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jueves, 29 de junio de 2023

LOS LEPROSOS EN TIEMPO DE JESUS

Leproso en tiempo de Jesús

 En la época de Jesús la lepra era una enfermedad de excluidos. Para protegerse de los leprosos se les prohibía entrar en las ciudades. 

El leproso vivía alejado de la sociedad en cuevas y descampados, fuera del mundo de los sanos. La lepra era «primogénita de la muerte»

La lepra era una enfermedad social. Cuando uno tenía lepra era expulsado de la sociedad, tanto más cuanto que se creía que era Dios quien enviaba la lepra como castigo por los pecados. 


El acercamiento del leproso a Jesús es sumamente audaz. La Ley de Moisés mandaba excluir a los leprosos de la comunidad. 

Así lo ordenaba el libro del Levítico: El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!». Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. 

Los leprosos claman a Jesús, y Jesús les dice "id a mostraros a los sacerdotes". Eran los sacerdotes los que tenían el poder de decretar que alguien era leproso.

 Ellos excluían. Y eran ellos también los que decretaban "estás curado", y así eran los sacerdotes los que efectuaban la reintegración social. Si Jesús dice "id a ver a los sacerdotes", es para que los sacerdotes pudiesen verificar la curación.

 Para la sociedad de tiempos de Jesús, la lepra era consideraba como castigo del pecado. Era la enfermedad más terrible puesto que entonces era incurable. 



 Jesús no rechaza al leproso, ni confirma su exclusión de la sociedad. Como nos dice san Marcos, «compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: ‘Quiero, queda limpio’» (Mc 1,41).

Ante el leproso se conmueve. El evangelista Marcos nos da un detalle sumamente importante: Jesús antes de curar al leproso, lo toca. ¡Cuánto tiempo haría que aquel leproso no sentía el contacto cálido de la mano de otra persona! 

Antes de restaurar su cuerpo enfermo, al tocar al leproso Jesús incluye en su afecto a aquel excluido, establece una relación personal con él y restaura sus relaciones sociales. ¡Quién sabe si a partir de entonces el leproso recién curado se convierte en uno de los seguidores de Jesús!





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