DOMINGO XXV
NO ME OLVIDES, SEÑOR NO OLVIDES, SEÑOR En el amanecer de cada día pronunciar mi nombre, enviarme, como si fuera la primera vez, a sembrar ilusiones en los senderos espinosos a llevar esperanza, donde gime el hombre perdido.
NO ME OLVIDES, SEÑOR Y, si no te escucho, manda el aliento de tu Santo Espíritu para que, ajustándome con salario divino -ser feliz haciendo lo que yo hago- y nunca me canse de trabajar con el arado de mis manos la divina hacienda o tierra que me confías.
NO ME OLVIDES, SEÑOR Si me destinas a formar una familia, que sea responsable en su crecimiento humano y espiritual Si te fijas en mí para proclamar tu Palabra que lo haga de una forma nítida y sensata Si me llamas para ejercer la caridad, que no me fije en aquello que doy… ni en lo que dejo atrás
NO ME OLVIDES, SEÑOR ¡Tengo tanto miedo de no ser tu asalariado! ¡Tengo tanto temor de que no cuentes conmigo! ¡Tengo tantas dudas de si estoy trabajando tu viña o si, por el contrario, estoy trabajando mi terreno
NO ME OLVIDES, SEÑOR No pases de largo y si me ves reticente empújame con el auxilio de tu Gracia Sorpréndeme con nuevos proyectos e ilusiones Levántame cuando, bajo las cepas de tu viña, vea que no producen o verdean el fruto deseado
¡NO ME OLVIDES, SEÑOR! Y, si no acierto a la hora de podar tu viña; perdóname Y, si exijo algo que no es mío; que recupere la paz Y, si las tormentas se desatan; dame un poco de calma
¡NO ME OLVIDES, SEÑOR! Que, hoy más que nunca, quiero ir a tu viña Porque, entre otras cosas, trabajando para Ti y contigo es el mejor salario que jamás haya recibido A lo dicho, Señor… No pases
de largo… Quiero trabajar contigo Amén
¡Qué atípico es Dios! 1.- Atípico en cuanto que, su bondad, es ilimitada, va contracorriente. Raro, o extraño, en cuanto que su forma de proceder deja, nos deja, desconcertados a todos aquellos que solemos ofrecer o repartir en la medida que nos dan.
Hoy, pidámosle al Señor que nos conceda la gracia de escuchar ese “sígueme”, imposible de resistir, que nos conducirá a la vida eterna.
Hoy, Señor, te pido que mi vida esté iluminada por tu luz. Tú eres la “luz del mundo”. Tú quieres que este mundo esté iluminado por tu luz. Todo pecado es oscuridad. Y Tú me mandas ir a quitar del mundo las sombras de la mentira, del egoísmo y de la ambición. Pero yo no puedo iluminar si antes no he sido iluminado por Ti. Señor, que tu luz me haga ver la luz,
Nosotros seremos rechazados; incluso puede que hasta sean perseguidos, como los discípulos. Pero esto no les tiene que impresionar: deben hablar en nombre de Jesús y predicar el Reino de Dios, sin preocuparse de tener éxito. El éxito se lo dejan a Dios.
La pregunta para nosotros, que ya hemos visto a Jesús y le hemos metido en nuestra vida, es si queremos permanecer a su lado, en su amistad, porque ya hemos experimentado que su camino lleva a la vida y vida en abundancia.
Nosotros creemos en un MESÍAS CRUCIFICADO. Es la CRUZ la que suprime todos los malos entendidos. La cruz no es un incidente en la vida de Jesús, es algo querido, estaba previsto en los planes de Dios. Y es en la cruz donde radica la novedad de Cristo: en la entrega de si mismo que no se echa atrás ni siquiera frente a la muerte, donde está encerrada la victoria de Dios.
Señor, abre nuestra mente y nuestro corazón para acoger y entender tu Palabra. Haznos dóciles para seguir fielmente tu camino. Fortalece nuestra voluntad para vencer todos los obstáculos y dificultades que nos impidan hacer tu voluntad. Ayúdanos a sumergirnos en nuestro “Reino interior” en el que Tú habitas, nos defiendes y nos libras del mal.
DOMINGO XIV
Abrazar tu evangelio sabiendo que, el perdón, sin límites y sin farsa, sin miedos ni fronteras es el resumen de tu paso entre nosotros de tu vida en medio de la nuestra tu palabra que se hace carne más allá de teorías y de discursos.
Ofrecer el perdón, cuando en recompensa, se recibe el silencio o la mofa Sentirse cristiano y, mirarse a uno mismo, comprobando que la misericordia la derramo con cuenta gotas; a quien quiero, a quien más quiero y cuando yo quiero. Qué difícil es perdonar y cuánto cuesta, Señor sabiendo que, mi corazón, no es tan grande como el tuyo: siempre dispuesto a comenzar de nuevo.
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR! Ser siervo del perdón y no del orgullo Arrodillarme ante el que me injuria o cerrar los ojos ante el que me denigra Decir “lo intentaré de nuevo” a pesar de la traición o disculpar los golpes recibidos...
¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR! Vivir sin sentirse perdonado y, vivir, con la conciencia de no haber disculpado Romper con las historias pasadas para caminar de nuevo e iniciar un rumbo distinto sin pensar en vencedores ni derrotados ¡CUÁNTO CUESTA, SEÑOR! Ser generoso ofreciendo semillas de reconciliación Decir “lo siento” o “te perdono” Recordar que, para entrar en el cielo, la llave que mueve su puerta es precisamente esa: perdonar siempre Dime, Señor, cómo hacerlo.
Se que para perdonar como tu Dios mío es necesario ser humilde y no orgullosa como el mundo. Me perdonas todos los días, gracias Señor...estas aquí....mi vida entre tus manos.
Señor, la cruz, con sus dos palos, uno vertical mirando al cielo y otro horizontal abrazando a todos los hombres, es la señal de los cristianos. No podemos elegir otra distinta. Es la Cruz del Señor. No es una cruz sola, una cruz vacía, sino una cruz abrazada por el crucificado, en un alarde de amor llevado hasta la locura. Que ahí, en la escuela del calvario, aprenda yo a amar a Dios y a mis hermanos.
Que no se te escape este día sin hacer un alto y contemplar el misterio del dolor y del sufrimiento delante de la cruz.... con mirada de madre.
Yo hoy quiero decidirme por ti y no por Juan bautista. Quiero optar por la vida, la alegría, la música y la fiesta. Respeto a Juan en el desierto con su soledad, su austeridad, su radicalidad. Pero me quedo contigo, Jesús.
Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida.
Al igual que aquellas mujeres, todos los cristianos tenemos la obligación de contribuir, en la medida de nuestros medios, al sostenimiento de nuestra Iglesia, para que nuestros pastores puedan concentrarse en su misión de enseñar. Pero, ¡ojo!, que esa Palabra sea cónsona con el mensaje de Cristo.
Es tarea de todos y tarea urgente anunciar el Evangelio, hablar de Jesucristo, hacer que su Palabra resuene en el mundo sin miramientos, con alegría y generosidad porque lo nuestro es sembrar y ya el Señor se encargará del crecimiento y la cosecha.
El buen sembrador nunca se cansó de sembrar. Yo también quiero sembrar, sembrar el mundo de paz, de bondad, de sencillez, de amor.
DOMINGO XXIII
HAZLO CON AMOR
Si tengo defectos y dificultan mi camino ayúdame a superarlos….pero con amor Si avanzo en la dirección equivocada indícame el camino verdadero….pero con amor Si hay algo que de mí no te gusta y te hiere házmelo saber….pero con amor
Si mi vida se dispara hacia un túnel sin salida adviértemelo….pero con amor Si soy egoísta o vanidoso si la envidia no me deja ser feliz si tengo mil vicios o caídas dímelo….pero con amor Si no soy como no tengo que ser, no pretendas que sea como tú, pero si tú vives en la verdad y yo en la mentira dime cómo se sale de ella….pero con amor
Si me falta corazón y caridad reza por mí…..pero hazlo con amor Si estoy mal conmigo mismo y con los demás si me encuentro agarrotado por la soberbia si hace tiempo que perdí el norte de mi existir mírame a los ojos….pero hazlo con amor
Si pensamos de forma diferente si crees que podemos caminar juntos si todavía confías en mí lo intentemos de nuevo…..pero con amor Pero una cosa te digo:
Si piensas que, sólo soy yo, el que fallo Si crees que, soy sólo yo, el falto de caridad Si crees que tú eres el santo, el bueno y el sabio no me digas entonces nada… Porque es cuando me daré cuenta que tú tampoco dejas actuar a Dios. Dime lo que quieras… pero eso sí…hazlo con amor Amén
Señor, te doy gracias por tu gran generosidad frente a nuestra flaqueza. Tú sabías lo difícil que es para nosotros la “convivencia”. Por eso nos dejaste tu presencia a la hora de rezar juntos. “Yo estoy en medio”. Si Tú estás en medio de nosotros, nuestra oración será auténtica.
Restablece Señor mi corazón de todo aquello que por un motivo u otro está roto como restableciste la mano del paralítico.
Agradezcamos al Señor de la vida y de la historia sus designios de amor y su fidelidad a su proyecto de salvación que sigue avanzando misteriosamente de generación en generación entre infidelidades y miseria, pero también gracias al sí de Maria, a su fidelidad y entrega al proyecto de Dios nacerá el Hombre Nuevo, la clave que permite entender la historia de la salvación.
Señor, cuando escucho las bienaventuranzas te estoy escuchando a Ti. Tú no eres capaz de hablarnos de algo que no hayas experimentado. Tú quieres que seamos felices por la misma senda que has ido Tú. Sólo desde esta perspectiva puedo entender este camino que, a veces, se me hace tan difícil.
Mirando a Cristo y este derramando su sangre por amor a nosotros, contemplando hasta donde llega su amor por cada uno, no podemos conformarnos con amar solo a los que nos aman, ¿que hay de extraordinario en saludar al que te saluda, en corresponder al que te aprecia, en amar al que te corresponde?
“Te pedimos, Señor: Danos ojos limpios y claros para mirar dentro de nuestro corazón y nuestra conciencia, pero empáñalos tenuemente con las sombras del amor cuando veamos las faltas de los que nos rodean. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén”
Yo quiero asentarme en la verdad del Evangelio. En él se recoge el actuar de Jesús. Yo, Jesús, quiero seguirte, apoyarme en Ti y en tus palabras. No basta saberlas. Ellas son mi roca cuando las pongo en práctica. Señor, ayúdame a cumplirlas.
DOMINGO XXII
Pues su madera, bien lo sé, Jesús es escalera que conduce a la Resurrección.
Cogeré tu cruz, Señor, pues su altura, es altura de miras para los que creen en otro mundo para los que esperan en Dios para los que, cansándose o desangrándose, saben compartir y repartir en los demás. Cogeré tu cruz, Señor¡ pues sus clavos, pasan la carne pero no matan la fe.
Es la fe, quien a la cruz, le da otro brillo y hasta otro color: ni es tan cruel ni es definitiva. Después de la cruz, vendrá la vida. ¡
Dame tu cruz, Señor! Merece la pena arriesgarse por Ti Merece la pena sembrar en tu campo Merece le pena sufrir contratiempos Merece la pena adentrarse en tus caminos sabiendo que, Tú, los recorriste primero.
¡Cogeré tu cruz, Señor! Enséñame dónde y cómo Indícame hacia dónde Háblame cuando, por su peso, caiga en el duro asfalto. Quiero coger tu cruz, Señor, porque bien lo sé, hace tiempo que lo aprendí que ideales como los tuyos tienen y se pagan por un alto precio Quiero coger tu cruz, Señor, porque es preferible en el horizonte de los montes ver tu cruz que el vacío del hombre errante Amén
“tus caminos no son nuestros caminos”. Tus caminos son anchos, tus miras son grandiosas, tus proyectos de salvación son inabarcables. Los caminos de los hombres son estrechos y mezquinos. Tú quieres la salvación para todos y no para unos pocos; Tú quieres que el amor y la gracia se apoderen de la ira y la venganza. Gracias, Señor.
A Jesús todo el mundo le busca. Y ¿Por qué a nosotros nos buscan tan poco? La gente busca a Jesús porque “está lleno de Dios”. Jesús lleva algo especial. Se le nota en los ojos brillantes, en su palabra cercana, en su semblante fascinante.
La suegra de Pedro cuando se sintió curada se puso a Servir.porque el fin de la vida cristiana es eso...servir.
El Papa San Juan Pablo II, eligió como exhortación al termino del jubileo del año 2000 la invitación: “Duc in altum”, a remar mar adentro, confiando en la palabra y en la presencia vivificante de Jesús.
“Remar mar adentro ¿para ir a dónde? La respuesta es clara: para ir al encuentro del hombre, misterio insondable; y para ir as los hombres, océano ilimitado. Esto es posible en una iglesia misionera, capaz de hablar a la gente y, sobre todo, capaz de llegar al corazón del hombre porque allí, en ese lugar intimo y sagrado, se realiza el encuentro salvífico con Cristo”.
Siempre nos habían dicho que el camino para ir a Dios era el del sacrificio, el de la tristeza, el del ayuno, el de las penitencias.
Pero Tú, rompes con todo eso y nos dices que el camino para ir a Dios es el camino del amor. Y el amor es gozo, plenitud, realización, libertad. Gracias, Señor, por esta manera tan positiva, tan fascinante, tan cautivadora que tienes para hablarnos de Dios y de su Reino.
Si Dios es amor, todas las leyes que no sean vehículo o expresión del amor, están mal situadas. Donde el hombre pone leyes, Jesús pone amor. Y su testamento fue éste: “Amaos unos a otros como yo os he amado”
DOMINGO XXI
TE CONFIESO, QUE NO LO SÉ, SEÑOR
Digo amarte cuando, media hora en tu presencia, me parece excesivo o demasiado Presumo de conocerte y, ¡cuántas veces! el Espíritu me pilla fuera de juego Te sigo y escucho y miro, una y otra vez, hacia senderos distantes de Ti.
Te confieso, Señor, que no sé demasiado de Ti. Que tu nombre me resulta complicado pronunciarlo y defenderlo en ciertos ambientes. Que, tu señorío, lo pongo con frecuencia debajo de otros señores ante los cuales doblo mi rodilla
Te confieso, Señor, tu nombre lo pronuncio bien pero me gustaria defenderlo en ciertos ambientes mas. Te confieso, Señor, que mi voz no es para tus cosas lo suficientemente recia ni fuerte como lo es para las del mundo.
Te confieso, Señor, que mis pies caminan más deprisa por otros derroteros que el placer las prisas, los encantos o el dinero me marcan.
Te confieso, Señor, que, a pesar de todo, sigo pensando, creyendo y confesando que eres el Hijo de Dios. Haz, Señor, que allá por donde yo camine lleve conmigo la pancarta de “soy tu amigo”
Haz, Señor, que allá donde yo hable se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor” Haz, Señor, que allá donde yo trabaje con mis manos o con mi mente construya un lugar más habitable en el que Tú puedas formar parte. Amén
Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en El, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el amor. Hoy, como Pedro entonces, nuestra iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) sigue respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios.
Hoy quiero comenzar mi oración dándote gracias por los encuentros que he tenido con hombres y mujeres que me han ayudado en mi camino de fe. ¿Qué hubiera sido de mí si no hubiera sido por mis padres, el párroco de mi pueblo, religiosas, laicos comprometidos?… Gracias, Señor, por tantas personas que pusiste en mi camino y me ayudaron a encontrarme contigo.
Dame fuerza Señor para comprender que tu vida era limpia, coherente, llena de transparencia.
Tus discípulos podían contemplar cada día la verdad de tus labios como se contempla la belleza de una montaña nevada. No quiero, Señor, limitarme a decir verdades. Quiero ser “verdad”.
Me enseñas a vivir con limpieza, con transparencia, con sinceridad. Nada te molesta tanto como una vida apoyada en la mentira. Dame tu gracia para vivir sin doblez, para ser lo que soy, para vivir en íntima coherencia entre lo que vivo y lo que hago. Que mi mejor predicación sea la vida misma.
Tal vez nos dé miedo lo del ladrón en la noche. Oigamos esta bonita interpretación de Dolores Aleixandre: “Lo mismo que un ladrón viene en busca de algo valioso y se las arregla para encontrar el momento más oportuno, también Dios vendrá a buscarnos como quien se apodera de un tesoro, porque eso somos para Él. Y vendrá a buscarnos en el mejor momento”.
La lampara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe.
Juan Bautista es en labios de Jesús “el mayor entre los nacidos de mujer”. Su sentido de la misión, su humildad, su coraje para defender la verdad incluso ante el rey, han convertido a Juan en el precursor del Señor, en el mejor representante, el más parecido a Jesús.
Te pido que sepa contagiarme de estos valores.
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