Antes de la misa
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El miércoles 22, el papa se trasladará a la región continental, con una primera parada en Mongomo, donde oficiará una misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción de la Virgen María,
además de inaugurar el Centro Tecnológico Papa Francisco.
El Papa en la misa en Mongomo pide un futuro habitado por la esperanza En su segunda jornada en Guinea Ecuatorial, cuarto país que visita en su viaje a África, el Papa León XIV celebró misa en la basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo.
Durante la homilía invitó a los presentes a no tener miedo “de anunciar y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”. Antes de la celebración eucarística, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la catedral de Ciudad de la Paz
“El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona”. Fue la exhortación del Papa León XIV a los fieles reunidos en la misa que celebró, este miércoles 22 de abril, en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo, que se trata del edificio religioso más grande de África central. En su segundo día en Guinea Ecuatorial, el Pontífice dirigiéndose en la homilía a los miles de personas allí congregadas, aseguró que “se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial”. Por eso los animó a no tener miedo “de anunciar y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”.
El Papa les invitó a participar “en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación”. Asegurando que son muchas las riquezas naturales de este país, les exhortó a “cooperar para que puedan ser una bendición para todos”. Y pidió que el Señor les ayude a convertirse en una sociedad que “trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos”. Que crezcan los espacios de libertad – clamó el Papa - y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad.
Alimentar actividades caritativos y responsabilidad hacia el prójimo
También habló de la importancia de la llamada a “continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido”. A todos y a cada uno - recordó - se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos.
Asimismo, el Obispo de Roma aseguró que este compromiso “requiere perseverancia, cuesta esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la Iglesia de Cristo”. Haciendo referencia a la primera lectura del día, advirtió que “una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida”. Pero, por otra parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles dice que, “mientras los cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el cuerpo y en el espíritu son sanados”. Esos – aseveró el Pontífice - son los signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la ciudad.
Gratitud con los misioneros signo del amor de Dios
Por otro lado, el Santo Padre también recordó que la eucaristía contiene verdaderamente todo el bien espiritual de la Iglesia: es Cristo, nuestra Pascua, que se nos entrega; es el Pan vivo que nos sacia; es la presencia que nos revela el amor infinito de Dios por toda la familia humana, que sigue saliendo también hoy al encuentro de cada hombre y mujer.
Durante la homilía, el Papa mencionó la celebración de los 170 años de evangelización de Guinea Ecuatorial y mostró su gratitud a los “misioneros, misioneras, sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al servicio del Evangelio”. Ellos, recordó León XIV, han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios en medio de ustedes. Y aseguró que, con su testimonio de vida, “han colaborado a la venida del Reino de Dios, sin miedo a sufrir por su fidelidad a Cristo”.
Permanecer fieles al Evangelio y dar testimonio con alegría
Una historia que no pueden olvidar ya que “los une a la Iglesia apostólica y universal que los precede” y “los ha acompañado para que ustedes mismos se conviertan en protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe”. A propósito, quiso recordar las palabras “proféticas” pronunciadas en Uganda en 1969 por su predecesor Pablo VI: “Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta tierra bendita”. El Pontífice advirtió que, aunque las situaciones personales, familiares y sociales que vivimos no siempre sean favorables, “podemos confiar en la obra del Señor, que hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los momentos de oscuridad.” Estamos llamados – prosiguió - a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría. Y afirmó que Dios será “el pan de vida” que saciará nuestra hambre.
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León XIV en la cárcel de Bata: El amor transforma incluso el corazón más endurecido El Papa, en su visita a la prisión de Bata en Guinea Ecuatorial, afirmó que una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida. Un encuentro en el que aseguró que ninguno está excluido del amor de Dios, y que la vida no sólo se define por los errores cometidos, pues siempre hay una esperanza de cambio
“Queridos hermanos, Dios jamás se cansa de perdonar. Él abre siempre una puerta nueva a quien reconoce los propios errores y desea cambiar. No permitan que el pasado les robe la esperanza en el futuro. Cada día puede ser un nuevo comienzo”. En realidad, estas han sido las palabras del Papa al final de su saludo a los prisioneros y trabajadores de la Prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial y, en ellas, se resume todo lo que deseaba decir y todo lo que quizá cada recluso deseaba escuchar: el perdón y el cambio son posibles.
De errores, conciencias y rehabilitaciones
Se trata de la primera y única visita que realiza León XIV a un centro de detención, en este Viaje Apostólico a África, y no es cualquiera, pues esta cárcel, ubicada en Bata, región costera del país y capital de Litoral, con más de 650 presos, es conocida por ser un lugar de detención duro, un lugar que desde la época colonial, ha sido a menudo citado en relación con casos judiciales controvertidos y condiciones críticas de prisión.
Sin embargo, como mencionó el director de la prisión, Reginaldo Biyogo Mba Ndong Angusesomo en sus palabras de bienvenida, “detrás de cada caso hay una historia humana, con errores y dificultades, pero también con la posibilidad de cambio y un compromiso porque cada persona conserve su dignidad y realizar un camino de rehabilitación y reinserción.
También en el testimonio de los reclusos, la reflexión no deja de golpear las conciencias al reconocer que la prisión los obliga a confrontarse con la propia conciencia, por el dolor y el sufrimiento causado por sus acciones. Aunque sin duda, "gracias a la guía del capellán y de quienes nos ayudan espiritualmente", se puede descubrir que es posible cambiar, pedir perdón y volver a creer en ellos mismos.
Ninguno está excluido del amor de Dios
El Santo Padre al tomar la palabra agradeció la alegría de los presos, las palabras de bienvenida y la claridad del los testimonios de tres reclusos, pues corroboran que, aun en las dificultades, la dignidad humana y la esperanza nunca se pierden, como Jesús que arrestado, condenado y llevado a la muerte sin culpa, siempre creyó en la posibilidad “que el amor transforme incluso el corazón más endurecido”.
Hoy estoy aquí para decirles algo muy sencillo: ninguno está excluido del amor de Dios. Cada uno de nosotros, con su historia, sus errores y sus sufrimientos, sigue siendo valioso a los ojos del Señor. Podemos decirlo con certeza, porque Jesús nos ha revelado esto en cada encuentro, en cada gesto y en cada palabra.
No hay justicia sin reconciliación
El Pontífice reconoció que está descubriendo en este viaje a una Guinea Ecuatorial rica de culturas, lenguas y tradiciones, de la cual cada prisionero, agente penitenciario y trabajador de la prisión forman parte, no obstante, en un contexto, donde la administración de la justicia tiene el fin de proteger a la sociedad, de invertir en la dignidad y en las potencialidades de cada persona.
Una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida, tanto de las víctimas como de los culpables, así como de las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación.
León XIV insistió en su deseo de hablar, sobre todo, de esperanza y de cambio, pues aunque la cárcel se vea como un lugar de soledad y desolación, puede convertirse en un tiempo de reflexión, de reconciliación y de crecimiento personal, de trabajo e incluso de estudio.
La vida no sólo se define por los errores cometidos, que generalmente son el resultado de circunstancias difíciles y complejas; porque siempre es posible volver a levantarse, aprender y convertirse en una persona nueva. Dios nunca los abandonará Al reafirmar que ninguno de ellos está solo, que son amados por sus familias y seres queridos más allá de los muros, recalcó que no deben temer ser abandonados por todos, porque
"Dios nunca los abandonará y la Iglesia estará a su lado".
Y en este contexto agradeció la labor de los que trabajan en este centro penitenciario: al Director, a los agentes y al capellán. Y a todos aconsejó:
Piensen también en su país, en los jóvenes de Guinea Ecuatorial que necesitan ejemplos de perseverancia, de responsabilidad y de fe. Todo esfuerzo de reconciliación, todo gesto de bondad puede convertirse en una pequeña llama de esperanza para los demás.
El papa León XIV recibe una cruz de manos de un recluso durante la visita del pontífice a la prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial, el 22 de abril de 2026.
Los reclusos, vestidos con uniformes naranja y beige, recibieron al Papa con bailes y cantos llenos de alegría, agitando banderas de su país, del Vaticano y de la visita papal. Tres hombres encarcelados compartieron testimonios; uno de ellos dijo al Papa que desean ser instrumentos de paz y pidió sus oraciones para poder seguir adelante. Luego, los internos interpretaron una emotiva canción y danza.
Hablando en español, el Papa León afirmó que durante su estancia en Guinea Ecuatorial ha descubierto “una tierra rica de culturas, lenguas y tradiciones”. “Sus familias, sus comunidades y su fe son una gran fuerza para esta nación.
También ustedes forman parte de este país”, dijo. Refiriéndose a la situación de encarcelamiento, añadió: “La administración de la justicia tiene el fin de proteger a la sociedad, pero para ser eficaz debe invertir siempre en la dignidad y en las potencialidades de cada persona. Una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida, tanto de las víctimas como de los culpables, así como de las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación”.
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La oración con los detenidos Al concluir sus palabras, el capellán agradeció al Pontífice su visita y luego de explicar la labor de la capellanía en el acompañamiento espiritual y humano de los prisioneros y personal penitenciario, con la oración, la escucha, la preparación y celebración de los sacramentos, le entregó como un acto simbólico una cruz de madera realizada por los detenidos del centro. El encuentro con el Santo padre concluyó con un momento de oración y la bendición apostólica. Esta es la oración:
“Señor Jesús, Tú que dijiste: “Estuve en la cárcel y me visitasteis”, permanece cercano a estos hermanos y hermanas nuestros. Haz que nunca pierdan la esperanza y que descubran cada día que su vida tiene valor y futuro. Derrama tu bendición sobre todos los aquí presentes: sobre quienes están privados de libertad, sobre quienes trabajan en este lugar y sobre sus familias que esperan fuera. Que tu paz habite en sus corazones y que tu misericordia abra siempre caminos nuevos.”



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