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sábado, 18 de abril de 2026

3ª VIAJE APOSTOLICO DESPEDIDA DE CAMERUN

 DÍA 16 DE ABRIL


León XIV en Bamenda: No caer en el engaño de mezclar la fe católica con otras creencias El cambio es hoy, no mañana, si se quiere reconstruir un futuro de unidad, de paz y reconciliación, en el país y en el continente. Esta la enérgica exhortación del Papa, a los más de 20 mil fieles congregados en el aeropuerto de Bamenda, Camerún, en la Santa Misa por la Paz y la Justicia. También una invitación a ser protagonistas, confiados en la Palabra de Dios que abre espacios nuevos y genera transformación y sanación.

En un entorno alimentado por el odio y la violencia, donde la pobreza, el hambre, la corrupción y la explotación debilitan la esperanza y abren paso a la resignación y en la impotencia, el Papa recuerda, a los miles de fieles presentes en la Misa celebrada en el Aeropuerto de Bamenda, que la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, que deben ser protagonistas del cambio, desafiando al mal, sobre todo, a quienes intentan mezclar la fe católica con creencias o desviaciones esotéricas para obtener beneficios políticos y económicos.


TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA 

Nuevamente, colores, cantos, alegría, belleza, exaltación al paso del Papamóvil, que recorre la explanada con un Pontífice, sonriente que extiende y agita los brazos para saludar a los más de 20 mil fieles que esperan escuchar las palabras del Sucesor de Pedro en su propia tierra. Una tierra ensangrentada y pobre, dijo el Pontífice en el Encuentro de paz con la comunidad, en la mañana, y que fue corroborado, esta tarde, a la luz del Evangelio, durante su homilía en la Santa Misa por la Paz y la Justicia, como se ha querido denominar esta celebración, la última en esa región del noroeste del país, aplastada por un conflicto independentista, hambreada y víctima de la corrupción y la sed de dinero y poder.

Un peregrino de paz y de unidad 

Compartir el camino, las dificultades y las esperanzas de los fieles de Bamenda como un peregrino de paz y de unidad, ha sido la primera revelación de León XIV al abrir su homilía, no sin antes reconocer que las manifestaciones festivas y el fervor de las oraciones del pueblo camerunés son un signo de su entrega confiada a Dios y de su inquebrantable esperanza en el Padre. Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción. En efecto, las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima.


Odio y violencia, corrupción y ambición

 De hecho, el Papa no ahorró palabras para describir las abundantes formas de pobreza, la crisis alimentaria actual, la corrupción moral, social y política, vinculada a la gestión de la riqueza, los graves problemas que aquejan al sistema educativo y sanitario; así como la enorme migración, pero, en particular, se refirió al conflicto entre los separatistas de esa ex-región anglosajona y el gobierno central, así como de la desenfrenada ambición de actores extranjeros. 

 A la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo.

El cambio es hoy y no mañana Una situación que si bien expone a todos a un sentimiento de impotencia y desconfianza, pero que exige una voluntad de transformación. Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. 
Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación.

No caer en la resignación y la impotencia Nuevamente, el Pontífice advierte que ante las dificultades, muchas veces consolidadas en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, ya no se espera más.
 La Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio. “Recordemos esto: Dios es novedad, crea cosas nuevas, 





No dejarse confundir por quienes usan la fe 

Por último, el Pontífice se hizo eco de las continuas denuncias de los obispos de la Conferencia episcopal de Camerún sobre la incompatibilidad entre la fe cristiana y las creencias de otros grupos, panteístas, hechiceros, naturalistas, filosóficos y racionalistas que proponen formas sincréticas que plagian y confunden. De allí su invitación a seguir las palabras del Apóstol Pedro a obedecer a Dios, no a los hombres, porque sólo Él es Dios. 

 Nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos.


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LLEGADA

https://youtu.be/H9TgVHwa6Fs?si=5u24-isoH_PPQ_yZ

“Ahora es el momento de la paz”: el grito del Papa León XIV en Camerún En el corazón del conflicto anglófono, el Pontífice reafirma que la paz debe acogerse como un don y vivirse como tarea común. Su visita impulsa esperanza y un llamado urgente a reconstruir el tejido social.


“Sean por mucho tiempo la sal que da sabor a esta tierra, ¡no pierdan su sabor tampoco en los años venideros! Atesoren lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del llanto. ¡Que todos atesoremos este día en que nos hemos reunido para trabajar por la paz! Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas”. Con palabras intensas y cargadas de cercanía, el Papa León XIV interpela a la comunidad reunida en la Catedral de San José, en Bamenda, al norte de Camerún, una región profundamente herida por los enfrentamientos derivados de la crisis anglófona. 

 No se trató de un discurso más. El contexto lo atraviesa todo: “hemos visto mucho sufrimiento durante los últimos ocho años”, dicen quienes viven aquí, donde miles de personas han padecido las consecuencias de un conflicto que no provocaron. Allí el Pontífice no eludió la realidad, sino que la enfrentó con meridiana claridad, denunciando las lógicas que perpetúan la violencia. 

 Advirtió que los señores de la guerra “fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir”, y llamó la atención ante un sistema profundamente injusto, en el que se invierten enormes recursos en la destrucción mientras faltan para sanar, educar y levantar a las comunidades.


En medio de este escenario, la presencia del Sucesor de Pedro fue percibida como profundamente consoladora. Sus palabras vienen como un bálsamo que unge nuestras heridas”, se escucha entre los fieles. Su visita llega precisamente cuando más se necesita cercanía y aliento, y su bendición es acogida como un impulso para seguir adelante. De hecho, el propio Papa reconoció y agradeció la labor silenciosa de tantos hombres y mujeres -muchos de ellos expuestos al peligro- que, desde la fe y el compromiso cotidiano, trabajan por reconstruir el tejido social. 

 Es en este punto donde su llamado adquirió una fuerza especial: la paz, insistió, no se fabrica ni se impone. “No hay que inventar la paz, hay que acogerla”, afirmó, invitando a reconocer en el otro a un hermano. Un mensaje que interpela directamente a una sociedad marcada por divisiones, pero que, al mismo tiempo, conserva semillas de unidad. “Somos una sola familia”, recordó, alentando a transformar la convivencia desde dentro.

VISITA AL `PRESIDENTE




DIA 17





VISITA ORFANATO





León XIV a los religiosos en Camerún: Proclamar sin temor lo que Jesús nos enseña A los Superiores Generales y a los más de 250 institutos y congregaciones en Camerún, recibidos, esta tarde, privadamente en la sede de la Nunciatura en Yaundé, el Papa los exhortó a colaborar con los obispos y sacerdotes diocesanos, reconoció que la vida consagrada es escencial para la vida de la Iglesia, los invito a centrarse en la formación como desafío ante los diferentes credos y religiones, pero, ante todo, a ser valientes, a veces radicales, en su misión de proclamar el Evangelio.


DIA 18




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