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jueves, 19 de noviembre de 2020

SEMANA XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ Son hijos de Dios porque participan de la resurrección ”


san Lucas 20, 27-40

Tenemos en este fragmento de S. Lucas una muestra más de las trampas que están tendiendo a Jesús con ánimo de perderle. Ya no van a parar hasta Getsemaní y las horas terribles que siguen.

El Evangelio de hoy nos informa sobre la discusión de los Saduceos con Jesús acerca de la fe en la resurrección. Los saduceos eran una élite aristocrática de latifundistas y comerciantes. Eran conservadores y no aceptaban la fe en la resurrección. Por esto, para criticar y ridiculizar la fe en la resurrección, contaban casos ficticios para mostrar que la fe en la resurrección llevaría a la persona al absurdo

 En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:

 «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano».

 Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer.

 Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». 

En el texto los saduceos tendiendo una trampa a Jesús, basándose en la doctrina de Moisés de que cuando uno muere sin hijos, su hermano ha de casarse con la viuda para dar sucesión al hermano difunto critican aquello que nosotros creemos.

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio.

 Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

La muerte, el más allá, el destino de las personas, es un gran misterio que ni la ciencia, ni la razón han desvelado; es obra total de Dios que quiere llevar a todas las personas a la plenitud de la vida.

 Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». 

Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.


El fundamento de nuestra fe es la Resurrección de Jesús. Las respuestas a nuestras preguntas están en la palabra viviente de la Cruz y la resurrección. Pidamos para que nuestra vida siga las huellas del Señor y creamos que en Dios está la Vida y de Él viene la vida porque es un Dios de vivos y creer en Jesucristo es vivir intensamente la vida y saborearla.

VIERNES

“ Mi casa es casa de oración ”




san Lucas 19, 45-48

El Maestro entra al Templo y toma posesión de él, echando a los vendedores y preparándolo así para poder enseñar en él diariamente.

El Señor echa a los vendedores citando al profeta Isaías: “Porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos”. (Is 56, 7).

 En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

El Templo de Jerusalén fue construido para resguardar en su centro, llamado el Santo de los Santos, el Arca de la Alianza, la cual era el símbolo visible de la presencia de Dios entre su pueblo: por lo tanto, para encontrarse con Dios había que ir al Templo.

 Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Pero Jesús de Nazaret nos enseña ahora que para encontrarse con Dios hay que encontrarlo a Él, escucharlo y vivir como Él nos enseña; donde está la comunidad y el prójimo está Jesús y donde está Jesús está Dios; Cristo es el nuevo Templo y nosotros somos parte de él.


El celo que tenía Jesús a la casa de su Padre, ese celo debería devorarnos a todos los creyentes, que el Señor sea conocido, que el Señor sea amado, que busquemos agradar a Dios, que nos preocupe realizar su voluntad. 
Toda nuestra vida, vivida en fidelidad a la voluntad de Dios. Defender lo sagrado, la dignidad del ser humano, templo del Espíritu Santo, la defensa de la vida con toda su dignidad desde su concepción hasta su muerte, durante toda su existencia.


JUEVES 

“ Jesús al ver la ciudad, lloró por ella ”



según san Lucas 19,41-44 

En el Evangelio de hoy, contemplamos al Señor llorando, su pueblo se resiste a acoger la salvación no son conscientes de lo que se están perdiendo:

En aquel tiempo, aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

 «Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

“¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”. Percibe la frialdad de un pueblo endurecido que no reconoce la visita de Dios en la persona y palabra de su propio Hijo.

 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. 

¡Si comprendiéramos en este día lo que nos conduce a la paz! Aceptar a Cristo por la fe y seguirlo fielmente es conquistar la vida; rechazarlo por la incredulidad y el desamor es granjearse ruina.

Porque no reconociste el tiempo de tu visita».


Tú Señor, el hombre cabal, el hombre perfecto, el hombre por antonomasia, has gustado el amargo sabor de las lágrimas. Así te has hecho más hermano. 
“Estoy a la puerta y llamo” (Ap. 3,20). Llama y espera. Si se le abre, entra; si se le cierra la puerta, se va; pero con los ojos arrasados en lágrimas.

MIÉRCOLES

“ Te tenía miedo, porque eres hombre exigente ”




san Lucas 19, 11-28

El Evangelio de hoy (Lc 19,11-28) nos presenta la versión de Lucas de la “parábola de los talentos” que leyéramos el pasado domingo en el relato evangélico de Mateo (Mt 25,14-30)

El evangelio de hoy nos trae la Parábola de los Talentos, en la que Jesús nos habla de los dones que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene alguna cualidad, recibe algún don o sabe alguna cosa que puede enseñar a los otros.

 En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.

Esta parábola constituye una llamada a la responsabilidad del cristiano en la construcción del Reino de Dios. Jesús, con su Palabra, sus signos y su misma persona inaugura en la historia de los hombres el Reino, pero confía su crecimiento a los que le seguían, a todos y cada uno de nosotros.

 Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. 

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. 

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. 

El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

 El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

 El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Un grupo importante se desentiende y espera que Jesús se lo dé todo ya hecho, realizado, santificado… inclusive algunos desconfían de Él y buscan no el Reino de Dios, sino otro a la medida de sus intereses… y Jesús les estorba.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco?

En ocasiones la vida nos muestra la exigencia de crecer y desarrollarnos. Exigencia ante la cual mostramos nuestros miedos interiores. Creemos que ante las exigencias de los demás no podemos responder; que dichas exigencias están por encima de nuestras posibilidades.

 Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”. 

Os digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. 

Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”». Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.




El evangelio de hoy es una llamada a tener coraje por vivir y por creer. 

 La vida nos exige luz, iluminar; la fe nos exige el contemplar la verdad de Dios, y la verdad del hombre. Los miedos sólo son una mentira del interior. Pidamos a Dios, que nos permita mirar más allá de nuestros miedos paralizantes de la vida, de la alegría, y negadores de nuestra esperanza. Que la presencia de Dios nos ayude a romper las barreras de los temores que nos vuelven ineptos para caminar.


MARTES

“ Zaqueo, baja porque tengo que alojarme en tu casa ”



san Lucas 19, 1-10 

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 

Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

El texto evangélico nos presenta a alguien que sintió la llamada de Jesús y le abrió sus puertas y le sentó a su mesa. Y no era el modelo reconocido de judío. Por el contrario, quien estaba al servicio del poder opresor, de los romanos: pecador público.

Para ese encuentro con Jesús, es imprescindible sentirse atraído por él.

 Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 

Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Dios no excluye a nadie, Dios le ofrece su perdón, Zaqueo se vio tocado por tanto amor que entiende que necesita cambiar él, y dicho cambio se va a ver en relación con los demás.

 Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 

El encuentro con el Dios vivo llena de inmenso gozo, alegría, paz, bondad, fe, caridad… en definitiva, todos los frutos del Espíritu Santo, y eso transforma. Sus huellas se perciben en la misma vida. Acojamos el amor de Dios como Zaqueo y que nuestra vida comience a irradiar su gracia a los que nos rodean

Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».


Dios sigue pasando, Dios pasa y esta deseando invitarte como a Zaqueo, acogelo en tu vida y comienza a experimentar sus frutos, déjate amar por Él, y esa misma fuerza de su amor ira dando frutos en tu vida, desearas corresponderle, te iras alejando de todo lo que te hace daño, querrás lo que Dios quiere para ti, siempre saldrás ganando, descubre el tesoro que nos ofrece, vive actuando en ti las palabras del Evangelio: “hoy ha sido la salvación de”…(pon tu nombre). 
.

La presencia de Jesús es salvadora. .

LUNES

“ ¡Jesús, hijo de David, te compasión de mí! ”




san Lucas 18, 35-43

El Evangelio de hoy nos narra la curación del ciego de Jericó. Una persona pobre, ciega, que cada día su única tarea es ponerse al borde del camino y pedir limosna para su sustento.


 Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar:

«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». 

Resaltar su insistencia, gritaba clamando compasión, no deja de insistir aunque encuentre adversidad y le manden callar, persevera e insiste, incluso grita más fuerte, “hay que orar siempre sin desfallecer” ,que hermoso contemplar al Señor preocuparse y ofrecerse por el ciego,

Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: 

«Hijo de David, ten compasión de mí!».

también el Señor nos lo dice a nosotros y esta esperando que se lo expongamos, que se lo digamos desde la confianza.

 Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: 

«¿Qué quieres que haga por ti?». 

Él dijo: «Señor, que recobre la vista». 

En Cristo la vida del ser humano tiene luz, toma sentido y se llena. Sin Cristo la vida es oscura, confusa y vacía.

Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios

Es precisamente su fe incondicional en Jesús la que obtiene el prodigio que implora con insistencia. Jesús no hace oídos sordos, sino que se detiene. Y le da no sólo lo que había pedido sino mucho más: no sólo recobra la vista corporal, sino que la fe lo salva para poder contemplar la vida con ojos de creyente. Entonces todo se ve de otro modo.



Este sencillo y profundo grito de misericordia y compasión es el que está saliendo del corazón de todos los cristianos y quizás de personas no creyentes, que necesitamos de esa ayuda de Dios en estos meses duros que vivimos en todo el mundo por el Covid-19. 

Habrán subido muchas oraciones esperanzadas, humildes, a quien de verdad puede librarnos de toda angustia y todo dolor. “¡Señor, si quieres puedes hacerlo!". 


DOMINGO

“ Bien, siervo bueno y fiel ”



según san Mateo 25, 14-30


 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

 «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. 

Con este pasaje que el Señor no mira la eficacia, ni compara a sus hijos, para Él, cada uno es único y nos trata personalmente.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 

Nos hace administradores de sus bienes, nos hace participes de su herencia, quiere contar con nuestra colaboración, se fía de nosotros, confía, nos solicita nuestra colaboración, lo que nos pide es nuestra fidelidad, hacer fructíferos los dones recibidos, no debemos vanagloriarnos, ya que son un don, un regalo por su gran generosidad, no fruto de nuestro esfuerzo y voluntad.

En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. 

Dios le ha dado a cada persona una gran variedad de dones y espera que los usemos para Su servicio. No es aceptable solamente poner esos dones en un estante e ignorarlos. Igual que los tres siervos, no todos tenemos talentos en el mismo nivel. El rendimiento que Dios espera de nosotros es proporcional a los talentos que nos ha dado.

Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. 

Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.

 Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. 

Los talentos no son un derecho. Son un regalo que tu amor me hace. Generalmente un regalo se recibe para usarlo, ponerlo en acción, compartirlo. No lo recibo para guardarlo sin destapar y mantenerlo ajeno a mi vida.

Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. 

El señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? 

Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. 

Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».


Dame la gracia, Señor, de poner a trabajar los regalos, los talentos que me has dado. Que no tema arriesgar los talentos que me has regalado para así hacerlos multiplicar. Dame la confianza necesaria para poner toda mi vida al ruedo y así crecer en mi plenitud personal y en la extensión de tu Reino.

viernes, 13 de noviembre de 2020

SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO
“ Hazme justicia frente a mi adversario ”





san Lucas 18, 1-8 

Jesús insiste en la oración constante, sin desanimarse, confiando en la misericordia del Padre que conoce las flaquezas y carencias de sus hijos

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. 
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: 
“Hazme justicia frente a mi adversario”. 
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». 
Esa es la constancia que Jesús nos pide en la oración al Padre. Pedir con confianza, pedir con insistencia, pedir con humildad… Ya sabemos que el Padre conoce nuestras necesidades. Si los cuervos del cielo y las hierbas del campo crecen al amparo de Dios, ¡cuánto más cuidará Dios de vosotros hombres de poca fe!

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? 

Está claro que Dios escuchará nuestras plegarias sólo si nosotros somos perseverantes y no nos cansamos de presentarle nuestras peticiones. Por supuesto que Dios no se identifica, absolutamente, con ese juez. La parábola nos impresiona por el contraste: si aquél, siendo tan canalla, atiende a la viuda porque se lo pide hasta hartarlo, ¿cómo no hará caso nuestro Padre celestial a las súplicas que le dirigimos, si Él es infinitamente bueno y generoso?
Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Y con esta pregunta nos alerta a todos: no debemos renunciar a la oración incluso si no se obtiene respuesta. La oración conserva la fe, sin la oración la fe vacila. Pidamos al Señor una fe que se convierta en oración incesante, perseverante, como la da la viuda de la parábola, una fe que se nutre del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un Padre viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso.”




Tal vez nos contentamos con pedirle a Dios una o dos veces aquello que necesitamos, y ya. Pero Jesús nos enseña una cosa muy distinta. Nos viene casi a decir que Dios quiere que lo “hartemos” con nuestras súplicas; que Él quiere que insistamos en la oración y no nos preocupemos si podemos resultarle “cansones”, pues así probamos la fe, la confianza y el amor filial que le tenemos.

VIERNES

“ El día que se manifieste el Hijo del hombre ”i


san Lucas 17, 26-37

Jesús nos habla de un final, un tiempo, un día, en que todos sus hijos e hijas deberemos encontrarnos con él.

Jesus nos llama a despertar nuestras conciencias dormidas, acomodadas, encerradas en un individualismo límite, ¡tomar conciencia! para cambiar nuestras actitudes, pensar y actuar como Dios lo quiere para sus hijos.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. 

Se nos llama a dejar a un lado nuestro egoísmo, a cambiar de vida y a comprometernos en la construcción del Reino de Dios;

Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. 

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.

 Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

el pasaje nos hace un aviso para que siempre estemos preparados, vigilantes… los criterios de Ntro. Señor son diferentes a los que nos presenta el mundo: “el que pretenda salvar su vida, la perderá”, pensar solo en uno, egoístamente, nos conduce al fracaso, nos incapacita para amar, nos aleja de gozar en el tesoro que nos ofrece el Señor que es Él mismo

 Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán». 

Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».


Sin embargo, aquel que tiene la dicha de acoger la Palabra de Dios, que nos habla de entrega, de ofrecimiento, de darse, de configurarse con la vida de Cristo, en definitiva, que lo que te mueva es la acogida de su amor, y ese mismo amor comienza a actuar en tí, y con ese amor te lleva al encuentro con el otro, no teorizando sino amando.
San Juan en su carta nos dice; Sabe que Dios es amor, sabe que Jesús, su Hijo, es también amor. y sabe que todos los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios, somos también amor,

JUEVES

“ ¿Cuándo va a llegar el reino de Dios? ”



san Lucas 17, 20-25


 En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».ç

“El Reino de los cielos es ya una realidad”. El reino ya se ha iniciado pero no ha llegado a su plenitud, ya ha comenzado, se encuentra dentro de nosotros, empezamos a gozar signos de su presencia, en donde el amor, la alegría y la paz son una verdadera realidad.

 Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí” o «“Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».

Está realizándose en nosotros. Ni siquiera somos nosotros los que lo realizamos, sino que es Dios quien reina cuando sometemos nuestra libertad, memoria, entendimiento y voluntad a la del Padre.

Necesitamos mirada de fe para percibir en la cotidianidad, la presencia de Dios y los signos de su reino.

 Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. 

Pero la respuesta del Maestro supera esa escala y la trasciende, al llevar el cumplimiento del reino de Dios al corazón de cada discípulo que lleva a cabo la voluntad del Padre.

Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».

Se trata de un reino íntimo, personal y ajeno a manifestaciones externas como podríamos imaginar siguiendo el razonamiento farisaico. Y, de camino a Jerusalén, les anuncia que habrá de sufrir. No por gusto, sino por cumplir la voluntad del Creador. 

El sufrimiento no es grato para nadie. En absoluto. Pero el ejemplo redentor de la cruz es el que lo dota de un sentido trascendental en el que Dios reina. Evangelio palabra de Dios

Aceptar el sufrimiento como compañero de camino, a Ntro. Señor no se le quitó: «antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación». No nos dice nada el Señor que Él no haya vivido. Su inmolación en la cruz, es el culmen de toda su vida siempre “donada”. Cristo se ha “expropiado” de sí para mostrar a Dios Amor. 


Él cargó con su cruz, que era la nuestra. La fuerza de la Cruz, procede de la humillación y aniquilamiento, “como el grano de trigo que muere”. Vivir el sufrimiento transformado en donación.

MIÉRCOLES

“ ¿Dónde están? ”




san Lucas 17, 11-19


 Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

 «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». 

Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. 

La curación no fue instantánea,sino hasta después de comenzar a obedecer la orden de Jesús. Allí se percibe una prueba y exigencia de la fe. Los leprosos creyeron en la palabra de Jesús, y en el camino consiguieron su purificación

Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.

Al verse curado, uno de los leprosos –“y éste era samaritano”,su-braya Lucas– regresó donde Jesús. Aquel samaritano estaba excluido de la comunidad no sólo por su lepra, sino también por ser un extranjero, y ser ¡un samaritano!

 Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». 

el samaritano había experimentado en su interior una nueva relación con Dios, que lo había sanado, liberado y salvado a través de Jesús

Lucas aprovecha siempre la ocasión para inculcar en sus lectores la obligación de glorificar y alabar a Dios por sus beneficios

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».



Dios es tan misericordioso con nosotros que nos concede nuestras peticiones. 

¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos gracias en familia, en la comunidad, en la Iglesia? ¿Cuántas veces damos gracias a quien nos ayuda, a quien está cerca de nosotros, a quien nos acompaña en la vida? Con frecuencia damos todo por descontado. Y lo mismo hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor para pedirle algo, pero regresar a darle las gracias… Por eso Jesús remarca con fuerza la negligencia de los nueve leprosos desagradecidos: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?».

MARTES

“ Hemos hecho lo que teníamos que hacer ”




san Lucas 17, 7-10

El evangelio de hoy recoge una última recomendación: que seamos conscientes de que todo es gracia, todo es don de Dios.

Y nos hace caer en la cuenta que para el seguidor de Cristo hay dos pilares fundamentales: la humildad y el servicio.

 En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida ven y ponte a la mesa”? 

¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? 


“una enseñanza de humildad, pero que está estrechamente ligada a la fe. Jesús nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en el campo. Cuando regresa a casa, el patrón le pide que trabaje más.

 Según la mentalidad del tiempo de Jesús, el patrón tenía pleno derecho a hacerlo. El siervo debía al patrón una disponibilidad completa, y el patrón no se sentía obligado hacia él por haber cumplido las órdenes recibidas. Jesús nos hace tomar conciencia de que, frente a Dios, nos encontramos en una situación semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a él, sino que somos siempre deudores, porque a él le debemos todo,

¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?

Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada día, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos presentarnos nunca como quien cree haber prestado un servicio y por ello merece una gran recompensa

 Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer

Si hacemos cada día la voluntad de Dios, con humildad, sin pretender nada de él, será Jesús mismo quien nos sirva, quien nos ayude, quien nos anime, quien nos dé fuerza y serenidad.”

Sin embargo, no somos esclavos o criados de Dios.

 Dios nos ha hecho libres, respeta nuestra autonomía y cuenta con nosotros para que libremente colaboremos con él en la historia del mundo. Y nos quiere activos en esa necesaria tarea.


La expresión con la que termina el pasaje: “pobre siervo”. Es toda una llamada para entender la vida como servicio, el que ama entiende de entrega, sabe de olvido de sí, quiere agradar al amado, desea hacer de su vida un ofrecimiento, una donación, un darse. Ya que al servir crece nuestra capacidad de amar, es todo lo contrario de pensar en uno mismo, va alejándose del egoísmo, nos pone delante las necesidades de los demás

 LUNES

“ No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre ”


según san Juan 2, 13-22 

En el Evangelio de hoy se hace referencia al Templo. El Templo de Jerusalén evocaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, es un signo de esa elección de Dios, un espacio sagrad

El evangelista San Juan nos presenta, en la inauguración de su ministerio la acción profética de Jesús de la purificación del Templo de Jerusalén

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 

 Debido a la Pascua que atraía miles y miles de peregrinos, se instalaba un negocio de venta de animales para los sacrificios y cambio de monedas dentro del Templo (en el atrio de los gentiles);

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». 

 Esta situación irrita al Señor que procede a la expulsión de los mercaderes y de los animales, de esta manera indica que ya no son necesarios porque el único sacrificio que vale es el del mismo Jesús.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». 

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». 

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». 

 El Maestro se presenta como el Hijo y por lo tanto como el Señor y Dueño del Templo, por eso actúa con autoridad; pero, en realidad lo que hace no es purificar, sino sustituir el Templo; a partir de ahora el Templo no es el edificio de piedra, sino el mismo Señor: Jesús es el Templo donde encontrarnos con Dios.

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». 

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.


La liturgia de la Palabra en la Eucaristía otorga a este domingo: la dedicación de la basílica de Letrán. Con esta fiesta la Iglesia quiere conmemorar la importancia del templo, el material y el espiritual, en el ámbito de nuestra fe cristiana y San Juan de Letrán es la catedral de la diócesis de Roma desde el mismo inicio del cristianismo y ciudad, como sabemos, centro de nuestra fe.




DOMINGO


“ Velad, porque no sabéis el día ni la hora ”






Las lecturas de hoy nos invitan a estar vigilantes (Evangelio), con las lámparas encendidas ante la inminente llegada del Señor. Él-está-con-nosotros, pero la hora de su llegada definitiva para cada uno en particular, no la sabemos.

san Mateo 25, 1-13 

El tema principal de esta parábola es la necesidad de estar preparados en todo tiempo como hijos de Dios para la llegada del Señor Jesucristo desde los cielos, para traer el juicio a las naciones, y la entrada culminante al reino eterno.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.

 Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 

Las cinco prudentes representan aquellos que hacen la voluntad de Dios esperando el novio, acorde al mandamiento dado por el Señor Jesucristo, y las cinco insensatas son los que no están preparados para la venida del Señor, pues se quedan estancados en no hacer la voluntad de Dios

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 

A medianoche se oyó una voz: “¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.

 Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.

 Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.

Cuando las insensatas pidieron aceite a las prudentes, y ellas les dijeron que fueran a comprar, no es que ellas fueran egoístas. 

Nos llama la atención que no quisieran compartir un grupo con el otro que les faltaba el aceite. ¿qué representa este “aceite” para despertar ese actuar de las vírgenes llamadas prudentes? S. Agustín y otros padres de la iglesia ven en él un símbolo del amor, que no se puede comprar, y es intransferible, yo no puedo amar por ti, cada uno responderemos de nuestras acciones, y como nos recuerda S. Pablo en el himno de la caridad, si me falta el amor, no me sirve, no es grato a Dios, aunque pudiera estar en el grupo que sale en búsqueda del esposo, si me falta el aceite, me falta el mandamiento nuevo, el que cumple toda la ley y los profetas, del que seré examinado en mi encuentro con Él

 Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. 

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 

Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Si nuestra fe no se materializa en una entrega por amor, algo esta fallando. Que no nos falte el amor, aunque siempre andamos faltos de amar más y mejor. Que no tengamos que oír de boca de Ntro. Señor: No os conozco.

La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar listos para el encuentro con el Señor no es solo la fe, sino una vida cristiana rica en amor y caridad hacia el prójimo. […] La fe inspira a la caridad y la caridad custodia a la fe.”