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Hoy 14 de diciembre da inicio en Año Jubilar para recordar a san Juan de la Cruz en los 300 años de su canonización y 100 de ser reconocido como Doctor de la Iglesia.
Comenzamos este jubileo con el deseo de aprender de este maestro espiritual.
Sus escritos, que exponen las condiciones y los signos de la auténtica "Contemplación", le han hecho recibir el título de "Doctor místico".
Nos recuerda S. Juan De la Cruz: "Al atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el Amor". Y para abrirse al amor es necesario renunciar a todo aquello que no es Dios.
Su doctrina, en síntesis, está enraizada en el Evangelio de Cristo.
El próximo sábado 13 de diciembre se abrirá un año jubilar en honor de san Juan de la Cruz, faro encendido para iluminar nuestras noches.
Tres siglos después de su canonización y un siglo desde que la Iglesia lo reconociera como doctor, su palabra sigue siendo un umbral que invita a cruzar hacia la «primavera en libertad y anchura y alegría del espíritu» (Cántico 39,8).
https://youtu.be/cW5nio8WWnY?si=S9kyX5mPBS4vJlu6
14 de diciembre, festividad de San Juan de la Cruz, comenzó también el Año Jubilar Sanjuanista en la diócesis de Ávila, en la parroquia de San Cipriano de Fontiveros, localidad natal del santo.
La Eucaristía, presidida por el obispo de Ávila, Mons. Jesús Rico, comenzó con la apertura de la Puerta Santa jubilar, en un ambiente de profunda emoción y participación.
Numerosos fieles se dieron cita movidos por el cariño, la devoción y el recuerdo vivo que Fontiveros conserva de San Juan de la Cruz y de su legado espiritual.
Desde su pueblo natal, se suma así Fontiveros a este tiempo de gracia, peregrinación y renovación interior que une a los lugares jubilares sanjuanistas.
Su camino espiritual inició en Loyola, donde tuvo que pasar una larga temporada postrado en cama a causa de una herida de guerra. Él, de una familia noble, pasaba sus días fantaseando con la idea de ser un Caballero en pleno siglo XVI español. En su primea batalla cayó herido por una bala de cañón que lo tuvo postrado meses en su habitación. Allí notó como la lectura de la vida de Jesús y de los Santos dejaba en él un “gusto” que permanecía en el tiempo; mientras que, con las novelas de héroes y caballeros que le encantaba leer, apenas terminaba, se desvanecía toda la alegría.
Decidió peregrinar a Jerusalén, pero su viaje se vio interrumpido por una estancia que habría de cambiarlo todo en él. Por su cercanía al monasterio de Montserrat, se instaló en Manresa, un poblado de Cataluña, cerca a Barcelona.
Allí se retiró a una cueva donde pasaba muchas horas haciendo oración; esto lo combinaba el servicio en el hospital del pueblo. En estos meses referirá que Dios los trataba como un maestro a un estudiante, enseñándole acerca de los movimientos interiores y el discernimiento espiritual. En esta cueva escribió la columna vertebral de los Ejercicios; texto que completó con el paso de los años a partir de lo que notaba era provechoso para él y para quienes acompañó.
Como todos los manuales, no fue escrito para ser leído de comienzo a fin. Es más, Ignacio llegó a recomendar que el ejercitante no tuviera acceso al texto, sino que fuera el acompañante quien entregara, uno a uno, los ejercicios o puntos para la oración. Los Ejercicios son un itinerario para ser experimentado y gustado y no una obra para ser “estudiada”.
Los Ejercicios Espirituales, escritos por Ignacio de Loyola, son un tesoro de la mística cristiana y, por qué no decirlo, del patrimonio espiritual de la humanidad. Llevan siendo practicados por casi 5 siglos por millones de personas alrededor del mundo. Te ofrecemos una introducción básica para entender: ¿Qué son los Ejercicios Ignacianos?, ¿En qué consisten?, ¿Cómo se hacen?, y algunas cosas más.
¿Qué son los Ejercicios Espirituales?
Son la obra más importante de san Ignacio de Loyola.
Los ejercicios espirituales nacen de la experiencia personal de San Ignacio de Loyola, peregrino en búsqueda de la voluntad de Dios.
Puso por escrito algunas de las cosas que le habían ayudado personalmente, para poder así ayudar a otros. Por eso los ejercicios son también un libro escrito en un estilo conciso, dirigido sobre todo a quien los da. Tienen mucho de método y de pedagogía.
Desde hace cinco siglos han sido un modo de ayudar al encuentro con Dios en la propia vida, en el camino único e irrepetible de cada persona. Por eso los ejercicios acaban siendo una experiencia que marca un antes y un después en quien los hace.
Para que
Los ejercicios espirituales se hacen para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio.
Para romper las ataduras interiores que nos impiden ser verdaderamente libres para amar.
Para descubrir el verdadero rostro de Dios, el que nos enseña Jesús.
Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a amar y servir.
Para no contentarnos con una vida mediocre, a medio gas, y llenarla de todo el sentido.
Para ir más allá de las ideologías, de las buenas intenciones, de las emociones pasajeras y saborear una verdad gozosa que permanece…
para quién
Los Ejercicios Espirituales no son para gente buena, que además se lo sabe, y no siente el aguijón de un “más”. No son para espíritus conformistas, ni para aquellos que lo quieren todo sin renunciar a nada.
Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran calado.
Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, o está atravesada por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete.
Los Ejercicios requieren de la persona cierta estabilidad emocional, compromiso para mantener los tiempos de oración personal y capacidad para interiorización.
Cómo
Los Ejercicios son moldeables como la arcilla, se acomodan a quien los hace, a lo que busca y necesita. Por eso existen varias modalidades: en retiro y en la vida diaria, con acompañamiento personal o grupal, online o presencial. Los procesos pueden durar desde unos días hasta un mes en silencio, o varios años en la vida cotidiana.
Siempre hace falta reservar un tiempo para la oración personal, para la intimidad con Dios, con la ayuda de las orientaciones que proporciona la persona que los da. Reposar las experiencias vividas, examinarlas para descubrir su significado más profundo.
El acompañamiento personal ayuda a orientar el proceso, descubrir la voluntad de Dios en la propia vida, animar y fortalecer al compromiso.
Hay diferentes modalidades para participar de los Ejercicios de forma presencial.
Ejercicios de mes: Fue la manera como Ignacio los concibió. El ejercitante, por tiempo aproximado de 30 días en silencio, se aleja de su trabajo, familia y amistades. Allí se vive el itinerario completo tal como fue escrito.
Tandas de Ejercicios de 3 a 10 días: Por un tiempo que suele variar entre 3 y 10 días, el ejercitante se acerca al proceso desde una síntesis de todo el camino; o bien, de forma personalizada. En este caso el acompañante ayuda a discernir los ritmos y necesidades de cada proceso.
Desde los primeros días, Ignacio recomendaba que se le dieran los ejercicios en la vida corriente a quien no pudiera disponer de los medios para alejarse un mes de todas sus actividades. Es un camino que transforma la cotidianidad en un retiro espiritual. Sin duda que los avances de las telecomunicaciones nos permiten descubrir cada vez más novedosas maneras para que los interesados puedan, desde cualquier lugar del mundo, disponer de material y ayudas necesarias.
En nuestra propuesta de “Ejercicios Virtuales”, necesitas disponer entre 40 minutos a una hora diaria para la oración. En la sección “Guías de Oración” encontrarás, completamente gratis, el material para que puedas hacerlo a tu propio ritmo, con o sin acompañamiento.
Estructura
Los Ejercicios espirituales están divididos en cuatro semanas en las que se guarda silencio para impulsar un ambiente de oración.
Cada semana se centra en un aspecto diferente.
La primera semana está centrada en el Principio y fundamento, que versa sobre el motivo de la existencia de la propia persona y aquello en lo que reside su mayor plenitud.
En esta semana se contempla la Creación como una obra de Dios realizada por amor.
La segunda semana se centra en el llamado del Rey Eternal, que convoca a sus siervos a combatir a las fuerzas del mal junto a él. La oración de esta semana consiste en repasar la historia de la Salvación y contemplar en oración el Nacimiento de Cristo, viendo cómo la Santísima Trinidad desea y decide redimir al género humano.
La tercera semana se centra en los pasajes del Evangelio correspondientes a la Pasión de Jesús. Durante toda la semana se meditan los diferentes pasajes de esta parte de la Biblia en que se va contemplando . En las reglas de esta semana, san Ignacio recomienda encarecidamente el ayuno como forma de asociarse el ejercitante a la Pasión de Cristo y para contemplar cómo se va completando el plan de Salvación de Dios.
Por último, la cuarta semana expone, en primer lugar, la escena de Jesús resucitado apareciéndose a la Virgen María, su madre. Posteriormente ofrece varios pasajes de la vida de Jesús recogidas en el Evangelio para meditar a voluntad del ejercitante.
¿Cómo son los Ejercicios Ignacianos?
El autor los define de la siguiente manera: “se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones” (EE1).
Es decir, se trata de unas actividades concretas que, en su mayoría, implican diferentes manera de orar, pero que no se limitan solo a eso; hay otras prácticas que serán de mucha importancia y que involucran aspectos tan diversos como la comida, el sueño, los tiempos libres, etc. Dicho esto, para Ignacio el ejercitante debe disponer de todo su ser y todas sus dimensiones pues el camino espiritual lo involucra todo.
También dirá san Ignacio: “Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales; por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma, se llaman ejercicios spirituales.” (EE1).
Se llaman Ejercicios porque demandan, como la actividad física, un esfuerzo. Nadie puede ejercitarse por mí. Yo soy el protagonista de mi camino; no puedo asumir un rol pasivo y escuchar algunas charlas, debo ponerme en movimiento y dar mis propios pasos.
Este esfuerzo consiste en tres partes. Primero, “preparar y disponer el alma”. Dios está sediento de entregarse a nosotros si se lo permitimos. Nuestra tarea no es alcanzar, fruto exclusivo de nuestro talante, la recompensa de Dios; lo que Él tiene para darnos, nadie podría “ganarlo”. Es una gracia. A los sumo, podemos preparar y disponer el terreno. Segundo, “quitar de sí todas las afecciones desordenadas”. Antes de plantar debemos retirar del terreno la maleza, todo aquello que nos resta vida y comunión. Tercero “después de quitados, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida”. Libres de nuestros desórdenes podemos escuchar y discernir las invitaciones y llamadas que nos hace Dios; llamadas que nos conducen a la plenitud.
En el texto encontramos explícita la finalidad de los ejercicios de la siguiente manera:
“Ejercicios Espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desordenada sea.”
El orden es un componente central de los ejercicios. Desde la estructura de cada oración y de la jornada, hasta los afectos que nos permiten poner cada cosa de nuestra vida en su lugar. La oración germina en el orden; y el orden, en la oración. Imagina el ejercicio de ordenar un armario; primero debes sacar todo, deshacerte de lo que ya no necesitas y luego cada cosa va encajando en su lugar con armonía. Asimismo, cuando permito que Dios ocupe su lugar en mi vida se recupera el equilibrio, el balance y la armonía con todas las cosas: en la relación conmigo, con los otros y con el planeta.
Los Ejercicios se dividen en cuatro etapas; aunque se llaman semanas, no se corresponden a 7 días. Se trata de cuatro fases a través de las cuáles se va profundizando en la relación con Dios. En la primera, el ejercitante experimenta la misericordia de Dios y su presencia en su vida; en la segunda, pone su mirada en los misterios de la vida de Cristo y se deja instruir por él, como los discípulos en el evangelio; en la tercera, contempla el misterio de la pasión y muerte, y en la última, se sumerge en la vivencia propia de la resurrección.
El recorrido ignaciano se vive bajo la guía de un acompañante de ejercicios. Cuando hablamos de acompañante no nos referimos a un predicador o formador; tampoco es un terapeuta o coach; su papel es otro. Ignacio dirá que es quien “da a otro modo y orden”. Es decir, ayuda a quien toma los Ejercicios a navegar por el método: qué orar y cómo hacerlo. Por otra parte, sirve como un eco, un interlocutor con quien tomo consciencia de las mociones que surgen en mi interior, e ir afinando el discernimiento. Es una relación que está fundada en la confianza y el más genuino deseo de salvación para el otro.
El Centro de Espiritualidad San Ignacio se fundó en 1990, en una antigua casa de formación para jesuitas. Su actividad se centra en el campo de la formación a religiosos y religiosas, seminaristas, sacerdotes y laicos, mediante ejercicios espirituales y encuentros orientados a las primeras etapas de la vida consagrada y las Escuelas de Ejercicios Espirituales y de Formadores, con títulos de la Universidad Pontificia Comillas. Paseo de S. Antonio, 14 – 37003 Salamanca Tel: +34 923 125 000
Bonifacia Rodríguez de Castro
Bonifacia Rodríguez de Castro nació en Salamanca, España, el 6 de junio de 1837. Sus padres Juan Rodríguez y María de Castro fueron artesanos. En su taller familiar Bonifacia aprendió el amor al trabajo, la solidaridad con los pobres y la oración. Factores que tendrían gran importancia en su vida de adulta. En su infancia frecuentó la escuela donde aprendió a “leer y escribir” y en su adolescencia aprendió el oficio de cordonera, lo que supuso una excepción en la vida de las jóvenes trabajadoras de Salamanca. Huérfana de padre a los 15 años tuvo que trabajar duro para ayudar a su familia. Comprendió lo que suponía «ganar el pan con el sudor de la frente”.
Su maduración en la fe estuvo vinculada a la iglesia de la Clerecía de su ciudad, regida por los padres de la Compañía de Jesús, empapándose de la espiritualidad ignaciana. Su director espiritual siempre fue un jesuita.
En su juventud monta su propio taller de “cordonería y pasamanería”, sin grandes pretensiones, solo para tener lo suficiente para vivir. Constituyó un espacio de trabajo y oración, con una mirada a las jóvenes pobres de la cuidad. Con sus amigas funda da Asociación de la Inmaculada y San José, con fines lúdicos, piadosos y de promoción femenina.
En 1870 llega a Salamanca el jesuita Francisco Butiñá, director espiritual de Bonifacia. En 1874 fundan una Congregación de trabajadoras, las Siervas de San José, para la santificación por medio de la oración, comprometida con la promoción femenina trabajadora. Las casas se llaman Talleres de Nazaret y tienen como modelo la Sagrada Familia. La novedad que supuso la fundación provocó el rechazo del clero y la sociedad.
Bonifacia asumió la continuación de este proyecto con fidelidad en medio de grandes dificultades: fue destituida como superiora y posteriormente excluida de la Congregación en 1901. En soledad y perdonando, continuó viviendo su vocación hasta su muerte en Zamora, el 8 de Agosto de 1905.
El seguimiento de Jesús Trabajador en Nazaret fue el eje de su vida y la promoción de las jóvenes pobres trabajadoras. Adela de Cáceres SSJ
¿Cómo hacer Ejercicios Espirituales en casa/online?
Desde los primeros días, Ignacio recomendaba que se le dieran los ejercicios en la vida corriente a quien no pudiera disponer de los medios para alejarse un mes de todas sus actividades. Es un camino que transforma la cotidianidad en un retiro espiritual. Sin duda que los avances de las telecomunicaciones nos permiten descubrir cada vez más novedosas maneras para que los interesados puedan, desde cualquier lugar del mundo, disponer de material y ayudas necesarias.
En nuestra propuesta de “Ejercicios Virtuales”, necesitas disponer entre 40 minutos a una hora diaria para la oración. En la sección “Guías de Oración” encontrarás, completamente gratis, el material para que puedas hacerlo a tu propio ritmo, con o sin acompañamiento.
Ignacio de Loyola nació el 24 de octubre de 1491 en el castillo de Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los Pirineos.
Hijo de Beltrán Yáñez de Oñaz, señor de Ofiaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región, y de Marina Sáenz de Licona y Balda. Iñigo (pues ese fue el nombre que recibió el santo en el bautismo) fue el más joven de los ocho hijos y tres hijas de la pareja.
De joven, fue paje en la corte de Fernando el Católico. Hizo la milicia a las órdenes de Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera, y participó en la represión de la revuelta de las Comunidades.
Iñigo luchó contra los franceses en el norte de Castilla, pero su breve carrera militar terminó pronto
En mayo de 1521, a los treinta años de edad cayó herido en la Batalla de Pamplona cuando defendía la ciudad de las tropas francesas de Enrique II de Navarra.
Después de que Iñigo fue herido, la guarnición española capituló.
Vida espiritual
Tuvo durante su convalecencia en un hospital algunas visiones.
Mientras se recuperaba, leyó varios libros religiosos que lo llevaron a consagrarse a la vida espiritual y abandonar su vida mundana.
Después de hacer confesión en el monasterio de Montserrat en 1522, se retiró a una cueva cerca de Manresa (en la provincia de Barcelona) donde vivió y rezó durante diez meses con una gran austeridad,
tras lo cual emprendió un viaje de peregrinación a Jerusalén.
Ejercicios espirituales
Formuló sus Ejercicios espirituales durante su retiro en Manresa, y utilizó como modelo Ejercicios para la vida espiritual (1500), del abad español García de Cisneros.
La obra es en lo esencial un manual para la meditación sobre el sentido de la vida y sobre el perfeccionamiento de una forma de vivir. Las meditaciones están divididas en cuatro períodos o semanas: la primera trata de la conversión de la persona pecadora; la segunda se refiere a la adaptación de la persona convertida al modelo de Cristo; la tercera afronta el fortalecimiento a través de la apreciación de la pasión y muerte de Cristo; y la cuarta muestra la transformación de la persona que se identifica de forma plena con el Salvador resucitado y triunfante glorificando a Dios Padre.
Los Ejercicios espirituales constituyen el modelo para la mayoría de las misiones y retiros católicos.
Fundación de la Compañía de Jesús
De vuelta a España en 1524, estudió en las universidades de Barcelona, Alcalá de Henares y Salamanca, y en 1528 viajó a París, donde estudió en la universidad y se licenció en artes; al año siguiente fundó una fraternidad piadosa, la que más tarde sería la Compañía de Jesús.
Sacerdote
En 1537, los miembros que componían la fraternidad se dirigieron a Roma, donde Loyola fue ordenado sacerdote y donde obtuvieron el permiso oral del papa Pablo III, quien dio la confirmación oficial de la orden en 1540. En Roma fundó los colegios Romano y Germánico.
Por la bula Mare magnum, la Compañía es declarada exenta de jurisdicción episcopal, de tributación y de tener a su cuidado la dirección espiritual de religiosas.
Después de esto se procedió a designar al primer general de la Compañía de Jesús, resultando Ignacio elegido unánimemente por sus compañeros. Sin embargo, rechazó la designación y pidió que la votación se repitiese tras madurarlo más profundamente. Volvió a ser elegido en segunda votación y, tras reflexionar y confesar sus pecados, finalmente aceptó. Estuvo quince años al frente de la Compañía de Jesús como General, permaneciendo en Roma.
Además de administrar los asuntos de la Compañía, se dedicó a terminar sus Ejercicios espirituales y a escribir las Constituciones de la orden, terminadas después de su muerte y que, en lo sustancial, nunca han sido modificadas.
Muerte
Ignacio de Loyola falleció el 31 de julio de 1556 en su celda de la sede de los jesuitas en Roma. Fue enterrado en el lugar donde actualmente está la iglesia del Gesú en Roma.
Canonización
Canonizado por el papa Gregorio XV en 1622 y se le venera como patrón de los retiros. Su festividad se conmemora el 31 de julio junto con Francisco Javier, Felipe Neri, Teresa de Jesús e Isidro Labrador.
Sabías que... A lo largo de su vida escribió más de 6.800 cartas, convirtiéndose en el escritor de cartas más prolífico de su tiempo.
Resumen Militar, sacerdote y teólogo español, que fundó la orden religiosa conocida como la Compañía de Jesús (jesuitas) y se convirtió en su primer Superior General. Entre sus escritos aparece la influyente obra Ejercicios Espirituales, libro espiritual de meditaciones, oraciones y ejercicios mentales.
La liturgia nos regala hoy la fiesta de Teresa de Jesús, una mujer "sabia" en tiempos no menos recios que los nuestros, una mujer que supo discernir.
Ella no fue alumna de la Universidad de Salamanca o de la de Alcalá, pero se doctoró en la universidad de la oración y de la vida.
La Iglesia la considera "doctora de la fe". Naturalmente, este doctorado no tiene nada que ver con un título académico. Es un don del Padre.
Jesús lo dice en el evangelio de hoy: "Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla".
Teresa, que no fue una mujer de temperamento débil o apocado, sí fue una creyente inundada por la sencillez que viene del Espíritu.
De ella podemos aprender que sin amistad con Dios no hay transformación posible (ni personal ni social) por eso la oración es la más profunda, arriesgada y necesaria aventura que puede emprender el ser humano.
De su discernimiento hemos comprendido que toda religiosidad naufraga cuando no es curada por la humanidad de Cristo, de ahí que en medio de las crisis de Fe ella se agarrará a la humanidad de Cristo con humildad, audacia y fortaleza, virtudes esenciales para afrontar las crisis con éxito.
Dejemos que la Santa nos acompañe durante esta jornada. Para ello, os propongo acercarnos a uno de sus mejores poemas:
En tiempos recios amigos fuertes de Dios
No estan las cosas en pensar mucho, sino en amar mucho
Por intercesión de santa Teresa de Jesús, que fue virgen sensata y una de las prudentes, concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.
Las primeras felicitaciones de España. En los días anteriores a las fiestas de Navidad todos los que en algún momento del año habían pre...
Musica
MÚSICA
LOLE Y MANUEL.......SIEMPRE ASI
EL DRAMA DE JESÚS
Que tu amor apasionado por Jesucristo y desde Él y por Él a cada uno de los seres humanos y toda tu vida entregada a María, sea poara mi ejemplo de vida.Amén
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