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sábado, 11 de diciembre de 2021

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

 



DOMINGO

“ Alegraos siempre en el Señor ”


Este domingo de Gaudete es una llamada a vivir alegres. Porque nada ni nadie podrá separarnos del amor del Señor. ¡Nada! Ni siquiera nuestros pecados. Su amor es mucho más grande que todas nuestras miserias juntas. Él nos anima: ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo (Jn 16, 33).

según San Lucas 3, 10-18 

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué debemos hacer?».

 Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». 

 Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 

 Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?». 

 Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga». 

Es cierto que nos toca vivir momentos duros, momentos de cruz. Pero la alegría del corazón se adapta a esos momentos.

 Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo 

De Él dice el ángel de Belén que será la alegría de todo el pueblo. Por eso un cristiano no puede ir por la vida con cara larga o talante avinagrado. Lo cristiano es ir por la vida con espíritu positivo y esperanzado. Eso no es posible para quien vive encerrado en sí mismo. Lo que está cerrado es oscuro y acaba oliendo mal. Si vivo encerrado en mí mismo seré incapaz de reconocer los regalos de Dios; la tristeza y el pesimismo ensombrecerán mi vida.

y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». 

 Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.


La Madre de Jesús, causa de nuestra alegría, está siempre abierta a Dios y a los prójimos. Por eso canta: Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. Jesús vino para eso: para que vivamos alegres y disfrutemos de la vida. Lo dice así: Os he dicho estas cosas para que participéis de mi alegría y vuestra alegría sea colmada (Jn 15, 11).

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