YA ES SEMANA SANTA

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miércoles, 31 de marzo de 2021

EVANGELIO DE HOY


 ¡Ay de aquel por quien es entregado!


El relato de Mateo pone el acento sobre la motivación de Judas. Es su propia iniciativa la que lo lleva a ajustarse con los sumos sacerdotes para traicionar al Maestro.

Según la tradición del viejo libro  de Zacarías, ese era el precio de un esclavo. Ni que decir tiene que Jesús es vendido por el precio de un esclavo.

Los esclavos eran el último escalón de la organización social de Israel, carente de derechos.

Mateo  también  nos da cuenta de la Última Cena y de la turbación que les supone a los apóstoles saber que uno de ellos los iba a traicionar. Hasta que señala indudablemente a Judas, que se dirige a Jesús como Maestro mientras el resto de discípulos, entristecidos, lo han tratado de Señor. 

Comienza su pasión con un hecho muy doloroso, con la traición de uno de los suyos, con la infidelidad y deslealtad de uno de sus amigos, con la falsedad de uno del grupo de sus íntimos, con la traición de un discípulo

“uno de vosotros me va a entregar”, nos cuenta el pasaje que los discípulos se entristecieron y se pusieron a preguntarle uno tras otro: “¿Soy yo acaso, Señor?”.


“Jesús sabía que incluso entre los doce Apóstoles había uno que no creía: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discípulos; es más, tal vez tendría que haberse ido si hubiera sido honrado. En cambio, se quedó con Jesús. Se quedó no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro. ¿por qué? 

Porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado esas expectativas.

Mateo también nos revela que Jesús sabe todo lo que se está moviendo a su alrededor (incluyendo la traición) para provocar su muerte, pero Él, teniendo el control de todo lo que le sucede deja actuar, ya que hay algo más profundo en esos sucesos: es el Padre Celestial quien entrega a su Hijo y Él obediente hasta la muerte, sigue la voluntad de su Padre.

Cabe destacar que es diferente la forma en la cual se dirigen a Jesús sus discípulos. Todos, menos Judas Iscariote, lo llaman Señor, y de esa forma reconocen su autoridad y su poder; Judas, en cambio, lo llama Rabbí (Maestro), que es la forma que los enemigos del Señor usan para dirigirse a Él. Judas habla como los adversarios del Señor, porque no ha comprendido que Jesús es el Señor.

Es fácil echarle culpa a otro; eso nos hace sentir bien, nos justifica. Pero se nos olvida que Jesús murió por los pecados de toda la humanidad, cometidos y por cometer. Eso nos incluye a todos, sin excepción



 Pidamos a la Virgen María que nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre sinceros con él y con todos. “

No pretendo justificar a Judas. Tan solo quiero recalcar que él no fue el único que traicionó a Jesús, ni será el último. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo? Hoy debemos preguntarnos: ¿Cuántas veces te he traicionado, Señor? ¿Cuáles han sido mis “treinta monedas”?

A ti, diariamente, también en esta Semana Santa, se te plantea cada jornada la misma disyuntiva: amor o traición a Jesús, Nuestro Señor. En esa alternativa está resumida la vida.

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