
«Todas las fiestas de la Iglesia son hermosas… la Pascua, sí, es la glorificación… pero la Navidad posee una ternura, una dulzura infantil que me atrapa todo el corazón»
Padre Pio
UNA VENTANA ABIERTA AL ARTE RELIGIOSO,FIESTAS, TRADICIONES,SEMANA SANTA Y MÁS COSAS RELACIONADAS CON MI PUEBLO,SIRUELA.PARA QUE MIS HIJOS Y SOBRINOS SIEMPRE LO RECUERDEN Y DEDICADA AL COFRADE DE LA FAMILIA, HERMANA, AMIGOS Y VECINOS.

EVANGELIO DEL DÍA: Lc 1, 39-45:
¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel
El Evangelio de hoy nos presenta la Visitación de María a su prima Santa Isabel, acudimos a la catequesis dada por el Papa Benedicto XVI en la conclusión del mes de mayo, la del 31 de mayo de 2010: “Queremos contemplar a María santísima en el misterio de su Visitación. En la Virgen María que va a visitar a su pariente Isabel reconocemos el ejemplo más límpido y el significado más verdadero de nuestro camino de creyentes y del camino de la Iglesia misma. La Iglesia, por su naturaleza, es misionera, está llamada a anunciar el Evangelio en todas partes y siempre, a transmitir la fe a todo hombre y mujer, y en toda cultura.
«En aquellos días —escribe el evangelista san Lucas— se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá». El viaje de María es un auténtico viaje misionero. Es un viaje que la lleva lejos de casa, la impulsa al mundo, a lugares extraños a sus costumbres diarias; en cierto sentido, la hace llegar hasta confines inalcanzables para ella.
Está precisamente aquí, también para todos nosotros, el secreto de nuestra vida de hombres y de cristianos. Nuestra existencia, como personas y como Iglesia, está proyectada hacia fuera de nosotros. Como ya había sucedido con Abraham, se nos pide salir de nosotros mismos, de los lugares de nuestras seguridades, para ir hacia los demás, a lugares y ámbitos distintos. Es el Señor quien nos lo pide: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos… hasta los confines de la tierra». Y también es el Señor quien, en este camino, nos pone al lado a María como compañera de viaje y madre solícita. Ella nos tranquiliza, porque nos recuerda que su Hijo Jesús está siempre con nosotros, como lo prometió: «Yo estoy con vosotros todos lo días hasta el fin del mundo».
El evangelista anota que «María permaneció con ella (con su prima Isabel) unos tres meses». Estas sencillas palabras revelan el objetivo más inmediato del viaje de María. El ángel le había anunciado que Isabel esperaba un hijo y que ya estaba en el sexto mes de embarazo. Pero Isabel era de edad avanzada y la cercanía de María, todavía muy joven, podía serle útil. Por esto María va a su casa y permanece con ella unos tres meses, para ofrecerle la cercanía afectuosa, la ayuda concreta y todas las atenciones cotidianas que necesitaba.
Isabel se convierte así en el símbolo de tantas personas ancianas y enfermas, es más, de todas las personas que necesitan ayuda y amor. Y son numerosas también hoy, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades. Y María —que se había definido «la esclava del Señor»— se hace esclava de los hombres. Más precisamente, sirve al Señor que encuentra en los hermanos.
Pero la caridad de María no se limita a la ayuda concreta, sino que alcanza su culmen dando a Jesús mismo, «haciendo que lo encuentren». Es de nuevo san Lucas quien lo subraya: «En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno». Nos encontramos así en el corazón y en el culmen de la misión evangelizadora. Este es el significado más verdadero y el objetivo más genuino de todo camino misionero: dar a los hombres el Evangelio vivo y personal, que es el propio Señor Jesús. Y comunicar y dar a Jesús —como atestigua Isabel— llena el corazón de alegría: «En cuanto llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno». Jesús es el verdadero y único tesoro que nosotros tenemos para dar a la humanidad.”
En estos días próximos a las fiestas de la Navidad encomendémonos a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, y dejémonos llevar por ella al gran misterio que vamos a celebrar, que junto a ella aprendamos a fiarnos del Señor, a abandonarnos en él, a dejar que el protagonismo lo lleve Él.
Viene el Señor
Pero si yo permanezco atento y vigilantes. Si, mis ojos, miran hacia el cielo, y no solamente se pierden en la tierra. Viene el Señor, vendrá el Señor, si la alegría anida en mi corazón y, allá donde brota la tristeza, la combatimos con la fuerza de nuestra esperanza.
¡Viene el Señor!
Si le hago un lugar en la posada de nuestras almas. Si, además de creer en Él, intento conocerle y amarle con todas mis fuerzas. ¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor! Si la fe nos sirve para sacudir de mi la angustia y el pesimismo, la desesperanza y la tibieza.
¡Viene el Señor
Pero si yo permanezco atento y vigilantes. Si, mis ojos, miran hacia el cielo, y no solamente se pierden en la tierra. Viene el Señor, vendrá el Señor, si la alegría anida en mi corazón y, allá donde brota la tristeza, la combatimos con la fuerza de nuestra esperanza.
Necesito que vengas y tengo ganas de recibirte poorque:
Tu Señor sólo me pide…FE!
A Ti Madre
que siempre escuchas. a Ti Madre que siempre estas ahí, a Ti Madre que siempre cumples la voluntad de Dios dame un día tranquilo y que nunca me canse, nunca, nunca de alabar al Creador,
Así sea.
A tus pies Madre pongo mi día de hoy, te acuerdas Madres cuántas veces a tus pies rezaba... me alejé de Ti... y no te cansaste de esperar.
Siempre es necesario un camino para no perderse y un horizonte en el que clavar mis ojos, tu Madre eres mi camino como signo de consuelo y de firme esperanza.
Yo Señor creo qye merece la pena creer y no perder algo tan grande como la esperanza
Malanath Ven Señor
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38)
En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazarat, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El Espíritu Santo vendrá sobre ti, …el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios.
Comentario del Papa Benedicto XVI dado en el ángelus del 25 de marzo de 2007: “La Anunciación, […] es un acontecimiento humilde, oculto —nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María—, pero al mismo tiempo decisivo para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen dijo su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con él comenzó la nueva era de la historia, que se sellaría después en la Pascua como «nueva y eterna alianza”. En realidad, el «sí» de María es el reflejo perfecto del de Cristo mismo cuando entró en el mundo, como escribe la carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: «He aquí que vengo —pues de mí está escrito en el rollo del libro— a hacer, oh Dios, tu voluntad». La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre, y así, gracias al encuentro de estos dos «sí», Dios pudo asumir un rostro de hombre. Por eso la Anunciación es también una fiesta cristológica, porque celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.
Hoy contemplamos esta escena impresionante de la Anunciación. Dios, siempre fiel a sus promesas, a través del ángel Gabriel hace saber a María que es la escogida para traer al Salvador al mundo.
NOSOTROS
Dios tiene sus planes para María, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» . No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos de Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.
De la respuesta de María, así como de nuestra respuesta a lo que Dios nos pide — decía un santo— « dependen muchas cosas grandes».
Nos estamos preparando para celebrar la fiesta de Navidad. La mejor manera de hacerlo es permanecer cerca de María, contemplando su vida y procurando imitar sus virtudes para poder acoger al Señor con un corazón bien dispuesto. Que María nos sostenga en la escucha generosa de Dios en estos días tan próximos al misterio de la Encarnación.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (1,5-25)
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel.
No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado.
El anuncio del Angel Gabriel a Zacarías rompe con el silencio de Dios con el pueblo de Israel. Después de varios siglos Dios se reconcilia con su pueblo. ¡Qué difícil es creer y esperar en Dios cuando este calla, cuando guarda silencio!
Esta era la situación del pueblo de Israel, su oración parecía que no llegaba a Dios, el pueblo estéril como Isabel, eran los depositarios de la bendición de Dios pero ahora eran incapaces de trasmitirla, de dar vida a causa de sus pecados.
En el Evangelio de hoy aparece Zacarias, marido de Isabel y pariente de María, era sacerdote del templo y le toca el gran privilegio de entrar en el lugar Santísimo del templo para quemar incienso al Señor, allí se le apareció el ángel del Señor, nos muestra su reacción, su gran sorpresa y no creyendo en el anuncio de la paternidad, ya que eran de edad avanzada e Isabel era estéril, dudaba, este fue el motivo que quedara mudo, le costaba admitir que para Dios nada es imposible.
A través de Zacarías se nos revela un gran mensaje, no podemos dudar de Dios, su amor por nosotros no falla. Zacarías se sorprende y duda del poder de Dios, quiere garantías: ¿ cómo estaré seguro de eso? Veía sus dificultades, se veía viejo y su mujer de edad avanzada.
Olvidaba que para Dios nada hay imposible. Por no haber creído se quedó mudo hasta el nacimiento de su hijo. Es verdad que todo tiene consecuencias, pero el mayor perjudicado siempre es uno mismo, recuerda las palabras dichas a S. Pedro: ¿Por qué has dudado?, cuantas veces nuestra falta de confianza, nuestras dudas, terminan enfriándonos y nos aportamos del gran tesoro que nos aporta el don de la fe.
El anuncio del Ángel se consagra a describir la misión del bautista que irá delante del Señor preparando el camino de su venida.
Con razón el nombre de Juan significa: “Dios se ha complacido”. Dios ha roto su silencio. La noche va a dar paso a la luz. Pronto se alzará su voz en el desierto para preparar el camino a la Palabra hecha carne. El Dios que mora en las alturas se ha inclinado hacia los pobres y he aquí lo que hace: de la mujer estéril la hace madre de innumerables hijos.
Y para los que no creemos, para los que ponemos pegas, para los que queremos ver para creer, como Zacarías, el Señor nos hace guardar silencio, permanecer mudo para que no sea la palabra sino el silencio del corazón el que pueda contemplar y cantar un día no muy lejano el canto de la misericordia de Dios para su pueblo: ¡Dios ha venido para quedarse para siempre!
Guarda hoy silencio, calla, escucha... ¿No lo notas?
“ Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo ”
María, la gran figura de esta liturgia que nos llevara a la Santa Noche de la Navidad.
No podía faltar, María Madre de Dios, como aquella que nos trae al Salvador en este tiempo de adviento que es periodo de espera y de esperanza. Y, con María, llegó la expectación. ¡Todo está a punto de cumplirse! El “sí” de aquella mañana en Nazaret, nos traerá en las próximas horas al Dios con nosotros. Creyó, esperó y se brindó a todo lo que Dios le pidió.
¿Se puede aguardar más de una mujer que fue un cheque en blanco para el Señor? María, la mujer que se vació totalmente para Dios, está llena a rebosar del Espíritu. Colmada de las promesas que nuestros antiguos confiaban en ver. Seremos nosotros los que en el día de Navidad, contemplemos cara a cara lo que ha germinado en el interior de una Virgen.
A Ella, y no lo olvidemos, le debemos la primera Navidad.
¿Cómo celebrar cristianamente estos próximos días?
¿Cómo conseguir que Dios siga naciendo en nosotros?
No lo dudemos, en María, tenemos la respuesta. Sus actitudes, su forma de ser, su personalidad y su figura, nos dan el tono para desarrollar la melodía que a Dios más le gusta. No lo dudemos, en María, se dan una serie de virtudes y de gracias que, al imitarlas, a la fuerza damos con el secreto y en el clavo para complacer a Dios y para hacer el Evangelio realidad. Con María llegó la esperanza. No podemos dejar de lado a ninguna de las dos: ni a Maria, porque es fuente de esperanza, ni a la esperanza, porque es la mejor radiografía de una mujer que amó en su corazón y con locura a Dios, mucho antes que recibirlo en sus propias entrañas.
2. ¡Qué gran pórtico el de la Navidad! ¡María Virgen! Celebremos con gozo santo estos próximos días. Dejémonos guiar por esta estrella que ilumina los senderos que conducen a Belén. Miremos a esta mujer que, siendo pequeña, es grande y confidente en cuanto que nos enseña a renovar nuestras personas para que Dios pueda también en nosotros nacer.
Miremos hacia el cielo ¿No la veis? ¿Quién ha dicho que solo aparecerá una estrella en el amplio universo? Hoy, en este cuarto domingo de adviento, María es también un destello que marca los compases del caminante que quiere marchar sin detenerse hacia Belén. Que apuremos estas últimas horas. Preparemos, por supuesto, el encuentro familiar: la mesa, los dulces, el calor, el belén o el árbol. Pero, que entre todo ello, no olvidemos lo más importante. Dios para nacer necesita de un corazón bien dispuesto. Que cuando llegue en las próximas horas encuentre también una oración en nuestras casas. Que los villancicos sean un distintivo musical de estas jornadas, que además de familiares, son días de fe. En definitiva, ya que Dios sale a nuestro encuentro en un Niño que se mueve en los fondos de Santa María, que salgamos también nosotros alegres, llenos de fe, preparados, convertidos y dispuestos a que sean unas navidades santas y cristianas.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA! Para que Dios nazca en nosotros sin pedir nada a cambio y, sea nuestro corazón, una cálida cuna donde Jesús encuentre cobijo y consuelo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA! Para que, en estas horas de santa tensión, donde el cielo y la tierra juegan a juntarse podamos también nosotros hambrear el manjar de Amor que se sirve en Belén.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA! Queremos que, Tú, seas una puerta por la que podamos entrar y disfrutar del Misterio de Dios humanado. Una puerta que, cuando se abra desde fuera entendamos y comprendamos que es Dios quien lo hace desde dentro que es Dios quien tira desde el cielo.
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA! Para que no vacilemos ni en el amor ni en la fe Para que nos pongamos en camino hacia Aquel que viene Para que seamos heraldos de la Buena Noticia Para que, el Niño que quiere salir de tus entrañas, encuentre aquí y ahora hermanos que le amen, le ayuden y le sigan
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARIA! Para que Dios esté pronto con nosotros Para que nosotros, pronto estemos con El Para que creamos, aun sin ver Para que aún sin ver, creamos por encima de todo
¡DÁNOS TU CONFIANZA, MARÍA! Sólo así, podremos vivir, celebrar cantar y festejar el encanto de la Navidad.
Aunque en España es popular alguna copla mundana de amoríos y desamores con el nombre "María de la O", en realidad este es uno de los nombres de la Virgen María, una forma de referirse a la Virgen de la Esperanza, a la Virgen embarazada, expectante, a la que le quedan apenas 8 días para dar a luz.
Una fiesta desde el s.VII
El 18 de diciembre se celebraba en España la fiesta mariana de la "espera del parto" (Expectatio Partus),establecida en esa fecha por el décimo Concilio de Toledo (656) y esa fecha del calendario mozárabe se mantiene.
A esa fiesta se le llamaba "Santa María de la O" porque después de rezar la oración de la tarde el coro sostenía una larga "O", símbolo de la expectación del universo por la venida del Mesías.
Desde esa época (siglos VII y VIII) nos han llegado las antífonas que aún se cantan en esta semana de Adviento anterior a Nochebuena.
Son 7 antífonas que se cantan con el Magnificat del Oficio de Vísperas cada día, desde el 17 hasta el 23 de diciembre.
Se llaman "antífonas mayores" o "antífonas de la O", y son seguidas siempre de la petición: "¡ven!" Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendidas desde el Nuevo Testamento.
LAS ANTÍFONAS DE LA O
Son importantes las llamadas «antífonas de la 0», que se rezan en las vísperas desde el 17 hasta el 23 de diciembre. Son un eco de las profecías de Isaías. Algunas están contenidas en el himno «Cielos, lloved vuestra justicia». Pueden ser un texto muy apto para la oración profunda.
17 Diciembre: Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!
18 Diciembre: Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!
19 Diciembre: Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!
20 Diciembre: Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
21 Diciembre: Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!
22 Diciembre: Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!
23 Diciembre: Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!
Estas son las invocaciones:
O Sapientia = sabiduría, Palabra O Adonai = Señor poderoso (en hebreo)
O Radix = raíz, renuevo de Jesé (padre de David)
O Clavis = llave de David, que abre y cierra
O Oriens = oriente, sol, luz O Rex = Cristo como Rey
O Emmanuel = Dios-con-nosotros.
Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.
Usando el rito mozárabe, trece siglos después
En España, en la diócesis de León, el 18 de diciembre se celebra la Virgen de la Esperanza o Santa María de la O con una misa por el rito hispano-mozárabe en la Basílica de San Isidoro, del siglo XI.
Tanto en la Catedral de León como en la Basílica de la Real Colegiata de San Isidoro se encuentran sendas imágenes de la Virgen de la Esperanza.
En el caso de la Catedral, se trata de una pieza esculpida en piedra a finales del siglo XIII y se ubica en la capilla también conocida como de la Virgen de la Esperanza.
En San Isidoro la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza ocupa una capilla especial en la cabecera de la nave norte del templo.
La razón: complementar la Anunciación
Los padres del Concilio décimo de Toledo en el año 656 (con San Eugenio III de Toledo al frente) consideraron que no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen, al coincidir con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual. Por eso dice el Concilio: "se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".
En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.
Señala el estudioso benedictino Romualdo Mª Díaz Carbonell que el título concreto de "Expectación del Parto" para la fiesta se lo dio otro santo obispo de Toledo, san Ildefonso, famoso por su devoción mariana.
La insistencia es siempre la misma: la expectación y asombro por la venida del Salvador.
"Si todos los santos del Antiguo Testamento—escribe el padre Giry (Les petits Bollandistest. 14 p.373 )—desearon con ardor la aparición del Salvador del mundo, ¿cuáles no serían los deseos de Aquella que había sido elegida para ser su Madre, que conocía mejor que ninguna otra criatura la necesidad que tenia la humanidad, la excelencia de su persona y los frutos incomparables que debía producir en la tierra, y la fe y la caridad, que sobrepasan la de todos los patriarcas y profetas? Fue tan grande el deseo de la Santísima Virgen, que nosotros no tenemos palabras para expresar su mérito. Y tampoco podemos concebir cuál fue su gozo cuando Ella vió que sus deseos y los de todos los siglos y de todos los hombres iban a realizarse en Ella y por Ella, ya que iba a dar a luz la esperanza de todas las naciones, Aquel sobre quien se fijaban los ojos de todos en el cielo y en la tierra y miraban como a su libertador."
El gusto popular llamó a la Doncella en espera "Virgen de la O", a partir de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida.
SÁBADO
“ María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. ”
san Mateo 1, 1-17
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aran, Aran engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
“genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán”. Creo que es mejor no meterse a fondo con las interpretaciones que los exégetas hacen sobre el texto, con los diversos nombres que en él aparecen, con las tres generaciones de catorce, desde Abrahán hasta el Mesías pasando por David. Quedémonos con algunas verdades que se desprenden de esta genealogía.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
La primera es recordarnos que Jesucristo no es un personaje inventado, que no se sabe su origen. Tiene un origen preciso, es un personaje histórico. Es un judío de pura raza, “hijo de David, hijo de Abrahán”.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.
Aunque sabemos que es el Mesías, el Hijo de Dios, tiene una familia humana normal, algunos de sus miembros claramente pecadores. Se quiere destacar su procedencia humana y al final se habla cómo “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”.
VIERNES
“ Las obras que hago dan testimonio de mí ”
según san Juan 5,33-36 En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que yo hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».
El papa Benedicto XVI comentando este evangelio nos invitaba a a ser ser lámparas como Juan el Bautista con estas palabras:”Haced que brille vuestra luz en nuestra sociedad, en la política, en el mundo de la economía, en el mundo de la cultura y de la investigación.
Aunque sea una lucecita en medio de tantos fuegos artificiales, recibe su fuerza y su esplendor de la gran Estrella de la mañana, Cristo resucitado, cuya luz brilla -quiere brillar a través de nosotros- y no tendrá nunca ocaso. (Benedicto XVI, Sábado 8 de septiembre de 2007).
JUEVES
“ Yo envío mi mensajero delante de ti ”
según san Lucas 7,24-30
Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas?
Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.
Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».
Juan ha recibido el mejor elogio del Señor: “El mayor de los nacidos de mujer”, según el Señor, el más pequeño en el reino es mayor que él. El más pequeño que “ha experimentado” el gozo de seguir a Jesucristo, estar con Él, seguirle, amarle, sabe que Jesús es lo definitivo.
Es el hombre de los dos caminos: el camino hacia Dios, donde nos descubre el verdadero rostro de Dios-Padre; y el camino hacia el hombre, donde nos revela qué es el hombre, qué sentido tiene la vida.
Al oír a Juan, todo el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamaron que Dios es justo. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de dios para con ellos.
MIÉRCOLES
“ Dichoso el que no se escandalice de mí ”
san Lucas 7, 19-23
Juan el Bautista está a caballo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En él todavía se albergan ideas del Mesías que no corresponden con la manera de obrar de Jesús. Según la mentalidad del A.T. el Mesías sería gracia y bondad para los buenos, pero venganza y desquite para los que no cumplen la ley.
En aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
El Bautista está en la cárcel. Desde su calabozo ha oído de Jesús que habla de gracia, de perdón, de amor…y sufre una crisis de fe
Por eso Juan envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir?
Los hombres se presentaron ante él y le dijeron: «Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».
En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.
Y respondiendo, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados.
Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Pongamos al Amor en el centro de nuestras vidas y no hagamos nada que no esté guiado y dirigido a fortalecer el amor, a amar a nuestros hermanos. No es fácil. Nadie ha sugerido eso. Amar es dar; es renunciar, es desprenderse. A esto debemos dedicar todo nuestro ser.
MARTES
“ Hijo, ve hoy a trabajar a la viña ”
según san Mateo 21,28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece?
Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
En cambio acepta las obras del primero aunque sus palabras hayan sido de rechazo.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
Jesús no acepta a estas personas de buenos modales, de exquisita reputación, de méritos acumulados y que se limitan a tener buenos discursos y bonitas palabras. “Por los frutos los conoceréis”. Por eso rechaza la respuesta perfecta del hijo segundo.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
En nuestros esquemas mentales, que no difieren mucho de los de los contemporáneos de Jesús, no cabe otro orden que el establecido por las leyes o normas de una institución religiosa.
Contestaron: «El primero».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.
Pues bien, Jesús se saltó todas esas instancias y mediaciones con su enseñanza y conducta. Lo que Jesús hizo con los proscritos, los marginados y los despreciados no nació de una ocurrencia irreverente. La conducta de Jesús fue fruto de su fe, de su especial relación con Dios como Padre. Es el Padre el que quiere “que todos los hombres se salven”.
Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron.
Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
Le da igual que sean negros que blancos; judíos o extranjeros; sabios o ignorantes; hombres o mujeres; pecadores o justos. Es el Padre el que ama a todos porque le nace de dentro el amor y la misericordia.
LUNES
“ Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto ”
san Mateo 21, 23-27
Los fariseos y todos aquellos que habían sido perjudicados por la expulsión de los vendedores del Templo, se unen para poner a prueba a Jesús. Podrían tramar algo así: "A ese maestro tenemos que acusarle de blasfemo.
La chusma anda pregonando de él: que es "divino", que es hijo del Altísimo... o algo por el estilo. Entonces será más sencillo acusarle..."
En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto.
Pero Jesús conoce sus pensamientos, sus intenciones torcidas y su mala fe. No responde, porque ellos tampoco tienen el valor de reconocer su pecado.
Cuando Jesús pregunta nunca lo hace sobre cosas superficiales
El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta». Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».
Las preguntas de Jesús van al fondo. Siempre nos pregunta cosas esenciales, que afectan existencialmente nuestra vida. Cada pregunta de Jesús nos hace pensar, nos saca de nuestras casillas, Y nos compromete.
DOMINGO
Seguimos en Adviento, que es la alegre espera del nacimiento de Jesús. Cuanto más cerca de nosotros está el Señor, mayor es la alegría. Pero con la Palabra que nos trae hoy su presencia, viene también la inquietud de buscarlo, esperarlo, y hacerlo presente. Este es nuestro reto en Adviento.
según san Mateo 11, 2-11
“ Alegría sin límite en sus rostros ”
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Juan el Bautista desde la cárcel oye hablar de las acciones del Mesías (Cristo) y manda a sus discípulos para preguntarle a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.
Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Jesús no les responde a la pregunta, y les remite a los signos que le acompañan en su ministerio, signos que anuncian que el proyecto de Dios se está realizando según la profecía de Isaías
Juan está perplejo, porque ha anunciado a un Mesías lleno de fuerza que habría de llevar el fuego por todas partes, y ahora oye hablar de Jesús que, al contrario de lo esperado, se manifiesta con actitudes de misericordia y bondad. Ni siquiera el Bautista es una excepción en la oscuridad de la fe, ni goza desde el principio de una plena comprensión del proyecto de Dios que le puede preservar del escándalo
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo?
Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios.
Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».
La respuesta de Jesús al Bautista todavía es válida para nosotros hoy: Jesús ya está llevando a cabo este cambio; nos da signos, pero debemos darles crédito, siguiéndole por el camino de debilidad que él ha elegido.
El Reino de Dios llega sin ruido (será instaurado definitivamente sobre la cruz), pero sólo si creemos podremos experimentar su fuerza y también nosotros nos comprometeremos en el verdadero cambio del mundo.
EVANGELIO DEL DÍA Jn 5, 33-36:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad.
Juan es la lámpara que arde y brilla.
La bella parábola nos presenta a Juan como esa luminaria que deja ver el camino en la oscuridad.
El camino no es otro que Jesús, verdad y vida. En plena ola de mesianismo como bullía la Palestina de tiempos de Jesús, era relativamente fácil que algunos tomaran a Juan el Bautista por lo que no era: como si se tratara del esperado Mesías.
Jesús instruye a sus discípulos para que no se confundan. Juan es el más grande entre los hombres, pero a Jesús lo ha enviado el Padre: verdadero Dios y verdadero hombre
La llamada a ser testigos del Señor y contar con ir contracorriente, no temer a la contradicción, el aislamiento, la persecución, el ridículo e incluso la muerte si es por el seguimiento al Señor es motivo para descansar más en Él y recibir su ayuda y su fuerza.
En el Evangelio de hoy, Cristo nos lanza un reto: el de ser lámparas como Juan el Bautista.
Lámparas que arden y brillan.
Ciertamente toda nuestra existencia debe ser, como la de san Juan Bautista, un gran reclamo vivo, que lleve a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.
!A ser lucecita en medio de tantos fuegos artificiales¡
La fe en Dios vence nuestros miedos y es toda una experiencia que toca nuestra vida desde la experiencia arraigada en el amor de Dios que es fuente de confianza y alegría que se contagia y se irradia, la llamada a la que nos invita el Señor a ser testigos suyos, testigos de la verdad, me recuerda unas palabras bellísimas que el Obispo en la entrega del libro de los Evangelios en la ordenación de diáconos, les dice y les hace saber: “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero, convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva, enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”.
Estas indicaciones dichas al nuevo ordenando son validas para cada cristiano, igual que la misión de San Juan Bautista, todos los bautizados estamos llamados a ser testigos de la Verdad, a acoger al Salvador en nuestras vidas, y no es suficiente anunciar la fe sólo con las palabras, es necesario que vaya acompañado del testimonio concreto de la caridad.