YA ES SEMANA SANTA

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sábado, 20 de noviembre de 2021

ORACIONES SEMANA XXXI, XXXII

SEMANA XXXIII


¡VIVIRE CADA DIA, SEÑOR! Como si fuera el primero, y a la vez, el último de mi existencia. Dándote gracias, por lo mucho que me das, y soportando, las pequeñas cruces que –grandes o diminutas- caen sobre mi hombro Sentiré cada día, Señor tu fuerza que me empuja y me levanta tu poder que es más grande que toda mi debilidad tu presencia, que me garantiza un futuro Señor un día más para hacer el bien 
¡VIVIRE CADA DÍA, SEÑOR! Sabiendo que, al final, y como buen final me aguardas y me esperas Tú
Benedicto XVI nos hablaba de conversión yo Señor vivía entre tantas prisas y tantos ruidos que no escuchaba pero, Tu desde que nací me amas, y aquel 11 de agosto clavada en mi cruz de cemento mientras el mundo se tambaleaba yo te sentí cerca de mi y ya sin prisas ni ruido entraste de lleno en mi vida. 

Los creyentes estamos llamados a vivir una vida en plenitud y el secreto para la vida en plenitud es la confianza; confianza que nace de la fe.
L
Señor como  al ciego de Jerico me dice: que quieres que haga por ti?
No permitas que te pida lo que menos me convenga. pero si que me des aquello que tal vez sea lo que mas necesito. Ver con los ojos del corazón para amar, ver con los ojos del alma para sentir tu presencia, ver con los ojos de católica para saber discernir entre lo bueno y lo malo.
M
Hoy quiero hospedarme en tu casa.
No me has preguntado Señor, quieres  entrar en mi casa, ahora entiendo, me creaste para amarme y así me demuestras que mi amor por Ti está por detrás de Tu amor.
Soy importante pero, estoy preparado para que entres en mi  casa?
X
Señor si me has dados varios talentos que yo te devuelva el doble y que nunca yo los guarde y si que los haga crecer.
No puedo esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida. Este mundo quiere que yo  pase de Ti Señor por eso te pido que no me acostumbre a vivir lejos  de Ti y siempre siempre viva contigo y en Ti.

Que Santa Isabel de Hungría, que acogió a Dios en su corazón y entregó todos sus talentos, toda su vida al servicio de los más necesitado me ayude.
J

Lloras Señor, tu pueblo no acepta la paz que trae tu amor. Tu Señor, un Dios enamorado que sólo quieres vernos felices. Que nada ni nadie me separe de tu amor. 

V
Tu casa Señor es mi alma. Quiero tenerla todo lo mejor que pueda para Ti. La pondré a punto con la  luz de la verdad y con el calor del amor y estaré alera para que en tu casa, mi alma , no entre el mal, la mentira, la tristeza y la amargura.
Quizas por algún motivo estoy de bajon por lo que tengo  que salir adelante con la  fuerza de la fe para que en mi templo no falte el amor  y la esperanza.
S
Estoy viva Señor  porque estoy unida a Dios y participo de su amor, un amor Señor que no se puede explicar solo se puede experimentar.
Me quedo contigo y serás mi vida para siempre.
SEMANA XXXII



TE DARE DE LO POCO, SEÑOR 
De mi tiempo, para anunciar el evangelio y así, muchos, de los que me rodean, encuentren en Ti su tesoro y su horizonte. De mi riqueza personal, de mi dinero y mis talentos, mi silencio, mi trabajo y mi esfuerzo. Mi oración, a veces con prisas y mi confianza más en Ti que en este mundo. 
TE DARE DE LO POCO, SEÑOR. sabiendo que tus ojos están puestos en mi

Y eso es lo que hemos de hacer quienes seguimos a Jesús: darnos a los demás como Él se nos da. Y hacerlo con la mayor sencillez, sin pregonarlo; como la viuda.
Saber hablar, actuar y ofrecer desde el corazón. Mi caridad no puede ser apariencia es dar y ofrecer con el corazón. 
L
Para perdonar Señor es necesario tener mucha fe yo, al igual que los discípulos te digo.... que aumentes mi fe, una pizca, para afrontar mi vida sabiendo que cuento con tu presencia, tu amor y la misericordia de Dios. 
Colocándote en medio a Ti Señor, el odio se convertirá en amor. Aumenta mi fe y llevame a Ti.
M
Demos gracias a Dios por esta Iglesia nuestra que después de tantos siglos sigue en marcha, sin duda es un misterio de fe que a pesar de contar con tantos fallos humanos, pesa más la vida sencilla, sincera y entregada a las necesidades de los demás de tantos hermanos que nuestros pecados.

X
Que no sea como los  leprosos  desagradecido. Que  te de gracias  Señor por todo  ya  que todo lo he recibido de Ti. También por lo malo incluido mi accidente, estaba en tus planes, pero Tu me miras como  una madre

Como el leproso samaritano; vivir, como María de Nazaret, en un ininterrumpido Magnificat. Alabar y agradecer es lo primero para quienes, por fe, entendemos un poco de qué va la cosa.
J



Entramos en la plenitud del Reino de Dios cuando abrimos de par en par las puertas del corazón al Dios Amor. Así nos lo dice una mística: Déjate amar. Él te ama así, tal como eres. No temas, confía, pues nada se antepone al amor de Dios para contigo, ni tus propios pecados (Santa Isabel de la Trinidad).
Gracias Señor por porque Tu me ayudas a descubrir tu Reino cada día. 
V
Señor, mi alma siempre esté encendida y nunca me falte el fervor, vigor y el amor hacia Ti
Nunca acepte el todo vale ya que entonces en mi corazón faltará el amor y en mi alma la fe y seré necio por ignorar te. 
S
Señor tengo fe  y estoy convencida de que Tu amor está por encima de todo. Sabes lo que necesito sin que yo te lo pida porque yo no  te he elegido, me has elegido Tu.

cardenal Van Thuan, estando en prisión, teniendo todo el tiempo del mundo, descubrió, -así nos lo narra-: “Que el Señor no quiere mis cosas, me quiere a mí”.


SEMANA XXXI



QUIERO VIVIR COMO TI DICES Y VIVES.
 Esperas de mi: Que anuncie Tu Reino siendo sal y luz. Con tu fuerza, Señor, y en tu Palabra
que viva con el fervor de tus discípulos
con la sencillez de María. Señor, que no viva de espaldas a tu Verdad:
que mi “sí” a tu voluntad,
se manifieste en un compromiso sincero
por un mundo mejor. Proclamando la bondad de Dios
en un mundo egoísta
y mostrando, con tus heridas y tu cruz.
Que en mi puesto en esta vida me preocupe de ser luz para mis hermanos, mi testimonio mi ayuda y mi vida.
Que en mi vida, Señor, mi caminar sea por el camino de mi doble amor: que en mi arda el amor a Dios y así desde ese amor poder amar de verdad a mis hermanos. 
L

Un Dios que tanto nos ama, no espera a que seamos felices sólo después de la muerte. Quiere que seamos felices ya en este mundo, y ya desde aquí, anticipemos la felicidad que nos espera. La causa de nuestra felicidad es que Dios está de nuestra parte. 
Los pobres pueden ser felices no porque carecen de medios sino porque tienen en su corazón 
Si estas en mi corazón Dios mío soy rico. 
 Y cuando Dios está en el corazón, cambia la vida de las personas: se pone la alegría no en acumular sino en compartir; no en dominar sino en servir; no en ser más importante sino en hacerse humilde, imitando así a Jesús que, cuando pronunciaba las bienaventuranzas, estaba expresando lo que Él estaba viviendo por dentro.
M


Allí donde está Cristo está la vida. Donde Jesús mora viven la esperanza y la alegría. Con Él se acabaron las tinieblas y se abrió paso la luz.

Solo nos pides vivir los acontecimientos de la vida, grandes y pequeños, conscientes de estar siendo moldeados como el barro en manos del alfarero. Él solamente nos pide que nos abandonemos a Él con total confianza.
 X
Quiero Señor, seguirte y renunciar a mi yo, yo.... Cargando con mi cruz y abrazarla. Exigente pero esas exigencias están revestidas de tanto amor que su consecuencia es la entrega al hermano de palabra y obra. Lo intentaré Señor. 
J
Señor, lo más grande de mí vida, siendo pecadora y Tu me amas, sales a mi encuentro una y mil veces. 
 Desde que Jesús salió a nuestro encuentro, desde que nos cautivó con su amor, “Cristo me amó y se entregó por mi”, desde que respondimos afirmativamente a su llamada a seguirle, nuestra vida quedó vinculada para siempre a Jesús. “Si vivimos, vivimos para el Señor, si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor”.
V
Señor, mi gran pecado es la rutina, la pereza, el poco entusiasmo que pongo en tus cosas, mi falta de creatividad, mi tendencia a lo fácil, a lo que siempre se ha hecho, aunque ahora ya no sirva para nada. 
Que sepa actuar con astucia para que el mensaje del Evangelio vaya calando cada vez más en más gente.
S

La riqueza se convierte en un amo cruel que me esclaviza y me avasalla, hasta el punto de quitarme libertad para optar por Ti. Lléname de tu amor, ese amor maravilloso que me deja libre para amarte a Ti y amar a los demás. Señor, sé Tú la verdadera riqueza de mi vida y desaparecerá en mí el deseo del dinero y de los bienes de este mundo.

viernes, 19 de noviembre de 2021

SEMANA XXXIII DEL TIEMPO DE PASCUA

SÁBADO

“ No es Dios de muertos, sino de vivos ”





según san Lucas 20,27-40 

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». 

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre ¡os muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 

Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. 

No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro».




VIERNES

“ Mi casa es casa de oración ”



según san Lucas 19,45-48 

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”». 

Jesús se une a tantos profetas que denuncian a quienes se creen en paz con Dios porque acuden con asiduidad al culto del Templo, despreocupándose de la justicia y de los prójimos.

Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

También nosotros estamos supuestos a estar pendientes de sus palabras; como el centurión romano: Basta que lo digas de palabra… (Mt 8, 8). Su Palabra otorga luz y fuerza para cumplir con su mandamiento y con el auténtico culto. Su Palabra convierte nuestra casa en casa de oración, de acogida, de servicio al Señor y a los hermanos.

La religión judía había entrado en un proceso de degradación y había convertido en impuro el Templo. También nuestra Iglesia experimenta la tentación de la mundanidad y de un poder que no es el poder de Jesucristo

JUEVES

 “ No reconociste el momento de mi venida ”



según san Lucas 19, 41-44 

A Jesús le salen de muy dentro, de su corazón, las lágrimas ante Jerusalén. Muchos de sus habitantes le han rechazado. Les ha ofrecido, su luz, su amor, el camino que lleva al sentido, les ha hablado de Dios como el buen Padre que siempre nos ama, nos perdona y nos acoge… pero muchos de sus habitantes le han rechazado.

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía: «Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! 

Llora más por ellos que por él. No van a disfrutar del tesoro que le ofrece, del gran regalo de su amor y de su luz.

Pero ahora está escondido a tus ojos. Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. 

Porque no reconociste el tiempo de tu visita».



Hace tiempo, cuando salió a nuestro encuentro, nos pidió que le siguiéramos y… le hemos seguido hasta el día de hoy. Con nuestra fortaleza y nuestras flaquezas, le hemos reconocido y le seguimos reconociendo como nuestro Dios, como nuestra luz, como nuestro el amor de nuestra vida. Y queremos darle gracias cada día que pasa.

MIERCOLES

“ Al que tiene se le dará ”



Jesús se dirige a Jerusalén y, para algunos, ese propósito indica que el reino de Dios está cerca. Él quiere persuadirlos de que esa llegada no es inminente y de que hay que seguir trabajando.

La parábola prepara a los discípulos para lo que se avecina.

según san Lucas 19,11-28 

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. 

Es una profecía de la ausencia de Jesús. 

Para los discípulos de entonces, la ausencia de su muerte; para los de ahora, la ausencia del tiempo que transcurre hasta su venida definitiva. La tarea del discípulo durante la ausencia del Señor es: Negociad hasta que yo vuelva.

Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. 

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno d

El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. 

El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. 

Es la lección fundamental de la parábola: El tercero de los siervos, al no conocer a su amo, no tiene una relación de confianza. No negocia y no arriesga. Tiene miedo y conserva. Podría perder el dinero y exponerse al castigo del amo.

Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. 

Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”. 

“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”». 

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.



MARTES

“ El Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido ”




Los publicanos eran mal vistos en tiempo de Jesús, ellos eran quienes recaudaban los impuestos para el Imperio Romano y muchos se enriquecían a costa de oprimir a sus hermanos. Zaqueo no solamente era uno de ellos, sino que era uno de los jefes de los publicanos… pero a pesar de su pecado, Zaqueo se dejó alcanzar por el Amor de Jesús (Lucas 19, 1-10).

según san Lucas 19, 1-10 

Alguna vez nos hemos acomodado en el pecado y hemos experimentado el vacío, la soledad y la tristeza que el pecado trae. Hasta que tomamos la decisión de subirnos al árbol a buscar a Jesús como hizo Zaqueo.

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 

Ante esto, la respuesta de Jesús es clara: “baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Y Zaqueo decide hacer unos cambios concretos en su vida.

Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

 Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 

El Evangelio nos muestra a un Jesús que quiere sanar, que quiere entrar en tu vida y la de tu familia hoy. Así mismo dice la Palabra “hoy”. No dejes pasar ni un día más para que Él se aloje en tu corazón.

Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 

Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 

Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».


Anda, dale la oportunidad a Jesús para que se aloje en tu corazón hoy. ¡Adelante, con fe!

LUNES

“ ¿Qué quieres que haga por ti? ”


según san Lucas 18,35-43

 Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». 

Es muy sencillo identificarnos con el ciego. ¿Quizá por lo de la ceguera? ¿O quizá porque, cansados del seguimiento de Jesús, hemos decidido sentarnos junto al camino y conformarnos con las migajas que caen de la mesa del Padre? En este caso, nos veremos pronto necesitados de pedir socorro: Jesús, hijo de David, ten compasión de mí.

Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «Hijo de David, ten compasión de mí!». 

Es muy posible que nuestro grito se encuentre con el muro de quienes están cerca de Jesús y parece que abren camino. Será necesaria una muy determinada determinación. Será necesario no dejarnos condicionar por las obstrucciones de los buenos.

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?».

Jesús se detuvo y dijo: Mirad allí, traedlo a mí. Así hace que los discípulos giren la cabeza hacia las periferias que sufren. No me miréis solo a mí. Sí, tenéis que mirarme, pero no solo a mí. Miradme también en los demás, en los necesitados.

 Él dijo: «Señor, que recobre la vista». 

Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». 

Vuelve la luz, vuelve la vida, y el ciego se pone en camino. Ahora sí que vale la pena vivir. El ciego ve ahora lo que muchos de los que siguen a Jesús no ven todavía. Es fruto de su fe o confianza en Jesús. La fe que abre los ojos a la más auténtica visión del mundo y de la vida. La fe que hace que lo veamos todo con los ojos de Dios y apreciemos todo, personas y cosas, en su justo valor.

Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.



DOMINGO

“ El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán





El evangelio de hoy forma parte del discurso apocalíptico de Marcos con que se cierra la actividad de Jesús, antes de entrar en la pasión. Es propio de la liturgia con la que culmina el año litúrgico usar esos textos apocalípticos que plantean las cuestiones finales, escatológicas, del mundo y de la historia.

según San Marcos 13, 24-32 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

En las lecturas de estos últimos días del año litúrgico escuchamos con frecuencia palabras que parecen escritas para infundir miedo; como las del Evangelio de hoy. Pero Jesús no se refiere al fin del mundo, sino al fin de nuestras vidas. No pretende asustarnos hablando de un futuro aterrador; pretende que vivamos el presente con la intensidad y la serenidad que nacen de la confianza en Dios que debe dominar la vida del creyente.

 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta.

 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».


Los creyentes estamos llamados a vivir una vida en plenitud, especialmente en los últimos años de la vida. Años en los que el sol y la luna ya no relumbran como antes; años en los que tantas estrellas ya han caído de nuestro firmamento personal. El secreto para la vida en plenitud es la confianza; confianza que nace de la fe. Esa confianza evitará que nos convirtamos en tortugas de duros caparazones que se refugian en una piedad egoísta. Esa confianza nos dará la libertad necesaria para, dejando todo tipo de caparazones, abrirnos en lo posible a los demás.

martes, 16 de noviembre de 2021

ROSTRO Y MIRADA DE HOMBRE



ROSTRO Y  MIRADA DE HOMBRE






 





HOY TENGO QUE ALOJARME EN TU CASA

 



En contra de lo que nos imaginamos, no somos nosotros los que buscamos a Dios; Él es el primero en buscarnos. 

No hemos sido hecho para amar a Dios, aunque también, sino para que Dios pueda amarnos.

 ¡Somos buscados por alguien! 

Ése es el secreto de nuestra fe y de nuestra felicidad: "Zaqueo baja, hoy me quedo yo en tu casa". Zaqueo quería ver y lo que se le reveló fue la herida de Dios: su amor a los hombres. 

Zaqueo no había pedido nada y fue Dios mismo el que le suplicó: "quiero hospedarme en tu casa" ¿Estaremos a la altura de tan singular huésped?

 ¡Paz y Bien!



«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

domingo, 14 de noviembre de 2021

EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁ, MI PALABRA NO PASARÁ



El evangelio está sacado del “discurso escatológico” (Mc 13,1-37), uno de los textos más complejos del NT, que está redactado en estilo apocalíptico, propio de la época, y está lleno de simbolismos. 

A pesar de la aparente oscuridad, su intención fundamental es la de tranquilizar una comunidad turbada y asustada a causa de los acontecimientos sucedidos en Judea durante los años 70 d.C. (opresión romana, destrucción del templo y persecución de la comunidad cristiana). 



Este discurso está situado entre las controversias que Jesús tiene en Jerusalén con sus dirigentes (Mc 11-12) y su pasión, muerte y resurrección (Mc 14-16). 

Funciona, así como un alto en el camino, una pausa de reflexión: a las puertas se encuentra el Hijo del hombre, que viene en gloria y majestad. Jesús acaba de salir del Templo, donde ha elogiado a una pobre viuda que ha echado en el arca de las ofrendas cuanto tenía para vivir, y se encuentra ahora en el monte de los Olivos junto a sus discípulos, que están fascinados por la vista impresionante del Templo de Jerusalén. 

Jesús interrumpe su asombro y les anuncia que no quedará piedra sobre piedra, todo será destruido. Jesús les propone un largo discurso donde el final de Jerusalén con su Templo se convierte también en una imagen anticipada del fin del mundo.

 Ciertamente, suponía el fin del mundo conocido, pues un judío no concebía la vida sin el Templo donde poder adorar a Dios. Sin embargo, el tono general de las lecturas de hoy nos habla de un mensaje transido de esperanza. 

Junto al sufrimiento que conllevará el cambio, se proclama que el pueblo se va a salvar (1ª lectura), que el Señor lo va a librar de la muerte y la corrupción (Salmo), que será el mismo Hijo del hombre revestido de poder y majestad el que reunirá a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales. 

Al final el que vence es Dios y nos promete que “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13,31).

 La prueba de que Dios ha vencido la tenemos en Jesucristo. Su entrega al Padre lo convierte en la ofrenda que borra todos los pecados y permite tener libre acceso a Dios (2ª lectura).

 Así, Jesucristo es erigido por Dios como el Templo definitivo y la buena noticia es que está a las puertas, que viene para llevarnos con su Padre; por esta razón estemos atentos a su llamada, para poder abrirle nuestra morada. 




viernes, 12 de noviembre de 2021

IGLESIA DE SAN JUAN BAUSTISTA DE CORTES, NAVARRA

 MADRE VEN EN CORTES 5 DE MAYO

IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA




En el centro de la villa, frente al castillo, se levanta la parroquia de San Juan Bautista, edificio construido en la segunda mitad del siglo XVI en estilo gótico-renacentista, alargándose las obras por lo menos hasta 1599, cuando se documenta al maestro de obras Eguiazábal. 


A este momento corresponde la estructura fundamental del templo con la nave de cuatro tramos que culmina en cabecera pentagonal, todo ello cubierto con una bóveda estrellada.


 En el siglo XVII se modificó este planteamiento con la construcción de dos naves laterales cubiertas por bóvedas de aristas, a lo que hay que añadir la Capilla del Cristo, fechada en 1892. 


En el exterior, realizado con ladrillo visto, destaca la torre, 



con un primer cuerpo del siglo XVI rematado por decoración de rombos de tradición mudéjar, mientras que los dos cuerpos superiores corresponden al siglo XVII. 


La Virgen de Cortes, 



también venerada bajo la advocación de Virgen del Pilar, es sin duda la pieza más notable de esta parroquia, no sólo por su delicadeza y calidad artística, sino también por ser una imagen importada de la ciudad de Malinas, en los Países Bajos. 

Este tipo de Virgen con Niño se generaliza en estos talleres entre los años finales del siglo XV y primeros del XVI, de modo que esta pieza se puede fechar hacia 1500. 

La policromía original de oros y azules contribuye a realzar la imagen. 

Retablo

La traza original del retablo mayor, realizada a comienzos del siglo XVII por el maestro de Ejea de los Caballeros, Francisco Coco, se alteró en 1900.




 El retablo contiene pinturas sobre tabla con escenas de la vida de San Juan y alguna escultura. Las pinturas fueron contratadas en 1608 por el pintor Juan de Lumbier, cuya estilística se incluye dentro de la corriente manierista tanto en composición como en colorido. 




A este mismo artista se le debe el retablo de San Juan Bautista, de la parroquia de la Victoria de Cascante, sumamente parecido a éste. 

En la capilla del Santo Cristo de la Buena Muerte 

se encuentra esta talla de tamaño natural, de estilo barroco con resabios romanistas y figuras posiblemente del mismo grupo escultórico de María y Juan, al pie de la Cruz. La talla fue encargada a Juan de Biniés escultor de Tudela en 1624.



 Los cortesinos le tienen una gran devoción y casi todo el pueblo forma parte de su cofradía.


En el campo de la orfebrería destaca la cruz parroquial de plata dorada, cuya estructura todavía goticista y decoración plateresca la sitúan dentro de la primera mitad del siglo XVI.


La iglesia de San Juan Bautista de Cortes acogió en 1333 las capitulaciones matrimoniales entre Doña Juana heredera del reino de Navarra y Pedro IV el Ceremonioso heredero del reino de Aragòn. 


En la capilla del Santo Cristo de la Buena Muerte se encuentra esta talla de tamaño natural, de estilo barroco con resabios romanistas y figuras posiblemente del mismo grupo escultórico de María y Juan, al pie de la Cruz. La talla fue encargada a Juan de Biniés escultor de Tudela en 1624.

 Los cortesinos le tienen una gran devoción y casi todo el pueblo forma parte de su cofradía.

jueves, 11 de noviembre de 2021

SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ Orar siempre sin desanimarse ”


Hoy nos propone la iglesia una parábola que nos invita a orar sin cesar, y la oración implica vencer la pereza, levantar los ojos a Dios en todas las circunstancias y, esto solo es posible si juntamos la oración con una vida cristiana coherente.

según san Lucas 18,1-8 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». 

Esta parábola me hace pensar no tan sólo en la perseverancia en la insistencia sino en la escucha. El juez escucha la petición de la viuda y actúa. Y al escuchar esta parábola me pregunto, ¿cómo alimento mi fe, cómo es mi oración?

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?

 Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».


la parábola de la viuda inoportuna, que pedía con insistencia al juez que la escuchara. Como ella, tenemos que insistir en nuestra oración día y noche.

Hoy que tanto se habla del aparente silencio de Dios, esta invitación es más actual que nunca. Pedimos sin ver los frutos, buscamos en la oscuridad de la noche, llamamos a una puerta que parece cerrada. En este caso, nuestra oración tiene que ser más intrépida e insistente, conscientes de que no dejará de cumplirse lo que dice la Escritura: «Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha» (Sal 34 [33],7).

VIERNES

“ El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará ”


Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy, no pueden tomarse en absoluto como una «amenaza» para meter miedo ni amargarle a nadie la vida.

según san Lucas 17,26-37 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.

Pero sí que avisa de que en el modo de plantearnos nuestras actividades cotidianas, de ir entregando la vida... seremos hallados dignos del Reino («a uno se lo llevarán»)... o no («al otro lo dejarán»).

 Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.

Serán elegidos los que no se dejen atrapar por las cosas, ni vivan continuamente mirando hacia atrás (como la mujer de Lot). Es decir: que la salvación, como tanto repite Lucas en su Evangelio, nos la jugamos «hoy», que el Día del Señor ya empezó «aquella noche», la noche Pascual.

 Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. 

Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

 Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán». 

Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él les dijo: «Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».



No podemos vivir olvidados de Dios, distraídos y embebidos en las cosas solo comiendo y bebiendo preocupados por los bienes terrenos. Jesús nos advierte de la ceguera espiritual que nos impide captar en el interior de los acontecimientos buenos o malos esos mensajes de los que Dios no priva a quienes le reconocen como tal: “El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará”


MIERCOLES

“ Levántate, vete; tu fe te ha salvado ”



Según san Lucas 17,11-19 

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. 

Es como  una llamada de atención a cada uno de nosotros para que hagamos  examen de conciencia sobre que damos  gracias a Dios.

Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». 

Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. 

Los diez sanaron. En verdad, todos sanamos, porque a todos nos alcanza la salvación, ya que el Padre quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 4). 

Como lo puede, si lo quiere lo consigue, aunque no entendamos cómo: el Padre es principio de todo y fin nuestro (1 Cor 6, 8).

Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. 

Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». 

Los nueve, buenos judíos ellos, están habituados al cumplimiento escrupuloso de la ley. No les parece bien que uno desobedezca y se vuelva atrás para dar gracias. Eso no está escrito en los libros de la ley. Claro que todo queda claro para ellos cuando se dan cuenta de que se trata de un pobre samaritano, un incompetente en cosas de religión. La decisión correcta, no faltaba más, es la suya.

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado»

Le duele a Jesús el legalismo, la falta de sensibilidad de los nueve que no han vuelto. Podían haber postergado unos momentos su presentación a los sacerdotes. El rigor de la ley sofoca el aliento del Espíritu. Sin embargo, el aliento del Espíritu no sofoca la ley; al contrario, le pone alma. 

Que no seamos como los  leprosos  desagradecido. Que  te demos gracias  Señor por todo  ya  que todo lo hemos recibido de Ti. También por lo malo incluido los accidente, estaba en tus planes, pero Tu nos miras como  una madre

Como el leproso samaritano; vivir, como María de Nazaret, en un ininterrumpido Magnificat. Alabar y agradecer es lo primero para quienes, por fe, entendemos un poco de qué va la cosa.

MARTES

“ Él hablaba del templo de su cuerpo ”


Este Evangelio recoge el pasaje de Jesús expulsando a los mercaderes del templo, en la versión de Juan, que lo coloca al inicio de su Evangelio a modo de pórtico o preámbulo de lo que va a suceder: el cumplimiento de esa palabra de Jesús que sólo con su muerte y resurrección cobra el auténtico significado.

según san Juan 2, 13-22 

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 

Jesús, en el Evangelio muestra su rostro más serio y duro cuando ve como han convertido en un mercado el templo, su casa de oración. Y se enfada porque se está poniendo mucho en juego. Lo más sagrado para Él es el encuentro del hombre con Dios que se realiza de un modo muy especial en el templo, lugar de recogimiento y oración.

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». 

No podían entenderle. ¡Es algo tan radicalmente distinto a lo que el templo significaba para ellos! También para Jesús el templo es el sitio de la presencia de Dios, pero esa presencia se da en primer lugar en la persona humana, en toda persona humana, comenzando por la persona de Jesús.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». 

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». 

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

 Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.



Demos gracias a Dios por esta Iglesia nuestra que después de tantos siglos sigue en marcha, sin duda es un misterio de fe que a pesar de contar con tantos fallos humanos, pesa más la vida sencilla, sincera y entregada a las necesidades de los demás de tantos hermanos que nuestros pecados.

LUNES

“ Auméntanos la fe ”



En el contexto de su segunda etapa del viaje a Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos, esta vez para abordar tres temas muy importantes para la vida comunitaria: el escándalo, el perdón y la fe. Y lo hace en medio del acecho de los fariseos contra quienes se enfrenta una y otra vez. De hecho, hemos escuchado, en el capítulo anterior, a Jesús, hablando así a los fariseos:“Vosotros queréis pasar por hombres de bien ante la gente, pero Dios conoce vuestros corazones.”

según san Lucas 17,1-6 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca! 

Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás». 

El mejor remedio contra todo mal y contra toda violencia es el perdón. Un perdón que sea gratuito y que no espere ser correspondido. Un perdón que tiene poco que ver con la justicia; ni la justicia del ojo por ojo, ni la justicia en que se amparan distintos tipos de memoria histórica. Un perdón como el expresado en la oración del Crucificado: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34).

Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». 

Y ellos, como nosotros, tan penosamente timoratos y cobardes. Pero, ¿dónde encontrar la energía para creer? Porque el abandono propio de la fe es la máxima osadía posible para un ser humano. A pesar de todo, Jesús nos invita a confiar incondicionalmente en Él; sin peros ni reservas. Repetiremos con frecuencia la oración de los discípulos: Auméntanos la fe. Y Él, que se comprometió a darnos lo que pedimos, nos irá moldeando firmes y libres, a su imagen y semejanza.

El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería».

¿Cómo es que puede dar vida a los muertos y no puede infundir una fe sólida en los discípulos? Es que para que el discípulo disfrute de fe inquebrantable necesita pasar por la experiencia de la cruz. De la cruz a la resurrección, a la nueva vida.



DOMINGO

“ Ha echado más que nadie 



según San Marcos 12, 38-44. 

En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. 

Son los celosos guardianes de la ley y de la tradición; algo así como los policías de Dios. Promueven lo que les diferencia de los demás: ropajes, títulos, ceremoniales…Sin ser conscientes de ello, se sirven de la religión para situarse un peldaño por encima de los demás. Tienen un corazón pequeño en el que solo caben ellos mismos. Sus prédicas, en lugar de liberar, oprimen

Esos recibirán una condenación más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 

Esta pobre viuda vive lo religioso de modo radicalmente distinto al de los escribas. Actúa de manera callada y humilde pero, desde su pobreza, se muestra profundamente solidaria con los demás. Tiene un corazón grande, lleno de Dios.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 

Estando llena de Dios, la pobre viuda actúa como Dios. El Dios de Jesús, el Dios que es Jesús, que no nos da lo que le sobra, sino que nos da lo más querido: Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo (Jn 3, 16); el Dios que se da a sí mismo

Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».


Y eso es lo que hemos de hacer quienes seguimos a Jesús: darnos a los demás como Él se nos da. Y hacerlo con la mayor sencillez, sin pregonarlo; como la viuda.

EL REINO DE DIOS ESTA EN NOSOTROS



Un Dios fuera de la vida del hombre, instalado cómodamente en una esfera superior desde la que contempla a sus criaturas con cierta indiferencia como si dijera ‘ahí está el mundo que os dejé, ¡gobernadlo!’ 

Pero Jesús no nos dice eso en esta instrucción a sus discípulos camino de Jerusalén, o sea, de su pasión y muerte sin la cual no puede acontecer su glorificación. Nos señala justo lo contrario: que el Reino está en medio de nosotros, que Dios se hace presente en las vidas de los hombres. 

El Reino de Dios ya está actuando entre nosotros.  está dentro de vosotros" 

¿Como lo notaremos? 

El reino tiene que inundar el corazón. Y se manifestará en cosas pequeñas. El reino ya se está produciendo en nuestro mundo cada vez que una persona es capaz de amar como Dios ama. Gratuita y desinteresadamente.

 El reino acontece cuando creemos en nosotros mismos como hijos e hijas de Dios, capaces de recrear y renovar nuestra vida y la de nuestros hermanos y hermanas desde la justicia y el amor. 

El reino se hace vida compartida cuando llevamos la eucaristía a la vida y compartimos el pan de la fraternidad con todos los que nos rodean, especialmente con los que más sufren. 

 Sin duda, que esa presencia del reino exige compromiso por nuestra parte y, posiblemente, algo de sufrimiento, como dice Jesús.

 Pero en absoluto exige ruido ni milagros ni grandes ni ostentosas manifestaciones. Pero si esta en nosotros percibimos ya el reflejo de esa gloria: el amor es más fuerte que la discordia; la justicia vence al egoísmo; la Paz es más viva que la desunión y el gozo borra toda angustia. Son las señales más evidente del paso del Señor por nuestras vidas hasta que llegue "el día del Dios que renovará los cielos y la tierra"



miércoles, 10 de noviembre de 2021

GALLUR SU IGLESIA

 IGLESIA DE SAN PEDRO

Madre Ven en su portada


En el mes de Mayo

La iglesia parroquial es un edificio correspondiente al siglo XVIII en su mayor parte, que responde al gusto neoclásico, si bien conserva en algunos elementos vestigios de la anterior iglesia barroca del siglo XVII.

Al exterior,

 se aprecia la fábrica de ladrillo y mampostería y destaca como elemento principal la torre, actual construcción de 1944 situada a los pies, es de planta cuadrada y está realizada en ladrillo, a la que en 1992-1993 se añadió un cuerpo más. 




Cuenta en la actualidad con dos cuerpos, el inferior con apertura de triple vano de medio punto, cegado, y el superior consistente en galería corrida de tres arcos abocinados por lado, separados ambos cuerpos por cornisa y culminando la estructura en tejaroz de ladrillo. 



La portada, de ladrillo, situada en el lado de la epístola, consta de un arco de medio punto entre pilastras que se transforman en la cornisa mediante ménsulas de perfil cóncavo.














 Interior



 Cuenta con una sola nave de cinco tramos y esbeltas proporciones, de gran altura, divididos por arcos perpiaños de medio punto, a la que abren capillas situadas entre los contrafuertes y comunicadas entre sí, confiriendo al espacio interior aspecto de templo de tres naves, aunque las laterales de menor altura.

 Los sucesivos tramos de la nave se cubren con bóveda de cañón con lunetos, al igual que la cabecera plana concebida como prolongación de la nave. 





La iglesia dispone de coro alto a los pies. 

 Las capillas, comunicadas entre sí a modo de naves laterales mucho menos elevadas que la central, se cubren con bóveda de arista, a excepción de la última capilla septentrional, junto a la cabecera, cuya pertenencia a una etapa barroca anterior se manifiesta a través de su cúpula nervada de ocho gajos con nervios dobles sobre pechinas con lunetos abiertos entre las nervaduras. 



 Tras la cabecera se dispone una sacristía, comunicada con la citada capilla, que se cubre con bóveda de cañón con lunetos y cuya construcción, al igual que la capilla anexa, es del XVII. 

 Bienes muebles relacionados: 

-Retablo del Cristo 

-Retablo mayor de San Pedro, barroco 

-Retablo de la Trinidad, lienzo del siglo XVII 

-Retablo de las Santas Justa y Rufina

 -Lienzo de la Virgen del Carmen, siglo XVII