martes, 2 de abril de 2013

PROCESIÓN DEL JUEVES SANTO POR MORENO NIETO 2013

Las 8 de la tarde, el altar  preparado: sin mantel, sin flores, el Crucifijo tapado. Todo nos recuerda que Jesús de Nazaret está viviendo los peores momentos de su vida. Y en Siruela nos unimos a él con nuestras oraciones.



Los nazarenos reunidos y nuestras veneradas imagenes esperando a que lleguen los portadores para procesionar por las calles de Siruela,

 
Nuestro Padre Jesús Nazareno "El Señor de Siruela" abrazado a su Cruz, con su túnica morada en un sencillo paso con un exorno floral sencillo: flores blancas y moradas, alumbrado por cuatro brazos de tulipas de cristal.
 
 
 
Nuestra Santísima Madre de los Dolores "La Dolorosa" con una pequeña luz que  ilumina su cara y sus ojos de los que se escapan unas lágrimas. El sencillo paso con un exorno floral sencillo
 
 
 
Y como dice el refrán que el Jueves Santo, uno de esos días del año en los que reluce más que el sol, y la previsión se ha cumplido en Siruela. La lluvia ha cesado y
 
los portadores de la primera tanda entran para sacar las imagenes.

 
  Fuera la cofradía dividida, los de Jesús por un lado y los de la Virgen por otro.
 
 
 
 
 
 
Y Nuestro Padre Jesús ya en la calle, imagen muy esperada en nuestra Semana Santa, por la mañana muchas personas han asistido a su traslado y ahora seguirán el recorrido.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Muchos años viendo como procesionas en esta callecita estrecha y sigo emocionandome al sentir tu mirada tan cerca.
 
 
 
 
 
Y entrando en Moreno Nieto, nuestra Madre acompañando a su Hijo.
 
 
 
 
 
 
¡Que fortaleza interior la de María! ¡Qué temple el de su delicada alma de mujer fuerte!
 
 
   ¡Qué locura de amor la suya!
 
 
 
 
Sabía de lo duro que sería seguir de cerca a su Jesús camino del calvario. Pero decide hacerlo. Y lo hace.
 
 
 Su amor era más fuerte que el miedo al dolor atroz que le producía presenciar la suerte ignominiosa de Jesús.
 
 
 
 
 
 
 Ella tenía conciencia de que había llegado el momento en el que la espada de dolor se hendiría despiadada en su corazón.
 
 
 Era contemplar la pasión y muerte de su propio Hijo.
 
No se esconde para no verlo. Ahí estaba. Muy cerca y en pie.
 
 
 
 
 

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