sábado, 27 de junio de 2015

CARRERA DEL DARRO

CARRERA DEL DARRO


Y por fin el Darro la calle que más me gusta de Granada.
Posiblemente la más bella de Europa


La Carrera del Darro es uno de los paseos más bonitos de Granada, y quizá el más conocido y deseado.

 A su lado, lo recorre el río Darro de un extremo a otro, desde Plaza Nueva al Paseo del Padre Manjón, más conocido por el Paseo de los Tristes, y viceversa.
File:Carrera del Darro Granada Spain.jpg

Subiendo hacia el Albayzín y el Sacromontee, a la derecha encontramos como colgada del cielo la Alhambra, como una acrópolis de tierra roja.

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Bosque alhambreño,de álamos, cipreses, castaños y avellanos,. con un paisaje de graciosas casitas y callejuelas retorcidas y empinadas, que parecen trepar por la misma ladera de la Sabika,




aprovechando los caprichosos escalonamientos naturales del terreno.







Abajo, el rio Darro con sus puentes y el sonido de sus aguas.

Es una de las calles más bellas, románticas y singulares de Granada: una larga y sinuosa vía de pavimento empedrado, de claro gusto medieval –estrecha por momentos–, que discurre al lado del cauce del Darro


La belleza de esta antigua calle, que va desde Plaza de Santa Ana a la Cuesta de Chapiz, fue via principal en época islámica.

A la izquierda del rio, el Albayzín,



formando un laberinto de calles estrechas e imprevisibles de paredes blancas.
Callecitas estrechas que suben más o menos alto al Albayzín
Calle santísimo de San Pedro











Calle Zafra
calle Zafra
Gloria

A pesar de tales medidas, son frecuentes los embotellamientos, en una calle angosta, de un solo sentido, y siempre plagada de peatones y ciclistas.


La calle data del s. XVII, en la cual, a causa de los destrozos producidos en 1509 por la voladura de un polvorín que había junto a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, se derribó parte de la muralla que por aquí corría, modificando la dirección del cauce del río, ensanchándose entonces la calle.
 Aún se conservan numerosos e interesantes edificios de los s. XVI y XVII, y existen restos de casas árabes.




 La reparación pasó por derribar una buena parte de la mencionada muralla y modificar el cauce natural del río, ensanchándose la calle en cuestión.

 En el citado paseo o Carrera de Darro, se encuentran perfectamente conservadas, numerosas casas de la época árabe, así como interesantes edificios de los siglos XVI y XVII.

LOS PUENTES DEL DARRO

restos de un puente moro sobre el Darro. (Robert)

 Hubo una época en la que el río, que recibe el nombre del oro o aurus que los antiguos pobladores lavaban en sus orillas, fluía por el centro de la ciudad medieval, siendo cruzado por numerosos puentes como el árabe del Cadí, que conectaba el Albaicín con la Alhambra.

 Otro de ellos, aún en pie, el Puente del Aljibillo, conduce hasta la Fuente del Avellano, donde se reunía la Cofradía del Avellano, un grupo literario presidido por Ángel Ganivet.

 Así, arte, historia y leyenda se dan cita en este lugar elegido por numerosos artistas como lugar de trabajo.

 Puente de Cabrera

El puente de Cabrera, que une la Carrera del Darro con el barrio de la Almanzora, entre el río y la cuesta de Gomérez, es uno de los pocos en pie que quedan de los numerosos pasos que jalonaban el Darro a su paso por la ciudad, hasta la construcción de los embovedados modernos, y que han coadyuvado a forjar la imagen romántica de su cauce urbano.

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 Consta de un sólo arco, ligeramente rebajado, con rosca de ladrillo y un alto pretil de mampostería y encintados de ladrillo, Como el cercano puente de Espinosa, pudo haberse construido al tiempo de la remodelación urbana de la Carera del Darro, a principios del siglo XVII, tras el estallido de un polvorín junto a la iglesia de San Pedro, en 1590.

Su nombre corresponde a Don Pedro Cabrera y Jaques Mansilla, Comendador de Ocaña y que fue Teniente del Generalífe. Este puente une la Carrera del Darro con el barrio de la Almanzora, localizado entre el río y la Cuesta Gomerez, es uno de los pocos que quedan en pie.



 Puente de Espinosa

Situado en la carrera del Darro, este puente comunica el Albaicín con el barrio de la Churra, situado en ladera de la colina de la Sabika, a los mismos pies de la Torre de la Vela de la Alhambra. Se cree que este puente es de época cristiana tardía (siglo XVII), aunque se tiene constancia de que el barrio de la Churra ya existía en el periodo islámico; concretamente se funda en la época nazarí (Rabad al-Yurra
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 son construcciones cristianas de la primera mitad del siglo XVI, que conectan la Carrera del Darro con el cuasiolvidado barrio de la Churra, extendido a los pies de la colina de la Alhambra,




y que en realidad supone una prolongación natural del Albaycín, como se observa en su arquitectura y semblanza.

Muy cerca, se puede contemplar un curioso elemento arquitectónico sobre el cauce del Darro: las extrañas ruinas del arranque de un arco de herradura adovelado, adosado a un macizo pero erosionado cuerpo de piedra y tapial.

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 Algunos eruditos han querido ver en él un puente, posiblemente los restos del llamado Puente del Qadí, que mandó erigir el juez islámico (qadí) Ibn Tāwbā en tiempos de los Ziríes (siglo XI).


Puente del Cadí

 Los restos del tradicionalmente llamado puente del Cadí pertenecen en realidad a la antigua Puerta de los Tableros, límite oriental de la ciudad durante la taifa zirí, que cerraba mediante compuertas el río Darro y que debido al crecimiento y posterior cercado del arrabal de los Axares, aguas arriba, quedaría intramuros a partir del siglo XIII.


 Esta puerta era, asimismo, el punto final de la coracha de aprovisionamiento de agua de la Alcazaba Qadima del Albayzín.

Se conservan en pie el arranque del arco del estribo meridional de la puerta, así como un hueco tapiado y una torre poligonal de refuerzo que, al parecer, formaban parte de otra coracha que enlazaba con la Alcazaba de la Alhambra.

Nada más lejos de la realidad: el extinto Puente del Qadí fue destruido cuando se embovedó el Darro para construir la actual Plaza de Santa Ana -en la parte alta de Plaza Nueva-, donde se ubicaba hasta finales del siglo XVIII.




Restos de la Puerta de los Tableros, en la margen del río Darro



 Era, por entonces, una puerta urbana por debajo de la cual pasaba el río, y que contaba con dos torreones laterales –actualmente desaparecidos–, desde los que se desplegaban dos paños de muralla, uno de los cuales conectaba con la Alhambra, por la Puerta de las Armas, y el otro con la Alcazaba Qadima, o Vieja, en lo alto de la colina del Albaycín (actual Palacio de Dar Al-Horra, o Casa del Gallo).



 Esta puerta contaba igualmente con dos escaleras simétricas laterales, enclavadas en los torreones, por las que se podía acceder directamente a recoger agua al río, asegurando el abastecimiento de agua en caso de asedio.

 La puerta, así, constituía una formidable defensa: aseguraba un suministro de agua constante a la ciudad incluso en tiempos de guerra, permitía la continuidad del adarve; y era un puente militar, no un sitio de paso para los ciudadanos.




 Se cuenta que un jinete podía galopar por el adarve desde la Alcazaba Qadima hasta la Puerta de las Armas de la Alhambra sin detenerse, gracias a este punto de conexión aventajado de Bab al–Dīfaf. Las ranuras verticales visibles en el arco albergaban los rastrillos y compuertas que cerraban el paso del enemigo que quisiera entrar a Axsares atravesando el río.


Al llegar al puente de Chirimías, cerca de la Iglesia de San Pedro y San Pablo, la Carrera del Darro se convierte en el Paseo de los Tristes

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Decoración Puente de las Chirimías o del Monte de Piedad Pequeño puente de un arco de medio punto enclavado en el Paseo de los Tristes, y junto a la Casa de las Chirimías, de la que toma el nombre.

 Es obra moderna de ladrillo y mampuesto, realizada en 1882. Sustituyó a otro más antiguo, documentado al menos a principios del siglo XIX. Junto al puente, en cuyas inmediaciones se ubicó la desaparecida puerta de Guadix, se conservan restos de la muralla islámica del barrio de los Axares (Ajsaris). Su ubicación junto al Paseo de los Tristes, con vistas excelentes hacia la Alhambra, contribuye a perpetuar la imagen romántica que el transcurso del Darro por la ciudad ha otorgado a Granada.

LUGAR MÁGICO PARA PASEAR

y que se puede ver de todo
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sobre todo en esa hora mágica antes del atardecer, cuando el sol baña todo con una capa de oro puro











Tras ejecutar al infeliz, el indignado padre ordenó tapiar la puerta y el balcón, se dice que con su hija dentro, que moriría emparedada. Cuando la pobrecilla suplicó a su padre, entre lágrimas, también justicia, la respuesta fue idéntica: “espérala del Cielo, que en mí no vas a encontrarla”. Esta fábula asegura que el espectro de la joven difunta vaga aún por la zona, esperando justicia sin jamás encontrarla.
En el año 1917, el Estado adquirió la Casa de Catril para instalar el Museo Arqueológico provincial


Esta fantástica obra ha sido atribuida a la escuela de Diego de Siloé, posiblemente a su aventajado discípulo Sebastián de Alcántara.





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