sábado, 25 de julio de 2015

RELIQUIAS DEL APÓSTOL SANTIAGO

La autenticidad de los restos del apóstol Santiago ha generado siempre grades debates e ivestgaciones.


 El  traslado -por la dificultad que supone – del cuerpo del discípulo de Jesús hasta suelo gallego es un tanto raro.

 Estudios arqueológicos han demostrado que Compostela era una necrópolis precristiana, pero jamás se han practicado investigaciones científicas sobre los restos que custodian los muros de la Catedral.
Palabras del Deán, después de las últimas excavaciones:

 "conforme con la tradición, pero que ni prueba ni desmiente" nada sobre el Apóstol.

 Una vez descubiertas y honradas con un templo cristiano, las reliquias no pararon quietas mucho tiempo.


Según la tradición oral, en el siglo XVI tuvieron que ser escondidas para evitar la profanación de los piratas que amenazaron la ciudad compostelana tras desembarcar en el puerto de A Coruña (mayo de 1589).

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El obispo, Juan de Sanclemente, mandó ocultarlas y durante muchos años se perdió su rastro.

A finales del siglo XIX, durante el pontificado en Santiago de Compostela, de Paya y Rico, fueron redescubiertos los restos del Apóstol.




Emprende obras en el altar mayor y el 28 de enero de 1879 tras perforar una bóveda encuentran una urna con huesos humanos, lo que parecía posible que estuviesen ante los restos del Apostol Santiago. Payá encargó a la universidad compostelana analizar los restos que terminó con un decreto arzobispal:
"Los restos encontrados pertenecían al Apóstol santiago ya a sus discípulos,Atanasio y Teodoro"

Las conclusiones fueron enviadas a Roma, donde fueron examinadas por la Concregación de Ritos

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 El Papa León XIII en 1884 y por medio de la Bula "Deus Omnipotens" anuncia a todo el mundo católico el descubrimiento de los restos del Apóstol lo que supone el comienzo de las actuales peregrinaciones a Santiago.

BULA DEUS OMNIPOTENS 1884 ROMA Y EL SEPULCRO DE SANTIAGO



 El 7 de junio de 1886 es nombrado Arzobispo de Toledo, Primado de España y Patriarca de las Indias Occidentales. Ese mismo año bautizó al Rey don Alfonso XIII.


Nacía así la actual cripta.


 El viejo y airoso edículo se iba a transformar por el peso de la historia y el tiempo en una muy evocadora cripta. Para darle forma fue necesario desescombrar y cavar en la roca inmediata a la estructura superviviente del edículo. Las obras comenzaron en 1879 y se prolongaron durante varios años. Se organizaron colectas para financiarlas.





En 1886 se abrieron las dos puertas laterales de bajada y se realizaron diversas obras de mejora y su decoración, hasta que en julio de 1886 se colocó la urna con las reliquias.

 En todo caso, los trabajos no concluyeron por completo hasta 1891, las reliquias fueron depositadas en una urna de plata , dentro del primitivo sepulcro.Y el recinto se abrió definitivamente al público.

La idea inspiradora de la ornamentación del pequeño recinto, de marcado carácter historicista, fue del canónigo Antonio López Ferreiro. Así lo cuenta el obispo e historiador Guerra Campos: se decidió “revestir de mármoles el sector junto a la urna y dejar a la vista el resto de las estructuras antiguas.


Las obras permitieron descubrir en los pasillos del edículo unas losas consideradas parte del sepulcro de Lupa, la rica dama que habría cedido el espacio para enterrar al Apóstol, y de dos de sus familiares.

Al principio del pasillo derecho, casi imposible de ver por el público, una placa recuerda que allí reposan también los restos que la tradición atribuye a la mítica mujer.

 La cripta fue el lugar donde Juan Pablo II se detuvo a orar cuando visitó Santiago en el jubileo de 1982 -era el primer papa que lo hacía-.



 La fotografía dio la vuelta al mundo. Como memoria de su estancia, permanece una placa que recuerda su histórico discurso europeísta, pidiendo al Viejo Continente que avivase sus raíces cristianas.

El pontífice, como otros millones de peregrinos, hizo una doble visita: subir al espacio superior del altar mayor para dar el abrazo a Santiago y bajar a la cripta para orar ante sus restos. Era una experiencia que hasta finales del siglo XIX había estado mutilada. Y se convirtió en el símbolo del renacer jacobeo


Y años después su sucesor hizo llo mismo




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