jueves, 8 de diciembre de 2016

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN




Si miramos el Misal de san Pío V, promulgado en 1570, después del Concilio de Trento, vemos que el 8 de diciembre no se celebraba todavía la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, sino tan sólo la memoria de su Concepción. Ese día se decía la Misa de la Natividad de la Virgen cambiando natividad por concepción. Se celebraba, pues, la Concepción de la Virgen, pero sin precisar si tal concepción había sido o no inmaculada.




Sin embargo, en diversos lugares de Europa (Irlanda e Inglaterra) sí se venía celebrando la Concepción Inmaculada, ya desde el siglo X.
En la Iglesia Occidental la fiesta aparece cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando.

Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa Occidental.

En el reino de Aragón, desde el siglo XIII. España fue el primer país que obtuvo de Roma la declaración de esa fiesta como fiesta de precepto.

 Fue en 1645, a petición de Felipe IV.

 Mientras tanto, el Misal Romano seguía refiriéndose sólo a la Concepción de María, aunque elevada también a fiesta de precepto en 1709.

Cincuenta años después, vendría la declaración de la Inmaculada Concepción como Patrona de España.



Por un Decreto de 28 de Febrero de 1476, Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad.

Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 de Diciembre de 1661 la famosa constitución «Sollicitudo omnium Ecclesiarum» en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.



Fue necesario un largo proceso de maduración de tal verdad de fe en la conciencia de la Iglesia.

 En ese proceso, España tuvo un papel muy importante, no sólo por haber sido la primera nación en que la Iglesia celebró la Concepción Inmaculada de María como fiesta de precepto y la primera también que se puso bajo el patronazgo de la Inmaculada, cuando no era todavía más que una sentida advocación popular y una opinión teológica muy aceptada.



Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios.

 Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.

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