YA ES SEMANA SANTA

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miércoles, 14 de febrero de 2024

TU PADRE, UE VE EN LO SECRETO, TE RECOMENSARA

 santo Evangelio según san Mateo (6, 1-6. 16-18) 

 Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.




Hay que estar muy atento a lo que acontece en tu corazón porque Dios quiere que sientas toda su vida en él.

 El tiempo de cuaresma que empezamos hay con la imposición de la ceniza, unida a la austeridad de las prácticas del ayuno, la abstinencia, la oración y la limosna nos invita a poner nuestro corazón en "estado de reforma".



 Necesitamos un largo retiro, una estancia prolongada en el desierto de nuestro corazón para que allí descubramos la verdad de nuestra vida, las seguridades a las que nos aferramos y los dioses reales a los que rendimos pleitesía. 

Por eso es tiempo de cambiar, de elegir, de conversión, de reforma, la del corazón. Hay que vivir de otra manera, respirar con otro ritmo, sumergirnos de nuevo en el Evangelio. 

Comprometernos a ayunar de nuestros excesos que nos hacen tan insolidarios, a orar para poder mirar la vida y las cosas más allá de nosotros mismos, a hacer limosnas, es decir, a gritar que nada es "mío" porque lo nuestro es la fraternidad. Es tiempo para hacer limpieza interior, "cuando ayunéis no andéis cabizbajos... sino perfúmate la cabeza", vaciarse de uno mismo para que al fin Dios encuentre un sitio en el fondo de nosotros mismos. 

La verdadera fiesta a la que nos invita Dios es interior, en lo secreto de tu corazón, en el fondo de nuestra mirada interior. 




También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan». Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. […] Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.”

lunes, 12 de febrero de 2024

SEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 MARTES

“ ¿Y no acabáis de entender? ”





según san Marcos 8,14-21 

La levadura era signo y causa de corrupción. Jesús quiere que nos liberemos de la levadura de los fariseos

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca. Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». 

Diríase que están familiarizados con que, cerca de Jesús, no les va a faltar el sustento.

Pero les traiciona su falta de fe en la providencia del Nazareno porque les invade el temor cuando descubren que no hay más que un pan en la barca.

Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes. 

Discuten y hacen cálculos, tratarían de arreglarlo por su cuenta con sus limitados medios.


En el Evangelio de hoy, Jesús previene a sus discípulos de la levadura de los fariseos y de Herodes.

¿De qué levadura se trata? Los fariseos están anclados en la Ley, en las Instituciones, es decir, en lo viejo. Ya todo está dicho y no cabe esperar nada mejor.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? 

La Pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo.

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? 

Y se encorajina con ellos porque no lo ven, porque la mundanidad les ciega y les embota los oídos:

¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».

Ellos contestaron: «Doce». « ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». 

Pero los discípulos no parecen entender: tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.

Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

En el fondo, querrían otro signo del cielo como reclamaban los fariseos, una nueva señal de que Jesús los salvará del apuro multiplicando de nuevo su pan.


Esta escena del evangelio me habla de la terquedad de los apóstoles. 

Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer.

 Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.

LUNES

“ ¿Por qué esta generación reclama un signo? ”





según san Marcos 8, 11-13 

El Evangelio de hoy presenta una discusión de los fariseos con Jesús. Los fariseos, ciertamente conservadores, tirando al inmovilismo, piden un signo del cielo; tal vez desconcertados por la gran novedad de Jesús. ¿Qué tipo de señales buscaban?

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. 

Aunque a los fariseos hay que reconocerles una actitud religiosa responsable, podría criticárseles que algunos se mostraban cerrados, superiores a los demás y por ende, marginando a otros con su mirada religiosa…

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo?

 En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». 

Hoy, también nosotros podemos caer en actitudes similares al quedarnos en posiciones religiosas estáticas porque es más cómodo… y al condicionar nuestra adhesión al Señor exigiendo señales. En este escenario cual es la actitud de Jesús: no hacer frente a la provocación,

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.




DOMINGO

“ Quiero, queda limpio ”


La lepra era una enfermedad espeluznante en aquel tiempo en que no había posibilidad de cuidarla, y además todos creían que era muy contagiosa.

 Por eso los leprosos tenían que vivir a las afueras de los pueblos, apartados de sus familias. Además, el leproso era considerado “impuro”, es decir, alejado de Dios; Dios lo castigaba de esta manera por sus culpas.

san Marcos 1,40-45 

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». 

Bonito inicio de su petición: “si quieres…”.

Temerariamente el leproso se acerca a Jesús desafiando las normas legales. Y, ya que no podía acercarse al templo, se arrodilla delante de Jesús para dirigirle una súplica.

 No le pide que le cure de la lepra, sino que lo “limpie”, que le levante la impureza ante Dios. Sabe que Jesús puede liberarlo de este estado desgraciado que le obliga a vivir apartado de los hombres y, supuestamente, también de Dios.

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». 

Jesús se compadece. Tiene el leproso tan cerca, que Jesús se emociona: se hace cargo de su situación y al mismo tiempo se indigna por cómo es tratado por la sociedad, y por la idea de Dios a la que se había llegado. Dios no es así.

 Su Padre no excluye a nadie de su compañía, ni está esperando una fechoría de los hombres para castigarlos con la lepra o con cualquier otra desgracia. Jesús se conmueve hasta las entrañas

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. 

Y le sale a flor de piel esta mezcla de ternura y de indignación. Por eso, no tiene inconveniente en tocar sus llagas, aquella piel menospreciada por los “puros”. Extender la mano y tocarlo es uno de los signos que Jesús practica para transmitir consuelo y calor humano.

Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 

La carne del leproso se vuelve sana. Pero Jesús, no sólo lo ha curado, sino que ha reintegrado al leproso en su círculo social.

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.




Algunas lecciones podemos sacar nosotros cristianos de 2021 de esta curación del leproso. 
La primera, sabiendo que Jesús nos ha amado y nos sigue amando hasta el extremo, con toda confianza le hemos de pedir que nos cure y libere de las heridas y limitaciones que nos dificultan seguirle.
 La segunda, como tenemos experiencia de que Jesús nos ha curado y no ha introducido en el camino que lleva a la vida… queremos proclamar a los cuatro vientos, como el leproso, que Jesús es el que nos ha curado, es nuestro salvador, el que nos ha dado vida.

RECLAMAMOS UN SIGNO DEL CIELO

  según San Marcos (8, 11-13) 

 Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.


Hoy Jesús suspira profundamente. Su suspiro sabe a queja. Me asombra la paciencia infinita de Dios con su pueblo. Ahí están cuestionándole todo, pidiendo más pruebas, son la generación de la que hablaba el profeta Isaías: "miran y no ven". Jesús expresa con este suspiro, con este gemido, todo el sufrimiento de Dios ante la cerrazón y la incomprensión a la que son sometidos sus caminos, infinitamente misericordiosos, en este mundo.

¿Será porque no quiere ver los signos que tiene delante?
 ¿Será porque la multiplicación de los panes y los peces que el evangelista Marcos sitúa inmediatamente antes de esta diatriba con los fariseos no les ha parecido suficiente signo?
 ¿Será porque no le basta con los signos que han oído referir a los mayores, los que acontecieron en otro tiempo y en otro lugar? 
¿Será porque en realidad quieren que el signo les abra la entendederas de la fe?

 Pudiera pensarse que todas esas preguntas formuladas más arriba van dirigidas a los fariseos del tiempo de Jesús, cerrados a entender lo que ven con los ojos de la cara. 

Pero en realidad, esas preguntas van dirigidas a nosotros mismos, que de continuo exigimos signos y milagros patentes para convencernos de nuestra fe, para que se nos abran los ojos del corazón. 
Que nos sucediera algo tan incontrovertible que no hubiera refutación posible. 

Sin embargo, cuando nos vemos inmersos en situaciones a las que no sabemos dar una respuesta, ¿quién no hemos pedido una señal del cielo?, ¿quién no ha deseado tener la respuesta clara y segura en la mano como medio para ahorrar sufrimientos y así poder dar gracias a Dios?



Y es que a muchos nos falta la fe para leer todo cuanto ocurre, cuanto nos ocurre, como un verdadero don de Dios, y si Dios que es Amor nos ama, ¿cómo podrá darnos alguna cosa que no sea bueno, que no sea para nuestro bien, aunque hoy no podamos comprenderlo así?

 La única señal del cielo que podemos pedir es la fe para que, viendo y viviendo el hoy que quizás no podemos comprender, descubramos que todo cuanto ocurre es un signo más del Amor de Dios. El hoy que vemos oscuro y pan
No hay más señal que Cristo: su muerte y resurrección nos ha abierto a vivir la vida con sabor de eternidad. ¡Paz y Bien!


sábado, 10 de febrero de 2024

SAN JOSÉ CUSTODIO DE LA SAGRADA FAMILIA

San José custodio de la Sagrada Familia 

Muerto Herodes la Sagrada Familia vuelve a Nazaret



Jacob Jordaens, 1616 (representa el Retorno de la huida a Egipto, con el Niño ya con edad de caminar).

Muerto Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: —Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel; porque han muerto ya los que atentaban contra la vida del niño. Se levantó, tomó al niño y a su madre y vino a la tierra de Israel. 



Carreño Miranda, Juan ..... Sacristía de la catedral de Santa María la Real de la Almudena

Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá; y avisado en sueños marchó a la región de Galilea. Y se fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por medio de los Profetas: «Será llamado nazareno».8​9​

El Retorno, de Poussin.


El regreso de Egipto de James Tissot

SAGRADA FAMILIA
La Sagrada Familia del pajarito es quizá una de las obras más populares del artista sevillano Bartolomé Murillo (1617- 1682). En esta ocasión nos encontramos ante una obra religiosa con ecos naturalistas del artista Barroco y en ella aún es patente algunas deudas con pintores como Zurbarán, Velázquez o el mismo Caravaggio; con todo no se conoce la datación exacta de la pintura aunque podría establecerse en torno a la década de los cincuenta.


según la Iglesia católica, denomina al conjunto compuesto por José, María y su hijo Jesús. En el calendario de festividades católicas se celebra el domingo que cae entre la Octava de Navidad (25 de diciembre al 1 de enero), oscila entre el 26 de diciembre y el 31 de diciembre, si Navidad y María Madre de Dios es domingo, esta fiesta pasa a celebrarse el 30 de diciembre.


Sagrada Familia de Julius Frank.

 San José ejerció sobre Jesús la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció sobre María, virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo.


Bartolomeo biscaino, sacra familia con uva, 1650 ca.




Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el “Santo del silencio”.

 


SAGRADA FAMILIA.-DIEGO GONZALEZ DE LA VEGA.-BARROCO

Jesús, durante toda su infancia, estuvo junto a María y a José, en la sagrada familia de Nazaret. José le enseñó a Jesús el oficio de carpintero, le hizo conocer la ley judía y le inculcó vivir cumpliendo los mandamientos de Moisés.



SAGRADA FAMILIA.-Giorgione.-RENACIMIENTO

 Fue un gran santo, modelo de esposo y padre bueno. A él le fue confiada la custodia de Cristo y por eso la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, sigue recurriendo a él en busca de protección y de cuidado. San José es el protector de los trabajadores y obreros y es el patrono de la Iglesia universal.


Francisco de Goya

EN EL MUSEO DEL PRADO TENEMOS VARIOS CUADROS

La Sagrada Familia Hacia 1776. 

Bayeu y Subías, Francisco



 La Virgen, sentada con el Niño es representada en un primer término, detrás, aparece San José, en pie con la vara floreada que le caracteriza como el compañero de María. La obra es ejemplo de la pintura de gabinete o cuadros de pequeño tamaño que Bayeu llevó a cabo en su carrera artística, paralelamente a su trabajo realizando bocetos para frescos. Se aprecia la aceptación de las directrices de mesura y naturalidad impuestas por el Neoclasicismo, contrario a la exhuberancia decorativa del Barroco anterior. Las finas pinceladas, así como la brillante y efectista luz que emplea en la obra, son características habituales de su pintura religiosa.

La Sagrada Familia

Vicente Carducho

El cuadro está firmado con iniciales y fechado en 1631, siete años antes de la muerte de su autor, que fue uno de los pintores más influyentes y prolíficos que trabajaron en Madrid en las primeras décadas del siglo XVII. Era de origen florentino y a lo largo de toda su carrera se mostró apegado a un estilo clasicista, de gran claridad narrativa, del que es espléndido ejemplo este cuadro, una de sus composiciones más bellas y equilibradas, que muestra a la Sagrada Familia acompañada de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen. El pintor ha cuidado mucho la expresión, pero también los detalles, como demuestra la cesta de frutas o los útiles de labor del primer término, que constituyen espléndidos ejemplos de naturaleza muerta. Carducho no sólo difundió el clasicismo a través de sus obras, sino que lo hizo también mediante sus Diálogos de la Pintura (1633), un tratado artístico de gran interés.

Sagrada Familia con San Juanito, o Virgen de la rosa 

Rafael



 El carácter íntimo de la imagen, acentuado por la melancólica actitud de San José y María, su delicada iluminación y la presencia de la cortina del fondo, hacen pensar que se trata de una tabla de altar para una capilla de devoción privada. Si Rafael retoma en parte sus composiciones de principios de la década de 1510, aún muy florentinas, el tratamiento del color y la luz remite a la Virgen de la Perla (1518) y al estudio de la pintura de Leonardo y Fra Bartolomeo, que desarrollaría en sus últimas obras.



 La sencillez formal de los cuerpos y su segura disposición en el espacio, indican que fue pintada con rapidez y partiendo de modelos aprendidos. La factura es muy cuidada, a pesar de su limitada gama cromática: los azules se superponen a un estrato rosado, la capa pictórica en las carnaciones es extremadamente fina, y la ejecución de las sombras y los cabellos se aproxima a la transparencia con la que están tratados estos detalles en la Perla. 

OTRAS SAGRADAS FAMILIAS DE RAFAEL SANZIO

Sagrada Familia del Cordero


El cuadro fue comprado por el rey Carlos IV de España, e ingresó en el museo en 1837.

Rafael presenta a María, José y Jesús niño jugando con un cordero en medio de un paisaje de idealizada belleza, con colinas arboladas, un lago, caminos serpenteantes y edificios; el cielo, claro y sin nubes, aparece surcado por una bandada de pájaros. Es una escena agradable y bucólica, aunque no falta la alusión al sacrificio redentor de Cristo en la figura del cordero, símbolo que también aparece en pinturas como Santa Ana, la Virgen y el Niño de Leonardo.

La Perla, Rafael .Museu do Prado, Madrid.


Se trata de una Sagrada Familia con el Niño Jesús en el regazo de la Virgen María, acompañados de San Juan Bautista niño y su madre, santa Ana. Tanto María como Ana tienen expresiones severas, como previendo el sufrimiento de Jesús y la degollación de san Juan Bautista, mientras que San Juanito y el Niño Jesús, ajenos a estos presagios, adoptan un gesto alegre. Al fondo, a la izquierda, aparece San José dedicado a su profesión de carpintero.

SAN JOSÉ CUSTODIO DE LA SAGRADA FAMILIA II


Mira que tu padre y yo, apenados, te buscábamos”. María nombra a San José dándole el título de padre, prueba evidente de que él era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en José un reflejo y una representación auténtica de su Padre Celestial.
Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la mas perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos.”






Modelo de silencio y de humildad 


 Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “sean pocas tus palabras”.

 Es decir, su vida sencilla y humilde se entrecruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.


 Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22). Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!





 También se lo considera el protector de la buena muerte

 ya que él murió en la dulce compañía de Jesús y de María. Santa Teresa de Ávila nos decía de él: «Quien no hallare maestro que le enseñe oración, que tome a este glorioso santo por maestro y no errará en el camino». Su fiesta se celebra el 19 de marzo y es el patrono universal de la Iglesia.

viernes, 9 de febrero de 2024

QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 SÁBADO

“ ¿Cuántos panes tenéis? ”




San Marcos 8,1-10 

Muchas veces, ante las situaciones de necesidad de la gente, sentimos lástima, nos da penita ver sus carencias, sus pobrezas y miserias. Y con un tono, ciertamente lastimero, expresamos nuestro pesar: “¡qué lástima!, ¡cuántas miserias y pobrezas!, ¡cuánta hambre en el mundo!.


Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. 

Jesús contempla aquella multitud que lleva tres días con él, los ve desprovistos de alimentos para seguir y para el camino si los despide, vayan a desmayar en el regreso a sus casas, porque algunos eran de lejos. Pero Jesús no se queda en un sentimiento lastimero, en expresar una pena, Jesús se conmueve. Se pone en movimiento y así, pregunta a sus discípulos de cuántos panes disponen.

Además, algunos han venido desde lejos». 

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?». 

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?».

Tienen siete panes, y si en siete días puso Dios en marcha la creación, ahora, con siete panes Jesús va a poner en marcha la compasión. Porque Jesús se compadece de aquella multitud que tiene que regresar a sus casas después de haberlo escuchado y acompañado. Para que no vayan a desfallecer, para que tengan fuerzas para el camino, Jesús quiere que además de sus palabras en el corazón y en el recuerdo, se vayan alimentados. 

Ellos contestaron: «Siete». 

Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. 

Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también. 

Siete panes se van a multiplicar en sus manos para saciar a los cuatro mil, que quedarán satisfechos y recogerán siete canastas de sobras. 

Sentir lástima puede ser un sentimiento vago (¡pobrecitos! Qué le vamos a hacer!), pero la compasión pone en movimiento (¿qué tenemos para solucionar esto?).

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.


El Señor no nos pide hacer milagros, sino simplemente poner a disposición lo que somos y lo poco que podemos aportar, si quien salva, si quien realiza la obra es Él, y que detalle que quiera contar con nuestra pequeñez, Él es el que nos enseña a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde su perspectiva. 

El Señor nos impulsa a partirnos, repartirnos con el mismo espíritu vivido en la Eucaristía para los demás y, por tanto, a ser ejemplo de entrega, caridad y oración.


VIERNES

“ «Effetá», esto es: «Ábrete.» ”


según san Marcos 7,31 37 

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 

Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es, «ábrete»). 

Este texto de Marcos nos narra un hecho en el cual Jesús realiza una curación a un extranjero a petición de personas que habían conocido de otras curaciones que venía realizando fuera de Judá, y probablemente convencidos de su poder, le piden que imponga sus manos para curar a este sordomudo y Él accede porque ellos venían atentos a su Palabra y creyeron en Él. 

Jesús sana a quienes escuchan Su Palabra y lo buscan con fe y esperanza reconociéndolo como El Salvador del mundo.

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. 

El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. 

Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Cuánta falta nos hace tomar conciencia y pedir a Jesús que nos ABRA la mente y el corazón para poder comprometernos a luchar por las causas justas que día a día conocemos y escuchamos a través de los medios de comunicación, de nuestras amistades o en nuestras familias.



JUEVES

“ Por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija ”


Se fue a la región de Tiro, es decir, fuera del territorio de Israel. ¿A qué se va? – Jesús, cansado de las minucias legalistas de los fariseos que le cansan, tiene necesidad de cambiar de aires.

según san Marcos 7,24-30

El Evangelio de hoy (Mc 7,24-30) nos presenta el pasaje de la curación de la hija de una mujer pagana. Su hija estaba poseída por un espíritu impuro y, cuando la mujer se enteró que Jesús estaba cerca, enseguida fue a buscarlo y se le echó a los pies, rogándole que echase el demonio de su hija.

 En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. 

Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. 

La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. 

Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. 

Jesús opta siempre por el corazón. Es verdad que en su plan está primero su pueblo; es cierto lo que se dice de los infieles en Israel, “son como perros”

La reacción de Jesús puede dejarnos desconcertados si no la leemos en el contexto y cultura de la época

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 

Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». 

Como sucede en otras ocasiones, Jesús se conmueve ante aquél despliegue de fe (¿Qué madre no pone en los pies de Jesús los problemas y enfermedades de sus hijos?)

Él le contestó: «Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». 

Pero aquí Jesús se rinde ante esta madre. No importa que, al principio no le haya escuchado, ni importa que le haya dado razones de su obrar así, ni siquiera que le haya tratado como a un “perro”. Ella ha seguido insistiendo. También los perros tienen derecho a comer. Jesús descubre la fuerza, el coraje y el amor entrañable de una madre y realiza el milagro.

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. Reflexión del Evangelio de

Aquella mujer pagana creyó en Jesús y en su Palabra, y creyó que Jesús podía curar a su hija. Por eso no se rindió y continuó insistiendo

Es el “milagro del corazón”. Jesús quiere dejar bien claro la fuerza que tiene la oración de una madre cuando reza por sus hijos. Y quiere también dejar muy claro que en la gran mesa del Padre caben todos sus hijos, aunque sean infieles; aunque sean mujeres.
Y tú, ¿tienes la fe de aquella mujer?


MIERCOLES

“ Del corazón sale lo impuro ”


según san Marcos 7, 14-23

La religión judía en tiempo de Jesús daba cierta importancia a los alimentos, de tal manera que prohibía comer algunos.

La religión de Jesús es una religión del corazón. Nada se decide desde fuera; y nada que viene de fuera puede ser malo. Dios ha hecho buenas todas las cosas. Somos nosotros, con nuestro comportamiento, los que las hacemos malas. Y esa es nuestra enfermedad. Como decía San Juan de la Cruz: “La enfermedad no es otra cosa que la falta de amor”.

 En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro;

En verdad, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro. Claro que no podemos hacer lo que se nos ocurra. Dios, que es Amor y nos creó a su imagen y semejanza, puso en nuestro corazón el mandato del amor

 lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». 

Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 

 El libro del Génesis dice: Vio Dios todo lo que había hecho, y todo estaba muy bien (Gen 1, 31). Y san Pablo: Para los limpios, todo es limpio; mas para los contaminados y no creyentes nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminados

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? 

Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos). 

Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 

Jesús quiere que tengamos una mirada positiva hacia todo lo creado. Son hermosas las montañas, los valles, los ríos, los bosques, el mar, los árboles frutales, y también todos los animales. Y todo lo ha creado Dios para que lo cultivemos, lo usemos bien y lo disfrutemos. Dios quiere que tengamos una mirada limpia sobre las cosas, los animales y, sobre todo, sobre las personas creadas a su imagen y semejanza.

Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Hoy, Señor, quiero darte gracias, necesito darte gracias porque me has liberado de la esclavitud a las leyes, normas y preceptos que tenían los judíos en tu tiempo y que nos querían imponer a los cristianos. Gracias, Señor, por esa frescura, esa fragancia, ese soplo de libertad que has dado a tu evangelio. En realidad, el evangelio que nos has dejado, más que para ser leído es para ser comido, para ser gustado, para ser saboreado.

MARTES

“ Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición ”



según san Marcos 7,1-13 

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 

Jesús fustiga a los fariseos, a los que señala como hipócritas por prescribir hasta el más mínimo detalle de cómo sentarse a la mesa -entre otras muchísimas regulaciones- pero sin tener en cuenta el mandamiento del amor de Dios. Y nosotros, en nuestro pequeño mundo, nos sentimos a salvo de semejante perversión de la fe.

Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 

El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. 

Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. 

Lo que Dios siempre ha mandado es “amar al padre y a la madre” y ayudarles cuando éstos lo necesitan.

Pero había hijos desnaturalizados que, para liberarse de las obligaciones con sus padres, ofrecían a Dios eso que sus padres necesitaban para vivir. A este acto lo llamaban “corbán” es decir, “ofrenda a Dios”. Y así se quedaban tan tranquilos.

Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Jesús no está de acuerdo con ese chantaje, Lo que Dios quiere es que ese dinero se lo den a sus padres que lo necesitan. Más aún, que ofrezcan a sus padres también su tiempo; que los cuiden, los protejan, los ayuden, los escuchen, y “los quieran”.


“Su corazón está lejos”. Lo peor que nos puede ocurrir es tener el corazón lejos de Dios. Tener el corazón cerca es dejar que Dios ocupe el lugar que le corresponde: el corazón como sede de mis sentimientos, mis emociones, mis proyectos, mis ilusiones, es decir, dejar en sus manos toda mi existencia.…

LUNES

“ Y los que lo tocaban se ponían sanos ”




según san Marcos 6,53-56 

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

La vida de Jesús es una continua itinerancia, es un ir de un lugar a otro, y siempre al encuentro de las personas; siempre movido por el deseo de hacer el bien, de curar, de sanar, de liberar al que más lo necesita y más marginado está; esto es lo que nos presenta el Evangelio de hoy.

 Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.

Jesús se pone al alcance de las personas para hacerse “tocar” por ellas. No puede evitar que la gente lo rodee y le acerque sus enfermos y todas sus necesidades. Jesús sabe que su vida está entregada a todos los dolientes y excluidos.

 En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.




Y esta actitud también es modelo para cada uno de nosotros, para todos los que nos consideramos sus discípulos.

 DOMINGO

“ Curó a muchos enfermos de diversos males ”



san Marcos 1,29-39


Jesús ha estado enseñando en la sinagoga. Acompañan a Jesús los cuatros dicípulos recientemente llamados

Es una de sus actividades más constantes, junto con las curaciones que hace y de las que el evangelio de hoy nos habla con profusión.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. 

 Primero, cura a la suegra de Pedro que tiene una enfermedad corriente, a cuya casa acude con otros dos de sus discípulos. Ella se pone inmediatamente a servirles: se diría que el primer efecto de la curación es la disponibilidad para el servicio. Somos curados para poder servir mejor a los demás.

Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. 

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 

La población entera se agolpaba a la puerta. 

Junto a esta tarea solícita en favor de los que sufren,

Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. 

 Jesús vive a solas en profunda comunión con el Padre.

La ORACIÓN, mirar la importancia que da Ntro. Señor, mirar y contemplar a Ntro. Señor: “Se levanto de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar”, la relación con el Padre, ni el cansancio de una jornada intensa no le impidió a Jesús disponerse desde muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, para hacer oración.

Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.

 Los discípulos lo encuentran orando en descampado, antes de despuntar el alba, y le comunican que todo el mundo lo busca.

Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». 

Jesús no viene a buscar el éxito, ni se detiene ante los halagos de los hombres. 

 Jesús ha comprendido, en el diálogo de la oración, que su misión tiene que extenderse también a otras partes, en las que debe continuar enseñando y curando

Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».

 Su misión es implantar el Reino de Dios. “Vayamos a otra parte”:la tarea es inmensa. 

Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


Hay mucho trabajo, muchas personas que atender, pero Él necesita el diálogo con el Padre. Es su respiración vital. Hoy más que nunca el mundo necesita una palabra que venga del silencio.

 Así obraba el Señor: oraba con frecuencia en la soledad, en lo secreto, alejado del tumulto. 
Todos lo buscaban. También nosotros hoy buscamos compasión, un hombro sobre el que llorar, alguien en quien desahogarnos. Todos podemos ofrecer compasión al hermano atribulado. Pero para ello necesitamos reforzar la propia fuente de esa compasión que no es otra que la oración. 
Jesús nos enseña, con su actitud, de dónde proviene esa compasión: de la oración, del tiempo de calidad entregado a Dios para que actúe con su poder en nuestras vidas.






miércoles, 7 de febrero de 2024

JOSE COMPROMETIDO DE MARIA

  Estaba comprometido para casarse con una mujer del pueblo, llamada María. 




Cuando todavía no habían vivido juntos, María concibió a un hijo por obra del Espíritu Santo. Entonces



José advirtió que María estaba encinta. En sus zozobras, decidió repudiarla en secreto. Para las mujeres que eran infieles con su compromiso de desposadas, la ley mandaba que se las lapidara. José, como “era justo”, es decir, un hombre bueno, decidió desaparecer y así no llevar a cabo este mandado tan duro.



Pero un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que hay en su vientre proviene del Espíritu Santo».



 Ella dará a luz a un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados» (Mt 1, 20-21)



 José y María se casaron 





 comenzaron a vivir en una pequeña casa de Nazaret, mientras esperaban el nacimiento de Jesús. José era carpintero de oficio y trabajaba haciendo encargos en madera para todos los vecinos.

 En aquella época, apareció un decreto del emperador Augusto, que ordenaba realizar un censo en todo el mundo.

Cada familia debía ir a inscribirse a su lugar de origen y José tuvo que partir con María embarazada a la ciudad de Belén, de donde era el rey David. 



Cuando llegaron a Belén, a María le llegó la hora de ser madre y tuvieron que refugiarse en un pesebre, porque no encontraron lugar en ningún lado donde pasar la noche. ¡Cuánto debe de haber trabajado José esa noche! Preparando la cuna, limpiando el lugar, ayudando a María. José estuvo presente junto a María, en el sagrado momento en el que Jesús, el hijo de Dios, se hizo hombre. Y él también lo acunó en sus brazos, lo abrazó y lo besó dándole la bienvenida.

Esta era su gran misión en la vida: ser el esposo de María y el padre adoptivo de Jesús, 




cuidarlos y protegerlos a ambos. José recibió a los pastores de Belén, que llegaban a saludarlos y a adorar al niño; 




y también a los magos, que llegaban de Oriente con sus regalos de oro, incienso y mirra.



 Después de la partida de los magos, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se fue a Egipto. 






Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, cuando fue avisado nuevamente por el ángel y regresó a Nazaret.