YA ES SEMANA SANTA

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viernes, 19 de septiembre de 2025

DOMINGO XXIV

SÁBADO

“ La guardan y dan fruto con perseverancia ”



El que siembra esparce la semilla con generosidad y alegría, es importante que la siembra sea generosa para poder recoger con abundancia. No se echa la semilla con cuentagotas porque la cosecha sería ridícula. Así, la Iglesia, como hizo Jesucristo, está constantemente anunciando la Palabra de Dios a los hombres, como semilla que al caer en el corazón ha de dar buen fruto.

según san Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla.

 Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad. 

 Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno». 


 Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola. 

 Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,” para que viendo no vean y oyendo no entiendan”. El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. 

 Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. 

 Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro. 

 Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».




Es tarea de todos y tarea urgente anunciar el Evangelio, hablar de Jesucristo, hacer que su Palabra resuene en el mundo sin miramientos, con alegría y generosidad porque lo nuestro es sembrar y ya el Señor se encargará del crecimiento y la cosecha.

El buen sembrador nunca se cansó de sembrar. Yo también quiero sembrar, sembrar el mundo de paz, de bondad, de sencillez, de amor.

VIERNES

“ Jesús iba acompañado por algunas mujeres ”




según san Lucas 8,1-3 

San Lucas nos muestra cómo Jesús “iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del Reino de Dios”.

 Esa era su única preocupación (Lc 4,43), y toda su vida giró en torno a esa misión. Nació pobre y así mismo murió. Le bastaba con tener qué comer y qué vestir, pues el verdadero misionero depende de la Divina Providencia (Cfr. Mt 6,26). 

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

 Así, vemos cómo a Jesús y a los Doce les acompañaban un grupo de mujeres, entre las que se encontraba María Magdalena, a quien la Orden de Predicadores venera como su protectora, “que le ayudaban con sus bienes”.

Pero Jesús rompe los esquemas sociales y culturales a la hora de optar por un auténtico feminismo, incluso incorporando a las mujeres a su propia misión evangelizadora. Y fue una mujer, María Magdalena, la que dio a los discípulos la noticia de que Cristo había Resucitado.



Señor, te agradezco que hayas incorporado a la mujer a tu misión, a la construcción del Reino. En medio de un contexto totalmente machista, Tú optaste a favor del feminismo de una manera clara y contundente

Al igual que aquellas mujeres, todos los cristianos tenemos la obligación de contribuir, en la medida de nuestros medios, al sostenimiento de nuestra Iglesia, para que nuestros pastores puedan concentrarse en su misión de enseñar. Pero, ¡ojo!, que esa Palabra sea cónsona con el mensaje de Cristo.

JUEVES

“ ¿Quién es este, que hasta perdona pecados? ”




Los protagonistas de esta escena son dos hombres y una mujer. 

El fariseo se recrea en recoger la basura y el estiércol del pasado de la pecadora para tirárselo a la cara: “Es una prostituta”.
 En cambio a Jesús no le interesa para nada lo que ella ha sido sino lo que ella está llamada a ser: “puede ser una santa”. Es interesante la pregunta de Jesús al fariseo: ¿Ves esta mujer? Porque tú no la has visto. Sólo has visto sus pecados, su miseria, su pasado.

Segun san Lucas 7, 36-50 


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. 

Esta mujer, desde que ha entrado en esta casa, no ha dejado de sorprenderme con mil detalles de afecto y de cariño: Me ha lavado los pies con un perfume exquisito. Y no lo ha derramado a cuentagotas, sino que ha roto el frasco y me lo ha derramado del todo, sin reservarse nada.

En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. 

Esa mujer tiene un gran corazón; esa mujer con sus besos, su ternura, sus mil detalles, es una afrenta y acusación para ti que, al entrar en tu casa, ni me has saludado, ni me has ofrecido agua para lavarme; eso que se hace en todas las casas con los invitados. Realmente has sido un grosero. Esa mujer ha demostrado mucho amor y por eso se le han perdonado sus muchos pecados.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que que lo está tocando, pues es una pecadora». 

 Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El contestó: «Dímelo, maestro». Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. 

¿Cuál de ellos le mostrará más amor?» Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

Nos pone delante dos actitudes ante Dios. Uno con una actitud autosuficiente, eso le dificultad alcanzar el reino de Dios e incluso recibir el favor de Dios, que ya cree poseer; y la otra por su postura humilde, su arrepentimiento, su amor, consigue el perdón y el don de Dios.

 Le dijo Jesús: «Has juzgado rectamente». Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. 

Tú no mediste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco». 

El amor y el perdón se implican mutuamente, como nos recuerda la Sagrada Escritura: “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4,8). Ante Dios todos somos deudores y todos hemos recibido el perdón desde la gratuidad. Es necesario comenzar por reconocernos pecadores, necesitados y no merecedores del mismo.

 Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados». Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». 

 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».


Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida.

MIERCOLES

Solo protectar y mas protectar por todo y olvidando que el mundo fue creado por Dios.....dueño y Señor de todo.

“ ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ”




evangelio según san Lucas (7,31-35)

 En aquel tiempo, dijo el Señor: «A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? 

La queja de Jesús que refleja el evangelio proclamado es esa indiferencia de sus contemporáneos al no reconocer las llamadas de Dios a través de las personas y de los sucesos:

Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”. 

Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. 

Como los coetáneos de Jesús solemos rechazar las insinuaciones de Dios, tanto a la penitencia de Juan como la condescendencia de Jesús. Pero la llamada insistente de hoy es acoger el Amor, el sabio designio de Dios.

Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».



Miremos a lo esencial: en el corazón del hombre Dios ha puesto el Amor, la eternidad. Por eso Pablo dice de la caridad que " permanece", es lo único que permanece eternamente. 

MARTES

“ A ti te lo digo, levántate ”



En el Evangelio de hoy nos aparece la compasión del Señor, siente lástima, condolencia y ternura por la viuda que ha perdido a su hijo y por eso quiere realizar el prodigio de devolver a la vida al muchacho. La compasión lleva a intervenir al Señor.

según san Lucas 7,11-17 

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. 

sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, sino la ternura de Jesús hacia la mamá de este chico. La misericordia toma aquí el nombre de gran compasión hacia una mujer que había perdido el marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una mamá que conmueve a Jesús y le inspira el milagro de la resurrección.

 Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». 

Luego, tocando el féretro, hace que el cortejo se detenga. Nadie le ha pedido nada. Nadie cree que Jesús pueda devolver la vida al muchacho y la alegría a su madre. Hoy, lo único que funciona es la compasión. A Jesús, a Dios, le puede la compasión. Ni la muerte ni el pecado son tan fuertes como la misericordia.

 Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: 

«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». ´

En esta victoria sobre la muerte, veamos el poder de Jesús para superar las muertes cotidianas que nos hunden en la desesperanza. Cuando, en cualquier circunstancia, pensamos que no hay nada que hacer, hagamos resonar en lo interior su palabra: Yo te lo ordeno, levántate.

 El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo.»

 Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.


Nosotros también como el hijo de la viuda de Naím podemos escuchar la voz de Cristo que nos invita a levantarnos de nuestras postraciones, abatimientos y desánimos. Si el corazón se deja tocar por Cristo, entonces su gracia se convierte en una fuerza transformante, que sana y restablece lo que estaba enfermo.


 LUNES

 “ Junto a la cruz de Jesús estaba su madre ”


Señor, Tú has sido el único que has podido elegir a tu propia madre. Y, lógicamente, la has elegido como Dios: la más bella, la más dulce, la más tierna, la más bondadosa, la más amable, la más misericordiosa. Y, al elegirla, has roto todos nuestros esquemas. No has ido ni a la sabia Grecia ni a la opulenta Roma sino a una aldea insignificante, a Nazaret, a una mujer humilde y sencilla. ¡Tú la miraste! Y, desde entonces, ya no ha sucedido en este mundo nada más bello como esa mirada.

Ayer contemplábamos la cruz como señal inequívoca del amor de Dios a los hombres. Hoy la Iglesia contempla a "María iuxta crucen Jesu". Así María, es la primera que sufriendo con su Hijo moribundo en la cruz, cooperó de un modo absolutamente especial en la obra del Salvador.

según san Juan 19, 25-27 J

unto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. 

 Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: 

«Mujer, ahí tienes a tu hijo». 

María, mujer del dolor, madre de los vivientes, Virgen junto a la cruz, donde se consuma el amor y brota la vida nos acompaña en nuestro caminar, y junto al discípulo amado y en él a toda la Iglesia, nos propone la belleza de este estilo de discípulado no exento de encrucijadas de dolor pero lleno de una inmensa confianza y ternura en medio del misterio del dolor presente en el corazón de cada uno de nosotros.

 Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». 

 Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.



Que no se te escape este día sin hacer un alto y contemplar el misterio del dolor y del sufrimiento delante de la cruz.... con mirada de madre.


 DOMINGO

“ Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo ”



del santo evangelio según san Juan 3, 13-17 

Esta frase, aunque breve, lo dice todo. Nos habla de un amor inmenso, un amor que no se queda en palabras, sino que se entrega. Dios no se quedó viendo desde lejos el sufrimiento del mundo, no se desentendió de nuestros pecados, nuestras heridas, nuestras luchas... Al contrario, envió a su propio Hijo, no para condenar, sino para salvar. No para castigar, sino para sanar. Y esto es algo que debemos recordar siempre: Dios no vino a aplastarnos con un juicio, sino a levantarnos con su misericordia.

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 

 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 

Jesús también hace referencia a la historia de Moisés levantando la serpiente en el desierto. Era una historia que los judíos conocían bien: cuando el pueblo fue mordido por serpientes venenosas, Dios le dijo a Moisés que levantara una serpiente de bronce en un palo, y todo el que la mirara, se curaba. 

 Así también —dice Jesús— Él será levantado, en la cruz. Y todo el que lo mire, con fe, con confianza, encontrará la salvación. Porque mirar a Jesús crucificado no es solo ver un hombre sufriendo, es reconocer el amor más grande: el de quien da la vida por sus amigos.

 Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. 

 Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».

En este domingo, el Señor nos invita a levantar la mirada hacia Él. A no quedarnos atrapados en la culpa, el miedo o el dolor. Nos dice a cada uno y cada una de nosotros: “Yo estoy aquí, no para condenarte, sino para salvarte. Mírame, confía en mí, y vivirás.”


A veces, podemos tener una imagen de Dios equivocada, como si fuera un juez severo que está esperando que fallemos para castigarnos. Pero este Evangelio nos recuerda que el corazón de Dios es amor. Que Jesús vino a mostrarnos el rostro compasivo del Padre, un Dios que perdona, que espera, que nos da nuevas oportunidades.

martes, 16 de septiembre de 2025

VIGILIA DEL JUBILEO DE LA CONSOLACIÓN

 Vigilia del Jubileo de la Consolación.



León XIV: Consolación significa "nunca solos". Escuchar el grito de tantos inocentes.







En la Vigilia de oración del Jubileo de la Consolación, en San Pedro, el Papa invita a caminar juntos, con ternura, con quienes han "sufrido la injusticia y la violencia de los abusos", como los que han sido heridos por miembros de la Iglesia, y pide a los responsables de las Naciones que escuchen el dolor de tantos niños aplastados por los conflictos, para garantizarles un futuro.








Consolación en la Iglesia significa "nunca solos", porque "donde el dolor es profundo, aún más fuerte debe ser la esperanza que nace de la comunión. Y esta esperanza no defrauda". 



Consolar a los que "han sufrido la injusticia y la violencia de los abusos", como los que han sido heridos por miembros de la Iglesia, requiere que todos aprendamos de María de los Dolores "a cuidar con ternura a los más pequeños y frágiles", a caminar juntos y a reconocer "que la vida no se define sólo por el mal sufrido, sino por el amor de Dios que nunca nos abandona y que guía a toda la Iglesia". 





 También, consolar a las poblaciones aplastadas por el peso de la violencia, el hambre y la guerra, es "mostrar que la paz es posible, y que germina en cada uno de nosotros si no la sofocamos". Por eso, los responsables de las naciones deben escuchar "de modo especial el grito de tantos niños inocentes, para garantizarles un futuro que los proteja y los consuele"



. Así se expresó el Papa León XIV en la homilía de la Vigilia del Jubileo de la Consolación, presidida esta tarde, 15 de septiembre, en la Basílica Vaticana, un evento dedicado a quienes viven o han vivido momentos de particular dificultad, luto, sufrimiento o desamparo. Situaciones en las que, está seguro el Papa, Dios no dejará de proporcionar "artífices de paz capaces de alentar a quienes están sumidos en el dolor y la tristeza".

Los testimonios y el dolor que no deben generar violencia 



Estas palabras siguieron a la Liturgia de la Palabra, centrada en la parábola del Buen Samaritano, y a los testimonios de dos mujeres, Lucia Di Mauro Montanino, de Nápoles, cuyo marido, guardia de seguridad, fue asesinado por una banda de jóvenes ladrones en 2009, y Diane Foley, de Estados Unidos, que perdió a su hijo, un periodista masacrado por Isis, en 2014. Sus recuerdos y relatos, acompañados por la emoción y los aplausos de la asamblea", subraya León XIV, "transmiten la certeza 'de que el dolor no debe generar violencia' y 'de que la violencia no es la última palabra, porque la supera el amor que sabe perdonar'". Todo dolor, añade, puede ser transformado por la gracia del Señor. La mayor liberación que podemos alcanzar, explica, es la “que viene del perdón”, que por gracia “puede abrir el corazón a pesar de haber sufrido todo tipo de brutalidad”.



 La violencia sufrida no se puede borrar, pero el perdón concedido a quienes la han generado es un anticipo en la tierra del Reino de Dios, es el fruto de su acción que pone fin al mal e instaura la justicia

En la oscuridad, Dios no nos deja solos 



El profeta Isaías, comenzó el Pontífice en su homilía, "nos llama a compartir el consuelo de Dios con tantos hermanos y hermanas que viven situaciones de debilidad, de tristeza, de dolor". Porque es voluntad del Señor "poner fin al sufrimiento y transformarlo en alegría". Una Palabra hecha carne en Cristo, que "es el buen samaritano del que nos habló el Evangelio". 




 En los momentos de oscuridad, incluso contra toda evidencia, Dios no nos deja solos; es más, precisamente en estos momentos estamos llamados más que nunca a esperar en su cercanía de Salvador que nunca abandona





https://youtu.be/4tFiZmKjy7c?si=RoBP0fQGeX1TLxFg

LEON XIV Y LA ORDEN AGUSTINA

El Papa León XIV llega al Augustinianum, donde se celebra el Capítulo General Agustiniano. El Pontífice es recibido por el nuevo Prior General, el Padre Joseph Farrell.




 El sitio web de la Orden de SanAgustín ha publicado la conversación de León XIV con sus hermanos y monjas, celebrada ayer, 15 de septiembre, en el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum.

 Al final de su discurso ante los participantes del 188.º Capítulo General, el Papa respondió a preguntas sobre cómo abordar el sufrimiento de la humanidad, el futuro de la Iglesia y el papel de la vida contemplativa y de la mujer en la Iglesia.



El Papa en diálogo con los agustinos El sitio web de la Orden de San Agustín ha publicado la conversación de León XIV con sus hermanos y monjas, celebrada ayer, 15 de septiembre, en el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum. 

Al final de su discurso ante los participantes del 188.º Capítulo General, el Papa respondió a preguntas sobre cómo abordar el sufrimiento de la humanidad, el futuro de la Iglesia y el papel de la vida contemplativa y de la mujer en la Iglesia. Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano Estar cerca de las personas en su vida cotidiana, cultivar el diálogo, especialmente entre generaciones, y potenciar la presencia de la mujer en la Iglesia: estas son las instrucciones que León XIV impartió a sus hermanos y monjas agustinos que siguen la regla del obispo de Hipona, respondiendo a sus preguntas ayer, 15 de septiembre, en el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum, adonde se trasladó para reunirse con los participantes del 188.º Capítulo General de la Orden de San Agustín. Entre ellos, se encontraban varios laicos, con quienes los religiosos y las religiosas intercambiaron ideas en dos sesiones de trabajo sobre cómo colaborar y fortalecer la formación en la espiritualidad agustiniana.


A la llegada del Papa, todos le cantaron feliz cumpleaños, según el sitio web de la Orden de San Agustín. El Prior General, Padre Joseph Farrell, le dio la bienvenida, expresando su alegría por tener un fraile agustino al servicio de la Iglesia universal y agradeciéndole que presidiera la Misa de apertura del Capítulo. A continuación, resumió los temas centrales de la labor del Capítulo. León XIV intervino inmediatamente después, y al final de su discurso, los frailes y monjas le plantearon una serie de preguntas sobre el futuro de la Iglesia, el papel de la vida contemplativa y cómo responder, desde la perspectiva de la espiritualidad agustiniana, al sufrimiento del mundo. Un resumen de la conversación está disponible en el sitio web de la Orden de San Agustín.






En el Capítulo General de la Orden de San Agustín, el Papa León XIV animó a los frailes a volver al corazón para redescubrir la fuente de su misión: «No vayan afuera, vuelvan a ustedes mismos. En el interior habita la Verdad», recordando a san Agustín. 

El Santo Padre destacó que la vida interior no es evasión, sino impulso para salir al mundo con renovado ardor. Invitó a amar la vocación como una aventura de amor con Dios: «Amen lo que serán», exhortó, recordando que la formación no es solo normas, sino un camino que enciende el corazón. 

Con palabras claras, los llamó a vivir la pobreza evangélica, la comunión fraterna y a reavivar el espíritu misionero que desde 1533 lleva el Evangelio a todos los pueblos. «La misión exige una alegría humilde, disponibilidad para servir y cercanía con la gente», afirmó.

 Que María y san Agustín sostengan a la familia agustiniana para que, desde el silencio que escucha al Espíritu, sigan iluminando el mundo con el fuego del amor de Dios.

VUELTA A CASTEL GANDOLFO

  Encuentro fraterno en Castel Gandolfo 




En la noche del lunes 15 de septiembre, el Papa León XIV regresó a Castel Gandolfo 



 Este martes recibió en audiencia al Catholicós Karekín II, líder de la Iglesia Apostólica Armenia. 

Fue la primera vez que ambos se encontraron personalmente. La conversación se desarrolló en un ambiente de gran cordialidad y fraternidad. 




Entre los temas tratados estuvo la situación de los armenios de Artsaj, así como diversos asuntos de interés eclesial. 

Según explicó el representante de la Iglesia Armenia ante la Santa Sede, arzobispo Khajag Barsamian, la reunión subrayó la importancia de la paz y la justicia. Karekín II invitó al Papa a visitar Armenia, y ambos reafirmaron el compromiso de seguir trabajando por una paz auténtica y duradera. 






El Catholicós, elegido en el año 2000, ya ha tenido ocasión de encontrarse con cuatro pontífices: San Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y ahora León XIV. 



Cabe recordar que en noviembre de 2000 se firmó una Declaración Conjunta que abrió un camino hacia la plena comunión entre ambas Iglesias, un proceso que continúa en marcha. 

El Papa León regresará al Vaticano a lo largo del día.





El Papa León XIV regresa de Castel Gandolfo al #Vaticano, a la salida de Villa Barberini saluda a los fieles. A la pregunta de los periodistas sobre el éxodo de #Gaza, el Papa respondió: «Muchos no tienen adónde ir. Hay que buscar otra solución»





domingo, 14 de septiembre de 2025

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Fiesta el 14 de septiembre.


Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo.



 La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia. y hoy es el aniversario de la consagración de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en 335.




Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo.

Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año.


 Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el emperador a través de la ciudad.


Exaltación de la Cruz de Piero della Francesca

Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.
También conocida como Triunfo de la Santa Cruz, una fiesta que también celebran los ortodoxos.


En esta fiesta se conmemora la Cruz en la que fue crucificado Nuesttro Señor por Amor a todos nosotros.

Ese madero, Trono desde donde Jesús reina, vence y salva. Y por ese motivo para los católicos es objeto de veneración y no de beatería.



.La Santa Cruz (para evitar nuevos robos) fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron "Veracruz"(verdadera cruz).



El fragmento de la Cruz de Cristo de mayor tamaño se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria, España), donde es venerado por decenas de miles de fieles cada año.




Nosotros recordamos con mucho cariño y veneración la Santa Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.