martes, 1 de diciembre de 2015

EL ARZOBISPO HA DICHO




Una Navidad más, el belén monumental de la catedral vuelve a estar presente, y con más detalles y figuras que el año anterior.

A la derecha, el arzobispo, escucha las explicaciones de Rodríguez Menayo, junto al alcalde. - RAÚL G. OCHOA

 Esta mañana, el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas, ha bendecido e inaugurado este tradicional belén, no sin antes indicar que desea «que haya Navidad en Burgos, sus hogares e instituciones». Tras la bendición, ha pasado a visitar el belén en compañía de otras autoridades civiles y militares.

 AÑO SANTO




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UN DIOS TAN BUEN QUE NO NOS MERECEMOS

Vigilia de la Inmaculada en San Lesmes

 Antes de la exposición del Santísimo, el arzobispo pronunció una breve homilía invitando a todos los presentes a «dar gracias a Dios y a nuestra Madre la Virgen». Y es que, para el prelado «una de las formas más bellas de dirigirnos a Dios es dándole gracias» porque, «a pesar de que nosotros quisimos independizarnos de él, él no nos abandonó y preparó el camino de su salvación en María». De ahí que insistiera en dar gracias a la Virgen pues, «¡ay de nosotros si María no hubiera dicho sí!»

  «Tenemos un Dios tan bueno –aseguró– que no nos lo merecemos. Dios no nos dejó solos en la miseria, sino que nos salvó haciéndose hombre en María y de María». Un acto de fe que «solo se entiende cuando se saborea y somos plenamente sencillos» y que nos llevará a ser «plenamente felices y compartir nuestra felicidad con los demás».

RECIBIR Y SER CAUCES DE LA MISERICORDIA DE DIOS

6 de Diciembre 2015 Queridos hermanos: Me alegra mucho que una de las primeras ocasiones que tengo de dirigirme a todos vosotros sea precisamente para animaros a preparar de forma inmediata el año de la misericordia. La misericordia de Dios “que llena la tierra” (Sal 32), y nos alcanza como hijos a todos y cada uno de los que formamos parte de nuestra querida Iglesia diocesana de Burgos: a los sacerdotes, a los consagrados, a los laicos, a mí mismo, el Pastor a quien el Señor me ha encargado estar plenamente entregado a vuestro servicio, y al de todos los hombres y mujeres que caminan a nuestro lado y que necesitan –sean o no conscientes de ello- comprender y llevar adelante su vida de cada día bajo la mirada misericordiosa del Señor.

 Nuestro “Dios es rico en misericordia” (Ef 2, 4). Porque “Dios es amor” (1Jn 4,8) y su misericordia es expresión de ese amor incondicional por nosotros, que todo lo perdona, que todo lo renueva, que nos permite afrontar cada jornada de nuestra vida con la esperanza segura de que, por encima de nuestros fracasos, pobrezas, decepciones y pecados, Dios es fiel, nos ama, sigue confiando en nosotros y ante cualquier situación nos da nuevas fuerzas para seguir adelante buscando sus caminos y cumpliendo su voluntad.

 Para experimentar la misericordia de Dios en nuestra vida es necesario dejarnos alcanzar por ella, seguros de que “los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan su misericordia” (Sal 32). Ceder a la tentación del cansancio, el desánimo, la falta de esperanza, el orgullo, la huida, la búsqueda de fuentes de felicidad engañosas,… hace que nos cerremos a la misericordia y, por tanto, a la posibilidad de experimentar que la entrega generosa al amor de Dios y a nuestros hermanos puede verdaderamente hacernos felices y llenar completamente nuestro corazón.

 Tenemos que salir de nosotros mismos para poder recibir la misericordia de Dios y poder ser después cauce de su misericordia para los demás. Tenemos que salir al encuentro del amor de Dios –que siempre nos precede– y consecuentemente al encuentro de nuestros hermanos, fieles al mensaje de Jesús que nos dice “sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). El año de la misericordia, convocado por nuestro querido Papa Francisco, es una ocasión muy propicia para profundizar en el pozo insondable de la misericordia de Dios y sus exigencias para nuestra vida cristiana. Es un tiempo de gracia, tiempo de salvación, que nos ofrece la posibilidad de acercarnos con arrepentimiento y con confianza en Dios al sacramento de la Penitencia -¡el sacramento de la misericordia!- y de renovar el amor a los hermanos a través de las obras de misericordia espirituales y corporales, con las que servimos a los más necesitados material y espiritualmente.

 Sin duda, este año jubilar nos ayudará a orar, reflexionar, dialogar unos con otros, y experimentar con más plenitud la misericordia de Dios, siendo a la vez más misericordiosos con nuestros hermanos. De manera que podamos unir nuestras voces con toda la Iglesia, para cantar cada día las misericordias del Señor.



 Os invito a todos a participar el próximo sábado en la apertura diocesana de este Año Jubilar. Saldremos en procesión, a las cinco de la tarde, desde el monasterio de las Madres Salesas y nos encaminaremos hasta la catedral, donde procederemos a la apertura de la Puerta Santa. Una vez en el interior del templo, celebraremos la Eucaristía, sacramento de la misericordia plena de nuestro Señor. Os espero con los brazos abiertos para que todos juntos, como Iglesia que camina en Burgos, dispongamos nuestro corazón para recibir y ser cauce de la misericordia de Dios. Con mi abrazo fraterno y cordial, + Fidel Herráez Vegas.

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