viernes, 4 de septiembre de 2015

MANRESA Y SAN IGNACIO DE LOYOLA

Manresa



 quiere dar a conocer la presencia de San Ignacio de Loyola en la ciudad y mostrar como el posterior establecimiento de la Compa- ñía de Jesús, seguidora de San Ignacio, influyó y sigue influyendo tanto en la arquitectura y el paisaje urbano como en la vida espiritual, social y también económica de la ciudad.


La monumentalidad de la fachada de la Cueva, en la entrada sur de la ciudad, es el telón de presentación de la influencia de los jesuitas en la ciudad.


El 25 de marzo de 1522, Ignacio de Loyola (Iñigo López de Recalde) bajó de Montserrat a Manresa. Se instaló y vivió allí durante once meses.


 La estancia de San Ignacio en Manresa -mucho más larga de lo que estaba previsto- tiene un gran relieve en la biografía y la obra del santo.

 En una cueva cerca del río Cardener, Ignacio vivió una fuerte experiencia espiritual, que sería el origen de una serie de indicaciones metodológicas para guías de experiencias parecidas: el Libro de los Ejercicios,

 una ayuda para orientar la propia vida segun Diós: "en todo servir y amar". Ignacio consideró siempre muy importante su paso por Manresa.

 De los meses de vida en la ciudad decía que habían sido para él una especie de noviciado en las cosas del espíritu. Por eso, la expresión "ir a Manresa" significa para los jesuítas una peregrinación a las fuentes de su historia, vocación religiosa y espiritualidad.

 No hay en el mundo ninguna otra ciudad catalana que haya dado su nombre a tantas obras fundadas por los jesuítas (actualmente se cuentan 57).

El paso de San Ignacio por Manresa tiene un episodio fundamental que vivió delante del río Cardener. Allí tuvo una visión, lo que se llama la ilustración del Cardener:


 "Y mientras estaba allí sentado, se le empiezan a abrir los ojos del entendimiento. No es que viese alguna visión, sino que entendía y conocía muchas cosas con una iluminación tan grande que todo le parecía nuevo"



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