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sábado, 11 de abril de 2026

ORACIONES DE LA MAÑANA DEL 1ª DOMINGO DE PASCUA

 VIGILIA PASCUA



La noche parecía definitiva. El silencio del sepulcro pesaba como una losa sobre el mundo… y, sin embargo, en lo más hondo, Dios ya estaba obrando. 

Al amanecer, la piedra había sido removida. La muerte, vencida en silencio. 

La oscuridad, atravesada por una luz nueva, suave y poderosa. Cristo vive. Y con Él, todo comienza de nuevo. Hoy la vida se abre paso donde parecía imposible, la esperanza florece donde solo había lágrimas, y el corazón aprende, poco a poco, a mirar hacia arriba.

 Porque la Resurrección no es solo un hecho… es un camino que se nos regala: levantarse, creer, volver a amar, volver a empezar. 

Que esta Pascua te encuentre en ese amanecer, dejando atrás tus noches, abriendo el alma a la luz, y caminando, con serenidad y alegría, hacia el cielo. Ha resucitado. Y contigo, la vida entera.

Acepta que el Señor resucitado entre en tu vida, acógelo, abrele tu corazón, confía, ¡Él es la vida! Vida en plenitud. Tiempo especial para dejarnos sorprender por Él. Gloria al Señor y Feliz Domingo de Resurrección.

No tengáis miedo, nos dice a ti y a mí hoy. Sacúdete el temor y deséale a todos con los que te cruces hoy felicidades, porque estamos alegres y se nos tiene que notar. Feliz Pascua.

Este día,  Señor, que aprenda a buscarte donde realmente estás y no donde yo me imagino que puedes estar.

 María Magdalena fue a buscarte a un sepulcro y lo único que pedía era tu cadáver. Tenía un inmenso amor, pero poca fe en la Resurrección.

Sólo cuando Jesús te nombra, caes en la cuenta de que está junto a ti, por muy penosas que sean las circunstancias por las que atraviesa tu vida, por muchos que sean los sinsabores.

Enseñes una cosa: la diferencia de una comunidad que todavía no se ha encontrado con el Resucitado y la comunidad que ha tenido la suerte de encontrase con El. Te pido que esta experiencia de Jesús con los de Emaús sea modelo de mi experiencia personal contigo hoy. 

También hoy el Señor tiene que ser paciente con nosotros ya que nos ocurre algo parecido. No acertamos a reconocer al Resucitado en la vida de cada día, nos cuesta ver y entender su voluntad, nos cuesta sentirle presente en los detalles de cada jornada.

Al igual que los primeros discípulos, necesitamos que el Resucitado nos abra la mente para comprender las Escrituras. 

Señor, esta narración tan viva, tan sugerente, del encuentro de los discípulos contigo en el Lago, me ha entusiasmado desde niño. Y he sentido envidia de no haber podido asistir a un almuerzo tan divino y tan humano, donde tú ponías todo: los peces, la leña, el fuego y, sobre todo, tu persona encantadora.

Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

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