YA ES SEMANA SANTA

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lunes, 31 de marzo de 2025

VETE, TU HIJJO ESTA VIVO

santo evangelio según san Juan (4,43-54):

 En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. 


El funcionario real pide la curación de su hijo a punto de morir y Jesús le pide que confíe en Él, que descubra que la fe no depende solo de "signos y prodigios" sino de confiar en su Palabra.
 De vuelta a su casa, toda una noche confiando en la sola palabra dada por Jesús, toda una noche en el silencio del camino para gritar de gozo cuando sus criados le comunican que su hijo moribundo había vuelto a la vida, y él cae en la cuenta que fue a la misma hora en que la Palabra había sido pronunciada.

 La alegría es inmensa y la fe en Jesús de este funcionario se contagia hasta el punto que todos los de su casa empezaron a creer también en Él. Es la alegría del que se sabe, quizá por primera vez, al lado de Dios.

La Palabra de Jesús sana, cura a las personas, tiene capacidad para actualizar la salvación que viene del Señor. La exigencia que nos pide es muy humana acogerla, meditarla, guardarla, cumplirla. Algo tan sencillo se nos olvida con mucha frecuencia, porque nos olvidamos y porque queremos ver signos evidentes que entren por los ojos.
La cuaresma es un camino de conversión que nos conduce a un Dios que se hace historia en la Cruz y por eso mismo nos deja desconcertados porque rompe todos los esquemas humanos de poder, de dominio, y bienestar humanos. 
Como dice Pablo escándalo para unos y necedad para otros. Siendo Dios aceptó la Cruz, teniendo palabras de vida quiso experimentar la muerte, de manera que su Palabra nos envuelve en el misterio y nos invita a contemplarlo. La curación instantánea parece que hace más fácil creer en su Palabra, la contemplación del misterio nos mantiene en esta confianza y alimenta nuestra esperanza de poder ver y contemplar la luz, el cielo y la tierra nueva.




Este era el segundo signo que hacia Jesús en Caná de Galilea, el primero fue el agua convertida en vino. Pero los dos apuntan a la misma realidad: transformar la fe débil de un hombre en una fe fuerte y viva. ¿Cómo es tu fe? ¿Depende todavía de signos y milagros?

VIVIR LA CUARESMA

¿QUIERES VIVIR LA CUARESMA?

 J.Leoz



 -No seas sordo a la Palabra de Dios. Procura asistir todos los días a la Eucaristía.
 -No pienses que, en todo, llevas la razón. La conversión exige un cambio de corazón, de mente, de actitudes: humildad.
 -Reza un poco más. La meditación es saludable e, incluso, necesaria para el ajetreo que llevamos. -Confiésate. Uno, desde dentro, no puede ver la fachada de su propia casa.
 -Haz una obra de caridad. No caviles con los que están en la distancia.

 -Ama a la Iglesia. Nunca como hoy necesita de cristianos y de católicos que arrimen el hombro. 
-Defiende con pasión y con convencimiento tus motivaciones religiosas.
-Vive con más austeridad estos cuarenta días. Márcate un pequeño programa para que, la Cuaresma, deje en ti poso abundante.
 -No caigas en la tentación de pensar “lo de la Cuaresma es una tontería”. Cuando no tenemos razones o no queremos entrar por un camino, buscamos mil excusas.




 -¿Tienes rencor contra alguien? ¿Estás decepcionado con alguien por algo? ¡Olvídalo! Da un paso hacia adelante. Si Dios, siendo como somos, nos perdona. ¿Cómo no vamos a ofrecer en la misma medida, el perdón y la comprensión a los que nos rodean?
-No dejes de acudir cada domingo a la Eucaristía. Sin ella, a muchos cristianos, les ocurre lo mismo que aquel beduino: “pasaba por una fuente y, mirándola, no quise beber; más adelante exhausto y sin fuerzas….me di cuenta de lo necio que fui por haber despreciado aquel manantial de agua fresca” 
¡Feliz Cuaresma 2017!

domingo, 30 de marzo de 2025

MAÑANA DOMINGO DE LAETARE

IV  DOMINGO DE CUARESMA

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 Esta Dominica cuarta de Cuaresma, se llama “Laetare", debido a la antífona gregoriana del Introito de la Misa, tomada del libro del Profeta Isaías (Is. LXVI, 10): Lætare, Jerusalem:

Regocíjate, Jerusalén, vosotros, los que la amáis, sea ella vuestra gloria. Llenaos con ella de alegría, los que con ella hicisteis duelo, para mamar sus consolaciones; para mamar en delicia a los pechos de su gloria. Sal. 121, 1. ¡Qué alegría tan grande la que tuve cuando oí que dijeron: ¡Andando ya, a la casa del Señor!.

La liturgia de este Domingo se ve marcada por la alegría, ya que se acerca el tiempo de vivir nuevamente los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, durante la Semana Santa.


 Al igual que el tercer Domingo de Adviento ("Gaudete"), se rompe el esquema litúrgico de la Cuaresma, con algunas particularidades:
 1.- Predomina el carácter alegre (litúrgicamente hablando)
 2.- Se usa color rosáceo en los ornamentos (siempre que esto sea posible).
 3.- Los ornamentos pueden ser más bellamente adornados.
 4.- Los diáconos pueden utilizar dalmática.
 5.- Se puede utilizar el Órgano.

sábado, 29 de marzo de 2025

ORACION DE LA MAÑANA DE CUARESMA DOMINGO 3º,

 III DOMINGO



¿QUÉ FRUTOS, SEÑOR? 
Me pides confianza y, por lo que sea, prefiero mirar hacia atrás que saborear y soñar con lo que en Ti me espera Deseas el fruto de mi constancia y, a la menor, me dejo enredar por los hilos de la pereza, la tibieza o las dudas, la fragilidad o la torpeza. Sueñas con un futuro bueno para mí, y me encuentras soñando con otras cosas con otras instancias que no son las tuyas con una tierra muy distinta a la que Tú me ofreces. Estoy en la higuera, pero la higuera de mi vida, no siempre fructifica en lo santo, noble y bueno. Miras a las ramas de mis días y, lejos de comprobar cómo despuntan sus yemas me limito a vivir bajo mínimos, a dar aquello que me conviene y no me molesta a fructificar, poco o nada, si no es beneficio propio. 
¿QUÉ FRUTOS, DARTE, SEÑOR? 
Mira mi miseria, y dejándome arrastrar por tu riqueza ojala recojas de mí aquello que a tu Reino convenga Acoge mi buena voluntad, y lejos de echarme en brazos de la vanidad descubra que, sólo Tú y siempre Tú, eres la causa de lo bueno que brota en mí. Perdona mi débil cosecha, y, sigue sembrando Señor, para que tal vez mañana puedas despertar, descubriendo en mí aquello que, hoy, brilla por su ausencia: frutos de verdad y de amor de generosidad y de alegría de fe y de esperanza de confianza y de futuro de vida y de verdad. Y no te canses, Señor, de visitar tu viña, tal vez hoy, puede que no, pero mañana, con tu ayuda y mi esfuerzo, brotará con todo su esplendor la higuera de mi vida. Dicho de otra manera, Señor, que no esté en la higuera y dé frutos abundantes como creyente Amén
D
Los que esperan… tienen los ojos puestos en Ti para que no les defraudes Los que desesperan… tienen los ojos puestos en Ti para que les des esperanza Los tristes… tienen los ojos puestos en Ti, para que les bendigas con la alegría
L

Señor, en este momento de oración quiero que me escuches, quiero dialogar contigo. No podría soportar a un Dios mudo, que no me hablara, que no se comunicara conmigo. Te necesito como el aire para respirar, no puedo vivir sin tu palabra, sin tu comunicación de cada día. Gracias, Señor, por este encuentro.
M

Yo quiero estar cerca del corazón de la Virgen María y escuchar allí sus sentimientos más hondos, sus emociones más profundas. Por un momento el cielo y la tierra estaban pendientes de una palabra. Dios ya estaba decidido a hacerse hombre, a vivir entre nosotros, pero esperaba el consentimiento de una mujer. Y María dijo SÍ. Gracias. Señor, por tu gran amor. Y gracias María por haber dicho que sí.
X
No nos conformemos con llegar a ser buenos, la invitación que nos hace el Señor es mayor, quedarse en la norma puede esclavizar, sin embargo cuando uno descubre que, “quién me ama cumple mis mandamientos”, entonces, se busca la voluntad de Dios, lo que le agrada, en definitiva lo que nos hace bien, entonces no nos quedamos en lo externo, que nos puede esclavizar, sino que más bien, deseamos el encuentro con quien nos ama y queremos hacer lo que a Él le agrada, la clave ya no es porque está mandado, no es una imposición, es más bien una respuesta de amor. Y como cambia, ya no es por estar mandado, sino como respuesta de amor. “El que me ama permanece en mí y yo en el”, -dice el Señor-.
J
Hoy abramos los ojos y los oídos porque Dios está obrando y hablando para llegar a nuestro corazón.
No podría soportar a un Dios mudo, que no me hablara, que no se comunicara conmigo. Te necesito como el aire para respirar, no puedo vivir sin tu palabra, sin tu comunicación de cada día. Gracias, Señor, por este encuentro.
V
Ayudame Madre Dolorosa a cultivar mi entraña, mi vida interior y a cultivar mi tener que es fácil  y lo dificil......mi ser. Siempre a tus pies .

S
Soy debil, poobre y muchas veces caido. Cuando lo reconozcas con sinceridad, Dios será tu fuerza,tu roca y te alzará para que puedas contemplar tu rostro.

viernes, 28 de marzo de 2025

III DOMINGO DE CUARESMA

SÁBADO
“ El que se humilla será enaltecido ”

En el Evangelio de hoy, Jesús nos entrega la parábola del fariseo y del publicano para contraponer dos modelos de vida cristiana: la del fariseo que, con arrogancia, piensa obtener la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano que reconoce su condición de pecador y pide la conversión.


según san Lucas 18, 9-14 

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: 
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano.

 El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. 

¡Qué seguro de sí mismo estaba este fariseo! Todo lo que decía era cierto, su cumplimiento era intachable. Pero así, tan satisfecho y seguro de sí mismo, contemplando con desprecio a los demás, no tenía lugar para percibir el amor de Dios en su vida.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”. 

En cambio, el publicano pecador sabía que lo único que podía hacer era entregar su vida en manos de Dios, porque el que no tiene nada, puede reconocer que el Dios de Jesús es su último asidero: «Señor ten misericordia de mí que soy un pecador».

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

En esa humildad, arrepentimiento y deseo de conversión, Dios encuentra la tierra fértil donde derrochar su amor.

Si el fariseo se presentaba ante Dios “con los puños cerrados” exigiéndole todo lo que le debía, el publicano se situaba ante Dios “con las manos abiertas” dispuesto a recibir de Dios su perdón.¿Y  nosotros que somos?


Con este texto y en este caminar cuaresmal hoy estamos llamados a convertirnos profundamente, a reconciliarnos, a mirar al otro en su dignidad y a reconocer humildes que todo es Gracia.



VIERNES
“ Amarás a tu prójimo como a ti mismo ”



según san Marcos 12, 28b-34 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Un escriba pregunta a Jesús por el mandamiento principal. Esto no nos debe extrañar porque, en tiempo de Jesús, había más de 600 mandamientos que se debían cumplir. Un fardo demasiado pesado sobre los hombros de los hombres. Y Jesús lo aligera al resumirlos todos en dos. Y con eso ya les hace un gran favor. Pero no está ahí lo original de Jesús.

Estos dos mandamientos, el del amor a Dios y al hombre, en el A.T estaban separados, incluso en libros distintos. El del amor a Dios está en el libro del Deuteronomio 6,4-5) Es el famoso Semá: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El otro está en el Levítico 19,18”Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos no sólo estaban separados en los libros, sino en la vida. Uno podía amar al próximo, al que estaba cerca, pero no estaba obligado a amar los de fuera, a los extranjeros

 Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. 
El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». 
La genialidad de Jesús está en juntarlos. Ya no se podrá decir que uno ama a Dios si no ama al hombre. Son como dos vasos comunicantes: ¿Crece el amor a Dios? Crece también el amor al hermano. Y al contrario. Lo más maravilloso de todo es que Jesús cumplió los dos mandamientos sin estridencias, como la cosa más normal. Por eso, antes de morir, como su mejor testamento, nos dijo: “Esto os mando: que os améis unos a otros como Yo os he amado”.

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.





 


JUEVES
“ El que no recoge conmigo desparrama ”



Dios es comunión, diálogo, apertura. Y nosotros estamos hechos a imagen de ese Dios. Por eso necesitamos comunicarnos con los demás. Al demonio que más debemos temer es al demonio “mudo” al que rompe nuestro diálogo, nuestra comunicación.

según san Lucas (11,14-23):

 EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. 
La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.

La polémica se centra sobre el origen del poder de Jesús. La cerrazón de algunas personas era tan fuerte que atribuían al demonio las obras buenas que Jesús hacía. En eso consistía su pecado: no reconocer todo lo bueno que Dios estaba obrando.

 Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? 
Y en lugar de eso, pedían señales extraordinarias.
A todos esos sordos que no se quieren enterar, Jesús les habla claro de que las curaciones de endemoniados son el signo de que el reino de Dios «ha llegado a vosotros»

Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? 

Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. 

Y de que en la batalla contra el Mal, no hay más que dos bandos: aliados o enemigos. El que no escucha, grita en contra. El que no anuncia, da la callada por respuesta. «El que no recoge conmigo desparrama»


Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».




Hoy abramos los ojos y los oídos porque Dios está obrando y hablando para llegar a nuestro corazón.


MIÉRCOLES


MIÉRCOLES
“ No he venido a abolir, sino a dar plenitud ”



Dios es amor. Dios no puede dar leyes que vayan en contra del amor o no sirvan para fomentar el amor. Llevar la ley a plenitud significa que todas las normas, por pequeñas que sean, si son vehículo del amor, me realizan, me plenifican. Pero las leyes que no fomentan ese amor no sirven.

según san Mateo 5, 17-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 


En el Evangelio de hoy nos encontramos la relación de Ntro. Señor con la ley. “No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Plenitud, deseo que en el fondo de todo ser humano se encuentra, nadie quiere vivir a medias, todos aspiramos a los bienes más grandes. Sin embargo, la plenitud de la ley de Dios se da desde lo alto de la cruz y desde el misterio de la encarnación

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. 

. La fuerza de Dios se muestra en la entrega, en la pequeñez, en la debilidad, en la humildad y el más grande, el amor; no hay mandamientos pequeños, lo importante el amor que se pone, continuamente el Señor les dice a sus discípulos: “Permaneced en mi amor”,
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. 
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».


No nos conformemos con llegar a ser buenos, la invitación que nos hace el Señor es mayor, quedarse en la norma puede esclavizar, sin embargo cuando uno descubre que, “quién me ama cumple mis mandamientos”, entonces, se busca la voluntad de Dios, lo que le agrada, en definitiva lo que nos hace bien, entonces no nos quedamos en lo externo, que nos puede esclavizar, sino que más bien, deseamos el encuentro con quien nos ama y queremos hacer lo que a Él le agrada, la clave ya no es porque está mandado, no es una imposición, es más bien una respuesta de amor. Y como cambia, ya no es por estar mandado, sino como respuesta de amor. “El que me ama permanece en mí y yo en el”, -dice el Señor-.
MARTES
“ No temas, María ”



según san Lucas 1, 26-38 
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

Dios ya estaba decidido a hacerse hombre, a vivir entre nosotros, pero esperaba el consentimiento de una mujer. Y María dijo SÍ. Gracias. Señor, por tu gran amor. Y gracias María por haber dicho que sí.

 El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 

El saludo del Ángel hace vislumbrar a María que Dios la quiere sencilla, humilde, servidora, alegre, cerca de la gente. María dijo sí. En la vida es bonito decir sí, estar disponibles a los requerimientos de los demás.
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 
También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».
 María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra». 
No entiende nada pero responde con un gran SI .
Y el ángel se retiró.

Gracias, Dios mío, por el Misterio de la Encarnación. Gracias porque has querido venir a nuestro mundo para compartir con nosotros las penas y las alegrías; nuestras sonrisas y nuestras lágrimas. Así eres nuestro hermano. Gracias porque has trabajado con manos de hombre; has mirado con mirada de hombre; has amado con corazón de hombre.
LUNES

“ Ningún profeta es bien recibido en su tierra ”



Hoy San Lucas nos trae un breve texto que hace referencia a la visita de Jesús a Nazaret, su querido pueblo, en la sinagoga están sus amigos con los que jugo de pequeño

Visita que termina en un “fracaso” debido a la testarudez y dureza de corazón de sus compatriotas.

según san Lucas 4, 24-30 

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. 


Elías y Eliseo dos profetas del Antiguo Testamento (Maestro y discípulo) que también sufrieron rechazo; debido a esa situación de rechazo ellos se dirigieron a anunciar y mostrar la misericordia de Dios a los paganos,

Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. 

La viuda de Sarepta (Sidón) y el general Naamán (Siria), estas dos personas son la prueba de que el amor de Dios no tiene barreras de ningún tipo.

Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio». 

El Maestro nazareno les advierte a los judíos que si ellos persisten en rechazarlo su misión se va a extender a todos los rincones del mundo y ellos quedarán fuera. Los asistentes de la sinagoga al comprender el mensaje se enfurecen y atacan a Jesús.

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. 
Pero Lucas nos dice que, simplemente Jesús pasó entre ellos y siguió su camino, de esta manera el evangelista indica que nada se puede interponer en el camino y en la misión del Señor, anunciando así, incluso su triunfo sobre la muerte en su Pascua.


Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.




DOMINGO

“ Fue a buscar fruto, y no lo encontró ”


Desde el callejón sin salida al que ha llegado la sociedad del bienestar, hemos de escuchar el grito de alerta de Jesús: «Si no os convertís todos pereceréis”. Nos salvaremos si llegamos a ser no más poderosos sino más solidarios. Creceremos no siendo más grandes, sino estando más cerca de los pequeños. Seremos felices no teniendo cada vez más, sino compartiendo cada vez mejor.

  según San Lucas 13, 1-9 

En aquel tiempo se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió: «Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? 

Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

 O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 

En tiempo de Jesús era normal considerar los males de este mundo como “castigos de Dios”. Por eso podían pensar que los que derramaron su sangre en la época de Pilato y los que murieron aplastados por la torre de Siloé, murieron como castigo de Dios.

Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Y de ahí se sacaba la consecuencia de que aquellos a quienes no les ocurría esas desgracias era porque eran buenas personas.

 Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. 

Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. 

Nuestra vida se parece a esa “higuera seca que no produce frutos”, no la corta, sino que, con una paciencia increíble, la cava, la abona, la riega, la mima, para que dé fruto. Dios no nos tiene en cuenta nuestros pecados. Lo que quiere es que volvamos a Él.

Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.

 Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».


Los cristianos seremos higueras que dan buenos frutos y el Evangelio os dice paciencia: Paz ciencia invertir  más trabajo, sudor, sufrimiento  empleando a fondo en lo que  creemos  y todo ira mejor.

 

AMOR AL PROJIMO


según san Marcos 12, 28b-34 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

 “ Amarás a tu prójimo como a ti mismo ”




Toda ley y todo culto se resume en una palabra: "amarás". 

Pero no se trata de cualquier amor. En primer lugar se trata de amar a Dios como el único, y amarle de todo corazón. Todo lo demás será solo una explicación de este primer amor. 

En el Evangelio de hoy nos coloca en la centralidad de nuestra fe, con la pregunta de un escriba sobre lo mas fundamental, valioso y esencial, el Señor nos dice qué es lo más importante de toda la Sagrada Escritura: es el amor. 

Recuerda el himno a la caridad, si me falta el amor, nada, no me sirve, no agrado a Dios. Quien experimenta el amor de Dios no desea otra cosa que corresponderle.


Y, en paralelo con este primer mandamiento, viene el segundo, que es similar: "¡amarás a tu prójimo!" Y es que nuestro Dios es uno con el hombre. Amar al hombre solo es posible si es reconocido en su inmensa dignidad. ¡Todo hombre es hijo de Dios! 

Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de hacerse cargo de las personas más débiles, como el extranjero, el huérfano, la viuda. Jesús conduce hacia su realización esta ley de alianza, Él que une en sí mismo, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un único misterio de amor.

 Ahora, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. Ya no podemos separar la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos.


No podemos ya dividir la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la proximidad a su vida, especialmente a sus heridas. Recordad esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto amas tú? Y cada uno se da la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor.


AMA COMO A TI MISMO

del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34 En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

“COMO A TI MISMO” 




 A primera vista resulta algo extraño, e incluso sorprendente, que Jesús use como término de comparación el amor “a sí mismo” para caracterizar la vida de profundidad divina y de incondicional entrega y servicio a los demás cuyo exponente es, en definitiva, la suya propia, la inconfundible peculiaridad de su evangelio. Y ello, además, en línea de continuidad con la tradición de la Ley y con el auténtico sentido de la Revelación de Dios a su pueblo elegido. ¿Acaso es una invitación o defensa de una especie de narcicismo o de culto a la propia persona? ¿Una reivindicación para el egoísmo, o al menos una justificación para el egocentrismo? Es evidente que no. Pero también es evidente que la lectura de este texto suena como si nos dijera que “quien no se ama a sí mismo no puede amar a los demás”, e indudablemente algo de eso hay…


Lo que podemos deducir de cierto en ese mandato de “ama al prójimo como a ti mismo”, reverso del “ama a Dios sobre todas las cosas”; es, en primer lugar, que se trata del prójimo, de aquella persona a quien nos hemos acercado, a la que hemos hecho cercana y compañera, a quien acogemos y para quien estamos disponibles. Y cuando hemos hecho del otro prójimo, dar curso al amor de Dios significa instalar a ese prójimo en la hondura de nuestra fe en Él del mismo modo que nosotros nos sentimos atrapados por Él, inundados, sumergidos en la divinidad… No se trata tanto de un “término de comparación” que puede conducir a absurdas paradojas de supuesto egoísmo caritativo y de una pretendida codicia compasiva, sino de que mi “yo” está de tal modo hundido en ese amor, que procede de Dios y es el referente más profundo de mi identidad, que mi vida es un foco desbordante de misericordia y de bondad enraizado en la experiencia íntima de Dios. De ese modo, incorporo al prójimo a mi misma vida, la que Dios me ofrece, alienta y acompaña; de modo que puedo sin ningún reparo decir “amo al prójimo como a mí mismo”, porque “amarme a mí mismo” no es ponerme en el centro de mi vida, sino al contrario supone, impulsado por Dios, una especie de “expatriarme de ella”, significa dejarme amar por Dios y expandir esa experiencia vital y misteriosa que trasciende intereses y egoísmos y prolonga la experiencia fundamental y fundante de mi vida (ese abismo del amor a Dios) en un rebosante derramarse que alcanza a cualquiera que pueda encontrar en mi camino, al que incorporo sin restricciones ni complejos a esa aventura apasionante…





En resumen: al prójimo trátalo y considéralo como a Dios: imprescindible para ti mismo, para poder llegar a ser tú mismo, para acceder a tu identidad, para poder vivir… y de ese modo, desde Dios y con tu prójimo, sé tú mismo… porque sin ellos ni puedes ser tú mismo, ni amándote amarles (o amándoles amarte) en modo alguno…

Un mandamiento de "primera división" 

“ Amarás al Señor, tu Dios.. y a tu prójimo ”



 Viernes III semana de Cuaresma  


“No estás tú lejos del reino de Dios” (Mc 12,34) “ 

La Cuaresma, en cierta forma, es un entrenamiento de todos los cristianos que nos disponemos a celebrar la PASCUA. Y, la PASCUA, es el gran partido que nos queda por “jugar” y “celebrar”. 

Ello nos debe llevar a entender que esta carrera en la que participamos, la vida según Dios, no es para alcanzar un trofeo de oro o plata que se malogra en la tierra sino para ir pensando en aquella otra corona que Dios desea ceñir en nuestras sienes el día de nuestro encuentro con El. 

 Jugar en limpio y limpiamente, como cristianos no implica solamente el tener los ideales de nuestra vida cristiana, más o menos claros, sino además ponerlos en práctica en el gran estadio donde tienen lugar las grandes competiciones y decisiones de nuestra sociedad (políticas, económicas, sociales, religiosas, educativas,etc) y que marcan el contenido y el futuro inmediato de sus ciudadanos.

 Jesús de Nazaret también cuenta con un “equipo” muy singular y extraordinario. Somos todos aquellos que fuimos convocados en el día de nuestro Bautismo. Lo de menos, es ejercer de delantero o de defensa, ser directivo o guardameta.......lo importante es volcar todo lo mejor de nosotros mismos allá donde estamos, sabiendo que al final hay un DIOS que nos va clasificando en 1ª, 2ª y 3ª división, preferente o regional, no tanto por los méritos de nuestras jugadas cuanto por aquel espíritu que imprimimos en ellas. 

 Digo yo si, traspasar todas nuestras acciones por el AMOR que DIOS nos tiene y reorientarlas además hacia el prójimo, no será lo decisivo para estar dentro del cómputo de esa tabla de clasificación. Lo último y más cómodo que podríamos hacer, como creyentes ( y sigo con la parábola deportiva) es conformarnos con ser meros espectadores que gritan y comen, insultan o destrozan, apoyan o critican, aplauden o lanzan objetos desde el cómodo espacio del graderío. 

 EL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO SE FUNDEN EN UN IDEAL: JESUS¡¡¡¡ 



jueves, 27 de marzo de 2025

LA MULTITUD QUEDÓ ADMIRADA

Evangelio según san Lucas (11,14-23) 

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: ⁠«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. El, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa.





El Evangelio de hoy nos aparece el Señor sanando a un hombre poseído, y a cambio recibe una acusación, nos deja claro que para Ntro. Señor no hay posturas intermedias, o somos de los suyos, o no. El Señor nos llama a vivir con radicalidad su seguimiento, el seguimiento a medias tintas o cuando me conviene, no es seguimiento, no se trata de ser buenas personas, conocer y seguir al Señor implica mucho más que ser buenos, nuestro corazón esta llamado a parecerse al corazón de Dios, nos falta mucho para amar como Él nos ama. 

 Concluye el Evangelio de hoy con una máxima: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama”.

 O estamos con el Señor o contra él, me viene a la memoria la meditación de los ejercicios ignacianos, la meditación de las dos banderas, estamos bajo la bandera del Señor o nuestra bandera es el mundo, el demonio o la carne. 
Nos configuramos con el Señor o nuestro espíritu es mundano, A veces, vivimos como si Dios no existiera, no nos diferenciamos en nada o casi de nada de los que no conocen a Dios, tenemos un actuar pagano, nuestras aspiraciones, preocupaciones, anhelos son los del mundo.
Estamos muy mundanizados, estamos llamados a dejarnos transformar y convertir por el Señor. “O estamos en el camino del amor, o estamos en el camino de la hipocresía.
 O te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres, según tu corazón, que se va endureciendo, cada vez más, por ese camino. ‘El que no está conmigo, está contra mí’: no hay un tercer camino de compromiso. O eres santo, o te vas por el otro camino. ‘




El drama que hoy contemplamos es uno de los peores: la increencia. En el fondo, el gran problema de los fariseos es que no quieren creer en el Dios de Jesús. Si Jesús hubiera curado a enfermos y posesos sin reivindicar por su parte su relación con Dios, la habrían aplaudido, pues un curandero siempre viene bien. Si hubiera hecho un milagro más para "darle una señal del cielo", le habrían llevado a hombros.

 Pero Cristo nunca quiso entrar en ese juego, solo quiso ser Hijo del Padre, y exigió para él una fe sin más pruebas que la confianza. Pidió a la fidelidad dar el paso definitivo. Un paso sin desviación posible, pues "¡quien no está conmigo, está contra mí!". La fe interesada, caprichosa, obstinada, rutinaria de los fariseos le impiden ver la novedad de Dios ¡es tan fácil acomodarse a este tipo de fe! Al final caemos en la tentación de ser "ateos creyentes", practicamos, decimos que creemos, pero en el fondo, no confiamos realmente en Dios. La fe es solo eso: pura confianza. ¿Quién cree así?

miércoles, 26 de marzo de 2025

HE VENIDO A DAR PLENITUD A LA LEY

santo Evangelio según san Mateo (5, 17-19) 

 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 



Quien los cumpla y enseñe será grande

“Dios es el mismo ayer y hoy y siempre”, por esto Él no se contradice en la Ley y los Profetas, y en las enseñanzas de Jesús…

Él es el que lleva a esta plenitud todas las Palabras de Dios que se han proclamado, antes de Él en los oráculos de los profetas y en las leyes de Moisés que dio al pueblo, en el Monte Sinaí, de parte de Dios… ¡Y éstas las grabó en piedra para que no fueran nunca olvidadas por su antiguo Pueblo elegido y por el nuevo Pueblo de Dios, que es su Iglesia!

 Comentario Jesús era un judío piadoso y cumplidor. De eso no tenemos duda: el dominio de las Escrituras así lo acredita. Y es lógico pensar, en correspondencia, que no había venido a hacer tabla rasa con todos los preceptos que seguía el judaísmo sino a llevarlos a un estadío superior, presidido por la misericordia como medida última de consideración moral. 

Esto, a la fuerza, debía chocar a sus contemporáneos, que no entendían nada. Ni los fariseos y quienes seguían apegados a la ley mosaica rigorista y severa ni sus propios discípulos que hubieran cortado gustosamente los lazos que les ataban a Israel. 

Jesús está en el medio, como el fiel de una balanza perfectamente equilibrada y no le da la razón ni a uno ni a otros: su capacidad para incorporar las enseñanzas de la Torá es lo que descoloca a todos, pero a la vez garantiza la novedad de su predicación.


Qué bueno es tomar entre nuestras manos los Evangelios de Jesús y orarlos!... ¡Mejor, dejarnos orar por Él, pues “la Palabra de Dios es viva y eficaz”, independientemente de nuestra actitud hacia Ella!… Pero si la cogemos con cariño, va construyendo nuestra vida en el Amor y con Ella damos frutos de vida eterna…

 ¡Seamos celosos en leerla y meterla en el corazón!… El resto, lo hará el Espíritu Santo, que es “Señor y dador de vida” y hará que nuestra vida salte hasta la vida eterna, donde Dios quiere gozarnos como hijos, con el Hijo y en el Hijo, que “es su Palabra y no tiene otra”… ¡Que así sea, Dios mío!…

martes, 25 de marzo de 2025

 SILENCIO, TERNURA Y PAZ (Solemnidad de la Anunciación del Señor) 



Viene el ángel, María Recíbele, acógele y háblale 

Dile que el mundo necesita de Dios 

Que, el cielo nos queda muy lejos 

Que, el hombre, juega demasiado a ser “señor” 

Llega, el ángel, María Hazle sabedor de los sufrimientos de la humanidad

 Que estamos esperando la salvación 

Que, los caminos de muchos de nuestros hermanos, 

No son senderos que van hacia 



Dios Silencio...sólo el silencio habla 

Porque, en la quietud, el hombre también se expresa 

Porque, en la calma, María se orienta hacia el Creador 

Porque, en el silencio, la semilla del Eterno se incorpora en un seno virginal y humano

 Ternura…ternura para el ángel del Señor

 Y, ternura, del mensajero hacia la Hija de Sión 

Ternura sale de los labios de una Virgen Ternura y movimiento en el suave aleteo, 

Del ángel portador de tanto bien 

Paz….con paz queda María 

Y, en paz se marcha Gabriel, Con paz….comienza a germinar la VIDA

 Con paz…lleva las buenas nuevas 



La singular respuesta el emisario divino Desde Nazaret hasta el Edén 

Y, en medio de tanto silencio, ternura y paz, 

José medita…José sueña…José asiente 

José cree, espera, consiente, medita, confía 

Y, por las ventanas, pequeñas y recias De aquel humilde hogar nazareno Se deslizan amores y respuestas: 

¡HAGASE! ¡HAGASE! 

lunes, 24 de marzo de 2025

EL ÁNGEL ANUNCIÓ A MARÍA

25 DE MARZO ANUNCIACIÓN DE MARÌA



Hasta la anunciación del Arcángel Gabriel, María era una israelita desconocida.
Sus padres, Joaquín y Ana, de acuerdo con la Ley de Dios. Algunas tradiciones sitúan a María muy pequeña en el Templo aprendiendo la Sagrada Escritura, un hecho no muy usual entre las mujeres de Israel.
Siendo muy pequeña decide vivir virgen por amor a Dios.
El centro de su vida es Dios.



Cuando cumple trece años, sus padres, siguiendo las costumbres del momento, buscan un esposo para ella. La elección recae sobre José, vecino de Nazaret, hombre justo,trabajador honrado y piadoso.
Al poco tiempo sucede el momento más importante de la historia de los hombres.
Estando en su casa, quizás haciendo oración, el arcángel Gabriel se hace presente y sus palabras turbaron a María:





"ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ES CONTIGO"
"NO TEMAS , MARÍA, PORQUE HAS HALLADO GRACIAS DELATE DE DIOS: CONCEBIRÁS EN TU SENO Y DARÁS A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS. SERÁ GRANDE Y SERÁ LLAMADO HIJO DEL ALTÍSIMO.  -Lc-




María dijo al ángel: ¿de qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
El ángel aclara la duda, el tiempo para María se detiene y, con firmeza, con seguridad, poniendo su vida en manos de dios responde:

HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HAGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA"



Y en aquel momento el Hijo de Dios se encarnó y se hizo hombre en el vientre Santísimo de la Virgen María. Día grande y mil veces bendito en el que Dios se vino a vivir entre nosotros.
El ängel adorando a la Madre de Dios y después se marcho-

EL RECHAZO A JESÚS

Evangelio según san Lucas (4,24-30) 

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»








En el Evangelio de hoy nos presenta al Señor sintiendo el rechazo de los suyos, y nos encontramos con el famoso dicho: “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, no fue acogido. El pasaje nos resalta que el Señor: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino”. 


La verdadera conversión se apoya en un gran deseo: conocer a Dios. Todo lo demás es egocentrismo sin horizonte. 

Jesús llega a la sinagoga de Nazaret, su pueblo, y no solo declara ingenuamente: "hoy se ha cumplido la Palabra", sino que se presenta como el que va a renovar la historia a través de su persona. En eso consiste la fe y es lo que Dios viene a renovar, el corazón del hombre a través de su Hijo. ¿Lo conseguirá frente a los maestros de la ley que han edificado un sistema de leyes y de ritos en el que el corazón, a la postre, no cuenta para nada? 

Hoy los habitantes de Nazaret se encogen de hombros y ante las palabras de Jesús que les encara con la verdad de sus vidas, prefieren no escuchar y reaccionar de tal modo que quieren acabar con la vida de Jesús. "Pero él, pasando por en medio de ellos, siguió su camino". Camino de la cruz. El único por el que Dios ha encontrado paso para renovar el corazón del hombre.


Aunque sabe que ningún profeta es bien recibido en su patria, sin embargo la cerrazón de corazón de su gente le resulta oscura, impenetrable: ¿Cómo es posible que no reconozcan la luz de la Verdad? ¿Por qué no se abren a la bondad de Dios, que quiso compartir nuestra humanidad? De hecho, el hombre Jesús de Nazaret es la transparencia de Dios, en él Dios habita plenamente. 







Quien entendió verdaderamente esta realidad es la Virgen María, bienaventurada porque creyó. María no se escandalizó de su Hijo: su asombro por él está lleno de fe, lleno de amor y de alegría, al verlo tan humano y a la vez tan divino. Así pues, aprendamos de ella, nuestra Madre en la fe, a reconocer en la humanidad de Cristo la revelación perfecta de Dios.” Nos encontramos en un tiempo propicio, tiempo de gracia, tiempo favorable para intensificar nuestro encuentro con el Señor. No desaprovechemos esta oportunidad.

domingo, 23 de marzo de 2025

LA HIGUERA Y LOS FRUTOS

  santo Evangelio según san Lucas (13,1-9) 

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.


Dios no se rinde. Quiere seguir, una y otra vez, intentando lo imposible: que nos convirtamos. 
Ante la falta de respuesta de nuestra "higuera", Él en vez de cortarla ha preferido trabajar nuestro corazón con la advertencia: "Si no os convertís todos pereceréis". 

 El Señor quiere poner en juego todos los recursos que su amor va inventando cada día. Es una mezcla impresionante de amor, paciencia, de búsqueda constante, de recurso que puedan ayudar al otro sin obligarlo, sugerirle sin imponerle, animarlo sin coaccionarlo. 
Es exponerse, sí, a que el otro termine no queriendo: "sino, el año que viene la cortáis ". Pero también y sobre todo, un bonito acto de fe en la capacidad de conversión del otro. 

 Todo para que alguna vez, sin prisa, cuando hayamos acabado de madurar por dentro, cuando en ese interior misterioso y personalísimo donde se toma la decisiones libres nos parezca oportuno, nuestro corazón se abra con una sonrisa; y le digamos que sí, y empecemos a dar fruto.
 Entonces habrá valido la pena esperar un año más, Y estercolar, y cavar en torno a nuestra pobre higuera.
 Así, cuando la higuera de fruto, podremos con todo derecho echar el vuelos las campanas de la alegría, porque otro hombre habrá dado, en plena libertad, el paso de decir a Dios que sí. 
Habrá mucha alegría en el cielo por cada con pecador que se convierta.



Cuaresma, tiempo para dar fruto-
Transforma tu vida con frutos de amor y misericordia.

sábado, 22 de marzo de 2025

REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15,1-3.11-32): 

“ Este hijo mío estaba muerto, y ha revivido ”

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. 



El Evangelio de hoy nos presenta la parábola conocida por la del hijo pródigo. Aunque lo que más nos revela es cómo es el corazón de Dios, podría denominarse también la del Padre misericordioso. Es la acogida gratuita y verdadera de su amor.

El padre espera con inquietud que el pequeño regrese y cuando lo ve corre hacia él para abrazarlo y besarlo, ordenando devolverle la dignidad perdida con los signos de anillo, sandalias y túnica.

 Es su manifestación de que “El Padre Dios es Amor”. Nos espera, no para recriminarnos, sino para abrazarnos y colmarnos de besos. 

El Señor no se cansa de perdonarnos, nos perdona siempre, está deseoso de renovar su alianza contigo, nos invita a acoger su amor y dejar que Él realice su obra en nosotros, llevando su amor, aprendiendo a ser comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos.  .

Dios es Padre en estado puro. Un Padre que solo vive de paternidad, es decir, del don de sí, de gratuidad, de ternura. 

No escucha para nada la confesión debidamente preparada de su hijo. Corre para abrazarlo y no teme el ridículo de las efusiones ni de una fiesta que para cualquier "justo" sería motivo de guasa. Del pecador hace un príncipe, y del desvergonzado un recién nacido. 

¡Mi hijo ha vuelto a la vida! ¿Qué es, lo que nos impide comprender que la reconciliación no tiene su centro en nuestras confesiones, sino en el corazón de Dios?

Muestra su alegría desbordante en la fiesta que organiza para celebrar el regreso, matando el ternero cebado porque no se conforma con cualquier cabeza del ganado, igual que sus jornaleros tienen abundancia de pan. El Padre es así, no sólo justo, es todo bondad. 

Por fin, cuando el mayor le recrimina su postura ante el pequeño lo corrige con cariño y suavidad, pidiéndole que comparta su alegría.

El hijo mayor no se ha quejado de nada, nunca ha festejado nada, y de repente, se pone celoso, furioso, obstinado. Su universo religioso se tambalea con la vuelta de su hermano menor, del vagabundo, dicho con otras palabras, con la revelación del corazón de Dios.

No puede comprender nada de Dios, porque está encerrado en su estricta justicia distributiva, en sus méritos, en sus contratos de toma y daca. 

En el fondo, solo el hijo pródigo puede comprender a Dios. Sólo él ha podido experimentar la ternura del perdón, la locura de la resurrección y la fiesta de la renovación reconocerá este rostro nuevo del Padre. 


Para este tiempo de Cuaresma, en el que se nos invita a una seria y profunda conversión, esta parábola nos anima a volver a descubrir cómo es nuestro Padre Dios, para eliminar esas imágenes falsas que tantas veces se nos vienen. Ahora, en plena crisis pandémica por el covid19 algunos mensajes, que circulan por ciertos ámbitos, achacan a un castigo o enojo divino lo que nos ocurre, nada más lejos de lo que nos enseña Jesucristo sobre el Padre Dios. Por eso, es importante que en Cuaresma purifiquemos nuestra imagen de Dios para vivir, de verdad, como hijos suyos y llegar a la Pascua con un corazón nuevo.


viernes, 21 de marzo de 2025

DOMINGO II DE CUARESMA

SÁBADO
“ Su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas ”





según san Lucas 15, 1-3. 11-32

 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

 Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. 
El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada. 

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 

La acogida del hijo que regresa se describe de un modo conmovedor: «Estaba él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó». Cuánta ternura; lo vio cuando él estaba todavía lejos: ¿qué significa esto? 
Que el padre subía a la terraza continuamente para mirar el camino y ver si el hijo regresaba; ese hijo que había hecho de todo, pero el padre lo esperaba. ¡Cuán bonita es la ternura del padre! La misericordia del padre es desbordante, incondicional, y se manifiesta incluso antes de que el hijo hable.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 

Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero estas palabras se disuelven ante el perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen comprender que siempre ha sido considerado hijo, a pesar de todo. Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y, por lo tanto, nadie nos la puede quitar, ni siquiera el diablo. Nadie puede quitarnos esta dignidad.

 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

Y empezaron a celebrar el banquete. 

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 

En la parábola hay otro hijo, el mayor; también él necesita descubrir la misericordia del padre. Él ha estado siempre en casa, ¡pero es tan distinto del padre! A sus palabras le falta ternura: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya… y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo…».
 Vemos el desprecio: no dice nunca «padre», no dice nunca «hermano», piensa sólo en sí mismo, hace alarde de haber permanecido siempre junto al padre y de haberlo servido; sin embargo, nunca ha vivido con alegría esta cercanía.

Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 
Y ahora acusa al padre de no haberle dado nunca un cabrito para tener una fiesta. ¡Pobre padre! Un hijo se había marchado, y el otro nunca había sido verdaderamente cercano. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque nos marchamos lejos o porque estamos cerca sin ser cercanos.

Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 
El hijo mayor, también él necesita misericordia. Los justos, los que se creen justos, también ellos necesitan misericordia

El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».


En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en la situación más fea de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.
Este hijo,mayor nos representa a nosotros cuando nos preguntamos si vale la pena hacer tanto si luego no recibimos nada a cambio. […] Este Evangelio nos enseña que todos necesitamos entrar en la casa del Padre y participar en su alegría, en su fiesta de la misericordia y de la fraternidad. Hermanos y hermanas, ¡abramos nuestro corazón, para ser «misericordiosos como el Padre»!”


VIERNES
“ La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular ”



san Mateo 21, 33-43, 45-46

Es una parábola especialmente alegórica en la que resulta fácil identificar los elementos más importantes: el hacendado es Dios; la viña, el pueblo elegido; los siervos, los profetas; el hijo, Jesús, muerto fuera de las murallas de Jerusalén; el nuevo pueblo escogido, nosotros. La parábola es una crónica de la historia de la salvación tal como puede ser escrita por el mismo Dios.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
 Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 
Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. 

Dios nunca ha estado de acuerdo con los sacrificios humanos. En esta parábola, el Padre consiente mandar a la viña al propio hijo. Nos peguntamos: ¿Qué padre de este mundo, después de ver que han asesinado a sus criados, es capaz de entregar a su propio hijo?

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. 
Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Sólo el amor loco y escandaloso de Dios es capaz de hacer eso. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito” (Jn. 3,16). El Padre, al entregar al hijo de sus entrañas, se entregó él mismo por nosotros.  

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Con esta pincelada, el evangelista Mateo nos está diciendo que hay ahora un nuevo pueblo de Dios. La Iglesia debe dar los frutos que Dios esperó del pueblo de Israel y no lo consiguió. Para eso debe contar con la fuerza del Espíritu. Nuestros frutos deben estar en proporción con el amor derrochador de Dios.




Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida.

 ¿Somos una viña que da sus frutos a Dios? ¿o le estamos defraudando año tras año? ¿somos infieles? ¿o tal vez perezosos, descuidados? Vamos hacia la Pascua, que es el paso de la muerte a la vida.

JUEVES

“ Lázaro estaba echado en su portal ”

egún san Lucas 16, 19-31 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del pobre Lázaro. Al escuchar esta parábola podemos echar “balones fuera”, -permitidme la expresión-, es decir, que no va conmigo, un peligro es pensar que como yo no soy rico, conmigo no va, este es para otros, pensar que va solamente dirigido a los que disfrutan de grandes posesiones. Sin embargo, la enseñanza de la parábola, en mayor o menor medida, tiene aplicación para todos. Primeramente es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”


 Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. 

Según los comentaristas, en aquella época las comidas se servían en un solo plato y éste se limpiaba con la miga del pan, de modo que pudiera servir para el resto de la comida. 
Pues bien, esas migas sucias, que habían servido para limpiar el plato, se tiraban al suelo para que las comieran los perros. Y aquel ricachón ni siquiera eso le daba al pobre Lázaro.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 

Otro punto para la reflexión es que todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra ayuda: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga, una llamada siempre a compartir. Si les cerramos nuestro corazón,

Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 

Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 
Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 
Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar.
 Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.

MIERCOLES

 “ José era varón justo ”





según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a 
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado.

 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 
Lo importante es que José aceptó a María en una situación extraña, poco común y deseó rechazarla en secreto; gracias a que en sueños un ángel (soñar en la Biblia, ¡qué bien vienen!) le puso sobre aviso de quién era aquel Hijo. Recapacitó, recapituló y aceptó aquella paternidad subrogada, podríamos decir.


Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado” (Mt 1,24). • La voluntad del Señor se puede descubrir de variadas formas. Importante la buena disposición para aceptarlas y ponerlas en práctica. 

José supo sustituir muy bien a Dios y se nos muestra, en lo poco que sabemos, como un padre amoroso y ejemplar.



José fue obediente a Dios y le inculcó esa obediencia a Jesús. “En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario. Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia y se hizo «obediente hasta la muerte  de cruz»”
Quiera Dios que aprendamos de José, el carpintero, la confianza plena en la obra del Padre que hoy festejamos.

MARTES

“ Uno solo es vuestro Maestro ”

según san Mateo 23, 1-12 

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Son palabras de Jesucristo acerca de los fariseos y los escribas, tan compuestos y preparados pero tan vacíos en su práctica. Muchos conocimientos para señalar y acusar a unos y otros pero sin la mínima auto-critica para empeñarse en vivir con coherencia.

 Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 
Aquellos eran expertos en reprochar a los demás sus errores pero todo lo que decían, para Jesús eran palabras vacías porque “no hacen lo que dicen”. Así, Jesús advierte “haced lo que dicen pero no hagáis lo que ellos hacen”. La doctrina era correcta pero la práctica nula, su vida era pura incoherencia.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. 


Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 

Reflexionamos sobre unas palabras sorprendentes de Jesús: “A nadie llaméis padre en la tierra. Sólo es Padre el que está en el cielo”. El verdadero Padre es Dios porque lo propio del Padre-Dios es “dar y darse” del todo en el hijo. En esta vida nadie puede llamarse propiamente padre porque las personas en este mundo estamos para dar y recibir”.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 

En este sentido sólo Jesús es el “Maestro de la vida”. Los demás pasamos por la vida “enseñando y aprendiendo” los unos de los otros. Nadie es tan ignorante que no tenga algo que enseñar; ni tan sabio que no tenga algo que aprender.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». 

Debemos tener mucho cuidado para que no vengan a causarnos, quienes nos miran, con estas mismas palabras de Jesús. 
Muchas veces decimos, rezamos, participamos en la liturgia pero después nuestra vida deja mucho que desear. Y lo peor es que cuando algunos comentan: “mira, muchos golpes de pecho pero después es un impresentable o un …”, nos molestamos y pensamos mal de quien lo dice, antes de revisar con humildad cómo estamos gestionando la fe en nuestra vida y si somos coherentes con la fe que profesamos. Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos, no vaya a ser que Jesucristo, por boca de cualquiera, nos repita aquellas palabras “ellos no hacen lo que dicen”

LUNES

“ La medida que uséis, la usarán con vosotros ”

según san Lucas 6, 36-38 
El pasaje del Evangelio de Lucas de la liturgia de este lunes de cuaresma es una invitación expresa a amar a los demás como Dios nos ama.
Este es el reto que nos plantea Jesús en este discurso que sigue a las Bienaventuranzas. Nuestro amor puede ser pequeño, egoísta y mezquino. Hemos de amar con el amor con que Dios nos ama, el generoso y compasivo, el que no tiene medida, no juzga y perdona siempre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».



Nos da miedo amar así, a fondo perdido. No es más que volcar la misericordia que yo recibo, en los demás. Es reconocer que ese amor de Dios para mí, también es para todos. Así es el amor del Padre, y el que nos pide a sus hijos.
 Es el amor que libera, perdona, hace bien. Es el amor que arriesga y se entrega. Merece la pena, en esta cuaresma, revisar cómo es mi amor, qué calibre de generosidad y capacidad de perdón tiene.

DOMINGO 

“ Este es mi hijo, el elegido, escuchadle… ”




Recordemos que el pasado primer domingo de cuaresma, el evangelista nos presentaba a Jesús en el desierto luchando con sus tentaciones, en oración difícil. Ahora en este domingo Lucas escoge la secuencia de Jesús en el monte, en oración gozosa, experimentando íntimamente a Dios Padre y al Espíritu.

según San Lucas 9, 28b-36 

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. 

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 

Vemos como se llenaron de una inmensa alegría; Pedro con la aclamación: ¡Que bien se esta aquí!; Estaba tan contento que ni siquiera pensaba en sí mismo, ni en Santiago y Juan que le acompañaban. Suele pasar que cuando tenemos experiencia de Dios, lo que comienza a inundarnos es un gran gozo que nos sobrepasa y lo transforma todo.

Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 

Precisamente en este Evangelio es donde los amigos íntimos de Jesús, Pedro, Santiago y Juan van tener una experiencia de Dios, ellos van a sentir a Dios muy cerca de ellos… 

No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. 

Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». 

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.


La invitación que se nos hace a nosotros es la misma que escucharon los discípulos: Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle. ESCUCHADLE. La importancia de tomarnos en serio la Palabra de Dios, de conocerla, de dejar que sea nuestra guía, nuestra brújula, la que nos orienta en los acontecimientos y decisiones que se nos presenten.