jueves, 24 de noviembre de 2022
miércoles, 23 de noviembre de 2022
POR MI CULPA OS ODIARAN
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,12-19)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán,
Os odiarán por mi culpa
El evangelio de Lucas pone en boca de Jesús unas palabras que quieren fortalecer a los cristianos en su vida diaria apelando a la esperanza:" Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Efectivamente Jesús con estas palabras anticipó lo que fueron los inicios de la Iglesia, tiempos no muy fáciles.
Es una invitación a la perseverancia, a vivir con tensión, en guerra con la vulgaridad que usurpa nuestra identidad. Lo que le importa es saber que nuestra más íntima identidad personal la tiene Dios en sus manos.
Mientras Él “nos piensa” y “nos nombra”, sostiene nuestra existencia.
Por eso, ser cristiano se consideraba una amenaza para el sistema reinante. Cuando a nadie resultemos “molestos”, conviene que nos preguntemos quiénes estamos siendo.
La persecución, el martirio y la muerte estaban al orden del día. Sin duda, la venida de Jesús no ha dejado a nadie indiferente, ha sido como un faro que ilumina el desarrollo de la historia.
Hemos recibido la esperanza para que ésta nos ilumine y nos haga luchar todos los días por la dignidad de las personas y para hacer resplandecer toda la belleza y grandeza que tiene este mundo.
Señor, nunca permitas que me separe de Ti o que te sea infiel.
Quiero perseverar en mi fe católica hasta el último suspiro de mi vida y morir como fiel hijo de tu Iglesia
Somos hijos de Dios y por lo tanto no nos rendimos-
ORACIONES CRISTO REY Y SEMANA
CISTO REY
martes, 22 de noviembre de 2022
NO QUERARÁ PIEDRA SOBRE PIEDRA
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-11)
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el Siglo XXI. Él nos repite: “Mirad no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre”.
Es cierto, que la Paz tarda en llegar y la tierra tiembla bajo nuestros pasos. La guerra y los conflictos no cesan de desgarrar nuestro mundo y hemos de reconocer que el corazón del hombre está enfermo.
El fin del mundo, el fin de esta manera "enferma" de vivir acabó en aquella hora cuando murió el Hijo de Dios. Y empezaron los cielos nuevos y la tierra nueva.
Por eso Jesús previene a los suyos: cuidado de ir detrás de falsos profetas, de anunciadores de cataclismos y catástrofes que no dejan resquicio a la esperanza.
A nosotros nos toca vivir este tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia, tiempo para reconstruir el mundo y reconstruir la esperanza.
NOSOTROS
Jesús nos pone en guardia: “¡No los sigan!”.
Así en el día a día, cuando estemos tentados de creer que todo lo que nos rodea es caótico, que todo conduce a ninguna parte, recurre a la esperanza y recordar...“cielo y tierra pasaran, pero mis Palabras, se cumplirán”. Es posible que todo se tambalee pero no así la Palabra de Dios, que se cumple y se realiza. Por eso ante las malas noticias, no debemos dejarnos llevar del miedo, ni del pánico, que nadie os robe la esperanza – nos recuerda el Papa Francisco- , Dios siempre nos invita a la esperanza.
¡A construir hermanos, que ya son muchos los que destruyen con sus comentarios, quejas y críticas! Seamos instrumento de paz y bien para los demás.
¿ cuál es la actitud actitud? Es la actitud de esperanza en Dios, no podemos permanecer esclavos de los temores y de las angustias y el Señor nos llama a colaborar en la construcción de la historia, convirtiéndonos, junto a Él, en pacificadores y testigos de esperanza en un futuro de salvación y resurrección.
La fe nos hace caminar contigo por las sendas de este mundo, muchas veces tortuosas.
lunes, 21 de noviembre de 2022
SER DON PÀRA LOS DEMÁS
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,1-4)
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas;
vio también una viuda pobre que echaba dos reales,
La viuda del atrio del templo ha de ser un ejemplo para los discípulos: lo ha dado todo. Pero no resalta por viuda ni por pobre sino por que tenia necesidad ..... y da.
Sin hacer cálculos. Lo ha dado todo por nada: ¿ qué representan dos moneditas en el tesoro del templo? Lo ha dado todo, gratuitamente. Era pobre y viuda, y por eso no tenía nada que ofrecer más que su cuerpo y su alma. Y puesto que eso era lo que tenía, ofreció más que nadie.
NOSOTROS
Dar de lo que tenemos y nos sobra es fácil.
Si Jesús pone a esta mujer como ejemplo, es porque la fe del discípulo debe ser reflejo de su actitud. Tenemos que darlo todo. Desprendernos de todo y, por tanto, darnos nosotros mismos al otro.
No solo que pongas tus dones y cualidades al servicio de los demás, Jesús propone otra forma de servicio más profunda y plena: hacer de tu vida un don para los demás.
Tu y yo podemos aprender de la conducta de esta viuda nos enseña a dar con generosidad, aprendamos del mismo testimonio de Ntro. Señor, que no se guarda nada para sí, nos entrega su propia vida, nadie ama más que aquel que da su vida, y la da como un acto supremo de amor. Generosidad es compartir nuestro tiempo, cualidades, bienes… todo lo que somos.
El Señor ve el grado de amor con que nos dedicamos a Él, a su servicio, a los demás.
Pidamos al Señor que nos admita en la escuela de esta pobre viuda, que Jesús,. Ya das de tus necesidades:
-si estas necesitado de amor tienes que dar amor.
- si estas necesitado de compañia tienes que dar compañia
Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita.”
domingo, 20 de noviembre de 2022
TU REINO SEÑOR
según san Lucas 23,35-43
“ Por él quiso reconciliar consigo todos los seres ”
En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Por si a estas alturas de la revelación de Jesús, alguien pudiera, tener una idea equivocada sobre Dios, Jesús hoy acaba de descorrer el velo que nos ocultaba a Dios y nos da una última clave, definitiva, para saber cómo piensa, por qué lo hace y que es lo que espera de nosotros Dios.
Con el fiesta de Cristo Rey llegamos al final del año litúrgico y ¿ Que es la fiesta de Cristo Rey? Fácil el resumen de todo el año y la razón de todo.
De El aprendemos escuchando su Palabra y a El le cantamos, le Damos gracias, le damos las alabanzas y por El nos acercamos los Domingos a celebrar la Eucaristía.
Y si alguno desorientado pregunta a estas alturas ¿ dónde está el Señor para amarlo? o, ¿ cómo se le puede expresar su amor?
El Reino de Cristo es reino de amor, Y así lo reconoció el buen ladrón un moribundo reconoce en otro moribundo al Hijo de Dios y sus distintivos son fáciles de entender: la cruz como trono, una jofaina y una palangana como cetro y una toalla como manto real.
Así reina Dios, SIRVIENDO. Y así, y no de otra manera, nos quiere ver Dios a nosotros sus hijos, sirviéndonos los unos a los otros. ¡Viva Cristo Rey!
NOSOTROS
Tenemos que ver la diferencia entre la realeza de Jesús y la realeza del mundo que nos rodea.
La del mundo se apoya en la ambición, la competición, la ostentación, el poder, más bien.
La realeza del Señor que se expresa en la entrega, la humildad, el servicio, la gratuidad, que se afirma silenciosamente pero eficazmente en la fuerza de la verdad. No es poder mundano, sino amor que sirve. “Mi reino no es de este mundo… no es de aquí”.
El malhechor que le ruega diciendo: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Esta persona, mirando simplemente a Jesús, creyó en su reino. Y no se encerró en sí mismo, sino que con sus errores, sus pecados y sus dificultades se dirigió a Jesús.
Hoy, desde la cruz, nos enseña que –el camino del servicio, del amor y de la entrega- es la mejor forma de ascender un día hasta su presencia.
¿Nos gusta ese trono en forma de cruz? ¿Queremos reinar con El?
REINARÉ, CONTIGO, SEÑOR
Huyendo de la grandeza y del poder abrazando, con humildad y obediencia, el peso de la cruz que surja por delante
Sin más bandera, que el evangelio en la mano Sin más fortaleza, que el alma bien dispuesta Sin más armas, que el amor que dinamita el odio Sin más corona, que el servicio cumplido
REINARÉ, CONTIGO, SEÑOR Anunciando tu misericordia y tu lealtad Tu presencia y tu comunión con el Padre Tu fidelidad y tu reinado de vida y verdad Amén.
sábado, 19 de noviembre de 2022
FIESTA DE CRISTO REY 2022
NO ES UN REY CUALQUIERA!
El próximo domingo entraremos de lleno en el Adviento, tiempo de preparación a la Navidad.
La Solemnidad de Cristo Rey resume, centraliza, de alguna manera, todo aquello que hemos ido compartiendo con Jesús durante estos últimos meses. Sus palabras, sus hechos, su paso entre nosotros, sus indicaciones….no nos pueden dejar indiferentes. Hoy, ponernos frente a El, conlleva el sentirlo y situarlo en el eje de todo lo que somos y realizamos.
¿Es así? ¿Está Jesús en el núcleo de nuestra existencia y de nuestras decisiones?
Nuestras actitudes y nuestras obras, nuestros pensamientos y nuestros deseos ¿están orientados por la brújula de su Reino?
Seguir, a Jesús Rey, nos complica un poco la vida. El feudo del mundo es muy distinto al que Jesús nos propone, sugiere y anhela.
*En el dominio del mundo, las armas, suenan demasiado y se hacen de valer otro tanto. En el reino de Jesús, el amor vence sobre el odio y, la mayoría de las veces, no mete ruido.
*En los destinos del mundo, el poder y la ley, se imponen sobre la razón, e incluso, sobre la dignidad de las personas. En el reino de Jesús, la humildad, se ofrece como don y, el otro, es un bien sagrado.
*En el gobierno del mundo, el ser servido, se paga y se valora. En el reino de Jesús, el servir, no se recompensa. Se exige y...queda como huella impresa en la Vida Eterna.
*En la soberanía del mundo, lo externo, es esencial o decoroso. En el reino de Jesús, la sobriedad y la sencillez son sellos que llevan en su frente los amigos de Cristo.
¡Qué extraño reino y qué extraño Rey! Es el reino del mundo...pero al revés. Es un Rey que, sin empuñar el cetro, se expresa con autoridad.
Es un rey que, sin ser ceñido por corona de oro alguna, su rostro brilla con el esplendor de la verdad y del amor, con los colores de la esperanza y de la paz, con el fulgor del perdón y de la confianza en Dios. Sí, amigos. ¡Jesús es Rey!
Un Rey que, lejos de llamarnos vasallos, nos ha emplazado “¡amigos!”.
Un Rey que, lejos de cerrarnos sus puertas, las ha abierto de par en par, para que comamos de su pan; para que seamos conocedores de sus sentimientos; para que descubramos el gran secreto de su presencia en medio de nosotros: Dios.
¿Nos atrevemos a formar parte de la milicia de este pequeño gran Rey?
Qué bueno sería que hoy, en este último domingo del ciclo litúrgico, nos comprometiésemos con El: *El perdón, Señor, será nuestro escudo
*El amor, Señor, nuestra armadura
*La alegría, Señor, nuestra artillería
*La justicia, Señor, nuestro fuerte
*Tu Palabra, Señor, nuestro descanso
*Tu paz, Señor, nuestra avanzadilla
*La fe, Señor, la seguridad y la trinchera para llegar y alcanzar la meta.
Si, hermanos; Jesús, como Rey, espera respuestas e intrépidos cristianos que sepan enarbolar todas estas banderas que definen su peculiar Reino, y que ondean en lo más alto de su palacio.
Si, hermanos; Jesús, como Rey, observa desde lo más alto del cielo a los que, con pobreza y torpeza, ilusión y fatiga, entusiasmo y desencanto, luces y sombras….intentamos adelantar, llevar al día a día, las semillas de su Reino.
Pues, bien lo sabemos, esas simientes las tenemos todos dentro. Es entonces cuando, Cristo, se convierte en el auténtico Rey de aquellas personas que creen en El, esperan en El y dan la vida, aunque sea en insignificantes ofrendas; en pequeños detalles.
Y, si alguno de nosotros, piensa que para ser “rey” hace falta poseer un trono, que no olvide y mire a la cruz de Cristo. Ella, la cruz, es un trono con el que nos tropezaremos en momentos inciertos. Un trono del que lejos de huir, hemos de saber permanecer con el valor del que sabe que, no hay mejor cosa, que ofrecerse y entregarse por los demás como, Jesús Rey, lo hizo: hasta el final y con todas las consecuencias. ¡Viva el gran Rey!
YO QUIERO SER DE LOS TUYOS, MI REY Donde quieras tu señorío, deseo que cuentes con mis manos Donde necesites tus caminos, sabes que mis pies se aventurarán en ellos Donde, tus Palabras, deban de ser escuchadas, te ofreceré mis labios
YO QUIERO SER DE LOS TUYOS, MI REY
De aquellos que amen, sin contraprestación alguna De aquellos que perdonen, sin llevar cuentas del pasado De aquellos que ayuden, sin pregonarlo a los cuatro vientos De aquellos que siembren justicia, sin miedo a ser derrocados
Sé, Señor, que estás necesitado de vasallos: ¡Aquí tienes uno!
YO QUIERO SER DE LOS TUYOS, MI REY Y, cuando en tierra de misión, asome el trono de la cruz que no olvide, Señor, que nunca me fallarás. Amén.
DIOS NO ES UN DIOS DE MUERTOS SINO DE VIVOS
según san Lucas 20,27-40
En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos.
viernes, 18 de noviembre de 2022
MI CASA ES CASA DE ORACIÓN
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (19,45-48)
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: "Mi casa es casa de oración";
El culto debe ser toda nuestra vida, vivida en fidelidad a la voluntad de Dios.
El Señor es nuestro modelo. Y como decimos al concluir la plegaria eucarística: Por Cristo, con Él y en Él, todo para mayor gloria suya. Así debemos desear que sea toda nuestra vida por Cristo y para Cristo.
NOSOTROS
Demos gracias a Dios por esta Iglesia nuestra que después de tantos siglos sigue en marcha. Sin duda es un misterio de fe, pues a pesar de contar con fallos humanos, solo la vida sencilla, sincera y entregada de tantos hermanos a las necesidades de los demás nos recuerda que hay otra manera de hacer Iglesia: desde la oración y la entrega generosa.
DESTRUCCIÓN DELTEMPLO DE JERUSALÉN

En el 66 d.C., la población judía se rebeló en contra del Imperio romano.
Cuatro años después, el 70, las legiones romanas bajo las órdenes de Tito reconquistaron y luego destruyeron la mayor parte de Jerusalén y el Segundo Templo.
El arco de Tito, levantado en Roma para conmemorar la victoria de Tito en Judea representa los soldados romanos llevándose la Menorah del Templo.
Jerusalén fue arrasada por el Emperador Adriano nuevamente en 135.
Lo único que ha quedado son restos del muro de la explanada, no del templo en sí.
De todas formas sigue siendo desde entonces un "monumento símbolo" y el sitio de referencia más sagrado para el judaísmo.19
¡
De acuerdo con la historia, cuando las legiones del emperador Vespasiano destruyeron el templo, sólo una parte del muro exterior quedó en pie.
El entonces general Tito dejó este muro para que los judíos tuvieran el amargo recuerdo de que Roma había vencido a Judea (de ahí el nombre de Muro de las Lamentaciones).
Los judíos, sin embargo, lo atribuyeron a una promesa hecha por Dios, según la cual siempre quedaría en pie al menos una parte del sagrado templo como símbolo de su alianza perpetua con el pueblo judío.
Los judíos han orado frente a este muro durante los últimos dos mil años, creyendo que este es el lugar accesible más sagrado de la Tierra, ya que no pueden acceder al interior de la Explanada de las Mezquitas, que sería el más sagrado de todos.
En todo caso, las oraciones hebraicas frente al muro no se limitan a los lamentos. Se lee el libro de los Salmos y se realizan ceremonias de Bar Mitzva. Alabanzas y peticiones (orales y escritas) son comunes y continuas.
Frente a él se lamenta comúnmente la destrucción de la ciudad y la dispersión del pueblo hebreo, siendo el viernes un día de especial intensidad.

La tradición de introducir un pequeño papel con una plegaria entre las rendijas del muro tiene varios siglos de antigüedad.

Entre los rezos de los judíos se incluyen las fervientes súplicas a Dios para que vuelva a la tierra de Israel, el retorno de todos los exiliados judíos, la reconstrucción del templo (el tercero) y la llegada de la era mesiánica con la venida del mesías judío.
El Muro de los Lamentos es sagrado para los judíos debido a que es una de las pocas partes que quedaron en pie luego de que los romanos destruyeran el Templo de Jerusalén.
El Muro Oriental y el Muro Sur también sobrevivieron parcialmente el embate romano, pero el Muro Occidental está más cercano al Sancto Sanctorum o Santo Santuario (1Reyes 8:6-8), el sector más sagrado del Templo al que solamente podía acceder el Sumo Sacerdote una vez al año.
A diferencia del Muro Oriental y el Muro Sur, el Muro Occidental se convirtió en el lugar tradicional de oración.

jueves, 17 de noviembre de 2022
JERUSSALÉN, JERUSALÉN.... SI RECONOCIERAS
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (19,41-44)
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!
Seguimos la lectura semi continua del Evangelio según San Lucas; continuamos en el capítulo diecinueve, donde quedamos ayer. Después de la parábola de las minas (monedas), el evangelista nos narra la subida de Jesús desde Jericó hacia la ciudad de Jerusalén y su entrada triunfal en ella; y, en medio de este estallido de alegría de la multitud que acompaña al Maestro, Él se lamenta y llora por Jerusalén y hace el primero de sus tres anuncios sobre la destrucción de la ciudad santa, manifestándose como el Rey que sentencia a la ciudad que lo va a rechazar; en efecto la ciudad será destruida por Tito en el año 70 DC.
El Señor Jesús, como antes Moisés, Jeremías, Isaías y Oseas, se identifica con la rabia, la angustia, la frustración y el dolor de Dios por Israel, el pueblo rebelde.
Por lo tanto, la profecía de Jesús, sobre el desastroso final que tendrá la ciudad de Jerusalén, se inspira y es heredera de una serie de profecías del AT sobre la ciudad santa; de esta manera el Señor muestra como los dirigentes de Jerusalén repiten los mismos errores de sus antepasados.
El gran error de Jerusalén fue no reconocer el momento de la salvación que llegaba con Jesús, no reconocer la visita de Dios; Zacarías (el padre de Juan Bautista) y la gente de Naín, reconocieron la visita de Dios, pero la ciudad santa no.
No es una amenaza ni un vaticinio de la destrucción futura de la ciudad como castigo divino. Él no ha hecho más que mostrar la misericordia de un Dios que perdona. Pero no es ciego a lo que su pueblo puede causarse a sí mismo por haberse negado a comprender lo que conduce a la paz. Quien obstinadamente rechaza la paz, atrae contra sí la guerra y la desgracia.
Jerusalén cuyo nombre significa paz no comprendió el “mensaje de paz” traído por el Maestro de Nazaret.
Jesús llora
Llora ante el final que le espera y llora por lo que sufrirá ese pueblo al que él ama.
Él ha venido como príncipe de la paz y ellos no han sido capaces de reconocer en su venida el gesto amoroso de Dios.
JESUS LLORA AL ENTRAR EN JERUSALEN
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44)
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!
Hoy sorprendemos a Jesús llorando que expresa su verdadera humanidad
En el Evangelio de hoy, contemplamos al Señor llorando, viendo la resistencia de aquella gente a aceptar su salvación: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”. Ve la frialdad de un pueblo endurecido que no reconoce la visita de Dios en la persona y palabra de su propio Hijo.
Jerusalén significa “ciudad de paz” y el Señor llora porque entre las consecuencias de no acoger al Hijo de Dios se encuentra el que no conocerán la paz.
Un Dios enamorado de ti y quiere que seas feliz. Y llora por la humanidad que no comprende, la paz que nos ofrece, la paz de su amor.
Jesús llora por Jerusalén. Es un lamento profético, un grito no desesperado pero sí dolido, transido de la decepción que aporta contemplar la contumacia en el error de quienes tienen que convertirse para empezar a construir el reino.
Las lágrimas de Jesús son expresión de ternura, de amor incomprendido y rechazado. Las lágrimas de Jesús nos hablan de un Dios cercano, que tiene entrañas de misericordia, que se alegra con nosotros cuando nosotros reímos y sufre con nosotros cuando nosotros lloramos. ¡Qué finura de amor!
Todo lo que está escondido y no se ve está ahí anunciado en clave profética, de aviso imposible de ignorar, para cambiar de sentido de la marcha y volver a andar por el camino que conduce a la paz interior que da hacer la voluntad del Padre.
Jerusalén, que maltrata a los profetas, verá su destrucción pronto. No es la ciudad en sí, sino esa capital del territorio que campea en el alma de cada persona la que se verá sometida a estado de sitio, arrasada hasta que no quede piedra sobre piedra.
Pero hay esperanza, todavía hay un portillo por el que escapar de este aciago final: reconocer lo que conduce a la paz.
NOSOTROS
Me impresionan y me emocionan estas palabras del Evangelio: “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella”.
Jesús habla, dialoga, sugiere, ofrece la salvación…pero jamás tira la puerta de nuestra libertad. “Estoy a la puerta y llamo” (Ap. 3,20). Llama y espera.
Si se le abre, entra; si se le cierra la puerta, se va; pero con los ojos arrasados en lágrimas. Si no le importara su pueblo, si no tuviera cariño por su pueblo, se marcharía tranquilo después de haber hecho todo lo que podía hacer.
¡¡ Jerusalen Jerusalen !!si reconocieses...
Si nosotros reconociésemos lo que conduce a la paz. Reconocer lo que recibimos en el Bautismo, lo que recibimos en los sacramentos sobre todo los domingos en la Eucaristía... un poco de pan, de la Palabra, del silencio.
Si reconociésemos además el don que Dios nos da en la oración , en la visita al Santísimo
Pero tenemos un problema .....no reconocemos
Pero Jesús ama a su pueblo, a su ciudad: “Jerusalén, Jerusalén…cuantas veces te he querido reunir como la gallina a sus polluelos, y no has querido” (Mt. 23,37).
El pueblo y la ciudad somos tu y yo.
¿Creo que Jesús ha llorado por mí en algún momento?
¿De qué manera he hecho sufrir a Dios?
¿Qué puedo hacer para no cometer el mismo error de Jerusalén?
HOY INTENTAMOS NO SER EL MOTIVO DE LAS LÁGRIMAS DE JESÚS.
miércoles, 16 de noviembre de 2022
NEGOCIAD MIENTRAS VUELVO
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,11-28)
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro.
“Negociad mientras vuelvo”.
Por medio del genero de las parábolas nos hablan de un rey y la invitación a negociad mientras el vuelve. La parábola de las onzas de oro, nos trae a la memoria a otra parábola la de los talentos, vemos cuanta similitud, en ambas parábolas se nos resalta que somos administradores de bienes que se nos confían y no propietarios, asumir esa gran verdad, que todo lo hemos recibido, que no nos pertenece,
El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía: ¿cuál es su patrimonio? Ni más ni menos un gran potencial , regalo de Dios , al nacer.
El Señor nos entrega unos dones y nos invita a colaborar con Él en la construcción de su reino no para guardarlo, sino para hacerlo crecer.
El hoyo cavado en la tierra por el “siervo malvado y holgazán” indica el miedo del riesgo, que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor.
Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquean. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte, esto no nos lo pide Jesús, sino que quiere que la usemos para el bien de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijera:
“Aquí tienes mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos lo más que puedas”.
Esta parábola nos empuja a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva.
El Señor no da a todos lo mismo y de la misma forma: nos conoce personalmente y nos confía lo que nos hace falta; pero en todos hay algo que es igual, pone la misma inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. ¡No le defraudemos! No nos dejemos engañar por el miedo, sino devolvamos confianza por confianza.
NOSOTROS
Tenemos que pensar que cuando el Señor vuelva.... que nos encuentre llenos de frutos de santidad y de justicia porque hayamos pasado haciendo el bien a todos, sin distinción de razas, lenguas, sexos, culturas o clases sociales y por lo menos decirle: Señor lo he intentado
Entonces seremos dignos de participar de su gloria eternamente.
Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón nos ayudará a poner en practica nuestros dones
¿Y nosotros qué hemos hecho?
¿A quién hemos “contagiado” con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo?
JERICÓ
JERICÓ
Situado cerca del río Jordán,
Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo, cuyas ruinas son de un asentamiento que data de 8000 años antes de Cristo.
La orilla oeste del río Jordán es para los cristianos el lugar habitual de peregrinación que conmemora el bautismo de Jesús por Juan el Bautista.
Fue aquí, en Jericó, donde Jesucristo devolvió la vista a Bartimeo y convirtió al rico Zaqueo realizando, a favor de estos dos personajes, su ministerio de Buen Pastor.
Historia
Importante ciudad del valle del Jordán (Dt. 34:1, 3), en la ribera occidental del río, a unos 8 Km. de la costa septentrional del mar Muerto, y aproximadamente a 27 Km. de Jerusalén.
Jericó se halla en la parte inferior de la cuesta que conduce a la montañosa meseta de Judá. La ciudad era conocida como la ciudad de las palmeras (Dt. 34:3; Jue. 3:13); la primera mención en las Escrituras se da en relación al campamento de los israelitas en Sitim (Nm. 22:1; 26:3).
La situación de Jericó, ciudad muy fortificada, le daba el dominio del bajo Jordán y de los pasos que llevaban a los montes occidentales; la única manera de que los israelitas pudieran avanzar al interior de Canaán era tomando la ciudad.
Moisés nunca pudo llegar a estas tierras, quedándose en el Mt. Nebo su última visión de la Tierra Prometida.
Josué envió a dos espías para que reconocieran la ciudad (Jos. 2:1-24), el pueblo atravesó milagrosamente el Jordán en seco, y plantaron las tiendas delante de la ciudad. Por orden de Dios, los hombres de guerra fueron dando vueltas a la ciudad, una vez por día, durante seis días consecutivos.
En medio de los soldados, los sacerdotes portaban el arca del pacto, precedida por siete sacerdotes tocando las bocinas.
El séptimo día dieron siete veces la vuelta a la ciudad; al final de la séptima vuelta, mientras resonaba el toque prolongado de las bocinas, el ejército rompió en un fuerte clamor, las murallas se derrumbaron, y los israelitas penetraron en la ciudad.
La toma de Jericó según un grabado de Jean Fouquet.En cuanto a la fecha, sería alrededor del año 1403 a.C.
Jericó se halla a casi 240 m. por debajo del nivel del mar Mediterráneo, en un clima tropical, donde crecían las balsameras, la alheña, los sicómoros (Cnt. 1:14; Lc. 19:2,
Las rosas de Jericó eran consideradas extraordinariamente bellas (Eclo. 24:14).
La antigua Jericó se elevaba muy cerca de las abundantes aguas llamadas en la actualidad ‘Ain es-Sultãn; ésta es indudablemente la fuente que Eliseo sanó (2 R. 2:12-22; Guerras 4:8, 3). La Jericó moderna, en árabe «Er-Riha», se halla a 1,5 Km. al sureste de la fuente.
La tradición cristiana
Jericó es la ciudad que Josué, hacia el año 1200 a. C., conquistó de manera pacífica (Jos 2,1-4,24) gracias a las famosas trompetas que, en la simbología bíblica, manifiestan la intervención de Dios: el asedio en Jericó del pueblo de la Alianza mosaica fue un don de Dios.
En esta antiquísima ciudad, la ciudad fortificada más antigua conocida hasta la fecha en Oriente, que se remonta a 8.000 ó 9.000 años, se sitúa el Tel- Es-Sultan, una pequeña colina de 15 metros en la que, en los años 1955-56, miss Kenyon dirigió unas excavaciones arqueológicas.
Jericó es también el lugar evangélico en el que Jesús curó a dos hombres enfermos: Bartimeo, herido en su físico por la ceguera, y Zaqueo, herido en su alma por sus pecados (Lc 18-19).
Los pocos sicomoros que aún se encuentran en la actual Jericó recuerdan a los peregrinos el sicomoro sobre cuyas ramas se subió Zaqueo para ver a Jesús.
La pequeña iglesia católica latina está dedicada a Jesús, el Buen Pastor, porque, tanto para Bartimeo como para Zaqueo, Jesús fue efectivamente un auténtico Buen Pastor.
Es la iglesia parroquial de una pequeña comunidad de alrededor de 200 árabes cristianos. A pocos pasos se encuentra la iglesia ortodoxa, que cuenta con unos 250 fieles.
Dos escuelas católicas (una masculina y otra femenina) reúnen a todos los hijos de las familias católicas y ortodoxas, y a un buen número de niños musulmanes (Jericó cuenta con unos 25.000 habitantes árabes musulmanes).
Monasterio de las Tentaciones



