YA ES SEMANA SANTA

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domingo, 12 de enero de 2025

TIEMPO LITURGICO, TIEMPO ORDINARIO



El tiempo del Año litúrgico que no tiene un carácter propio (Adviento Navidad, Cuaresma y Pascua) recibe el nombre de Tiempo ordinario, que abarca 33 ó 34 semanas.

Terminada la Navidad con el Bautismo de Jesús

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y empieza el Tiempo Ordinario.


 En este tiempo no se celebra ningún aspecto concreto del misterio de Cristo.



 Su duración hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza, que da inicio a la Cuaresma.


Es el periodo más largo del año litúrgico, dividido en dos periodos:

1º Comienza el lunes siguiente al domingo del Bautismo del Señor hasta el martes víspera del Miércoles de Ceniza.
En estos domingos, la Iglesia católica medita el Evangelio de Cristo, su predicación y vida pública durante los tres años antes de morir.


Ahí se interrumpe para reiniciarse desde el lunes siguiente a Pentecostés hasta las vísperas del primer domingo de Adviento, (que es el domingo más próximo al 30 de noviembre) con el cual se inicia el Nuevo Año litúrgico. Durante el tiempo ordinario se celebran numerosas fiestas tanto del Señor como de la Virgen y de los Santos.

 En el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios.



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Antes de la reforma litúrgica, el Tiempo Ordinario recibía su significado casi exclusivamente del Santoral, habiéndose recuperado actualmente la visión global del misterio salvífico.

Según la costumbre latina, el lunes recibe el nombre de "feria segunda" y así sucesivamente hasta la feria sexta (viernes). El sábado tiene su nombre propio heredado de los judíos (Sabbat = descanso). 

 En el T.O. la Iglesia celebra en la semana del 18 al 25 de enero el Octavario por la unidad de los cristianos, coincidiendo con la fiesta de la Conversión de San Pablo que se celebra el 25 de enero, y en octubre Preces para después de la cosecha, Témporas de acción de gracias y de petición en el 5 de octubre. El penúltimo domingo de octubre se celebra el Domund (Día de la propagación de la Fe).

Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”.

Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma.

 Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.



Aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación.

 Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. 

Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?

El Tiempo Ordinario termina con la  Fiesta de Cristo Rey


Cristo Rey eje de todo.
Empezamos el Año Litúrgico nuevo. Se empieza con la preparación para la Navidad, llega la Navidad, Cuaresma, Pascua con todas las fiestas importantes del Señor para terminar después de varias semana del Tiempo Ordinario para termina con la fiesta de Cristo Rey del Universo
Es nuestro eje, nuestro centro, nuestro poder, nuestro presente y futuro-

Soy Rey al estilo  de Dios, al estilo del cielo.
Soy Rey con lo que os  gusta y  con lo que  no os gusta, me sigáis o no  me sigáis-

EVANGELIO DEL BAUTISMO DE JESUS

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 15-16. 21-22 


 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». 

Con el Bautismo del Señor finaliza el tiempo de la Navidad. Esta fiesta se enmarca dentro de la serie de las manifestaciones (epifanía) del Señor. El 6 de enero se manifestaba Jesús como rey a los Magos de Oriente y hoy es el mismo Padre Dios el que lo presenta como su Hijo, legitimando así la misión que viene a desempeñar su enviado.

La Navidad termina hoy con la fiesta del Bautismo del Señor.

Termina viendo a Jesús ponerse a la fila de los pecadores para recibir el bautismo de Juan por el agua del Jordan. Entra en la fila de los necesitados, del pueblo llano, de los que tienen que esperar su turno en todas “las ventanillas” del mundo, de los que nadan pueden exigir. Entra en la fila de los pobres. Viene a salvar, sí. Pero no con una salvación importada, postiza; sino desde dentro. 

Lucas nos destaca las líneas fundamentales de la vida de Jesús: unión en oración con el Padre, unión con los hombres que aceptan la conversión, presencia del Espíritu como comunicación de la fuerza salvadora de Dios.

“Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Dejando que resuene en todo nuestro ser las únicas palabras, la voz potente y suave de Dios declarando su amor por su Hijo y por cada uno de nosotros. Escuchar esa voz en el fondo de nuestro corazón nos dará la fuerza necesaria para afrontar el camino de la vida. Si Dios te ama, si está contigo ¿a quién o a qué temeremos? Esta es la fuerza de nosotros los débiles. Este es el regalo inmenso que Dios nos ofrece en el bautismo, nos hace HIJOS y no de cualquier manera: somos hijos AMADOS. Necesitamos escuchar esta voz, necesitamos poner mirada atenta, oído vigilante a Jesús, a su vida y a su Palabra, pues solo así creceremos y viviremos verdaderamente como hijos de Dios. ¡Renueva hoy tus promesas bautismales! ¡Vive con más pasión y entrega tu bautismo, tu ser hijo y entonces, te lo aseguro, serás feliz.



Hoy es un gran día para renovar nuestro bautismo y darle muchas gracias al Señor por el gran regalo que nos ha hecho, introduciéndonos en su familia, la de los hijos de Dios. 


Siempre me ha impresionado en esta festividad contemplar a Nuestro Señor haciendo cola entre los pecadores, pasando como uno de tantos, él que no cometió pecado, todo un Dios entremezclado con los que nada cuenta, con los marginados, sin querer privilegios, estando en la fila con paciencia, sabiendo esperar su turno, me impresiona este Dios que rompe todos los esquemas de este mundo, no quiere privilegios, no busca honores, le da igual que lo confundan, pasando como uno de tantos, mezclado entre los pecadores.





viernes, 10 de enero de 2025

III DOMINGO DE NAVIDAD

SÁBADO


del santo evangelio según san Lucas 5, 12-16



Me impresiona en este Evangelio, el respeto que muestra el enfermo de lepra al decirle a Jesús: “Si quieres,puedes limpiarme”. Le da a Jesús, la posibilidad de decir: “¡No quiero! O decir, por el contrario: “¡Quiero!”.

“ Señor, si quieres puedes limpiarme ”

 Sucedió que, estando Jesús en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús, cayendo sobre su rostro, le suplicó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 

Es un enfermo con mucho temor de Dios, por ello, sus palabras, llevan gran sabiduría divina. Deja libre a Jesús y sin embargo confía porque conoce, por lo que ha visto en Él, que tiene un corazón compasivo que no se parece al corazón de los hombres, sus vecinos y los extraños. Todos éstos, lo habían aislado de su convivencia con ellos, por miedo al contagio, y su vida, no les inspiraba amor sino rechazo.

 Y extendiendo la mano, lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida la lepra se le quitó.

 Pero él, saltando todas estas prescripciones legales, se acerca a Jesús y puesto de rodillas espera y deja toda su dolencia en sus manos… ¿Cómo no va a tener misericordia de los pobres, si por ellos se hizo hombre para poder tocar esta carne que está marcada por el dolor? Jesús, ha asumido nuestra carne enferma, se identifica con ella: “lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo habéis hecho”. La carne del leproso, sucia por la lepra, es la carne de Jesús: ¿por qué hacer ascos a algo en lo que Jesús habita?

 Y él le ordenó no comunicarlo a nadie; y le dijo: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación según mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

 Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de su enfermedades. Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración.

¿De qué cura Jesús al leproso? De las tres enfermedades. Primero la física, quitándole toda dolencia y malestar. Después, la moral. Jesús le manda acudir al sacerdote para que le certifique que está curado y así poder integrarse en la sociedad. Y sobre todo, le cura de la enfermedad espiritual al considerarse lejos de Dios.


Señor, yo sé que la mayor enfermedad es la silenciosa, la que no avisa, ésa suele ser la más traidora. Pero también la del enfermo que no quiere reconocer su propia enfermedad. Hoy, como el leproso del evangelio, te digo: ¡Estoy enfermo! Mi lepra del alma no se ve, pero va haciendo estragos dentro de mí. Hoy, al comienzo de esta oración, te digo con toda humildad: “Si quieres, puedes curarme”. Y yo sé que Tú, siempre quieres. ¡Gracias, Señor!

VIERNES

según San Lucas 4, 14-22a



“ Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres ”

Un vehículo privilegiado es la palabra. Acoplados en ella, es como nos pueden llegar adentro conceptos, estímulos, noticias que nos van iluminando el entendimiento y pueden llegar a movernos el corazón.

 En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 

 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 

 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 

A Dios le gusta usar este instrumento para comunicarse con el hombre. A través de la Palabra, nos ha ido diciendo cómo es Él por dentro, lo que piensa y espera de nosotros. Primero usó la palabra humana de los profetas, hasta que, por fin, Él mismo ha acabado haciéndose palabra de carne y hueso. Podemos decir pues que Dios ha puesto más que sobradamente su parte en el esfuerzo por comunicarse con el hombre. No se puede pedir más cercanía.

Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». 

 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. 

Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.



"Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". Jesús es la respuesta de Dios a tantas preguntas, el final de tantos caminos, la realización de tantos sueños. Jesús es el "hoy", el "ya", el "si" pleno de Dios. No hay que seguir esperando. Aquí está, por fin, el libertador ¡Que Buena Noticia!

JUEVES

“ No tengáis miedo ”



San Marcos 6, 45-52

En el Evangelio de hoy Jesús se revela como un Dios poderoso, que se despliega fuera de los límites de la naturaleza.

 Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente.
 Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. 

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. 

Jesús viene hacia los discípulos sobre las olas, para manifestarles algo desde siempre válido: como Dios se abre camino por encima de las olas, así triunfa con su venida Jesús sobre el vendaval.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 

Jesús los invita a creer y a esperar. Sin embargo, muchas veces nuestra actitud es similar a la que tienen los apóstoles: seguimos teniendo miedo, o miedos.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Es que a Dios no siempre se le ve. Hay muchas tormentas en nuestra vida. Pero el evangelio hoy nos muestra que Dios siempre está con nosotros, que «viendo nuestros esfuerzos» por alcanzar la orilla, se pone en camino para rescatarnos y llevarnos a puerto seguro

 Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Animo, soy yo, no tengáis miedo». 

Entró en la barca con ellos y amainó el viento. 
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.





 Por eso, una y otra vez el mismo Jesús viene a nuestro encuentro, para que podamos seguir remando. Lo hace en su Palabra, en los sacramentos, en la oración personal, en la presencia de los otros… Basta con abrir el corazón, para que Él lo ocupe. ¿Te atreves?

´MIERCOLES

“ Se puso a enseñarles con calma ”





san Marcos 6, 34-44 

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. 

La compasión y amor de nuestro Dios al ver a sus hijos como ovejas sin pastor, hace que se olvide de sí; aun cansado sigue enseñándoles, les instruye con calma

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. 
Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer». 

Tanto es así que les llegó la noche. Los discípulos, en sus razonamientos, tenían una solución para que no pasen hambre: que vayan a las aldeas cercanas a comprar.
Elles replicó: «Dadles vosotros de comer». 


Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». 

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?

 Id a ver».

 Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces». 

Traedme lo que tenéis, aunque sea poco. Y vamos a compartirlo. Lo demás me lo dejáis a mí. Y todavía hay un detalle: “sobraron doce canastos”. ¿Hemos pensado en lo que se podría hacer con lo que a nosotros nos sobra?

Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 

Tomando pues los panes, el Señor los partió y les confió a los discípulos el honor de distribuirlos. No quería solo honrarlos con este santo servicio, sino que quería que participaran en el milagro, para que fueran testigos bien convencidos y no olvidaran lo que habían visto con sus ojos… Por ellos hace sentar a la gente y distribuye el pan, con el fin de que cada uno de ellos pueda dar testimonio del milagro que se realizó entre sus manos…

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. 
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.




¡Cuántas veces no somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer! Hoy El Señor nos sigue invitando a implicarnos, a ponernos en movimiento, a no permanecer indiferentes ante la situación de sus hermanos, aquellos que sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. 

Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos. ¡Señor Jesús, Pan para la vida del mundo! Enséñanos a descubrir siempre tu presencia y tu accionar en todos los acontecimientos pequeños y grandes de nuestra vida.

MARTES

“ Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos ”



san Mateo 4, 12-17. 23-25 

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. 

San Mateo nos presenta el inicio de la predicación de Jesús, el primer anuncio de su evangelio, de la buena noticia que nos trae. Jesús no empieza predicando el amor, el perdón, la limpieza de corazón… Empieza anunciándonos la llegada del reino de Dios.

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Es su gran mensaje para toda la humanidad. Jesús proclama la buena noticia de la llegada de un nuevo orden, de una nueva sociedad, de una nueva forma de vivir. Dios no solamente nos ha creado y nos ha dejado a nuestra suerte. Quiere tener unas relaciones muy íntimas con todos nosotros.
 Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Nos anuncia que está dispuesto a ser lo que es: nuestro Dios, nuestro Dueño, nuestro Señor… nuestro Rey
En este primer día después de la solemnidad de la Epifanía lo que más resuena es la llamada a la conversión, llamada a cambiar de mentalidad y de conducta. Se nos invita a creer en Dios y amarlo amando al prójimo.

 Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 

Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. 


Llama la atención que iba a toda Galilea, no se quedaba con unos pocos, es para todos la salvación, y todos tenemos necesidad de crecer en el conocimiento del amor de Dios, por eso, es muy necesario que los que han tenido la dicha de encontrarse con el Dios vivo, se les requiere que ese tesoro lo hagan participe a sus hermanos, y es necesario que quienes pregonen el Kerigma, -el anuncio de salvación-, actúen como esa estrella que guio a los magos y lleven al encuentro con el Salvador, y procedan como el Señor, calmando toda dolencia, cercanos a los que sufren, aliviando, fortaleciendo y consolando.
Y él los curó. Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.


Este proceso de conversión durará toda la vida y nos llevará a experimentar la plenitud del amor de Dios. Por ello esta invitación a convertirnos es siempre válida y actual. No importa en qué estado de conversión te encuentres… siempre podremos responder con mayor generosidad a Dios. Pero sin olvidar lo que el Señor les dirá a los discípulos: “Sin Mí no podéis hacer nada”. Pero con Él y con la ayuda de su gracia, lo podemos todo. ¡Animo! No dejes para mañana lo que puedas empezar hoy. ¡Animo!

LUNES

“ Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo ”





según san Mateo 2, 1-12

El camino de los magos es el camino de la auténtica fe.

 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? 
Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 

Es un don de Dios, algo que está por encima de nosotros y más allá de nosotros. La fe no se merece, se agradece. Esta primera llamada de Dios no nos deja indiferentes. Muchos vieron la estrella y se quedaron en sus casas, pero otros, dejaron todo y se pusieron en camino.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. 

Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 

Un camino que no es nada fácil: La estrella aparece y desaparece. En este camino hay luces y sombras; presencias y ausencias. En la dificultad, hay que seguir buscando, hay que preguntar, indagar y, sobre todo, hay que fiarse de Dios. La estrella, después de haberse ocultado, volvió a brillar con más luz.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 

Lo esencial es el encuentro con Jesús. No lo encontraron donde ellos pensaban, pero en aquella cueva y en aquella pobreza, no dudaron en reconocerle como rey y adorarle.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 

Le ofrecieron lo mejor que tenían: la “mirra” del dolor y sufrimiento propio de nuestro cuerpo mortal; el “incienso” del alma, creada a “imagen y semejanza de Dios” y el “oro” del corazón. Lo importante no eran los dones sino lo que éstos significaban: cuerpo, alma y corazón. Le ofrecieron no sólo lo que tenían sino lo que eran: su ser, su persona, su vida.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.


En todo encuentro con Dios hay que cambiar, convertirse, regresar a la vida, pero por otro camino. Si hemos entrado a la Iglesia por el camino de la mentira, debemos volver por la senda de la verdad. Si hemos ido por el camino de la soberbia, al ver a un Dios que se rebaja y se hace niño, regresamos por el camino de la humildad; si hemos entrado por el camino de egoísmo, al ver el amor de Dios enviándonos a su propio Hijo, regresamos por el camino del servicio y entrega a los demás.
 En un auténtico camino de fe, nada puede seguir igual.

 DOMINGO


“ Para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama ”



según san Juan 1, 1-18 
San Juan evangelista nos introduce en el misterio de Dios. Insondable, inabarcable, incomprensible para nuestra capacidad limitada, pero fascinante. Nos habla de un Verbo que antecede al tiempo, una Palabra suficiente para crear todo lo que vemos.

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. 
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
Pero nos habla, a su vez, de cómo esa Palabra anterior a todo, creadora de cielo y tierra, llega hasta nosotros encarnada en un hombre idéntico a nosotros en todo salvo en el pecado. Ese es el gran misterio de la Natividad de Jesús que hoy se hace niño en el portal para que nada de lo humano le sea ajeno, para experimentar las fatigas, los dolores y el sufrimiento que tú mismo puedas vivir en tu vida.

 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. 
Es Dios el que viene a nuestro encuentro, es el Verbo el que se encarna, se hace carne, cobra vida sensible a nuestros sentidos, no en apariencia, no como si estuviera representando un papel, sino radical e inconfundiblemente de verdad. 
Ante el misterio de la Natividad sólo cabe la admiración, sólo es posible suspender el razonamiento y quedarse balbuciendo porque de otra manera no nos cabe en la cabeza que Dios haya cobrado cuerpo y sea hombre verdadero como nosotros.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. 

Los judíos esperaban la salvación a través del Mesías prometido, pero lo que les llega de la mano de Dios es Dios mismo encarnado. No supieron verlo como dice el evangelista porque los suyos no lo conocieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. 

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. 
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.



Sólo cuando somos capaces de trascender lo que los ojos ven -la historia personal del nacimiento que estos días adornan nuestras casas- para suspender el entendimiento ante la contemplación del misterio, sólo entonces empezamos a atisbar lo que supuso hace dos mil años y supone día a día en tu vida que Dios se haga hombre. 
Y antes que hombre, un chiquirritín indefenso que tiembla. Ahí está tu salvación. El Verbo se ha hecho carne para salvarte, para pagar la deuda que habías contraído con tu pecado. Envuelto en pañales, tiritando en la noche de paz, se acuna nuestra salvación. Bendito sea Dios.

jueves, 9 de enero de 2025

NO TENGAIS MIEDO, SOY YO

 santo Evangelio según San Marcos (6,45-52) 

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.


Dice el evangelista Marcos que los apóstoles tenían la mente embotada por el estupor, esa circunstancia en que parece que nos engañan los sentidos y que no somos capaces de procesar correctamente la realidad.



Los discípulos de Jesús todavía no habían llegado a una relación confiada y llena de amor con Jesús, el miedo es señal inequívoca de que aún sus corazones siguen cegado, bloqueado sobre si mismos, y no ha sentido todavía el amor confiado que trae Jesús. 

Quien permanece en el temor no ha llegado a la perfección en el amor porque el amor verdadero destierra el temor. Por eso sus discípulos se hunden... ¡No tengáis miedo, soy yo! 

 Ellos como nosotros, necesitamos tratar más con Jesús, pasar más tiempo a su lado, sentir su mirada que siempre engendra paz y serenidad.



Pero para eso está la voz del Maestro llamando a la calma, no sólo del viento que sopla en el lago Tiberiades, sino en la tormenta que se desata en tu corazón. «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo» es más que una consolación, va más allá de un saludo ritual: en realidad, se trata del primer paso para quien ha contemplado de cerca el rostro del Señor.

miércoles, 8 de enero de 2025

DADLES VOSOTROS DE COMER

 santo evangelio según san Marcos 6, 34-44 

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer». 

 Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».



Como cristianos que somos, "creemos en el amor". Nuestra fe no es otra cosa. 

La multiplicación de los panes en el desierto es el signo y el sacramento de ello. El pan es repartido hasta el infinito, porque es el pan del amor, el pan de aquella compasión de Cristo hacia la multitud abandonada, a la que él ama mucho más de lo que recomendaría la razón; él no quiere despedir a aquella gente, sino ser para ellos el buen pastor que da su vida.
 ¡En Jesucristo hemos reconocido el amor que Dios nos tiene!
 Sentarnos a la mesa de la Eucaristía es la que nos asegura experimentar lo que da de si el verdadero amor. Y en la medida en que comes el pan del amor en esa misma medida conoceremos a Dios y seremos también nosotros pan para los demás. 
Que no caigamos en la tentación de los discípulos de querer "despedir" a la gente, de no complicarse la vida por los demás o buscar soluciones fáciles y cómodas. 




El Señor hoy nos enseña una de las grandes lecciones de la vida: "sólo el que se da, el que pone lo poco o mucho que tiene al servicio de los demás, solo el que no mira a su propio bien sino al bien de los demás, ése ha entendido en que consiste la fe en Dios. ¿Qué vas hacer hoy con tus cinco panes y dos peces?

martes, 7 de enero de 2025

ADORACION DE LOS PASTORES

 Como parte del ciclo de la Natividad, se sitúa inmediatamente después del nacimiento de Jesús y de la anunciación a los pastores.


Los pastores se decían unos a otros: —Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado.

 Y fueron presurosos



y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón. 



 María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón. 








Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho.





CONVERTÍOS, EL REINO ESTA CERCA

 santo evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25 

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,




«convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Convertíos porque está cerca el Reino de los cielos 

San Mateo nos presenta el inicio de la predicación de Jesús, el primer anuncio de su evangelio, de la buena noticia que nos trae. 

Jesús no empieza predicando el amor, el perdón, la limpieza de corazón… Empieza anunciándonos la llegada del reino de Dios. Es su gran mensaje para toda la humanidad. Jesús proclama la buena noticia de la llegada de un nuevo orden, de una nueva sociedad, de una nueva forma de vivir. Dios no solamente nos ha creado y nos ha dejado a nuestra suerte.

 Quiere tener unas relaciones muy íntimas con todos nosotros. Nos anuncia que está dispuesto a ser lo que es: nuestro Dios, nuestro Dueño, nuestro Señor… nuestro Rey. Nos pide que dejemos que él sea nuestro Rey, el que rija, el que dirija nuestra vida y que rechacemos a todos los falsos dioses que se acerca a nosotros… 

Pero no es un Rey despótico, sino que es un Rey Padre que nos ama entrañablemente y nos hace hermanos de todos los seres humanos.

 El Reino de Dios ya empieza en esta tierra. Forman parte de él los que dejan que Dios sea su Rey… pero el Reino de Dios llegará a la plenitud en el cielo, cuando Dios y solo Dios sea el Rey de todos, cuando ’Dios sea todo en todos’.




También nosotros, hoy que nos toca anunciar el reino de los cielos, debemos pensar en mudarnos a la gran ciudad para que la luz que irradia el Cristo glorioso alcance a cuantos viven en tinieblas y en sombra de muerte. El anuncio cristiano no puede quedarse en la aldea de Nazaret sino alcanzar a Cafarnaún, la ciudad por la que transitaban las caravanas y donde los hombres se trataban unos a otros. Todo un símbolo.

viernes, 3 de enero de 2025

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA Y DIAS SIGUIENTES

SABADO

“ ¿Qué buscáis? ”



san Juan 1, 35-42
La lectura evangélica (Jn 1,35-42), de hoy nos presenta la vocación de los primeros discípulos.

 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios».

En el caso de estos, el llamado no comienza directamente de boca de Jesús. Muchas veces Jesús se vale te personas para llamarnos; por eso tenemos que estar atentos a la voz de nuestros hermanos. En este caso se valió de Juan el Bautista, quien les señala la persona de Jesús y les dice: “Éste es el Cordero de Dios”.
Tal fue la impresión que causó la presencia de Jesús en estos discípulos, que nos cuenta la escritura que: “los dos discípulos oyeron (las) palabras (de Juan) y siguieron a Jesús”.
 Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?».

“¿Qué buscáis?”. Pudo haberles preguntado sus nombres, hacia dónde se dirigían, por qué le seguían… No olvidemos que Jesús es Dios, que conoce nuestros pensamientos. Él sabía lo que buscaban. Tan solo quería una confirmación; no para Él, sino para ellos mismos.

 Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». 
Él les dijo: «Venid y veréis».

 Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. 

entonces los discípulos “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día”. Tal fue la impresión que esa experiencia causó en el evangelista, que hasta recuerda la hora: “serían las cuatro de la tarde”.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». 
¿De que les hablaría Jesús esa tarde?
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

Lo cierto es que tan impresionados quedaron los discípulos con la experiencia de Jesús, que tan pronto salieron, uno de ellos, Andrés, encontró a su hermano Simón y no pudo contenerse. Antes de saludarle, como impulsado por un celo inexplicable exclama: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)”.

Eso me hace preguntarme a mí mismo: ¿Busco yo seguir a Jesús? Si Jesús me preguntara: “Y tú, ¿qué buscas?” ¿Qué le contestaría?
Siempre pienso en la mirada de Jesús, y trato de imaginarla…, y se me eriza la piel…



VIERNES

“ Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo ”


La liturgia va preparando el terreno para la solemnidad del Bautismo de Cristo que celebraremos el domingo, como clausura del tiempo especial de la Navidad.

según el san Juan 1, 29-34 

Hoy, el evangelista se detiene en presentarnos la escena del encuentro entre Jesús y Juan el Bautista en la orilla del Jordán.

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 

Envueltos todavía en el ambiente navideño, y en este día en que celebramos el Santísimo Nombre de Jesús, tratamos de penetrar un poco en el inconmensurable misterio del Hijo de María. 

 Andrés y Juan escuchan las palabras de su maestro, el Bautista. Parece tan seguro de lo que dice, como desconcertado; porque el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo no es lo que él imaginaba.

Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 

El Bautista identifica a Jesús cuando éste se le acerca. Así se convierte en testigo suyo. No hay misión sin encuentro previo.

 Luego serán Andrés y Juan los que darán testimonio de Jesús. Y después de ellos, todos nosotros a los que el Señor se ha acercado mediante el don de la fe. 

Es una buena ocasión para recordar y agradecer al Señor por tantos Bautistas que Él ha puesto en nuestras vidas.

Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. 

Dos referencias animales señalan el momento: el cordero de Dios era el animal que se sacrificaba en el templo para expiación de los pecados del pueblo; la paloma era una forma arcaica de referirse al propio pueblo elegido de Israel.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Estás palabras las escuchamos todos los días. Las repite el sacerdote antes de la Comunión y no nos asusta la grandeza, que encierra,  este Misterio de Amor. 

Estamos acostumbrado pero no sabemos qué estamos llamados a hacerlas vida. 

El Cordero, el Enviado, el Mesías esta entre nosotros quiere decir que Dios  ha venido para quedarse para siempre. 

a la grandeza que encierra  este Gan Misterio. 


JUEVES

“ Permaneced en él ”





san Juan 1, 19-28

 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: 

«¿Tú quién eres?» Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías». 

Su misión es, por tanto, hablar en nombre de otro y dar testimonio en favor de otro. ¡Mucha humildad se necesita para cumplir esta misión! Y Juan supo hacerlo de modo excelente, aun a costa de su vida.

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy».

 «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No».

Juan no  solo no retiene a los que le siguen, sino que les invita a ir tras la verdadera Luz.

 Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

Por eso la actitud de Juan Bautista es un impulso para que desde donde estamos, nos reconozcamos mensajeros, anunciadores de la buena nueva de Dios a nuestro mundo.

 Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». 

El texto de hoy es una invitación a ser valientes, pues es muy difícil no caer en la tentación de sentirnos un poco mesías, de dejarnos alabar por lo bien que uno habla, por lo bien que ha salido la catequesis, por lo bien que hacemos todo lo que nos piden.

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». 

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.



Si estás en la otra orilla, y te sientes alejado, desesperanzado, triste, abatido, solo, hundido, descartado, ¡no temas!, esta buena noticia es para ti. Reconoce quién eres, reconoce Quién habita dentro de ti y ponte en camino para cruzar el Jordán de tu vida y pasar a la tierra prometida de la vida eterna, la vida plena, que goza de todo lo bueno, bello y verdadero que hay en el mundo y que es para ti.

MIERCOLES

“ Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón ”



según san Lucas 2, 16-21 

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 

Es bello todo lo que nace: el nacimiento del día, el nacimiento de una fuente, el nacimiento de una flor. ¿Qué diremos del nacimiento de un niño? Alguien ha dicho muy bien que “cuando nace un niño es la señal más clara de que Dios sigue amando este mundo” Y sigue sonriéndonos. ¿Qué diremos del nacimiento de Jesús? Jesús nace en lo sencillo, en lo pequeño, en lo cotidiano.

Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 

Pero gracias a María, todos nosotros somos “hijos de Dios” y podemos llamar a Dios ABBA. 

María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 

Como María “guardaba todo en el corazón”. No lo guardaba en la mente, sino en el corazón. Todo lo amaba. El peso de la vida es el amor; y si amamos mucho, la vida tiene un peso, un valor. Por lo demás, desde el momento que Dios se ha hecho hombre, toda persona que nace tiene su dignidad de hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza. 

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. 

Que Jesús sea luz no nos puede dejar indiferentes. Miremos a los pastores: era tan grande el gozo que sentían por lo que habían visto que no paraban de hablar acerca de ello: «Todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían» (Lc 2,19).

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

De hecho, el nombre con el que fue bautizado era uno de los nombres más comunes en la época y lugar donde él nació. El nombre Yeshua del cual recibimos Jesús por medio de la traducción griega fue tan común que arqueólogos han descubierto más de 70 tumbas con el nombre Yeshua provenientes del tiempo de Jesús. 

Si “en el Principio” hubo Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados a ser palabra, vida y la luz. Estamos llamados a ser hijos de Dios y a vivir como tales. ¡No te conformes con menos! ¡Hemos nacido de Dios! No tenemos otro apoyo que Dios, su amor y su espíritu. Venimos al mundo en pleno viaje y el tiempo nos urge a proseguir el camino.


 MARTES

“ Para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama ”



según san Juan 1, 1-18 
San Juan evangelista nos introduce en el misterio de Dios. Insondable, inabarcable, incomprensible para nuestra capacidad limitada, pero fascinante. Nos habla de un Verbo que antecede al tiempo, una Palabra suficiente para crear todo lo que vemos.

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. 
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
Pero nos habla, a su vez, de cómo esa Palabra anterior a todo, creadora de cielo y tierra, llega hasta nosotros encarnada en un hombre idéntico a nosotros en todo salvo en el pecado. Ese es el gran misterio de la Natividad de Jesús que hoy se hace niño en el portal para que nada de lo humano le sea ajeno, para experimentar las fatigas, los dolores y el sufrimiento que tú mismo puedas vivir en tu vida.

 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. 
Es Dios el que viene a nuestro encuentro, es el Verbo el que se encarna, se hace carne, cobra vida sensible a nuestros sentidos, no en apariencia, no como si estuviera representando un papel, sino radical e inconfundiblemente de verdad. 
Ante el misterio de la Natividad sólo cabe la admiración, sólo es posible suspender el razonamiento y quedarse balbuciendo porque de otra manera no nos cabe en la cabeza que Dios haya cobrado cuerpo y sea hombre verdadero como nosotros.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. 

Los judíos esperaban la salvación a través del Mesías prometido, pero lo que les llega de la mano de Dios es Dios mismo encarnado. No supieron verlo como dice el evangelista porque los suyos no lo conocieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:

«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. 

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. 
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.



Sólo cuando somos capaces de trascender lo que los ojos ven -la historia personal del nacimiento que estos días adornan nuestras casas- para suspender el entendimiento ante la contemplación del misterio, sólo entonces empezamos a atisbar lo que supuso hace dos mil años y supone día a día en tu vida que Dios se haga hombre. 
Y antes que hombre, un chiquirritín indefenso que tiembla. Ahí está tu salvación. El Verbo se ha hecho carne para salvarte, para pagar la deuda que habías contraído con tu pecado. Envuelto en pañales, tiritando en la noche de paz, se acuna nuestra salvación. Bendito sea Dios.

LUNES

“ Y la gracia de Dios estaba con él ”




san Lucas 2, 36-40 

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años.

Me llama poderosamente la atención esta ancianita que ha pasado toda la vida en el Templo. Una mujer que no se ha cansado de servir al Señor.

 De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

hoy día en la sociedad es que “asustan los compromisos de por vida”. A los jóvenes de hoy, a pesar de sentirse enamorados, les asusta el tener que vivir con un hombre o con una mujer “toda la vida”. Lo mismo diríamos de los seminaristas o de las novicias. 

¡Aquí estoy! Y estoy con la misma alegría y la misma ilusión que tenía cuando yo era joven.

 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. 

Vidas llenas, vidas en plenitud, que acogen, cobijan y nutren a toda persona que se acerca a ellas. La razón de esas vidas tan llenas es que han crecido junto a la acequia. No les ha faltado el riego de la Palabra de Dios y de la oración. Por eso han podido llegar hasta el final de la vida sin cansarse.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

 El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.



Ana ve al Niño Jesús. Así, con mirada de fe, contempla a un niño en los brazos de su madre y descubre en el al Salvador del mundo. De este modo la vejez de la mujer aparece como sinónimo de experiencia, del camino recorrido, de la capacidad de distinguir lo trascendente de lo efímero. ¡Qué importante y necesaria esa mirada hoy! 

Sin embargo, hay que destacar que Ana no se queda sólo con una mirada de fe, pues se vuelve testigo que anuncia: ¡Sí, es verdad, Dios cumple sus promesas!

DOMINGO

“ Jesús iba creciendo en sabiduría ”


del santo Evangelio según San Lucas 2, 41-52 

En medio de este tiempo de Navidad donde todas las miradas están puestas en el Niño-Dios que nace, hoy la Iglesia nos invita a mirar también a José y a María, sus padres: la Sagrada Familia.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. 

 Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 

 Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. 

 Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 

 Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

 Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. 

 Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Fueron una familia normal y corriente. María y José tuvieron que trabajar duramente. Su vida de familia se compuso de muchos días de semana, llenos de trabajo, de preocupaciones, de alegrías y penas compartidas, de paciencia, amor, diálogo y respeto mutuo. Días en que no se celebraba nada especial, simplemente se vivía. Pero precisamente ahí en ese día a día fue donde se fraguó la santidad de aquella familia. Hoy se convierte para nosotros en signo del amor de Dios en nuestro mundo y modelo de nuestra vida de familia.


Hoy  buscamos la sabiduría de Cristo para llevarla a nuestras familias. 
Un antiguo escritor, Orígenes, comentando el Evangelio de hoy, decía que es necesario que aquel que busca a Cristo, lo busque no de manera negligente y con dejadez, como lo hacen algunos que no llegan a encontrarlo. Hay que buscarlo con “inquietud”, con un gran afán, como lo buscaban José y María

miércoles, 1 de enero de 2025

EN EL PRINCIPIO YA EXISTIA LA PALABRA

  del santo Evangelio según san Juan (1,1-18) 




“ Conservaba estas cosas, meditándolas en su corazón ”

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.


Hoy el Evangelio nos remonta a los orígenes: “En el Principio…”. Y ¿qué hubo “en el Principio”? “En el Principio” había Palabra. La Palabra que deshace el caos y que ordena la vida. “En el Principio” había Vida. La Vida en abundancia es el proyecto de Dios para el mundo. “En el Principio” había Luz. Luz que alumbra, que ilumina, que da seguridad, que orienta, que quita las cegueras… Luz para vivir…

 Si “en el Principio” hubo Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados a ser palabra, vida y la luz. Estamos llamados a ser hijos de Dios y a vivir como tales. ¡No te conformes con menos! ¡Hemos nacido de Dios! No tenemos otro apoyo que Dios, su amor y su espíritu. Venimos al mundo en pleno viaje y el tiempo nos urge a proseguir el camino. 


 Hoy se va un año según el mundo. Esta noche los hombres se desearán mutuamente un "feliz año" sin saber como será éste. Nosotros sabemos que sea como sea y venga lo que venga lo tenemos que vivirlo como hijos De Dios. ¡Hijos de Dios! ¿Seremos capaces de afrontar el futuro sin más equipaje que nuestra fe? Solo Cristo es el Alfa y la Omega, el Principio y fin. En este año nuevo ¡Pon corazón!


Este fin de año, quiero ponerme en tu presencia para poder contemplar profundamente este gran misterio de la vida. Dame la gracia de ver lo que quieres que vea, escuchar lo que quieras que escuche y entender lo que Tú quieras que escuche.