Oración inicial:
Sagrado Corazón de Jesús, que en el divino Sacramento de la Eucaristía estás vivo y lleno de amor por nosotros, aquí nos tienes en tu presencia, pidiéndote perdón por nuestras culpas, e implorando tu misericordia. Nos pesa, oh Buen Jesús, haberte ofendido, por ser Tú tan bueno que no mereces tal ingratitud.
Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.
. ¡Oh preciosa Herida, abierta en el Sagrado Corazón para dar paso a las llamas de su inmenso amor! Haced que el incendio de la caridad purifique nuestros corazones de la inmundicia del pecado.
¡Oh Corona de espinas que atormentasteis al Corazón Sacratísimo con las puntas crueles de nuestros pecados! Alcanzadnos un santo y sincero remordimiento de nuestras culpas.
¡Oh Cruz plantada en el Corazón de Cristo, árbol frondoso alimentado por la sangre divina, signo de vuestro ardiente deseo de ser crucificado! Concedednos una entera resignación a los designios de la Providencia.
DIA 21.-LA MORTIFICACIÓN
Es el mandato de Jesús. Mandato duro para los cristianos débiles y demasiado apegados a las propias comodidades. Mandato suave y dulce para aquellas almas que sienten la belleza de la perfección, gustan las dulzuras íntimas de la vida cristiana. "Quien quiera seguirme, debe renunciar a sí mismo" Para seguirle, para ser verdaderos cristianos, debemos corregir nuestros defectos, mortificar nuestras pasiones y nuestros sentidos. El primer médico de nosotros somos nosotros mismos. Para conocerte bien debes hacer el examen de conciencia cada día, cuando estás libre de ocupaciones materiales. ¿Cómo regulas tus pasiones? ¿Reina en tu corazón la soberbia, la avaricia, la cólera, la indiferencia en hacer el bien, la envidia del bien ajeno? Bajo la excusa de la prudencia, ¿ no escondes, quizá el respeto humano? ¿Cómo mortificas tus sentidos?



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