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sábado, 28 de febrero de 2026

 PRIMER DOMINGO DE CUARESMA




LAS TENTACIONES
 En el silencio del desierto donde el viento desnuda el corazóny la arena guarda los pasos de Dios,el hombre escucha su propia sed. 
Allí, donde no hay aplausos ni distracciones que adormezcan el alma, aparecen las voces antiguas: la promesa fácil, el poder sin cruz, el pan sin confianza. 
La tentación susurra: “Llena el vacío con lo inmediato, adórame y te daré caminos cortos, olvida quién eres.” 
Pero en lo hondo resuena otra voz, suave como brisa de madrugada:
“No sólo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que nace del Amor.” 

Cuaresma es desierto fecundo, es aprender a elegir la luz cuando el mundo brilla con espejismos.
Es dejar caer las máscaras y descubrir que la verdadera fuerza nace de confiar. 
Hoy también somos tentados: por la prisa que roba el alma, por el ruido que apaga la oración,
por el brillo que promete felicidad y deja vacío. 
Y sin embargo, Cristo camina a nuestro lado, ayunando con nosotros, mostrándonos que la libertad no se compra ni se impone: se recibe. 
Que este primer domingo abra en nosotros un camino interior, donde cada renuncia sea semilla,
cada lucha, encuentro, y cada desierto, promesa de Pascua. 
Porque en medio de la tentación late una certeza: Dios no abandona al que busca, y el corazón que persevera encuentra agua viva en la arena.

ORACIÓN

Al atardecer de la vida te examinarán del amor.

El Señor quiere que si le amamos a El amemos también a nuestros hermanos. Hoy su Evangelio nos enseña que si nuestra fe es verdadera entonces se transforma en caridad y El reinará en nuestros corazones si de verdad amamos a nuestros hermanos. 

Hoy, me invitas a rezar tu oración y haciéndolo sin prisa, sin rutina, sabiendo y saboreando cada una de las palabras y que, de vez en cuando, me pase como a Santa Teresa que no podía pasar de la primera palabra.

Hoy también Cristo es una señal para nosotros: tenemos su palabra en la Escritura, una palabra que tiene tanto poder ahora como hace dos mil años. “Porque la Palabra de Dios tiene vida y poder. 

Señor, aquí me tienes de nuevo a tus pies para estar un rato contigo. Me gustaría profundizar en este día en el gran signo de Jonás que, después de estar tres días y tres noches en el vientre de un cetáceo, en lo profundo del mar, saltó a la playa de la vida.

Jesús, confiado en tus palabras. Sé que si te pido, me darás; que si te busco, te encontraré; que si toco a la puerta de tu corazón, me la abrirás, porque Tú sólo me das cosas buenas.

Jesús nos dice que seamos santos, que lleguemos hasta el final y no nos quedemos a mitad del camino, como los fariseos.

Señor, hoy te necesito más que nunca. Lo que me dices en el evangelio de hoy es para mí “un duro hueso de roer”. Me pides no sólo que perdone a mis enemigos, sino que los ame y rece por ellos. 


Yo sé que, por mis propias fuerzas, no puedo cumplirlo. Te pido que me ayudes, que me des tu gracia, que me eches no una mano sino las dos. Sé que sin Ti no puedo hacer nada.

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