YA ES SEMANA SANTA

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lunes, 24 de marzo de 2025

EL RECHAZO A JESÚS

Evangelio según san Lucas (4,24-30) 

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»








En el Evangelio de hoy nos presenta al Señor sintiendo el rechazo de los suyos, y nos encontramos con el famoso dicho: “ningún profeta es aceptado en su pueblo”, no fue acogido. El pasaje nos resalta que el Señor: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino”. 


La verdadera conversión se apoya en un gran deseo: conocer a Dios. Todo lo demás es egocentrismo sin horizonte. 

Jesús llega a la sinagoga de Nazaret, su pueblo, y no solo declara ingenuamente: "hoy se ha cumplido la Palabra", sino que se presenta como el que va a renovar la historia a través de su persona. En eso consiste la fe y es lo que Dios viene a renovar, el corazón del hombre a través de su Hijo. ¿Lo conseguirá frente a los maestros de la ley que han edificado un sistema de leyes y de ritos en el que el corazón, a la postre, no cuenta para nada? 

Hoy los habitantes de Nazaret se encogen de hombros y ante las palabras de Jesús que les encara con la verdad de sus vidas, prefieren no escuchar y reaccionar de tal modo que quieren acabar con la vida de Jesús. "Pero él, pasando por en medio de ellos, siguió su camino". Camino de la cruz. El único por el que Dios ha encontrado paso para renovar el corazón del hombre.


Aunque sabe que ningún profeta es bien recibido en su patria, sin embargo la cerrazón de corazón de su gente le resulta oscura, impenetrable: ¿Cómo es posible que no reconozcan la luz de la Verdad? ¿Por qué no se abren a la bondad de Dios, que quiso compartir nuestra humanidad? De hecho, el hombre Jesús de Nazaret es la transparencia de Dios, en él Dios habita plenamente. 







Quien entendió verdaderamente esta realidad es la Virgen María, bienaventurada porque creyó. María no se escandalizó de su Hijo: su asombro por él está lleno de fe, lleno de amor y de alegría, al verlo tan humano y a la vez tan divino. Así pues, aprendamos de ella, nuestra Madre en la fe, a reconocer en la humanidad de Cristo la revelación perfecta de Dios.” Nos encontramos en un tiempo propicio, tiempo de gracia, tiempo favorable para intensificar nuestro encuentro con el Señor. No desaprovechemos esta oportunidad.

domingo, 23 de marzo de 2025

LA HIGUERA Y LOS FRUTOS

  santo Evangelio según san Lucas (13,1-9) 

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.


Dios no se rinde. Quiere seguir, una y otra vez, intentando lo imposible: que nos convirtamos. 
Ante la falta de respuesta de nuestra "higuera", Él en vez de cortarla ha preferido trabajar nuestro corazón con la advertencia: "Si no os convertís todos pereceréis". 

 El Señor quiere poner en juego todos los recursos que su amor va inventando cada día. Es una mezcla impresionante de amor, paciencia, de búsqueda constante, de recurso que puedan ayudar al otro sin obligarlo, sugerirle sin imponerle, animarlo sin coaccionarlo. 
Es exponerse, sí, a que el otro termine no queriendo: "sino, el año que viene la cortáis ". Pero también y sobre todo, un bonito acto de fe en la capacidad de conversión del otro. 

 Todo para que alguna vez, sin prisa, cuando hayamos acabado de madurar por dentro, cuando en ese interior misterioso y personalísimo donde se toma la decisiones libres nos parezca oportuno, nuestro corazón se abra con una sonrisa; y le digamos que sí, y empecemos a dar fruto.
 Entonces habrá valido la pena esperar un año más, Y estercolar, y cavar en torno a nuestra pobre higuera.
 Así, cuando la higuera de fruto, podremos con todo derecho echar el vuelos las campanas de la alegría, porque otro hombre habrá dado, en plena libertad, el paso de decir a Dios que sí. 
Habrá mucha alegría en el cielo por cada con pecador que se convierta.



Cuaresma, tiempo para dar fruto-
Transforma tu vida con frutos de amor y misericordia.

sábado, 22 de marzo de 2025

REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO

 Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15,1-3.11-32): 

“ Este hijo mío estaba muerto, y ha revivido ”

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. 



El Evangelio de hoy nos presenta la parábola conocida por la del hijo pródigo. Aunque lo que más nos revela es cómo es el corazón de Dios, podría denominarse también la del Padre misericordioso. Es la acogida gratuita y verdadera de su amor.

El padre espera con inquietud que el pequeño regrese y cuando lo ve corre hacia él para abrazarlo y besarlo, ordenando devolverle la dignidad perdida con los signos de anillo, sandalias y túnica.

 Es su manifestación de que “El Padre Dios es Amor”. Nos espera, no para recriminarnos, sino para abrazarnos y colmarnos de besos. 

El Señor no se cansa de perdonarnos, nos perdona siempre, está deseoso de renovar su alianza contigo, nos invita a acoger su amor y dejar que Él realice su obra en nosotros, llevando su amor, aprendiendo a ser comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos.  .

Dios es Padre en estado puro. Un Padre que solo vive de paternidad, es decir, del don de sí, de gratuidad, de ternura. 

No escucha para nada la confesión debidamente preparada de su hijo. Corre para abrazarlo y no teme el ridículo de las efusiones ni de una fiesta que para cualquier "justo" sería motivo de guasa. Del pecador hace un príncipe, y del desvergonzado un recién nacido. 

¡Mi hijo ha vuelto a la vida! ¿Qué es, lo que nos impide comprender que la reconciliación no tiene su centro en nuestras confesiones, sino en el corazón de Dios?

Muestra su alegría desbordante en la fiesta que organiza para celebrar el regreso, matando el ternero cebado porque no se conforma con cualquier cabeza del ganado, igual que sus jornaleros tienen abundancia de pan. El Padre es así, no sólo justo, es todo bondad. 

Por fin, cuando el mayor le recrimina su postura ante el pequeño lo corrige con cariño y suavidad, pidiéndole que comparta su alegría.

El hijo mayor no se ha quejado de nada, nunca ha festejado nada, y de repente, se pone celoso, furioso, obstinado. Su universo religioso se tambalea con la vuelta de su hermano menor, del vagabundo, dicho con otras palabras, con la revelación del corazón de Dios.

No puede comprender nada de Dios, porque está encerrado en su estricta justicia distributiva, en sus méritos, en sus contratos de toma y daca. 

En el fondo, solo el hijo pródigo puede comprender a Dios. Sólo él ha podido experimentar la ternura del perdón, la locura de la resurrección y la fiesta de la renovación reconocerá este rostro nuevo del Padre. 


Para este tiempo de Cuaresma, en el que se nos invita a una seria y profunda conversión, esta parábola nos anima a volver a descubrir cómo es nuestro Padre Dios, para eliminar esas imágenes falsas que tantas veces se nos vienen. Ahora, en plena crisis pandémica por el covid19 algunos mensajes, que circulan por ciertos ámbitos, achacan a un castigo o enojo divino lo que nos ocurre, nada más lejos de lo que nos enseña Jesucristo sobre el Padre Dios. Por eso, es importante que en Cuaresma purifiquemos nuestra imagen de Dios para vivir, de verdad, como hijos suyos y llegar a la Pascua con un corazón nuevo.


viernes, 21 de marzo de 2025

DOMINGO II DE CUARESMA

SÁBADO
“ Su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas ”





según san Lucas 15, 1-3. 11-32

 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

 Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. 
El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada. 

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 

La acogida del hijo que regresa se describe de un modo conmovedor: «Estaba él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó». Cuánta ternura; lo vio cuando él estaba todavía lejos: ¿qué significa esto? 
Que el padre subía a la terraza continuamente para mirar el camino y ver si el hijo regresaba; ese hijo que había hecho de todo, pero el padre lo esperaba. ¡Cuán bonita es la ternura del padre! La misericordia del padre es desbordante, incondicional, y se manifiesta incluso antes de que el hijo hable.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 

Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero estas palabras se disuelven ante el perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen comprender que siempre ha sido considerado hijo, a pesar de todo. Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y, por lo tanto, nadie nos la puede quitar, ni siquiera el diablo. Nadie puede quitarnos esta dignidad.

 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

Y empezaron a celebrar el banquete. 

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 

En la parábola hay otro hijo, el mayor; también él necesita descubrir la misericordia del padre. Él ha estado siempre en casa, ¡pero es tan distinto del padre! A sus palabras le falta ternura: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya… y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo…».
 Vemos el desprecio: no dice nunca «padre», no dice nunca «hermano», piensa sólo en sí mismo, hace alarde de haber permanecido siempre junto al padre y de haberlo servido; sin embargo, nunca ha vivido con alegría esta cercanía.

Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 
Y ahora acusa al padre de no haberle dado nunca un cabrito para tener una fiesta. ¡Pobre padre! Un hijo se había marchado, y el otro nunca había sido verdaderamente cercano. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque nos marchamos lejos o porque estamos cerca sin ser cercanos.

Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 
El hijo mayor, también él necesita misericordia. Los justos, los que se creen justos, también ellos necesitan misericordia

El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».


En cualquier situación de la vida, no debo olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, ser hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso. Incluso en la situación más fea de la vida, Dios me espera, Dios quiere abrazarme, Dios me espera.
Este hijo,mayor nos representa a nosotros cuando nos preguntamos si vale la pena hacer tanto si luego no recibimos nada a cambio. […] Este Evangelio nos enseña que todos necesitamos entrar en la casa del Padre y participar en su alegría, en su fiesta de la misericordia y de la fraternidad. Hermanos y hermanas, ¡abramos nuestro corazón, para ser «misericordiosos como el Padre»!”


VIERNES
“ La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular ”



san Mateo 21, 33-43, 45-46

Es una parábola especialmente alegórica en la que resulta fácil identificar los elementos más importantes: el hacendado es Dios; la viña, el pueblo elegido; los siervos, los profetas; el hijo, Jesús, muerto fuera de las murallas de Jerusalén; el nuevo pueblo escogido, nosotros. La parábola es una crónica de la historia de la salvación tal como puede ser escrita por el mismo Dios.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían.
 Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 
Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. 

Dios nunca ha estado de acuerdo con los sacrificios humanos. En esta parábola, el Padre consiente mandar a la viña al propio hijo. Nos peguntamos: ¿Qué padre de este mundo, después de ver que han asesinado a sus criados, es capaz de entregar a su propio hijo?

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. 
Un padre, por salvar al hijo, entrega todo lo que tiene. Se queda sin viña, pero se queda con el hijo.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Sólo el amor loco y escandaloso de Dios es capaz de hacer eso. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito” (Jn. 3,16). El Padre, al entregar al hijo de sus entrañas, se entregó él mismo por nosotros.  

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Con esta pincelada, el evangelista Mateo nos está diciendo que hay ahora un nuevo pueblo de Dios. La Iglesia debe dar los frutos que Dios esperó del pueblo de Israel y no lo consiguió. Para eso debe contar con la fuerza del Espíritu. Nuestros frutos deben estar en proporción con el amor derrochador de Dios.




Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida.

 ¿Somos una viña que da sus frutos a Dios? ¿o le estamos defraudando año tras año? ¿somos infieles? ¿o tal vez perezosos, descuidados? Vamos hacia la Pascua, que es el paso de la muerte a la vida.

JUEVES

“ Lázaro estaba echado en su portal ”

egún san Lucas 16, 19-31 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del pobre Lázaro. Al escuchar esta parábola podemos echar “balones fuera”, -permitidme la expresión-, es decir, que no va conmigo, un peligro es pensar que como yo no soy rico, conmigo no va, este es para otros, pensar que va solamente dirigido a los que disfrutan de grandes posesiones. Sin embargo, la enseñanza de la parábola, en mayor o menor medida, tiene aplicación para todos. Primeramente es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”


 Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. 

Según los comentaristas, en aquella época las comidas se servían en un solo plato y éste se limpiaba con la miga del pan, de modo que pudiera servir para el resto de la comida. 
Pues bien, esas migas sucias, que habían servido para limpiar el plato, se tiraban al suelo para que las comieran los perros. Y aquel ricachón ni siquiera eso le daba al pobre Lázaro.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. 

Otro punto para la reflexión es que todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra ayuda: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga, una llamada siempre a compartir. Si les cerramos nuestro corazón,

Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. 

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. 

Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. 
Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. 
Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo, tenemos que llevar el amor de Dios y mucho menos podemos desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden reclamar.
 Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.

MIERCOLES

 “ José era varón justo ”





según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a 
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado.

 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 
Lo importante es que José aceptó a María en una situación extraña, poco común y deseó rechazarla en secreto; gracias a que en sueños un ángel (soñar en la Biblia, ¡qué bien vienen!) le puso sobre aviso de quién era aquel Hijo. Recapacitó, recapituló y aceptó aquella paternidad subrogada, podríamos decir.


Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado” (Mt 1,24). • La voluntad del Señor se puede descubrir de variadas formas. Importante la buena disposición para aceptarlas y ponerlas en práctica. 

José supo sustituir muy bien a Dios y se nos muestra, en lo poco que sabemos, como un padre amoroso y ejemplar.



José fue obediente a Dios y le inculcó esa obediencia a Jesús. “En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario. Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia y se hizo «obediente hasta la muerte  de cruz»”
Quiera Dios que aprendamos de José, el carpintero, la confianza plena en la obra del Padre que hoy festejamos.

MARTES

“ Uno solo es vuestro Maestro ”

según san Mateo 23, 1-12 

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

Son palabras de Jesucristo acerca de los fariseos y los escribas, tan compuestos y preparados pero tan vacíos en su práctica. Muchos conocimientos para señalar y acusar a unos y otros pero sin la mínima auto-critica para empeñarse en vivir con coherencia.

 Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 
Aquellos eran expertos en reprochar a los demás sus errores pero todo lo que decían, para Jesús eran palabras vacías porque “no hacen lo que dicen”. Así, Jesús advierte “haced lo que dicen pero no hagáis lo que ellos hacen”. La doctrina era correcta pero la práctica nula, su vida era pura incoherencia.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. 


Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 

Reflexionamos sobre unas palabras sorprendentes de Jesús: “A nadie llaméis padre en la tierra. Sólo es Padre el que está en el cielo”. El verdadero Padre es Dios porque lo propio del Padre-Dios es “dar y darse” del todo en el hijo. En esta vida nadie puede llamarse propiamente padre porque las personas en este mundo estamos para dar y recibir”.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 

En este sentido sólo Jesús es el “Maestro de la vida”. Los demás pasamos por la vida “enseñando y aprendiendo” los unos de los otros. Nadie es tan ignorante que no tenga algo que enseñar; ni tan sabio que no tenga algo que aprender.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». 

Debemos tener mucho cuidado para que no vengan a causarnos, quienes nos miran, con estas mismas palabras de Jesús. 
Muchas veces decimos, rezamos, participamos en la liturgia pero después nuestra vida deja mucho que desear. Y lo peor es que cuando algunos comentan: “mira, muchos golpes de pecho pero después es un impresentable o un …”, nos molestamos y pensamos mal de quien lo dice, antes de revisar con humildad cómo estamos gestionando la fe en nuestra vida y si somos coherentes con la fe que profesamos. Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos, no vaya a ser que Jesucristo, por boca de cualquiera, nos repita aquellas palabras “ellos no hacen lo que dicen”

LUNES

“ La medida que uséis, la usarán con vosotros ”

según san Lucas 6, 36-38 
El pasaje del Evangelio de Lucas de la liturgia de este lunes de cuaresma es una invitación expresa a amar a los demás como Dios nos ama.
Este es el reto que nos plantea Jesús en este discurso que sigue a las Bienaventuranzas. Nuestro amor puede ser pequeño, egoísta y mezquino. Hemos de amar con el amor con que Dios nos ama, el generoso y compasivo, el que no tiene medida, no juzga y perdona siempre.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».



Nos da miedo amar así, a fondo perdido. No es más que volcar la misericordia que yo recibo, en los demás. Es reconocer que ese amor de Dios para mí, también es para todos. Así es el amor del Padre, y el que nos pide a sus hijos.
 Es el amor que libera, perdona, hace bien. Es el amor que arriesga y se entrega. Merece la pena, en esta cuaresma, revisar cómo es mi amor, qué calibre de generosidad y capacidad de perdón tiene.

DOMINGO 

“ Este es mi hijo, el elegido, escuchadle… ”




Recordemos que el pasado primer domingo de cuaresma, el evangelista nos presentaba a Jesús en el desierto luchando con sus tentaciones, en oración difícil. Ahora en este domingo Lucas escoge la secuencia de Jesús en el monte, en oración gozosa, experimentando íntimamente a Dios Padre y al Espíritu.

según San Lucas 9, 28b-36 

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. 

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 

Vemos como se llenaron de una inmensa alegría; Pedro con la aclamación: ¡Que bien se esta aquí!; Estaba tan contento que ni siquiera pensaba en sí mismo, ni en Santiago y Juan que le acompañaban. Suele pasar que cuando tenemos experiencia de Dios, lo que comienza a inundarnos es un gran gozo que nos sobrepasa y lo transforma todo.

Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 

Precisamente en este Evangelio es donde los amigos íntimos de Jesús, Pedro, Santiago y Juan van tener una experiencia de Dios, ellos van a sentir a Dios muy cerca de ellos… 

No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. 

Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». 

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.


La invitación que se nos hace a nosotros es la misma que escucharon los discípulos: Este es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle. ESCUCHADLE. La importancia de tomarnos en serio la Palabra de Dios, de conocerla, de dejar que sea nuestra guía, nuestra brújula, la que nos orienta en los acontecimientos y decisiones que se nos presenten.

AÑO A 19-20 B 20-21 C 21-22

ESTE ES EL HEREDERO, LO MATAMOS

vangelio según san Mateo 21, 33-43, 45-46 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.


Jesús sube hacia la cruz. La parábola de los viñadores homicidas es un resumen estremecedor de la escalada de los hombres contra Cristo y contra todos aquellos que, como Él, pretenden dar testimonio de Dios. 
 Y a esta escalada violenta del hombre, Dios responde con otra escalada: la del amor y la alianza.

La parábola evangélica de hoy es la de los viñadores homicidas es todo un compendio de la historia de la salvación humana. Se trata de una invitación del Señor a dar frutos según Dios, puesto que se nos ha confiado la viña, el Reino.

 Así como a los viñadores les fue enviado el hijo del dueño del viñedo, Dios Padre nos envía a cada uno a su Hijo. Y yo, ¿qué hago con Jesús? ¿Qué lugar le doy en mi vida? ¿He llegado alguna vez a echarlo de la viña de mi corazón? ¿Cómo estoy correspondiendo al amor de Dios? 


 San Agustín comenta que «Dios nos cultiva como un campo para hacernos mejores». Dios tiene un proyecto para sus amigos, pero por desgracia la respuesta del hombre a menudo se orienta a la infidelidad, que se traduce en rechazo. El orgullo y el egoísmo impiden reconocer y acoger incluso el don más valioso de Dios: su Hijo unigénito.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿Qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.



El Padre nos envía a su Hijo con gran amor, esperando que le respetemos, que acojamos sus enseñanzas, que obedezcamos su voz. 

Los viñadores mataron al Hijo, pero Dios lo resucita para que Él mismo sea la Viña. 
Nosotros somos los sarmientos de esa viña y los miembros de ese cuerpo. ¿Qué hemos hecho de Él? Igual que estos viñadores homicida, nosotros también corremos el riesgo de destrozar al Amado cuando llenamos nuestra fe de nuestro yo y nuestras pretensiones.
 Solo queda entrar en la escalada evangélica, renunciando a todo espíritu de posesión. Y donde hay odio, pongamos amor, donde haya ofensa, perdón, donde haya duda, la fe. Eso es dar fruto, el fruto no insípido de nuestro hacer interesado, sino el fruto luminoso, madurado al calor del Espíritu, sin otro artífice que la gracia.


jueves, 20 de marzo de 2025

ESCUCHAR A MOISES Y A LOS PROFETAS

evangelio según san Lucas 16, 19-31 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. 




Que los pobres, sí los pobres, son los favoritos de Dios se deja ver en esta parábola del rico epulón y Lázaro. 

Del rico lo desconocemos todo: no sabemos cómo llegó a amasar su fortuna, desconocemos todos los detalles de su existencia incluido su nombre: epulón es un adjetivo que hace referencia a su gusto por los banquetes y la comida opípara. Sin embargo, 

Jesús se detiene en presentarnos a Lázaro con detalle: dónde malvivía, la escasez de alimento a diario y las llagas purulentas para las que sólo encontraba el consuelo de los lengüetazos de los perros. No puede haber más detalles en su descripción, pero sobre todo, nos acercamos a su vida a través del nombre: Lázaro. El nombre propio hebreo, que viene a significar el que recibe ayuda de Dios, se

Esta parábola inquieta a mi corazón. Veo en el rico Epulón la actitud de la despreocupación que lo encierra en si mismos, en sus bienes y seguridades, y aunque no es malo con el pobre, sus riquezas le impide verlo. Y veo, a los pobres, que lamentablemente forman parte del paisaje de nuestras calles sin realmente verlo. Desde hace mucho tiempo, hemos capitulado ante la fatalidad del mundo. ¿Y cómo reconocerse culpable cuando ya nadie llega a sentirse responsable? Cada cual se encierra en su actitud de reserva, aislado, protegido, cegado...



todos tenemos muy cerca de nosotros a un Lázaro que puede necesitar de nuestra intervención: familias humildes que pasan apuros, gente sin trabajo, enfermos, ancianos abandonados, personas con algunas adiciones que los mantienen esclavos –alcohol, drogas, juego-, marginados que necesitan una mano amiga. Si les cerramos nuestro corazón,


Los cristianos no podemos quedarnos en ser espectadores en nuestro mundo tenemos que llevar el amor de Dios, y mucho menos , desentendernos ante las necesidades de los que nos pueden necesitar. Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”.

La conclusión del pasaje evangélico es una invitación a la escucha, igual que la experiencia del Tabor: “Escuchadle”, es una invitación a acoger la Palabra de Dios, se nos recomienda escuchar a los profetas. “Que escuchen a los profetas”.

miércoles, 19 de marzo de 2025

PENSAMIENTO A SAN JOSE



Enséñanos, José, cómo se es "no protagonista", cómo se avanza sin pisotear, cómo se colabora sin imponerse, cómo se ama sin reclamar. cómo se obedece sin rechistar cómo ser eslabón entre el presente y el futuro cómo luchar frente a tanta desesperanza cómo sentirse eternamente joven.

Amen

19 DE MARZO: SAN JOSÉ

El 19 de marzo, conmemoramos a San JOSÉ, Esposo de la Virgen María.

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SAN JOSÉ

nació probablemente en Belén, la ciudad de David, del que era descendiente, aunque al inicio de la historia de los Evangelios San José vivía en Nazaret.
San José desempeñó un papel esencial en el plan reconciliador de Dios, al encomendársele el privilegio y la gran responsabilidad de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y el custodio de la Sagrada Familia. Es el santo más próximo a la Virgen María y a Jesús.

De acuerdo con los Evangelios de San Marcos y de San Mateo, que son las escasas fuentes que lo mencionan, San José ejercía el oficio de carpintero, y así es como ha pasado a la tradición.


Cuando se realizó un censo de población en la antigua Palestina, José acudió a Belén con su esposa María, que estaba encinta. Ahí nace el Niño Jesús, y ahí recibe San José, como cabeza de la familia, a los humildes pastores y a los magnánimos reyes magos.
La persecución desatada por el rey Herodes obliga a la Sagrada Familia a huir a Egipto. En todo momento, los testimonios nos muestran a San José siempre a la altura de la sagrada misión que Dios le asignó.



Se ignora la fecha de su muerte (tradicionalmente, se acepta que murió cuando Jesucristo tenía más de 12 años), pero no está presente en el relato evangélico de la predicación de Jesús, por lo que se presume que murió antes de que ésta tuviera lugar.

Pío IX lo declaró Patrono Universal de la Iglesia en 1870, y Juan XXIII incluyó su nombre en la celebración de la misa. San José es el santo patrono de los carpinteros y de los padres de familia.




FELICIDADES A TODOS LOS JOSÉ, JOSEFA

lunes, 17 de marzo de 2025

SER MISERICORDIOSOS CON VUESTRO PADRE

evangelio según san Lucas (6,36-38) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».



El Evangelio de hoy concluye con una máxima: “La medida que uséis, la usaran con vosotros”. Para el creyente nuestra medida siempre la encontramos en Cristo, con lo cual, siempre andamos faltos de amor, la llamada es más fuerte, no podemos conformarnos con menos, nuestro mirarnos en Él nos debería de servir para sacar lo mejor de nosotros mismos. 

El pasaje de hoy me invita a la compasión y misericordia para con el prójimo que por alguna circunstancia me ofenda. La compasión de Dios, nos tiene que impulsar a vivir la misericordia para con los otros. Y es que una ofensa no se resuelve con otra. 

La única y verdadera solución es la caridad. Jesucristo nos enseño con su misma vida “que nadie ama más que aquel que da la vida” y su vida fue una entrega por amor. Enseñándonos así el camino del amor y siendo ejemplo de cómo se ama; allí está la medida, ese es nuestro parámetro. Contemplemos el proceder del Señor. El Evangelio nos pide a gritos una conversión; de lo contrario es imposible cumplir la consigna del Señor: no juzguéis, dad, perdonad. Si experimentamos ese perdón de Dios, podemos comenzar a perdonar con el amor con que hemos sido perdonados por el Señor. El Señor nos invita a responder con amor ante la ofensa. Si hay amor por el prójimo, entonces estamos cerca de Dios y Él vive en nosotros.



Si queremos que Dios sea indulgente con nosotros, tenemos que adoptar esa misma medida a la hora de juzgar a los demás. De esa manera nos estaremos convirtiendo en agentes de la reconciliación que Jesús ha venido a traernos a todos, y, aunque seguiremos sin superar inmediatamente todas nuestras limitaciones, si estaremos atrayendo hacia nosotros esa misericordia generosa y abundante de Dios, que es la que realmente (y no nuestros esfuerzos morales) nos cura, nos salva, nos acerca a la perfección del amor.

 

domingo, 16 de marzo de 2025

TRANSFIGURACION, PENSAMIENTO



Nos gusta volver al Tabor. Allí, por un instante te descalzas, bajas la guardia, alzas la copa y brindas por el amor, la amistad, el Dios evidente Allí te gusta quién eres, la música acuna, el espejo te devuelve una alegría serena y estás en casa. ¿Por qué abandonar este oasis? 

J Mª RGUEZ OLAIZOLA

ORACION DE LA MAÑANA DE CUARESMA 1º y 2º DOMINGO

II DIMINGI¡O DE CUARESMA



CAMBIAME, SEÑOR 
Para que, mi rostro al igual que el tuyo sea irradiación del Dios que vive en mí y tanto quiero Y, descubriéndolo como mi todo y mi vida hable de tal manera con El que, en el monte de mi existencia, pueda exclamar: ¡QUE BIEN SE ESTA AQUÍ! 
CAMBIAME, SEÑOR Y, sintiéndome tocado por tu gracia no acalle ni limite la voz que pregone tu poder la voz que cante tus hazañas la voz que alabe tu santidad y tu grandeza
 CAMBIAME, SEÑOR Que cuando la prueba me asalte en el camino sepa que, tu presencia, me acompaña me guía, me consuela y me empuja a seguir adelante Que, cuando mire al cielo, como Tú miraste crea, escuche y me embargue la presencia de un Dios que se fía de mi que confía en mí y que tanto espera de mí. 
 CAMBIAME, SEÑOR Siendo testigo de tu reino de que, otro mundo, todavía es posible Porque, Tú Jesús, eres el enviado el Ungido, el preferido, el amado Aquel que es capaz, por su obediencia, de cambiar a toda la humanidad.
D
Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia porque, en muchas ocasiones, temo sólo verte como hombre y no como Dios Si, Señor; transfigúrame con tu mirada porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista
L
Porque Dios no condena tú no puedes condenar, porque Dios perdona tú tienes que perdonar, porque Dios es amor tú tienes que vivir amando. En la cuaresma convertirnos al Padre, creciendo en el amor misericordioso, nos hace ser mucho más humanos.
M
Señor quiero revisar con humildad cómo estamos gestionando la fe en nuestra vida y si somos coherentes con la fe que profesamos. Antes de corregir a otro, de pretender adoctrinar a los demás, debemos mirar cómo vivimos, si hacemos lo que decimos, no vaya a ser que Jesucristo, por boca de cualquiera, nos repita aquellas palabras “ellos no hacen lo que dicen”
X
Tu serenidad y tu paz como consuelo. 
Tomaste a María como esposa Recibiste a Jesús como hijo Fuiste hombre de pocas palabras pero tus obras hablaron. Ayúdanos a ayunar de palabras y hacer fecundos nuestros caminos.
J
Los cristianos tenemos la posibilidad de servir, amar al Señor en el necesitado, recordemos las palabras de Ntro. Señor: “a mi me lo hicisteis”. ¿Cuándo fue Señor? Cuando a uno de estos pequeños le hicisteis algo a mí me lo hicisteis.
V
Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe recto con líneas torcidas, también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida. ¿Somos una viña que da sus frutos a Dios? ¿o le estamos defraudando año tras año? ¿somos infieles? ¿o tal vez perezosos, descuidados? Vamos hacia la Pascua, que es el paso de la muerte a la vida.
S
Para este tiempo de Cuaresma, en el que se nos invita a una seria y profunda conversión, esta parábola nos anima a volver a descubrir cómo es nuestro Padre Dios, para eliminar esas imágenes falsas que tantas veces se nos vienen. Por eso, es importante que en Cuaresma purifiquemos nuestra imagen de Dios para vivir, de verdad, como hijos suyos y llegar a la Pascua con un corazón nuevo


 DOMINGO I DE CUARESA




GRACIAS, SEÑOR (1º CUARESMA)
 Sin saber cómo ni por qué, he dicho “no” a lo que me degrada. Me prometieron ser más feliz lejos de ti y, veo, que son más desdichados los que de ti apartaron. 
Me señalaron que, con pan, vino y dulce no tendría necesidad de más sustento pero, con el tiempo, he aprendido que, el dulce empalaga, el vino embriaga demasiado y el pan se endurece sobre la mesa 

Sólo Tú, Señor, conservas la frescura eres algo siempre nuevo y, en tu Eucaristía, permanentemente tierno. ¿Cómo voy a dejarte, Señor? Ayúdame, Jesús, a combatir el buen combate A defender mi fe y mi esperanza A no esconder mi rostro cuando el enemigo me pregunte si yo tengo algo que ver contigo

 GRACIAS, SEÑOR 

Conocerte ha merecido la pena Servirte es mi lucha cada día Y, no caer en la tentación de la debilidad, es mi oración a Ti confiada. 
Guárdame y ayúdame, Señor, a salir victorioso de tantas dudas que siembran en mí interior incertidumbre. Todos los días digo "cambiaré" y, al día siguiente, me digo a mí mismo: "ayer mentí, cambiaré hoy". Amén
D
Nosotros, en este primer domingo de Cuaresma, estamos invitados también a entrar en el desierto de nuestro corazón. En él nos vamos convenciendo de la inutilidad de tantas cosas que antes creíamos necesarias; de los débiles que eran nuestros puntos de apoyo
L

Al atardecer de la vida te examinarán del amor.

El Señor quiere que si le amamos a El amemos también a nuestros hermanos. Hoy su Evangelio nos enseña que si nuestra fe es verdadera entonces se transforma en caridad y El reinará en nuestros corazones si de verdad amamos a nuestros hermanos. 

M

Hoy, Señor, quiero acabar mi oración dándote inmensas gracias por habernos enseñado a orar. Gracias porque nos has dado, como un inmenso regalo, tu propia oración. Te pido que yo rece esta maravillosa oración sin prisas, sin rutina, sabiendo y saboreando cada una de las palabras y que, de vez en cuando, me pase como a Santa Teresa que no podía pasar de la primera palabra.

X

Señor, aquí me tienes de nuevo a tus pies para estar un rato contigo. Me gustaría profundizar en este día en el gran signo de Jonás que, después de estar tres días y tres noches en el vientre de un cetáceo, en lo profundo del mar, saltó a la playa de la vida

J

Tú eres quien nos mandas que recemos, que estemos en diálogo contigo Vengo a orar, Jesús, confiado en tus palabras. Sé que si te pido, me darás; que si te busco, te encontraré; que si toco a la puerta de tu corazón, me la abrirás, porque Tú sólo me das cosas buenas.
V
Señor, quiero escuchar bien tu Palabra. Y la quiero escuchar no sólo con el oído externo sino con el oído interior, con el oído del corazón. Y quiero que esas tus palabras se ahonden dentro de mí, me penetren y se hagan norma de mi vida. Son palabras recias, exigentes. Sé que yo solo no las puedo cumplir; por eso te pido que me envíes al Espíritu Santo con sus dones. Con Él todo será fácil, sencillo, incluso placentero.

S
Señor, hoy te necesito más que nunca. Lo que me dices en el evangelio de hoy es para mí “un duro hueso de roer”. Me pides no sólo que perdone a mis enemigos, sino que los ame y rece por ellos. Yo sé que, por mis propias fuerzas, no puedo cumplirlo. Te pido que me ayudes, que me des tu gracia, que me eches no una mano sino las dos. Sé que sin Ti no puedo hacer nada.

MIERCOLES DE CENIZA





En la vida, como en todo, no faltan los contrastes: luz y oscuridad; tristeza o alegría; entusiasmo y decepción; angustia y serenidad; dudas y fe; amistad y odio; cielo o infierno...... 

La Cuaresma siempre será esa oportunidad para resituar las cosas, las ideas, los acontecimientos, las personas, nuestras luchas y nuestras conquistas a la luz del Evangelio. La cuaresma, en sí misma, no tiene otro fin que llevarnos a la Pascua. ¡Necesitamos tanto de vida, de luz, de resurrección, de optimismo, de generosidad! 
Y, esa Pascua, tiene un nombre: ¡CRISTO! Para ello este tiempo se convierte en eso: semanas para estar cerca de Aquel al cual tanto decimos amar, en el cual hemos sido bautizados pero del que, muchas veces, tan lejos nos encontramos. Un estudiante, para el examen final, echa el resto. Y nosotros, como discípulos de Jesús Maestro, también es bueno repasar las hojas de nuestra vida para intentar corregir, pasar página, enmendar errores e incluso intentar hacer un punto y aparte en aquello que no merece la pena insistir. 
Me gusta la CUARESMA porque nos lleva al meollo de nuestra fe, a identificarnos con Jesús, a reflexionar, rezar y guardar silencio en medio de tanto estruendo ideológico que nos asfixia y nos impide vivir con cierta paz y serenidad. A lo dicho: feliz y santa cuaresma. Vamos a por la PASCUA!
M
La imposiciòn de la ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tenemos aquí se acaba. En cambio,todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad.
"Arrepiéntete y cree en el Evangelio
X
Comienza la Cuaresma, tiempo para renacer de la ceniza,  de  ponerse en camino, de soltar la mediocridades, ambiguedades y asperezas........dejarme hacer de nuevo en manos del alfareros.
J

¿De qué te sirve ganar el mundo entero, tener el máximo poder, si te pierdes a ti misma, destruyes al ser humano y al universo? Siendo la vida el gran regalo de nuestro Padre-Madre-Dios.
V
Dame, Señor, la gracia de acercarme hoy a ti con un corazón limpio, sin prejuicios ni complejos. Quiero beber tu evangelio no en las aguas del río sino en el mismo manantial. Haz que deje atrás las distintas interpretaciones de los hombres y descubra tu evangelio con toda su frescura, con toda su pureza.
S
Tu mirada me ha cautivado.
Hoy, Señor, quiero aprender de Leví a ser desprendido, humilde, generoso. Y, sobre todo, a vivir tu llamada con gozo. Leví debía renunciar al dinero, al puesto de trabajo muy rentable, a la familia y a la posición de sus colegas. Y todo lo hizo con garbo, con presteza, con gozo. Dame la gracia de “servirte a ti, Señor, con alegría.

sábado, 15 de marzo de 2025

AMAR A LOS ENEMIGOS

santo Evangelio según san Mateo (5,43-48) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.  



El Evangelio de hoy nos hace una llamada a amar incluso a los enemigos. Nos encontramos en la Cuaresma, tiempo propicio para crecer en el amor. ¡Que difícil! amar a quien no te quiere. 

Sin embargo tenemos el testimonio de tantos santos, con su vida ellos nos lo hacen creíble y podemos ver que se puede, pero decimos, claro ellos son santos, como si fueran de otra madera y solo para unos pocos, incluso así, sabemos que es un don que tenemos que pedirle al Señor-.

Una vez más, Jesús llega más lejos que los escribas. Jesús exige algo más que renunciar a la venganza ante el que nos hace mal, pide que el mal sea vencido por el bien. 

Con esto Jesús despliega un futuro seguro, pues el hombre que se encierra en el odio desea la eliminación de su enemigo, pero si se conmueve ante la bondad que se le testimonia, renunciará quizás al mal y se volverá él mismo bueno.

El amor esta llamado a crecer sin limites, nos recuerda S. Pablo en el bello himno de la caridad. En ese crecer sin limites lleva a dar un paso y vence el mal a fuerza de bien, a aquel que te desea mal logra ganártelo, intenta que quien actúa como enemigo pueda pasar a ser amigo. Digo más, no te conformes con amigo, es tu hermano, aunque él no lo sepa. 

El amor es capaz de generar vida donde solo se siembra muerte, es el milagro del amor.

 El bien habrá vencido al mal y el perdón abre así un espacio de libertad, una lógica distinta de la del mal. 

Cuando Jesús nos invita a ser perfecto como su Padre, esa perfección se concreta en el perdón, que es el don por excelencia. Perdonar es recrear, liberar, creer en el otro, abrirle la posibilidad de una nueva vida. Nada es menos cierto: todos nuestros enemigos serán nuestros amigos en la medida de nuestro perdón. 



Así actúa Dios y ojalá que así actuemos nosotros. Cuando el amor es totalmente desarmado se convierte en lo que verdaderamente desarma. Perdona y haz lo que quieras.

Poniendo siempre nuestra mirada en el amor que Dios nos tiene. “hace salir el sol sobre los buenos y malos”. Imitando la bondad de Dios, pidiéndole que sea su amor el que nos ayude a nosotros a amar como somos amados. “Si amáis a los que os aman, ¿Qué mérito tenéis?. Estamos llamados a amar como nos ama el Señor. Hasta dar la vida y perdonando.

ROGAD POR LOS QUE OS PERSIGIEN

del Evangelio. Mateo 5, 43-48 

 Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,  





Dentro del Sermón de la Montaña donde Jesús nos habla de unas exigencias terribles, humanamente imposibles de cumplir, el evangelio de hoy nos propone algo “más difícil todavía” Se nos pide el amor a los enemigos.

 No hay entre las religiones del mundo ninguna que exija esto. ¿Por qué lo hace Jesús?

 En el evangelio de Mateo el discípulo siempre está delante de un Padre maravilloso que está al tanto de todo. Este Padre bueno envía el sol “para buenos y malos”. No hace distinciones. El Padre ama a todos y no puede dejar de amarlos. 

El sol ilumina, calienta, embellece lo mismo las casas de los buenos como las de los malos. Y manda la lluvia lo mismo sobre el campo del labrador que mientras siembra entona una jota a la Virgen del Pilar que sobre ese labrador que esparce su semilla entre blasfemias. 

A ese Padre hay que imitar. ¿Cuál es la recompensa? Ser hijos de tal Padre. Llevar marcadas las huellas del Padre en nuestros rostros, más aún, participar en lo íntimo de nuestro ser del mismo A.D.N que el Padre. 

Cuando yo llego a perdonar al enemigo, en lo profundo del corazón se ha obrado un verdadero milagro. Yo, por mí mismo, no puedo. Hay dentro de mí un Dios maravilloso que me ama y hace en mí verdaderos prodigios. ¿Aún quiero mayor recompensa?



Señor, hoy te necesito más que nunca. Lo que me dices en el evangelio de hoy es para mí “un duro hueso de roer”. Me pides no sólo que perdone a mis enemigos, sino que los ame y rece por ellos. ¿No es esto algo antinatural? Yo sé que, por mis propias fuerzas, no puedo cumplirlo. Te pido que me ayudes, que me des tu gracia, que me eches una mano o mejor, las dos. Sé que sin Ti no puedo hacer nada.

AMAR AL PROJIMO

 Evangelio según san Mateo (5,43-48) 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.



Un mandato que extremece y nos  sentimos muy pequeños para escalar una montaña alta.
Nos parece imposible. ¿Como voy a amara a mis  enemigos? a personas que nos han hecho mucho  daño como les voy a amar Señor.

Son mandatos divinos  que nos  invitan a ser perfectos

Nos sentimos  incapaces ....que hay que hacer:
Algunos que rebajar el mandato de Jesús
Otros, nos decia San Juan Pablo II que había dos caminos para subir un montaña, iª destruir l amontaña y 2ª subir la montaña paso a paso.
Un paso a la vez, rezar por nuestros enemigos, si para mi pido ayuda para ser mejor, pedir para ellos lo mismo 
Con este paso ya hay una conversíon en nuestro corazón.

Otro paso...si tengo oportunidad no  voy hacer daño a esa persona.
Tercer paso.....lo mas elevado ....hacer bien por mal,
Llegar a la perfección de Dios que devuelve bien por mal que sigue amndonos a nosotros que somos pecadores.
Todo esto es posible con una condición .....la ayuda de Dios.
Señor ayudame soy pequeño si fuerzas y sin tu ayuda no puedo escalar la  montaña de la  santidad......imposible ser perfecto  como Tu si no me ayudas para que pueda amar a mi enemigo como Tu lo haces conmigo.