YA ES SEMANA SANTA

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viernes, 21 de febrero de 2025

CATEDRAL DE SAN PEDRO

 


Cada 22 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro, celebración que se remonta al siglo IV, cuyo sentido es honrar al primado y autoridad del Apóstol Pedro, el primer Papa de la Iglesia. 



 Esta celebración recuerda la potestad conferida por Cristo a quien es cabeza de la Iglesia cuando dijo, tal como lo relatan los Evangelios: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella". 





DESCRIPCIÓN



La obra de Bernini se encuentra en el presbiterio de la Basílica de San Pedro, enmarcada por pilastras. En el centro se sitúa el trono de bronce dorado, en cuyo interior se encuentra la silla de madera y que se decora con un relieve representando la «traditio clavum» o «entrega de llaves».







 El trono se apoya sobre cuatro grandes estatuas, también en bronce, que representan a cuatro Padres de la Iglesia, en primer plano San Agustín y San Ambrosio, para la Iglesia latina, y San Atanasio y San Juan Crisóstomo, para la Iglesia oriental.
 Por encima del trono aparece un sol de alabastro decorado con estuco dorado rodeado de ángeles que enmarca una vidriera en la que está representada una paloma de 162 cm de envergadura, símbolo del Espíritu Santo. Es la única vidriera coloreada de toda la Basílica de San Pedro.




 La palabra "cátedra" significa “asiento” o “trono”, de la que se derivan otros vocablos como “catedral”; es decir, la “cátedra” designa a la iglesia donde un obispo tiene un “trono”, desde el cual gobierna y predica. 

Sinónimo de “cátedra” es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar simbólico desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la “sede” del Obispo de Roma, el Papa. 

 Hoy, la cátedra o sede que se conserva en la Basílica de San Pedro, en Roma, fue donada por Carlos el Calvo al Papa Juan VIII en el siglo IX, con motivo del viaje de su coronación, en épocas en las que el Papa cumplía con la función de ratificar el poder político. En el caso de Carlos el Calvo, el Papa lo coronó emperador romano de Occidente. 


Este trono se conserva como reliquia, siendo una magnífica composición barroca, obra de Gian Lorenzo Bernini, quien la talló entre 1656 y 1665. 




 La sede o trono que se conserva como objeto físico, en realidad es la expresión simbólica de la grandeza del poder espiritual de Dios en la tierra, que el cada sucesor de Pedro expresa, además, de evocar la enseñanza de quien es cabeza de la Iglesia y conduce al Pueblo de Dios por el sendero de la historia. “Cátedra” es aún hoy sinónimo de “magisterio” o “enseñanza”. Cuando el Papa habla, enseña, conduce, consuela, guía al rebaño de Dios, y muestra a todos que la Iglesia peregrina hacia su destino final: el encuentro con su Creador. 



 Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado durante el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la Misa del Capítulo de San Pedro.

 Pidamos por intercesión de San Pedro por el Papa Francisco y por los obispos, para que en todo permanezcan fieles al Evangelio y lo anuncien libre de toda mancha al mundo entero.



DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO


“ Tú eres el Hijo de Dios vivo ”


según san Mateo 16, 13-19 

En la fiesta de la cátedra de San Pedro, celebramos la fe en Cristo, el Hijo de Dios; La fe, que fundamenta nuestra vida, sostenida por la cadena de testigos que nos han precedido, y que nos une como familia, como Iglesia

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 

L Iglesia a que surge a partir de una llamada personal del Señor a seguirle; recordamos en este día a aquellos primeros seguidores a los que Jesús llamó, acercándose a sus vidas en medio de sus tareas cotidianas como hoy continúa acercándose a las nuestras.

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 

Entre esos seguidores de la primera hora recordamos hoy a Simón, hermano de Andrés. Simón, este pescador rudo, impulsivo, contradictorio, en el que nos podemos sentir identificados muchos de nosotros.

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 

Dispuesto a todo por Cristo y que en el momento que las cosas se pusieron difíciles le traicionó y le abandonó; pero que fue capaz, al encontrarse con su mirada amorosa, de dejarse perdonar y lavar por Él, de aprender a colocarse detrás de Él y a permitir que Otro marcara el rumbo de su vida.

Ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

La imagen de la roca, de la “piedra” nos evoca aquello que es firme, estable y por lo tanto sobre lo que podemos apoyarnos porque es sólido y resistente. La imagen de “la piedra angular” de un edificio, añade a la idea de solidez, otra diferente: la de ser “base o fundamento de algo”.



En esta fiesta de hoy, agradezcamos la fe recibida y sintámonos Iglesia, unidos a tantos hombres y mujeres que han vivido y siguen viviendo la aventura de la fe.

El modelo del “Buen Pastor” que es Cristo ha de empeñarle no solo en guiar con prudencia y prontitud a los fieles encomendados, sino también conocerlos y, para ello, acercarse a ellos para que le conozcan, compartir sus inquietudes y problemas, buscar y rescatar a las “ovejas perdidas”...


VIERNES

“ Quien quiera salvar su vida... ”


Hay dos maneras de orientar la vida:

según san Marcos 8, 34 – 9, 1 

En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 

desde el egoísmo o desde el amor. Los que viven para sí mismos, los que sólo piensan en sí mismos, los que tienen el corazón tan lleno de sí mismos que ya no cabe nadie en él, no aciertan, se equivocan, no dan en el blanco, fracasan.

Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. 

Pero los que orientan su vida hacia el amor a los demás, a la donación de sí mismos para favorecer a otros, estos aciertan.

Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? 

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles». 

Y añadió: «En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».

“La cruz es algo más grande y misterioso de lo que puede parecer a primera vista. Indudablemente, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y derrota, pero al mismo tiempo muestra la completa transformación, la victoria definitiva sobre estos males, y esto la convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás.

Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede convertir su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo caído.


JUEVES

“ Y vosotros ¿quién decís que soy yo? ”


En este evangelio hay que distinguir entre la opinión de la gente y la opinión de los discípulos. La gente puede opinar de Jesús lo que quiera. A Jesucristo le interesa mucho más la opinión de sus discípulos.

según san Marcos 8, 27-33 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

 Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».

 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Jesús no puede ser una doctrina o una teoría. Jesús es aquel que es capaz que dar pleno sentido a nuestras vidas. Aparentemente San Pedro da una respuesta correcta: Tú eres el Mesías 

Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 

 Es lo que pretende probar San Marcos desde el principio del Evangelio: “Jesús-Mesías-Hijo de Dios”. Justamente, en la mitad del Evangelio, Pedro, en nombre del grupo, afirma que Jesús es el Mesías. Y, al final, el Centurión, después de ver morir a Jesús, dirá que es “el Hijo de Dios”.

Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: 

Con todo, la respuesta de Pedro es insuficiente porque la noción que tiene del Mesías no coincide con la de Jesús. De hecho, San Pedro no acepta un Mesías que termine en una Cruz. Jesús le llega a decir a Pedro: ¡Satanás! porque le quiere desviar del camino señalado por el Padre. Tú, Pedro, ponte detrás de mí.

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Te doy gracias, Señor, porque hoy he aprendido a valorar mi cristianismo, a ser discípulo tuyo, no de palabra, sino de verdad. Yo no puedo pedirte que me quites los sufrimientos, los malos ratos, las incomprensiones y todo lo que esta vida lleva de carga y de peso. Lo que te pido es que no me dejes solo, que me eches una mano, que me des tu gracia para que yo pueda cargar con la cruz de cada día.  

MIERCOLES

“ ¿Ves algo? ”


Betsaida, la ciudad dura de corazón que no cree en los signos que advierte, es escenario de una curación en dos tiempos. Primero, Jesús en persona lo toma de la mano y lo saca de la aldea.

según san Marcos 8, 22-26 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase. 

Primero, Jesús en persona lo toma de la mano y lo saca de la aldea. Lejos de su seguridad, del terreno que pisa a diario sin mirar porque no le hace falta. Es un camino que lo aleja de esa ciudad pecaminosa y obstinada que no cree en el anuncio del Reino. Después, saliva en los ojos.

Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». Levantando los ojos dijo: «Veo hombres; me parecen árboles, pero andan». 

A Jesús le bastaba con imponerle las manos para hacer curaciones, pero como en el caso del sordomudo, su propia saliva es el mejor remedio. Es el fundamento de la caridad, hay que tocar al necesitado rompiendo esa distancia física que nos imponemos no como respeto sino como parapeto. 

El ciego, con esa saliva frotada en los párpados, empieza a distinguir los contornos pero todavía no es capaz de ver con claridad.

Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.


Nos pasa a nosotros también cuando iniciamos el camino exigente del seguimiento de Jesús; cuando Él en persona nos toma de la mano y nos saca de nuestra Betsaida en que moramos ciegos. Es la perseverancia la que acaba por afinar la mirada, la que nos dota de ojos de fe con los que contemplar a partir de entonces la vida.

MARTES

MARTES

“ ¿Y no acabáis de entender? ”





según san Marcos 8,14-21 

La levadura era signo y causa de corrupción. Jesús quiere que nos liberemos de la levadura de los fariseos

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca. Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». 

Diríase que están familiarizados con que, cerca de Jesús, no les va a faltar el sustento.

Pero les traiciona su falta de fe en la providencia del Nazareno porque les invade el temor cuando descubren que no hay más que un pan en la barca.

Y discutían entre ellos sobre el hecho de que o tenían panes. 

Discuten y hacen cálculos, tratarían de arreglarlo por su cuenta con sus limitados medios.


En el Evangelio de hoy, Jesús previene a sus discípulos de la levadura de los fariseos y de Herodes.

¿De qué levadura se trata? Los fariseos están anclados en la Ley, en las Instituciones, es decir, en lo viejo. Ya todo está dicho y no cabe esperar nada mejor.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? 

La Pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo.

¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? 

Y se encorajina con ellos porque no lo ven, porque la mundanidad les ciega y les embota los oídos:

¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».

Ellos contestaron: «Doce». « ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». 

Pero los discípulos no parecen entender: tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.

Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

En el fondo, querrían otro signo del cielo como reclamaban los fariseos, una nueva señal de que Jesús los salvará del apuro multiplicando de nuevo su pan.


Esta escena del evangelio me habla de la terquedad de los apóstoles. 

Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer.

 Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.

LUNES

 LUNES

“ ¿Por qué esta generación reclama un signo? ”





según san Marcos 8, 11-13 

El Evangelio de hoy presenta una discusión de los fariseos con Jesús. Los fariseos, ciertamente conservadores, tirando al inmovilismo, piden un signo del cielo; tal vez desconcertados por la gran novedad de Jesús. ¿Qué tipo de señales buscaban?

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. 

Aunque a los fariseos hay que reconocerles una actitud religiosa responsable, podría criticárseles que algunos se mostraban cerrados, superiores a los demás y por ende, marginando a otros con su mirada religiosa…

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo?

 En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». 

Hoy, también nosotros podemos caer en actitudes similares al quedarnos en posiciones religiosas estáticas porque es más cómodo… y al condicionar nuestra adhesión al Señor exigiendo señales. En este escenario cual es la actitud de Jesús: no hacer frente a la provocación,

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.




DOMINGO

“ Dichosos vosotros... ”


según San Lucas 6, 17. 20-26 

No olvidemos: la actitud fundamental para el camino de las Bienaventuranzas y de la dicha es la confianza. Entonces somos dichosos; incluso cuando nos toca afrontar el dolor y la contradicción. Especialmente entonces, porque Jesús, al pronunciar las Bienaventuranzas, piensa especialmente en quienes lo están pasando mal

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Jesús miró a sus discípulos con predilección y cariño y les dio la Carta Magna del Evangelio de Salvación, la quinta esencia de sus Palabras de Vida: “Seréis dichosos si las practicáis”… ¡Dichosos, felices, bienaventurados, que quiere decir: ciudadanos del Cielo!…

 Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. 

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. 

Pero en el fondo se trata simplemente de describir dos ámbitos bien precisos: el de los desgraciados de este mundo y el de los bien situados en este mundo a costa de los otros.

Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. 

Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

 ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! 

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

 ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Lucas nos ofrece las bienaventuranzas en el contexto del sermón de la llanura (Lc 6,17), cuando toda la gente acude a Jesús para escuchar su palabra; no es un discurso en la sinagoga, en un lugar sagrado, sino al aire libre, donde se vive, donde se trabaja, donde se sufre.

jueves, 20 de febrero de 2025

¿QUIÉN DECIS QUE SOY?

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN MARCOS (8, 27-33) 

Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: 




 

En Cesárea, el grupo de los discípulos se coloca ante Jesús. La curación del ciego, ha dado su fruto: Pedro, ante la pregunta de Jesús ¿quien decís que soy yo? reconoce en Jesús al Cristo. 

La multitud sólo había llegado alcanzar una parte de la verdad: veía en Jesús a un profeta. Pero Elías y Juan Bautista pertenecen al pasado, mientras que Jesús viene del futuro. Jesús instruye a sus discípulos y levanta sin miramiento el velo: "el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho..." Esta es la misión por la que se reconoce a Jesús: sólo a través del sufrimiento entrará en la gloria del Reino.

Pedro, a quien se le ha concedido ir más allá que al resto de apóstoles y entrar decididamente en el secreto mesiánico pero al que Jesús reprende con ímpetu cuando el primero de sus discípulos reniega de la cruz. Sabe quién es pero no entiende todavía que la pasión es el único camino que conduce a la muerte del hombre viejo y a la gloria de la resurrección. 
Diríamos que no ha entendido nada: quiere preservar, con toda la buena intención que se le presupone, a Jesús de ese padecimiento que se revelará atroz en la cruz en cumplimiento de la voluntad del Padre, no de la propia. 
"Quítate de mi vista, Satanás". 
Pedro necesita profundizar aún más su fe; tiene que aprender que, para hablar debidamente de Jesús, no basta con decir de Él algo que sea verdadero, ha de esperar a la resurrección. Entonces comprenderá a la persona de Jesús y su mensaje: entonces podrá dar testimonio.

A NOSOTROS

Quién es Jesús para ti. Te lo está preguntando a través de la Palabra de hoy. No se trata de acertar con la respuesta como en un concurso; tampoco de aprenderla de memoria para ningún examen. Lo que encierra esa pregunta que se te formula en presente y voz activa hoy, jueves de la sexta semana del tiempo ordinario del año 2022, es el grado de intimidad que tienes con el Señor.




 Gracias a Cristo, la cruz ha venido a ser la fuente de la cual emana todo tipo de gracias y bendiciones para todo el que quiera creer: ¡El instrumento de muerte ha pasado a ser el vehículo que nos da la libertad y la vida!

Pero no te desanimes, se turbe tu corazón si te ves apocado o lejano. Piensa en Pedro.

«Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

También a nosotros  nos  dice que nos pongamos detrás de El y así además de conocerle intentaremos  vivir como El.


martes, 18 de febrero de 2025

EÑ PAN DE LA VIDA ETERNA

santo evangelio según san Marcos (8,14-21): 

 En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían mas que un pan en la barca. Jesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.» Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.» 


Es así, no todos se dan cuenta de la nueva vida que trae Jesús, ni siquiera sus discípulos que han presenciado en primera persona los milagros de la multiplicación de los panes. 

Ellos siguen con el "pan de sus seguridades", el pan de lo que realmente les preocupa. No entienden. ¡Es tan fácil hacer un Dios a nuestra medida, a la carta! Somos capaces de reducir a poco la grandeza de la fe. 

¿Para qué os sirven los ojos si no veis? La levadura está más presente de lo que suponemos en el Evangelio. Para el pueblo judío, simbolizaba la corrupción, y en los días sagrados se tiraba y se barría hasta no dejar ni rastro por toda la casa para que no contaminara los alimentos permitidos.

 Nuestro concepto de la levadura es mucho más positivo porque tenemos en cuenta el pasaje evangélico de Lc 13 en que se compara al Reino de Dios con el hongo que fermenta la masa. 

Pero en el Evangelio de hoy, Jesús previene a sus discípulos de la levadura de los fariseos y de Herodes. Es decir, el fermento del mundo que hace crecer de modo artificial su Reino, inflado por la vanidad, la hipocresía o la falsa sensación de poder. Y se encorajina con ellos porque no lo ven, porque la mundanidad les ciega y les embota los oídos: “¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís?”.

 Su Pan de Vida no precisa de levadura que lo haga subir de modo acelerado. La pregunta se clava como un dardo: “A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?”




En la barca no hay más que solo un pan, y ellos miran al pan que traen entre sus manos. En la barca no hay más que solo un pan, el único necesario y suficiente. Ese pan es Jesús, es su cuerpo entregado, su sangre derramada, su corazón partido. Todavía no han comprendido que el pan multiplicado es Él mismo, Pan de Vida Eterna. 

¡A despertad los sentidos del corazón para no perdernos la hermosura insondable de mirar la vida con los ojos de la de, de vivir a fondo, desde dentro, con el corazón. ¿Cuándo reconoceremos la grandeza de la misión a la que Jesús nos quiere asociar? ¡Sembradores de vida eterna!

lunes, 17 de febrero de 2025

BIENAVENTURANZS Y AMANAZAS

del santo Evangelio según San Lucas 6, 17. 20-26 

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.




  Jesús se dirige al grupo de «sus discípulos» (20) en presencia de mucha gente venida de toas partes, en especial de lugares del extranjero —»Tiro y Sidón» (17) son dos ciudades importantes de la costa fenicia, fuera de los límites de Israel—. De esta manera Lucas da un mensaje a la Iglesia, «sus discípulos», a la que se ha incorporado gente de todo el mundo. Y el mensaje es para «felicitarles» o para advertirles. • Con la contraposición entre las bienaventuranzas (22-23) y las amenazas (24-26), Lucas presenta el Reino de Dios como la inversión de la situación actual: Dios opta por darse, por dar su Reino, a quienes ahora y aquí se encuentran en necesidad. Y es una opción que no puede justificar de ninguna forma esta situación injusta: por ello aparecen enseguida y en paralelo las amenazas a los «ricos, hartos…». Se trata de transformarlo todo ahora y aquí. • Jesús se dirige a sus discípulos: «los pobres», los que «tienen hambre», los que «lloran», los «odiados por su causa» (20-22). Para ellos la salvación «ahora» ya ha llegado en Jesús: el Reino es «vuestro». Dios «ahora» ya está con ellos, pobre con ellos, crucificado con ellos. Así, Dios mismo pone de manifiesto la injusticia: en la cruz de Jesús queda denunciado todo el mal que sufren los pobres. • El Evangelio de Lucas es especialmente sensible a la predilección de Jesús, que es la de Dios, por los pobres (Lc 4, 18; 7, 22; 14, 13. 21; 16, 19-26; 19, 8). • «Llegará un día» (23) que el Reino será de ellos en plenitud. La resurrección de Cristo será la de ellos. De aquí que el discípulo pueda «alegrarse y hacer fiesta» (23), no porque sean pobres, no porque sufran… sino porque en esa situación viven los que están en el camino de Jesús, el camino del Dios-amor, el camino del amor de los hermanos. Son «dichosos» porque Dios está a su lado. • Las amenazas (24-26) también están dirigidas a «vosotros» (24. 25. 26). Quiere decir que en la misma comunidad de los discípulos a la que se dirige Lucas, hay algunos que con los años, han olvidado el origen de su camino de seguimiento de Jesús. Ya no siguen un camino: se han instalado en una religión. Por otra parte, tienen el corazón ocupado en ellos mismos —en sus riquezas— y no dejan lugar a los otros, ni a Dios. Cuando las riquezas son el consuelo de una persona, la encierran en sí misma y llegan a ocupar toda su vida. • Los «¡Ayes!» contra los ricos no aparecen en Mateo. Las Bienaventuranzas y los Ayes los encontramos también en el Magnifícate (Lc 1, 51-53) o en la parábola de Lázaro (Lc 16, 19). Son palabras que resuenan como advertencia y amenaza: toda confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12, 19). Pero también es una llamada a convertirse y dirigir nuestra misericordia hacia los más débiles (Lc 6, 36). • En todo caso, Lucas recuerda a todos los discípulos, los primeros y los segundos, que no se deben dejar seducir por las riquezas ni vivir satisfechos de sí mismos e indiferentes a las necesidades de los demás. En otro lugar del Evangelio de Lucas, Jesús dice: «no podéis servir a la vez a Dios y al dinero» (Lc 16, 13). • La cuarta amenaza (26) advierte al discípulo que debe temer a los halagos. Porque son una mala señal. El camino de Jesús no es el del éxito según el mundo. Cuando una mirada al mundo nos dice que no hay justicia para todos, los elogios a los cristianos indican de qué lado estamos (o quieren que estemos).

ORACIONES DE LA MAÑANA TIEMPO ORDINARIO 5º,6º,7º Y 8º

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO



Jesús es más que un consejo y una palabra: es una manera de vivir.
 Es un guía que nos invita a ir por los caminos de luz. 
Es llamada a nuestra responsabilidad como guías. 

Todos somos referente para alguien y al mismo tiempo todos tenemos como referente a alguien. 
Padres, sacerdotes, amigos han significado algo en un determinado momento de nuestra vida. Soy guía ciego o veo con claridad?
 A quién tengo que guiar? 
Quién depende de mí? 
No olvidemos que como creyentes somos conducidos por el mejor guía que es el Nazareno. 
Hoy mucha gente tiene como maestro Internet, teléfono móvil, redes sociales o otros influencer que luego nos dejan insatisfecho o literalmente tirados. 
Es el peligro de dejarnos conducir por la ceguera de otros.
D

"sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6, 36). Es ahí donde se apoya esta enseñanza de los dichos de Jesús: que los ciegos, que los discípulos, traten de imitar la misericordia del Padre. Es, pues, una llamada a ser discípulos de la misericordia. De esa manera no estaremos preocupados de ver y agrandar el mal o los fallos de los otros y pasar por altos los nuestros.

L
El hombre rico del evangelio no pudo responder a la mirada llena de cariño con la que le recibió Jesús. Tampoco pudo responder a su invitación: Sígueme, ven a vivir conmigo y como yo. Si no siguió a Jesús, fue porque en realidad confiaba más en sus propias riquezas que en lo que Jesús le podía aportar.
Jesús nos está gritando desde su Palabra de hoy precisamente eso: déjate caer en mis brazos, abandona toda seguridad, olvídate de sentirte fuerte si quieres seguirme. ¿Quieres realmente seguirlo?
M
  No tenemos que establecer categorías entre los seguidores. 
No tenemos ningún mérito por haber sido llamados los primeros. Es en la Cruz donde se triunfa y Jesús nos lo dice con hechos. 

DOMINGO VII DEL T. ORDINARIO


¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de la sordera, para que pueda escuchar con nitidez tu voz 
La del odio, para que pueda amar sin distinción 
La de la maldición, para que pueda desear siempre el bien 
La de la debilidad, para que presente mi mejilla donde sea necesario 
La del egoísmo, para que nunca mire lo qué doy ni a quién doy
 La de la conformidad, para que no exija lo que no me pertenece 

¡QUITA, MI MÁSCARA, SEÑOR! 
La de los malos modales, y sea así delicado con mis hermanos 
La de la maldad, para que disfrute sembrando semillas del bien 
La del usurero, para que no busque más beneficio que el ser feliz dando 
La de la dureza, para que brote en mí la comprensión 
La de la severidad, para que sepa entender y comprender los defectos de los demás 
La de la discordia, para que vea amigos y no adversarios 
Y por encima de todo, sonreir (no reirse) porque es lo que más odia un enemigo
D
Hoy vivir codo a codo o el trabajar mano a mano con el Señor: el bien del otro. Difícil pero para amar al enemigo.....amar al Gran Amigo.....Jesus de Nazaret. 
Por encima de todo y sobre todo, el bien del otro.
M
Aprender de Ti. Servir siendo el último. 
Hazme humilde como  la cera que se funde en la vela para dar luz y caridad mientras se consume lentamente.
X
Señor. No siempre tengo fuerza para buscarte......soy oveja sin pastor, sal tu a buscarme. 
A ti, Señor, te interesan “las personas”. Que éstas no sufran, que sean libres, que sean felices. El bien siempre hay que hacerlo sin mirar a quien.
J
Señor, las personas somos capaces de todo: de lo mejor y de lo peor. Podemos ser altruistas, generosos, desinteresados hasta ir entregando la vida por los más pobres y desgraciados, como nuestra santa moderna, Santa Teresa de Calcuta. Pero también podemos manchar el alma limpia y pura de los niños. Dame, Señor, la gracia de vivir siempre siendo sal, que no estropee su efecto de conservar y dar sabor a este mundo tan triste y tan soso.
V
Señor, yo quiero entender bien lo que Tú piensas de la vida, de nuestros problemas, de nuestros intereses. En el caso de hoy, lo que piensas sobre el amor de los esposos. Dame la fuerza del Espíritu para penetrar en tus sabias palabras ya que éstas y no las palabras humanas van a ser las que orienten nuestra vida.
S
Hoy, Señor, quiero hacer mi oración con el encanto, la sencillez y la espontaneidad de los niños. Sólo si tengo corazón de niño me atreveré a hablarte como a mi Abbá, mi papá. Es la palabra que usaba Jesús cuando hablaba contigo. No vengo a ti a pedirte nada. Me conformo con que Tú siempre seas mi “papá”. Contigo lo tengo todo.


 VI DOMINGO DEL TIEMPO ORD







Bienaventurados si no nos olvidamos de Dios ¡Bienaventurados! Bienaventurados si sonreímos aunque estemos llorando ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no presumimos de ser ricos ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no tememos decir la verdad ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no valoramos sólo el mundo ¡Bienaventurados! Bienaventurados si miramos al cielo ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no olvidamos al que sufre ¡Bienaventurados! Bienaventurados si somos fuertes en la fe ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no nos burlamos de los débiles ¡Bienaventurados! Bienaventurados si nos dejamos tocar por Dios ¡Bienaventurados! Bienaventurados si creemos en la Resurrección ¡Bienaventurados! Bienaventurados si no ponemos en el centro al mundo ¡Bienaventurados! Bienaventurados si avanzamos con y por Jesús ¡Bienaventurados! Bienaventurados si tenemos tiempo para Dios ¡Bienaventurados! ¡Bienaventurados si buscamos la felicidad en la Fe ¡Bienaventurados!
D
L
Tu resistencia a la gracia de Dios provocan el suspiro doloroso de Cristo. Acepta su voluntad en tu vida y notaras la alegria del Señor.
M
Esta escena del evangelio me habla de la terquedad de los apóstoles. 
 Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.
X
Te doy gracias, Señor, porque hoy he aprendido a valorar mi cristianismo, a ser discípulo tuyo, no de palabra, sino de verdad. Yo no puedo pedirte que me quites los sufrimientos, los malos ratos, las incomprensiones y todo lo que esta vida lleva de carga y de peso. Lo que te pido es que no me dejes solo, que me eches una mano, que me des tu gracia para que yo pueda cargar con la cruz de cada día.  
J
Ven Espíritu Santo hoy a mí y haz que vea, que vea las cosas como las ves Tú, que cambie mi mirada, que vea a las personas con la mirada del corazón, que sepa descubrir los dones, los valores, la riqueza interior que hay en cada una de las personas.
V

Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios  esperanza ilimitada a nuestro mundo caído.

S

El modelo del “Buen Pastor” que es Cristo ha de empeñarle no solo en guiar con prudencia y prontitud a los fieles encomendados, sino también conocerlos y, para ello, acercarse a ellos para que le conozcan, compartir sus inquietudes y problemas, buscar y rescatar a las “ovejas perdidas”...


V DOMINGO Y IIEMPO ORD




Porque, siendo como eres Dios, no mereces una compañía como la mía. Porque, siendo como eres Eterno, mi vida se conforma, demasiadas veces, con lo efímero, vacío o caduco.
 ¡APARTATE, SEÑOR!
 Porque tu beldad pone al descubierto la mentira de mi existencia Porque, siendo como Tú eres, insistes, una y otra vez, en aquellas puertas en las que hace tiempo los nudillos de mi mano dejaron de golpear. ¡APARTATE, SEÑOR! 
Tú me invitas a intentarlo de nuevo, y yo doy marcha atrás allá donde no veo éxito Tú me animas a mirar hacia el horizonte y sigo empeñado en instalarme en el pasado Tú te fías, de mis pobres fuerzas, cuando yo, frecuentemente, dudo de que Tú me apoyes en mis luchas. 
¡APARTATE, SEÑOR! Temo tirar la toalla, si el sol no brilla Si la suerte no sale a mi encuentro Si, las dificultades, son más grandes que mi capacidad para hacerles frente 
¡APARTATE, SEÑOR! Que, mis pecados, me abruman Que, mis pecados, me paralizan Que, mis pecados, hacen que me sienta como alguien que traiciona a Aquel que es Dios bajado del cielo Que, mis pecados y mi vida vacía, me impiden amarte como mereces me condicionan seguirte como Tú exiges me imposibilitan servirte como, Tú Señor, requieres Amén
D
Yo Señor tu seguidora, remando mar adentro,  que me convocas  para reponer las fuerzas, y m envías de nuevo, a la brega.

L

Siempre debemos depositar nuestra confianza en el Señor, Él no nos deja de su mano y, siempre, estará a nuestro lado aunque nosotros no seamos conscientes de ello.

M

Más que un simple tocar «la orla de su manto», nosotros recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión sana nuestras almas y les garantiza la participación en la propia vida de Dios.

X

Podemos hacer grandes cosas si nos damos cuenta de que cada uno de nuestros actos humanos es corredentor cuando está unido a los actos de Cristo.

J

Quiero que me des la fe de esta mujer cananea, la fe de una mujer que nunca ha estado en el templo de Jerusalén, ni sabe nada de los libros de la Biblia. Una mujer que pone su corazón y todo su ser en la plegaria; una mujer que ha rezado poniendo delante de ti su vida desgarrada por el dolor de su hija gravemente enferma. Dame, Señor, la gracia de rezar así, poniendo mi vida rota y maltrecha delante de ti.

V

S

El Señor no nos pide hacer milagros, sino simplemente poner a disposición lo que somos y lo poco que podemos aportar, si quien salva, si quien realiza la obra es Él, y que detalle que quiera contar con nuestra pequeñez, Él es el que nos enseña a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde su perspectiva. 

El Señor nos impulsa a partirnos, repartirnos con el mismo espíritu vivido en la Eucaristía para los demás y, por tanto, a ser ejemplo de entrega, caridad y oración.

domingo, 16 de febrero de 2025

LAS BIENAVENTURANZAS

santo Evangelio según san Lucas (6,20-26) 

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.  



Los hombres creían que iban a poder construir su felicidad a base de recetas pero se equivocan. Dios viene a remover las cartas, a darle la vuelta a este mundo. 

 Ha llegado el Reino, donde todo es gracia y lo que se llama "muerte" se convierte en "vida" y el pecado se transfigura en perdón y en gracia. 

 Ya no están en primera fila la violencia, la riqueza, el dominio, el prestigio y cosas así. Quedan sustituidos por la paz, la mansedumbre y la pobreza del Reino. 

El mundo de los hombres se ha venido abajo; nace el mundo de Dios: le tierra ha sufrido una revolución. 

 Bienaventurados aquellos que comprenden este nuevo camino: Serán como acróbatas de la vida, que confiando en la sola Palabra, cruzarán el abismo de este mundo herido de muerte y llegarán a la otra orilla. ¡Qué dicha que Dios mismo nos llame bienaventurados! ¿Tu, te sientes así?



Las "Bienaventuranzas" son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que "se invierten los valores".


sábado, 15 de febrero de 2025

LA GENTE COMIÓ HASTA ARTARSE

 Evangelio San Marcos (8,1-10) 

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».


Terminamos la semana como la empezamos, contemplando a Jesús ocupándose de los que más lo necesitan: "Llevan ya tres días conmigo y no tienen que comer” Jesús no se conforma solo con hablar de lo que significa el Reino de Dios, sino que procura que a sus oyentes no les falte de nada. Alimento espiritual y alimento corporal. Porque la salvación de la persona es íntegra, no se puede separar el alma del cuerpo.

Jesucristo ve las necesidades de aquella multitud, siente lástima y se compadece. No se queda indiferente sino que actúa, comprometiendo a los demás, y de ahí la pregunta ¿cuántos panes tenéis?

 Sean siete o cuatro, no importa la cantidad sino la disponibilidad para ofrecerlos y compartirlos. Lo poco que tenían lo pusieron a disposición del Señor, tanto de panes como de peces y la multitud, hambrienta, se sació y aún se recogieron sobras hasta llenar siete canastas, tantas como peces ofrecieron. 

Lo que se comparte se multiplica y así el Señor nos viene a preguntar, en esta víspera de la Campaña de Manos Unidas ¿cuántos panes tenéis? 


Como Jesucristo tenemos que sentir el dolor, el pesar, el hambre y la extrema vulnerabilidad de los más pobres entre los pobres, para movilizarnos y «sacar de la despensa nuestros siete panes» antes de que se pongan duros; y «ofrecer nuestros peces antes de que huelan mal» Lo que no se da con amor huele mal, lo que se guarda sin compartir endurece, porque «endurece el corazón». Que nuestra compasión nos anime a actuar como Jesús y sea el antídoto a la indiferencia del mundo, que condena a muchos al olvido.


Cuando el hombre se compadece de sus hermanos, entonces empieza la salvación, se restablece la comunidad entre los hombres y nos responsabilizamos de su porvenir. La compasión es connivencia, es comunión, es pasión.¡Seamos compasivos!

Señor, tú que te compadecías de los hambrientos, de los pobres, de los enfermos, eres el mismo que entonces: sientes compasión por todos los que sufren. Tu corazón no puede cambiar. Vengo a que me cambies el mío. Que todo el bien que hoy pueda hacer a mis hermanos salga de mi corazón enternecido.

viernes, 14 de febrero de 2025

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO

“ La gente comió hasta quedar saciada ”

según san Marcos 8, 1-10 

Muchas veces, ante las situaciones de necesidad de la gente, sentimos lástima, nos da penita ver sus carencias, sus pobrezas y miserias. Y con un tono, ciertamente lastimero, expresamos nuestro pesar: “¡qué lástima!, ¡cuántas miserias y pobrezas!, ¡cuánta hambre en el mundo!.

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino.

Jesús contempla aquella multitud que lleva tres días con él, los ve desprovistos de alimentos para seguir y para el camino si los despide, vayan a desmayar en el regreso a sus casas, porque algunos eran de lejos. Pero Jesús no se queda en un sentimiento lastimero, en expresar una pena, Jesús se conmueve. Se pone en movimiento y así, pregunta a sus discípulos de cuántos panes disponen.

 Además, algunos han venido desde lejos».

 Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?». 

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete». 

Tienen siete panes, y si en siete días puso Dios en marcha la creación, ahora, con siete panes Jesús va a poner en marcha la compasión. Porque Jesús se compadece de aquella multitud que tiene que regresar a sus casas después de haberlo escuchado y acompañado. Para que no vayan a desfallecer, para que tengan fuerzas para el camino, Jesús quiere que además de sus palabras en el corazón y en el recuerdo, se vayan alimentados. 

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. 

Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobres ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también. 

Siete panes se van a multiplicar en sus manos para saciar a los cuatro mil, que quedarán satisfechos y recogerán siete canastas de sobras. 

Sentir lástima puede ser un sentimiento vago (¡pobrecitos! Qué le vamos a hacer!), pero la compasión pone en movimiento (¿qué tenemos para solucionar esto?).

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

El Señor no nos pide hacer milagros, sino simplemente poner a disposición lo que somos y lo poco que podemos aportar, si quien salva, si quien realiza la obra es Él, y que detalle que quiera contar con nuestra pequeñez, Él es el que nos enseña a mirar a las personas no ya sólo con nuestros ojos y sentimientos, sino desde su perspectiva. 

El Señor nos impulsa a partirnos, repartirnos con el mismo espíritu vivido en la Eucaristía para los demás y, por tanto, a ser ejemplo de entrega, caridad y oración.

VIERNES

“ El reino de Dios ha llegado a vosotros ”



según san Lucas 10, 1-9 

El Evangelio de la jornada que se propone abunda en la evangelización, esa misión ‘ad gentes’ con que la Iglesia ha ido dando a conocer el mensaje a todos los pueblos para los que Cristo es luz, como proclama la constitución ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 

En la ardua labor de evangelización nos sostiene y acompaña la certeza de que él, el Dueño de la mies, está con nosotros y guía sin cesar a su pueblo. Cristo es la fuente inagotable de la misión de la Iglesia.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

 Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. 

Al buen evangelizador, las estrategias les sobran, las maletas les estorban, los seguros les son inútiles. Mirad a los setenta y dos discípulos partir sin más certeza que la de ser portadores de paz y testigos de una noticia de gracia.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

 Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. 

La mies es abundante, porque la paz de Dios ha de manifestarse. Y si la Iglesia tiene que vivir el Evangelio, es para salvar la cosecha.

Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, en ella y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”».

La mies sigue siendo abundante y los obreros son pocos por muchos que haya. Tú eres obrero también, ponte a cosechar sin más dilación, sin dejarte llevar por el derrotismo por la vastedad de la tarea. El modelo de los santos patronos de Europa es un buen espejo en el que mirarse.



Pidamos por esta vieja Europa que olvida fácilmente sus raíces evangélicas.

JUEVES

“ Fue a buscarlo y se le echó a los pies ”



El texto del evangelio de Marcos narra un encuentro bastante particular. Jesús se adentra en territorio extranjero, en la región de Tiro. En el marco de la ley judía, estricta en cuanto a la prohibición de trato con los gentiles, y tras el pasaje anterior con la dura crítica a las tradiciones judías sobre lo puro e impuro, sucede esta escena, chocante y enternecedora a la vez, de Jesús con una mujer fenicia de Siria.

según san Marcos 7, 24-30 

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

 Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. 

El corazón de Jesús, que pertenece a un Dios que es Padre, no puede dejar de estremecerse ante la réplica y la súplica de una madre que sufre por su hija, rompe las barreras de leyes y nacionalidades, y se desborda para sanar y liberar a todo el que sufre.

La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

También allí hay hospitalidad. Jesús, que quiere pasar desapercibido, encuentra una casa que le acoge. Encuentra también una mujer que cree en Él. O mejor, es la mujer quien le encuentra a Él y le ruega que expulse de su hija el demonio.

 Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». 

Dura la respuesta de Jesús: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos… Extraordinaria la ingeniosa reacción de la mujer: Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños… Magnífica la conclusión:

Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija»

. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.


Quiero que me des la fe de esta mujer cananea, la fe de una mujer que nunca ha estado en el templo de Jerusalén, ni sabe nada de los libros de la Biblia. Una mujer que pone su corazón y todo su ser en la plegaria; una mujer que ha rezado poniendo delante de ti su vida desgarrada por el dolor de su hija gravemente enferma. Dame, Señor, la gracia de rezar así, poniendo mi vida rota y maltrecha delante de ti.

MIERCOLES

MIERCOLES

“ Del corazón sale lo impuro ”


según san Marcos 7, 14-23

La religión judía en tiempo de Jesús daba cierta importancia a los alimentos, de tal manera que prohibía comer algunos.

La religión de Jesús es una religión del corazón. Nada se decide desde fuera; y nada que viene de fuera puede ser malo. Dios ha hecho buenas todas las cosas. Somos nosotros, con nuestro comportamiento, los que las hacemos malas. Y esa es nuestra enfermedad. Como decía San Juan de la Cruz: “La enfermedad no es otra cosa que la falta de amor”.

 En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro;

En verdad, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro. Claro que no podemos hacer lo que se nos ocurra. Dios, que es Amor y nos creó a su imagen y semejanza, puso en nuestro corazón el mandato del amor

 lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». 

Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 

 El libro del Génesis dice: Vio Dios todo lo que había hecho, y todo estaba muy bien (Gen 1, 31). Y san Pablo: Para los limpios, todo es limpio; mas para los contaminados y no creyentes nada hay limpio, pues su mente y conciencia están contaminados

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? 

Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos). 

Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 

Jesús quiere que tengamos una mirada positiva hacia todo lo creado. Son hermosas las montañas, los valles, los ríos, los bosques, el mar, los árboles frutales, y también todos los animales. Y todo lo ha creado Dios para que lo cultivemos, lo usemos bien y lo disfrutemos. Dios quiere que tengamos una mirada limpia sobre las cosas, los animales y, sobre todo, sobre las personas creadas a su imagen y semejanza.

Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».



En nuestro tiempo, bastantes personas, si pueden y su cartera se lo permite, cuidan mucho su cuerpo, en gimnasios, fisioterapias, dietas de adelgazamiento… para conservar un cuerpo ágil y esbelto. 

Algo que está bien. Pero mucho más empeño, como nos pide Jesús, hemos de gastar en conseguir un corazón bueno, para que todas nuestras acciones sean buenas, estén en la línea de lo que vivió Jesús y su evangelio, y la bondad inunde nuestro mundo.

MARTES

MARTES

“ Dejáis a un lado el mandamiento de Dios ”




El evangelio de hoy habla de las costumbres religiosas del tiempo de Jesús y de cómo los fariseos enseñaban estas costumbres a la gente.

según san Marcos 7, 1-13 

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 

Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 

Las personas infectadas por el virus del espíritu fariseo, como san Pablo antes de su conversión, están convencidas de ser hombres y mujeres de Dios; lo suyo es la observancia escrupulosa de leyes y tradiciones. Jesús no lo ve así; lo suyo, lo de Jesús, es cumplir la voluntad de Dios obedeciendo al mandamiento del amor hacia todos los hijos e hijas de Dios. Para Él, la persona humana ocupa el centro de la religión.

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos". 

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». 

Hasta en seis ocasiones aparece la palabra tradición en el Evangelio de hoy. Los tradicionalistas consideran una traición el abandono de cosas del pasado. Lo hacen con la mejor voluntad. Pero no entienden que esa es la manera más eficaz de cerrar las puertas a las llamadas y sorpresas del Señor.

Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. 

Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”.

Por eso, no vale eso de hacer cosas porque siempre se han hecho así. Sí que vale hacer cosas desde un discernimiento siempre actualizado iluminado por la Palabra de Dios.

Las tradiciones y costumbres son buenas cuando me ayudan a vivir el mandamiento del amor. No nos preocupemos tanto por preservar el pasado; preocupémonos por actualizar el proyecto de Dios, siempre viejo y siempre nuevo, en nuestro mundo.

 Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son ‘corbán’, es decir, ofrenda sagrada”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes».

Y así se quedaban tan tranquilos. Jesús no está de acuerdo con ese chantaje, Lo que Dios quiere es que ese dinero se lo den a sus padres que lo necesitan. Más aún, que ofrezcan a sus padres también su tiempo; que los cuiden, los protejan, les ayuden, les escuchen, y “les quieran”.



En ocasiones podemos olvidarnos de las cosas esenciales enredándonos y desviando nuestra atención a las cosas segundarias; incluso a veces llegamos a convertir lo segundario en fundamental. 

Es un peligro que no podemos desconocer y que no estamos exentos de caer en él, aunque nos llamemos cristianos. 

Jesús es bien consciente de este peligro, y en este evangelio lo denuncia y es una llamada a cada uno de nosotros. No podemos vivir una fe desligada de la vida de los demás, ni lo contrario tampoco. ¿Qué nos criticaría hoy Jesús a nosotros? ¿y a nuestras comunidades cristianas?

LUNES

“ Los que lo tocaban se curaban ”



según san Marcos 6, 53-56 

Jesús comunica salud. Incluso cuando no es consciente de ello. Basta con que quien se le acerque así lo crea. Cuando cura conscientemente, a veces se limita a cumplir los deseos de quien lo pide: Hágase en vosotros según vuestra fe

En aquel tiempo, terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron.

La vida de Jesús es una continua itinerancia, es un ir de un lugar a otro, y siempre al encuentro de las personas; siempre movido por el deseo de hacer el bien, de curar, de sanar, de liberar al que más lo necesita y más marginado está; esto es lo que nos presenta el Evangelio de hoy.

 Apenas desembarcados, lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. 

A Jesús le precedía su fama por los prodigios y curaciones que realizaba y era tan grande la confianza de la gente que, simplemente, con un pequeño gesto, lo consideraban suficiente para que el prodigio se realizara.

Esa confianza es la que debemos tener siempre en nuestra relación con Dios, Él, cuando lo considere adecuado, nos concederá aquello que le pedimos, o nos iluminará para hallar un camino donde solucionar el problema.

En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Siempre debemos depositar nuestra confianza en el Señor, Él no nos deja de su mano y, siempre, estará a nuestro lado aunque nosotros no seamos conscientes de ello.


Y esta actitud también es modelo para cada uno de nosotros, para todos los que nos consideramos sus discípulos.

 DOMINGO

“ Desde ahora, serás pescador de hombres ”


Los protagonistas de este Evangelio son Jesús y Pedro. Después de la penosa experiencia en la sinagoga de Nazaret, Jesús disfruta de un día magnífico: una brillante mañana, la hermosura del lago, las ganas de la gente por escucharle…

según San Lucas 5, 1-11

 En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

FIARSE DE JESÚS. Es el mismo Jesús el que provoca una situación poco lógica. Unos pescadores, entre los que se encontraba también Pedro, se han pasado toda la noche pescando y no han conseguido nada. La noche es el tiempo propicio para la pesca, Han hecho lo que razonablemente todo pescador hace. A la mañana siguiente (tiempo ya no propicio para pescar) el Señor invita a Pedro a echar las redes en el mismo sitio. Pedro le podía haber dicho a Jesús: Maestro, en el arte de la pesca, soy un profesional. ¿Me vas a decir tú cual es la hora mejor para pescar?

 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. 

Sin embargo, Pedro echa las redes, de mañana, fiado de la Palabra del Señor. No se puede ser buen cristiano sin fiarse de Jesús.

Nos estamos fiando de todo el mundo, ¿y vamos a desconfiar de Jesús? Pedro se fía: «en tu nombre echaré las redes”. Y el fiarse le fue bien. Como a Abrahán, como a Moisés, como a los profetas, como a María, la madre de Jesús.

Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 

HUMILDAD. “APARTATE DE MI QUE SOY UN PECADOR” Ante la pesca milagrosa, San Pedro cae en la cuenta de que “ese hombre” es más que un hombre. Es Dios. Notemos que San Pedro está feliz con Jesús y no quiere separarse de Él.

Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. 

Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 

Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.



“Mar adentro” ¿Por qué mar adentro? Porque se necesita ir hasta las profundidades del alma para encontrarse con lo que uno busca. Y en definitiva, para poder seguir a Jesús, se requiere un encuentro profundo con Él, para tomar la determinación de seguir tras sus huellas, abandonando aquellas seguridades que tenemos a la mano. Dejarlo todo supone un cambio radical de vida, asumir la de Cristo, encontrarnos con su Palabra.