YA ES SEMANA SANTA

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viernes, 28 de febrero de 2025

SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ De los que son como niños es el reino de Dios ”



del santo evangelio según san Marcos 10, 13-16 

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos dice que el Reino de Dios pertenece a los niños. “Dejen que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”.

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

¿Cómo es eso? Bueno, los niños son como las estrellas, las flores o los animales; son lo que son inequívocamente, sin complicaciones. Están en consonancia con las intenciones más profundas de Dios para ellos. El desafío de la vida espiritual es darnos cuenta de lo que Dios quiere que seamos

 Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». 

Permítanme decirlo de otra manera: los niños aún no han aprendido a mirarse a sí mismos. ¿Por qué un niño puede estar inmerso ansiosa y completamente en lo que está haciendo? Porque puede perderse de sí mismo; porque no está mirándose a sí mismo,

 Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.


Los mejores momentos de la vida son cuando no centramos la atención en nosotros mismos en el mundo y simplemente somos como Dios quiere que seamos.

VIERNES

“ No son dos, sino una sola carne. ”


del santo evangelio según san Marcos 10, 1-12

Los dos serán una sola carne. El plan de Dios sobre el matrimonio está claro: que fueran felices, plenamente felices. Dios, antes de entregar a Eva por esposa, somete a Adán a “una experiencia de soledad”. En medio de un jardín maravilloso, se encontraba solo.

 La belleza de la creación con sus ríos, árboles, flores, pájaros…, no le arrancaba de su soledad. Y esta situación le dio pena a Dios. “No es bueno que el hombre esté solo”. Y, después de un profundo sueño, para que jamás el hombre se creyera que la mujer era obra suya y no regalo de Dios, le entregó a Eva, salida del mismo corazón de Adán. Y, al verla, vino la admiración, la sorpresa, el entusiasmo. ¡Esto sí que es carne de mi carne!

 En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba. 

 Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?». 

En la unión de ambos está la felicidad y en la ruptura, la desgracia. Este era el plan de Dios. ¿Y cuándo ese plan no se cumple por el egoísmo de las personas? Moisés había permitido el divorcio como “mal menor”.

 Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».

 Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Ahora bien, lo que no podía tolerar Jesús era la hipocresía. Mientras el hombre podía separarse de la mujer, “porque había encontrado en ella algo vergonzoso” la mujer nunca podía separarse del hombre.

 Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. 

 De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». 

 En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. 

 Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

San Marcos interpreta muy bien el pensamiento de Jesús cuando, hablando a gente no judía, dice:” y si ella repudia a su marido”. Admite que ella tiene el mismo derecho otorgado por Moisés. Naturalmente que el ideal siempre será “volver al amor primero” donde el amor se vive con ilusión, y con una inmensa alegría. Si, a pesar de todo, los corazones se endurecen a causa del egoísmo, habrá que tratarlos con el bálsamo de la misericordia.


Señor, yo quiero entender bien lo que Tú piensas de la vida, de nuestros problemas, de nuestros intereses. En el caso de hoy, lo que piensas sobre el amor de los esposos. Dame la fuerza del Espíritu para penetrar en tus sabias palabras ya que éstas y no las palabras humanas van a ser las que orienten nuestra vida.


JUEVES

“ Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? ”


del santo evangelio según san Marcos 9, 41-50 

Las palabras del evangelio de hoy son muy duras. Si tu mano, si tu pie, son ocasión de escándalo, ¡Córtalos! La dureza de sus palabras está en consonancia con la gravedad del pecado. Jesús defiende a todos, pero especialmente a “sus pequeñitos”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. 

Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la "gehenna", al fuego que no se apaga. 

 Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

 Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. 

Incluso aquí se habla de la Gehena, del infierno. El infierno comienza ya aquí. Y la mejor manera de ir al cielo es ser ya desde aquí un cielo para los demás. La sal es buena, sirve para evitar la corrupción y dar sabor a la vida. Pero si se vuelve insípida, ¿Para qué sirve? 

Cuando los cristianos perdemos el sabor a evangelio, ya no servimos para nada. Sólo para ser despreciados por la gente. Hay que recuperar “las manos”, “los ojos” y “los pies” para poner nuestras acciones al servicio del evangelio.

 Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».


Señor, las personas somos capaces de todo: de lo mejor y de lo peor. Podemos ser altruistas, generosos, desinteresados hasta ir entregando la vida por los más pobres y desgraciados, como nuestra santa moderna, Santa Teresa de Calcuta. Pero también podemos manchar el alma limpia y pura de los niños. Dame, Señor, la gracia de vivir siempre siendo sal, que no estropee su efecto de conservar y dar sabor a este mundo tan triste y tan soso.

MIERCOLES

“ No se lo impidáis ”



del santo evangelio según san Marcos 9, 38-40 

En estos últimos tiempos se habla mucho de ecumenismo, de tender puentes, de abrir puertas, pero sólo se habla y poco se practica. Todo grupo tiende a “encerrarse”, también los grupos religiosos. En tiempo de Jesús, hasta los mismos discípulos:” Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos impedido porque no es de los nuestros”. “

Un intruso que no pertenece al círculo de los discípulos expulsa a los demonios utilizando el nombre de Jesús. Los discípulos reaccionan con viveza tratando de impedírselo; creen tener el monopolio de la misión. 

Deberán rectificar su criterio, pues Jesús les hace notar que la Iglesia no tiene el monopolio de la defensa del hombre, aunque otro tiempo la Iglesia pensara lo contrario.

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». 

 Jesús aparece como el verdadero “dialogante”. Como el mejor “ecumenista de todos los tiempos”. ¡No se lo impidáis! Jesús está en un diálogo constante con Dios, su Padre y conoce muy bien sus intenciones. Quiere ser Padre de todos y sueña con hacer de la humanidad, una gran familia. Al Dios revelado por Jesús, no le estorba nadie. 

 Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro»


 Genial la respuesta de Jesús: “El que no está contra vosotros está a vuestro favor”. Hay mucha gente buena que no son católicos ni cristianos, pero trabajan por la paz, por la justicia, por construir un mundo mejor que el que tenemos. Todo el que trabaja por hacer el bien, por evitar el mal, ése “es de los nuestros”.

MARTES

“ Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos ”



según san Marcos 9, 30-37

Marcos nos presenta a Jesús como Maestro que procura instruir a los que ha llamado. Dice que atravesaron Galilea y no quería que nadie lo supiera en razón de una necesidad concreta: instruir, enseñar personalmente a los discípulos.

 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. 

Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. 

Este es el anuncio clave, entonces y ahora. Y así como ellos “no entendían lo que decía” y al mismo tiempo “les daba miedo preguntarle”, también a nosotros nos ocurre lo mismo. Asumir que el seguimiento de Jesucristo pasa por unirse a su pasión y muerte, sin lo cual no se accede a la resurrección, se nos hace cuesta arriba.

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Se trata de estar con él, compartir con él, aprendiendo como él para poder continuar su obra. Ellos, en ese momento, parecen desconectar y se aplican a lo que a ellos realmente les interesaba. Pero para Jesús nada pasa desapercibido.

 Marcos pone en casa,  “¿De qué discutíais por el camino?”. Preguntó a los de Emaús. Preguntó a los que le siguieron ¿ qué buscáis? En este pasaje, no hay respuesta. El silencio venía causado por la vergüenza que les producía haber discutido quién era el más importante.

 Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». 

Jesús, les enseñará también. Una enseñanza que no está desconectada del anuncio realizado. Lo que importa es entender todo como servicio. Ponerse en el último lugar, como siervo de todos. Como él ha hecho. Y al hacerlo, reflejar la actitud del niño, que está abierto a acoger.

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».


Acoger a los son tenidos como inútiles, porque en ellos se le acoge a él y en él, al mismo Padre que lo ha enviado. En definitiva, vivir la vida como él la vivió. ¿Le atendemos como merece ser atendido? ¿Cómo miramos a los otros?

 LUNES

“ Todo es posible al que tiene fe ”


El Evangelio del día establece una relación directa entre fe, poder y oración. Diríamos que las coloca esas tres palabras en línea recta, cada una dependiente de la anterior.

según san Marcos 9, 14-29

 En aquel tiempo, Jesús y los tres discípulos bajaron del monte y volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos. 

Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué discutís?». Uno de la gente le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. 

He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces». Él, tomando la palabra, les dice: «Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo». Se lo llevaron. 

En realidad, la curación de ese chico endemoniado sirve para extraer una lección sobre la fe, sus efectos y su alimento, que no es otro que la oración. El padre del endemoniado nota que le falta fe y pide que Jesús se la aumente, lo mismo que millones de cristianos a lo largo de todas las épocas han pedido la gracia de ver aumentada su fe. Porque es gracia y no mérito.

El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. 

Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?». Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos». 

Esa fe mueve montañas, decimos con el refranero remitiendo a un pasaje evangélico, y puede que tú también hayas experimentado el poder de la fe para obtener algo que jamás hubieras imaginado.

Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe». 

Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él». 

Al final del diálogo con sus discípulos, Jesús recalca cómo la fe precisa de la oración para robustecerse. A los apóstoles se les resistió ese espíritu inmundo porque su fe flaqueó. Sólo la oración la embarnece. No se nos olvide a nosotros pedir en nuestra oración cotidiana que el Señor nos ayude nuestra falta de fe.

Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto. 

Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie. Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?». Él les respondió: «Esta especie solo puede salir con oración».

¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? Esa clase solo sale a fuerza de oración. Aquellos discípulos habían intentado, sin resultado alguno, curar al muchacho imitando los gestos y las palabras de Jesús. Se mueven todavía en el nebuloso terreno de lo mágico más que en el diáfano terreno de la fe. Y actúan pendientes los unos de los otros. Si todo es posible para Dios, todo es posible para la fe hecha oración: Todo es posible para quien cree.


A nosotros nos pasa lo mismo que a los discipulos.

Los discípulos que tuvieron éxito en la primera misión (Mc 6,13.30) demostraron ahora que les falta confiar en el poder de Dios a través de la oración. Sólo la oración humilde y la fe incondicional en Dios permite vencer al mal.

DOMINGO

del santo evangelio según san Lucas 6, 27-38 

“ Amad a vuestros enemigos ”



No juzguéis

 El Evangelio de este domingo contiene una especie de código moral que debe caracterizar la vida del discípulo de Cristo. Todo se resume en la llamada «regla de oro» de la actuación moral: «Lo que queréis que los hombres os hagan a vosotros, también vosotros hacédselo a ellos». Esta regla, si se pone en práctica, bastaría por sí sola para cambiar el rostro de la familia de la sociedad en la que vivimos. El Antiguo Testamento la conocía en la forma negativa: «No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan» (Tb 4, 15); Jesús la propone en forma positiva: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten», que es mucho más exigente.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. 

Primero, en que hemos de tratar a los demás en la medida en la que nosotros quisiéramos ser tratados. Segundo, la generosidad de Dios con los malos y desagradecidos.

 Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 

 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿ qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 

 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿ qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. 

 Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos. 

Jesús nunca nos va a pedir algo que antes él no lo haya puesto en práctica. El amor y el perdón que anunció, lo vivió cada día, y al nivel más alto como lo evidenció en la cruz con un perdón universal: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida que midiereis se os medirá a vosotros».



En cambio, Jesús nos ofrece a los cristianos otra respuesta novedosa y muy distinta para aquellos que nos ofenden: la ley del amor y el perdón, es decir, la misericordia.
Ser misericordiosos nos cuesta mucho pero nos hace ser radicales en el amor, que ha de abarcar a todo tipo de enemigos y que conlleva el no ser vengativos. La misericordia ha de ser gratuita, no esperando recompensa por ello.

Las lecturas se centran en el amor a los enemigos. Así aparece en el evangelio de Lucas que recoge una serie de instrucciones de Jesús a sus discípulos. Propone el amor a los enemigos como rasgo distintivo de sus seguidores. El contraste en los términos es significativo: amad/enemigos; haced bien/odian; bendecid/maldicen; orad/injurian. Jesús quiere romper toda cadena de violencia impidiendo la venganza frente al mal (poner otra mejilla). Presenta la regla de oro de toda escala moral: tratar a los demás como se desea ser tratado. Pone delante de los discípulos el amor gratuito y desinteresado que marca la diferencia con los pecadores. Este es el auténtico evangelio que cambia el mundo. La recompensa estará en el cielo, participando de la vida divina como hijos de Dios cuyo corazón es bondadoso para buenos y malos. Pues como dice el Salmo, Dios es compasivo y misericordioso, perdona todas las culpas y no paga según merecen los pecados. Jesús también invita a no juzgar ni a condenar, sino a perdonar y compartir. La medida del amor dado será la medida del amor recibido.



    Pero del pasaje del Evangelio brotan también interrogantes. «Al que te pegue en la mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames...». ¿Jesús manda por lo tanto a sus discípulos que no se opongan al mal, que dejen la mano libre a los violentos? ¿Cómo se concilia esto con la exigencia de combatir la prepotencia y el crimen, de denunciarlo con energía, incluso corriendo riesgos? ¿Cómo lo situamos con la «tolerancia cero», hoy invocada desde muchas partes ante la difusión de la micro criminalidad?

        El Evangelio no sólo no condena esta exigencia de legalidad, sino que la refuerza. Hay situaciones en que la caridad no exige poner la otra mejilla, sino ir directamente a la policía y denunciar el hecho. La regla de oro que vale para todos los casos, hemos oído, es hacer a los demás aquello que se querría que se le hiciera a uno. Si tú, por ejemplo, eres víctima de un robo, de un tirón, de un chantaje, si alguien te ha chocado y te ha destrozado el coche, estarías ciertamente contento si quien ha visto los hechos estuviera dispuesto a testimoniar en tu favor. El Evangelio te dice que esto es lo que también tú debes hacer a los demás, sin atrincherarte tras el habitual: «No he visto nada, no sé nada». El crimen prospera sobre el miedo y el silencio.

        Pero tomemos las palabras en cierto sentido más peligrosas del Evangelio del domingo: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados». ¿Entonces luz verde a la impunidad? ¿Y qué decir de los magistrados que juzgan a tiempo completo, por profesión? ¿Están condenados de partida por el Evangelio? El Evangelio no es tan ingenuo e irrealista como podría parecer a primera vista. ¡No nos ordena tanto que suprimamos el juicio de nuestra vida, sino suprimir el veneno de nuestro juicio! Esto es, esa parte de hastío, de rechazo, de venganza que se mezcla frecuentemente con la objetiva valoración del hecho. El mandamiento de Jesús: «No juzguéis y no seréis juzgados» es seguido inmediatamente, hemos visto, del mandamiento: «No condenéis y no seréis condenados» (Lc 6, 37). La segunda frase sirve para explicar el sentido de la primera.

        Son los juicios «despiadados», sin misericordia, los que están prohibidos por la palabra de Dios; aquellos que, junto con el pecado, condenan sin apelación también al pecador. Justamente la conciencia del mundo civil rechaza hoy, casi unánimemente, la pena de muerte. En ella, de hecho, el aspecto de la venganza por parte de la sociedad y de aniquilamiento del reo prevalece sobre el de la autodefensa y la disuasión del crimen, que podrían obtenerse de forma no menos eficaz con otros tipos de pena. Entre otras cosas, en estos casos se mata a veces a una persona completamente diferente de la que cometió el crimen, porque entretanto se ha arrepentido y ha cambiado radicalmente.


domingo, 23 de febrero de 2025

IGNACIO DE LOYOLA I

31 DE JULIO FESTIVIDAD DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

 



Fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas) 

Nació y fue bautizado como Iñigo en 1491,en 1491, en el castillo de Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los Pirineos.

Su padre, don Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, Marina Sáenz de Licona y Balda.
Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el santo en el bautismo) era el más joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja.
Quedó huérfano y fue educado en la Corte de la nobleza española, donde le instruyeron en los buenos modales y en la fortaleza de espíritu.
 Iñigo luchó contra los franceses en el norte de Castilla.

 Pero su breve carrera militar terminó abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición española capituló.




Con el objeto de distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería (aventuras de caballeros en la guerra), a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de santos.

 Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empezó a interesarse tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: "Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, bien yo puedo hacer lo que ellos hicieron".


 Inflamado por el fervor, se proponía ir en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y entrar como hermano lego a un convento de cartujos.
Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad de gloria y su amor por una dama, ocupaban todavía sus pensamientos. Sin embargo, cuando volvía a abrir el libro de la vida de los santos, comprendía la futilidad de la gloria mundana y presentía que sólo Dios podía satisfacer su corazón.

Las fluctuaciones duraron algún tiempo. Ello permitió a Iñigo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que procedían de Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos vanos le procuraban cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vacío. Finalmente, Iñigo resolvió imitar a los santos y empezó por hacer toda penitencia corporal posible y llorar sus pecados.



Una noche, se le apareció la Madre de Dios, rodeada de luz y llevando en los brazos a Su Hijo.

 La visión consoló profundamente a Ignacio.

 Al terminar la convalecencia, hizo una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Montserrat, donde determinó llevar vida de penitente. Su propósito era llegar a Tierra Santa y para ello debía embarcarse en Barcelona que está muy cerca de Montserrat.

 La ciudad se encontraba cerrada por miedo a la peste que azotaba la región. Así tuvo que esperar en el pueblecito de Manresa, no lejos de Barcelona y a tres leguas de Montserrat.
El Señor tenía otros designios más urgentes para Ignacio en ese momento de su vida. Lo quería llevar a la profundidad de la entrega en oración y total pobreza. Se hospedó ahí, unas veces en el convento de los dominicos y otras en un hospicio de pobres.

 Para orar y hacer penitencia, se retiraba a una cueva de los alrededores.
 Así vivió durante casi un año.

"A fin de imitar a Cristo nuestro Señor y asemejarme a El, de verdad, cada vez más; quiero y escojo la pobreza con Cristo, pobre más que la riqueza; las humillaciones con Cristo humillado, más que los honores, y prefiero ser tenido por idiota y loco por Cristo, el primero que ha pasado por tal, antes que como sabio y prudente en este mundo".


 Se decidió a "escoger el Camino de Dios, en vez del camino del mundo"...hasta lograr alcanzar su santidad. A las consolaciones de los primeros tiempos sucedió un período de aridez espiritual; ni la oración, ni la penitencia conseguían ahuyentar la sensación de vacío que encontraba en los sacramentos y la tristeza que le abrumaba. A ello se añadía una violenta tempestad de escrúpulos que le hacían creer que todo era pecado y le llevaron al borde de la desesperación.

 En esa época, Ignacio empezó a anotar algunas experiencias que iban a servirle para el libro de los "Ejercicios Espirituales".

 Finalmente, el santo salió de aquella noche oscura y el más profundo gozo espiritual sucedió a la tristeza.
 Aquella experiencia dio a Ignacio una habilidad singular para ayudar a los escrupulosos y un gran discernimiento en materia de dirección espiritual.

 Más tarde, confesó al P. Laínez que, en una hora de oración en Manresa, había aprendido más de lo que pudiesen haberle enseñado todos los maestros en las universidades.

Opera: San Ignacio de Loyola~ DOMENICO ZIPOLI/ MARTIN SCHMID/ INDIOS  CHIQUITANOS - YouTube
En febrero de 1523, Ignacio por fin partió en peregrinación a Tierra Santa.
Pidió limosna en el camino, se embarcó en Barcelona, pasó la Pascua en Roma, tomó otra nave en Venecia con rumbo a Chipre y de ahí se trasladó a Jaffa.
 Del puerto, a lomo de mula, se dirigió a Jerusalén, donde tenía el firme propósito de establecerse.

Pero, al fin de su peregrinación por los Santos Lugares, el franciscano encargado de guardarlos le ordenó que abandonase Palestina, temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el proselitismo de Ignacio, le raptasen y pidiesen rescate por él. Por lo tanto, el joven renunció a su proyecto y obedeció, aunque no tenía la menor idea de lo que iba a hacer al regresar a Europa.

 Otra vez, la Divina Providencia tenía designios para esta alma tan generosa.

sábado, 22 de febrero de 2025

FIESTA DE LA CATEDRA DE SAN PEDRO

santo evangelio según san Mateo (16,13-19) 

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»  


En el Evangelio de hoy nos encontramos con la promesa realizada a Pedro: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará”. La fiesta de hoy nos ofrece una oportunidad para mantenernos más unidos y en comunión con el sucesor de Pedro, a su magisterio, con nuestros pastores, nuestro obispo. El amor al Papa es señal de nuestro amor a Cristo.

La «cátedra», literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama «catedral», y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su «magisterio», es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

La "cátedra" de Pedro, cuya fiesta celebramos hoy en plena cuaresma, no fue nunca la de un escriba o un doctor, sino la de humilde pastor que, como el mismo Jesús, entregó su vida por sus ovejas. 

En Roma, antes de sufrir el martirio, sin duda experimentó la pobreza. Así es como se edifica la Iglesia; su piedra angular está en el Calvario, y sus piedras vivas encuentra su solidez en la fe de los fieles de Cristo.

 Siendo así, ¿no convenía que fuera el apóstol Pedro, el que lo reconoce como el Hijo de Dios, y el primero en participar en la cruz del Señor el que confirmara en la fe a sus hermanos?




¿Cuál fue, por tanto, la «cátedra» de san Pedro? Elegido por Cristo como «roca» sobre la cual edificar la Iglesia, comenzó su ministerio en Jerusalén, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. La primera «sede» de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial. […] oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

VII , VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO VII DEL T. ORDINARIO


¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de la sordera, para que pueda escuchar con nitidez tu voz 
La del odio, para que pueda amar sin distinción 
La de la maldición, para que pueda desear siempre el bien 
La de la debilidad, para que presente mi mejilla donde sea necesario 
La del egoísmo, para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy
 La de la conformidad, para que no exija lo que no me pertenece 

¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de los malos modales, y sea así delicado con mis hermanos 
La de la maldad, para que disfrute sembrando semillas del bien 
La del usurero, para que no busque más beneficio que el ser feliz dando 
La de la dureza, para que brote en mí la comprensión 
La de la severidad, para que sepa entender y comprender los defectos de los demás 
La de la discordia, para que vea amigos y no adversarios 
Y por encima de todo, sonreir (no reirse) porque es lo que más odia un enemigo
D
Hoy vivir codo a codo o el trabajar mano a mano con el Señor: el bien del otro. Difícil pero para amar al enemigo.....amar al Gran Amigo.....Jesus de Nazaret. 
Por encima de todo y sobre todo, el bien del otro.
M
Aprender de Ti. Servir siendo el último. 
Hazme humilde como  la cera que se funde en la vela para dar luz y caridad mientras se consume lentamente.
X
Señor. No siempre tengo fuerza para buscarte......soy oveja sin pastor, sal tu a buscarme. 
A ti, Señor, te interesan “las personas”. Que éstas no sufran, que sean libres, que sean felices. El bien siempre hay que hacerlo sin mirar a quien.
J
Señor, las personas somos capaces de todo: de lo mejor y de lo peor. Podemos ser altruistas, generosos, desinteresados hasta ir entregando la vida por los más pobres y desgraciados, como nuestra santa moderna, Santa Teresa de Calcuta. Pero también podemos manchar el alma limpia y pura de los niños. Dame, Señor, la gracia de vivir siempre siendo sal, que no estropee su efecto de conservar y dar sabor a este mundo tan triste y tan soso.
V
Señor, yo quiero entender bien lo que Tú piensas de la vida, de nuestros problemas, de nuestros intereses. En el caso de hoy, lo que piensas sobre el amor de los esposos. Dame la fuerza del Espíritu para penetrar en tus sabias palabras ya que éstas y no las palabras humanas van a ser las que orienten nuestra vida.
S
Hoy, Señor, quiero hacer mi oración con el encanto, la sencillez y la espontaneidad de los niños. Sólo si tengo corazón de niño me atreveré a hablarte como a mi Abbá, mi papá. Es la palabra que usaba Jesús cuando hablaba contigo. No vengo a ti a pedirte nada. Me conformo con que Tú siempre seas mi “papá”. Contigo lo tengo todo.



 

DOMINGO VII DEL T. ORDINARIO



¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de la sordera, para que pueda escuchar con nitidez tu voz 
La del odio, para que pueda amar sin distinción 
La de la maldición, para que pueda desear siempre el bien 
La de la debilidad, para que presente mi mejilla donde sea necesario 
La del egoísmo, para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy
 La de la conformidad, para que no exija lo que no me pertenece 

¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de los malos modales, y sea así delicado con mis hermanos 
La de la maldad, para que disfrute sembrando semillas del bien 
La del usurero, para que no busque más beneficio que el ser feliz dando 
La de la dureza, para que brote en mí la comprensión 
La de la severidad, para que sepa entender y comprender los defectos de los demás 
La de la discordia, para que vea amigos y no adversarios 
Y por encima de todo, sonreir (no reirse) porque es lo que más odia un enemigo
D
el evangelio de este día, es casi un anuncio de lo que conllevar el vivir codo a codo o el trabajar mano a mano con el Señor: el bien del otro. Por encima de todo y sobre todo, el bien del otro.

viernes, 21 de febrero de 2025

CATEDRAL DE SAN PEDRO

 


Cada 22 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro, celebración que se remonta al siglo IV, cuyo sentido es honrar al primado y autoridad del Apóstol Pedro, el primer Papa de la Iglesia. 



 Esta celebración recuerda la potestad conferida por Cristo a quien es cabeza de la Iglesia cuando dijo, tal como lo relatan los Evangelios: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella". 





DESCRIPCIÓN



La obra de Bernini se encuentra en el presbiterio de la Basílica de San Pedro, enmarcada por pilastras. En el centro se sitúa el trono de bronce dorado, en cuyo interior se encuentra la silla de madera y que se decora con un relieve representando la «traditio clavum» o «entrega de llaves».







 El trono se apoya sobre cuatro grandes estatuas, también en bronce, que representan a cuatro Padres de la Iglesia, en primer plano San Agustín y San Ambrosio, para la Iglesia latina, y San Atanasio y San Juan Crisóstomo, para la Iglesia oriental.
 Por encima del trono aparece un sol de alabastro decorado con estuco dorado rodeado de ángeles que enmarca una vidriera en la que está representada una paloma de 162 cm de envergadura, símbolo del Espíritu Santo. Es la única vidriera coloreada de toda la Basílica de San Pedro.




 La palabra "cátedra" significa “asiento” o “trono”, de la que se derivan otros vocablos como “catedral”; es decir, la “cátedra” designa a la iglesia donde un obispo tiene un “trono”, desde el cual gobierna y predica. 

Sinónimo de “cátedra” es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar simbólico desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la “sede” del Obispo de Roma, el Papa. 

 Hoy, la cátedra o sede que se conserva en la Basílica de San Pedro, en Roma, fue donada por Carlos el Calvo al Papa Juan VIII en el siglo IX, con motivo del viaje de su coronación, en épocas en las que el Papa cumplía con la función de ratificar el poder político. En el caso de Carlos el Calvo, el Papa lo coronó emperador romano de Occidente. 


Este trono se conserva como reliquia, siendo una magnífica composición barroca, obra de Gian Lorenzo Bernini, quien la talló entre 1656 y 1665. 




 La sede o trono que se conserva como objeto físico, en realidad es la expresión simbólica de la grandeza del poder espiritual de Dios en la tierra, que el cada sucesor de Pedro expresa, además, de evocar la enseñanza de quien es cabeza de la Iglesia y conduce al Pueblo de Dios por el sendero de la historia. “Cátedra” es aún hoy sinónimo de “magisterio” o “enseñanza”. Cuando el Papa habla, enseña, conduce, consuela, guía al rebaño de Dios, y muestra a todos que la Iglesia peregrina hacia su destino final: el encuentro con su Creador. 



 Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado durante el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la Misa del Capítulo de San Pedro.

 Pidamos por intercesión de San Pedro por el Papa Francisco y por los obispos, para que en todo permanezcan fieles al Evangelio y lo anuncien libre de toda mancha al mundo entero.



DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO


“ Tú eres el Hijo de Dios vivo ”


según san Mateo 16, 13-19 

En la fiesta de la cátedra de San Pedro, celebramos la fe en Cristo, el Hijo de Dios; La fe, que fundamenta nuestra vida, sostenida por la cadena de testigos que nos han precedido, y que nos une como familia, como Iglesia

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 

L Iglesia a que surge a partir de una llamada personal del Señor a seguirle; recordamos en este día a aquellos primeros seguidores a los que Jesús llamó, acercándose a sus vidas en medio de sus tareas cotidianas como hoy continúa acercándose a las nuestras.

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 

Entre esos seguidores de la primera hora recordamos hoy a Simón, hermano de Andrés. Simón, este pescador rudo, impulsivo, contradictorio, en el que nos podemos sentir identificados muchos de nosotros.

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 

Dispuesto a todo por Cristo y que en el momento que las cosas se pusieron difíciles le traicionó y le abandonó; pero que fue capaz, al encontrarse con su mirada amorosa, de dejarse perdonar y lavar por Él, de aprender a colocarse detrás de Él y a permitir que Otro marcara el rumbo de su vida.

Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

La imagen de la roca, de la “piedra” nos evoca aquello que es firme, estable y por lo tanto sobre lo que podemos apoyarnos porque es sólido y resistente. La imagen de “la piedra angular” de un edificio, añade a la idea de solidez, otra diferente: la de ser “base o fundamento de algo”.



En esta fiesta de hoy, agradezcamos la fe recibida y sintámonos Iglesia, unidos a tantos hombres y mujeres que han vivido y siguen viviendo la aventura de la fe.

El modelo del “Buen Pastor” que es Cristo ha de empeñarle no solo en guiar con prudencia y prontitud a los fieles encomendados, sino también conocerlos y, para ello, acercarse a ellos para que le conozcan, compartir sus inquietudes y problemas, buscar y rescatar a las “ovejas perdidas”...


VIERNES

“ Quien quiera salvar su vida... ”


Hay dos maneras de orientar la vida:

según san Marcos 8, 34 – 9, 1 

En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 

desde el egoísmo o desde el amor. Los que viven para sí mismos, los que sólo piensan en sí mismos, los que tienen el corazón tan lleno de sí mismos que ya no cabe nadie en él, no aciertan, se equivocan, no dan en el blanco, fracasan.

Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. 

Pero los que orientan su vida hacia el amor a los demás, a la donación de sí mismos para favorecer a otros, estos aciertan.

Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? 

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles». 

Y añadió: «En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».

“La cruz es algo más grande y misterioso de lo que puede parecer a primera vista. Indudablemente, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y derrota, pero al mismo tiempo muestra la completa transformación, la victoria definitiva sobre estos males, y esto la convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás.

Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede convertir su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo caído.


JUEVES

“ Y vosotros ¿quién decís que soy yo? ”


En este evangelio hay que distinguir entre la opinión de la gente y la opinión de los discípulos. La gente puede opinar de Jesús lo que quiera. A Jesucristo le interesa mucho más la opinión de sus discípulos.

según san Marcos 8, 27-33 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

 Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».

 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Jesús no puede ser una doctrina o una teoría. Jesús es aquel que es capaz que dar pleno sentido a nuestras vidas. Aparentemente San Pedro da una respuesta correcta: Tú eres el Mesías 

Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 

 Es lo que pretende probar San Marcos desde el principio del Evangelio: “Jesús-Mesías-Hijo de Dios”. Justamente, en la mitad del Evangelio, Pedro, en nombre del grupo, afirma que Jesús es el Mesías. Y, al final, el Centurión, después de ver morir a Jesús, dirá que es “el Hijo de Dios”.

Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: 

Con todo, la respuesta de Pedro es insuficiente porque la noción que tiene del Mesías no coincide con la de Jesús. De hecho, San Pedro no acepta un Mesías que termine en una Cruz. Jesús le llega a decir a Pedro: ¡Satanás! porque le quiere desviar del camino señalado por el Padre. Tú, Pedro, ponte detrás de mí.

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Te doy gracias, Señor, porque hoy he aprendido a valorar mi cristianismo, a ser discípulo tuyo, no de palabra, sino de verdad. Yo no puedo pedirte que me quites los sufrimientos, los malos ratos, las incomprensiones y todo lo que esta vida lleva de carga y de peso. Lo que te pido es que no me dejes solo, que me eches una mano, que me des tu gracia para que yo pueda cargar con la cruz de cada día.  

MIERCOLES

“ ¿Ves algo? ”


Betsaida, la ciudad dura de corazón que no cree en los signos que advierte, es escenario de una curación en dos tiempos. Primero, Jesús en persona lo toma de la mano y lo saca de la aldea.

según san Marcos 8, 22-26 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase. 

Primero, Jesús en persona lo toma de la mano y lo saca de la aldea. Lejos de su seguridad, del terreno que pisa a diario sin mirar porque no le hace falta. Es un camino que lo aleja de esa ciudad pecaminosa y obstinada que no cree en el anuncio del Reino. Después, saliva en los ojos.

Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». Levantando los ojos dijo: «Veo hombres; me parecen árboles, pero andan». 

A Jesús le bastaba con imponerle las manos para hacer curaciones, pero como en el caso del sordomudo, su propia saliva es el mejor remedio. Es el fundamento de la caridad, hay que tocar al necesitado rompiendo esa distancia física que nos imponemos no como respeto sino como parapeto. 

El ciego, con esa saliva frotada en los párpados, empieza a distinguir los contornos pero todavía no es capaz de ver con claridad.

Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.


Nos pasa a nosotros también cuando iniciamos el camino exigente del seguimiento de Jesús; cuando Él en persona nos toma de la mano y nos saca de nuestra Betsaida en que moramos ciegos. Es la perseverancia la que acaba por afinar la mirada, la que nos dota de ojos de fe con los que contemplar a partir de entonces la vida.

MARTES

MARTES

“ ¿Y no acabáis de entender? ”





según san Marcos 8,14-21 

La levadura era signo y causa de corrupción. Jesús quiere que nos liberemos de la levadura de los fariseos

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca. Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». 

Diríase que están familiarizados con que, cerca de Jesús, no les va a faltar el sustento.

Pero les traiciona su falta de fe en la providencia del Nazareno porque les invade el temor cuando descubren que no hay más que un pan en la barca.

Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes. 

Discuten y hacen cálculos, tratarían de arreglarlo por su cuenta con sus limitados medios.


En el Evangelio de hoy, Jesús previene a sus discípulos de la levadura de los fariseos y de Herodes.

¿De qué levadura se trata? Los fariseos están anclados en la Ley, en las Instituciones, es decir, en lo viejo. Ya todo está dicho y no cabe esperar nada mejor.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? 

La Pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo.

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? 

Y se encorajina con ellos porque no lo ven, porque la mundanidad les ciega y les embota los oídos:

¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».

Ellos contestaron: «Doce». « ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». 

Pero los discípulos no parecen entender: tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.

Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

En el fondo, querrían otro signo del cielo como reclamaban los fariseos, una nueva señal de que Jesús los salvará del apuro multiplicando de nuevo su pan.


Esta escena del evangelio me habla de la terquedad de los apóstoles. 

Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer.

 Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.

LUNES

 LUNES

“ ¿Por qué esta generación reclama un signo? ”





según san Marcos 8, 11-13 

El Evangelio de hoy presenta una discusión de los fariseos con Jesús. Los fariseos, ciertamente conservadores, tirando al inmovilismo, piden un signo del cielo; tal vez desconcertados por la gran novedad de Jesús. ¿Qué tipo de señales buscaban?

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. 

Aunque a los fariseos hay que reconocerles una actitud religiosa responsable, podría criticárseles que algunos se mostraban cerrados, superiores a los demás y por ende, marginando a otros con su mirada religiosa…

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo?

 En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». 

Hoy, también nosotros podemos caer en actitudes similares al quedarnos en posiciones religiosas estáticas porque es más cómodo… y al condicionar nuestra adhesión al Señor exigiendo señales. En este escenario cual es la actitud de Jesús: no hacer frente a la provocación,

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.




DOMINGO

“ Dichosos vosotros... ”


según San Lucas 6, 17. 20-26 

No olvidemos: la actitud fundamental para el camino de las Bienaventuranzas y de la dicha es la confianza. Entonces somos dichosos; incluso cuando nos toca afrontar el dolor y la contradicción. Especialmente entonces, porque Jesús, al pronunciar las Bienaventuranzas, piensa especialmente en quienes lo están pasando mal

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Jesús miró a sus discípulos con predilección y cariño y les dio la Carta Magna del Evangelio de Salvación, la quinta esencia de sus Palabras de Vida: “Seréis dichosos si las practicáis”… ¡Dichosos, felices, bienaventurados, que quiere decir: ciudadanos del Cielo!…

 Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. 

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. 

Pero en el fondo se trata simplemente de describir dos ámbitos bien precisos: el de los desgraciados de este mundo y el de los bien situados en este mundo a costa de los otros.

Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. 

Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

 ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! 

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

 ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Lucas nos ofrece las bienaventuranzas en el contexto del sermón de la llanura (Lc 6,17), cuando toda la gente acude a Jesús para escuchar su palabra; no es un discurso en la sinagoga, en un lugar sagrado, sino al aire libre, donde se vive, donde se trabaja, donde se sufre.

jueves, 20 de febrero de 2025

¿QUIÉN DECIS QUE SOY?

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN MARCOS (8, 27-33) 

Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: 




 

En Cesárea, el grupo de los discípulos se coloca ante Jesús. La curación del ciego, ha dado su fruto: Pedro, ante la pregunta de Jesús ¿quien decís que soy yo? reconoce en Jesús al Cristo. 

La multitud sólo había llegado alcanzar una parte de la verdad: veía en Jesús a un profeta. Pero Elías y Juan Bautista pertenecen al pasado, mientras que Jesús viene del futuro. Jesús instruye a sus discípulos y levanta sin miramiento el velo: "el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho..." Esta es la misión por la que se reconoce a Jesús: sólo a través del sufrimiento entrará en la gloria del Reino.

Pedro, a quien se le ha concedido ir más allá que al resto de apóstoles y entrar decididamente en el secreto mesiánico pero al que Jesús reprende con ímpetu cuando el primero de sus discípulos reniega de la cruz. Sabe quién es pero no entiende todavía que la pasión es el único camino que conduce a la muerte del hombre viejo y a la gloria de la resurrección. 
Diríamos que no ha entendido nada: quiere preservar, con toda la buena intención que se le presupone, a Jesús de ese padecimiento que se revelará atroz en la cruz en cumplimiento de la voluntad del Padre, no de la propia. 
"Quítate de mi vista, Satanás". 
Pedro necesita profundizar aún más su fe; tiene que aprender que, para hablar debidamente de Jesús, no basta con decir de Él algo que sea verdadero, ha de esperar a la resurrección. Entonces comprenderá a la persona de Jesús y su mensaje: entonces podrá dar testimonio.

A NOSOTROS

Quién es Jesús para ti. Te lo está preguntando a través de la Palabra de hoy. No se trata de acertar con la respuesta como en un concurso; tampoco de aprenderla de memoria para ningún examen. Lo que encierra esa pregunta que se te formula en presente y voz activa hoy, jueves de la sexta semana del tiempo ordinario del año 2022, es el grado de intimidad que tienes con el Señor.




 Gracias a Cristo, la cruz ha venido a ser la fuente de la cual emana todo tipo de gracias y bendiciones para todo el que quiera creer: ¡El instrumento de muerte ha pasado a ser el vehículo que nos da la libertad y la vida!

Pero no te desanimes, se turbe tu corazón si te ves apocado o lejano. Piensa en Pedro.

«Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

También a nosotros  nos  dice que nos pongamos detrás de El y así además de conocerle intentaremos  vivir como El.