La nueva férula papal
En la solemnidad de la Epifanía del Señor, durante el cierre de la Puerta Santa y la conclusión del Jubileo de la Esperanza, el papa León XIV utilizó por primera vez su nueva férula, signo elocuente de su ministerio petrino.
No es solo una cruz procesional: es una confesión de fe en el Misterio Pascual.
Cristo aparece ya no sometido a los clavos, sino glorificado, ascendiendo al Padre, llevando en su cuerpo las llagas transfiguradas en victoria.
En continuidad con la tradición inaugurada por san Pablo VI, la férula de León XIV proclama que el centro de la Iglesia es Cristo crucificado y resucitado, fundamento de la esperanza y de la unidad, expresada en el lema «In illo uno unum»
La cruz es el lugar donde el amor vence para siempre.
En la cruz no se contempla el fracaso, sino la plenitud del amor entregado. Allí, Cristo asume hasta el fondo la condición humana y la eleva, haciendo del sufrimiento un lugar de encuentro con Dios.
Esta cruz no encierra a Cristo en la muerte: lo muestra abierto, vivo, glorificado. Los brazos extendidos no son signo de derrota, sino de acogida universal; las llagas no acusan, iluminan; la madera no oprime, sostiene la esperanza.
En la cruz, el dolor no es negado, pero es transfigurado. Lo que parecía final se convierte en paso; lo que era oscuridad, en aurora. Por eso la cruz permanece en el centro de la fe cristiana: no como instrumento de muerte, sino como fuente de vida y salvación. La cruz es el lugar donde el amor vence para siempre.



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