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domingo, 15 de febrero de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA DEL TIEMPO ORDINARIO


DOMINGO VI DEL T. ORDINARIO



No basta con cumplir lo que está escrito, dice tu voz en medio del ruido y la prisa; buscas el fondo donde el alma avisa que amar es más que un gesto bien descrito. 

En la raíz secreta del conflicto quieres sembrar tu paz que cicatriza, y en cada herida humana se desliza tu luz callada, firme en lo infinito.
 
Que no se quede el bien en apariencia, que el corazón aprenda a ser camino donde la gracia venza la impaciencia. 

Haz de mi “sí” un lugar claro y genuino, y en este mundo herido de inclemencia sea tu amor latido peregrino.

D
“La voluntad de Dios es la ley de vida que el Padre mismo fue el primero en seguir, amándonos incondicionalmente en su Hijo, Jesús, — Servir a la vida cuidando a los demás es “la ley suprema” que precede a todas las normas de la sociedad”
L
Nuestro cristianismo será más humano y evangélico cuando aprendamos a vivir las leyes, normas, preceptos, tradiciones como los vivía Jesús: buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre. Hay que llevar la ley del Señor en el CORAZON.
M

Han sido testigos del milagro de la multiplicación de los panes y sólo se preocupan de un olvido: se han olvidado de coger pan. Están ahí contigo y sólo se preocupan de comer.

 Ayúdame, Señor, a no imitar a esos apóstoles que dan más importancia a las cosas materiales que a tu persona. Haz que yo sepa olvidarme de todo cuando estoy contigo, cuando te tengo a Ti.

V DOMINGO


Ser luz (Domingo 8 febrero) 
Señor, cuando la noche me rodea y el miedo va nublando mi camino, enciende en mí tu fuego peregrino que alumbra el paso y toda sombra ahuyenta.

 Que no esconda la fe que en mí flamea, ni crea al mundo cuando dice: “es poco”; aunque murmure: “tu vivir es loco, tu luz pequeña apenas centellea”. 
Si intentan apagarme o convencerme de que mi vida es torpe cortocircuito, de que no valgo, de que nada enciendo; pues si mi luz se apaga, han de perderme otras más breves, fuegos sin tu rito, destellos sin el cielo: vano estruendo. 
Mas sé, Señor, que en Ti mi llama es fuerte: mi fe, pequeña, en tu Amor se hace eterna.
D

Vosotros sois la sal. Vosotros sois la luz. No se trata de tener luz para iluminar las tinieblas del mundo. Ni de tener sal para sazonarlo Es algo más profundo. Se trata de “ser sal” y “ser luz”. Esto se relaciona con las palabras de Jesús: “Vosotros sois mis discípulos”. Y el discípulo se identifica en todo con el Maestro. Éste ha ganado la vida “perdiéndola por los demás”. Así el que es sal se pierde para sazonar. Y el que es luz “arde “para alumbrar”. Como dice San Agustín: “El que no arde no puede incendiar” (San Agustín).´

L

M

El mismo se nos ofrece: “Venid a mí todos los cansados y agobiados y yo os aliviare”. Jesús anhela curarnos y darnos la vida plena. ¡La gracia de Cristo transforma y renueva al hombre mediante su amor! Acerquémonos a Cristo también por medio de la oración porque Él siempre nos escucha cuando rezamos.

X

Señor hazme oír tu gozo y tu alegría.....crea en mi un corazón puro. 

Cuando estoy cerca de Ti entiendo que no amo como Tu amas y lo mucho que necesito que tu mano dirija mi vida para amar como Tu. 

J

Es el “milagro del corazón”. Jesús quiere dejar bien claro la fuerza que tiene la oración de una madre cuando reza por sus hijos. Y quiere también dejar muy claro que en la gran mesa del Padre caben todos sus hijos, aunque sean infieles; aunque sean mujeres.
Y tú, ¿tienes la fe de aquella mujer?

V

Señor, hoy vengo a la oración para pedirte una cosa: que sepa escuchar. No te digo simplemente que oiga, sino que escuche, que te oiga no sólo con el oído externo sino con el oído interior, con el oído del corazón. Si oigo con el oído del corazón, tus palabras quedarán dentro de mí, serán una buena semilla, darán su fruto y me llevarán a la acción, a buscar lo que Tú quieres de mí. 

S

Señor, reconozco que la mies es mucha. Son millones de personas que no te conocen, que viven a la sombra de tu gran amor. Tú necesitas urgentemente obreros para la mies. Pero no te sirve cualquiera. Los miles de fariseos, saduceos y sacerdotes con quienes Tú te enfrentaste, no te servían. Te sirven los que te siguen, los que te aman, los que quieren vivir como Tú viviste y quieren llevar adelante tu programa. De éstos, danos muchos obreros para tu viña.

 IV DOMINGO T ORDINARIO

DOMINGO IV (Ciclo A) Señor Jesús, Tú proclamaste bienaventurados a los pobres, a los que lloran, a los mansos y a los que tienen hambre de justicia. Enséñanos a creer que tu camino, aunque no siempre fácil, es el camino de la verdadera felicidad. 

Haznos humildes de corazón para confiar más en Ti y Danos un corazón limpio, que busque la paz, que perdone. 

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