
Que también, en mí Señor, se inaugure como en Ti un nuevo tiempo de misión y de trabajo. Que la presencia de Dios y del Espíritu y de toda tu persona, se haga presente en mí, de tal manera que, viviendo con alegría mi ser cristiano, sea semilla de aquella gran sementera que es tu Evangelio
Que también, yo Señor, renazca a una vida nueva. Que no me sienta seguro de mí mismo Que no crea que, con ser bueno, ya es bastante. Que me fíe de tu Palabra, y con tu Palabra, me sienta querido por Dios y empujado a proclamar su existencia en medio del mundo.
Tú, Señor, nos das una forma de entender la vida Tú, Señor, nos das el secreto de la felicidad Tú, Señor, con tu Bautismo cargas con todas nuestras flaquezas y miserias. Dios, sobre tus hombros, pones el futuro de nuestra humanidad:
¡Redímela con tu testimonio y sacrificio! ¡Rescátala de las incertidumbres que la asolan! ¡Recupérala de aquellos falsos dioses ante los que se postra!
Tú, Jesús, que eres preferido, amado, tocado por el Espíritu Haz que, también nosotros, sintamos el calor de la gloria del Padre que no es otra que la comunión del Hijo con el Espíritu Santo. Amén
L
El evangelio sigue siendo actual: Dios pasa junto a nosotros y nos llama. Si no se le responde, Él puede seguir su camino y nosotros perderlo de vista y de nuestra vida. Sin duda, Jesús conocía a estos discípulos desde tiempo atrás (cfr Jn 1,40-46).
M
Y lo mismo podemos, y debemos, aplicar en nuestras vidas; no podemos limitarnos a dar "buenos consejos" al hermano que sufre, también es nuestro deber ayudarle en lo que podamos, darle nuestra mano.
Que hoy y siempre, nuestras palabras y acciones sean signo de nuestro compromiso por la vida y la dignidad de las personas.
X
Los seguidores de Jesús debemos imitarle en los tres puntos que nos indica este pasaje evangélico. Debemos hacer el bien a todas las personas con las que nos encontremos y no solo a los enfermos. Debemos encontrar tiempo para relacionarnos y hablar con nuestro Dios. Debemos predicar con nuestra vida y si podemos con nuestra palabra la buena noticia que nos ha traído, la que es capaz de alegrar y dar sentido a nuestra vida.
J
Jesús nos ha amado y nos sigue amando hasta el extremo, con toda confianza le hemos de pedir que nos cure y libere de las heridas y limitaciones que nos dificultan seguirle.
Jesús nos ha curado y no ha introducido en el camino que lleva a la vida… queremos proclamar a los cuatro vientos, como el leproso, que Jesús es el que nos ha curado, es nuestro salvador, el que nos ha dado vida.
V
La frase clave es “VIENDO Jesús la fe que tenían”. De nada nos sirve creer en Dios si esa creencia no se convierte en un acto que demuestre lo que creemos (Cfr. Sir 38,1). Si nos limitamos a “creer” y nos cruzamos de brazos, nunca veremos manifestarse la gloria de Dios
Señor que mi fe se “vea”, de manera que todo el que se acerque a mí, vea la manifestación de tu poder y crea.
S
¿Una mirada, tan solo una palabra del Señor puede hacer tanto en nosotros?
Es Jesús el que elige y además no excluye a nadie para su seguimiento,
Las palabras que el Señor “no necesitan medico los sanos sino los enfermos”.
Con lo cual nadie puede sentirse excluido, ¿quién puede decir que no necesita a este medico? De cuantas cosas tiene que sanarnos el Señor.
Si hoy el Señor te dijera ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Qué le dirías? Entrégale al Señor tus sufrimientos para que Él te sane y cure.
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