro, que en la memoria del pueblo ya era santo, fue canonizado por el papa Gregorio XV, junto a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri. En 1657 el arquitecto fray Diego de Madrid comenzó a levantar la capilla de San Isidro -primer ejemplo del barroco madrileño-, aneja a la iglesia de San Andrés, destinada a contener la urna del santo, cuyo traslado se produjo definitivamente en 1669.


 El 4 de febrero de 1789, Carlos III ordenó que la urna fuera instalada en el antiguo Colegio Imperial, que pasó a llamarse entonces Iglesia Real de San Isidro, y que luego sería la catedral de Madrid.


lunes, 14 de mayo de 2018

SAN MATÍAS APÓSTOL

Matías el Apóstol era uno de los seguidores de Jesús de Nazaret.


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 Según los Hechos de los Apóstoles, fue elegido apóstol después de la muerte de Jesucristo para sustituir a Judas Iscariote. Su elección se realizó por sorteo.


 Discípulo de Jesús que, por la defección de Judas Iscariote, entró, a la muerte de éste, a formar parte del grupo apostólico.




 Aparece Matías en el Nuevo Testamento cuando entró en el grupo de los Doce (Hechos 1,21-26).

 Según los requisitos exigidos en este texto Matías debió de ser un discípulo de la primera hora y, en términos generales, seguir, en compañía de los Doce, las incidencias de la vida y ministerio de Jesús, de cuyos hechos y doctrinas debía dar testimonio; lo cual da cierta verosimilitud a la noticia de Eusebio (Hist. Ecl., 1,12.3: PG 20,117) sobre la posibilidad de que Matías fuese uno de los «Setenta» (Lc 10,1).


 Tal vez fue testigo de la Resurrección de Jesús, y pudo presenciar alguna aparición del mismo.

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 A la muerte de Jesús, y a los pocos días de la Ascensión, San Pedro reunido con la comunidad cristiana, unas 120 almas, en Jerusalén explicó que, según estaba previsto en las Escrituras (Salmos 69:25), uno de los Apóstoles había prevaricado (Hechos 1:17-25), y que otro había de reemplazarle:

 "Sean sus días pocos, tome otro su oficio" (Salmos 109:8); por tanto, se imponía una elección.

 Se propusieron dos nombres: «José, por sobrenombre Barsaba, llamado Justo, y Matías».



 Se pronunció una oración dirigida al Señor para que manifestase su voluntad acerca de elección del nuevo Apóstol, lo mismo que antaño con la de los Doce primeros (Mc 3,13-19, par.), y se dejó al procedimiento de las suertes.

 Ésta fue que la vacante de Judas la cubriese Matías.

¿Por qué «era necesario» nombrar uno para el puesto de Judas? Cuando Santiago el Mayor murió hacia el a. 44 (Hechos 12,2) no se nombró otro en su lugar, ni Pablo de Tarso fue nunca considerado su sustituto.
A Judas es necesario sustituirle,  la traición de Judas y su muerte sin arrepentimiento eficaz fueron interpretadas como una deserción, un «apartarse»
 La necesidad de un nuevo Apóstol nacía no de la muerte de Judas sino de su deserción.

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 Se dice que las reliquias de Matías fueron, por encargo de Santa Elena, llevadas a Tréveris, ciudad de la que es Patrón, y donde se venera su tumba en la abadía dedicada al Santo.

 También hay reliquias en Roma (Santa María Mayor) y en Padua (Santa Justina),también en la Iglesia de San Pedro en Lima, Perú.

Es también Patrón de los carniceros y de los arquitectos.

domingo, 13 de mayo de 2018

TRECE DE MAYO

En la Portugal rural del 1917 no es inusual el ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear.
 Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos primos, hacían en estos días. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad agradecidos por el chance de estar al aire libre y de jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio.

 Ellos llevaban a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblito de Fátima (donde la Iglesia parroquial se encontraba) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeco (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Enseñada de Irene) a un distancia de Fátima. En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y de la historia del siglo 20.



VARIAS APARICIONES DEL ANGEL DE PORTUGAL

Un ángel que se identificó como el Ángel de la Paz se le apareció primero a los pastorcitos de Fátima, ellos fueron preparados por él antes de las apariciones que iban a ocurrir un año más tarde. En una de esas apariciones recibieron la Sagrada Comunión de manos del Ángel.


Los tres pastorcitos eran: Lucía do Santo -9años- y sus primos Francisco y Jacinta Marto de 8 y 6 años repectivamente.


El 13 de mayo de 1917, la Virgen María se apareció, por primera vez, a los tres pastorcitos, estas apariciones sucedieron todos los días 13 de cada mes hasta octubre.

Casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron a obrar lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía ahora 10 años, Francisco nueve en Junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo cuando el 13 de mayo de 1917, decidieron de llevar sus ovejas en unas colinas que pertenecían al padre de Lucía conocidas como Cova da Iria, o Ensenada de Irene.

Los pastorcitos de Fátima

Llevando a su rebaño fuera de Aljustrel en la mañana del 13 de mayo, la fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento,

Casa de Lucia

 los tres niños pasaron Fátima, donde se encontraban la parroquia y el cementerio, y procedieron más o menos un kilómetro hacia el norte a las pendientes de Cova. Aquí dejaron que sus ovejas pastorearan mientras ellos jugaban en la pradera que llevaba uno que otro árbol de roble.


Casa de Jacinta y Francisco

 Después de haber tomado su almuerzo alrededor del mediodía decidieron rezar el rosario, aunque de una manera un poco truncada, diciendo sólo las primeras palabras de cada oración. Al instante, ellos fueron sobresaltados por lo que después describieron como un "rayo en medio de un cielo azul". Pensando que una tormenta se acercaba se debatían si debían tomar las ovejas e irse a casa. Preparándose para hacerlo fueron nuevamente sorprendidos por una luz extraña. Comenzamos a ir cuesta abajo llevando a las ovejas hacia el camino.


 Cuando estabamos en la mitad de la cuesta, cerca de un árbol de roble (el gran árbol que hoy en día está rodeado de una reja de hierro), vimos otro rayo, y después de da unos cuantos pasos más vimos en un árbol de roble (uno más pequeño más abajo en la colina) a una señora vestida de blanco, que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rallos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de pura agua cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estabamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio.


Nuestra Señora le pidió a los niños: que rezaran el Rosario, que hicieran sacrificio por los pecadores, que construyeran una iglesia en el sitio de las apariciones

y les anunció la muerte prematura de Francisco y Jacinta y tres secretos que la superviviente supo guardar muy bien.


El día 13 de octubre, última de las apariciones, los niños estaban acompañados por unas 70.000 personas y la Santísima Virgen se identificó como Nuestra Señora del Rosario y sucedió el gran milagro del sol.
                          En ese momento muchas personas se convirtieron y muchas recibieron curaciones.