DOMINGO XII
"No tengáis miedo", repite Jesús en el Evangelio. No porque los problemas desaparezcan, sino porque la fe nos permite mirarlos de otra manera.
La fe no borra las dificultades, pero nos blinda ante ellas. Nos hace fuertes cuando llegan las pruebas. Nos ayuda a descubrir que toda moneda tiene otra cara, que detrás de cada noche puede amanecer un nuevo día y que ninguna herida tiene la última palabra cuando Dios camina a nuestro lado.
El miedo, en cambio, paraliza. Nos hace más pequeños de lo que somos. Nos impide ser nosotros mismos. Nos vuelve esclavos de la opinión ajena, de las dudas y de la inseguridad.
Por miedo dejamos de intentarlo, de amar, de perdonar, de confiar.
La fe no elimina el miedo, pero le quita el mando de nuestra vida. Porque quien sabe que está en las manos de Dios puede caminar con serenidad incluso en medio de la tormenta. El miedo encierra. La fe libera.
El miedo oscurece. La fe ilumina. El miedo nos hace retroceder. La fe nos ayuda a seguir adelante.
la exhortación que hoy nos hace Jesús es a mirarnos a nosotros mismos, en un ejercicio de introspección que alumbre la verdad de lo que somos y cómo lo somos, antes de desparramar la mirada sobre los demás.
Dios mío, ¿qué he hecho de tanto derroche de amor? Muchas veces lo he tirado, lo he malgastado, lo he malogrado. ¡Me pesa, Señor! Y quiero emplear ya toda mi vida en tu servicio.
Nosotros continuamos la labor de Juan: hacer presente a Jesús en nuestro mundo, su persona, vida y evangelio. Huir de predicarnos a nosotros mismos, sino a él. Algo de lo que advertía ya san Pablo. Necesitamos para ello tiempo de oración, reflexión; vivir en nuestra sociedad sin dejarnos envolver por la aceleración de procesos,
Señor, qué bonita la expresión de aquel centurión: “No soy digno de que entres en mi casa”. Es una fórmula que repito todos los días antes de comulgar; pero puede convertirse en una fórmula vieja, fría, carente de sentido.
DO,IMGO XI
Hay una urgencia en la misión que Jesús les encomienda a los Apóstoles: proclamar que el Reino de los Cielos está aquí. Para que el Reino sea ya una (, limpiar leprosos y arrojar demonios. Es precisamente la instauración del reino lo que dará origen al hombre nuevo, transformado, convertido.
Debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis. Somos elegidos para un programa liberador: para anunciar y dar vida. Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas normas morales y unas leyes eclesiásticas.
Nuestra primera tarea, también hoy, es proclamar que Dios está cerca de los hombres y mujeres, empeñado en darnos vida y felicidad.
Y tú, ¿has tenido un encuentro personal con Jesús? Él te ha llamado por tu nombre y tan solo está esperando tu respuesta. Anda, ábrele la puerta. Y cuando te diga: “Sígueme”, no lo pienses; ¡síguelo! Créeme, no te arrepentirás.
Se trata, como escribirá Pablo, de no dejarse vencer por el mal, sino vencer al mal con el bien.
Señor, que propone amar sin reciprocidad, sin esperar nada a cambio, sin tener ningún motivo por el que amar a quien -en los cálculos humanos- no se lo merece, simplemente a imagen de la gratuidad con que Dios manda la lluvia y hace salir el sol cada día sin excluir a ninguno de sus hijos de sus beneficios ni exigir nada a cambio.
Hoy, Señor, te pido que me enseñes a orar. Los judíos rezaban mucho, pero estaban muy lejos de la oración de Jesús.
Yo te pido que me enseñes a orar como Tú orabas: con aquella sencillez, humildad, confianza y ternura con que un niño habla con su Papá. De esta manera mi oración me llevará hasta el mismo corazón del Padre.
Señor, en el evangelio de este día nos hablas de un tesoro. Y para mí, el único tesoro de mi vida eres Tú.
Me pregunto: ¿Y qué pasaría de mí si Tú no estuvieras? Mi vida sería una vida malograda, una vida sin sentido. ¿Dónde dirigir mi mirada si no pudiera verte? ¿Dónde inclinar mis oídos si no pudiera oírte? ¿Hacia dónde elevar mis brazos si no fueras mi norte? ¿En quién inclinaría mi cabeza cansada si tu corazón estuviera ausente? Sólo en Ti descansa mi alma.
Pensemos en alabarle, bendecirle, agradarle. Caigamos en la cuenta de lo maravilloso que debe ser una vida entregada a Dios y a los hermanos, sin pensar en otra recompensa que el agradar a DIOS en todo.



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