YA ES SEMANA SANTA

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miércoles, 7 de febrero de 2024

JOSE COMPROMETIDO DE MARIA

  Estaba comprometido para casarse con una mujer del pueblo, llamada María. 




Cuando todavía no habían vivido juntos, María concibió a un hijo por obra del Espíritu Santo. Entonces



José advirtió que María estaba encinta. En sus zozobras, decidió repudiarla en secreto. Para las mujeres que eran infieles con su compromiso de desposadas, la ley mandaba que se las lapidara. José, como “era justo”, es decir, un hombre bueno, decidió desaparecer y así no llevar a cabo este mandado tan duro.



Pero un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que hay en su vientre proviene del Espíritu Santo».



 Ella dará a luz a un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados» (Mt 1, 20-21)



 José y María se casaron 





 comenzaron a vivir en una pequeña casa de Nazaret, mientras esperaban el nacimiento de Jesús. José era carpintero de oficio y trabajaba haciendo encargos en madera para todos los vecinos.

 En aquella época, apareció un decreto del emperador Augusto, que ordenaba realizar un censo en todo el mundo.

Cada familia debía ir a inscribirse a su lugar de origen y José tuvo que partir con María embarazada a la ciudad de Belén, de donde era el rey David. 



Cuando llegaron a Belén, a María le llegó la hora de ser madre y tuvieron que refugiarse en un pesebre, porque no encontraron lugar en ningún lado donde pasar la noche. ¡Cuánto debe de haber trabajado José esa noche! Preparando la cuna, limpiando el lugar, ayudando a María. José estuvo presente junto a María, en el sagrado momento en el que Jesús, el hijo de Dios, se hizo hombre. Y él también lo acunó en sus brazos, lo abrazó y lo besó dándole la bienvenida.

Esta era su gran misión en la vida: ser el esposo de María y el padre adoptivo de Jesús, 




cuidarlos y protegerlos a ambos. José recibió a los pastores de Belén, que llegaban a saludarlos y a adorar al niño; 




y también a los magos, que llegaban de Oriente con sus regalos de oro, incienso y mirra.



 Después de la partida de los magos, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se fue a Egipto. 






Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, cuando fue avisado nuevamente por el ángel y regresó a Nazaret.

SAN JOSE CARPINTERO

Oficio 

El Evangelio de Mateo afirma que Jesús de Nazaret era «hijo del carpintero» (Mateo 13:55a) y el Evangelio de Marcos afirma que a Jesús mismo le hacían de ese oficio: «¿No es éste el carpintero?» (Marcos 6:3). 

 El término griego usado en ambos casos, «τέκτων», no corresponde específicamente a «carpintero», sino a «artesano», a «obrero»,​ aunque más frecuentemente se diga de José que era carpintero. 

De hecho, así se lo suele traducir en todas las Biblias, incluyendo la Biblia de Jerusalén.

​ Por otra parte, la palabra "carpintero" tenía también el sentido figurado de "sabio" para los judíos de la época de Jesús, por lo que el versículo de Marcos podría por un epíteto laudatorio y no una indicación de la profesión de Jesús.

Es una de las pinturas más conocidas del pintor francés Georges de La Tour. 



Está realizado en óleo sobre lienzo. Se calcula que fue pintado a principios de la década de los años 1640, en 1642 o 1645. 

Mide 137 cm de alto y 102 cm de ancho. Se exhibe actualmente en el Museo del Louvre de París, a donde llegó por la donación Percy Moore Turner, en 1948.


 En el cuadro, José de Nazaret trabaja una viga delante del Niño Jesús de Nazaret, que lo ilumina con una vela. José es carpintero de armar o de obra de afuera, esto es, carpintero que hace las armaduras, entramados y demás armazones de madera para los edificios. San José es el patrono de este gremio.

 La vigueta que José está serrando se interpreta como una prefiguración de la madera de la cruz en la que morirá Jesús. 

Esta pintura muestra el interés de Georges de La Tour en las diversas fuentes de luz. Es una obra de madurez del pintor, plenamente tenebrista. La fuente de luz artificial es explícita, como en el caso de la escuela de Utrecht y en particular de Gerard van Honthorst: una vela.

 





La fuente de luz modela abruptamente las figuras, mientras que el resto se sume en la oscuridad. Se crean interesantes sombras en la pared del fondo, así como en el traje del Niño y en el suelo, producida esta última por su sandalia. 





El niño sujeta la vela con una mano, mientras coloca otra delante. Con gran maestría se representan las sombras en la mano derecha de Jesús, así como la forma en que la luz incide en la mano izquierda, haciendo traslúcidos los dedos y filtrándose entre ellos.1​ La pintura es casi monocroma. 

El rostro de José está tratado con trazos gruesos de pintura que evidencian sus arrugas. Una mancha gruesa de pintura consigue representar la barba. 



San José era un “tekton”. La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación. 

 Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22). Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!





Modelo de silencio y de humildad 

 Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el “Santo del silencio”.



Pierre Civil


 Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “sean pocas tus palabras”.

 Es decir, su vida sencilla y humilde se entrecruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.


Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la mas perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos.”

San José ejerció sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció sobre María, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo. Ambas funciones constan en el Evangelio. Al encontrar al Niño en el Templo, la Virgen reclama a Jesús:”Hijo, porque has obrado así con nosotros? 

Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos”. María nombra a San José dándole el título de padre, prueba evidente de que él era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en José un reflejo y una representación auténtica de su Padre Celestial.
Jose Ribera, M del Prado

martes, 6 de febrero de 2024

SU CORAZÓN ESTÁ VACIO

  evangelio según san Marcos (7,1-13) 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos (los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)


Cuando se confunde lo esencial con lo secundario, cuando se le empieza a dar tal importancia a algunas cosas que realmente no la tiene en la vida de la fe, estamos haciendo una religión a la medida del hombre y no a la medida de Dios. 

Algo así le pasó a los fariseos y también nos puede ocurrir a nosotros, querer ser tan perfeccionista en las cosas de Dios que terminamos cargando de normas y preceptos no escritos a los fieles pensando así imitar la santidad de Dios.

 Jesús de nuevo, viene a poner cada cosa en su sitio, y afirma que lo importante es "comer juntos". Lavarse o no las manos no puede ser un impedimento para la comunión entre todos. 

Que lo esencial en la fe es la práctica sincera del amor a Dios y a los hermanos y, cualquier norma, cualquier costumbre o tradición que ponga en peligro este precepto no viene de Dios porque Dios es amor y nos ha creado a "su imagen y semejanza" para que también nosotros vivamos de y por amor.



 Hoy seria bueno mirarnos por dentro y ver hasta qué punto mi fe me lleva a saber distinguir lo esencial, lo que de verdad importa y lo que no, ¿No serán nuestros problemas, tensiones y luchas el resultado de haber confundido el amor de Dios con lo que es simplemente nuestra manera de ver la cosas y nuestro modo tantas veces interesado de amar?

A lo largo de nuestra vida es muy fácil convertir el seguimiento de Jesucristo en una especie de seguimiento “manualístico” …, un seguimiento normativo. Olvidamos que a quién estamos siguiendo es a una Persona…, una Persona real.

Jesús cuando dice “me honran con sus labios, pero su corazón está fuera de mí” lo dice con dolor, con tristeza, lo dice así pues realmente lo siente, ¡

FRASES DE BENEDICTO XVI

"Cuando se reza el Rosario de modo auténtico, no mecánico y superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra en sí la fuerza sanadora del Nombre Santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Avemaría". (Discurso, 03 de Mayo de 2008)



"Tener fe y amar a Dios y a los demás ¿qué hay que sea más apasionante? ¿qué hay que sea más bello? (Discurso, 29 de Diciembre de 2012)



Aquellos que son tocados por el amor comienzan a sentir lo que realmente sería la "vida". Comenzar a entender lo que significa la palabra de esperanza que nos encontramos en el rito del Bautismo: de la fe espero «vida eterna» - la vida real que, total y sin amenazas, en toda su plenitud es simplemente la vida. Jesús, quien dijo de sí mismo, que él vino porque tenemos vida y la tenemos en plenitud, en abundancia (cfr Gv 10,10), nos explicó también lo que significa «vida»: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y el que has enviado, Jesucristo» (Gv 17.3).



"La santidad no consiste en no equivocarse o no pecar nunca. La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdonar". (Audiencia General, 31 de Enero de 2007)

sábado, 3 de febrero de 2024

JOSÉ DE NAZARET

Su fiesta se celebramos, en la antesala del inicio de la Semana Santa, la festividad de San José
. El santo de las pocas palabras. 
El Patriarca de la Iglesia. El hombre que, desde el silencio, hizo más que muchos, que se pierden y adornan el vacío de sus vidas con miles de palabras que se pierden en el espacio y en el tiempo.


Pintura de san José por William Dyce

San José custodio de la Sagrada Familia 

 En un pueblo de Palestina, llamado Nazaret, vivía un hombre bueno llamado José.

San Jose orando. Raul Berzosa

 José (o Joseph en su transcripción arcaica al español, usada hasta inicios del siglo xix) 

es un nombre masculino de origen hebreo que deriva de yôsef (יוסף) «añada», del verbo lehosif (להוסיף) «añadir». 

La explicación del significado de este nombre se encuentra en el libro del Génesis, al describir nacimiento de José, el hijo preferido del patriarca Jacob. Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno, y ella concibió y dio a luz a un hijo. Y dijo: «Ha quitado Dios mi afrenta.» y le llamó José, como diciendo: «Añádame Yahvéh otro hijo.» 

Nació en la ciudad de Belén de Judá (actual Palestina). Su padre fue Helí o Elí, de acuerdo con San Lucas; mientras que para San Mateo el padre fue Jacob; habría sido descendiente directo del Rey David.




ORACIONES DE LA MAÑANA T. ORDINARIO 4,5

 DOMINGO SEXTO



¡LO DESEO TANTO, Y TÚ LO SABES! 

Vivo y, sin darme cuenta, no lo hago como Tú quisieras y avanzo recubierto y disfrazado de las nuevas lepras con las que el mundo me invade. Algunas, te confieso Jesús, hasta las considero virtud Deseo tanto, oh Señor, desprenderme de todo aquello que me hace grande a los ojos del mundo anhelo tanto, oh Señor, curarme de aquello que me impide abrazarte con todas las consecuencias. Tú, Señor, Tú lo sabes todo. SI quieres, Jesús, puedes limpiarme: de la pereza que me paraliza y me convierte en freno y obstáculo de tu Reino Del relativismo que me tranquiliza, adormece y me confunde al dar lo falso por verdadero o a ver lo bueno como malo y lo noble como caduco 

¡DESEO TANTO SEÑOR QUE ME LIMPIES! 

Que te necesite, como el labriego pide el agua para sus campos Que te busque, como el montañero añora las cotas altas Que te desee, como el niño apetece los brazos de su madre Que confíe en Ti, sabiendo que Tú eres médico que nunca falla Ojala, Señor, en mi oración no siempre humilde me presente ante Ti como lo que soy, y a veces olvido: limosnero de la salud que me ofreces pordiosero de tu amor gratuito y desinteresado menesteroso de tus gracias y de tu aliento. Tú, Señor, sabes cuánto…pero cuánto lo quiero Tú, Señor, sabes cuánto….necesito de una limpieza a fondo Javier Leoz

L

te pido Señor, que no me cierre nunca a lo que Tú me dices, a lo que Tú me pides, a lo que Tú me quieres dar. No quiero tener la mirada corta de los fariseos, encerrados en sí mismos y en el modo único y exclusivo de interpretar la ley. Yo quiero tener mi alma siempre abierta a la verdad, no a las verdades de los fariseos: ni los de entonces ni los de ahora, sino a Ti, Señor, que eres la misma Verdad.

M

Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer.

Que tu seas Señor mi primera necesidad y todo lo demás detrás de Ti. 

 Ayúdame, Señor, Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti porque tus bienes son los primeros. 

QUINTA SEMANA






¡AY DE MÍ, MI SEÑOR! 

Si descubriéndote pensara que, con tenerte, ya es suficiente. Si, amándote como yo te amo, guardase todo ese caudal de vida y de amor en el cofre de mis propios intereses en el silencio de mi cómoda cobardía. 

¡AY DE MI, MI SEÑOR! Si, sintiéndome tocado por tu mano las mías se cerrasen a los que, sin saber que existes, están llamados a ser más felices porque desconocen que, Tú Señor, los amas antes de conocerte.

 ¡AY DE MI, MI SEÑOR! Si el fuego que arde en mis entrañas lo dejo apagar con el agua de mi tibieza si no lo enciendo con el ardor de mi entusiasmo si permito que, el viento de la pereza, lo reduzca a simples cenizas o vagos recuerdos. 

¡AY DE MI, MI SEÑOR! Si habiendo dado contigo me acobardo por la dureza del mundo y finjo no conocerte, amarte ni seguirte Si habiéndote escuchado tus palabras quedaron en el olvido, ineficaces sin ser brújula de las grandes horas de mi vida 

¡AY DE MI, MI SEÑOR! Si me siento seguro de mi mismo si, lejos de caminar contigo, prefiero caminos y atajos que llevan al precipicio Si creyéndome libre, soy esclavo del mundo Si pensado ser feliz, en el fondo soy desdichado 

¡AY DE MI, MI SEÑOR, SI NO HABLASE DE TI! Cuánto perdería el mundo, por no conocerte Y cuánto perdería yo….por no demostrarte con palabras y obras que es mi deber, antes de cerrar los ojos al mundo, llevarte como la mejor noticia a este mundo que grita no saber quién eres. Amén.

L

eñor, hoy vengo a Ti porque necesito tocar al menos “la orla de tu manto”. Más aún, necesito que me toques por dentro y sanes mi orgullo, mi soberbia, mi vanidad, mi afán de suficiencia. Si sólo pienso en mí, trabajo para mí, me preocupo sólo de mí, me vivo a mí mismo, ya no vivo como Tú quieres que viva. Y yo quiero “ser vivido por Ti”.

M


“Su corazón está lejos”. Lo peor que nos puede ocurrir es tener el corazón lejos de Dios. Tener el corazón cerca es dejar que Dios ocupe el lugar que le corresponde: el corazón como sede de mis sentimientos, mis emociones, mis proyectos, mis ilusiones, es decir, dejar en sus manos toda mi existencia.…

Necesito aferrarme a tu mano  para tener seguridadal caminnar, a tu corazón poorque encuentro el amor, a tu mirada porque veom la luz y

X

Señor, de nuevo estoy a tu lado. Para mí, la oración no es un lujo sino una necesidad. Yo necesito comer y beber; dormir y respirar. Gracias porque también siento necesidad de rezar.

J

La actitud de la griega es una actitud completamente suplicante, llena de fe porque creía que Jesús salvaría a su hija; llena de esperanza porque confiaba que Dios la escucharía y llena de amor porque estaba tirada sobre los pies de Jesús solamente porque amaba a su hija.

Jesús le pide que vuelva a su casa porque su hija está curada. Aquella mujer, llena de fe, confió en la Palabra del Señor y así sucedió. Una invitación a qeu también pidamos con fe, pero sobre todo a que nosotros confiemos cada día en la Palabra del Señor.

V

M abro a ti Señor 

Abre mis oídos para oírte Abre mis ojos para verte Abre mi paladar para que te guste Abre mi corazón para que te amemos

Abre mi alma para que te acoja Abre mis manos para dar servicio a los demás.

S

Señor, tú que te compadecías de los hambrientos, de los pobres, de los enfermos, eres el mismo que entonces: sientes compasión por todos los que sufren. Tu corazón no puede cambiar. Vengo a que me cambies el mío. Que todo el bien que hoy pueda hacer a mis hermanos salga de mi corazón enternecido.

CUARTA SEMANA





SIN TI, NADA OH DIOS ¡Sorpréndeme, oh Padre! Para que, dejándome guiar y llevar por Ti Tú, sólo Tú, seas el soplo que conduzca y empuje el navío de mis días ¡Sal a mi encuentro, con tus brazos abiertos! Y, apreciando tu presencia, nunca me falte tu aliento en mis pasos tu Palabra en mis débiles obras tu consejo en las noches de incertidumbres ¡Necesito tanto tu autoridad, Señor! Saber que me acompañas en mis luchas Creer que me arropas en mis proyectos 

SIN TI, NADA, OH DIOS Y CONTIGO TODO 

Eres la fuente de mi inspiración la semilla que, mis manos, dejan en el surco La llama viva con la cual intento prender el mundo El amor infinito que pone al descubierto el mío limitado, cerrado e interesado Eres, oh Dios, el dueño de la existencia Aquel que en el silencio habla y en el amor tiene su último y mejor mensaje Aquel que, cuando se le llama, tarde o temprano responde Aquel que, cuando se le arroja fuera del mundo, sigue aguardando el retorno con manos tendidas y abiertas 

¡SIN TI NADA, OH DIOS! Ayúdanos, Dios y Padre, que estás en el cielo a sacar de nosotros aquello que nos paraliza A dinamitar los muros que nos apartan de Ti A expulsar el maligno que, en lucha encarnizada, nos quiere para infierno y no para el cielo. ¡SIN TI NADA, OH DIOS! Y contigo, lo podemos hacer todo…Señor.

L

Señor, ayúdame en este rato de oración a conocerme más a mí mismo, a descubrir el misterio de mi persona. Hay fuerzas malévolas que tiran de mí, que me arrastran al mal. Pero sé que, estando contigo, yo podré vencerlas. El mal que hay en mí no puede apoderarse del bien que Tú pones dentro de mí. Yo sé que “sin Ti yo no puedo nada” (Jn. 15, 5), pero también sé que contigo lo puedo todo (Fil. 4,13). Ayúdame a desconfiar de mí mismo y a poner toda mi confianza en Ti.

M

Señor, tú te has manifestado hoy como el “Dios de la vida”. Quieres que tengamos vida, pero vida en plenitud. Quieres que vivamos y disfrutemos de la vida. Quieres que no vivíamos con miedos o esclavitudes. Quieres que vivamos felices. ¡Gracias, Señor!

X

Impón Señor yus manos en mi cabeza para que funcione mejor,en mis ojos para que vea mejor, en mis oidos y tacto para que  mis sentidos funcionen mejor, Gracias poor tanto señor.

J

Estoy sin nada Señor pata Ti mi corazón abierto y mi  alma dirigida a Ti.

Señor la desnudez de mi corazon para amarte y la de mi alma para acogerte poorque eres el Señor y el Rey de mi vida......Amor de mis amores.

V

Descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre -varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín).

S

El Evangelio de hoy invita a que busques en lo más profundo de tu corazón y te recojas en silencio, para que descanses de lo cotidiano – “Vengan aparte, ustedes solos, a un lugar solitario, y descansen un poco” – Dios conoce tus afanes, por eso cuando te invita, puedes sentir que Él camina contigo, te lleva a un encuentro contigo mismo; y esto es posible recogiéndote, alejándote del ruido cotidiano para que puedas escuchar el sonido del silencio.

Concédeme, Señor, poder expresarte todo lo que hay en mí y que sea dócil a lo que me pides.

MONSEÑOR DON FLORENCIO

Monseñor D Florencio Roselló ha presidido el primer viernes de mes su primer encuentro de oración con los jóvenes en la Capilla de San Fermín.





Una vez concluido el acto, ha saludado a su párroco D Javier Leoz. 




viernes, 2 de febrero de 2024

CUARTA SEMANA DEL TIEMPOO ORDINARIO

SÁBADO

“ Vamos a descansar a solas un poco ”




según san Marcos 6,30-34

Hoy, el Evangelio nos invita a descubrir la importancia de descansar en el Señor. Los Apóstoles regresaban de la misión que Jesús les había dado. Habían expulsado demonios, curado enfermos y predicado el Evangelio. Estaban cansados y Jesús les dice «venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco».

 En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

 Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».

Una de las tentaciones a las que puede sucumbir cualquier cristiano es la de querer hacer muchas cosas descuidando el trato con el Señor.

Jesús invita a sus discípulos a descansar un poco. El descanso lo hacen con Él. “Yo seré vuestro descanso”.

 Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. 

el Evangelio dice «se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario» Para poder rezar bien se necesitan, al menos dos cosas: la primera es estar con Jesús, porque es la persona con la que vamos a hablar.

Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. 

Vamos, demasiadas veces, como “ovejas sin pastor”, necesitamos, como el Señor y sus discípulos, buscar un lugar apartado para descansar de esa aceleración estresante que se nos impone. Un lugar apartado donde re-encontrarnos con Dios y con nosotros mismos, y allí en lo más íntimo de cada uno nos encontramos con Dios.

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

También Jesús busca ese espacio para sus discípulos, pero ve a la muchedumbre “como ovejas sin pastor” y dice a los suyos: “se acabó el descanso” y con calma comienza a enseñar. 

En el evangelio de hoy vemos que Jesús, al ver a la gente como ovejas sin pastor, “se le removían las entrañas”. No basta que se muevan nuestras manos, nuestros pies, si no se nos mueve antes el corazón.

Descansamos cuando estamos con las personas que amamos: descansa el niño en los brazos de su madre y el amigo con el amigo y el esposo con su esposa. Y el hombre -varón y mujer- descansa con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti” (San Agustín). 


VIERNES

“ Mis ojos han visto a tu Salvador… ”



según san Lucas 2,22-40 

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». 

María y José eran pobres y no tuvieron dinero para comprar un cordero. ¡No importa! Ellos saben muy bien que llevan al Templo “al verdadero Cordero de Dios”. Y es la ofrenda que más agrada a Dios.

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 

María y José se admiran de la fe de aquellos ancianitos: Simeón y Ana. Su niño ha pasado por las manos de aquellos sacerdotes del Templo a la hora de circuncidarlo, y le tocaron como a un niño más. Cumplieron su oficio.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

 Pero Simeón lo tocó con fe. Se emocionó y rompió a llorar. Desde ese momento, ya no le importaba morir.

 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». 

“Una espada te atravesará el alma”. María vivió siempre con una espada atravesada, no en el cuerpo sino en el alma. Cuando duele el cuerpo el dolor está localizado, pero cuando duele el alma “duele todo”.

María vivió siempre con la espada cruel del presentimiento. En cada momento del día o de la noche ella creía que a su Hijo le iba a pasar algo.

Y es al presentimiento de todas las madres. No sólo sufren por lo que realmente les pasa a los hijos sino por lo que les puede pasar. A vosotras madres, ¡qué bien os entiende la Virgen!

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 

Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. 

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 

El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.


Dios nos llama a que lo encontremos a través de la fidelidad en las cosas concretas —a Dios se le encuentra siempre en lo concreto—: oración diaria, la misa, la confesión, una caridad verdadera, la Palabra de Dios de cada día, la proximidad, sobre todo a los más necesitados, en el cuerpo o en el espíritu.

Podemos tocar a Dios todos los días en la comunión sin que pase nada en nosotros. Lo hemos tocado con rutina. Pero si un día lo tocamos con fe, puede cambiar totalmente nuestra vida.

 JUEVES

“ Los fue enviando de dos en dos ”


san Marcos 6,7-13 

En el Evangelio de hoy, nos presenta la llamada de los Doce y el envío a la misión. Fueron llamados y enviados por Ntro. Señor: “Ellos salieron a predicar la conversión”.

 La necesidad de una transformación de nuestras vidas, es importante dejarle hueco a Dios, que Él ilumine nuestra realidad, nos ayude a saber priorizar, a dar plenitud a nuestra existencia, a colmarla de gozo, dicha y esperanza.

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. 

Por qué en parejas. La respuesta es la comunión. Indispensable en todo apostolado. Jesús quiere que sus discípulos misioneros reproduzcan el amor que el Padre y el Hijo, con la fuerza del Espíritu, se tienen y actúen a semejanza de esa comunión trinitaria celestial en su predicación terrena.

Muchas veces, los esfuerzos que hacemos por extender nuestra fe quedan abocados al fracaso precisamente porque no tenemos en cuenta la comunión y nos atrevemos a pensar que podemos solos.

Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. 

Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos.» 

La manera con la que el Señor les indica como deben realizar la misión: “y nada más”, deben ir ligeros de equipaje, sin apegos materiales que les impidan la agilidad requerida para el camino, confiados plenamente en el poder de Dios que les da la energía espiritual necesaria. Que su única riqueza, fuerza y apoyo sea el Señor.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El Señor no cesa de seguir llamando, no deja de invitarnos a su seguimiento, pidamos a Él que nos ayude, para que no seamos sordos a su llamada, sino que cumplamos fiel y generosamente la tarea que nos ha encomendado en la misión para la cual nos llamó.


Necesitamos al otro, al prójimo para todo, también para predicar la Buena Nueva, esa es la gran enseñanza. Por eso los envía Jesús de dos en dos.

La meditación de hoy no me deja tranquilo en mi casa, sino que me invita a salir. Por eso te pido valor para entender el cristianismo como salida. Tú has salido del Padre y has venido a este mundo para enseñarnos a salir. Saliste del Padre, del corazón del Padre, de la ternura del Padre. Haz que yo salga al mundo con el corazón lleno de amor, de solo amor y nada más que amor.

MIÉRCOLES

“ Se extrañó de su falta de fe ”



san Marcos 6,1-6 

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. 

La fe sin experiencia del amor misericordioso de Dios resulta hueca, inútil y sin sentido. De ahí que Jesús mandé aprender lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios.”

 Aquellos paisanos de Jesús, dice Marcos, que les resultaba escandaloso, lo que él decía, enseñaba, vivía y realizaba. Allí escaseaba la fe. Como en casi todo Israel. ¿Escasea en nosotros?

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? 

Cuando hay preguntas puede haber respuestas. Pero ¿y si los cristianos no levantamos preguntas? Es que somos “luz que no alumbra”. Somos “sal que no da sabor”.

¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? 

La gente “se sorprendía” de las palabras y de los hechos de Jesús. Era gente sencilla, humilde, abierta siempre al don de la Palabra.

Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». 

Y se escandalizaban a cuenta de él. 

Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 

Pero también había personas, las de su pueblo, los más conocidos, que no creían. Y Jesús se asombraba de la poca fe.

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. 

En el evangelio hay pocas cosas que sorprendan a Jesús. Los pecados no le sorprenden ni le asustan. Puede perdonarlos. Si se trata de enfermos, puede curarlos. Si le llevan un muerto, desdramatiza la muerte. Y dice que se trata de un sueño. Lo que realmente sorprende a Jesús es “la falta de fe”.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.



Es posible que nosotros, los de casa, los que le oímos todos los días, los que le tocamos en la Eucaristía, no creamos de verdad. Me pregunto: ¿Estará Jesús sorprendido de mi poca fe?

Y eso ocurre en la propia vida. Pero también en nuestro entorno. Aprender a mirar con los ojos de Jesús permite que lo nuevo aparezca ante nosotros y nos seduzca. ¿Nos dejamos seducir por el amor de Cristo?

MARTES

“ Tú no temas, basta que tengas fe ”



según san Marcos 5, 21-43 

No lo tuvieron fácil ni Jairo ni la mujer.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Un jefe de sinagoga no podía dirigirse a Jesús sin ser “mal visto” por las autoridades religiosas del pueblo que estaban ya al acecho de Jesús para ver cómo acababan con él (Mc 3,6). 

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba. 

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». 

La mujer con flujo de sangre era “impura” según la Ley y contaminaba con su contacto, por lo que estaba excluida de la vida social, marginada en medio de su pueblo.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. 

Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?»

Sin embargo, ambos pasan por encima de toda dificultad para tratar de encontrar en Jesús lo que necesitan. No había más salidas: la niña se estaba muriendo, la mujer había buscado todo tipo de remedio a su enfermedad y sólo había conseguido gastar toda su fortuna, al tiempo que empeoraba.

 Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 

La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 

Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. 

Vete en paz y queda curada de tu enfermedad». 

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» 

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». 


No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentran el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? 

La niña no está muerta; está dormida». Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). 

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.


Señor, tú te has manifestado hoy como el “Dios de la vida”. Quieres que tengamos vida, pero vida en plenitud. Quieres que vivamos y disfrutemos de la vida. Quieres que no vivíamos con miedos o esclavitudes. Quieres que vivamos felices. ¡Gracias, Señor!


LUNES

“ Déjanos ir ”



según san Marcos 5,1-20 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. 


El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un endemoniado, el encuentro con un hombre poseído, esta curación tiene lugar en tierra de paganos, en la región de Gerasa.

Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. 

Este texto un poco extraño nos habla de una gran realidad que anida dentro de nosotros mismos. En nosotros hay un mal, unas fuerzas que nos arrastran al mal. Ese endemoniado, atado con cadenas, que habita en los sepulcros (el reino de la muerte) ése es el hombre abandonado a sus propias fuerzas. Es el hombre que no es hombre.

Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente: «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? 

Por Dios te lo pido, no me atormentes». Porque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo, sal de este hombre».

Dice el relato del endemoniado en la región de los gerasenos que nadie tenía fuerza para dominarlo. Rompía cadenas, destrozaba cepos y no había forma de sujetar al endemoniado. Esto es, al pecado

Por mucha inteligencia que demuestre el hombre, el Maligno se las ingenia para salir victorioso: .

 Y le preguntó: «Cómo te llamas?». Él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».

La segunda parte del relato evangélico habla también de esa capacidad para acomodarse y convivir con el pecado antes que tener que abrirse a la aventura del encuentro luminoso con Jesús. Estaban a gusto refocilados, como la piara,

El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.

 Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado. 

Qué le pasa cuando lo sana Jesús? Está sentado, vestido y en su sano juicio. Sentado: indica paz y armonía. Vestido: buena relación con Dios (desnudez expresa ruptura, crisis existencial, como en el paraíso).

Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. 

 Recuperación de su propia dignidad. En su juicio: Vuelto a ser él mismo, una persona normal, como los demás, con su sano juicio. Aquel que no era hombre llega a ser hombre cabal, recupera su identidad propia.

Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca. Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. 

Pero no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti». 

Este hombre ya sanado quiere estar con Jesús. Y Jesús lo mandó a evangelizar a los suyos. ¿Y cómo evangelizaba? Por la fuerza del testimonio: Decía lo que Jesús había hecho con él. Sabemos que no se limitó a los suyos sino que se fue a evangelizar por toda la Decápolis. Esta es la fuerza del testimonio.

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.



Pero hay otra forma que no es humana. Es justo la que viene a traer Jesús, la fuerza de lo Alto que auxilia al creyente para luchar el combate de la fe y resistir a las tentaciones, para aherrojar definitivamente el Mal.

Y Jesús sanaba: dejaos curar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos: heridas espirituales, pecados, enemistades, celos;

La alternativa es bien sencilla: ¿pactas con el pecado o estás dispuesto a que el encuentro personal con el Señor ponga tu vida patas arriba? Tú eliges.

DOMINGO

“ Este enseñar con autoridad es nuevo ”




san Marcos 1,21-28 

Es el primer relato del ministerio de Jesús. Es una jornada en Cafarnaún (1,21-34). Es un día de shabbát en el pueblo. Hay detodo: enseñanza, expulsión de demonios, curación de enfermos y multitudes que se agolpan en torno a Jesús. Hay amigos y gente des-conocida; sinagoga y casa familiar; en público y en privad

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Toma la palabra. En este momento, Jesús inaugura su importante ministerio de enseñanza.El verbo “enseñar” aparece en el evangelio de Marcos 17 veces 19. Esto significa que el evangelista se empeña en presentar a Jesús como un“Maestro” cualificado

Desde el principio de su ministerio público hasta el final, Jesús sededicará a enseñar, será “maestro”, rabbí,

El Evangelio de hoy nos presenta una curación, nos relata que Jesús hacía milagros en sábado y por eso era acusado de quebrantar la Ley. Pero Jesús proclama que toda ley ha sido instituida para el hombre, y para hacer el bien. Con esto nos enseña que la verdadera fe cristiana consiste en amar a Dios y al prójimo.

 Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?

Al mismo tiempo que con palabras, empieza su predicación también con obras de poder, sus milagros.

En tiempos de Jesús, el mundo popular atribuía numerosas enfermedades congénitas, mentales, corporales, vicios y pecados a la influencia nefasta de los demonios, llamados “espíritus impuros

 ¿Has venido a acabar con nosotros? 

Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!». 

El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? 

Si Jesús proclama que “el Reinado de Dios ha llegado.

Marcos no dice cuál era la enfermedad del paciente; sólo subraya el estado de opresión en el que se encontraba y el poder soberano que ejerció Jesús sobre los demonios.

En este pasaje vemos como libera a un pobre hombre del mal espíritu que le atormentaba, ante el asombro de todos. Aquí el Evangelio nos presenta al Jesús que enseña y al Jesús que cura.

Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».

Este poder le viene también –como en el caso de su sabiduría– del Espíritu recibido en su bautismo y lo hace más fuerte que Juan el Bautista

 Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.



Y lo mismo podemos, y debemos, aplicar en nuestras vidas; no podemos limitarnos a dar "buenos consejos" al hermano que sufre, también es nuestro deber ayudarle en lo que podamos, darle nuestra mano. 

Que hoy y siempre, nuestras palabras y acciones sean signo de nuestro compromiso por la vida y la dignidad de las personas.

jueves, 1 de febrero de 2024

 «Sin la perspectiva de la vida eterna, el progreso humano en este mundo sigue sin aliento. Encerrada en la historia, está expuesta al riesgo de reducirse a sólo aumentar la riqueza; la humanidad pierde así el coraje de estar disponible para los bienes más altos, por las grandes y poco interesantes iniciativas buscadas por la caridad universal

(Papa Benedicto XVI - de la Carta Encíclica "Caritas en Veritate",11)







SEÑOR Despiértame con la luz de tu verdad. Porque, la mentira, frecuentemente me narcotiza o la falsedad confunde los caminos por los que avanzo Porque siento que, el mundo que me rodea, me contagia con la pesadez del desencanto con el desazón del pesimismo. Porque frecuentemente, mi Señor, caigo abatido en el traicionero sueño de la desesperanza