VIGILIA PASCUA
La noche parecía definitiva. El silencio del sepulcro pesaba como una losa sobre el mundo… y, sin embargo, en lo más hondo, Dios ya estaba obrando.
Al amanecer, la piedra había sido removida. La muerte, vencida en silencio.
La oscuridad, atravesada por una luz nueva, suave y poderosa. Cristo vive. Y con Él, todo comienza de nuevo. Hoy la vida se abre paso donde parecía imposible, la esperanza florece donde solo había lágrimas, y el corazón aprende, poco a poco, a mirar hacia arriba.
Porque la Resurrección no es solo un hecho… es un camino que se nos regala: levantarse, creer, volver a amar, volver a empezar.
Que esta Pascua te encuentre en ese amanecer, dejando atrás tus noches, abriendo el alma a la luz, y caminando, con serenidad y alegría, hacia el cielo. Ha resucitado. Y contigo, la vida entera.
Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.
Este día, Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.
María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.
Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.
Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy.
Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras.



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