ASCENSION
La Ascensión de Cristo no es un espectáculo para mirar desde abajo, ni un recuerdo bonito para admirar desde lejos.
La Ascensión es una llamada a seguir caminando. Cristo no asciende para desentenderse del mundo, sino para empujarnos a levantar la mirada y vivir de otra manera. El mundo fabrica admiradores, seguidores dóciles, personas clonadas que piensan igual, sienten igual y viven dormidas.
Cristo, en cambio, no busca admiradores pasivos. Busca hombres y mujeres de vuelos altos, pero con los pies bien clavados en la tierra.
Personas despiertas. Espabiladas. Con el corazón encendido y las manos trabajando. Porque la Ascensión nos recuerda que ahora nosotros somos sus manos para acariciar, ayudar y levantar al que cae.
Somos sus pies para acercarnos al que está solo, para caminar hacia el necesitado y no pasar de largo. Somos su corazón para amar sin medida, perdonar sin cansancio y sembrar esperanza donde otros sólo ponen indiferencia.
Cristo asciende… pero no nos deja mirando al cielo con los brazos cruzados. Nos deja una misión. Vivir con el alma mirando arriba, pero con la vida entregada aquí abajo.
Su Palabra debe de ser donde radique nuestra fuerza. En los momentos de duda, de dolor, de adversidad, cuando tengamos que atravesar las mayores tribulaciones, que indudablemente sobrevendrán, tengamos en cuenta estas palabras del Señor para renovarnos en la esperanza y seguir adelante. Todo es posible con Él.
Dando gracias a Dios por el amor tan grande que nos tiene. Enviando a Jesús al mundo, el Padre nos ha revelado su cercanía y su amor. “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n.17).
¿Cómo podría yo soñar que me ibas a introducir en tu propia vida trinitaria? ¿Cómo me podría imaginar que me ibas a comunicar tu misma verdad, tu misma alegría, tu propia e íntima unidad? Hoy no necesito palabras sino silencio. Un silencio ancho, profundo y prolongado, agradecido.
Por eso Jesús ha rezado al Padre para que esto se pueda cumplir. Cuando el mismo amor de Dios “manifestado a través de su Espíritu” venga a nosotros e inunde nuestros corazones, podremos convertir “el desierto en vergel”, “la tierra en cielo”, y “el infierno en paraíso”. Es el milagro del amor.
Señor, el tema de mi oración en este día, basado en tu evangelio, me llena de satisfacción porque es tu tema, tu gran tema, el tema del amor. Y yo quiero darte gracias porque has puesto el amor como fundamento del cristianismo



No hay comentarios:
Publicar un comentario