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martes, 20 de diciembre de 2022

 Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38) 

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazarat, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, …el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios.


El Evangelio de hoy contiene el anuncio del ángel del Señor a María. Una pagina bellísima de la Santísima Virgen, pasaje muchas veces leído, proclamado y meditado. Esto puede tener el riesgo de pasar muy por encima y no acogerlo, diciéndonos a nosotros mismos: este ya me lo sé; y evitar de esta forma que nos sorprenda el Espíritu Santo, porque podemos caer en el campo de las ideas y no de la experiencia de fe.

Comentario del Papa Benedicto XVI dado en el ángelus del 25 de marzo de 2007: “La Anunciación, […] es un acontecimiento humilde, oculto —nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María—, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen dijo su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con él comenzó la nueva era de la historia, que se sellaría después en la Pascua como «nueva y eterna alianza”. En realidad, el «sí» de María es el reflejo perfecto del de Cristo mismo cuando entró en el mundo, como escribe la carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: «He aquí que vengo —pues de mí está escrito en el rollo del libro— a hacer, oh Dios, tu voluntad». La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre, y así, gracias al encuentro de estos dos «sí», Dios pudo asumir un rostro de hombre. Por eso la Anunciación es también una fiesta cristológica, porque celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.




Hoy contemplamos esta escena impresionante de la Anunciación. Dios, siempre fiel a sus promesas, a través del ángel Gabriel hace saber a María que es la escogida para traer al Salvador al mundo. 

NOSOTROS

Dios tiene sus planes para María, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» . No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos de Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.

De la respuesta de María, así como de nuestra respuesta a lo que Dios nos pide — decía un santo— « dependen muchas cosas grandes». 

Nos estamos preparando para celebrar la fiesta de Navidad. La mejor manera de hacerlo es permanecer cerca de María, contemplando su vida y procurando imitar sus virtudes para poder acoger al Señor con un corazón bien dispuesto. Que María nos sostenga en la escucha generosa de Dios en estos días tan próximos al misterio de la Encarnación.



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