YA ES SEMANA SANTA

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jueves, 29 de octubre de 2026

DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO XXX

VIERNES

“ ¿Es lícito curar los sábados, o no? ”

Primero fue el hombre de la mano seca (Lc 6, 6-11); luego la mujer encorvada (Lc 13, 10-17). Ambos episodios sucedieron en sábado en la sinagoga. Hoy es un hombre hidrópico. Sucede en sábado, pero en la casa de uno de los jefes fariseos. 

Los tres casos comparten el mismo telón de fondo: el legalismo inhumano de los fariseos, tan preocupados por Dios y tan despreocupados de los hombres. Jesús trata de hacerles ver que la misericordia está por delante del sacrificio y el prójimo por delante de Dios. Pero no encuentra respuesta a sus preguntas.

según san Lucas 14,1-6 

En sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Pero aquí es Jesús el que suscita la controversia, el que interpela a sus interlocutores sobre lo que va a hacer en un momento con aquel hombre abotargado como nosotros mismos estamos hinchados de pecados.

 Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía, y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?». 

Dice el evangelista que los fariseos con los que comía se quedaron callados. Sin respuesta.

Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.

No son capaces de decir si es lícito curar en sábado o no. No porque no se lo dicte el corazón la respuesta, sino porque están atrapados en sus propias redes del precepto y la ley, que les obliga a mantener un discurso tan estrecho que deja fuera al amor.

 Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?». 

Y no pudieron replicar a esto.



 Señor, de nuevo los testarudos fariseos a la carga. ¡Cuánta paciencia tuviste con ellos! Les dijiste una y otra vez que el amor es lo primero, que todo lo que se hace sin amor no sirve; que el obrar con amor nos llena de gozo y que el mero cumplimiento de la ley nos lleva a la tristeza. Se lo dijiste mil veces a ellos y también nos lo dices a nosotros.

JUEVES

“ ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ”


san Lucas 13, 31-35 

En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús: «Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». 

Jesús les dijo: «Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.

Posiblemente Jesús se enterneció. Qué bien....un  Dios tan cercano, tan íntimo, tan verdadero. Tiene cercanía, cariño, ternura, sufrimiento, compasión.

Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! 

Un Dios así conmueve,  incentiva,  motiva a seguirle, aunque haya que ir a Jerusalén. 

Lo que más le duele a Jesús es que el maravilloso proyecto de su Padre de “pasar por la vida haciendo el bien” sea rechazado.

Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada. 

Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Jesús elegirá la muerte antes que dejar de cumplir su misión. Hay algo que vale más que la misma vida: la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno. 

 Haz que yo ame mi tarea, mi vocación, mi misión. Es verdad que da miedo, pero Dios no nos abandona. El mismo que dice: “Como el Padre me ha enviado así os envío” (Juan 20,21), también nos dice: “Como el Padre me ha amado a mí así os he amado yo” (Juan 15,9). Las locuras de Jesús sólo se entienden desde el amor.


NIERCOLES  

“ Escogió de entre ellos a doce ”



según san Lucas 6, 12-19 


Era una de sus costumbres. Cuando tenía que adoptar una decisión fuerte, Jesús se retira solo a orar. También cuando, como en esta ocasión, va a elegir a doce de sus seguidores para ser sus apóstoles. “Pasó la noche orando a Dios”.

En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. 

Jesús sabe que la predicación de su buena noticia, esa que alegra el corazón del hombre, la va a poder realizar personalmente durante un breve tiempo. Sabe que le espera la muerte, la cruz, la resurrección y su vuelta al cielo.

Por eso, elige a estos hombres, que van a ser los primeros continuadores de su misión

Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. 

El Señor quiso elegir a los Apóstoles para que fueran compañeros en su vida y continuadores de su obra después de su muerte. El Señor es quien lleva la iniciativa, Él es quién nos llama, quien nos elige, quien cuenta con cada uno de nosotros y nos brinda la oportunidad de ir a trabajar a su viña. Los apóstoles eran hombres de su tiempo, con defectos, con debilidades. Y, sin embargo, Jesús los llama para hacer de ellos pescadores de hombres.

Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

De nada vale postularse, aquí no hay currículum que valga ni apetencia por cargo alguno: Jesús escogió a los apóstoles cuyos nombres se le revelaron en la oración y Dios sigue llamando hoy a quienes elige.



Orar antes de decidir, orar para discernir el plan de Dios, orar en vistas a las grandes decisiones de la vida tanto en el ámbito personal como en el comunitario. La oración no es un momento separado de la vida, es una actitud previa que nos introduce en la experiencia personal y eclesial. Así debería ser el modo de proceder de toda la Iglesia, primero y siempre la oración. Solo después de recogerse en silencio y orar largamente, se confía la misión.


MARTES

“ ¿A qué se parece el reino de Dios? ”



según san Lucas 13, 18-21 

Es una pregunta complicada, con fácil contestación. El reino de Dios es algo sencillo, algo presente en la vida, en la naturaleza, en el propio hombre. Nosotros somos reino de Dios.

En aquel tiempo, decía Jesús: «A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé? 
Jesús Maestro con sencillez, con claridad, con brevedad y con gran profundidad comparte con los suyos los secretos del Reino. Ambas parábolas, a pesar de su brevedad, son sumamente provechosas. 
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas». 
Nos invitan a dejarnos impulsar por un doble dinamismo: Uno interior, crecer desde la entrega, como el grano de mostaza, no desde la vanidad de la apariencia y otro, exterior y dirigido hacia fuera: transformar el ambiente como la levadura en la masa, irradiar e influir. 
No son opciones alternativas, desechable la una de la otra. Deben ser simultáneas y obedecen a dos urgencias hoy para el cristiano: a seguir creciendo en profundidad y en sabiduría ¡nos falta tanto por aprender! Y a descubrir la misión que no sólo se reduce a la transmisión de ideas, sino al contagio de la vida.
Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios?
 Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

Un mensaje de esperanza es lo que nos comunican ambas parábolas. El crecimiento del reino, el crecimiento del bien es tan lento que no lo percibimos la inmensa mayoría de las veces, pero que no lo percibamos no quiere decir que no se este dando


Señor, leyendo hoy el evangelio, me dan ganas de decirte: hazme pequeño, como ese granito de mostaza. No quiero presumir de saber mucho, de tener mucho, de valer mucho. Quiero presumir de mi pequeñez. Y eso es lo que te ofrezco: “eso poquito que hay en mí”. Tú, Dios Padre, sabrás que vas a edificar “con lo poco que soy”.

LUNES

“ Mujer, quedas libre de tu enfermedad ”



según san Lucas 13,10-17 

En el Evangelio de hoy nos aparece el encuentro del Señor con una mujer necesitada de curación y como actúa devolviéndole la salud. Esto da ocasión a reflexionar sobre la acusación presentada a Ntro. Señor como transgresor de la ley.

sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo. 

La mujer representa a las buenas personas que viven enredadas consigo mismas. Son incapaces de levantar los ojos y volar hacia lo alto en alas de la acción de gracias y de la alabanza.

Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. 

Es Jesús quien toma la iniciativa. Nadie le ha pedido nada. Libera a la mujer y la endereza en su cuerpo y en su dignidad. La mujer disfruta ahora de horizontes amplios. Mira a Jesús a los ojos. Y alaba, y canta, y glorifica a Dios.

Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente: «Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado». 

Pero el Señor no quebranta la santidad del sábado, más bien da una interpretación auténtica de la misma: es un día para hacer el bien, es una ocasión para salvar en lugar de destruir. Podemos aplicar esto pensando que Dios nos da cada día como una oportunidad para amar, para servir, para hacer el bien. Nos enseña que la auténtica religiosidad va siempre unida a la caridad.

Pero el Señor le respondió y dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar? 

Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».

Nos enseña que la auténtica religiosidad va siempre unida a la caridad. El amor al prójimo es un mandamiento semejante al del amor a Dios. Él no sólo quiere nuestra alabanza, sino también el respeto por nuestro prójimo. Dios ama a cada persona humana por sí misma, es por eso que toda vida humana es sagrada. Jesús al ver a la mujer encorvada sintió compasión de ella y la curó.

 Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.


 DOMINGO

DOMINGO

“ Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón ”



Lectura del evangelio según san Mateo 22,34-40. 

Según él, ese amor es la actitud de fondo, la fuerza clave e insustituible que pone verdad y sentido a nuestra relación religiosa con Dios y a nuestro comportamiento con las personas. ¿Qué es la religión cristiana sin amor? ¿A qué queda reducida nuestra vida en el interior de la Iglesia y en medio de la sociedad sin amor?

 En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

 Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» 

El amor libera nuestro corazón del riesgo de vivir empobrecidos, empequeñecidos o paralizados por la atención insana a toda clase de normas y ritos. ¿Qué es la vida de un practicante sin amor vivo a Dios? ¿Qué verdad hay en nuestra vida cristiana sin amor práctico al prójimo necesitado?

Este mandamiento es el principal y primero.

El amor se opone a dos actitudes bastantes difundidas. En primer lugar, la indiferencia entendida como insensibilidad, rigidez de mente, falta de corazón. En segundo lugar, el egocentrismo y desinterés por los demás.

 El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»


El centro de la Revelación de Jesús es: “Dios es Amor”. La revelación de Dios «ABBÄ» es la gran novedad que introduce Jesús en la religión. La aceptación de Dios como “Padre” lleno de cariño paternal, es la diferenciación íntima del que ha entrado en el Reino. 

ACCIDENTE DE URDA

 Papa León «vivamente apenado» por el accidente ferroviario en Españahttp://



El Papa León XIV manifestó hoy sentirse «vivamente apenado» tras el siniestro ferroviario acontecido durante la mañana de este miércoles, en Urda, provincia de Toledo, España. Mediante un telegrama firmado por el cardenal, Secretario de Estado, Pietro Parolin, el Santo Padre ofreció sufragios por «el eterno descanso de los difuntos» y envió «su sentido pésame a los familiares de los fallecidos, junto con sus expresiones de consuelo, viva solicitud y deseos de pronto restablecimiento de los heridos». 



 En este contexto, el Pontífice exhortó en su mensaje a los miembros de los equipos de rescate a «perseverar en los trabajos de socorro y asistencia», a la vez en que les impartió «a todos de corazón la confortadora bendición apostólica, como signo de esperanza en el señor resucitado».



Obispos españoles se suman al dolor de los afectados 

Por su parte, en un comunicado difundido este 28 de octubre, la Conferencia Episcopal Española -CEE- se unió «al dolor de las personas afectadas» y solicitó oración «en las celebraciones de la comunidad cristiana por todas las víctimas». 

Es así que el episcopado español manifestó que «desea expresar sus condolencias y cercanía a las familias de las víctimas y reza por el eterno descanso de los fallecidos y por la recuperación de los heridos» y, en concordancia con el mensaje del Santo Padre, encomedó «todas las personas que trabajan en las labores de emergencia, a quienes atienden a los heridos y acompañan a las familias de las víctimas».

La reacción de la Iglesia y del Gobierno 

La Archidiócesis de Toledo expresó, ante el siniestro ferroviario ocurrido en Toledo, «su profunda preocupación y su cercanía a todas las personas afectadas por este suceso». 

 A través de un comunicado oficial, el arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, y el obispo auxiliar, Mons. Francisco César García Magán, expresaron que «encomiendan al Señor a las víctimas y a sus familiares, elevando sus oraciones por quienes han resultado heridos y por todos aquellos que están viviendo momentos de angustia e incertidumbre a consecuencia de este accidente».

 También, manifestaron su «reconocimiento y gratitud a los servicios de emergencia, sanitarios y de seguridad, así como a todas las personas que están trabajando en las labores de asistencia y atención a los afectados».

 «La Archidiócesis de Toledo, la parroquia de Urda, la parroquia de Los Yébenes y Cáritas Diocesana de Toledo, se pone a disposición de todas las personas afectadas y de sus familias para ofrecerles la ayuda, el acompañamiento y el apoyo que puedan necesitar en estos difíciles momentos». 


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 Del mismo modo, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española -CEE-, monseñor Francisco César García, comunicó su consternación ante el grave accidente ferroviario y se unió al dolor de las familias de los fallecidos. 

 «Estoy consternado por el grave accidente de tren en Toledo. Rezo por el eterno descanso de los fallecidos y la pronta recuperación de los heridos». 

 Por su parte, los partidos políticos suspendieron sus campañas electorales y el ministro de Transporte, Óscar Puente, anunció por la red social X que se encuentra de camino a Toledo. Asimismo, el Presidente del Gobierno de España expresó su consternación ante el «grave accidente».




miércoles, 28 de octubre de 2026

SAN JUDAS Y SAN SIMÓN





San Judas Tadeo es uno de los santos más populares, a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con fe.

En Alemania, Italia, América y muchos sitios más, tiene numerosos devotos que consiguen por su intercesión admirable ayuda de Dios, especialmente en cuanto a conseguir empleo, casa u otros beneficios.

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.
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 Judas es una palabra hebrea que significa: "alabanzas sean dadas a Dios".
Tadeo quiere decir: "valiente para proclamar su fe".

Simón significa: "Dios ha oído mi súplica".

A San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos todas partes a predicanr la Palabra de Dios.
 Ambos fueron llamados por Jesús para formar parte del grupo de sus 12 escogidos o apóstoles.

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 Ambos recibieron el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego el día de Pentecostés y presenciaron los milagros de Jesús en Galilea y Judea y oyeron sus sermones; le vieron ya resucitado y hablaron con Él después de su santa muerte en la Cruz, le vieron luego de Su gloriosa resurrección y fueron testigos prescenciales su Ascensión al cielo.

A Judas se le llama Tadeo para diferenciarlo de Judas Iscariote que fue el que entregó a Jesús.


San Judas Tadeo escribió una de las Cartas del Nuevo Testamento. En la misma, ataca a los gnósticos y dice que los que tienen fe pero no hacen buenas obras son como nubes que no tienen agua, árboles sin fruto, y olas con sólo espumas, y que los que se dedican a los pecados de impureza y a hacer actos contrarios a la naturaleza, sufrirán la pena del fuego eterno.

La antigua tradición cuenta que a San Simón lo mataron aserrándolo por medio y, a San Judas Tadeo, cortándole la cabeza de un hachazo. A San Judas le pintan muchas veces con un hacha en la mano.


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domingo, 25 de octubre de 2026

TOLEDO PEREGRINA A GUADALUPE

 16-18/10/26 




PEREGRINACIÓN DIOCESANA DE JÓVENES A GUADALUPE organizada por SEPAJU Toledo






 Y ENCUENTRO DE FAMILIAS EN GUADALUPE organizado por Delegación Familia y Vida Toledo














sábado, 24 de octubre de 2026

JAVIER XXIX Y XXX

 

Misioneros: pan partido para el mundo

1.- Amar a Dios, con toda nuestra alma y con todo nuestro ser, tendría que suponer, en esta jornada misionera, potenciar los mismos sentimientos con los que tantos miles de misioneros/as se han sentido empujados para dejar, tierra y familia llevando el amor de Dios a tantos rincones conocidos o perdidos de la tierra.

El pan partido para el mundo, Jesús, se siembra, se siega, se cuece y se ofrece con el testimonio y la valentía, la audacia y el desprendimiento de hombres y de mujeres que –lejos de esa espiral de egoísmo que nos invade- salen de sí mismos multiplicándose en pan material y espiritual especialmente en las zonas más desfavorecidas de nuestro planeta.

¿Os habéis parado a pensar qué es lo primero que preguntan a un misionero cuando llega a su misión? ¿Os habéis detenido a pensar que es lo qué nos preguntan a los que estamos en la zona de la opulencia y del bienestar?

A los primeros les dicen: ¿qué nos traen?, ¿por qué Dios nos ama?, ¿quién es Dios?, ¿es verdad que somos hermanos?

A los segundos, por el contrario, nos desconciertan frases como las siguientes: ¿por qué siempre dicen Vds. lo mismo?, ¿por qué no son más breves sus homilías?, ¿es necesario ir a misa para hacer la primera comunión?, ¿por qué tenemos que enviar a nuestros hijos a la catequesis?

Son los contrastes de los que tienen hambre de Dios con aquellos otros que están cansados porque, ni tan siquiera, se han molestado en conocerle aunque sean sus hijos por el Bautismo. En unos la fe llega como novedad, en otros, se transmite más como derecho que como regalo de Dios.

2.- La Jornada Misionera del Domund tiene esa vertiente solidaria hacia tantos países que conocen a Jesucristo pero que necesitan de nuestra ayuda espiritual y económica. Hacia aquellos otros países que ni tan siquiera han oído pronunciar el nombre de Jesús. Hoy, también, pensamos en aquellos otros donde con frecuencia, Jesucristo, ha quedado relegado a un fenómeno cultural, a una referencia o reflexión histórica pero sin consecuencias prácticas a la hora de la verdad.

Estamos a punto de iniciar el V Centenario del nacimiento de San Francisco Javier (patrón de las misiones junto con Santa Teresita del Niño Jesús). ¿Qué diría hoy este Santo si volviese a la tierra que le vio nacer y contemplase cristianos que viven como si no lo fueran? ¿Qué reacción tendría si viese que la vida cristiana no está formada ni formulada en muchas personas, porque son incapaces de retener o de aprender unas oraciones?

Posiblemente, San Francisco Javier, inventaría otra jornada mundial para recuperar a los cristianos que han quedado fríos por el camino. Llamaría, de puerta en puerta, despertando el entusiasmo por la persona de Jesucristo.

3.- Hoy, en esta Jornada Mundial de la Propagación de la Fe, no nos podemos centrar solamente en aquellos continentes donde tradicionalmente se ha focalizado esta jornada. Hoy, en Europa y en aquellas sociedades asentadas económicamente, Dios ha pasado a ser, en muchos casos, un nombre anónimo, indiferente e invisible en el corazón para muchos ciudadanos, la iglesia un ente desconocido cuando no lapidado o desprestigiado, Jesucristo un personaje histórico y la fe algo del pasado.

¿Qué es amar a Dios sobre todas las cosas? Es querer que en nuestra familia y en nuestra sociedad esté presente como un punto de referencia y motor en el vivir de muchas personas.

¿Resumimos el Evangelio?

En diversas ocasiones los encargados de una ponencia o los llamados a desarrollar un tema, suelen concluir con la siguiente coletilla: “en resumen” o “resumiendo”. También, Jesús de Nazaret, nos hace una síntesis de todo aquello por lo que El se ha movido, ha hablado y actuado: el amor de Dios en beneficio del hombre. ¿Sirven unas normas que sean cumplidas sin ser tener en cuenta la razón por las que se pensaron? ¿Son las leyes, por lo menos algunas, resorte de los derechos humanos, paradigma de la dignidad de las personas?

1.- Hoy, en un mundo convulsionado, confundido,complicado y en el que día a día, una y otra vez, nacen leyes –consensuadas por una mayoría- en pro del bienestar, nos podríamos preguntar: ¿Son esas leyes justas o injustas? ¿Favorecen a todos o a una minoría? ¿Están encaminadas al bien común o al bien particular? ¿Están regidas desde la ética y la moral o desde el simple capricho? El Evangelio de este día nos da la tónica que ha de llevar en su vida un cristiano: el amor a Dios y al prójimo ha de sostener lo que somos, decimos y hacemos.

Los escribas que tentaban aJesús intentaban desempeñar al dedillo nadamás y menos que 613 mandamientos. Con ello, sin darse cuenta, miraban tanto al libro que olvidaban al autor; se fijaban tanto en la letra que vivían de espaldas al espíritu con el que fue escrita; adornaban de tal manera su existencia que, escasamente, percibían el dolor o las miserias de aquellos que les rodeaban. Porque, la cuestión, no era quién cumplía más y mejor la Ley. Jesús pone el dedo en la llaga y les recuerda que, el amor a Dios, pasa necesariamente por el amor al prójimo. No nos puede ocurrir como aquel conductor que presumía de un cumplimiento perfecto del código de normas del tráfico pero, en esa obsesión, apenas disfrutaba ni del paisaje que cruzaba con sus coches en sus numerosos viajes y, lo que es peor, dejaba a pie de carretera a personas que necesitaban su auxilio o su atención.

2.- Hoy, sin embargo, me da la impresión que –también este mandamiento angular del amor- muchos de nosotros, y también de los que no están en esta Eucaristía, lo entendemos o lo vivimos a nuestra manera. A menudo solemos decir y escuchar: “yo amo a Dios y no necesito de la Iglesia” “yo hago el bien y, eso, es suficiente”. Y, en estas frases, que pueden ser pancarta de una gran verdad, también pueden darse motivos para la autojustificación, para no beber de las fuentes de la Palabra o, incluso, para amar a Dios y al prójimo…pues eso…”a nuestra manera” pero no “a la manera de Dios”. ¿No os parece que esto es así?

–Cuando decimos “yo amo a Dios” ¿Lo hacemos con todas las consecuencias, en todo y sobre todo?

–Cuando presumimos de hacer el bien ¿Lo hacemos sin distinción, todos los días y a todas las horas como Dios mismo nos ama?

–Cuando, en un intento de posicionarnos al margen de la vivencia religiosa, solemos afirmar que “lo importante es hacer el bien” ¿no os parece que, en el fondo,se esconde una ideología en la que Dios cuenta poco o nada?

3.- Sí, hermanos. De sobra sabemos que amar a Dios y al prójimo es el resumen o la síntesis de todo el evangelio. Pero, cuando uno descubre el amor que Dios nos tiene (y, en contrapartida, el amor que hemos de ofrecer a los demás) es cuandocae en la cuenta que, el resto de los mandamientos, apuntalan todo ese edificio amoroso en el que conviven, disfrutan y se encuentran el amor divino con el amor humano.

O dicho de otra manera: quien ama a Dios, sobre todas las cosas y quien se vuelca en el prójimo como en uno mismo es porque, a la fuerza, cumple a la perfección el resto de los mandamientos. ¿O no?

4.- EN RESUMEN

Ayúdame a entregarme y amar
y a no buscar razones para amar
Ayúdame, Señor, a perdonar
y a no filtrar interesadamente el perdón
Ayúdame, Señor, a conocerte
y a no excusarme con decir que “ya te conozco”
EN RESUMEN, SEÑOR
Recuérdame que, no es tan importante
el que yo sepa mucho de Ti
cuanto que yo te quiera de verdad
Que lo esencial no es fijarme en la letra
sino en las consecuencias que al leerla
para mi vida entraña y exige
EN RESUMEN, SEÑOR
Indícame cómo escuchar y vivir tu Palabra
Cómo cumplir y vivir tu Ley
En dónde poner el acento
y de donde quitarlo
Dónde y cómo está el prójimo
y no “mi amigo querido”
EN RESUMEN, SEÑOR
Que no sea un sabelotodo
y si un eternamente abierto a todos
Que no presuma de haberte conocido
cuando, por lo que sea,
doy la espalda a mi hermano
Que no caiga en la vanidad de creerme perfecto
cuando, bien de sobra sé, que Tú sólo eres el Santo
EN RESUMEN, SEÑOR
Ayúdame a mirar con amor
como Tú miras
Ayúdame a ver las cosas
como Tú las ves
Ayúdame a caminar
con tus mismos pasos
Ayúdame a vivir
con tus mismos pensamientos.
Pues, sé Señor, que la letra a veces mata
pero tu Espíritu siempre da la vida.
Amén.



Ante el miedo… oremos

1.- Había quedado atrás aquel milagro espectacular de la multiplicación de los panes y de los peces. Los discípulos, sin pensárselo dos veces, subieron a la barca invitados por Jesús.

Con aquel Señor que cumplía lo que decía, que multiplicaba a miles, panes y peces, merecía la pena ser seguido y obedecido. ¡Qué mejor seguridad que caminar con tan buen cayado!

Pero, como en las películas, en el seguimiento a Jesús hay escenas de miedo. Momentos donde parece detenerse la felicidad. Instantes que uno quisiera pasar rápidamente para llegar al final cuanto antes.

Los discípulos se embarcaron en aquella aventura que Jesús les sugirió. Pronto comenzaron las dificultades. Las aguas turbulentas, el mar embravecido les hizo comer su propia realidad: seguir a Jesús no implica vivir al margen de las pruebas, de los sufrimientos o de los temores. Eso sí, vivir con Jesús, aporta la fortaleza y serenidad necesarias para seguir adelante y para que nunca, las zancadillas, sean mayores que nuestra capacidad para sortearlas.

2.- Uno, cuando es creyente convencido (no solo bautizado) pone sus afanes no solamente en la exclusividad de sus fuerzas y carismas. Jesús, aún siendo Hijo de Dios, necesitaba de ese “tú a tú” de la oración. Escogía espacio y tiempo, lugares y silencio para un coloquio con Dios.

A Jesús, en su experiencia de Getsemaní, se le diluyeron los miedos y las ganas de renunciar a su misión, por el contacto íntimo con Dios. ¿No será que nuestras fragilidades y cobardías son fruto de nuestra deficitaria comunión o comunicación con el Señor?

3.- ¡No tengáis miedo! Nos dice el Señor en este domingo. En pleno verano y con un sol de justicia, buscamos sombrillas y lociones que nos hagan más llevadero el tórrido calor. Tenemos miedo a quemarnos y miedo al dolor. La fe, cuando está sólidamente fundamentada y enganchada en Jesús, es la mejor sombrilla y la mejor loción que podemos utilizar para evitar quemaduras en el alma y sonrojo en el rostro.

Estamos en unos tiempos donde hemos de saber contemplar la presencia de un Dios que nos está tensando un poco. Que está purificando nuestro discipulado. Nuestra pertenencia a su pueblo.

4.- Hoy, como Pedro, gritamos aquello de ¡Señor, sálvame! Dejemos un margen de confianza al Señor. Lancémonos a las aguas de nuestro mundo sin miedo a ser engullidos por ellas. Si, el Señor va por delante, tenemos las de ganar. El es el dueño de la barca. El sentido de nuestra historia. El fin de nuestra oración y de nuestra entrega. En el silencio aparente, en la ausencia dolorosa es donde hemos de aprender a buscar y a ver el rostro del Señor que, un domingo más y en pleno verano, nos grita: ¡Animo soy yo, no tengáis miedo!

En el silencio, busquemos a Dios

¡Cuánto ruido a nuestro alrededor! ¡Cuántas imágenes que, distraen sin quererlo, nuestra atención de lo esencialmente importante!

1.- ¿Y Dios? ¿Dónde hemos dejado a Dios? Porque, a Dios, no se le busca en lo extraordinario. Al Señor no se le encuentra en los terremotos o señales prodigiosas como, por ejemplo, presentía Elías en el monte Horeb. A Dios, unos en este verano que estamos disfrutando, otros allá donde os encontréis, le podemos hallar en el silencio, en la soledad, en la contemplación y, sobre todo, en la confianza.

Sí; nuestra fe es confiar en Aquel al cual seguimos. Nuestra fe supone dar un voto de confianza, un día sí y otro también, a un Jesús que –cuando observa nuestro corazón volcado en El- es capaz de hacernos caminar sobre las aguas turbulentas de nuestra vida. Pedro ¡el primer Papa! tuvo indecisión, dudas, incertidumbre. Ello le valió el hundirse bajo las mismas aguas sobre las cuales el Señor caminaba. ¿Qué ocurrió? ¿Le engañó Jesús? ¡No! Se engaño él mismo: Pedro miraba a Jesús pero, a la vez, miraba al fondo del mar. Pedro miraba a Cristo, y con el rabillo del ojo izquierdo, procuraba que su manto no fuera envuelto por una tímida ola.

2.- Nuestra fe no es un cúmulo de certezas. Pero, nuestra fe, es vivir en la certeza de que el Señor nos acompaña. Que nada, ni nadie, nos podrá apartar de su dulce presencia. ¿Lo sentimos así? ¿Caminamos sobre las aguas de la vida conscientes de que, el Señor, es dueño de bravo oleaje y señor de la repentina calma?

En los pequeños detalles de cada día. En la tormenta (cuando nos asolan los problemas y parece que son más grandes que nuestra capacidad para hacerles frente); en la calma (cuando sentimos una felicidad indescriptible pero que llena de paz nuestro interior); en las luchas (cuando procuramos afanarnos en algo y superarnos a nosotros mismos); en un saludo o un encuentro, en un apretón de manos o en una reconciliación que teníamos como asignatura pendiente. ¿No nos damos cuenta que, tal vez, es donde el Señor habla y nos hace caminar sobre las aguas?

3.- Nos hemos de acostumbrar a sentir a Dios en lo pequeño. Vino diminuto en Belén y..en la pequeñez Dios se quiso acercar al hombre. No pretendamos, por ello mismo, coger la escalera de los sucesos extraordinarios o de la grandeza, para llegarnos hasta Dios. La brisa, de la cual nos habla la primera lectura, o las aguas bravías del Evangelio de este día, nos pueden llevar a comprender dos cosas: el Señor nos viene de la forma más sorprendente que podamos imaginar y, por otro lado, sólo nos exige fe. ¿Seremos capaces de ofrecérsela? ¿Lo intentamos? ¡Feliz Domingo, amigos! ¡Caminemos sobre las aguas pero, eso sí, miremos de frente al Señor!

4.- TENGO MIEDO, SEÑOR

A que tu barca, la barca de tu Iglesia,
me lleva a horizontes desconocidos
A que, tu Palabra, veraz y nítida
deje al descubierto el “pedro”
que habita en mis entrañas.

TENGO MIEDO, SEÑOR
De caminar sobre las aguas de la fe
De nadar contracorriente
De mirarte y estremecerme
De hundirme en mis miserias
y en mis tribulaciones
en mi falta de confianza
y…de mis exigencias contigo.

TENGO MIEDO, SEÑOR
De que me vean avanzando
en medio de las olas del mundo
con las velas desplegadas de la fe
Que me divisen, de cerca o de lejos,
navegando en dirección hacia Ti

TENGO MIEDO, SEÑOR
De que, en las dificultades,
no respondas como yo quisiera
Que, en las tormentas,
no me rescates a tiempo
Que, en la lluvia torrencial,
no acudas en mi socorro.
Por eso, porque tengo miedo, Señor,
mírame de frente, de costado y de lado
para que, en mis temores,
Tú seas el Señor
El Señor que venga en mi rescate.
Amén.


Ante las dificultades: el remo de la oración

1. Había quedado atrás aquel milagro espectacular de la multiplicación de los panes y de los peces. Los discípulos, sin pensárselo dos veces, subieron a la barca invitados por Jesús.

Con aquel Señor que cumplía lo que decía, que multiplicaba a miles, panes y peces, merecía la pena ser seguido y obedecido.

Pero, como en las películas, en el seguimiento a Jesús hay escenas de miedo. Momentos donde parece detenerse la felicidad. Instantes que uno quisiera pasar rápidamente para llegar al final cuanto antes.

Los discípulos se embarcaron en aquella aventura que Jesús les sugirió. Pronto comenzaron las dificultades. Las aguas turbulentas, el mar embravecido les hizo comer su propia realidad: seguir a Jesús no implica vivir al margen de las pruebas, de los sufrimientos o de los temores. Eso sí, vivir con Jesús, aporta la fortaleza y serenidad necesarias para seguir adelante y para que nunca, las zancadillas, sean mayores que nuestra capacidad para sortearlas.

2. – Uno, cuando es creyente convencido (no solo bautizado) pone sus afanes no solamente en la exclusividad de sus fuerzas y carismas. Jesús, aún siendo Hijo de Dios, necesitaba de ese “tú a tú” de la oración. Escogía espacio y tiempo, lugares y silencio para un coloquio con Dios.

A Jesús, en su experiencia de Getsemaní, se le diluyeron los miedos y las ganas de renunciar a su misión, por el contacto íntimo con Dios. ¿No será que nuestras fragilidades y cobardías son fruto de nuestra deficitaria comunión o comunicación con el Señor?

¡No tengáis miedo! Nos dice el Señor en este domingo. En pleno verano y con un sol de justicia, buscamos sombrillas y lociones que nos hagan más llevadero el tórrido calor. Tenemos miedo a quemarnos y miedo al dolor. La fe, cuando está solidamente fundamentada y enganchada en Jesús, es la mejor sombrilla y la mejor loción que podemos utilizar para evitar quemaduras en el alma y sonrojo en el rostro.

3.- Estamos en unos tiempos donde hemos de saber contemplar la presencia de un Dios que nos está tensando un poco. Que está purificando nuestro discipulado. Nuestra pertenencia a su pueblo.

Hoy, como Pedro, gritamos aquello de ¡Señor, sálvame! Dejemos un margen de confianza al Señor. Lancémonos a las aguas de nuestro mundo sin miedo a ser engullidos por ellas. Si, el Señor va por delante, tenemos las de ganar. El es el dueño de la barca. El sentido de nuestra historia. El fin de nuestra oración y de nuestra entrega. En el silencio aparente, en la ausencia dolorosa es donde hemos de aprender a buscar y a ver el rostro del Señor que, un domingo más y en pleno verano, nos grita: ¡Animo soy yo, no tengáis miedo!