martes, 6 de junio de 2017

CELEBRACIÓN ORTODOXA DE PENTECOSTÉS


Resultado de imagen de CELEBRACIÓN DE PENTECOSTES ORTODOXA

DOMINGO DE PENTECOSTÉS EN LA IGLESIA ORTODOXA
 En el ciclo anual litúrgico de la Iglesia, Pentecostés es llamado el “último y gran día”.

 Es la celebración que hace la Iglesia ante la venida del Espíritu Santo como el final y la llenura de la entera salvación en la historia. Por esta misma razón, Pentecostés es también la celebración del nuevo inicio: del “cumpleaños” de la Iglesia como la presencia entre nosotros del Espíritu Santo, de la nueva vida en Cristo, de la gracia, el conocimiento, la adopción de Dios y la santidad.

 Este doble sentido y doble gozo se nos revela, antes que nada, en el mismo nombre de la fiesta. Pentecostés en griego significa “cincuenta” y en el simbolismo sagrado bíblico de los números, el cincuenta simboliza tanto la plenitud de los tiempos como aquello que está más allá del tiempo: el Reino de Dios.




 Con el descendimiento del Espíritu Santo sobre los discípulos de Cristo, el tiempo de la salvación, la obra divina de la redención, se ha realizado, la plenitud se ha revelado, todos los dones han sido conferidos: ahora pertenecen a nosotros y nos apropiamos de ellos y así somos aquello en lo que nos hemos convertido en Cristo: participantes y ciudadanos de Su Reino.


En las Iglesias ortodoxas se celebra Pentecostés  y las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad.
Fiesta solemne

En los oficios litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, se celebra la venida del Espíritu Santo junto a la revelación plena de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 Se manifiesta la plenitud de la divinidad con la venida del Espíritu Santo a la humanidad, y los himnos de la Iglesia celebran esta manifestación como al acto final de la auto-revelación de Dios al mundo, y el don último que Dios hace al mundo.

 Por esto, el Domingo de Pentecostés, de acuerdo a la tradición Cristiana Ortodoxa, también se conoce como el Domingo de la Trinidad.

 En este día el icono de la Santísima Trinidad – particularmente el de las tres figuras angélicas que aparecieron a Abraham, el ancestro de la fe cristiana, -- es colocado en medio del templo.


Se utiliza este icono junto al tradicional icono de Pentecostés que demuestra las lenguas de fuego sobre las cabezas de María y los Doce Apóstoles, el prototipo original de la Iglesia, ellos mismos sentados en unidad alrededor de la imagen simbólica del “cosmos”, el mundo.

 Nuevamente debemos insistir que la celebración de Pentecostés nos es un mero recordatorio de un acontecimiento que sucedió hace muchísimo tiempo. Es la celebración de lo que debe suceder y lo que, de hecho, sucede a cada uno de nosotros hoy en la Iglesia.
Todos nos hemos muerto y resucitado junto al Mesías-Rey, y todos hemos recibido el Santísimo Espíritu. Devenimos “templos del Espíritu Santo.” El Espíritu de Dios habita en nosotros. (Romanos 8; I Corintios 2 al 3, 12; II Corintios Gálatas 5; Efesios 2 al 3)


 Nosotros, ya que pertenecemos a la Iglesia, hemos recibido “el sello del don del Espíritu Santo” en el sacramento de la Crismación. Pentecostés ya ha acontecido en cada uno de nosotros.



 La Divina Liturgia de Pentecostés recuerda nuestro bautismo en Cristo con el versículo de la carta a los Gálatas nuevamente reemplazando el Trisagion.

“Vosotros que en Cristo os bautizasteis de Cristo os revestisteis. Aleluya.”



 Las lecturas de la Epístola y del Evangelio hablan de la venida del Espíritu Santo al ser humano. El kontakion canta de cómo la confusión de Babel fue revertida al reunir Dios a todas las naciones en la unidad de Su Espíritu.
 El tropario proclama la reunión del universo entero en la red de Dios, mediante la inspirada obra de los pescadores convertidos en apóstoles.
Por primera vez desde la Pascua de Resurrección, se vuelve a cantar los himnos
 “Oh Rey Celestial
Oh Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes y todo lo llenas, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha, y salva nuestras almas, oh Bondadoso.
 “Hemos Visto la Luz Verdadera”

Este himno es el que se canta después de la comunión, y dice: “Hemos visto la luz verdadera, hemos recibido el Espíritu Celestial. Hemos hallado la verdadera fe. Adoremos la Trinidad Indivisible, pues ésta nos ha salvado.” llamando al Espíritu Santo a que venga a habitar en nosotros, y proclamando que “hemos recibido al Espíritu Celestial.”



El celebrante se reviste con vestimentasde color verde,
 El templo está adornado con flores y ramas y hojas verdes, para demostrar que el Aliento o Soplo divino viene como el “Espíritu Vivificador” para renovar toda la creación. En Hebreo, la palabra que quiere decir Espíritu, aliento y viento es una sola, rúaj.

 Bendito eres Tú, oh Cristo Nuestro Dios, que mostraste llenos de sabiduría a los pescadores, derramando sobre ellos el Espíritu Santo.
Y por medio de ellos conquistaste el universo. Oh Amante de la Humanidad, Gloria a Ti. (Tropario)

 Cuando el Altísimo descendió y confundió las lenguas, Él dividió las naciones.
Mas cuando distribuyó las lenguas de fuego, llamó a todos a la unidad. Por lo tanto, unánimes, glorificamos el Santísimo Espíritu. (Kontakion)




En la Iglesia Ortodoxa, el día Lunes después de Pentecostés se conoce como la fiesta del Espíritu Santo, y el domingo después de Pentecostés es la fiesta de Todos los Santos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario