martes, 27 de diciembre de 2011

EL BELÉN DE LA PLAZA DE SAN PEDRO

El Belén del Vaticano cumple 30 años.
2011


En 1981, Juan Pablo II quiso que cada Navidad la plaza de San Pedro se convirtiese en un pequeño Belén y el centro del Cristianismo y de Roma, en un pequeño rincón de Palestina.
La plaza de San Pedro se prepara para la Navidad y el Estado Ciudad del Vaticano, como cualquier otra ciudad, también. En su plaza principal los trabajos comienzan desde mediados de noviembre. Andamios, maderas y alambres se entrelazan alrededor del obelisco. Una tela cubre todo el perímetro. Todo se cuida al milímetro y se desenvuelve bajo la mayor discreción para sorprender a grandes y mayores. Una proyección arquitectónica en la que los servicios técnicos del Vaticano llevan trabajando desde enero y cuya presentación oficial se realiza el 24 de diciembre.

 El Papa lo visita el último día del año.



Sus creadores, Pier Carlo Cuscianna, Giuseppe Facchini y Barbara Bellano son los principales responsables de este proyecto. Se trata del director, vicedirector y ayudante, respectivamente, del Departamento de Estudios y Proyectos del Governatorato del Vaticano. Es decir, los arquitectos encargados de proyectar cualquier cambio que se realiza en este Estado.


Hasta ahora, el Belén del Vaticano tenía unos 300 metros cuadrados de extensión. Este año, por la crisis, el Vaticano ha disminuido sus dimensiones para reducir gastos y tendrá sólo 200 metros. Está compuesto por unas 15 figuras de tamaño natural y, aunque siempre son las mismas, cada año hay nuevos ángeles o pastores.
Cada año se les cambian los vestidos, dependiendo de la temática. Las encargadas de hacerlo son las monjas que trabajan en el Taller de Tapices del Vaticano. A la cabeza está la gallega sor Áurea que, con sus casi 90 años, capitanea desde hace 30 a las monjas Misioneras Franciscanas en la decoración de los personajes.



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