martes, 7 de julio de 2015

MONASTERIO DE LOS JERONIMOS DE GRANADA

De Comunidad de Monjas Jerónimas.
Situado en la calle Gran Capitan




El Monasterio de San Jerónimo de Granada se crea en la ciudad de Santa Fe bajo patronazgo de los Reyes Católicos antes de la conquista definitiva  en 1492.

Una comunidad jerónima, bajo la advocación de Santa Catalina la Real, en Santa Fe, el campamento que los Reyes Católicos habían ubicado a las afueras de Granada para acometer la ofensiva final, aunque la mala situación del lugar, una zona pantanosa plagada de insectos, hizo que los propios reyes, una vez conseguida la rendición, decidieran su traslado extramuros de Granada.
 Se trasladan luego a la capital, al solar que actualmente ocupa el Hospital de San Juan de Dios, para trasladarse definitivamente a los terrenos que se cree que pertenecían al último monarca nazarí, Boabdil.



 Comenzadas las obras, en 1496,  bajo la estética gótica habitual en las obras patrocinadas por los monarcas.




El encargado en un principio de la obra fue Jacobo Florentino, el Indaco, arquitecto, escultor y pintor italiano que había llegado a Granada poco antes para trabajar en la Capilla Real dirigiendo y facilitando modelos para la decoración de la misma y como tracista de la sacristía de la Catedral.

Pero  pronto se cambia a los nuevos modelos renacentistas, al hacerse cargo de su coste la Duquesa de Sessa, doña. María de Manrique, quien pidió a cambio la Capilla Mayor de la Iglesia para enterramiento suyo y de su marido don Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán.


Granada san jeronimo detalle2.jpg

Tras la muerte de Florentino en 1526, Diego de Siloé, uno de los más afamados arquitectos del momento en la península, se hace cargo de la dirección, y aunque la duquesa de Sessa murió en 1527, sus disposiciones testamentarias dejaron suficientes fondos para continuar con las obras y a comienzos de la década de 1550 la iglesia ya estuvo preparada para recoger los restos mortales del matrimonio,



trasladados en 1552 en solemne procesión a la cripta ubicada a tal efecto bajo el crucero, procedentes del convento de San Francisco, donde habían estado depositados provisionalmente porque la capilla mayor era el panteón de los González de Córdoba.

En esos años de mediados del siglo XVI don Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba, III duque de Sessa, nieto del Gran Capitán y heredero del patronato, consiguió el permiso de Felipe II para ceder al monasterio el cortijo de Ansola, perteneciente a su mayorazgo, para que con sus rentas los monjes estuvieran obligados a rematar las obras y costear el retablo, la reja, la solería de la capilla y unos sepulcros exentos para sus abuelos que tendrían que haberse colocado en el centro del crucero, pero que nunca llegaron a labrarse.





Abside de la Iglesia: Arriba podemos ver los medallones con los retratos del Gran Capitán y de su esposa que se encuentran a ambos lados del central donde figura (foto de la izquierda) un tablero sostenido por dos mujeres con las inscripciones de "Fortinudo" e "Industria" y en dicho tablero aparece la inscripción: "Gonsalo Ferdinando a Corduba magno hispanorum duci gallorum ac turcarum terrori".




En las desamortizaciones y la exclaustración forzosa de los jerónimos en 1835, supuso la ruina del conjunto y la pérdida de gran parte de sus obras de arte, algunas hoy conservadas en el Museo de Bellas Artes de Granada.
Los monjes fueron expulsados el 18 de agosto de 1835.

. En 1842 el convento pasó al Ministerio de la Guerra, convertido en cuartel de caballería, tapiándose los arcos de los claustros, y la iglesia hizo funciones de parroquia, y aunque en 1867 fue declarado Monumento Nacional Histórico-Artístico, siguió como cuartel, ahora también de infantería.

 Su estado de ruina llegó a tal que hasta se pensó en su derribo aunque, afortunadamente, en la década de 1910 el Estado decidió acometer su restauración, puesta bajo la dirección del arquitecto Fernando Wilhelmi.


En 1928 el convento sufrió un incendio que afectó, sobre todo, al claustro de la hospedería,


 y aunque en 1931 fue declarado Monumento Nacional, hasta 1957, con la reinstauración de Orden jerónima, no dejó de ser cuartel.

Años más tarde, ya en 1960 la portada del monasterio que da entrada desde la calle Rector López Argüeta aparecería abandonada en un cortijo de la Vega, siendo ubicada en su emplazamiento actual. El monasterio finalmente volvería a su uso religioso al trasladarse la orden que ocupaba el monasterio de santa Paula. Su torre sería reconstruida en 1989.


  La Orden y la Universidad de Granada financiaron su restauración y el conjunto pasó de nuevo a manos jerónimas, siendo ocupado hasta hoy en día por la comunidad de la rama femenina que lo habita desde la década de 1970 procedente del Convento de santa Paula de la ciudad, poseedora de su titularidad por cesión de sor Cristina de la Cruz Arteaga, madre superiora del Convento de santa Paula de Sevilla, hija y heredera de don Joaquín de Arteaga, duque del Infantado, que canjeó el monasterio por su propiedad del Carmen de los Mártires en el recinto de la Alhambra con el ayuntamiento de Granada.

   El conjunto del Monasterio se levanta durante el siglo XVI y consta de Iglesia y dos claustros, alrededor de los cuales se distribuyen las diversas dependencias. Para la realización de esta magna obra se aunaron los esfuerzos de un grupo de grandes artistas, entre los que destacan principalmente Jacobo Florentino, Diego de Siloé, Pedro de Orea, Martín de Navarrete o Lázaro de Velasco, siendo las pinturas murales obra del siglo XVIII.


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