YA ES SEMANA SANTA

YA ES SEMANA SANTA
Ver pinchando la imagen

Páginas

sábado, 21 de marzo de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA DEL TIEMPOO DE CUARESMA

V DOMINGO DE CUARESMA

TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
 Cuando me digas “sal de ahí” quiero dejar la fría losa que me inmoviliza que me detiene en la oscuridad y me recuerda que Tú ya no existes que pregona que, la nada o el absurdo, serán mis acompañantes para siempre. 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR Y, 
al verte conmovido porque ya no estaré muerto sino vivo darte las gracias porque, ante todo, me darás la vida Señor Porque, tus promesas, son más fuertes que la misma muerte porque tu fama, Señor, desde siempre me ha impresionado. 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
Abandonando las vendas de la tiniebla y del llanto para, después de resucitar, cantar eternamente tu gloria y con el resto de los que creen y esperan como yo enterrar las dudas y las desesperanzas sabiendo que Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna 
TAMBIÉN YO, SEÑOR, QUIERO SALIR 
Pero, mientras no llegue ese momento, guárdame en tu corazón, amigo y Señor, no olvides que, mientras estuve y caminé en la tierra, pensé en Ti, di gracias por haberte conocido cerré los ojos al mundo con el sueño de poder escuchar un día: 
¡AMIGO, SAL DE AHÍ! 
Haz, Señor, que mientras asoma ese instante de partir cuando algunos lloren y otros recen por mí te siga amando con todo mi corazón, fuerza y afecto Amén.


Jesús, entregando su vida por amor nos ha descubierto que lo importante de la vida es el amor. Una vida vivida sin amor es una vida malograda, perdida. Pero Jesús muriendo en la Cruz por amor, nos ha dado la clave para entender el verdadero amor. Hace falta amar mucho a una persona para dar la vida por ella.

Gracias, Señor, porque hoy me has enseñado a situarme en la vida como soy: con mis limitaciones y mis pecados. Pero sobre todo quiero darte gracias por habernos hecho el inmenso regalo de la Encarnación. EN TU HIJO, EL HOMBRE PERFECTO, podemos soñar con llegar a ser lo que no somos capaces de ser por nosotros mismos. Podemos ser hijos en tu Hijo. Y disfrutar de la felicidad que Él posee.

Nosotros conocemos a Dios a través de las obras de Jesús. Haciendo nosotros las mismas obras que hacía Jesús, también nosotros podremos revelar hoy el rostro del Padre a tantas personas que lo desconocen totalmente.

A este mundo no lo salvará la técnica, los aparatos sofisticados, los coches eléctricos o los viajes espaciales. A este mundo lo salvará el amor. Personas que, como Jesús, estén dispuestas a amar a los demás más que a sí mismos. Jesús pasará por todo, incluso por el sufrimiento y la muerte en Cruz. Pero jamás pasará de estar cerca de los que sufren, de los que lo están pasando mal. Y nunca dejará de acudir a la gran fiesta del amor, a la verdadera fiesta de la vida”.


 4º DOMINGO DE CUARESMA


IV DE CUARESMA
 Tenemos hoy de todo entre las manos, riquezas, voces, ciencia y abundancia; creemos dominar la circunstancia y ver con claridad los horizontes humanos. 
Pero seguimos pobres y lejanos del Todo que da vida en su fragancia; nos sobra lo que pasa en la distancia y falta lo que sana nuestros llanos. 
Señor, toca también nuestros caminos, como tocaste al ciego en su ceguera; derrama en nuestros ojos nueva luz. 
Que en medio de este mundo de destinos aprendamos a ver de otra manera: ver con tus ojos, mirar desde la cruz. 
Toca, claro que sí, toca mis retinas mi entraña y hasta mi alma par que no vea lo que el mundo me presenta y contemple con claridad lo que tu me ofreces


Señor cura mi mirada y enseñame a ver. 

Señor, en este día quiero rezar para que me des fe, mucha fe, una fe personal, como aquel funcionario del rey que, a pesar de no ser judío, creyó en tu palabra. 

Todos los días tu palabra pasa por mis manos, por mis labios, por mis oídos. Pero ¿Pasa también por mi corazón? Y, al entrar en mi corazón, ¿cambia mi vida? Haz, Señor, que yo ponga hoy una buena tierra donde germine tu Palabra y dé el ciento por uno.

Cuantos nos cuesta ver entre los pliegues de la vida  la mano de Dios.

Los judíos fueron incapaces y nosotros también muchos somos incapaces de ver a Dios en el amor ,en los detalles, en la entrega generosa.
¿ donde ves a Dios tu?

Señor, yo te agradezco, de corazón, tus bellas enseñanzas. Me encanta descubrir tus propios sentimientos. Te había observado muchas veces caminando, hablando, incluso llorando, pero nunca te había observado “gritando”. Y, sin embargo, yo necesito que me grites de vez en cuando, que sacudas mi alma, que me despiertes a la vida.

III DOMINGO DE CUARESMA


Señor, Jesús que te sentaste junto al pozo para hablar con la samaritana, cansado del camino pero lleno de misericordia, mira también nuestro tiempo, tan lleno de prisas, de ruido y de sed interior. 

Tú que no miraste su pasado ni sus errores, sino su corazón que buscaba verdad, enséñanos hoy a mirarnos unos a otros con esa misma compasión, en un mundo que tantas veces juzga, divide y olvida amar. 
Danos de esa agua viva que prometiste, la que calma la sed del alma cuando el corazón está inquieto, la que devuelve esperanza cuando la vida parece vacía y cuando tantos buscan sentido entre tantas voces.

 Haz que, como la samaritana, también nosotros dejemos nuestros cántaros: el orgullo, el miedo, las heridas y las preocupaciones que cargamos cada día en estos tiempos difíciles. 

Y que después de encontrarte corramos a anunciar con alegría que Tú sigues vivo, hablando al corazón de cada persona en medio de este mundo moderno que también tiene sed de Ti.

 Jesús, fuente de agua viva, quédate con nosotros, y haz de nuestra vida un pequeño pozo donde otros puedan encontrar consuelo, esperanza y amor.


Señor, cómo te tiene que doler el verte rechazado por los tuyos y en tu misma patria. Tu que eres tan respetuoso con nuestras libertades, cuando llamas a nuestras puertas solo entras si te abrimos voluntariamente.

 Dame un corazón abierto para aceptar las opiniones de los demás y, sobre todo, un respeto a los que opinan de un modo distinto que el mío.

De esta manera Jesús muestra que la misericordia de Dios no tiene límites, pero que así como Él nos perdona nosotros también debemos perdonar.

¿cuántas veces disculpaste a tu hermano, ese al que todos han decidido dar de lado porque lo catalogan de persona tóxica? Recuerda el número: setenta veces siete es siempre.

No nos quedamos en lo externo, que nos puede esclavizar, sino que más bien, deseamos el encuentro con quien nos ama y queremos hacer lo que a Él le agrada, la clave ya no es porque está mandado, no es una imposición, es más bien una respuesta de amor. Y como cambia, ya no es por estar mandado, sino como respuesta de amor. “El que me ama permanece en mí y yo en el”, -dice el Señor-.

Y tú, ¿recoges o desparramas?

Señor, cada día me encuentro más feliz de poder conversar contigo. Y el tema de hoy es apasionante: el tema del amor. Acertar en este tema es acertar en la vida y no acertar es “no dar en la diana”. Por eso, ya desde el principio, vengo a pedirte que me aclares bien las cosas, que no me deje llevar por amores teóricos o amores falsos.

Si el fariseo se presentaba ante Dios “con los puños cerrados” exigiéndole todo lo que le debía, el publicano se situaba ante Dios “con las manos abiertas” dispuesto a recibir de Dios su perdón.¿Y  nosotros que somos?


Con este texto y en este caminar cuaresmal hoy estamos llamados a convertirnos profundamente, a reconciliarnos, a mirar al otro en su dignidad y a reconocer humildes que todo es Gracia.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA





Cuando uno sube a la Mesa de los Tres Reyes, San Cristobal, Higa de Monreal, Trinidad de Iturgoyen o de Lumbier o tantos montes de Navarra entiende algo: desde lo alto se ve más lejos, se ensanchan horizontes.
 Lo que abajo parece caos (y mira que existe) desde arriba todo se ordena. La cuaresma es subir por encima del ruido, del dolor, de la prueba o del miedo. 
El problema no es que haya oscuridad fuera el problema lo tenemos dentro. Cuando no hay luz interior y las tinieblas que algunos imponen se presentan como lo último pero con corto recorrido y peligro a la vista.
 Hoy necesitamos una vida cristiana no agresiva pero sí luminosa y con ideas claras. Sin imponer pero proponiendo, sin complejos y con la seguridad de que con Él: QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ....EN NUESTRO MUNDO.
 Aunque nos den algún rejonazo que otro. Feliz segundo domingo de cuaresma


Nos da miedo amar así, a fondo perdido. No es más que volcar la misericordia que yo recibo, en los demás. Es reconocer que ese amor de Dios para mí, también es para todos. 

 
Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos. 

Hoy Jesús te vuelve a recordar que está llamados al servicio, tu vida debe ser un constante servir. 


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar.
 Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.

Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida.


En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en la situación más fea de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.


PRIMER DOMINGO DE CUARESMA




LAS TENTACIONES
 En el silencio del desierto donde el viento desnuda el corazóny la arena guarda los pasos de Dios,el hombre escucha su propia sed. 
Allí, donde no hay aplausos ni distracciones que adormezcan el alma, aparecen las voces antiguas: la promesa fácil, el poder sin cruz, el pan sin confianza. 
La tentación susurra: “Llena el vacío con lo inmediato, adórame y te daré caminos cortos, olvida quién eres.” 
Pero en lo hondo resuena otra voz, suave como brisa de madrugada:
“No sólo de pan vive el hombre, sino de cada palabra que nace del Amor.” 

Cuaresma es desierto fecundo, es aprender a elegir la luz cuando el mundo brilla con espejismos.
Es dejar caer las máscaras y descubrir que la verdadera fuerza nace de confiar. 
Hoy también somos tentados: por la prisa que roba el alma, por el ruido que apaga la oración,
por el brillo que promete felicidad y deja vacío. 
Y sin embargo, Cristo camina a nuestro lado, ayunando con nosotros, mostrándonos que la libertad no se compra ni se impone: se recibe. 
Que este primer domingo abra en nosotros un camino interior, donde cada renuncia sea semilla,
cada lucha, encuentro, y cada desierto, promesa de Pascua. 
Porque en medio de la tentación late una certeza: Dios no abandona al que busca, y el corazón que persevera encuentra agua viva en la arena.

ORACIÓN

Al atardecer de la vida te examinarán del amor.

El Señor quiere que si le amamos a El amemos también a nuestros hermanos. Hoy su Evangelio nos enseña que si nuestra fe es verdadera entonces se transforma en caridad y El reinará en nuestros corazones si de verdad amamos a nuestros hermanos. 

Hoy, me invitas a rezar tu oración y haciéndolo sin prisa, sin rutina, sabiendo y saboreando cada una de las palabras y que, de vez en cuando, me pase como a Santa Teresa que no podía pasar de la primera palabra.

Hoy también Cristo es una señal para nosotros: tenemos su palabra en la Escritura, una palabra que tiene tanto poder ahora como hace dos mil años. “Porque la Palabra de Dios tiene vida y poder. 

Señor, aquí me tienes de nuevo a tus pies para estar un rato contigo. Me gustaría profundizar en este día en el gran signo de Jonás que, después de estar tres días y tres noches en el vientre de un cetáceo, en lo profundo del mar, saltó a la playa de la vida.

Jesús, confiado en tus palabras. Sé que si te pido, me darás; que si te busco, te encontraré; que si toco a la puerta de tu corazón, me la abrirás, porque Tú sólo me das cosas buenas.

Jesús nos dice que seamos santos, que lleguemos hasta el final y no nos quedemos a mitad del camino, como los fariseos.

Señor, hoy te necesito más que nunca. Lo que me dices en el evangelio de hoy es para mí “un duro hueso de roer”. Me pides no sólo que perdone a mis enemigos, sino que los ame y rece por ellos. 


Yo sé que, por mis propias fuerzas, no puedo cumplirlo. Te pido que me ayudes, que me des tu gracia, que me eches no una mano sino las dos. Sé que sin Ti no puedo hacer nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario