YA ES SEMANA SANTA

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jueves, 14 de julio de 2022

VENID A MI TODOS LOS CANSADOS Y AGOBIADOS

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» 


 Hoy el Evangelio nos regala uno de los fragmentos más consoladores, alentadores y esperanzadores del mensaje de Jesús y del ejemplo de su vida. Es una invitación dirigida a todos los que se encuentran "fatigados y agobiados". 


¡Venid a mí los cansados y agobiados! Y, ante esta invitación, no podemos menos que reflexionar sobre aquellos aspectos que producen dolor, hastío, desencanto, desilusión o apatía en nuestro camino. --Con Dios, los acontecimientos se llevan mejor --Con el Señor, las cargas, se hacen más ligeras Con Jesús, los problemas –aún existiendo- se toman y hasta resuelven de otra manera. Porque, apoyarse en el hombro de Cristo, es dar la vuelta a las cosas. Es esperar contra toda esperanza. Es dejar que, la tormenta que nos sacude, se aleje de nosotros sabiendo que, Dios, pondrá todo en su lugar.

Sí, a nosotros: aunque a veces nos las demos de entendidos en todo; aunque presumamos de ser más listos que nadie; aunque, lejos de la sencillez, nos confundamos y nos perdamos en las telarañas de mil y una complicaciones que nos salen a nuestro encuentro. A nosotros; sí, a nosotros se nos revela Dios con toda su fuerza. ¿Qué tenemos para que, Dios, se nos manifieste una y otra vez, sabiendo de antemano que hoy le diremos “sí” y mañana, a la vuelta de la esquina “no”?

 Por eso Jesús nos hace la invitación más necesaria y maravillosa: Él mismo nos aliviará, consolará y reanimará. Y termina la invitación de Jesús a imitarle no tanto en su amor y entrega, pues nunca estaremos a la altura de corresponderle como Él lo ha hecho, sino imitarle en aquello que constituye el fondo de su corazón: su sencillez y su humildad. Nos quiere pequeños y humildes y Dios nos regalará los secretos de su corazón. Esta es la escuela de la sabiduría de Dios ¿Cuántos la frecuentamos? 


NOSOTROS 

Y TE DIGO, SEÑOR, CANSADO ESTOY 

¡Dame vida con tu Palabra! Para que descubra el sendero verdadero

 ¡Dame luz con tu mirada! Para que no me confundan los que pregonan el mundo a su manera 

 ¡Dame alegría con tu Espíritu! Y no me quede con cara larga ante tanto suceso trágico o triste que sacuden lo más hondo de nuestra tierra


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