DOMINGO
según san Mateo 9, 36 – 10, 8
“ Al ver Jesús a las gentes, se compadecía ”
“La mirada de Jesús. Jesús daba una gran importancia a la manera de mirar de las personas. La mirada de Jesús estaba llena de cariño, respeto y amor. “Al ver a las gentes se compadecía de ellas porque estaban extenuadas como ovejas sin pastor”. Sufría al ver a tanta gente perdida y sin orientación. Le dolía el abandono en que se encontraban tantas personas solas, cansadas y maltratadas por la vida.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Jesús veía a las gentes. Y las veía por dentro, con sus problemas, sus dificultades, sus angustias, sus penas. Y no pasaba de largo, ni miraba a otro lado, sino que las metía dentro de su piel, dentro de su corazón compasivo. Por eso no podía seguir adelante sin darle un vuelco el corazón.
Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
¿Eran pocos los obreros? Si contamos los fariseos, saduceos, escribas, etc, se podrían contar por millares. Y todos trabajaban para Dios, todos se empleaban en la liturgia de la Palabra y en las ceremonias que se realizaban en Jerusalén. Y todos vivían muy bien, con las pingües limosnas del Templo. Pero ésos no interesaban a Jesús. Ninguno de ellos era válido para predicar la Buena Noticia del Reino de Dios.
Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
Jesús dice: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”. Son cinco palabras. ¿Pero por qué anunciar? Porque gratuitamente yo he recibido y debo dar gratuitamente. El anuncio no parte de nosotros, sino de la belleza de lo que hemos recibido gratis, sin mérito: encontrar a Jesús, conocerlo, descubrir que somos amados y salvados.



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