YA ES SEMANA SANTA

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domingo, 24 de marzo de 2024

VERDADERAMENTE ES EL HIJO DE DIOS

PASION DEL SEÑOR SEGUN SAN MARCOS



El evangelista tiene mucho cuidado en poner estas palabras en labios de un centurión romano, que atónito, había asistido a una más de entre tantas ejecuciones que le debería tocar presenciar en función de su estancia en un país extranjero y sometido.

 No debe ser fácil preguntarse qué debió ver en Aquel rostro -a duras penas humano- como para emitir semejante expresión. De una manera u otra debió descubrir un rostro inocente, alguien abandonado y quizá traicionado, a merced de intereses particulares; o quizá alguien que era objeto de una injusticia en medio de una sociedad no muy justa; alguien que calla, soporta e, incluso, misteriosamente acepta todo lo que se le está viniendo encima. 

Quizá, incluso, podría llegar a sentirse colaborando en una injusticia ante la cual él no mueve ni un dedo por impedirla, como tantos otros se lavan las manos ante los problemas de los demás.

La imagen de aquel centurión romano es la imagen de la Humanidad que contempla. Es, al mismo tiempo, la profesión de fe de un pagano. Jesús muere solo, inocente, golpeado, abandonado y confiado a la vez, con un sentido profundo de su misión, con los "restos de amor" que los golpes le han dejado en su cuerpo.




Entra aclamado por las calles sobre un burrito y, viendo a todo aquel que le rodeaba, pudo haber pensado en los duros insultos de ese Viernes Santo… callado como manso cordero seguirá caminando debajo de una cruz que le recordará el peso de nuestros pecados. 

 Sigue avanzando y llega el momento en que ve levantarse el templo de Jerusalén; pudo haber visto en su imaginación la tarde en la que sería levantado sobre la cruz. 

 Este domingo, este Evangelio nos prepara para esta Semana Santa. Nos pone a dar un ágil vistazo sobre los sucesos que han cambiado el rumbo de la humanidad, han cambiado cada una de nuestras vidas y sostendrán todas nuestras esperanzas.

DOMINGO DE RAMOS

DOMINGO DE RAMOS, DÍA IMPORTANTE



Para los católicos, el Domingo de Ramos es el ultimo domingo de la Cuaresma.
Recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén.

La Biblia menciona que cuando Jesús llegó a Jerusalén, la ciudad más importante, para celebrar la Pascua,
 Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó.



Había mucha gente (niños y adultos), algunos habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas, lo esperaban para recibirlo como un rey, le cantaban cánticos y salmos, y lo alababan con palmas en las manos.
La gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso.
 Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”. (Hosanna significa “¡viva!”).



En un principio, la iglesia católica llamó a este domingo el Segundo Domingo de la Pasión.
 En 1970 la designación formal fue cambiada. Junto a este cambio, también se decidió que la semana anterior a que fuera Pascua fue denominada como la Semana de la Pasión (antes llamada "Semana Santa" oficialmente, y todavía designada así por el público en general).
 De ahí que a veces podamos ver que se refieren a ella como la Semana de Pasión, pero es lo mismo, denominaciones a parte la Semana Santa se celebra desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección.

sábado, 23 de marzo de 2024

AQUEL DIA DECIDIERON DARLE MUERTE

santo evangelio según san Juan 11, 45-57 

 En aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». 


Para terminar esta quinta semana del Tiempo de Cuaresma y dar paso a la Semana Santa, el Evangelio según San Juan nos trae un relato que se ubica justo después de la narración del séptimo y último signo o señal (o milagro) que hace Jesús: la resurrección de Lázaro.

Dos reacciones se producen entre los judíos ante ese milagro o signo: muchos creen en Jesús (Jn 11,45), pero otros van a denunciarlo ante el Sanedrín (Jn 11, 46); la reunión de este Consejo de los judíos será clave, pues en él ellos deciden la muerte del Señor; los miembros de esta Junta Suprema no saben cómo reaccionar: “¿Qué hacemos?”, se preguntan, además muestran su ceguera total, ya que se dan cuenta de que Jesús hace muchos signos, pero no creen en Él. 

En medio de la discusión el Sumo Sacerdote de ese año, llamado Caifás, pone fin a la discusión con una sentencia, de por si inmoral, pero que para San Juan es una profecía: Jesús debe morir por el pueblo, para salvar a la nación de los romanos.

 El evangelista San Juan ve aquí el sentido profundo y verdadero de la muerte del Señor, Él muere porque se sacrifica y su sacrifico es redentor, y no sólo por el pueblo judío, sino que por el mundo entero.
 En medio de este ambiente hostil, Jesús se ocultó en un pueblo cercano, para esperar la fiesta de la Pascua que estaba próxima. San Juan narrará, luego, la vuelta del Señor a Jerusalén, dando término así a la primera parte del evangelio llamada “Libro de los Signos” para dar paso al “Libro de la Gloria”, la segunda parte del evangelio, que narra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.



¿Cómo ha sido la vivencia de la Cuaresma para mí este año? ¿Los judíos no creyeron en Jesús, creo con todo mi corazón en Él? ¿Cómo voy a vivir la Semana Santa que ya comienza?

viernes, 22 de marzo de 2024

CUARESMA V DOMINGO

SÁBADO

“ Y aquel día decidieron darle muerte ”




Según san Juan 11, 45-57

 En aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 

Los sumos sacerdotes y los fariseos, convocados en Sanedrín, deciden que hay que dar muerte a Jesús. No está diciendo nada herético ni blasfemo, salvo para aquellos que lo escuchan posicionados en la presunción de poseer la verdad absoluta.

Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? 

No está diciendo nada herético ni blasfemo, salvo para aquellos que lo escuchan posicionados en la presunción de poseer la verdad absoluta. No está haciendo nada malo sino todo lo contrario, realiza signos que alivian y sanan al pueblo levantándole de su postración, cosa que los que ostentan el poder entienden como soliviantar a las masas.

Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». 

 No está reuniendo en torno a sí a un ejército para derrotar a los poderosos, solo lo siguen desahuciados y gentes de mala reputación. Habla de misericordia, de fraternidad, de paz y de amor para todos y entre todos, pero no deja de denunciar las injusticias que cometen unos cuantos que han pervertido la religión, olvidando el rostro de Dios para idolatrar la Ley.

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». 

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. 

Jesús es un peligro, no para el hombre sino para el sistema que los hombres han organizado donde unos son privilegiados y muchos son descartados. Es un peligro para los que están seguros en sus esquemas y en su propia organización y anteponen sus intereses particulares al interés general.

 Es un peligro para los que manipulan al pueblo según su conveniencia e ideología. Es un peligro para los que han olvidado la dimensión trascendente de la persona porque han quitado a Dios y se han puesto ellos, endiosados por el orgullo y la vanidad.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. 

“os conviene que uno muera”, pensaría el Sumo Sacerdote: “muerto el perro se acabó la rabia”, “quitamos al que nos estorba y continuamos con nuestro sistema”. No podía intuir que Jesús entregaría su vida por amor para redimir y salvar, no sólo a la nación sino a todos los hombres, comenzando una revolución imparable, la de los hijos de Dios que renacen a una nueva vida por la muerte y resurrección de Aquel que dio su vida por amor.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. 

Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.


A este mundo no lo salvará la técnica, los aparatos sofisticados, los coches eléctricos o los viajes espaciales. A este mundo lo salvará el amor. Personas que, como Jesús, estén dispuestas a amar a los demás más que a sí mismos. Jesús pasará por todo, incluso por el sufrimiento y la muerte en Cruz. Pero jamás pasará de estar cerca de los que sufren, de los que lo están pasando mal. Y nunca dejará de acudir a la gran fiesta del amor, a la verdadera fiesta de la vida”.


VIERNES

“ Soy Hijo de Dios ”





según san Juan 10, 31-42 

En el Evangelio de hoy comienza con un episodio nada grato, quieren apedrear a Jesús, seguimos con el rechazo, la repudia y la poca estima entre los suyos;

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». 

Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». 

Dos actitudes bien diferentes, unos intentaron apedrearlo, aún viendo los milagros que había realizado, sin embargo, no creyeron. Y en el otro grupo, podríamos colocar a los que sí creen en el Señor, y quieren acogerlo en su totalidad, incluida la cruz, la persecución, la muerte y la resurrección.

Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? 

Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? 

Jesús es el revelador del Padre. Jesús dedicó toda su vida a decirnos cómo era Dios, su Padre. Jesús no vino a decirnos que Dios existe sino a descubrirnos lo maravilloso que es ese Dios a quien tantas veces nombramos, tantas veces escuchamos, tantas veces lo estudiamos y, sin embargo, tan poco y tan mal lo conocemos.

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».

Jesús nos revela al Padre por medio de sus palabras, de sus silencios, de sus actuaciones. Si Jesús acaricia a un niño es para decirnos: así de cariñoso es el Padre. Si Jesús cura a un enfermo, es para decirnos: así de compasivo es el Padre. Si perdona los pecados, es para decirnos: así de misericordioso es el Padre.

 Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. 

es acusado de querer hacerse Dios, ante la negativa y el rechazo se marchó el Señor al otro lado del Jordán, y nos dice el pasaje evangélico que “muchos acudieron a él” y termina constatando que “muchos creyeron en él”


Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». 

Y muchos creyeron en él allí.

Son los que confían, aun en la adversidad, como dice el salmista: “en el peligro invoqué al Señor y me escuchó… yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi libertador…”. La página evangélica nos dice que aquel día muchos creyeron en Jesús. Ojalá que renovemos hoy nuestra fe en Él. Que para nosotros creer se traduzca en darnos a Dios, trabajar por Él y dar testimonio con las obras.

Nosotros conocemos a Dios a través de las obras de Jesús. Haciendo nosotros las mismas obras que hacía Jesús, también nosotros podremos revelar hoy el rostro del Padre a tantas personas que lo desconocen totalmente.

 JUEVES

“ Quien guarda mi palabra no verá la muerte ”




según san Juan 8, 51-59 

En el Evangelio de hoy nos habla de la grandiosidad e importancia de la Palabra de Dios, “Quien guarda mi Palabra no verá la muerte para siempre”, S. Pablo en los consejos dados a Timoteo le insiste en la Sagrada Escritura: “ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús  toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». 

Si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás», declarando así que había sido enviado por Dios, que es su Padre, a traer a los hombres la libertad radical del pecado y de la muerte, indispensable para entrar en la vida eterna.

La Palabra de Dios no nos deja indiferentes, siempre es un aldabonazo, una llamada , un aviso, un toque de atención, una invitación a cambiar algo en nuestras vidas.

Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? 

También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». 

los fariseos cierran el corazón y la mente a cualquier novedad, no entienden el camino de la esperanza.

Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. 

.Es el drama del corazón cerrado, el drama de la mente cerrada y cuando el corazón está cerrado, este corazón cierra la mente, y cuando corazón y mente están cerrados no hay sitio para Dios, sino solamente para lo que nosotros creemos que se debe hacer.

Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». 

Los que tienen corazón y mente cerrados no consiguen acoger el mensaje de novedad llevado por Jesús, que es el que había sido prometido por la fidelidad de Dios y de los profetas.

Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». 

Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Los descendientes de Abrahán han recogido piedras para lapidar a Jesús, no soportan el pacto con la vida que hace Jesús manifestando su condición de Hijo de Dios y como tal, su ser eterno. Rechazan este Dios que apuesta por la vida.


Gracias, Señor, porque hoy me has enseñado a situarme en la vida como soy: con mis limitaciones y mis pecados. Pero sobre todo quiero darte gracias por habernos hecho el inmenso regalo de la Encarnación. EN TU HIJO, EL HOMBRE PERFECTO, podemos soñar con llegar a ser lo que no somos capaces de ser por nosotros mismos. Podemos ser hijos en tu Hijo. Y disfrutar de la felicidad que Él posee.


MIÉRCOLES

“ La verdad os hará libres ”

según san Juan 8, 31-42 

Nos vamos aproximando a la Semana Santa. El Evangelio de hoy nos invita a perseverar en su Palabra. ¡Qué importante es referir nuestra vida siempre al Evangelio! Preguntémonos: ¿qué haría Jesús en esta situación que debo afrontar? ¿Cuál sería su reacción ante esta circunstancia?

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». 

¿Cuál sería su reacción ante esta circunstancia? El cristiano debe ser —según san Pablo— “otro Cristo”: “Vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí”

Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».

El reflejo del Señor en nuestra vida de cada día, ¿cómo es? ¿Lo muestro a Él?

 El Señor nos asegura que, si perseveramos en su palabra, conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. Decir la verdad no siempre es fácil. ¿Cuántas veces se nos escapan pequeñas mentiras?

 Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. 

Quienes aparentemente creían en él pero al mismo tiempo se sentían dueños de la “verdad” por ser hijos de Abrahán según lo manifiestan; Jesús insiste que para ser verdaderos discípulos deben permanecer fieles a su palabra, a sus enseñanzas, para conocer la VERDAD que los hará libres realmente.

Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. 

Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre». 

Por eso podemos afirmar que ser discípulos de Jesús, es entender lo que significa seguirlo para descubrir y vivir la Verdad que nos haga libres, es crecer como dignos hijos de Dios, viviendo con coherencia cada día sus enseñanzas.

Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. 

Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. 

Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios». 

Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».



Estamos en tiempo de Cuaresma, detengámonos a meditar en nuestro papel de seguidores de Cristo, busquemos con afán en cada una de nuestras actividades esa Verdad que nos haga libres del pecado, de las ataduras, de las incoherencias de cada día.

MARTES

“ José, hijo de David, no temas acoger a María ”




Según San Mateo 1,16.18-21.24a


 Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 
La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado.
 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Lo importante es que José aceptó a María en una situación extraña, poco común y deseó rechazarla en secreto; gracias a que en sueños un ángel (soñar en la Biblia, ¡qué bien vienen!) le puso sobre aviso de quién era aquel Hijo. Recapacitó, recapituló y aceptó aquella paternidad subrogada, podríamos decir.


 Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado” (Mt 1,24). • La voluntad del Señor se puede descubrir de variadas formas. Importante la buena disposición para aceptarlas y ponerlas en práctica. 

José supo sustituir muy bien a Dios y se nos muestra, en lo poco que sabemos, como un padre amoroso y ejemplar.

José fue obediente a Dios y le inculcó esa obediencia a Jesús. “En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario. Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia y se hizo «obediente hasta la muerte  de cruz»”

Quiera Dios que aprendamos de José, el carpintero, la confianza plena en la obra del Padre que hoy festejamos.


LUNES

“ Yo tampoco te condeno ”



según san Juan 8, 1-11 

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. 

El pasaje evangélico narra el episodio de la mujer adúltera en dos escenas sugestivas: en la primera, asistimos a una disputa entre Jesús, los escribas y fariseos acerca de una mujer sorprendida en flagrante adulterio y, según la prescripción contenida en el libro del Levítico, condenada a la lapidación.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 

La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». 

En la segunda escena se desarrolla un breve y conmovedor diálogo entre Jesús y la pecadora. Los despiadados acusadores de la mujer, citando la ley de Moisés, provocan a Jesús —lo llaman «maestro»—, preguntándole si está bien lapidarla. Conocen su misericordia y su amor a los pecadores, y sienten curiosidad por ver cómo resolverá este caso que, según la ley mosaica, no dejaba lugar a dudas.

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

 Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. 

Pero Jesús se pone inmediatamente de parte de la mujer; en primer lugar, escribiendo en la tierra palabras misteriosas, que el evangelista no revela, pero queda impresionado por ellas; y después, pronunciando la frase que se ha hecho famosa: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra» y comience la lapidación.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. 

San Agustín, comentando el evangelio de san Juan, observa que «el Señor, en su respuesta, respeta la Ley y no renuncia a su mansedumbre». Y añade que con sus palabras obliga a los acusadores a entrar en su interior y, mirándose a sí mismos, a descubrir que también ellos son pecadores. Por lo cual, «golpeados por estas palabras como por una flecha gruesa como una viga, se fueron uno tras otro».

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». 

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».


Termina el pasaje evangélico con las palabras de Jesús: «tampoco yo te condeno», nos muestra cómo el Señor no ha venido a condenar sino a salvar, nos indica el camino a seguir a los cristianos, no condenar, no juzgar, eliminar de nuestro actuar todo lo que pueda herir al otro, trabajarnos para acercarnos a él, aunque nuestras ideas y comportamientos sean distintos, también él, es amado por Dios, aunque no lo sepa y tenemos que dejarnos amar por el Señor para que con su mismo amor poder acercarnos al otro y ser instrumento que les pueda ofrecer o hacer descubrir cómo son mirados por Dios.

DOMINGO

“ Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre ”




según san Juan 12, 20-33 


En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». 

Bello y grandioso el deseo de aquellos “griegos” que se acercan a Felipe y le dicen: “Queremos ver a Jesús”. No eran judíos, pero han entendido que Jesús es patrimonio de toda la humanidad. Todos, judíos y no judíos, tenemos necesidad de Jesús. Jesús no es un lujo sino una necesidad. Y como tenemos necesidad de comer, de beber, de dormir, de respirar, así también tenemos necesidad de Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. 

Si el labrador prefiriera guardarla en el granero, mantendría la semilla, pero no podría obtener fruto

Dar la vida, entregar la vida, gastar la vida por los demás, a todos nos cuesta. También a Jesús. Pero Jesús no mira lo que tira, sino el fruto que va a recoger.

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 

Para hablar de su muerte fecunda el Señor se compara a sí mismo con un grano de trigo: es necesario que para dar fruto Él se entregue a sí mismo, que “caiga en tierra” y que “reviente” como el grano. Sólo así podrá dar paso a una nueva vida, podrá producir “fruto abundante”, fruto de redención para la humanidad entera, fruto de vida eterna para todos los que crean en Él.

El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. 

El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. 

Y si yo hoy soy cristiano, si yo puedo salvarme, si yo puedo enriquecerme con los tesoros de Dios, ha sido porque Jesús, como buena semilla, se enterró en el campo, murió, pero después resucitó.

Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». 

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». 

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. 

Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. 

Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

La resurrección de Jesús fue la gran cosecha para todos. Es cierto que Dios no quiere el dolor ni el sufrimiento. Ni para su Hijo ni para nadie. Pero sabe que sólo a través del sufrimiento puede quitar el sufrimiento. Sólo muriendo, puede dar la vida a todos. Una vida gastada, entregada a los demás, es la mejor manera de encontrarla en plenitud.


¿Me gusta llevar la Ley de Dios en el corazón? ¿Me encanta obrar siempre por amor? 
 ¿Entiendo la obediencia como el mejor modo de hacer lo que a Dios le agrada?
 ¿Estoy convencido de que sólo los egoístas, los que no arriesgan su vida son los que la pierden?

jueves, 21 de marzo de 2024

CITAS DEL EVANGELIO

Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? 




La Palabra de Dios no nos deja indiferentes, siempre es un aldabonazo, una llamada , un aviso, un toque de atención, una invitación a cambiar algo en nuestras vidas. 

 No se trata de vivir con miedo o hacer las cosas por cumplimiento, cumplir la Palabra de Dios es dejar que la gracia actúe en nosotros para que seamos el rostro, las manos, la voz, la sonrisa visible de Cristo en la tierra; para que nuestros hermanos que aún no han conocido a Dios o han conocido una idea equivocada de Dios, se extrañen de la alegría que brota de un corazón que tiene a Cristo.


«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». 

Es una declaración notoria de su divinidad, podían entenderla perfectamente, y también hubieran podido creer si hubieran conocido más al Padre.

En la zarza ardiendo, en el Exodo, Moises le preguna Dios quien era y  Dios respondio.....Yo soy el que soy

ANTES DE ABRAHAM, YO SOY

 SANTO EVANGELIO SEGÚN JUAN (8, 51-59) 

En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”?


Jesús, en su proceso de darnos a conocer el pacto que quiere establecer con toda la humanidad, poco a poco, nos va descubriendo la vida que nos propone, las promesas a las que nos llama.

 En el evangelio de hoy, hace alusión a una de sus promesas más deslumbrantes, más ricas en amor y en felicidad: “Les aseguro que el que es fiel a mi palabra no morirá jamás”. 


Jesús propone la vida que ahora tiene ya consistencia de eternidad y que pasará por la muerte. Pero los judíos que lo escuchan, se mueven en la miopía de su visión, no entienden la propuesta de Jesús y acaban con piedras en sus manos para apedrearlo como a un blasfemo. 

De este modo hoy tenemos el desafío de descubrir y de proponer lo que Jesús vive y expresa del rostro del Padre, para situar nuestra propia existencia en la Vida definitiva para la que estamos radicalmente hechos.


El cristianismo es más que un conjunto de reglas morales elevadas, como pueden ser el amor perfecto, o, incluso, el perdón. El cristianismo es la fe en una persona. Jesús es Dios y hombre verdadero. «Perfecto Dios y perfecto Hombre»,

miércoles, 20 de marzo de 2024

CITA DEL EVANGELIO

 Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».



Permanecer en la Palabra de Jesús es hacer sus obras. Es entrar en el conocimiento de la Verdad, que es el mismo Jesús: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”.

Y esta adhesión a Él, nos da entrada a la libertad de ser hijo de Dios, el haber dejado el pecado para siempre, el haber abandonado el mundo de la esclavitud con sus apetencias y concupiscencias… ¡Qué gracia tan grande nos ha dado Dios al creer en Jesús su Hijo y pegarnos a Él…! 

 !Dios es bueno y cuida de nuestra alma, más que una madre cuida de su hijo de pecho…!


«Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. 

 No tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».

Como eran descendientes de Abraham según la consanguineidad, esos tales discípulos de Jesús se consideraban superiores no solamente de los gentíos que vivían lejos de la fe, sino también superiores a cualquier discípulo no judío partícipe de la misma fe.
A pesar de ser discípulos de Jesús, tenemos la impresión de que Jesús nada representaba para ellos, nada acrecentaba al que ya poseían. Pero es ahí donde se encuentra el gran error de todos ellos: los verdaderos hijos no son los descendientes según la consanguineidad, sino los herederos de la promesa, o sea, aquellos que creen (cf. Rom 9,6-8). 
Sin la fe en Jesús no es posible que alguien alcance la promesa de Abraham. Por tanto, entre los discípulos «no hay judío o griego; no hay esclavo o libre; no hay hombre o mujer», porque todos son hermanos por el bautismo (cf. Gal 3,27-28).


LA VERDAD OS HARA LIBRES

santo Evangelio según san Juan (8,31-42) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Le replicaron: ⁠«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?».




En el Evangelio de hoy nos resalta algunas palabras: Permanecer, Discípulos, Verdad y Libertad. Comienza invitándonos a permanecer en su Palabra.¡Qué importante es referir nuestra vida siempre al Evangelio! 

El Señor nos asegura que, si perseveramos en su palabra, seremos discípulos suyos, conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. Condición para su seguimiento, primera, 

Permanecer, al igual que los discípulos nos invita a estar con Él, esta unión e intimidad con Él nos ira formando, nos hará crecer en el conocimiento de su Palabra, acogerla, dejarla actuar en nosotros, dejarnos podar y transformar, hacerla vida, permanecer en ella.

Durante estos últimos días, el Evangelio nos propone el último alegato de Jesús, como el derecho que tiene todo acusado antes que termine el juicio contra él. 

Y en este alegato Jesús desnuda la falsa fe de los judíos que apelan a ser hijos de Abrahan pero no hacen ni viven como él. Abrahan, evoca una fe fundada en una existencia que inventa el camino, que se pone en marcha y confía sin saber hacia donde va. 

Mientras la fe de los judíos y puede que la nuestra, vive anclada en el pasado, inmóvil y cómoda en los estrechos límites de nuestras costumbres.



“Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32). El Verbo encarnado, Palabra de Verdad, nos hace libres y dirige nuestra libertad hacia el bien.

martes, 19 de marzo de 2024

CITA DEL EVANGELIO

 José, marido de Maria,como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.

«Es necesario callar para escuchar»

San José nos enseña que es necesario callar para escuchar, conocer y amar a Dios. 

Nos lo enseña con su historia y con sus actos ante la voluntad del Señor. 

 En su historia es posible que no escuchemos muchas palabras, pero vemos acciones. Acciones que implican una confianza profunda ante aquello que Dios pide. Nos muestra que muchas veces no es fácil seguir la voluntad de Dios, sin embargo, con su silencio, nos revela que es precisamente ahí donde ha encontrado respuesta, consuelo y esperanza ante lo que a primera vista no se entiende o parece no tener sentido.

JOSE EL JUSTO

santo Evangelio según san Mateo (1, 16. 18-21. 24a) 

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Sant


En el corazón mismo de la cuaresma, celebramos la solemnidad de San José. Dios se sirve de José, hombre sencillo y de profunda fe para sacar adelante su historia de salvación centrada en Jesús. 

Hoy, nos invita la Iglesia a contemplar la amable figura del santo Patriarca. Elegido por Dios y por María, José vivió como todos nosotros entre penas y alegrías. Hemos de mirar cualquiera de sus acciones con especial interés. Aprenderemos siempre de él. Nos conviene ponernos en su piel para imitarle, pues así lograremos responder, como él, al querer divino.

José no obstaculiza el designio divino, entra en el misterio sin comprenderlo a fondo, se fía de su creador y colabora con docilidad y confianza.
 José, es otra figura en este tiempo de cuaresma que puede pasar desapercibida, y sin embargo, la Anunciacion del Angel a José, manifiesta una confianza tal pues él ni siquiera habla ni duda, como si ocurriera en la anunciación de Maria.

 San José está dispuesto a obedecer sin dilación, se pone en actitud de escucha, es el justo, el pobre que tiene a Dios por riqueza. San José nos invita a entrar en la escuela de los pobres que creen plenamente en el amor de Dios y han experimentado su don. José... el hombre que adoptó al Hijo de Dios. 

Esta es su justicia. Y esta será también la nuestra, cuando en el corazón mismo de nuestros amores y de nuestras dudas, vivamos la historia de Dios-con-nosotros, Enmanuel. ¡Felicidades a todos los padres en su difícil pero apasionante tarea de acompañar a sus hijos en este camino de la vida!


Todo en su vida —modesta, humilde, corriente— es luminoso. Por eso, célebres místicos (Teresa de Avila, Hildegarde de Bingen, Teresita de Lisieux), grandes Fundadores (Benito, Bruno, Francisco de Asís, Bernardo de Clairvaux, Josemaría Escrivá) y tantos santos de todos los tiempos nos animan a tratarle y amarle para seguir las huellas del que es Patrón de la Iglesia. 
Es el atajo para conseguir santificar la intimidad de nuestros hogares, metiéndonos en el corazón de la Sagrada Familia, para llevar una vida de oración y santificar también nuestro trabajo.

lunes, 18 de marzo de 2024

CITA DEL EVANGELIO

De pronto los escribas y fariseos irrumpen dejando en medio a una mujer, —«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».



Jesús había pasado la noche en el huerto de los olivos orando a su Dios. Un Dios todo misericordia incapaz de dictar sentencias tan crueles. Un Dios que no se parecía al de los judíos. Es la novedad que vino a traernos. En adelante ya no invocaríamos a un Dios terrible y justiciero sino a un Dios «tardo a la ira y rico en misericordia». a un Dios Padre bondadoso. Jesús lo sabía muy bien, la mujer lo sabría enseguida. Nosotros ya lo sabemos. Como aquellos hipócritas «insistían en preguntarle se incorporó y les dijo: 

 —«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.




Tirar la primera piedra era privilegio del testigo principal, era hacerse responsable de la ejecución. Los escribas y fariseos debieron quedar admirados y perplejos por la sagacidad de Jesús y asustados porque sus corazones no estaban limpios. y «se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos»

 «Se quedó sólo Jesús con la mujer en medio, que seguía allí delante.

 Jesús se incorporó y le preguntó: —«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

 Ella contestó: —«Ninguno, Señor». 

 Jesús dijo: —«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

domingo, 17 de marzo de 2024

CITAS DEL EVANGELIO

santo evangelio según san Juan 12, 20-33 

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». 



Nos muestra como esta petición es de todos los tiempos ya que en todo corazón humano nos encontramos con este deseo de plenitud, con esa sed de dicha y hambre de felicidad, hemos sido creados “a imagen y semejanza de Dios” y no podemos conformarnos con menos, tenemos sed de eternidad y solo Dios puede saciar esa sed, esa hambre y ese deseo. 

Y como aquellos griegos necesitamos que nos muestre al Señor. Es algo que todo cristiano debería estar preparado para llevar al encuentro con nuestro Dios. Hoy, más que nunca, hay muchos que anhelan a Dios, aunque no lo saben, y de distintas formas demandan esa sed de felicidad, gran responsabilidad, nuestro testimonio y nuestra vida, tiene que mostrar el rostro de Dios, no podemos vivir como si Dios no existiera, al ser mediadores del encuentro con el Dios vivo.


Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El grano de trigo que para hacerse fecundo tiene que pasar por la muerte. Aquí es donde se entiende su anuncio de la pasión y su glorificación en la Cruz, allí es donde va a ser glorificado el Hijo del hombre, en su muerte y resurrección, importante mirar al crucificado, “cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”, es en la Cruz donde nos muestra su amor, hasta donde llega su amor por nosotros, hasta dar la vida, convirtiéndose en la sede del mayor amor. 

No hay otro camino para llegar a la gloria sino la aceptación, la acogida y el abrazar la Cruz, para permitir al Señor que nos ayude con nuestras cruces de cada día. En la Cruz que es el amor más grande , nos muestra el camino de la entrega, de la donación, del olvido de sí, de entrenarnos en el amor, que lleva al perdón, a no llevar cuentas del mal, a vencer el mal a fuerza de bien.




QUEREMOS VER A JESÚS

 Jn 12,20-33 

 Una de las expresiones más hermosas del Evangelio es este pedido de un grupo de griegos que habían ido adorar a Dios en Jerusalén: “Queremos ver a Jesús”.




"Ha llegado la hora" La hora de Jesús. La hora de poner las cosas en su sitio. La hora de la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. 
Pero esa hora tiene también un lado terrible, un coste muy alto: la cruz. Jesús tiembla. Me gusta mucho ver a este Jesús humano, retorcido ante la muerte. "A gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía librarlo de la muerte".

 El hombre que hay en Él se encrespa, entero, ante el dolor supremo que se le viene encima. "Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora". 

Pero esta cruz, aunque no la veamos desde este lado nuestro, tiene otra vertiente gloriosa. 
Esta muerte es ya un comienzo de triunfo:"si el grano de trigo no muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto". Ésta es, pues, la hora de Jesús. 

Nosotros solo la vemos, por ahora, desde este lado triste y espantoso. Solo la fe en el triunfo de Cristo, la celebración ilusionada de la Pascua, nos ayudará a descubrir, cuando llegue nuestra hora, ese otro lado glorioso de la cruz: el que da la vida. Y se nos encenderá la esperanza. 
Así, con la esperanza dentro, nuestro dolor se nos hará más soportable. Al mismo tiempo, este dolor nuestro, al traslucir, al asomarse de mil maneras esa luz que lleva dentro, será una Buena Noticia para todos los demás que sufren. Y levantarán la vista. Y hasta puede que sonrían. "Por eso he venido, para esta hora. Padre, ¡glorifica tu nombre!".



En verdad, no es un deseo solamente de ellos, pero del corazón humano, pues todos queremos ver a Jesús. Es un anhelo intenso que no se acalla prácticamente nunca, ya que algo profundo nos asegura que este encuentro es nuestra alegría y motivación. 

 Debemos “ver a Jesús”, en primer lugar, en nuestra propia alma, ya que Él ahí está, siempre y cuando no le expulsamos. Hay que hacer un poco de silencio interior y, principalmente, ser sincero consigo mismo.

sábado, 16 de marzo de 2024

CITA DEL EVANGELIO

 


“Tú solo tienes palabras de vida”. Los hombres tenemos la posibilidad de rechazar el mejor regalo que Dios nos ha hecho, el regalo de su Hijo y de sus palabras. Aceptemos emocionados este sublime regalo.

Jesús no dejaba indiferentes a quienes le escuchaban, hasta el punto de que en esta ocasión y en muchas otras «se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él»

La respuesta de los guardias, que pretendían detener al Señor, centra la cuestión y nos muestra la fuerza de las palabras de Cristo: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46). Es como decir: sus palabras son diferentes; no son palabras huecas, llenas de soberbia y falsedad. El es “la Verdad” y su modo de decir refleja este hecho.

Nosotros en cambio debemos acercarnos a Cristo, dejar que Él nos hable al corazón por medio del Evangelio, de la Eucaristía, de la Reconciliación.

NADIE HA HABLAD ASI

  evangelio según san Juan 7, 40-53 

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». Otros decían: «Este es el Mesías».

“ Jamás nadie ha hablado así ”


Como ayer, el Evangelio de hoy nos presenta los cuestionamientos acerca de la identidad de Jesús. Se nos muestra cómo a causa de sus acciones y predicaciones, motiva un desconcierto entre todos aquellos que lo escuchan, algunos estaban intrigados sobre quién era en realidad: ¿un profeta o el Mesías? Esto demostraba que Él los impresonaba mucho.
 Pero no podían aceptarlo tan definitivamente como el Mesías. Pero ¿por qué? Tal vez porque no podían asimilar ni aceptar que el Mesías fuese de Galilea y mucho menos que proviniera de una familia humilde; tampoco aceptaban que pusiera en entre dicho las poderosas estructuras dominaban Jerusalén en aquella época.

Hay que tomar partido. Vivir de la fe exige optar. 

La piedra angular se había convertido para unos en obstáculo, para otros en fundamento de la construcción. 

 Muchas veces, quienes se niegan a recibir la salvación, se aferran a sus preconceptos y, con eso, se cierran más aún. Jesús sufrió, como muchos otros, el rechazo a causa del lugar del cual provenía. Y así también en ocasiones actuamos nosotros, en esta cuaresma vale la pena que nos preguntamos si ¿hay alguien en mi vida a quien yo haya condenado sin escuchar su versión de la historia?





Jesús será siempre la pregunta planteada a la fe: "¿Para vosotros, quién soy yo?" ¿Piedra de tropiezo o piedra angular? La fe es combate, es lucha, es estar en búsqueda permanente. ¿Tu ya has optado por Él?