YA ES SEMANA SANTA

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viernes, 24 de febrero de 2023

ENTONCES AYUNARAN

según san Mateo 9, 14-15

 En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».


Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán

Durante la Cuaresma nos preparamos con penitencia y ayuno para celebrar estos misterios durante la Semana Santa. Pero lo hacemos todo por Cristo, con Él y en Él.
El primer viernes de Cuaresma, comulgamos en la mesa de la Palabra con el ayuno, aunque el mandamiento de la Iglesia es que el cristiano se abstenga de comer carne: la famosa vigilia… que tantas elaboraciones de bacalao ha dejado en la tradición culinaria de nuestra tierra. 

El ayuno no es tan extraño a nuestra sociedad como aparentemente suponemos. Se ayuna de forma intermitente para sentirse mejor, se abstiene de comer determinados alimentos que el médico prohíbe y se consumen los que prescribe, se guarda dieta para reducir el peso corporal o realzar la figura… entonces, ¿para qué ayunan los cristianos? 

El ayuno es una forma de mover el corazón hacia el Señor, porque con el estómago lleno queremos reposar y hacer la digestión. Por eso el ayuno hace vacío en el interior -mucho más que en el estómago- de forma que Jesús pueda llenarlo con su presencia. 


Con Jesús han iniciado los tiempos mesiánicos, no hay tiempo para ayuno mientras Él está entre ellos, porque es el tiempo de Jesús. Cristo dice que ya llegará el momento de ayunar cuando Él les sea arrebatado

 El tiempo después de Jesús, durante este tiempo, que no es el final, habrá tribulaciones y por lo tanto ocasiones para ayunar.
 Hay que agregar que además de las comidas hay muchas cosas superfluas de las cuales se puede ayunar por amor al Señor.



NOSOTROS
La iglesia nos invita en este día de hoy a abstenernos de comer carne. Y nuestro nuevo corazón de carne nos invitará quizá a ayunar de todo aquello que es toxico para nuestro corazón

 El nuevo motor del ayuno cristiano solo puede ser uno: el amor, la identificación con Cristo Jesús crucificado, muerto, sepultado que nos invita a rezas con más consistencia y cariño.

¡Cuando está Dios, se hace fiesta! Y Dios está siempre con nosotros, aunque a veces, no lo notemos y parezca que guarda silencio y su luz no consiga dar calor a nuestros devastados caminos. Su resurrección está como escondida en el abismo de la tierra, como una aurora apenas perceptible. 

Por eso, mientras llega el alba del nuevo día, debemos mantener despierto el corazón durante la noche en ayuno y oración. Así, si dejas que tu corazón ayune, si te despojas de todo equipaje inútil, en el deseo de Dios y en el amor del hombre, sabrás que la fiesta no ha terminado. 

La mesa está puesta todavía, y el Esposo comparte en ella su propia vida. La aurora de la resurrección ya está presente en nuestra vida. ¿La notas?


Los cristianos, ayunamos y mortificamos nuestro cuerpo redimido, como hijos de Dios. No actuamos como funcionarios que conocen perfectamente sus competencias (aunque seamos ministros suyos). 

No nos comportamos como militares que practican obedientemente las órdenes mandadas (aunque, en efecto, también pertenezcamos a la milicia de Cristo). 

Y menos como esclavos, que mansos y sumisos acatan la voluntad de su amo (aunque sea muy cierto que, con la humildad de María, deseamos ser y sentirnos esclavos del Señor). 



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