YA ES SEMANA SANTA

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domingo, 1 de junio de 2025

FUE LLEVADO HASTA EL CIELO

 del santo evangelio según san Lucas (24,46-53) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión



“ fue llevado hacia el cielo ”
La solemnidad de la Ascensión del Señor nos invita a contemplar uno de los misterios más profundos de nuestra fe: Jesús, tras cumplir su misión en la tierra, regresa al Padre, llevando consigo nuestra humanidad redimida. No es un adiós definitivo, sino la culminación de su obra y el comienzo de una nueva etapa en la historia de la salvación. 

 El relato de los Hechos de los Apóstoles nos muestra cómo, a la vista de los discípulos, Jesús es elevado al cielo. Ellos permanecen mirando fijamente al cielo, quizá con asombro y nostalgia, pero reciben un mensaje claro: no deben quedarse inmóviles, sino ser testigos de todo lo que han visto y oído. La Ascensión no es una llamada a quedarse mirando al cielo, sino a ponerse en camino, a anunciar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. 
 El Evangelio de Lucas nos recuerda la promesa de Jesús: enviará sobre los discípulos la fuerza que viene de lo alto. No estamos solos en esta tarea; el Espíritu Santo es quien nos capacita para la misión. Antes de partir, Jesús los bendice, gesto que encierra ternura, protección y envío. Esa bendición sigue resonando hoy en la vida de la Iglesia: somos enviados al mundo para anunciar la conversión y el perdón de los pecados, con la certeza de que Cristo, glorificado, intercede por nosotros. 

 San Pablo, en la carta a los Efesios, nos ayuda a mirar más allá: Cristo está sentado a la derecha del Padre, por encima de todo principado, potestad y dominación. Su señorío es universal y eterno. Pero no se aleja de nosotros: es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo. Unidos a Él, participamos de su victoria y de su misión. 



 Por tanto, la Ascensión nos recuerda que nuestra vida no está cerrada en este mundo: estamos llamados a mirar al cielo, pero con los pies firmes en la tierra, siendo testigos valientes de la esperanza que nos sostiene. Que, como los discípulos, sepamos acoger la bendición de Cristo y llevarla a todos los rincones de nuestra vida.

jueves, 24 de abril de 2025

VOSOTROS, SOIS MIS TESTIGOS

santo evangelio según san Lucas 24, 35-48 

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».

Las escenas que nos va presentando la liturgia de este tiempo Pascual nos hablan de cómo se va gestando y consolidando la Fe, de los primeros pasos de una Iglesia que nace, también de los titubeos, miedos y cobardías. de las indecisiones y de los atrevimientos. Hoy vemos a los amigos de Jesús reunidos Y es fácil imaginar la de conversaciones cruzadas, los conatos por hacerse oír cada cual expresando su peculiar estado de euforia o de escepticismo, sus controversias, ¿estaba vivo o todo eran cuentos de fantasmas?



Los de Emaús cuentan, entusiasmados, su experiencia. Ellos habían querido rehacer su vida apartándose de la desazón y el miedo, del ambiente intoxicado de sentimientos tan convulsos. A Jesús lo mataron y todo había terminado, habían sido vanas la ilusión y la esperanza. Tenían que comenzar de nuevo. Un peregrino les acompaña, un desconocido que prende fuego en sus corazones. Y es que ¡¡era Él!! ¡¡lo reconocieron al partir el pan!!. 
 En este ambiente cargado de alegría y a la vez de una inmensa tristeza, de sospechas y temores aparece Jesús, pero lo confunden con un fantasma – «¿por qué os alarmáis? ¿porqué surten dudas en vuestro interior?»

Es Jesús que se identifica mostrando lo mas intimo y humano, las propias heridas, comiendo con ellos, incitando a ver y tocar. Es Jesús que se hace visible en medio de ellos. no se ha colado por ninguna parte, estaba ya allí. 
Una comunidad que habla con Jesús y de Jesús tiene garantizada su presencia, avalada por Él mismo. – “donde haya reunidos dos o tres en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” En comunidad es donde toma fuerza la fe. 
 Y les da su paz, no la del alboroto y la algarabía que anestesian embotando la mente, no la del desinterés o la del pasotismo y la evasión, ni la que da el mundo que nos dice “si quieres la paz prepara la guerra” ni tampoco la calma del camposanto.

La resurrección de Cristo es lo que da sentido a todas las vicisitudes y sentimientos, lo que nos ayuda a recobrar la calma y a serenarnos en las tinieblas de nuestra vida.
 Las otras pequeñas luces que encontramos en la vida sólo tienen sentido en esta Luz.

martes, 22 de abril de 2025

LOS DOS DE EMAUS

Evangelio según san Lucas (24,13-35) 

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados.  



Al atardecer del primer día de la semana, dos hombres van por el camino y caminaban destrozados sin comprender lo que le había ocurrido a Jesús. Se quedaron en el Viernes Santo.

 De pronto, un peregrino de la Pascua se une a ellos. 

El desconocido les habla, cita las Escrituras, ilumina la vida y la muerte del Crucificado: la esperanza no puede decepcionar, la vida renace de las cenizas, el grano debe morir para dar fruto.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”.

 Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. 

Es el pan roto compartido, la hogaza de la amistad, está ahí, ante ellos, el signo del Amigo. Son los gestos de la última cena, los gestos que la joven Iglesia repetía ya en memoria del Maestro. 

Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”

 Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.



Cristo ha padecido, ha muerto y ha resucitado, pero se ha quedado junto a nosotros en la Eucaristía, que es el lugar donde reconocemos su victoria sobre la muerte. Cristo Eucaristía es Cristo vivo, es Cristo resucitado. 
 Un cristiano que sabe que Cristo está presente en la hostia, no puede ser un cristiano triste, pues un santo triste es un triste santo. La Eucaristía es signo de alegría, de paz y de amor. Vemos en este pasaje sobre los discípulos de Emaús, que fue en el momento de partir el pan, cuando reconocieron a Cristo. Su tristeza pasó a ser una gran alegría, tanto así que, en ese momento, regresaron a Jerusalén para transmitirles a los apóstoles aquello que habían vivido.

jueves, 27 de marzo de 2025

LA MULTITUD QUEDÓ ADMIRADA

Evangelio según san Lucas (11,14-23) 

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: ⁠«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. El, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa.





El Evangelio de hoy nos aparece el Señor sanando a un hombre poseído, y a cambio recibe una acusación, nos deja claro que para Ntro. Señor no hay posturas intermedias, o somos de los suyos, o no. El Señor nos llama a vivir con radicalidad su seguimiento, el seguimiento a medias tintas o cuando me conviene, no es seguimiento, no se trata de ser buenas personas, conocer y seguir al Señor implica mucho más que ser buenos, nuestro corazón esta llamado a parecerse al corazón de Dios, nos falta mucho para amar como Él nos ama. 

 Concluye el Evangelio de hoy con una máxima: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama”.

 O estamos con el Señor o contra él, me viene a la memoria la meditación de los ejercicios ignacianos, la meditación de las dos banderas, estamos bajo la bandera del Señor o nuestra bandera es el mundo, el demonio o la carne. 
Nos configuramos con el Señor o nuestro espíritu es mundano, A veces, vivimos como si Dios no existiera, no nos diferenciamos en nada o casi de nada de los que no conocen a Dios, tenemos un actuar pagano, nuestras aspiraciones, preocupaciones, anhelos son los del mundo.
Estamos muy mundanizados, estamos llamados a dejarnos transformar y convertir por el Señor. “O estamos en el camino del amor, o estamos en el camino de la hipocresía.
 O te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres, según tu corazón, que se va endureciendo, cada vez más, por ese camino. ‘El que no está conmigo, está contra mí’: no hay un tercer camino de compromiso. O eres santo, o te vas por el otro camino. ‘




El drama que hoy contemplamos es uno de los peores: la increencia. En el fondo, el gran problema de los fariseos es que no quieren creer en el Dios de Jesús. Si Jesús hubiera curado a enfermos y posesos sin reivindicar por su parte su relación con Dios, la habrían aplaudido, pues un curandero siempre viene bien. Si hubiera hecho un milagro más para "darle una señal del cielo", le habrían llevado a hombros.

 Pero Cristo nunca quiso entrar en ese juego, solo quiso ser Hijo del Padre, y exigió para él una fe sin más pruebas que la confianza. Pidió a la fidelidad dar el paso definitivo. Un paso sin desviación posible, pues "¡quien no está conmigo, está contra mí!". La fe interesada, caprichosa, obstinada, rutinaria de los fariseos le impiden ver la novedad de Dios ¡es tan fácil acomodarse a este tipo de fe! Al final caemos en la tentación de ser "ateos creyentes", practicamos, decimos que creemos, pero en el fondo, no confiamos realmente en Dios. La fe es solo eso: pura confianza. ¿Quién cree así?

lunes, 24 de marzo de 2025

EL RECHAZO A JESÚS

Evangelio según san Lucas (4,24-30) 

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»








En el Evangelio de hoy nos presenta al Señor sintiendo el rechazo de los suyos, y nos encontramos con el famoso dicho: “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, no fue acogido. El pasaje nos resalta que el Señor: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino”. 


La verdadera conversión se apoya en un gran deseo: conocer a Dios. Todo lo demás es egocentrismo sin horizonte. 

Jesús llega a la sinagoga de Nazaret, su pueblo, y no solo declara ingenuamente: "hoy se ha cumplido la Palabra", sino que se presenta como el que va a renovar la historia a través de su persona. En eso consiste la fe y es lo que Dios viene a renovar, el corazón del hombre a través de su Hijo. ¿Lo conseguirá frente a los maestros de la ley que han edificado un sistema de leyes y de ritos en el que el corazón, a la postre, no cuenta para nada? 

Hoy los habitantes de Nazaret se encogen de hombros y ante las palabras de Jesús que les encara con la verdad de sus vidas, prefieren no escuchar y reaccionar de tal modo que quieren acabar con la vida de Jesús. "Pero él, pasando por en medio de ellos, siguió su camino". Camino de la cruz. El único por el que Dios ha encontrado paso para renovar el corazón del hombre.


Aunque sabe que ningún profeta es bien recibido en su patria, sin embargo la cerrazón de corazón de su gente le resulta oscura, impenetrable: ¿Cómo es posible que no reconozcan la luz de la Verdad? ¿Por qué no se abren a la bondad de Dios, que quiso compartir nuestra humanidad? De hecho, el hombre Jesús de Nazaret es la transparencia de Dios, en él Dios habita plenamente. 







Quien entendió verdaderamente esta realidad es la Virgen María, bienaventurada porque creyó. María no se escandalizó de su Hijo: su asombro por él está lleno de fe, lleno de amor y de alegría, al verlo tan humano y a la vez tan divino. Así pues, aprendamos de ella, nuestra Madre en la fe, a reconocer en la humanidad de Cristo la revelación perfecta de Dios.” Nos encontramos en un tiempo propicio, tiempo de gracia, tiempo favorable para intensificar nuestro encuentro con el Señor. No desaprovechemos esta oportunidad.

domingo, 23 de marzo de 2025

LA HIGUERA Y LOS FRUTOS

  santo Evangelio según san Lucas (13,1-9) 

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.


Dios no se rinde. Quiere seguir, una y otra vez, intentando lo imposible: que nos convirtamos. 
Ante la falta de respuesta de nuestra "higuera", Él en vez de cortarla ha preferido trabajar nuestro corazón con la advertencia: "Si no os convertís todos pereceréis". 

 El Señor quiere poner en juego todos los recursos que su amor va inventando cada día. Es una mezcla impresionante de amor, paciencia, de búsqueda constante, de recurso que puedan ayudar al otro sin obligarlo, sugerirle sin imponerle, animarlo sin coaccionarlo. 
Es exponerse, sí, a que el otro termine no queriendo: "sino, el año que viene la cortáis ". Pero también y sobre todo, un bonito acto de fe en la capacidad de conversión del otro. 

 Todo para que alguna vez, sin prisa, cuando hayamos acabado de madurar por dentro, cuando en ese interior misterioso y personalísimo donde se toma la decisiones libres nos parezca oportuno, nuestro corazón se abra con una sonrisa; y le digamos que sí, y empecemos a dar fruto.
 Entonces habrá valido la pena esperar un año más, Y estercolar, y cavar en torno a nuestra pobre higuera.
 Así, cuando la higuera de fruto, podremos con todo derecho echar el vuelos las campanas de la alegría, porque otro hombre habrá dado, en plena libertad, el paso de decir a Dios que sí. 
Habrá mucha alegría en el cielo por cada con pecador que se convierta.



Cuaresma, tiempo para dar fruto-
Transforma tu vida con frutos de amor y misericordia.

sábado, 22 de marzo de 2025

REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15,1-3.11-32): 

“ Este hijo mío estaba muerto, y ha revivido ”

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. 



El Evangelio de hoy nos presenta la parábola conocida por la del hijo pródigo. Aunque lo que más nos revela es cómo es el corazón de Dios, podría denominarse también la del Padre misericordioso. Es la acogida gratuita y verdadera de su amor.

El padre espera con inquietud que el pequeño regrese y cuando lo ve corre hacia él para abrazarlo y besarlo, ordenando devolverle la dignidad perdida con los signos de anillo, sandalias y túnica.

 Es su manifestación de que “El Padre Dios es Amor”. Nos espera, no para recriminarnos, sino para abrazarnos y colmarnos de besos. 

El Señor no se cansa de perdonarnos, nos perdona siempre, está deseoso de renovar su alianza contigo, nos invita a acoger su amor y dejar que Él realice su obra en nosotros, llevando su amor, aprendiendo a ser comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos.  .

Dios es Padre en estado puro. Un Padre que solo vive de paternidad, es decir, del don de sí, de gratuidad, de ternura. 

No escucha para nada la confesión debidamente preparada de su hijo. Corre para abrazarlo y no teme el ridículo de las efusiones ni de una fiesta que para cualquier "justo" sería motivo de guasa. Del pecador hace un príncipe, y del desvergonzado un recién nacido. 

¡Mi hijo ha vuelto a la vida! ¿Qué es, lo que nos impide comprender que la reconciliación no tiene su centro en nuestras confesiones, sino en el corazón de Dios?

Muestra su alegría desbordante en la fiesta que organiza para celebrar el regreso, matando el ternero cebado porque no se conforma con cualquier cabeza del ganado, igual que sus jornaleros tienen abundancia de pan. El Padre es así, no sólo justo, es todo bondad. 

Por fin, cuando el mayor le recrimina su postura ante el pequeño lo corrige con cariño y suavidad, pidiéndole que comparta su alegría.

El hijo mayor no se ha quejado de nada, nunca ha festejado nada, y de repente, se pone celoso, furioso, obstinado. Su universo religioso se tambalea con la vuelta de su hermano menor, del vagabundo, dicho con otras palabras, con la revelación del corazón de Dios.

No puede comprender nada de Dios, porque está encerrado en su estricta justicia distributiva, en sus méritos, en sus contratos de toma y daca. 

En el fondo, solo el hijo pródigo puede comprender a Dios. Sólo él ha podido experimentar la ternura del perdón, la locura de la resurrección y la fiesta de la renovación reconocerá este rostro nuevo del Padre. 


Para este tiempo de Cuaresma, en el que se nos invita a una seria y profunda conversión, esta parábola nos anima a volver a descubrir cómo es nuestro Padre Dios, para eliminar esas imágenes falsas que tantas veces se nos vienen. Ahora, en plena crisis pandémica por el covid19 algunos mensajes, que circulan por ciertos ámbitos, achacan a un castigo o enojo divino lo que nos ocurre, nada más lejos de lo que nos enseña Jesucristo sobre el Padre Dios. Por eso, es importante que en Cuaresma purifiquemos nuestra imagen de Dios para vivir, de verdad, como hijos suyos y llegar a la Pascua con un corazón nuevo.


jueves, 20 de marzo de 2025

ESCUCHAR A MOISES Y A LOS PROFETAS

evangelio según san Lucas 16, 19-31 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 




Que los pobres, sí los pobres, son los favoritos de Dios se deja ver en esta parábola del rico epulón y Lázaro. 

Del rico lo desconocemos todo: no sabemos cómo llegó a amasar su fortuna, desconocemos todos los detalles de su existencia incluido su nombre: epulón es un adjetivo que hace referencia a su gusto por los banquetes y la comida opípara. Sin embargo, 

Jesús se detiene en presentarnos a Lázaro con detalle: dónde malvivía, la escasez de alimento a diario y las llagas purulentas para las que sólo encontraba el consuelo de los lengüetazos de los perros. No puede haber más detalles en su descripción, pero sobre todo, nos acercamos a su vida a través del nombre: Lázaro. El nombre propio hebreo, que viene a significar el que recibe ayuda de Dios, se

Esta parábola inquieta a mi corazón. Veo en el rico Epulón la actitud de la despreocupación que lo encierra en si mismos, en sus bienes y seguridades, y aunque no es malo con el pobre, sus riquezas le impide verlo. Y veo, a los pobres, que lamentablemente forman parte del paisaje de nuestras calles sin realmente verlo. Desde hace mucho tiempo, hemos capitulado ante la fatalidad del mundo. ¿Y cómo reconocerse culpable cuando ya nadie llega a sentirse responsable? Cada cual se encierra en su actitud de reserva, aislado, protegido, cegado...



todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra intervención: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga. Si les cerramos nuestro corazón,


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo tenemos que llevar el amor de Dios, y mucho menos , desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden necesitar. Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”.

La conclusión del pasaje evangélico es una invitación a la escucha, igual que la experiencia del Tabor: “Escuchadle”, es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”.

lunes, 17 de marzo de 2025

SER MISERICORDIOSOS CON VUESTRO PADRE

evangelio según san Lucas (6,36-38) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».



El Evangelio de hoy concluye con una máxima: “La medida que uséis, la usaran con vosotros”. Para el creyente nuestra medida siempre la encontramos en Cristo, con lo cual, siempre andamos faltos de amor, la llamada es más fuerte, no podemos conformarnos con menos, nuestro mirarnos en Él nos debería de servir para sacar lo mejor de nosotros mismos. 

El pasaje de hoy me invita a la compasión y misericordia para con el prójimo que por alguna circunstancia me ofenda. La compasión de Dios, nos tiene que impulsar a vivir la misericordia para con los otros. Y es que una ofensa no se resuelve con otra. 

La única y verdadera solución es la caridad. Jesucristo nos enseño con su misma vida “que nadie ama más que aquel que da la vida” y su vida fue una entrega por amor. Enseñándonos así el camino del amor y siendo ejemplo de cómo se ama; allí está la medida, ese es nuestro parámetro. Contemplemos el proceder del Señor. El Evangelio nos pide a gritos una conversión; de lo contrario es imposible cumplir la consigna del Señor: no juzguéis, dad, perdonad. Si experimentamos ese perdón de Dios, podemos comenzar a perdonar con el amor con que hemos sido perdonados por el Señor. El Señor nos invita a responder con amor ante la ofensa. Si hay amor por el prójimo, entonces estamos cerca de Dios y Él vive en nosotros.



Si queremos que Dios sea indulgente con nosotros, tenemos que adoptar esa misma medida a la hora de juzgar a los demás. De esa manera nos estaremos convirtiendo en agentes de la reconciliación que Jesús ha venido a traernos a todos, y, aunque seguiremos sin superar inmediatamente todas nuestras limitaciones, si estaremos atrayendo hacia nosotros esa misericordia generosa y abundante de Dios, que es la que realmente (y no nuestros esfuerzos morales) nos cura, nos salva, nos acerca a la perfección del amor.

 

miércoles, 12 de marzo de 2025

JESUS , UN SIGNO

  santo Evangelio según san Lucas (11,29-32) 

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.




En el Evangelio de hoy nos habla del signo de Jonas, aquella gente exigía un signo, se resistían a creer en el Señor, comienza el pasaje resaltando que era mucha gente la que se apiñaba alrededor de Ntro. Señor, pero quizás, buscaban otros intereses, nada que ver con el reino de Dios, saciar otros bienes, conseguir algún provecho, pensar más bien de “tejas para abajo”, excesivamente mundano, lo habían visto hacer milagros, eso genera morbo, atracción, casi un espectáculo, y parece que le exigen que les muestre un signo, el Señor se siente decepcionado y les exhorta con el signo de Jonás, aprovecha para despertar la curiosidad, “aquí hay uno que es más que Salomón, más que Jonás…

El que sin cesar pide signos para creer ya está demostrando su incredulidad. La fe es un impulso del corazón, una iluminación del espíritu ante la presencia de Dios, les una llamada, una gracia.

 Hoy en otras partes, en este mismo momento, habrán hombres que descubrirán el Evangelio y se entregan a él sin discusión. Y ¿nosotros? los cercanos, los que decimos conocer a Dios, los que estamos acostumbrado a leer todo tipo de comentario, de reflexiones sobre la Palabra, ¿se nos nota? ¿La sabiduría de la Palabra, el signo de la Cruz, nos está dando vida?

 Ninive y la reina del Sur se levantaron contra esa generación incrédula y fueron sus testigos de cargo.



La Cuaresma es una oportunidad para volvernos al amor de Cristo. Es un tiempo oportuno, un tiempo favorable, donde se derrama la Gracia.

 ¿De verdad que vives de la fe? Aprovecha este tiempo de cuaresma para purificar tu fe y descubrir que solo quien confía, quien vive la vida con la plena seguridad de que está protegida por las manos amorosa de Dios, CREE.

sábado, 8 de marzo de 2025

SIGUEME

 santo Evangelio según san Lucas (5,27-32) 

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.


El Evangelio de hoy, nos muestra la vocación de Mateo: Es el Señor quien toma la iniciativa y le invita a seguirle.
La religión judía a lo más que hace con un pecador colaboracionista con el enemigo ocupante del pueblo judio, como era Leví, es reconocer su condición de pecador, etiquetarlo y apartarlo de los "justos" observadores de la ley que podían ayunar aunque su corazón estuvieran muy lejos de la misericordia de Dios y muy seco de amor. 

Jesús lo que hace, como ha hecho a lo largo de su camino, es compartir la mesa con los pecadores para dar sentido, ya de antemano, a la eucaristía en la que la sangre del Hijo de Dios se derramará para "el perdón de los pecados". Llegado para curar y salvar, Jesús se comportó hasta la muerte como un buen médico que llama a los enfermos a la conversión, a la salud, hasta dar la vida por ellos. 

 Y Leví lo abandonó todo para seguir a Jesús. Se convirtió. Sintió no solo el perdón de Dios sino todos sus gestos previos de acogida sin juicio, de cercanía sincera, de complicidad amorosa con su vida. Pues bien sabe Dios que solo el calor y la confianza que da el amor puede salvar al hombre. 

 Nuestra práctica religiosa solo tiene sentido cuando brota de un corazón convertido, entonces es el mejor signo de apertura a Dios y a los demás, de lo contrario, es fría y rígida. 

 Y es precisamente esto lo que los justos nunca podrán comprender. Jamás aceptarán comer con los pecadores. Por eso aunque los justos se crean tan cerca de Dios y tan merecedores de su amor, están muy, muy lejos de entrar en esta dinámica de salvación. Sus méritos y su fidelidad a las practicas religiosas les han hecho pensar que son dignos ante Dios y lo serán, pero todavía no han experimentado el calor y la misericordia del amor de Dios. Y Leví si




El Señor viene para todos, pues todos andamos enfermos y somos pecadores.Todos debemos acudir a la misericordia y al perdón de Dios para tener vida y alcanzar la salvación. Todos necesitamos, cada día, del Señor. En este pasaje se nos revela como Médico, se nos presenta como el que puede sanar y curar nuestras heridas, de toda clase, incluso las que no son físicas. El Señor se nos presenta que ha venido a buscar lo que estaba perdido, a llamar a los pecadores, a dar su vida como rescate por muchos.

domingo, 16 de febrero de 2025

LAS BIENAVENTURANZAS

santo Evangelio según san Lucas (6,20-26) 

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.  



Los hombres creían que iban a poder construir su felicidad a base de recetas pero se equivocan. Dios viene a remover las cartas, a darle la vuelta a este mundo. 

 Ha llegado el Reino, donde todo es gracia y lo que se llama "muerte" se convierte en "vida" y el pecado se transfigura en perdón y en gracia. 

 Ya no están en primera fila la violencia, la riqueza, el dominio, el prestigio y cosas así. Quedan sustituidos por la paz, la mansedumbre y la pobreza del Reino. 

El mundo de los hombres se ha venido abajo; nace el mundo de Dios: le tierra ha sufrido una revolución. 

 Bienaventurados aquellos que comprenden este nuevo camino: Serán como acróbatas de la vida, que confiando en la sola Palabra, cruzarán el abismo de este mundo herido de muerte y llegarán a la otra orilla. ¡Qué dicha que Dios mismo nos llame bienaventurados! ¿Tu, te sientes así?



Las "Bienaventuranzas" son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que "se invierten los valores".


domingo, 9 de febrero de 2025

REMAR MAR A DENTRO

 Del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11 

 En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a la orilla del lago Genesaret; y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”.


Los amigos de Jesús habían estado pescando toda la noche y habían vuelto con las redes vacías. Pero Jesús les invita a remar mar adentro y a echar de nuevo las redes. Y entonces, la pesca supera todas las expectativas: su peso hace que se rompan las redes. Así es el fruto de la fe para quien confía más en Dios y en su Palabra que en sus propias fuerzas:"en tu nombre, echaré las redes".

Es sorprendente la suavidad con que Cristo va guiando a sus amigos hacia la conversión. En este pasaje, se nos cuenta cómo logró conquistar a Pedro.

 El apóstol San Pedro, antes de conocer al Señor, era Simón el pescador. Un hombre recio, acostumbrado a la dura tarea de la pesca. Seguramente era uno de los más importantes del negocio y uno de los más respetados, debido a su carácter fuerte. Jesús se acercó a él, se subió a una de las barcas y le pidió que se alejara un poco para poder predicar a la muchedumbre. Pedro estaba pendiente del timón y de los remos, quizás sin escuchar las palabras del Señor. 

 Pero luego, Jesús le miró y le dijo que fuera mar adentro, a pescar. Simón se extrañó. ¿Pero cómo? ¿No sabe éste que yo soy un profesional? Si no he pescado nada durante la noche, ¿cómo voy a hacerlo a pleno día? Sin embargo, le dijo: Lo haré porque tú me lo pides. 




 Jesús esperaba estas palabras, esperaba un poco de humildad por parte de Pedro, el impetuoso. Fue entonces cuando se obró el milagro. “Y pescaron gran cantidad de peces”. Al ver lo sucedido, Pedro se olvidó de la pesca y cayó de rodillas ante Jesús. 

¡Pescar hombres! Y en este mundo hay una gran competencia en todos los bancos de pescas. Sectas, ideologías, consumismo... tratan de seducir a los hombres que nadan entre dos aguas, abandonados a las corrientes que les llevan de acá para allá sin que ellos puedan dar con el sentido de su vida.

 El Señor sabía muy bien cómo ganárselo, con amabilidad, sin recriminaciones. Y luego le dijo: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.


Jesús, gracias porque hoy tengo la oportunidad de suplicarte que entres a la barca de mi vida. Por intercesión de tu Madre santísima, quiero apartarme de mis preocupaciones y de todo lo que me distraiga o impida escucharte en esta oración.

En adelante la misión de la Iglesia no es otra que lanzar a todos los vientos la Palabra para que los hombres queden seducidos por este rostro que les despierta la vida y a la libertad. Aunque no todos se dejaran "capturar", sólo los enamorados se dejaran atrapar en las redes que les sumergen en la libertad de la vida, la que trae el amor de Dios.


domingo, 2 de febrero de 2025

MIS OJOS HAN VISTO AL SALVADIR

Lectura del santo Evangelio según Lucas (2, 22-40) 

 Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». 


Mis ojos han visto a tu Salvador

Celebramos hoy en la Iglesia la fiesta de la Presentación del Niño Jesús. María y José, fieles a la tradición de su pueblo, entran en el Templo con su Hijo a los 40 días de su nacimiento. Del mismo modo, también nosotros, 40 días después de la Navidad, somos llevados y presentados por nuestra Madre la Iglesia ante el Dios vivo y verdadero para sentir su presencia y como Simeón tendamos nuestras manos y abracemos a Jesús.

Jesús pasa inadvertido. No todos se dan cuenta en el templo de su presencia. Los sacerdotes, demasiados ocupados con los ritos que deben realizar, no advierten nada en especial. Sólo el anciano Simeon y la anciana Ana se dan cuenta. Movido por el espíritu, Simeon toma en su brazo a Jesús, cosa que solo le corresponde al sacerdote y él no lo es y nos recuerda, además, que el Hijo de Dios acude siempre a la cita para que cada cual le tienda los brazos y se funda estrechamente con Él pues para encontrarse con Dios hay que poner todo el corazón en ello.


Como esos abuelos de mucha edad que expresan ante el nacimiento de un nieto o cualquier acontecimiento familiar de categoría extraordinaria: ‘ya puedo morirme en paz’.

 Pues eso mismo es lo que dice Simeón, con bellísimas palabras dirigidas a Dios que le ha permitido conocer al Salvador de Israel. Y su lengua se desata porque ese encuentro cara a cara con el Señor, aunque sea un bebé con la cuarentena (el puerperio era tiempo impuro y las madres tenían que purificarse ellas mismas y presentar al hijo en el templo), mueve al corazón a un profundo agradecimiento que no hay forma de refrenar en silencio. Bendito sea Dios que te concede la gracia de que tus ojos hayan visto al Salvador.

Después dice a María: «¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!» (Lc 2,35). ¡Madre!, —le digo— cuando llegue el momento de ir a la casa del Padre, llévame en brazos como a Jesús, que también yo soy hijo tuyo y niño.

NOSOTROS

Del mismo modo, también nosotros, 40 días después de la Navidad, somos llevados y presentados por nuestra Madre la Iglesia ante el Dios vivo y verdadero para sentir su presencia y como Simeón tendamos nuestras manos y abracemos a Jesús.



¿Iluminamos con nuestra fe o dejamos que otros iluminen con lucecillas todos los aspectos de nuestra sociedad?

No tengamos miedo de ser candelas en este día de la Candelaria.

LUZ PARA EL MUNDO

domingo, 12 de enero de 2025

EVANGELIO DEL BAUTISMO DE JESUS

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 15-16. 21-22 


 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». 

Con el Bautismo del Señor finaliza el tiempo de la Navidad. Esta fiesta se enmarca dentro de la serie de las manifestaciones (epifanía) del Señor. El 6 de enero se manifestaba Jesús como rey a los Magos de Oriente y hoy es el mismo Padre Dios el que lo presenta como su Hijo, legitimando así la misión que viene a desempeñar su enviado.

La Navidad termina hoy con la fiesta del Bautismo del Señor.

Termina viendo a Jesús ponerse a la fila de los pecadores para recibir el bautismo de Juan por el agua del Jordan. Entra en la fila de los necesitados, del pueblo llano, de los que tienen que esperar su turno en todas “las ventanillas” del mundo, de los que nadan pueden exigir. Entra en la fila de los pobres. Viene a salvar, sí. Pero no con una salvación importada, postiza; sino desde dentro. 

Lucas nos destaca las líneas fundamentales de la vida de Jesús: unión en oración con el Padre, unión con los hombres que aceptan la conversión, presencia del Espíritu como comunicación de la fuerza salvadora de Dios.

“Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Dejando que resuene en todo nuestro ser las únicas palabras, la voz potente y suave de Dios declarando su amor por su Hijo y por cada uno de nosotros. Escuchar esa voz en el fondo de nuestro corazón nos dará la fuerza necesaria para afrontar el camino de la vida. Si Dios te ama, si está contigo ¿a quién o a qué temeremos? Esta es la fuerza de nosotros los débiles. Este es el regalo inmenso que Dios nos ofrece en el bautismo, nos hace HIJOS y no de cualquier manera: somos hijos AMADOS. Necesitamos escuchar esta voz, necesitamos poner mirada atenta, oído vigilante a Jesús, a su vida y a su Palabra, pues solo así creceremos y viviremos verdaderamente como hijos de Dios. ¡Renueva hoy tus promesas bautismales! ¡Vive con más pasión y entrega tu bautismo, tu ser hijo y entonces, te lo aseguro, serás feliz.



Hoy es un gran día para renovar nuestro bautismo y darle muchas gracias al Señor por el gran regalo que nos ha hecho, introduciéndonos en su familia, la de los hijos de Dios. 


Siempre me ha impresionado en esta festividad contemplar a Nuestro Señor haciendo cola entre los pecadores, pasando como uno de tantos, él que no cometió pecado, todo un Dios entremezclado con los que nada cuenta, con los marginados, sin querer privilegios, estando en la fila con paciencia, sabiendo esperar su turno, me impresiona este Dios que rompe todos los esquemas de este mundo, no quiere privilegios, no busca honores, le da igual que lo confundan, pasando como uno de tantos, mezclado entre los pecadores.





domingo, 15 de diciembre de 2024

VIENE EL QUE ES MAS FUERTE QUE YO

 del santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18

Hoy la Palabra de Dios nos presenta, en pleno Adviento, al Santo Precursor de Jesucristo: san Juan Bautista. Dios Padre dispuso preparar la venida, es decir, el Adviento, de su Hijo en nuestra carne, nacido de María Virgen, de muchos modos y de muchas maneras, como dice el principio de la Carta a los Hebreos (1,1). Los patriarcas, los profetas y los reyes prepararon la venida de Jesús.



¿Qué hacemos? El verbo “hacer” es el verbo de la verdad. Muchos se pasan la vida conjugando el verbo “hablar”. Ahí tenemos a los “parlamentarios”. Otros se entretienen con el verbo “pensar”. Son los filósofos y los sabios. A otros le va bien el verbo “soñar”. Son los poetas. El cristiano opta por el verbo “hacer”. ¿Qué debo hacer?

“Entonces, ¿ qué hacemos?” Esta pregunta surge en nuestro corazón como signo de la necesidad de un ¡ALGUIEN! Así es, no queremos, en primer lugar, una respuesta al «qué hacemos» sino que buscamos, un alguien que nos tome de la mano y al cual podamos aferrarnos con confianza. Nos vemos profundamente empujados a buscar un rostro cercano con el cual podamos caminar en los momentos de duda; quizá esta persona no tiene una respuesta que darnos, sin embargo, en la compañía de este amigo, podemos encontrar fortaleza, apoyo y guía para llegar a una decisión por nosotros mismos.


¿ Como es posible que haya gente que no quiera abrirse a la luz que trae el Señor y que Juan el bautista anuncia? ¡Pues las hay! Hay gente que, al engaño de otras luces, se han acostumbrado a la penumbra o, temeroso del día, permanecen encerrados a cal y canto. No necesitan -eso creen- la luz, tienen bastante con el brillo de las monedas, o con el calorcillo del placer, o con el corto candil de su egoísmo. Y claro, sus vidas, por mucho que quieran nunca desembocarán en la alegría. 

Pero para los que hemos abierto los oídos al anuncio de Juan y hemos dejado que su palabra toque nuestros corazones; quienes hemos abierto nuestras puertas para que la luz de Cristo se nos meta alma adentro, hasta los más escondidos rincones donde mora el miedo, donde la muerte acampa a sus anchas, ¿ cómo no vamos a saltar de alegría?, ¿ cómo no se nos va a notar ese gozo en el brillo de nuestros ojos, en el latir de nuestros corazones, hasta en nuestra manera peculiar de trabajar, de amar, e incluso, de sufrir? Los que esperamos la venida del Señor, algo tenemos que hacer, poner a punto nuestro corazón para que nazca en él, de verdad, ese Niño que nos trae paz y alegría.



Señor, Tú estás siempre a mi lado, dispuesto a escucharme, a instruirme cuando te necesito; ayúdame a darme cuenta de la importancia de acudir a ti como un hijo hacia su padre o un amigo a otro. Tú eres el mejor consejero, «Tú tienes palabras de vida eterna».

lunes, 9 de diciembre de 2024

LEVANTATE Y ECHA A ANDAR

Según san Lucas 5, 17-26 

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones. 


Se marchó a su casa dando gloria a Dios.

San Lucas nos trae hoy un relato que muestra el actuar de Jesús siguiendo su plan, que anunció en la sinagoga de Nazaret; el Señor muestra la llegada del Reino de Dios sanando a los enfermos y perdonando los pecados, es decir, preocupándose por la integralidad de la persona y lo hace movido por la fe del paralítico y de sus ayudantes, que vencen todos los obstáculos para llegar ante Él.

Los camilleros del paralítico se las habían ingeniado para ponerlo delante de Jesús con la fe puesta en que lo curaría. Y, sin embargo… le perdona los pecados. Que es algo mucho mayor, de más importancia, de una escala diferente a la que nuestra cortedad de mente puede sugerir. 

Ellos querían ver a su amigo sano, andando por su propio pie y lo que reciben es el perdón de los pecados. 

Y, sin embargo… las objeciones no vienen de ellos, que guardan silencio, sino de los escribas y fariseos murmuran contra Jesús, porque se hace igual a Dios, perdonando pecados. 

Pero el milagro de la sanación del paralítico es la prueba de que Jesús puede perdonar pecados, porque no es sólo hombre, sino también Dios.


NOSOTROS


Todos , quizas tenemos  paráilisis interior

Pensar que es hermoso pensar que todas las maravillas que Dios ha hecho en el pasado, se pueden realizar hoy en el corazón del creyente. Aparentemente no ocurre nada nuevo: sale el sol por la mañana y se pone por la tarde. Los ríos siguen el mismo cauce, y por la noche brillan en el cielo las estrellas. Y, sin embargo, hoy puede ser un bonito día para mí si dejo que Dios entre en mi vida. 

Todo puede cambiar, como cambió la vida de ese paralítico, curado por Jesús. 

 También yo hoy puedo dejar las muletas de mis esclavitudes y disfrutar caminando como una persona libre. 

También hoy puede venir el Señor a mi vida. Y cuando viene ocurren cosas como éstas: Se encuentran “el amor y la fidelidad”; se besan “la paz y la justicia”; se abrazan “la fe y la esperanza”.



domingo, 8 de diciembre de 2024

AÑEGRATE LLENA DE GRACIA

 EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1, 26-38: 

No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.


Alégrate, llena de gracia 

El texto del evangelio nos presenta el diálogo de María Virgen con el ángel Gabriel, el mensajero de Dios; en este diálogo se le comunica a María que será la Madre del Señor por la obra y gracia del Espíritu Santo y se destaca la humildad, colaboración activa y obediencia de María Santísima al plan de Dios.

 María, aparentemente una muchacha casadera más del pueblo de Israel, vecina de una aldehuela remota en las montañas de Galilea, lejos del centro religioso, político y administrativo de Jerusalén. Aparentemente. Porque en el plan de salvación de Dios para los hombres, la había preservado del pecado en una purísima concepción sin mancha como primer sagrario del Verbo encarnado. María está llena de gracia.

 Tal es el saludo del arcángel, porque el Señor está con ella. Nunca ha dejado de estarlo, siempre se ha puesto de parte de esta jovencita desposada con un tal José. Pero todo un Dios que ha escogido desde antes de todos los tiempos a la que va a ser madre del Hijo, se abstiene de intervenir y se somete voluntariamente, por amor, a la respuesta que tiene que dar esa criatura maravillosa en la que no hay perversión alguna como la hay en todos nosotros. 

Solamente para María se reservó este saludo»; la construcción de la frase (en el original griego) indica que cuando el ángel llega donde María la encuentra llena de la gracia de Dios, por eso el saludo del ángel es un reconocimiento de su santidad; esta santidad está en María (por el don o gracia de Dios) desde el mismo instante de su concepción, es decir, ella nunca tuvo ningún tipo de pecado, ni siquiera el pecado original. La palabra que nosotros traducimos como “llena de gracia” es, en griego, kejaritoméne, palabra que trata de describir una condición de santidad permanente y anterior a la visita del ángel, una condición de gracia en abundancia obrada por Dios en María Santísima, la toda santa, la Purísima.

La gracia de Dios que ha estado con ella desde su milagrosa concepción inmaculada es la que le empuja a fiarse del Señor. Hágase. 

Y Dios lo había hecho: la había apartado de la vileza y la miseria humana para que fuera su templo en la tierra, oh Virgen graciosa y bendita.

NOSOTROS

La fiesta de la Inmaculada nos ayuda a ponernos en pie de guerra contra la vieja servidumbre del pecado. Al contemplar hoy a Maria Inmaculada, la llena de gracia, algo dentro de nosotros se levanta, se pone en pie de guerra y nos empuja a pasar del pasotismo a la rebeldía; a despegar de tanto barro y, libres por fin, volar.

Contemplemos a María y dejémonos atraer por su belleza inmaculada. Su vida nos enseña que es posible la victoria del amor, que la gracia de Dios es más fuerte que el pecado, que la misericordia de Dios es más poderosa que el mal y sabe transformarlo en bien. Nos alegramos y damos gracias a Dios por el don de María.

En el silencio de mi corazón

 ¿Es María, la Purísima, un modelo para mí? 

¿Cómo puedo imitar la santidad de María en mi camino de seguimiento de Jesús?




miércoles, 27 de noviembre de 2024

SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN


Del santo Evangelio según san Lucas 21, 20-28 

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; 


La primera lectura del día, extraída del libro del Apocalipsis, se nos refiere la caída de Babilonia, la ciudad pecadora donde tiene asiento todo mal, en el Evangelio lucano de hoy se nos presenta la destrucción de Jerusalén, la ciudad santa donde Yahvé había establecido su asiento entre los hombres,

El Evangelio del día te invita a confiar en Dios en los momentos difíciles. Muchas veces parece que todo está perdido y es ahí cuando la desesperación comienza a ganar terreno al implantar temor y desconfianza; basta que recordemos aquella frase que dice: “después de la tormenta viene la calma”. 

 Ciertamente vemos que el mundo convulsiona y que ya no hay remedio ante la inminente destrucción del planeta, de la familia – núcleo de toda sociedad -, de los valores morales, de la razón – cuántos países vemos que en vez de ayudar a las personas no las aceptan; asimismo, crean leyes que les reconocen sus desviaciones como legales, etc.-; en definitiva, vemos un mundo que no tiene remedio y que va camino a su propia destrucción. 

 Pero a pesar de lo mal que pinta el panorama, Jesús asegura que la liberación está cerca. Libres seremos pronto de enarbolar las banderas de la Verdad, del Amor, de la Paz y la Justicia; libres para caminar en santidad; libres para alcanzar la felicidad en plenitud. 


Ahí será el fin de los tiempos, pero el cristiano no debe sentir zozobra aunque no sepa ni el día ni la hora (toda suerte de adivinación del futuro atenta contra la omnipotencia de Dios como único señor del tiempo) porque el Resucitado ejercerá la misericordia como juez justo que es. Para los bautizados, que hemos sido justificados en Cristo por su sacrificio redentor y su gloriosa resurrección, ese momento será como una continuación de la resurrección que imprimió el bautismo en nosotros.

 Que san José y la Virgen María nos guíen en este valle de lágrimas para que, junto a ellos, alcances la libertad que Dios promete.

martes, 26 de noviembre de 2024

NO QUEDARÁ PIEDRA SOBRE PIEDRA

santo Evangelio según san Lucas (21, 5-11) 

 Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». 


Las lecturas de la última semana del tiempo ordinario inciden particularmente en la visión del fin de los tiempos, el llamado discurso escatológico que en San Lucas cobra gran vigor.

 En efecto, Jesús habla del fin del mundo. Y lo hace en el Templo de Jerusalén, donde los judíos sentían la presencia de Dios. 

Es muy significativo este detalle porque está profetizando la destrucción del Templo, hecho que ocurrirá en el año 70 a manos de las legiones romanas de Tito. 

La destrucción del Templo no implica que Dios ha dejado de lado a su pueblo, sino que ahora no reside en un lugar físico ni en una coordenada temporal cerrada, sino en el corazón de los seguidores de Cristo, transformados ellos mismos en templos del Espíritu Santo.

 Jesús lanza advertencias a sus seguidores sobre el fin de los tiempos, las catástrofes y las guerras que vendrán en ese momento. Pero también advierte de que no entren en pánico. 

Se trata de una valiosísima enseñanza para que los cristianos no se queden enredados en la contemplación de tales fenómenos, paralizados en la zozobra que sigue a una catástrofe natural, por ejemplo, sino para que apliquen las energías a la aspiración de la gloria transformando el mundo que se les ha entregado.


El Evangelio de hoy nos llama a volver nuestra mirada hacia las cosas eternas en medio de nuestra vida en que todo es pasajero. Santa Teresa de Ávila decía “Todo se pasa, Dios no se muda, quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”. Ésta era la misma idea que transmitió Jesús a los que admiraban más la belleza exterior del templo y no adoraban en espíritu y verdad al Señor. 


 ¿A quién amamos más, al templo, a nosotros mismos, o al Dios vivo que hace santo el templo? ¡Que nadie te engañe!, dice el Señor en el Evangelio. El dinero, el poseer, el trabajo, la búsqueda de una mejor posición, el placer o el mismo pecado son algunos de los falsos dioses que pueden llegar a usurpar el lugar que sólo pertenece a Dios. ¡Sólo Dios basta!