YA ES SEMANA SANTA

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sábado, 12 de agosto de 2023

ORACIONES DEL TIEMPOO ORD XVII, XVIII Y XIX

DOMINGO XIX


TENGO MIEDO, SEÑOR A que tu barca, la barca de tu Iglesia, me lleve a horizontes desconocidos A que, tu Palabra, veraz y nítida deje al descubierto el “pedro” inseguro de poca fe, desconfiado o débil que habita en mis entrañas. 

TENGO MIEDO, SEÑOR De caminar sobre las aguas de la fe De nadar contracorriente De mirarte y estremecerme De hundirme en mis miserias y en mis tribulaciones en mi falta de confianza en las exigencias de caminar contigo.

 TENGO MIEDO, SEÑOR De que, en las dificultades, no respondas como yo quisiera Que, en las tormentas, no me rescates a tiempo Que, en la lluvia torrencial, no acudas en mi socorro. Por eso, porque tengo miedo, Señor, mírame de frente, de costado y de lado para que, en mis temores, Tú seas el Señor El Señor que venga en mi rescate. Tú sabes, Señor, que sin Tí me hundo a cada instante. Amén.

La oración y la Eucaristía me hace más fuerte y

A veces tengo muchos miedos pero ....Gracias Señor de todo corazón, amigo que nunca falla, amigo que siempre acompaña.

L

También nosotros somos esclavos, en muchas ocasiones, de las emociones, apegados a los sentimientos que experimentamos en presencia de Dios.
Señor, a veces, a mí también me atrapa la tristeza como a los apóstoles. Pero quiero fijarme en tus palabras: “Al tercer día resucitaré”. Mi tristeza se convertirá en gozo. Los sufrimientos de este mundo son pasajeros, pero la alegría será eterna. Señor, quiero vivir de esperanza.
M
YO TAMBIEN QUIERO SUBIR CONTIGO, MARIA 
Y ascender, muy alto, al encuentro con el Señor pero, sin olvidar, que los grandes rascacielos están primeramente sujetos a la tierra. Como Tú, María: Sencilla, no quisiste más grandeza que tu pobreza Como Tú, María: limpia, tus ojos sólo brillaron para el Señor Como Tú, María: obediente, siempre tus caminos fueron para Dios 
YO TAMBIEN QUIERO ASCENDER CONTIGO, MARIA Dándome generosamente, como Dios mismo se ofrece Entregándome sin tregua, como Tú misma te das Mirando hacia el infinito, y buscando, en ese aparente vacío, la grandeza del Salvador
¡Ayúdanos a encontrar, esas escaleras, por las que, Tú, has dado con el cielo!

X

Señor, te doy gracias por tu gran generosidad frente a nuestra flaqueza. Tú sabías lo difícil que es para nosotros la “convivencia”. Por eso nos dejaste tu presencia a la hora de rezar juntos. “Yo estoy en medio”. Si Tú estás en medio de nosotros, nuestra oración será auténtica.

J


DOMINGO XVIII



Transfigúrame, Señor 
Con tu gracia, para entender tu muerte. Con tu poder, para contemplar tu rostro. Con tu majestad, para adorarte como Rey. Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia porque, en muchas ocasiones, temo sólo verte como hombre y no como Dios.
 Sí, Señor; transfigúrame con tu mirada porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte, a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista. Sí, Señor; transfigúrame con tu amor y, entonces, comprenda lo mucho que me quieres: que me amas, hasta el extremo, que me amas, hasta dar tu vida por mí, que me amas, porque no quieres perderme, que me amas, porque Dios, es la fuente de tanto amor. 
 Sí, Señor; transfigúrame con tu fuerza, porque me siento débil en la lucha, porque prefiero el dulce llano a la cuesta que acaba la cumbre de tu gloria. Porque, siendo tu amigo como soy, no siempre descubro la gloria que Tú escondes. Transfigúrame, Señor. Para que, mi vida como la tuya, sea un destello que desciende desde el mismo cielo. Destello con sabor a Dios. Destello con sabor al inmenso amor que Dios me tiene.



 Según los datos que nos aportan las narraciones evangélicas, lo que mostraba a Jesús como un hombre transfigurado era su bondad, su compasión, su autenticidad, su integridad y coherencia, su libertad, su vivencia de Dios”
L

 Necesitamos de Cristo como Pedro cuando siente que se hunde. Ese grito de “Señor, sálvame” es el mismo que pronunciamos cualquiera de nosotros cuando nos damos cuenta de que, sin Dios, nada podemos y que necesitamos de su misericordia para sobreponernos a las limitaciones.

M
En medio de las dificultades no dejes de mirar a Cristo. 
X

Hoy, Señor, quiero iluminar la lámpara de mi vida con la tuya. “Quiero que tu luz me deje ver la luz” (Sal. 36,9). 

 La lámpara de mi vida con frecuencia se apaga, si no se deja iluminar por tu Luz. Yo no puedo presumir de ser astro con luz propia; pero no me importa con tal de ser iluminado por Ti, mi Sol, que alumbras siempre y nunca te apagas. 

J

V

Servir a los demás sirviendo te primero a Ti Señor, el primero en mi corazón porque en el momento más difícil, en mi cruz o en mi parrilla, te sentí muy cerca de mi... No tengas miedo yo estoy contigo. 

S

No quiero la oración superficial de tus discípulos que fue incapaz de curar al muchacho enfermo. Quiero orar con la oración de aquel padre angustiado por el sufrimiento de su hijo. Dame la fuerza de una oración existencial, enraizada en los problemas de la vida real.

DOMINGO XVII

¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR? 

Que me dicen que, hace un tiempo, te sembraron en mi corazón …y no te encuentro Que pregonan que, en el cielo te hallas, y cuando levanto la vista no te alcanzo Me repiten que, en los destrozos del mundo, es donde especialmente sales a su lado y…..no llego a percibir tu presencia. ¡Dónde estás, Señor! ¿Qué tengo que vender para poder comprarte? ¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte? ¿Qué parte de) mi hacienda he de regalar para que, Tú, seas la definitiva riqueza y valor a mi vida?

 ¡NO ME CONTESTES, SEÑOR! Mis ojos no te ven porque andan distraídos Porque prefieren verse seducidos por el gran capital que el mundo oferta Mis manos disfrutan mucho más cuando acarician los lingotes del oro del bienestar de lo que cuenta y vale en la sociedad del prestigio o del  y buena vida…sin mínimo esfuerzo

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!´

 ¡Demasiado bien sé donde se encuentra tu tesoro! En el silencio En la humildad, Y En la sincedad. Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro: La fe que es llave para poder amarte y descubrirte El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario ¡NO ME CONTESTES, SEÑOR! Soy yo, quien hoy más que nunca, necesito buscarte por mí mismo y ponerte en el lugar que te corresponde: ¡EN EL CENTRO DE MI TODO! Amén

Por ti Señor merece la pena darlo todo. Sin Ti nada soy. Tu eres mucho más que todo el oro.

Tu Señor iluminas todo lo que hago y soy, no dejes que nada ni nadie se interponga en nuestro caminar juntos. 

L. 

Que he hecho.,que hago y que puedo hacer por Ti Señor. 

Señor, te pido que me enseñes a ser humilde. Cuanto más alto se quiere hacer un edificio, más profundos han de ser los cimientos. Y el gran edificio de la vida cristiana y de la santidad sólo se puede edificar sobre los hondos cimientos de la humildad. Señor yo quiero ser pequeño y humilde.

M

Trigo y cizaña crecen juntos, el bien y el mal también crecen junto. 

Señor, que tu Palabra sea referente en mi vida de tal manera que se note en mi manera de hablar y actuar. Siembra en mi lo mejor de Ti apartando con fuerza al maligno. 

Quiero ser un basó nuevo y al final de mis días mi cosecha esté a punto. 

X

Mi encuentro fue tan verdadero que intento Señor vivir para ti y para los demás. Mi vida con las limitaciones son tuya. 

J

Me elegiste para enseñar tu vida y tu Palabra. Me siento discípulo tuya cuando mis obras están hechas con el Amor de Cristo. 

Intento Señor pertenecer al grupo de los peces Buenos. 

V. 

Los sacerdotes hombres de Dios defender su labor y su entrega. Rezar por ellos. 

Soy tentado Señor. Pero solo quiero seguirte y adorarte a Ti. Se que el maligno me tienta poor el fan de superación......que nunca, nunca, nada ni nadie me aleje de Ti.

S

Señor si no obro como Juan, recordando que hay actos en si mismo malos, que ofenden a Dios, es porque tengo dentro un Herodes que de vez en cuando actua en mi.

jueves, 10 de agosto de 2023

SEMANA XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 SÁBADO

“ Nada os sería imposible ”



según san Mateo 17, 14-20 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. 

Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo». 

 Jesús tomó la palabra y dijo: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo». 

 Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. 

 Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?». 

 Les contestó: «Por vuestra poca fe.

La fe, como un grano de mostaza, es la de aquellos que se sienten pobres y pequeños, y ante las dificultades y adversidades, del camino de la vida, se ponen con toda confianza en las manos del Señor.

 En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. 

La escena evangélica nos presenta a un padre intercediendo por su hijo, se lo ha llevado a los discípulos y no han sido capaces de curarlo. El Señor pone la razón de su fracaso en su poca fe. Nada seria imposible para el que cree.

Nada os sería imposible».


Dios quiere que nos fiemos plenamente de Él, que sintamos en carne viva los problemas de la gente, que cambiemos de vida y nos convirtamos al Evangelio. 

No se trata de mover montañas de tierra sino creer en la fuerza del evangelio para mover montañas de prejuicios y dificultades a la hora de implantar en el corazón de las personas los criterios del Evangelio.

 Con el evangelio en las manos o en los labios, no podemos hacer mucho. Con el evangelio en el corazón, hecho vida y experiencia, tenemos la mejor levadura para transformar este mundo.


VIERNES

“ El que quiera seguirme que cargue con su cruz ”


según san Mateo 16, 24-28 

Jesús, que acaba de confesarles el padecimiento que le aguarda en Jerusalén, introduce a los suyos en una didáctica del sufrimiento.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? 

Puesto que no podemos eliminarlo (qué mayor sufrimiento aguarda a todos y cada uno de nosotros que perder la vida), lo que propone aquí Jesús es entregar la vida voluntariamente,

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. 

En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

Sabemos mucho de ganar el mundo, de conquistar las cumbres de la fama, el reconocimiento o el bien vivir, pero no sabemos nada de ganar el alma. Y hacemos muy poco por saberlo. Quizá porque se nos ha olvidado y no encontramos quién nos lo recuerde, convencidos de que la fe es una muleta para nuestro crecimiento personal o nuestra realización individual en vez de una escalera hacia la vida eterna.

JUEVES

“ La alegría de la entrega a Dios y al prójimo ”


En el Evangelio de hoy, el Señor utiliza el ejemplo del grano de trigo y nos dice que para dar fruto es necesario pasar por la muerte. Se nos habla de la muerte como generadora de vida. 

Dar la propia vida es condición para la fecundidad, es la suprema medida del amor. La vida es fruto del amor y no brota si el amor no es pleno, si no llega al don total. Amar es darlo todo, entregarlo todo, sin escatimar nada; hasta desaparecer. 

El Señor hace realidad esta palabra porque va a entregarse por los demás. Y esto no es un fracaso, todo lo contrario, es la victoria del amor sobre el mal.

según san Juan 12, 24-26 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. 

 El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. 

El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sierva, el Padre lo honrará».


«El que se ama a sí mismo pierde su vida, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará.». El temor a perder la vida nos hace caer en el egoísmo, nos encierra en la búsqueda de nuestros intereses, nos genera muchos miedos, es el gran obstáculo al compromiso por los demás . Sin embargo, el que ofrece su vida por los demás, ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad, intenta hacer del día a día una entrega por amor.

MIERCOLES

“ Las que estaban preparadas entraron ”



«El Evangelio de hoy es una célebre palabra, que habla de diez jóvenes invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del Reino de los cielos, de la vida eterna. Es una imagen feliz, con la que sin embargo Jesús enseña una verdad que nos hace cuestionarnos; de hecho, de aquellas diez chicas: cinco entran en la fiesta, porque, a la llegada del esposo, tienen aceite para encender sus lámparas; mientras que las otras cinco se quedan fuera, porque, tontas, no han llevado aceite.

según san Mateo 25,1-13 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: - "Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. 

Llega la hora final, el Esposo se aproxima y las vírgenes aguardan el momento del encuentro definitivo para mirar cara a cara a quien han tenido en el corazón todo el tiempo. Pero ya no hay tiempo para más.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 

A medianoche se oyó una voz: - ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!. Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. 

Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". 

Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis". 

 Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. 

Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". 

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora".


Hoy, Señor, quiero iluminar la lámpara de mi vida con la tuya. “Quiero que tu luz me deje ver la luz” (Sal. 36,9). 

 La lámpara de mi vida con frecuencia se apaga, si no se deja iluminar por tu Luz. Yo no puedo presumir de ser astro con luz propia; pero no me importa con tal de ser iluminado por Ti, mi Sol, que alumbras siempre y nunca te apagas.


MARTES

¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?

El Señor perdonó todo tipo de pecadores: a los ladrones, a los mentirosos, a las prostitutas. Pero no pudo con los fariseos, los que se creían mejores que los demás, los que se apoyaban en sus obras para comprar el cielo, los que se justificaban a sí mismos.

Evangelio: Mateo 15, 1-2. 10-14 

 Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las manos a la hora de comer. 

El fariseo se presenta a decirle a Dios lo bueno que es y consigue hacer la oración más estúpida de toda la Biblia: “Gracias, Señor, porque yo no soy como los demás”

Luego llamó a la gente y les dijo: Oíd y entended. No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre. 

Entonces se acercan los discípulos y le dicen: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra? 

Él les respondió: Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.

 Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.



A Dios se puede ir de dos maneras: por las malas, (como el fariseo) en plan de exigencia o por las buenas, (como el publicano) en plan de indigencia. No es cuestión de “puños cerrados” sino de “manos abiertas”.


LUNES

“ ¿Quién es este, que hasta el mar y el viento le obedecen? ”



según san Mateo 14, 22-36 

Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 

 Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. 

Comienza retirándose a solas a orar, no solo nos enseña con la palabra sino que su obrar también nos esta mostrando lo que es importante y esencial, no podemos vivir sin la oración, no podemos seguirle sin el encuentro intimo con Él.

 Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. 

Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡ Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! ».

 Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». 

Ese “ven” con el que el Señor atrae hacia sí a Pedro obtiene una respuesta inmediata y sin vacilaciones por parte del discípulo, que arrostra el riesgo de caminar sobre las aguas sin aparente miedo.

 Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». 

Sólo cuando dudamos, cuando vacilamos en nuestra experiencia de encuentro con el Señor, sentimos el vértigo de estar haciendo algo que supera nuestras fuerzas y esa vacilación es la que nos hace caer.

 Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». 

 En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». 

 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron a todos los enfermos. 

 Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.



 Necesitamos de Cristo como Pedro cuando siente que se hunde. Ese grito de “Señor, sálvame” es el mismo que pronunciamos cualquiera de nosotros cuando nos damos cuenta de que, sin Dios, nada podemos y que necesitamos de su misericordia para sobreponernos a las limitaciones.

DOMINGO

“ Este es mi Hijo amado, escuchadle ”



, Jesús se trasfigura en la montaña, mostrando su gloria a los discípulos como anticipo de la resurrección.

Evangelio según San Mateo 17,1-9 

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 

 Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 

 De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 

La aparición de Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas, manifiesta que Jesús es la nueva y definitiva revelación,

 Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: 

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 

 Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». 

La voz de Dios, que, al igual que en el Bautismo, identifica a Jesús como su Hijo y pide que se le escuche.

 Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». 

 Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. 

 Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Los discípulos han de seguir el camino de Jesús hasta el momento de su resurrección, cuando será posible entender el significado pleno de su vida entregada y las implicaciones para su fe y su misión.


¿Qué hacía de Jesús un hombre transfigurado? Y ¿en qué se notaba? Según los datos que nos aportan las narraciones evangélicas, lo que mostraba a Jesús como un hombre transfigurado era su bondad, su compasión, su autenticidad, su integridad y coherencia, su libertad, su vivencia de Dios”

miércoles, 9 de agosto de 2023

LOS FARISEOS



Los fariseos venían desde Jerusalén sólo para ver cuándo Jesús hacía algo imprudente. Hoy encuentran una primera razón: “Y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar”. La ley estaba clara: “Los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas”

 La importancia de la pureza. La limpieza de la comida y de todo lo que usan para comer. Que nada impuro entre en su interior. Las purificaciones eran algo fundamental para los judíos.

 ¿Tan fundamental que nadie podía saltarse el más mínimo mandamiento?

Los judios muy escrupulosos de pureza ritual, ellos en la epoca de Jesús habían extendido las practicas usuales del Templlo de Jerusalen, las que llevaban los sacerdotes en el Templo a todos los asuntos de la vida cotidiana. Cualquier judio con una espiritualidad farisea tenía que llevar a cabo las mismas practicas del templo a la más pequeña aldea de Israel.

La Ley era buena pretendía que todo Israel fuera santa como santo era el Templo con el tiempo esa santidad solamente era exterior sin pensar que la santidad viene del interios.....del reino de Dios en nosotros.

 Juzgan en su interior a Jesús que permite la impureza. Jesús acepta que no se laven. Se saltan una norma importante cuando está claro lo que quiere Dios: “No añadiréis nada a lo que Yo os mando, ni quitaréis nada; para así guardar los mandamientos de Yahveh vuestro Dios que Yo os prescribo. Guardadlos y practicadlos, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos”.





 No lavarse no era algo baladí. Implicaba ir contra una tradición arraigada profundamente en el alma del judío. ¿Por qué lo permite Jesús? 

 Él mismo luego dirá que no ha venido a abolir la ley. Ni un solo precepto. ¿Por qué lo permite ahora? Tal vez es la pequeñez de la mirada de los fariseos lo que le duele a Jesús en el corazón. Se han quedado en la apariencia. No han venido a conocer a Jesús. Ni quieren saber lo que piensa, ni cómo vive. No pretenden dejarse tocar por lo que hace. 

 Lo racionalizan todo y en su juicio Jesús ya ha sido condenado. Es un pobre hombre sin sabiduría que nada tiene que aportar a nadie. ¿Cómo es posible abrirse a lo que dice cuando el corazón está cerrado ante su rostro? Jesús no pudo hacer nunca un milagro delante de un corazón sin fe.

 Lo fariseos no tienen fe. No buscan creer. No piensan que Jesús pueda aportarles algo nuevo a sus vidas. Desconfían de ese hombre que, sin tener formación ni sabiduría, logra que le sigan las muchedumbres. 



sábado, 5 de agosto de 2023

SEMANA XX DEL TIEMPO ORDINARIO

  SÁBADO

“ El primero entre vosotros será vuestro servidor ”


Estas palabras duras de este capítulo de Mateo obedecen a una situación histórica concreta: la Iglesia cristiana ha roto definitivamente con la sinagoga judía. Los seguidores de Jesús deben ser fieles a Jesús y no a los jefes de las sinagogas a quienes les gustan los halagos de la gente, los primeros puestos en los banquetes, que la gente les salude como “maestros” por las calles…

Según san Mateo 23,1-12 

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen , pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 

 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbi”. 

 Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbi”, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. 

 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 

A Jesús no le gusta que a cualquiera de los humanos le llamemos “padre”. Hay peligro de confundirlo con el único y verdadero Padre que es Dios; padre cariñoso y lleno de ternura y misericordia. Tampoco quiere que llamemos a nadie “maestro”.

 El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Entre cristianos el único Maestro es Jesús, un maestro de vida. Todos los demás, incluidos los apóstoles, somos “discípulos”, es decir, personas que siempre estamos aprendiendo de Jesús.


Señor, hoy en mi oración sólo te pido una cosa: que llegue a comprender tu mensaje, el proyecto del Padre sobre la humanidad, que llegue a descubrir aquello que más le agrada al Padre: el vernos unidos; y también lo que más le duele: el que rompamos esa unidad.


VIERNES

“ Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo ”



El Evangelio de hoy nos presenta el amor como el compendio de toda la Ley divina. Jesús fue preguntado por un doctor de la ley para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cúal es el mandamiento mayor de la Ley?”

san Mateo 22,34-40 

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

 Él le dijo: «”Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 

La novedad de la respuesta del Señor se encuentra en poner el amor a Dios y al hermano como el centro y esencia de la ley de Dios. Une Dios y el prójimo. La unidad del precepto de amar a Dios y al hermano es indisoluble, más todavía, ahí se resume la ley entera y los profetas, es decir, toda la Escritura. Más tarde, S. Pablo en el himno de la caridad nos recuerda que si nos falta el amor todo lo demás no nos sirve y que amar es cumplir la ley entera.

 En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».



JUEVES

“ Tengo preparado el banquete ”


El evangelio que leemos en la liturgia para hoy (Mt 22,1-14) nos presenta la parábola del banquete de bodas. En esta parábola Jesús compara el Reino de los cielos con un banquete de bodas, y al anuncio de la Buena Nueva del Reino con la invitación al banquete. Ya se acerca su hora, Jesús sabe que su tiempo se acaba y está “pasando balance” de su gestión.

según san Mateo 22,1-14 

En aquel tiempo, Jesús volvió hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. 

Jesús está consciente que los suyos (los judíos) no “aceptaron su invitación” (“Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”. – Jn 1,11), no le hicieron caso. 

Cada cual siguió ocupándose de “lo suyo”. Para estos, sus asuntos eran más importantes que la invitación. Inclusive llegaron al extremo de agredir físicamente a los portadores de la invitación. ¡Cuántas veces tenemos que sufrir esos desplantes los que nos convertimos en portadores de la Buena Nueva!

Volvió a mandar otros criados, encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”. 

 Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los matarlos. 

 El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” 

 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” 

 El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».


No hay duda que el Señor nos invita a todos a su Reino, santos y pecadores. Pero para ser acreedores de sentarnos al “mesa del banquete”, lo menos que podemos hacer es lavar nuestra túnica. Así llegaremos a formar parte de aquella multitud, “imposible de contar” de toda nación, raza, pueblo y lengua, que harán su entrada en el salón del trono del Cordero, “vestidos con sus vestiduras blancas”

MIERCOLES

“ Los últimos serán los primeros ”



En el Evangelio de hoy nos encontramos con la parábola de los obreros en la viña. En ella el propietario anda preocupado porque todos encuentren empleo, por eso, su invitación a trabajar en su viña e insiste en diversos momentos del día saliendo al encuentro de la gente proponiéndoles un lugar en su viña, dicho propietario -como en todas las parábolas nos revela como es Dios o bien su reino- en este caso se refleja en el actuar del propietario, nos refleja que Dios tiene un deseo grande que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y por eso nos sale al encuentro invitándonos que en su reino todos son invitados y que cuenta con todos. 
Todos somos llamados a corresponder a la gracia, no importa la situación de la vida en la que nos encontremos.

según san Mateo 20, 1-16a 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 

 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”. 

 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. 

 Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 

Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 

Otro punto para nuestra meditación es el tema de la paga, da a todos lo mismo. Dios sigue sorprendiéndonos, su proceder no es como el nuestro, no realiza ninguna injusticia porque da a los primeros lo que había convenido en darles, sin embargo, es generoso con los últimos.

 Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».




MARTES

“ Es muy difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos ”



Cada vez que leemos o escuchamos la proclamación del encuentro de Jesús con el joven rico nos invade una sensación de amargura, como si nos asomásemos a un pozo oscuro. Porque, en el fondo, nos gustaría que ese proverbial encuentro entre alguien que busca y el mismísimo Cristo, Dios encarnado, terminara de otra manera: que el joven rico acogiera el don que le está proponiendo Jesús (“si quieres”, le repite por dos veces) y se lanzara a seguirlo.

según san Mateo 19, 23-30. 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 

Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos». 

 Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». 

 Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo». Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». 

 Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 

 Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».

Los discípulos afirmaron que lo habían dejado TODO por el Señor, ¡que difícil es dejarlo TODO! No reservarte nada, entregar tu corazón, tu tiempo, tus afectos, tus dones y también tus pecados… entregarlo TODO. Todo lo has recibido, Todo lo entregas, no te reservas nada.

LUNES

“ ¿Qué me falta? ”



según san Mateo 19,16-22

 En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?». 

 Jesús le contestó: « ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». 

Cada vez que leemos o escuchamos la proclamación del encuentro de Jesús con el joven rico nos invade una sensación de amargura, como si nos asomásemos a un pozo oscuro. Porque, en el fondo, nos gustaría que ese proverbial encuentro entre alguien que busca y el mismísimo Cristo, Dios encarnado, terminara de otra manera: que el joven rico acogiera el don que le está proponiendo Jesús

 Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».

 El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».

Sin embargo ante la propuesta del Señor, se entristece, le parece mucho, le parece que le supera sus fuerzas.

 Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo - y luego ven y sígueme». Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.

Sin embargo, Dios no nos quita nada como nos recordaban los sucesores de Pedro en los encuentros de la juventud. Dios no nos quita nada, al contrario, llena nuestra vida de plenitud, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón.


Es en el amor de Dios donde nos abrimos al amor, y nos capacita para poder amar al otro, es en su amor donde aprendemos a ver a los demás desde el corazón de Dios y reconocemos en los demás a aquellos por los que el Señor ha dado su vida amándonos hasta el extremo.

DOMINGO

“ Se alegra mi espíritu en Dios ”


Las lecturas de este día de la Asunción de María presentan la victoria del plan de salvación de Dios y de su reino.


según san Lucas 1, 39-56 
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 
 Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 

Este relato de Lucas contiene el encuentro de María e Isabel y el posterior cántico del Magníficat, con el que María proclama la grandeza del amor de Dios y las obras que ha realizado por medio de su pequeñez. María es bendecida por su condición de madre del Señor y declarada bienaventurada por su fe que hace posible que el Mesías Jesús traiga la salvación de Dios a toda la humanidad.

Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». 

 María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

 Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. 
 Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres” - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.



viernes, 4 de agosto de 2023

SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

SÁBADO

“ Ese es Juan Bautista ”



En el Evangelio de hoy, se nos presenta el martirio de S. Juan Bautista, no murió por la edad, ni por enfermedad, fue un testigo excepcional del Señor, por preferir la verdad y proclamar valientemente la ley de Dios que ceder ante las presiones de los mandamases, dícese Herodes y sus enemigos

san Mateo 14,1-12 

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». 

 Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. 

Prefirió agradar a Dios aunque lo tacharan de extraño o de retrogrado

Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. 

San Beda, monje del siglo IX, en sus homilías dice así: “San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad”. Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la Verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios…

 Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 

Podría parecer que perdió la batalla le cortaron la cabeza, sin embargo nos enseña que la aparente derrota que nos puede venir por intentar vivir conforme al Evangelio, da paso al verdadero triunfo, al que nos alcanza el premio en el cielo

 El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. 

 Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.




Así estamos llamados a vivir nosotros, como Juan el Bautista, seguros en el Señor, confiados en Él, pendientes más de su juicio que el de los hombres.

VIERNES

“ El Reino de Dios requiere abrir mente y corazón ”


Jesús predica en su pueblo, donde ha pasado la infancia y la vida oculta, y sus paisanos pasan del asombro a la estupefacción. Porque se les hace tan maravilloso lo que están escuchando de la explicación de la Escritura que no les cabe en la cabeza que sea obra de Jesús, hijo de José, el que nació de la desposada María, y que todo el tiempo se ha ganado el pan con el sudor de su frente haciendo obras menores, también de carpintería.

según san Mateo 13,54-58 

En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada.

 «De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? 

Con demasiada frecuencia, nuestra mirada se queda tan corta como la de los paisanos de Nazaret: no entendemos que Dios haga algo grande de las cosas pequeñísimas que nos suceden a diario y quisiéramos que se nos manifestara de manera indubitable en vez de la sabiduría que muestra el muchacho hijo de María, a quien de tan visto como lo tenían, eran incapaces de escuchar. ¿No te pasará algo parecido a ti también?

Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». 

 Y se escandalizaban a causa de él. 

 Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

Aunque Dios tenga el poder de transformarnos no puede actuar si nuestra libertad no se lo permite. Les faltaba fe. La falta de docilidad y de apertura a la gracia imposibilita la acción divina en nuestros corazones.


JUEVES

“ Sacar de su tesoro lo nuevo y lo antiguo ”


“La parábola de la cizaña en medio del trigo y la de la red para pescar se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvación de Dios. Pero, junto a los “hijos del reino”, se hallan también los “hijos del maligno”, los que realizan la iniquidad: sólo al final de la historia serán destruidas las potencias del mal, y quien haya acogido el reino estará para siempre con el Señor2. (San Juan Pablo II, Audiencia, 18 de marzo de 1987).

según san Mateo 13, 47-53 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 

¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 

Las palabras y los gestos de Jesús, nacidas de su experiencia de hijo, sin mudar una letra o una coma, (Mt 5,17-18) iluminaron el sentido del Antiguo Testamento desde dentro e iluminaron por dentro toda la sabiduría acumulada del doctor de la Ley. Dios mismo, que parecía tan distinto y severo, adquirió los rasgos de un Padre bondadoso de gran ternur

Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.


Si Dios es amor, todo en la Biblia me tiene que hablar del amor. Si no saco amor es que no la he leído bien.


MIERCOLES

“ Santo es el Señor, nuestro Dios ”




No es fácil, ni tiene aliciente para nosotros, salir a buscar tesoros materiales escondidos en alguna parte del mundo. Pero todos somos testigos de haber encontrado personas que han sido y son “verdaderos tesoros”. Una buena familia es un tesoro; un buen amigo es un tesoro; una pareja de enamorados es un tesoro; un matrimonio ilusionado es un tesoro.

según san Mateo 13,44-46 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. 

 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».


El que acepta esa misión de parte de Jesús, se llena de su Palabra, y pone su vida al servicio de esta, tiene “algo” que todos notan, tal como le sucedió a Moisés en la primera lectura de hoy (Ex 34,29-35). Nos relata el pasaje que cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las tablas que contenían Palabra de Dios “tenía radiante la piel de la cara”.

MARTES

“ El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre ”


Nada tenemos que añadir a las palabras de Ntro. Señor. Esta parábola nos hace ver la existencia del mal, que los que colaboran con la siembra del mal se hacen partidarios del Maligno, que tenemos que aprender a convivir con el mal pero no a aprobar el mal, que no nos corresponde a nosotros el juzgar, que tenemos mucho que aprender de la paciencia de Dios.

 Dios sigue dándonos oportunidad para cambiar, que confía en que el mal no tiene la última palabra, que sigue esperando, que tiene que reinar en todos, que Él sigue llevando su obra, que necesitamos aprender a amar como somos amados por Él, que sigue siendo una obra de misericordia aceptar los defectos de nuestros prójimos, que esas mismas limitaciones de los que nos rodean se nos brinda para tener una oportunidad para dar lo mejor de nosotros mismos, para dejarnos podar, y que Dios obre en nosotros capacitándonos a amar lo que humanamente no nos atrae.

según san Mateo 13, 36-43 

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo». 

 Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. 

 Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».


La fe nos invita a saber convivir con el pecado y así vencer al mal con el bien, ha hacer frente en la vida de cada día a las dificultades y pruebas de todo tipo. Mientras, tenemos que practicar la paciencia como hace Dios con nosotros hasta que al final de los tiempos brille la luz del bien y reine el amor.

 LUNES

“ El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza ”


Jesús nos lleva a considerar la pequeñez del inicio del Reino de Dios, su crecimiento oculto y la grandeza y multiplicidad de sus frutos. Dios ha plantado la semilla de su Reino en nosotros, en la realidad, de una manera silenciosa y humilde pero fecunda y llena de vida.

según san Mateo 13, 31-35 

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros a anidar en sus ramas».

Cabe destacar que el Reino de Dios no sigue los criterios de los grandes del mundo. Tiene otro modo de pensar y de proceder.
 Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta para que todo fermenta». 

 Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Aun siendo la más pequeña de todas las semillas, está llena de vida y crece hasta hacerse “más alta que las demás hortalizas”. Y así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a formar parte de él es necesario ser pobres en el corazón; no confiar en las propias capacidades, sino en el poder del amor de Dios; no actuar para ser importantes ante los ojos del mundo, sino preciosos ante los ojos de Dios, que tiene predilección por los sencillos y humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que fermenta toda la masa del mundo y de la historia…”


Señor, te pido que me enseñes a ser humilde. Cuanto más alto se quiere hacer un edificio, más profundos han de ser los cimientos. Y el gran edificio de la vida cristiana y de la santidad sólo se puede edificar sobre los hondos cimientos de la humildad.  Señor yo quiero ser pequeño y humilde.

DOMINGO

“ El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido ”



 Pero todos somos testigos de haber encontrado personas que han sido y son “verdaderos tesoros”. Una buena familia es un tesoro; un buen amigo es un tesoro; una pareja de enamorados es un tesoro; un matrimonio ilusionado es un tesoro. Estas personas nos ayudan a crecer, a ver la vida de otra manera, a saber, disfrutar de esta vida.

evangelio según san Mateo 13, 44-52

 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. 

Una buena familia es un tesoro; un buen amigo es un tesoro; una pareja de enamorados es un tesoro; un matrimonio ilusionado es un tesoro. Estas personas nos ayudan a crecer, a ver la vida de otra manera, a saber, disfrutar de esta vida.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. 

Encontrar el tesoro es encontrar la ilusión, la alegría, las ganas de trabajar, las ganas de vivir. Yo no puedo entender el cristianismo como un peso, una obligación o una ascética. Quiero vivirlo como una “mística”, como una atracción, como una seducción.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 

¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 

Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».



SANTO CURA DE ARS

4 DE AGOSTO




Su verdadero nombre fue San Juan Bautista María Vianney, pero en todo el mundo es conocido con el nombre de Cura de Ars.



 Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado…….



Llegó a confesar entre 16 y 18 horas seguidas durante más de una década. «Me impresiona profundamente su heroico servicio de confesionario», dijo de él san Juan Pablo II. Juan María Vianney, nacido cerca de Lyon, en Francia, en 1786 y más conocido como el Cura de Ars, fue el tercero de seis hermanos de una familia campesina que orientó a sus vástagos a trabajar en el campo. De hecho, a los 17 años Juan todavía era analfabeto, pero gracias al fuerte sentido religioso de su madre, aprendió de memoria infinidad de oraciones.



Eran tiempos revolucionarios en el país; de hecho, el niño recibió la Primera Comunión en un granero, durante una Misa clandestina. Y del mismo modo fue su primera confesión. A los 17 años sintió la llamada al sacerdocio: «Si fuera sacerdote, querría ganar muchas almas», dijo. Pero el camino era tortuoso, dada su escasísima formación intelectual y cultural. Además, fue llamado a filas en 1809 para ser enviado con el Ejército napoleónico, que invadía entonces España. Pero por una cuestión de salud se retrasó en el enrolamiento y, de esa forma y sin buscarlo, se convirtió en desertor. Tras varias vicisitudes y una amnistía general pudo regresar, esta vez a casa del párroco Balley. Gracias a su ayuda —se convirtió en su protector y valedor—, fue ordenado presbítero en 1815, con 29 años. De hecho, el padre Balley fue el primero en confesarse con san Juan María Vianney. Años más tarde, este sacerdote murió en brazos del santo, quien sufrió como si hubiera perdido a su propio padre.




Tres años más tarde fue enviado a Ars, un pequeño pueblo del sudeste de Francia, habitado entonces por unas 230 personas. Algunos años después fundó allí un orfanato para niños desamparados. Se llamaba La Providencia y fue un modelo para instituciones similares puestas en marcha después en todo el país. El cura se afanó en enseñar a los pequeños el catecismo y sus sermones llegaron a ser tan populares que, cada día, decenas de personas de fuera del centro acudían también a escucharlos. La Providencia tuvo que ser cedida un tiempo después, porque Vianney tuvo que enfrentarse a la oposición de muchos. De hecho, ​el apostolado de Vianney en Ars le ocasionó no pocos sufrimientos. Soportó calumnias de fieles​ y difamaciones de sacerdotes de las poblaciones cercanas. 
Pero él se centró en su misión, que comenzaba a despuntar en un lugar muy concreto: el confesionario. Logró alcanzar tanta fama su presencia constante que, cada día, una multitud de penitentes de todas partes de Francia llegaba a Ars, localidad que fue rebautizada como «el gran hospital de las almas». Vianney no solo perdonaba los pecados: hacía largas vigilias y ayunos para ayudar a la expiación. «Te diré cuál es mi receta», explicó a un fiel: «Doy a quienes se confiesan solo una pequeña penitencia y el resto de la penitencia la suplo yo en su lugar». Aun así, su entrega pasó por momentos oscuros. Se sentía incapaz para el servicio. En una ocasión, llegó a rogar a su obispo que lo dejase renunciar y hasta en tres ocasiones se marchó del pueblo, aunque siempre regresaba.


Murió el 4 de agosto de 1859, a la edad de 73 años. Sus restos descansan en Ars, en el santuario a él dedicado, que acoge una media de 450.000 peregrinos cada año. Beatificado en 1905 por Pío X, Juan María Vianney fue canonizado en 1925 por Pío XI, quien en 1929 lo proclamó patrón de todos los párrocos del mundo. En 1959, en el centenario de su muerte, san Juan XXIII le dedicó la encíclica Sacerdotii nostri primordia, proponiéndolo como modelo para los sacerdotes, mientras que, en 2009, con motivo del 150 aniversario de su muerte, Benedicto XVI convocó un Año Sacerdotal en la Iglesia universal. Su modo de entender el ministerio pastoral queda claro con un consejo que le dio a otro sacerdote que se quejaba del poco fruto de sus actividades: «Habéis rezado, habéis gemido, habéis llorado, pero ¿habéis ayunado?, ¿habéis velado?, ¿habéis dormido sobre duro, os habéis mortificado? Mientras no hayáis hecho esto, no creáis haberlo hecho todo».